Parte segunda: Sintáxis, capítulos I a V
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Los capítulos
- Capítulo I. Del régimen y la concordancia, pág. 108
- Capítulo II. Del nombre en general, pág. 116
- Capítulo III. De los artículos, pág. 141
- Capítulo IV. Del pronombre, pág. 151
- Capítulo V. Del verbo, pág. 161
Al principio
ESPLICASE en la Sintáxis el uso, colocacion y variaciones que tienen en el discurso las diversas partes suyas que van hasta aquí analizadas. Si me empeñase en describir todas las combinaciones que pueden darse á las palabras en la variada, rica y libre lengua española, quizá no bastaría un volúmen diez vezes mayor que este, y al cabo no habría agotado los tesoros de tan abundante minero. Me limitaré por tanto á los modismos ó maneras de hablar mas usuales, dejando los otros al cuidado del maestro y á la constante atencion del discípulo. (pág. 107)
Al momento que tratamos de espresar un pensamiento, lo que en lenguaje gramático se llama formar una oracion, hallamos que las partes que la componen, guardan todas cierta dependencia mutua, es decir, que unas rigen á otras, y que las declinables se corresponden ó concuerdan en sus varias terminaciones. (pág. 107)
Examinemos pues ante todo lo que es régímen y concordancia, y hecho esto, recorreremos las partes de la oracion por el mismo órden que ocupan en la Analogia, para señalar su sitio en el discurso, y las alteraciones que pueden sufrir en su estructura y significado segun la manera con que estan colocadas. (pág. 107)
Capítulo I. Del régimen y la concordancia
Régimen es la dependencia que una parte de la oracion tiene de otra: llámase esta la que rige, y aquella la regida. Regir es segun esto, pedir la diccion principal, que se halle en tal modo ó en tal tiempo la que de ella pende, ó bien reclamar tal adverbio, tal preposicion ó tal conjuncion, para que logremos espresar nuestros juicios, sin desviarnos de las reglas del buen lenguaje. En la sentencia La mano del Criador saco á los hombres de la nada, decimos que la mano rige la preposicion de y por su medio el sustantivo Criador, no ménos que el pretérito absoluto de indicativo saco, el cual rige por su parte la preposicion á y con ella el caso objetivo los hombres, al mismo tiempo que la preposicion de y el nombre la nada, para complemento de la idea que nos habíamos propuesto enunciar. (pág. 108)
Las palabras que pueden regir á otras, son el nombre, el verbo y las conjunciones; pero ninguna rigen los adverbios ni las interjecciones, salvo la ai en ciertos casos. (pág. 108)
La armonía de las diversas terminaciones de las palabras declinables constituye la concordancia, la cual es la correspondencia que guardan entre si los nombres, concertando en género y número, ó bien estos con el verbo, conviniendo en número y persona. En razon de esta conformidad decimos: Un fiero leopardo le acometió; Los juezes me hicieron varias preguntas intempestivas; Yo estudio; tú juegas; vosotros correis. En estas frases es evidente que no puede ménos de decirse fiero y acometió, por ser leopardo masculino, uno solamente y de la tercera persona del singular: siendo muchos los juezes y de la tercera persona del plural, el verbo hacer ha de estar en la misma: al nombre sustantivo plural preguntas del género femenino corresponden los adjetivos varias e intempestivas de su género y numero; y yo, tu y vosotros deben concertar respectivamente con las terminaciones de la primera y segunda persona del singular, y la segunda del plural de los verbos estudiar, jugar y correr. Del que falta á estas reglas de la buena construccion, se dice que comete solecismos. Cervántes era sobrado descuidado en la correccion para que estrañemos hallar en su Don Quijote los siguientes: Si las nubes de polvo... no les turbara y cegara la vista; Los encamisados era gente medrosa; Les sirvió de peine unas manos; Les sucedió cosas; Valgate mil satanases; El peligro en que me pusieron haberlas leido; Se le vino á la imaginacion las encrucijadas etc. El mismo desaliño y falta de lima se notan en el Tratado de la regalía de España por Campománes, de donde he estractado los pasajes que siguen: Estos dos actos.... es la potestad verdadera de la Iglesia; Aquellas reservas... no se pudo hacer con derecho; Estas confirmaciones reservadas no es un derecho nueco; Por punto general se reservo á la cámara o hacienda apostólica los espolios. A Moncada, aunqué mas correcto que estos autores, tambien se le escapó el solecismo: Se tuvo nuevas de la liga, que de ningun modo debe escusarse. (pág. 108)
Si dos ó mas nombres del singular, unidos por alguna conjugacion, rigen un verbo, debe estar en plural, y tambien el adjetivo que á ellos se refiere : La hermosura y brillantez deslumbradoras del trono nos seducen; Ni la amistad, ni la compasion tenían cabida en su pecho. Lo propio sucede cuando solo hai un sustantivo, si se sobreentiende ademas otro, cemo en El ejército de Valencia y Murcia estaban en marcha, porqué la oracion completa sería: El ejército de Valencia y el ejército de Murcia etc. Con mucha mas razon ha de estar el verbo en plural, cuando uno de los supuestos es de este número; sin que haya necesidad de repetir el verbo en el singular para refe rirlo al nominativo singular, como con cierta afectacion lo hizo Cervántes diciendo: Y los consejos y compañía del maestro Elisabat le fué y le fueron de mucho provecho. (pág. 109)
El único caso en que dos ó mas nombres del número singular, juntos por medio de alguna conjuncion, llevan el verbo en dicho número, es, si este los precede con cierto carácter de impersonal. Solo puede decirse : Se vende mucho vino y aceite; y, El vino y el aceite se venden bien. Pero si el verbo no se anuncia como impersonal, por mas que se halle antepuesto á muchos nombres singulares, puede usarse de cualquiera de los dos números: pospuesto, ha de ir indispensablemente al plural. Puede decirse : Falta, ó bien, Faltan la dedicatoria y la portada; mas invertido el órden, solo estará bien: La dedicatoria y la portada faltan. No puede por tanto disimularse al autor del Don Quijote, que dijera: A los que Dios y naturaleza hizo libres, y, La hora, el tiempo, la soledad, la voz y la destreza del que cantaba, causó admiracion. En ambos casos debió estar el verbo en plural, y tambien debía estarlo el adjetivo tabernario en el nuevo prólogo que va al frente del tomo segundo de las obras de Moratin (edicion de 1830) donde dice: Personajes y estilo tabernario. De esta manera el epíteto califica solo el estilo, y no el estilo y los personajes, segun lo pide la sentencia. En un escritor tan culto y limado como Moratin no pueden suponerse descuidos de esta clase, y cuando ocurren, debemos estar seguros de que son yerros de imprenta. — Importa poco para la observancia de lo que acabamos de sentar, que el segundo nombre de la serie esté en el número plural, pues no hai inconveniente en decir: No era (ó No eran, segun lo ha puesto Navarrete) ciertamente la adulacion, ni los respetos debidos á estos altos personajes, los que dictaban etc. No es aplicable esta regla á los casos en que se aglomeran muchos nombres como supuestos del verbo, si van sueltos, y no enlazados por conjuncion alguna. Entónces el verbo, ora los preceda, ora los siga, puede ponerse indistintamente en cualquiera número. Estará bien dicho: Ninguna especie de ambicion, ninguna mira de provecho personal le escitaba en mi espíritu, segun hallo en Jovellános; ó bien, le escitaban en mi esptritu; pero pruébese á añadir cualquiera conjuncion entre los sustantivos, y se notará la necesidad del plural. Ninguna especie de ambicion y ninguna mira de provecho etc. Ni la ambicion, ni el provecho etc. La ambicion ó el provecho etc.: todos estos tres giros pedirían que se dijese le escitaban. El mismo autor puso á continuacion de la cláusula antedicha esta otra : Escitábanle solamente el ardiente amor que profeso á mi patria, y la esperanza de los grandes bienes etc. (pág. 110)
Mas difícil es atinar con lo que conviene hacer, cuando la conjuncion reune nombres de diversos géneros, y acaso de números tambien diversos. El adjetivo que á ellos se refiere, va entopces en plural y en la terminacion masculina, á no ser que se halle junto al nombre femenino plural, y el masculino este mas remoto y en singular. Ásí lo prueban los ejemplos siguientes sacados de las obras de Jovellános: Si hubiese incurrido en algun error ó equivocacion, estaré pronto á retractarlos: La causa del merito y la inocencia ultrajados y perseguidos: Dejando sembrados el rencor y la fidelidad en el corazon de sus hijos cautivos. Pero por mucha preferencia que haya de darse al sustantivo masculino, no deberá ser el adjetivo de este género, si tiene mas inmediato un nombre femenino del número plural, y mucho ménos si son femeninos, aunqué singulares, todos los sustantivos que el adjetivo califica. Solo pueden salvarse, mirándolos como descuidos del autor ó del impresor, estos pasajes del mismo Jovellános: Siendo tan encontrados las costumbres, los derechos, las prerogativas y los intereses de tantas provincias: Cerrados para ellos sus casas y pueblos de naturaleza: Allí no habla otra defensa ni seguridad que los que ofrecía su situacion. No puede recaer igual censura sobre esta locucion de Martínez Marina: Egipto y África quedaron vencidas y sujetas al rei de Babilonia, porqué se entiende que habla de las provincias de Egipto y Africa; y ménos sobre esta otra del mismo: Tentan sus usos y costumbres, ya comunes, ya variadas y diferentes, porqué es tambien del número plural y está mas inmediato el nombre femenino. Con todo, es tal la predileccion que nos merece el masculino en igualdad de número, aun cuando este mas apartado, que no habría dificultad en decir variados; y sería indispensable hacerlo así, trasponiendo los nombres, de modo que el masculino plural fuese el mas inmediato al adjetivo: Jenian sus costumbres y usos, ya comunes, ya variados. Hallo pues otras tantas desconcordancias, que pudieran mui bien ser errores tipográficos, en los siguientes ejemplos; de Jovellános en las Lecciones de retórica y poética: No solamente se perfeccionaron las figuras y tropos, que en su orígen serian toscas y mal aliñadas, sino que se crearon otras que etc. ; de Quintana en la Vida del Gran Capitan: Doscientas banderas y dos pendones reales que adornaban el tumulo, tomadas por el á los enemigos del Estado; y del epígrafe de la oda L del tomo primero de las poesías de Meléndez: Las penas y los gustos forman mezcladas la tela de la vida. (pág. 111)
Se ve por lo que llevamos esplicado, que está perfectamente dicho: Son útiles el estudio y la conversacion con los sabios. Mas si en vez de los sustantivos usamos los infinitivos, emplearemos el singular: Es útil estudiar y conversar con los sabios; á no ser que, variada la frase, espresemos un plural, que requiera el verbo y el adjetivo en este numero, como sería si dijéramos: Estudiar y conversar con los sabios son dos cosas mui útiles. (pág. 112)
Alguna vez los nombres llamados colectivos, por significar en el singular una muchedumbre ó pluralidad, conciertan con un adjetivo ó un verbo del plural; en cuyas locuciones se atiende mas á la idea que concibe el entendimiento, que á formar una buena concordancia; y á esto damos el nombre de silepsis: Se agolpó el pueblo, y amotinados se dirigieron á casa del gobernador: La gente que acá no saben leer ni escribir, ha dicho Capmany en la pág. 99 del discurso preliminar del Teatro de la elocuencia española; y González Carvajal en el salmo 23; Esta es la gente pia, Que al Dios de Jacob buscan. (pág. 112)
Para que esto pueda hacerse, son necesarios dos requisitos; primero, que los nombres colectivos signifiquen muchedumbre de cosas ó personas indeterminadas, como gente, infinidad, multitud, pueblo, pues no diremos: El rebaño siguio su camino, y entraron en el redil, ni, El ejército, despues de haber peleado, se retiraron á la ciudad, porqué rebaño y ejército comprenden una muchedumbre de cosas determinadas, como lo son las ovejas y los soldados. (pág. 113)
Segundo, que el nombre colectivo no vaya pegado al adjetivo ó verbo, pues nadie dice : El pueblo amotinados se agolparon, ni, La gente no saben leer. Esplicase con esto por que nos suena bien que diga Hurtado de Mendoza: La gente que saco, fueron ochocientos infantes; y parece un descuido de los muchos que hubiera corregido este escritor, si hubiese limado su Historia de la guerra de Granada, el que haya puesto: La misma gente salieron en público. Hai otros nombres, que sin ser colectivos, se revisten del carácter de tales, unidos á un nombre plural ó á dos singulares por medio de la preposicion de, como, clase, especie, género, parte etc. Por esto decimos: Parte de los enemigos picaron nuestra retaguardia; y en el Juicio de la obra de Depradt por Villanueva hallamos: Creyendo que pudieran perjudicarles esta especie de transacciones. No deben con todo reputarse por colectivos para este propósito, sinó los nombres en que el ejemplo de los buenos escritores autoriza semejante silépsis, pues á pocos dejará de disonar que diga Viera en el prólogo de su Historia de Canarias: Exornado con las... notas que el fondo de las mismas materias dieren naturalmente de si. Otras vezes se toma por el contrario un nombre plural por su equivalente del singular. En estos versos de Meléndez: (pág. 113)
Empero mis amores, donos a sonriendo, etc. (pág. 114)
nadie nota desconcordancia alguna, porqué se entiende que mis amores está en lugar de mi querida. O bien se comete la figura elipsis, es decir, que falta algo para que este completa la oracion, como en el siguiente pasaje de la égloga Batilo del mismo Meléndez: No á mi sea dado (disfrutar ó poseer) (pág. 114)
Riquezas enojosas, Ni el oro que cuidados da sin cuento, y en este otro del Diccionario de Valbuena en el verbo Pluo: Llueve ó ha llovido piedras, donde es menester suplir el supuesto cielo. En las frases: Pasa tres minutos de las cuatro, y, Hace ó ha seis años, hai que añadir el tiempo de, para que nada falte en buena gramática: Pasa el tiempo de tres minutos de las cuatro; Hace ó ha el tiempo ó el espacio de seis años. Pudiera alguno referir á estas las frases que se forman con las terceras personas del singular del verbo haber, v. g. Hai, había, hubo, habrá fiestas reales. Pero en la nota D del fin pruebo con alguna prolijidad, que en estas oraciones las fiestas reales no son el supuesto, sinó el caso objetivo regido por el verbo haber, y que lo mismo debe entenderse cuando decimos en singular: Hai ó hubo tal funcion. De modo que en semejantes locuciones ó existe el supuesto, ó ha de suplirse, á fin de que conservando el verbo haber su primitivo significado de tener, rija como persona paciente á la que nos parece agente á primera vista. En razon tambien de la silépsis decimos, V. M. (Vuestra Majestad) es justo; V. B. (Vuestra Beatitud). esta bien informado, por entenderse que los adjetivos justo e informado se refieren al rei y al papa, que son del género masculino; así como decimos de un sugeto, que es un gallina, un bestia, un tronera ó un veleta, porqué nuestro ánimo es denotar que es un hombre cobarde, estúpido, atolondrado ó voltario. (pág. 114)
Por la misma silépsis, ó mas bien por la elipsis, rigen á vezes las dos primeras personas del singular el verbo en la tercera; lo cual sucede únicamente, cuando despues del supuesto se halla el verbo ser, y precede al otro verbo un relativo. Por ejemplo, si en lugar de, Yo soi el que lo digo, ó, quien lo digo, ó, Tú eres el que lo dices, usamos de la tercera persona, Yo soi, ó, tú eres el que lo dice, ó, quien lo dice; es por entenderse entónces, Yo soi, ó, tú eres el sugeto que lo dice. No estoi de acuerdo con Clemencin que opina (pág. 422 del tomo segundo de su comentario al Don Quijote) que ofende á los oidos delicados la espresion, Yo soi el que me halle presente, y que estaría mejor, Yo soi el que se hallo presente. Lo que no puede dudarse es que sería intolerable este modismo en las dos primeras personas del plural, respecto de las cuales no hai mas que una manera de espresarse: Nosotros somos los que lo decimos; vosotros sois los que lo decis. Tampoco tiene lugar la locucion en las personas del singular, si las sigue otro verbo que ser; por lo que no puede decirse, Yo estoi aquí que lo sostiene, sinó, Yo estoi aquí que lo sostengo; Tú estas aqui que lo sostienes, y no, que lo sostiene. (pág. 115)
Si forman el supuesto de un verbo el pronombre de la primera persona y cualquiera otro nombre por medio de una partícula, copulativa ó disyuntiva, ha de ir el verbo á la primera del plural; pero si en lugar del pronombre de la primera persona se halla el de la segunda del singular, pide la oracion el ver * bo en la segunda del plural: Ellos y yo hemos paseado; Tú y los demas muchachos estabais disputando; Tu ó ella gritabais. Y mucho mas claro es que deben emplearse estas personas, cuando entran formando parte del supuesto la primera ó la segunda del plural, v. g. Tanto los catalanes como nosotros pertenecemos á la corona de Aragon; Vosotros como los demas de la vanguardia habíais principiado el ataque. (pág. 115)
Capítulo II. Del nombre en general
COMO la lengua española no tiene para el nombre las desinencias ó casos que la latina, es preciso que los supla con varias preposiciones. No las necesita el nominativo ó caso recto, porqué representa el nombre sin relacion alguna. Cuando unido á un verbo activo espresa la persona que obra, es el supuesto, y lo denominamos persona agente. El genitivo de los latinos denota el dueno ó poseedor de una cosa, ó bien la que es la principal respecto de otra, y entónces se le da el nombre de genitivo de posesion, v. g. La casa de mi padre; el muro de la ciudad. Va tambien en genitivo la materia de que algo está hecho, como, Estatua de bronce; y tiene este caso otros varios usos, que casi todos se suplen en castellano con la preposicion de, segun por los ejemplos alegados aparece. Colócase en dativo aquello á que resulta daño ó provecho de la accion del verbo, sin ser el objeto directo de ella, cuando lo ha; y para esto empleamos en unas locuciones la preposicion á y en otras la para: Ofrecer socorro á los sitíados; El padre trabaja para sus hijos. El acusatico recibe en latin la accion del verbo, y por esto lo llamamos persona paciente ó caso objetivo. Este lleva la preposicion á, si es una persona, e. g. He cisto á Juan, ó bien va sin ella, si es un animal irracional ó una cosa, v. g. He visto muchos prodigios. El cocativo de los latinos termina en general como el nominativo, y espresa la persona con quien hablamos, la cual está sola ó precedida de la interjeccion oh, como entre nosotros sucede: Oid, hijos mios; oid, ó valientes. Sirve el ablatíco para significar la materia de que se trata, el modo de ejecutar una accion, el instrumento que se emplea, la persona agente en la oracion de forma pasiva etc. etc., lo cual espresamos con las preposiciones de, sobre, con, por y otras. Teniendo los pronombres yo, tú, el, nosotros, vosotros y ellos terminaciones para el acusativo y el dativo, segun en su declinacion se ha notado, nos ahorramos el rodeo de la preposicion á en muchas locuciones en que es necesario para los demas nombres: (pág. 116)
Le (al sugeto de quien se habla) han herido; Nos (á nosotros ó á nosotras) abruman los pesares; Os (á vosotros ó á vosotras) han dado una buena leccion. (pág. 117)
No es lo mas frecuente que en la variada construccion castellana ocupen los casos un sitio fijo, como lo prescribe á los suyos la ordenanza, por decirlo así, rigurosa de otras lenguas. No hai de consiguiente que buscar en ella la regularidad de que el supuesto unido á su genitivo, si lo hai, preceda al verbo, y que sigan á este el caso objetivo, (ó el complemento directo) y el dativo y ablativo, que son los dos casos denominados complemento indirecto por los gramáticos modernos. Por este motivo, si la sintáxis de otras lenguas parece exigir que se siga el órden llamado directo ó lógico, el cual pide que vaya delante el supuesto con sus dependencias, luego el verbo, despues el acusativo y por fin el complemento indirecto; nosotros preferimos el órden inverso ú oratorio, obedeciendo á nuestras pasiones, y anteponiendo ó postergando las diversas partes de la oracion, segun lo reclaman los antecedentes y consiguientes, la eufonía, (que es, la colocacion de las palabras y de los miembros del periodo, y la rotundidad de este que mas gustan á nuestro oido) y la particular énfasis con que nos proponemos enunciar estas ó las otras dicciones de la frase. (pág. 117)
Si los estranjeros dicen regularmente: La espada del vencedor confundio á ellos con el resto de la muchedumbre en tan horroroso estrago; los españoles preferimos decir: En tan horroroso estrago los confundió la espada del vencedor con el resto de la muchedumbre, ó, Confundiolos en tan horroroso estrago la espada del vencedor con el resto de la muchedumbre, ó, Los confundió la espada del vencedor en tan horroroso estrago con el resto de la muchedumbre etc. etc. Esta otra oracion: Su proteccion preseroo á nosotros de riesgo tan inminente, tendrá un giro mas castellano de estos modos: Preserconos de tan inminente riesgo su proteccion; Preservónos su proteccion de tan inminente riesgo; De tan inminente riesgo nos preservo su proteccion. (pág. 118)
Solo en las cláusulas que no llevan dependencias ni complemento indirecto, nos conformamos con el órden lógico: Dios es misericordioso; Los hombres pueblan la tierra. Pero si dejan de estar aisladas y pasan á formar parte de un período, caminamos ya con nuestra franqueza acostumbrada diciendo: Que es Dios misericordioso, ó, Que es misericordioso Dios, alega el pecador encenagado en los vicios: Pueblan la tierra los hombres, y olvidados de lo que deben al supremo Hacedor, etc. (pág. 118)
El genitivo de posesion es el caso que va mas generalmente despues del sustantivo que lo rige. Con todo no es raro colocarlo ántes, ó intercalar algo entre el y el sustantivo, en especial si acompaña á este algun relativo: De los soldados partos no era tan temible el ataque como la retirada; De este caballero fué hijo el conde-duque, ó, Fué hijo el conde-duque de este caballero; La noticia que se ha diculgado de los ultimos acaecimientos. Pero ha de cuidarse que no sea lo interpuesto otro nombre, que pudiendo regir el genitivo que lo sigue, ocasione oscuridad ó duda, pues la locucion resulta entónces defectuosa, como lo es la del principio del capítulo sesto de la parte primera del Don Quijote: Pidió las llaves á la sobrina del aposento, donde debió decir: Pidio las llaves del aposento á la sobrina, ó bien, Pidió á la sobrina las llaves del aposento, como lo pide de rigor el donde estaban los libros, que se añade. — El poner muchos genitivos continuados, dependientes unos de otros, hace embarazosa y oscura la diccion. Si Capmany en lugar de: No quieren perdonar á un escritor del siglo de los delirios del ingenio, (pág. 373 del tomo V del Teatro) hubiese dicho: del siglo en que solo se aplaudían los delirios del ingenio, ó bien, del siglo en que todos los ingentos deliraban; habría quedado clara la sentencia. (pág. 118)
El dativo puede colocarse oportunamente en diversas partes, así: La condesa dio limosna á los pobres; Á los pobres dio limosna la condesa; Dio á los pobres limosna la condesa; Dio limosna la condesa á los pobres; Dió la condesa limosna á los pobres. Lo mismo sucede con el acusativo, pues tan bien está: La caballería apremiaba al cuerpo de reserca, como: Al cuerpo de reserva apremiaba la caballería. Con mucha mas razon hai esta libertad respecto de lo que espresaban los latinos por su ablativo. La lectura de los buenos autores, el exámen atento de su locucion, y aquel cierto tino que llamamos gusto, deben decidir siempre en la preferencia que se de á las diversas formas de que puede vestirse una misma frase. Del número. (pág. 119)
Todo lo que pertenece á la sintáxis del número de los nombres, queda esplicado en el capítulo que precede, y únicamente ocurre observar aquí, que si hablamos de una cosa que se halla sola en los individuos, aunqué el sustantivo que los espresa, este en plural, la cosa única subsiste en el singular, v. g. Todos los animales tienen cabeza, y no cabezas, porqué entónces se entendería que cada uno de ellos tiene muchas cabezas. Diremos bien que tienen manos, piés etc. Cuando no puede haber lugar á equivocacion, usamos el plural, como sería si dijésemos: Salimos con las cabezas rotas. (pág. 119)
En el capítulo segundo de la parte primera se advirtió, (pág. 15) que algunos nombres que tienen ambos números, se emplean en el plural con una significacion peculiar y diversa de la que llevan en el singular. Alfileres, por ejemplo, denota lo que se asigna á una señora para sus gastos particulares, ó la gratificacion que se da á las criadas; baquetas, los palillos de tambor, ó el castigo tan usado en la milicia; caídos, los réditos devengados; conveniencias, las utilidades que se dejan á los sirvientes fuera de su salario; corchos, los chapines; cortadores, los primeros dientes entre los colmillos; cortaduras, los desperdicios de tela ó de papel; cortes, la reunion de los procuradores de un reino; espadas, uno de los palos de la baraja; manos, el trabajo manual; saludes, las espresiones de cortesanía etc. etc. Esto no quita que las mismas palabras tengan tambien en plural el significado del singular, pues no hai dificultad en que se diga: En este papel hai un millar de alfileres; Fulano es hombre de muchas conveniencias; Iban armados todos de espadas y broqueles, Del género. (pág. 120)
No tendriamos que hablar del género de los nombres, si no hubiese adjetivos y artículos, cuyas varias terminaciones están destinadas á acomodarse esclusivamente á cada uno de los géneros. (pág. 120)
Se dieron en el capítulo segundo de la parte primera las reglas para conocerlos, ya por el significado, ya por las terminaciones de los nombres; á lo cual solo hai que añadir ahora, que existen muchos con dos terminaciones y los dos géneros que á ellas corresponden. Tales son aguatocho, aguatocha, árgano, árgana, barreno, barrena, bolso, bolsa, caldero, caldera, capacho, capacha, carrasco, carrasca, caserto, casería, cayado, cayada, cencerro, cencerra, conventículo, conventícula, cribo, criba, cuarto, cuarta, chocolatero, chocolatera, grito, grita, higo, higa, jaco, jaca, lejío, lejía, leño, leña, madero, madera, mirlo, mirla, resto y tambien restante, resta, rezago, rezaga, saco, saca, tercio, tercia etc., aunqué algunos de estos no son absolutamente sinonemos. Los nombres comunes, como que significan calidades aplicables á los dos sexos, pueden llevar en rigor el género del sugeto á que se refieren; el ó la cómplice, el ó la consorte. No cabe por tanto duda en que hablándose de un hombre, estará bien dicho : Abochornado con la pregunta el virgen; y de una mujer: La santa mártir, mi dueño querida; pero es tanta la fuerza de las terminaciones en los géneros, y tal el hábito que tenemos de aplicar casi esclusivamente el nombre virgen al sexo femenino, y los de dueño, homicida, mártir y testigo al masculino, que el buen escritor evita las locuciones, en que choca al oido el género dado á los nombres comunes. (pág. 120)
Respecto de los que en plural significan complexamente á los hombres y las mujeres, es indispensable usarlos en dicho número, para que pueda precederlos el artículo masculino, porqué á nadie se le disimularía hoi que dijese con Mariana (Híst. lib. XX cap. 10): Entregó al ingles los rei y reina de Francia, debiendo ser los reyes de Francia. (pág. 121)
Para dar á conocer el sexo de los nombres epícenos, no hai otro arbitrio sinó agregarles la palabra macho ó hembra, pues el artículo ó adjetivo demostrativo que precede al nombre, debe ser siempre el correspondiente al género de este, aunqué los adjetivos del resto de la oracion no disuenen, si van acomodados al sexo del animal, v. g. Un milano hembra estaba guardado ó guardada en un aposento; La perdiz macho canta, por mas que esté encerrado ó encerrada en una jaula. (pág. 121)
Por las reglas generales de la concordancia los adjetivos y artículos han de acomodarse al género del sustantivo con que se juntan. Sin embargo á vezes se prefiere el género que corresponde á la terminacion del sustantivo, sin hacer caso del que este tiene, como: La guarda del camino estaba inmediata. Otras es mas atendido el género del significado que el real del nombre, cometiéndose la silépsis de que se trató anteriormente, v. g. Resuelto Su Magestad á ser obedecido. (pág. 122)
Hai frases en que ha introducido el uso una desconcordancia manifiesta, como en á ojos cegarritas, á ojos vistas, á pié juntillas y otras. (pág. 122)
Del nombre consi derado como sustantivo y ad jetivo. (pág. 122)
De ambos dimos una nocion general en la primera parte, reservando el aclarar en esta la dificultad que pudiera originarse de su misma definicion. Es cierto que, regularmente hablando, todo lo que denota la calidad de una cosa ó de un individuo, es adjetico, y que, mirados bajo este aspecto, lo parecen muchos sustantivos, como labrador, carpintero, madre, matrona, que significan un hombre ocupado en la labranza ó en la carpintería, y una mujer que tiene los honores de la maternidad, ó que es respetable por su edad y presencia. Pero como estas palabras van generalmente solas en el discurso, lo que constituye la esencia del nombre sustantivo, las contamos en esta clase, por mas que digamos en alguna ocasion : Nos salió al encuentro un hombre labrador; Era maestro carpintero; Es ya mujer madre ó matrona. De los mismos adjetivos decimos que se usan sustantivamente, cuando son empleados en la acepcion en que suelen ir sin sustantivo. En Es una obra docta, se ve patente que docto es adjetivo; y sin embargo en la frase Los doctos escriben, decimos que se ha hecho un sustantivo del adjetivo, por ser mas frecuente espresarse así, que no, Los hombres doctos escriben. Bajo cuya idea, si no están mal colocados en la clase de sustantivos los nombres de dos terminaciones en on y ona, porqué la mayor parte, inclusos picaron, soplon, calenton etc., se usan de ordinario sustantivadamente; no puede decirse otro tanto de los acabados en or y ora, los cuales se presentan casi todos con los caractéres de adjetivos, como amenazador, que lleva siempre el adminículo de ademan ó algun otro sustantivo. Lo mismo digo de ablandador, atormentador, destructor, y de otros muchos que podrían citarse. Ni se opone á lo espuesto que se diga: Es un bufon, un bribon ó un tumbon, pues por mui usuales que sean las frases: No degeneremos de nuestros antepasados; Conviene seguir las máximas de los sabios; nadie llamará sustantivos á antepasados y sabios. Estos, como todos los otros adjetivos, van solos ó se usan sustantivadamente, cuando lo que antecede y se sigue en el discurso, da bien á entender el sustantivo que debe por precision acompañarlos. Nadie dudará ciertamente que diciendo: Es un esperto, un soltero, una habladora, una impertinente, nos referimos en los dos primeros ejemplos á un hombre, y en los otros á una mujer. Suele darse por regla general á los principiantes, para que distingan fácilmente si el nombre es sustantivo ó adjetivo, que le añadan las palabras cosa ó persona, y si repugna su union, es ciertamente un sustantivo. Ocurre, por ejemplo, el nombre escelente, que cuadra bien con cosa, ó serio, que se junta con oportunidad á la voz persona en su terminacion correspondiente: luego tanto escelente como serio son dos adjetivos. Dánsenos por el contrario los nombres costilla, palacio, y como no los podemos amalgamar con cosa ni persona, sacamos por consecuencia que son sustantivos. (pág. 122)
Los adjetivos pueden, generalmente hablando, anteponerse ó posponerse á los sustantivos: el brillo resplandeciente, ó el resplandeciente brillo. No es con todo esta regla tan general, que podamos prescindir de las siguientes observaciones. (pág. 124)
1a Suele preceder el adjetivo, cuando significa una calidad propia ó esencial del objeto, v. g. Amarga adelfa, duro hierro, dulce miel, blanca nieve, oficiosa abeja, tardo buei, negro ettope. En efecto, si traspusiéramos el adjetivo en algunos de estos ejemplos, diciendo: La adelfa amarga, la miel dulce, el ettope negro, denotaríamos que hai alguna especie de adelfa y de miel que tienen otro gusto, y que no todos los etíopes son negros. Por el contrario se posterga comunmente el adjetivo, si denota alguna circunstancia accidental ó que no es de la esencia de la cosa, como Vino agrio, música instrumental, sonido estrepitoso, banco estrecho, calle angosta, hombre flaco, marinero frances, medias azules, agua fria, hombre urbano. 22 Va por lo regular delante el adjetivo, si lo arrancamos de su significacion recta, y lo usamos en una impropia ó figurada. Por esto decimos: Fulano es un pobre escritor; José es un buen hombre. Y sin salir del adjetivo bueno, llamamos á un taimado, y quizá á un pícaro, una buena alhaja; y cuando alguno nos engana ó pega un petardo, decimos que nos ha jugado una buena pieza. En ninguno de los dos casos puede posponerse el adjetivo, porqué en una alhaja buena, una pieza buena, califica la bondad de la alhaja y de la pieza. (Sin embargo un hombre de bien nos merece la calificacion de ser un buen sugeto.) Por el mismo motivo decimos negra honrilla, negras caballerías, triste figura, y nunca al reves. (pág. 124)
32 De donde proviene la gran diferencia de sentido que nos dan ciertas frases, en razon de estar el adjetivo ántes ó despues del sustantivo, segun se notará en los ejemplos antecedentes, si sustituimos un escritor pobre, un hombre bueno. Igual distincion se observa en estas, Un gran caballo, y, un caballo grande; Varios papeles, y, papeles varios; Tenta una cierta esperanza de conseguirlo, y, Tenía una esperanza cierta de conseguirlo. Unido el adjetivo cierto á otros nombres, como fe, por ejemplo, no puede variar de significado; pero yo siempre lo pospondría en el de verdadero ó indubitable, y siento hallar en el Elogio de D. Ventura Rodriguez por Jovellános, De las cuales no existe ya monumento ni vestigio alguno de cierta fe. — Hai adjetivos que tienen una colocacion determinada respecto de tal y tal nombre; así es que no podemos separarnos de decir. El Esplritu santo, la santa Biblia y los santos Padres. En esta oracion, Una sola mujer basto para desarmarle, ¡cuán diverso es el significado del adjetivo solo al de esta otra, Una mujer sola no pudo defenderse de su violencia! En la primera decimos, que fué suficiente el valor, no ya de un hombre, sinó el de una mujer, y el de una sola mujer, para desarmarle; y en la segunda queremos significar, que la mujer, por estar sola, no pudo defenderse de su violencia. (pág. 124)
43 La colocacion del adjetivo pende muchas vezes de lo que pide la cadencia ó música del período y de sus miembros; por cuya razon suele ir delante el sustantivo, si es monosilabo, y el adjetivo de tres sílabas por lo ménos, aunqué denote este una calidad esencial, como, Sol resplandeciente que con tu luz dorada. Pero si acompaña á los nombres el artículo definido, ya puede preponerse el adjetivo, especialmente si no escede de tres silabas, v. g. La dorada luz del sol. (pág. 125)
54 Hai sin embargo adjetivos que no pueden dejar de preceder al sustantivo, cuales son Ambos, cada, cuanto, demas, mismo, mucho, otro y sus compuestos, poco, propio, (en el sentido de mismo) que y cual, (en las oraciones de interrogante y admiracion, ó cuando, sin precederlos el artículo definido, se asocian con un nombre, y la locucion equivale al nombre con artículo, seguido del relativo que) tanto, todo y los numerales cardinales, v. g. Ambos capitanes, cada silla, cuanto temor, los demas jinetes, el mismo calor, mucho concurso, otro capitulo, aquelotro caballero, poca atencion, el propio motico, ¿Que hora es? ¦; Por cual puerta de las dos saldremos? Contó que sucesos, habían causado su desventura, Digame Vd. cuales pecados ha cometido etc., (oraciones que significan lo mismo que estas, Contó los sucesos que hablan etc.; Digame Vd. los pecados que ha cometido) tanto ruido, diez ducados, todo escritor, y en el plural, anadido despues el artículo definido, todos los escritores, si bien cabe decir en este número, los escritores todos. 62 Tambien van delante del sustantivo los adjetivos demostrativos ese, este, aquel y sus compuestos, v. g. Ese taimado, aquese escaño, este guerrero, aquella quinta; y solo con un rodeo impropio dicen algunos, El taimado ese, la quinta aquella etc. (pág. 125)
Siempre que precede al sustantivo algun artículo, adjetivo ó adverbio, van los adjetivos posesivos mio, tuyo, suyo, nuestro, vuestro despues del sustantivo: Un criado mio; el caballo tuyo; Eran irreconciliables enemigos suyos, mui señor mio; Tan favorecedores nuestros se mostraron. Decir, Un mi criado; el tu caballo; Tan nuestros favorecedores se mostraron, es un arcaismo que á nadie se desimularía ahora, y ménos decir con Cervántes, Aquel gran su amigo, Ambrosio. 82 Pero siempre que usamos las terminaciones mi, tu y su de los adjetivos mio, tuyo y suyo, (véase la pág. 27) es indispensable que antecedan al nombre, sea sustantivo ó adjetivo, e. g. Mi capa, tus ricas posesiones, sus ganados. (pág. 126)
93 Cuando mio se junta con la persona á la que dirigimos la palabra, pide el uso que lo pospongamos: Hijo mio, oyentes mios. En cualquiera otro caso se diría, Mi hijo, mis oyentes. (pág. 126)
101 Alguno precede comunmente al sustantivo y al verbo en las oraciones afirmativas, v. g. Alguna consideracion merecía; y va detras de ambos precisamente en las negativas: No guardó miramiento alguno, que es lo mismo que No guardo miramiento ninguno. Ínfiérese de aquí que este nombre toma la significacion negativa, cuando sigue al sustantivo, como se ve por la diferencia que hai entre en algun tiempo, y en tiempo alguno. Pero de modo alguno eran personajes á proposito para la epopeya; De modo alguno impediran que los actores sigan el instinto de su corazon, son dos pasajes de la Poética de Martínez de la Rosa 113 Ninguno se pospone al verbo en las frases que llevan la partícula no, y entonces puede hallarse ántes ó despues del sustantivo: No hai ningun soldado, ó No hai soldado ninguno. En las otras precede por necesidad tanto al nombre como al verbo, v. g. Ninguna respuesta he tenido. (pág. 126)
123 Los adjetivos mayor, mejor, menor y peor van delante, si comparamos la cosa con todas las de su clase que existen en el mundo. Por esto decimos: Es la mayor maravilla de la tierra; es mi mejor amigo; es el menor animal de los que conocemos; el peor hombre del mundo. Si nos referimos á los individuos de alguna ciudad, familia etc., se colocan donde lo pide la eufonia: Es el mejor edificio de esta calle, ó, Es el edificio mejor de esta calle: No hai casa mayor que esta, ó, No hai mayor casa que esta en todo el barrío. Á no ser que el sustantivo este precedido de los adjetivos alguno, ninguno, otro, pues entónces es preciso postergar á mayor, mejor etc., v. g. No se descubre en esta calle otro edificio mefor; No hai en todo el barrío ninguna casa mayor que esta. Lo mismo debe hacerse con los dos adjetivos mayor y menor, cuando concretándonos á una ciudad, familia etc., no se espresa el término de la comparacion. Esta es la causa de que digamos: Voi á la iglesia mayor; es su hijo mayor ó menor, pues no debemos imitar el giro de Cervántes en la parte primera del Quijote, cap. 42: Es mi mayor hermano... Mi menor hermano esta en el Piru. (pág. 127)
De las reglas que acabamos de dar, se deduce, que cuando mio, tuyo y suyo preceden al nombre, pierden la última sílaba en el singular, y en el plural las mismas letras que en el singular: mi, tu, su, mis, tus, sus. Lo propio se notará en su lugar de los numerales uno y ciento. Hablemos ahora de los otros adjetivos que están sujetos á igual apocope, (ó diminucion de sílaba ó letra finales) siempre que van delante del nombre. Tales son alguno, bueno, malo, ninguno, primero, tercero, postrero, pues se dice: Algun feliz acontecimiento, buen soldado, mal poeta, ningun refugio, primer galan, tercer párrafo, al tercer dia, (no falta quien diga al tercero dia) postrer ataque. Delante de los femeninos varía el uso respecto de primero, tercero y postrero, pues aunqué se dice á primer vista ó á primera oista, solo está dicho con propiedad en la tercera hoja y á la postrer hora. Para que alguna y ninguna puedan perder la a, es indispensable que el nombre que inmediatamente sigue, sea un sustantivo que empieze tambien por a, y que esta letra lleve el acento de la palabra. Todas estas circunstancias reunen algun alma y ningun águila, y sin embargo aun dicen muchos alguna alma y ninguna águila. Serían pues otras tantas desconcordancias Ningun ágil corza, algun espada y ningun hora.—Grande pierde de ordinario la sílaba de, si le sigue un nombre que principia por consonante: gran cofre, gran castillo, gran fiesta; grande amor, grande enemistad. Lo mismo sucede, si denota no calidad y estimacion, sinó cantidad ó tamaño, v. g. Había una gran águila en el escudo de armas; Hizose gran acopio de trigo. — Santo pierde en el singular el to de la terminacion masculina, ya empieze por vocal, ya por consonante el nombre propio que sigue: san Antonio, san Eleuterio, san Francisco, san Juan. Pero si es un nombre apelativo, aplicado á alguna invocacion particular, se conserva entero el adjetivo santo, como El santo Angel Custodio. El uso quiere que guarde tambien sus dos silabas en santo Domingo, santo Tomas, santo Tomé y santo Toribio, y que pierda la última, precediendo á otros nombres que principian igualmente por do y to, segun lo acreditan san Donato y san Torcuato.— Para que los adjetivos que hemos mencionado, pierdan la vocal ó sílaba que se ha dicho, es indispensable que se hallen inmediatos al sustantivo, pues se mantienen íntegros, si se interpone cualquiera diccion, segun es de ver en Su bueno y respetable amigo; Tan malo como solapado en sus intenciones; Fué grande la carestía; Santo en toda la estension de la palabra Ellas etc. (pág. 128)
Despues de haber esplicado la colocacion que tienen los adjetivos, y las variaciones que sufren en razon de ella, nos resta todavía señalar las particularidades de algunos. (pág. 129)
Dijimos en la pág. 27 que alguien era una de las terminaciones masculinas de alguno, como nadie lo es de ninguno. Alguien y nadie se refieren á las personas sin limitar su clase ó número, y toman el carácter de sustantivos, porqué jamas acompañan á ningun otro nombre. Es mui corriente esta frase : Vino álguien á verme?— Nadie ha estado. Mas no se dice: Nadie de los escritores lo ha afirmado, por referirnos ya á una clase de hombres en particular. Á vezes se usa de alguno y ninguno en lugar de álguien y nadie, p. e. Ha estado alguno á verme? Ninguno ó Nadie tiene la franqueza de confesar su cobardía; pero nunca empleamos á álguien y nadie por alguno y ninguno: Alguno de los concurrentes; Ninguno de cuantos pasaban, no pueden mudarse en Alguien de los concurrentes; Nadie de cuantos pasaban. Los ejemplos que se hallen de nadie tomado en este sentido, deben atribuirse á inadvertencia ó poca correccion de los escriteres. Los adjetivos cada y demas, notables por acomodarse á todos los géneros y todos los números, lo son tambien por su sintáxis. Cada tiene fuerza distributiva, segun se ve en Cada dos dias le visitaba; Cada uno ó Cada cual de ellos tuvo su recompensa, Tropezar á cada paso, Comerse una albondiguilla de cada bocado. No puede juntarse con sustantivos del plural; pero si con numerales cardinales, aunqué entónces los pasa al singular, v. g. Cada mil soldados tenía un capitan. No sería con todo una gran falta decir tenían. Lo usamos en ciertos casos como un equivalente de siempre: Se paseaba cada y cuando quería. — Demas viene á ser sinónimo de otro, y va en todas ocasiones precedido del artículo definido, como se nota en La demas gente; Los demas se fueron; Lo demas pudo escusarse. (pág. 129)
En las frases Ser ó Estar demas ó por demas, que significan Ser inutil ó Estar de sobra, parece llenar las funciones de adverbio; y lo es de seguro, cuando equivale á ademas, como en Demas de esto. (pág. 130)
Cual lleva delante de si el artículo el, siempre que es relativo, y lo precede el sustantivo con que guarda relacion: Despertó á su criado, el cual todavía estaba durmiendo. Pero omitimos el artículo en las oraciones elípticas, donde se halla el sustantivo pospuesto á cual. La breve sentencia: Io sabe cual camino tomar, es, bien analizada, el compendio de esta otra: Entre los varios caminos que se le presentan, no sabe el camino, el cual es el camino que le conviene tomar. Carece tambien de artículo definido en las frases de admiracion e interrogante, y en el significado de como, ó cuando se hace distributivo equivaliendo á uno ú otro, porqué en todos estos casos deja de ejercer las funciones de relativo. Ejemplos: Cual es su ignorancia! Cuál se gallardea! Cual canta, cual llora, esto es, El uno canta, el otro llora. — Son corrientes las dos terminaciones de cualguier ó cualquiera, adjetivo que sale de cual. Usamos con preferencia de la primera delante de los sustantivos, en particular si empiezan por vocal, v. g. Cualquier animal, cualquier hombre, cualquier cosa, y tambien cualquiera cosa; y de la segunda, si está callado el sustantivo, ó se interpone alguna diccion: Cualquiera conoce esta verdad; Eso lo sabe cualquiera; Así lo diría cualquiera buen escritor; Cualquiera que fuese el accidente. Su plural es cualesquier, si va junto á un sustantivo, v. g. En cualesquier circunstancias; y cualesquiera, cuando no va inmediato á el, ó bien tiene que suplirse el sustantivo, p. e. Cualesquiera que sean las circunstancias; Es menester aprovechar todos los recursos, cualesquiera que fueren. Queda entendido, que es un grave error usar cualesquiera para el número singular, ó cualquiera para el plural, como lo hacen muchos. Cuyo no es como los otros adjetivos de relacion, que conciertan en género y número con la persona ó cosa á que se refieren; y en lugar de concordar con el sustantivo de quien se afirma ó duda que algo le pertenece, busca el género y número del sugeto ó cosa, cuyo propietario ó principal designamos ó deseamos averiguar, e. g. El oficial cuyas buenas calidades he descrito. Por esto prefieren algunos denominarlo posesico, mas bien que relatico. (pág. 130)
Mio, tuyo y suyo guardan esta terminacion, aun precediendo al nombre, si entre este y dichos adjetivos se intercala cualquiera diccion, v. g. Mio es el sombrero; Tuya reputo la ventaja; Suyo me parece el estilo. — Los adjetivos mio y tuyo suelen omitirse, y tambien el artículo definido, delante de los nombres padre y madre, cuando se trata de los padres de cualquiera de las personas entre las que pasa un diálogo: Padre no ha venido; Diga Vd. á madre que me alegro de su mejoría. (pág. 131)
El adjetivo que es indeclinable: El lobo que destrozo nuestro ganado; La cabra que salta; Los pastores que sestean; Las montañas que vemos. (pág. 131)
Este relativo lleva algunas vezes antepuesto el artículo definido, el cual se ajusta á las reglas de la concordancia : Ines, la que esta de primer dama; Maltrató de palabra á mis hermanos, los que viéndose injuriados etc. Por referirse siempre á la perso * na ó cosa que lo preceden en la oracion, se distingue fácilmente de la conjuncion que, cuyo oficio es enlazar los dos términos de una comparacion, ó el verbo determinante con su determinado, segun mas adelante se verá. (pág. 131)
En lugar del relativo que suele usarse el adverbio donde, tanto para las oraciones de estado ó permanencia, como para las de movimiento: La obra donde (en que) manifiesta mas su saber; Los reyes catolicos, dice Jovellanos, nacidos para levantar la autoridad de su corona t un punto de grandeza, donde ¦á que) no había subido hasta entonces. (pág. 132)
Quien es ahora quienes en plural, aunqué algunos escritores lo miran todavía como indeclinable queriendo imitar á los antiguos. El autor de quien lo he aprendido; La moza de quien se refiere este cuento; Los juezes á quienes apeló el reo; Los hombres por quienes fué vendido. — Nótese que este relativo se aplica mejor á las personas que á las cosas, debiendo mirarse como una especie de afectacion de arcaismo que Jovellános haya dicho en el Elogio de las nobles artes: Casi al tiempo que fundaba las sabias Academias, por quienes la lengua castellana etc.; y lo que pone Muñoz en la pág. XXVII del prólogo á la Historia del Nuevo-mundo: Eslo mucho mayor la historia, á quien por instituto etc. — Quien? como interrogativo solo puede referirse á las personas. (pág. 132)
Este adjetivo, empleado sustantivamente, se reviste en ciertas frases de una significacion distributiva, como: Quien grita, quien se queja; es decir, Este grita, aquel se queja. Así lo usó Navarrete en este pasaje de la vida de Cervántes: Quienes viajaban ó permanecían en Roma á pretender beneficios...; quienes se encaminaban á recibir su educacion en el colegio de Bolonia...; quienes militaban en los tercios que guarnecían aquellas plazas...; quienes, siguiendo la carrera de la jurisprudencia ó de los empleos políticos, iban á procurar su acomodo y colocacion á la sombra y con el favor de los vireyes. — Fórmase de quien el adjetivo quienguiera, cuyo plural es para mi quienesquiera, no obstante que la Academia lo da como indeclinable. Nunca lleva en la oracion unido inmediatamente el sustantivo: Quienquiera que fuese su amigo. Nada mas ocurre que observar acerca de su sintáxis, ni aun respecto de sus terminaciones, pues la quienquier está anticuada. (pág. 132)
De los numerales. (pág. 133)
Sobre los cardinales hai que notar, que cuando van dos, los une alguna conjuncion, v. g. Dos y tres, seis ó siete, treinta y dos, cuarenta y ocho; y si se encuentran mas de dos, solo se pone la conjuncion y ántes del último, colocándose todos por gradacion desde el mas alto: Cinco mil, ochocientos diez y sets. — Ciento y sus compuestos se juntan con mil sin que los enlaze conjuncion alguna, v. g. Cien mil, doscientos mil etc. Uno pierde la o siempre que está delante de cualquier nombre: Un negocio, un difícil negocio. En la terminacion femenina no puede suprimirse la a, si el nombre inmediato no es un sustantivo que principia por esta letra, y es ella la acentuada, v. g. Tomo un arma en las manos, y tambien se dice de ordinario una arma. Pero de ningun modo puede decirse un hábil actriz, por ser adjetivo el nombre que va junto al numeral; ni un hebra, porque empieza por e (la h para nada se cuenta en la pronunciacion) y no por a la palabra; ni un almeja, por no ser la primera sílaba la que lleva el acento. Tambien es indispensable decir una a, hablando de la vocal de este nombre. Aunqué por sufrir el artículo uno la misma apócope que este numeral, pudieran confundirse, no es difícil distinguirlos. El numeral uno pierde la o, cuando precede á un nombre, y se diferencia del artículo un, en que el primero solo tiene lugar en las oraciones, cuya esencia depende, digámoslo así, de la fuerza numérica del uno. Por ejemplo en esta frase: Como había de resistir un hombre á los tres que le acometieron! cualquiera conocerá que un es numeral; miéntras en esta: ¿Como habla de resistir un hombre á tanta belleza y tales atractivos? no es otra cosa que el artículo indefinido; el cual tiene ademas plural, (unos unas) lo que no es dado al numeral uno. (pág. 12) Ciento pierde la sílaba to, si está ántes del nombre: Aquí hai cien grandes volumenes; Cien soldados, y, Los volúmenes ascendían á ciento; Los soldados no pasaban de ciento. Si lo precede otro numeral y los enlaza la conjuncion y, retiene el to; mas lo pierde, si nada media entre ambos numerales. He aquí la razon de decir: Ciento y veinte pesos, y, Cien mil pesos. En el caso de ser ó la conjuncion que los divide, me parece que puede decirse: Ciento ó doscientos pesos, bien, Cien ó doscientos pesos. Cuando entra este numeral para la composicion de algun nombre, pierde en unos la sílaba to, como en Cienpozuelos, y la retiene en otros, como en Cientopies. (pág. 133)
Por mas que los números cardinales puedan tomarse todos de los latinos respectivos, segun lo notamos en la Analogía, ahora preferimos los cardinales, luego que se pasa del décimo ó del duodécimo, por parecer los otros sobrado largos; de modo que mas frecuente es decir capítulo cuarenta y tres, que, capitulo cuadragesimo tercero. — Son poco usados los ordinales Primo, cinqueno, seteno, deceno, onceno, doceno, veinteno, treínteno, y otros que se hallan en el Diccionario; y nunca pueden emplearse sinó separados, porqué si sería tolerable decir, capltulo veinteno, ciertamente no lo sería añadir, cepitulo veinteno tercio ó tercero. — Los ordinales conciertan siempre en género y número con el nombre á que se juntan: Libro cuarto, hoja sesta. Estos números sirven para contar las cosas por su órden, de donde toman el nombre; pero para los dias del mes usamos de los cardinales: A dos de enero, á seis de febrero. Solo el dia primero puede llevar el ordinal con el artículo definido y sin la preposicion , pues con ella ha de emplearse precisamente el cardinal : Sucedió esto á uno de abril, ó, el primero de abril, que es lo mas usado. Sin embargo, refiriéndonos á vezes al órden de numeracion que guardan los dias del mes, decimos: El dia primero de junto cobran las viudas, el segundo los oficinistas, el cuarto los retirados; pero ninguna dificultad hai en decir: el dos los oficinistas, el cuatro los retirados. — En las fechas de las cartas no es indispensable decir: Cádiz, á 6 de agosto de 1820, sinó que puede ponerse: Cádiz, agosto 6 de 1820, y algunos dicen tambien: Cadiz y agosto, á 6 de 1820. (pág. 134)
Los números ordinales pueden ir casi indistintamente ántes ó despues del sustantivo, v. g. El segundo capitulo, ó, el capítulo segundo; mientras los cardinales han de preceder siempre á los nombres que acompañan, e. g. Dos valientes soldados. Tienen tambien los últimos la singularidad de hallarse vezes solos en la oracion sin referirse á ningun sustantivo determinado, como cuando decimos: Dos y tres son cinco. (pág. 135)
De los comparativos y superlativos, y de las locuciones de comparacion. (pág. 135)
Se dijo en la parte primera como se formaban los comparativos y superlativos, sin prevenir cosa alguna sobre las circunstancias que debe tener el positivo. Es constante que no podemos sacarlos de aquellos adjetivos, cuyo significado los imposibilita de admitir ninguna especie de aumento ó diminucion. Tales son los gentilicios, como americano, catalan, italiano, y los adjetivos eterno, fundamental, infinito, inmenso, inmortal, nulo, omnipotente, todopoderoso, unico, y otros de su clase, los cuales trasladamos de su significacion propia á la metafórica, en el instante que los aumentamos ó disminuimos. Cuando digo: Pedro es mas español que Juan, quiero significar, que es mas amante de su patria, ó mas grave, ó mas afecto á las costumbres españolas que el otro. Si digo: Es mui andaluz, mui aragones ó mui valenciano, denoto que es mui fanfarron, mui testarudo ó mui lijero de cascos; y si, que es mui nulo, lo tomo por inepto ó estúpido. Con el nombre de cálculo infinitesímal designamos, por este motivo, aquella parte de las matemáticas que trata de las cantidades sobre manera pequeñas. — Lo mismo se verifica, siempre que formanos el comparativo de un nombre sustantivo, porqué con decir: Antonio es mas soldado que Pedro, doi á entender, que es mejor ó mas valiente soldado que Pedro. (pág. 135)
Es de notar que los pocos comparativos que tenemos tomados del latin, (pág. 29) reciben los grados de comparacion como si fueran positivos, bien que conservando en todos los casos su significacion comparativa. Mayor, mejor, menor y peor nunca pasan á superlativos, y en calidad de comparativos van precedidos del adverbio mucho en lugar de mas, así: José es mucho mayor, menor, mejor ó peor que su hermano; sin que digamos mas mayor etc., ni mui mayor etc. Pero de inferior y superior salen mas ó mui inferior, y mui superior, porqué mas superior no recuerdo haberlo visto. Otro tanto sucede con anterior y posterior, palabras que hemos adoptado con su fuerza comparativa de la lengua latina, la que debe contarlas sin duda entre sus comparativos irregulares, v. g. Este hecho es mas ó mui anterior ó posterior al otro. — Ninguna de estas vozes puede hallarse en las comparaciones modificada por el adverbio ménos, ni la frase equivalente á este, no-tan, que solo caen bien con los positivos alto, antiguo, (que puede reputarse como el positivo de anterior) bajo, bueno, grande, malo y pequeño. Hablando de un suceso, lo llamaremos menos reciente ó nuevo que otro, porqué no es permitido decir ménos postrero; y este parece el positivo de posterior. Las comparaciones se establecen entre dos objetos, bien cotejándolos de igual á igual; bien el superior, mavor ó mejor con el inferior, menor ó peor; bien el inferior, menor ó peor, con otro superior, mayor ó mejor. Cada uno de estos tres modos tiene determinadas dicciones para ambos términos de la comparacion. En la de igualdad, si el primer término es un nombre, y lo precede tan ó tanto, debe corresponderle como ó cuanto. Ejemplos: El jazmin es tan blanco como la nieve: Ha dicho tantas mentiras cuantas palabras. Nótese que si empleamos en el segundo término la partícula como, puede omitirse la tan en el primero: El jazmin es blanco como la nieve. — Á vezes el adverbio tan acompaña al último término, y entónces se halla cuan en el primero, v. g. Cuan blanca es la nieve, tan blanco es el jazmin, ó, tanto lo es el jazmin. Si los adverbios igualmente ó no ménos van delante ó despues del adjetivo, pues en ambas partes pueden hallarse, ha de seguir la partícula que: El jazmin es igualmente ó no ménos blanco que la nieve; ó bien, El jazmin es blanco igualmente ó no ménos que la nieve. Mas si sustituye á dichos adverbios la frase ni mas ni ménos, suena esta mejor tras del adjetivo e inmediata al que: El jazmin es blanco ni mas ni ménos que la nieve. — Los antiguos emplearon en este sentido las partículas asique, como el maestro Leon: La tradicion es así necesaria que la escritura; lo cual se reputaría hoi justamente por un galicismo. (pág. 136)
Ocurre advertir aquí, que si el adjetivo fuere comparable, igual ó alguno de los otros, que, segun veremos mas adelante, piden las preposiciones á ó con, basta darle el régimen que le corresponde, sin emplear entónces la partícula que: La destreza es igual á la fuerza, ó comparable á lo ménos con ella. Las mismas reglas que para los adjetivos, valen para los adverbios, solo si que nunca los precede el nombre tanto: Ha bailado tan bien como su hermana; Ha bailado igualmente o no ménos bien que su hermana: Ha bailado bien igualmente ó no ménos que su hermana; Ha bailado bien, ni mas ni ménos que su hermana. (pág. 137)
En los verbos se hacen las comparaciones de igualdad con las mismas dicciones, bien que los adverbios cuanto y tanto hacen las vezes del cuan y tan, porqué estos solo pueden modificar á nombres ó adverbios: El jazmin blanquea tanto como la nieve; tanto cuanto la nieve; igualmente, no ménos, ó, ni mas ni ménos que la nieve; ó sencillamente, blanquea como la nieve; Cuanto blanquea la nieve, tanto blanquea el jazmin, ó al reves, suprimiendo el verbo en el segundo miembro, Tanto blanquea la nieve, cuanto el jazmin. Si cotejamos una cosa ó persona superior, mayor ó mejor con otra inferior, menor ó peor, (lo que se denomina comparacion de superioridad) hacemos uso de las partículas mas-que: Se mostró mas cortesano que leal; Mas tragaba que comla; Escribe mas correcta que elegantemente. Pudiera añadirse sin inconveniente el adverbio bien despues de la partícula mas diciendo: Se mostró mas bien cortesano que leal; Mas bien tragaba que comta. (pág. 138)
Para las comparaciones de inferioridad, sirve menos correspondido por que, y no tan ó no tanto seguidos de cuanto ó como. Ejemplos: La miel es ménos agradable que el azúcar; Precaoido no tanto cuanto o como conventa; Los sabuesos corren ménos que los galgos, ó, no corren tanto como, ó, cuanto los galgos. Dase la preferencia al como, para evitar el sonsonete de tanto-cuanto. (pág. 138)
Entiéndese, que no pueden tener lugar los adverbios mas, ménos y no, siempre que hai en la frase un adjetivo que los lleva embebidos, como lo son mejor, menor, ninguno etc., los cuales equivalen á mas bueno, menos grande, ni uno etc. Se dice por esto: Lopez es mejor ó menor que Sosa; Ningun caballero fué tan aventajado como Suero de Quinones, esto es, No hubo caballero tan aventajado como Suero de Quinones. (pág. 138)
Caso de haber muchos nombres, verbos ó adverbios continuados, basta poner el mas, ménos ó tan delante del primero: Gonzalo es mas ó ménos especulador, avaro y rico que Pedro; Gonzalo es tan especulador, avaro y rico como Pedro. Pero no habría inconveniente en repetir dichos adverbios ántes de cada adjetivo, particularmente si queremos autorizar la sentencia. — Los verbos deben repetir estos adverbios, si los llevan pospuestos: Comio mas, bebio mas y habló mas que sus compañeros; y no podría decirse: Comio mas, bebió y habló que sus compañeros; al paso que está bien, Mas comio, bebió y habló, ó, Mas comio, mas bebió y mas habló que sus compañeros. — Respecto de los adverbios, sucede lo mismo que con los nombres: Pronuncia tan clara, distinta y artículadamente como el otro orador, ó bien, Pronuncia tan clara, tan distinta y tan articuladamente como el otro orador. (pág. 139)
En lugar de poner el adverbio de comparacion ántes del primer nombre, verbo ó adverbio de la serie, puede colocarse detras del último; pero no es así como se acostumbra ordinariamente: Gonzalo es especulador, avaro y rico mas ó ménos que Pedro; Comio, bebió y habló mas que sus compañeros; Pronuncia clara, distinta y artículadamente tanto como (o ni mas ni ménos que) el otro orador. (pág. 139)
Cuando debe preceder al segundo término de la comparacion la partícula que, se convierte en de, si va inmediato otro que, para evitar la cacofenta, que es el sonido desagradable que resulta de la repeticion inmediata de las palabras, de su viciosa colocacion ó de su misma estructura: Es mas presumido que galan, ménos erudito que su hermano; Es mas docto de lo que algunos creen; Era ménos fuerte de lo que nos habían pintado. Por esto dijo Viera hablando de la historia de Canarias: Es mas fecunda en grandes sucesos de lo que parece á primera vista. Si bien en otro lugar convierte el que en de, sin requerirlo la eufonía, cuando dice: Los Guanches no eran mas de unos usufructuartos. (pág. 139)
Tambien se prefiere el de, siempre que á las partículas mas ó ménos precede cualquier verbo diverso de ser ó estar, y la oracion es afirmativa: en las negativas suena mejor el que; pero puede emplearse á vezes el de. Sirvan de ejemplos: Es mas sabio que su primo; Está mas alto que los otros; Necesitaba mas de dos onzas para ponerse en camino; No necesitaba mas que dos onzas etc.; aunque bien pudiera pasar, No necesitaba mas de dos onzas etc. (pág. 140)
No obstante que los comparativos piden un objeto de comparacion, no aparece, cuando cotejamos á un individuo con todos los de su especie, pues entónces la frase adquiere en cierto modo el valor del superlativo: Agobiado por el mas cruel dolor, esto es, por el mas cruel de todos los dolores, equivale á Agobiado por un dolor mui cruel; así como Es el ménos apto de los de su clase, dice todavía algo mas que, Es mui poco apto ó mui inepto. (pág. 140)
Los giros que van esplicados, son los mas usuales para las comparaciones, y los únicos de cuya sintáxis ocurría algo que advertir. Tal es la hija cual su madre, ó, La hija es tal cual su madre; Si es hermosa la una, tambien lo es, ó, no lo es ménos la otra; Es igualmente buena que agraciada; Tiene la misma edad que su prima; Cual ruge el leon en la selva, ast bramaba de coraje, son sin disputa otras tantas comparaciones de igualdad; en Queria á sus hijos, pero senaladamente al mayor, la hai de superioridad; y en Era esforzado, aunque no cual lo requería la empresa, la tenemos de inferioridad, á pesar de que no aparecen en semejantes locuciones el tan, el mas, ni el ménos en el un miembro, correspondidos por el como, el cuanto, ó el que en el otro. Pero estas maneras de esplicarse entran en las reglas generales de la gramática, y el saberlas emplear, pende solo del conocimiento que se tenga de la variada frase de nuestra lengua. (pág. 140)
Capítulo III. De los artículos
Del indefinido. (pág. 141)
Uno una sirve para indicar algun individuo de cualquiera clase, especie ó género sin particularizarlo. Con la espresion de Un perro le mordió, denoto la especie á que el animal pertenecía, mas no señalo que perro fué: doi solo la noticia vaga de que Uno de los individuos de la especie perruna le mordió. Por cuyo giro se demuestra que el artículo indefinido representa implícitamente al numeral uno. (pág. 141)
En algunos casos comunica una énfasis especial á la frase, pues al decir de alguno que Es un cobarde, no significamos que la cobardía es otra de sus calidades, sinó que es la principal y casi característica. En igual sentido se dice: Es un borracho, un maton, un embustero etc. Por esto cuando hai varios sustantivos de seguida, que necesitan de cierta calificacion, se repite este artículo delante de cada uno de ellos, e. g. Un gato, una zorra y un lobo son los personajes que se introducen en la presente fábula. (pág. 141)
Lo hallamos tambien delante de los nombres propios, y á vezes en lugar del artículo definido: Un Cisneros no podía dejar de ser respetado; Un hombre entregado á los estudios se cuida poco de las diversiones; en cuyo último caso pudiera decirse: El hombre entregado etc. (pág. 141)
El artículo uno una puesto en la oracion sin que lo acompañe ningun sustantivo, equivale á un hombre ó una mujer, á alguno, nadie, ó bien á la oracion en impersonal. Es difícil que uno se acostumbre á padecer hambre, quiere decir: Es difícil que un hombre, alguno ó nadie se acostumbre á padecer hambre, y mejor, Es difícil acostumbrarse á padecer ham bre. — Otras vezes dice relacion al sugeto que habla, y entonces vale tanto como una persona de mi clase, de mi educacion etc., v. g. si un rico dijese: No puede uno familiarizarse con la miseria. Y es digno de reparo, que cuando se usa el uno en este sentido, cae bien aun en boca del sexo femenino, porqué entónces no se refiere rigurosamente á la persona que habla, sinó que se establece en cierto modo una máxima general, como lo sería si una señora dijese: No tomo otra casa mayor, porqué tiene uno que acomodarse á sus circunstancias, ó lo que es lo mismo, porqué tiene cada uno que acomodarse á sus circunstancias. — El plural unos unas, junto con los números cardinales, significa cerca de, poco mas ó ménos, en corta diferencia etc., segun lo demuestran estos ejemplos: El atalaya descubrió unos mil enemigos; De Madrid á Zaragoza hai unas cincuenta y cuatro leguas. El artículo indefinido pierde la vocal de sus dos terminaciones, en los mismos términos que respecto del numeral uno quedan esplicados en la pág. 133. Del artículo definido. (pág. 141)
Este artículo, que en casi todas las lenguas de Europa es una fraccion del pronombre latino ille, illa, illud, ó tiene una íntima conexion con alguno de los adjetivos demostrativos de dichas lenguas; guarda en la castellana una relacion mui inmediata con el pronombre personal el, ella, ello, y por consecuencia con el adjetivo aquel, aquella, aquello. La sentencia, El hombre se deja arrastrar de la avaricia, es una abreviacion de esta, Aquel animal que llamamos hombre, se deja arrastrar de aquella pasion que se denomina avaricia. Por donde aparece clara la fuerza demostrativa del artículo definido; y en efecto su verdadero oficio es preceder á los nombres, cuyo significado nos proponemos contraer ó determinar. Decimos por esto: La cordillera divisoria de ambos montes; El correo que ha llegado hoi; La controversia entre los dos hermanos; El perro de Lopez ha ladrado. Y si se dice: (pág. 142)
El perro ha ladrado, entendemos por escclencia el de nuestra casa, ó bien aquel á que se refieren los antecedentes del discurso. (pág. 143)
Nos separamos pues del uso propio de este articulo. cuando decimos sin el: No fué á casa de su abogado; No estuvo en casa de su madre; Venta de casa de Su amigo; Salgo de palacio, porqué todas estas casas y el palacio debían llevarlo, mirada la cosa filosóficamente y prescindiendo de los idiotismos de la lengua. Es evidente que no necesitan del artículo definido las cosas únicas en su especie, como Dios, octubre, juéves; y si apartándonos de esta regla decimos El sol, el demonio, el cielo, el infierno, el Océano, el Manzantres, el Parnaso, la Europa, la Estremadura, el Ferrol, el invierno, el Dante, (*) la teología, la fe, el mártes, la siesta, á la una, yo aprendo el frances etc. etc.; á poco que estudiemos estas frases, se advertirá que denotamos con ellas El luminar llamado sol; el espiritu que se denomina demonio; el sitio que conocemos con el nombre de cielo ó infierno; el mar Océano; el rio Manzandres; el monte Parnaso; la parte del mundo que lleva el nombre de Europa; la provincia de Estremadura; el puerto que se llama Ferrol; el tiempo que denominan invierno; el escritor apellidado Dante; la ciencia que llamamos teología; la virtud que se denomina fe; el dia llamado mártes; la division del dia que se conoce con el nombre de siesta; á la hora que designamos como la primera; yo aprendo el idioma frances. Cuando hablamos sin elípsis, decimos: Europa está devorada por la guerra; España tiene posesiones en las cuatro partes del glo Imitamos en esto á los italianos, cuando nos ocurre hablar de sus clásicos antiguos, pues respecto de los modernos, y aun de algunos de los otros, preferimos decir sin el artículo, á la espanola, Alfieri, Botta, Guicciardino, Maquiacelo. (pág. 143)
bo; El mundo se divide en Europa, Asia etc. Y de seguro nunca acompaña el artículo á los nombres de reinos ó provincias que se denominan lo mismo que sus capitales, segun se observa en Nápoles, Valencia, Valladolid. Hablando de las virtudes teologales, las enumeramos tambien sin el artículo, fe, esperanza y caridad; y lo omitimos delante de los cuartos y minutos, si van despues de la hora: Las cinco, tres cuartos y ocho minutos; pero se dice: Son ya los tres cuartos para las diez, si bien es lo mas usal, Son las diez ménos cuarto. (pág. 144)
Tambien ha de suplirse algo para reducir el articulo definido á su oficio verdadero, siempre que va delante de los nombres adjetivos empleados en significado sustantivo; de los gentilicios; de los de sectas, órdenes religiosas, profesiones etc.; de los comunes ó apelativos, de que se afirma una calidad ó circunstancia comun á toda la clase ó especie; de los abstractos y los genéricos que se toman en un sentido lato; de los propios, precedidos de sus empleos ó destinos, ó del epíteto señor; de los adjetivos posesivos, si se les sobreentiende algun sustantivo de otro miembro del período; y finalmente de los sustantivos plurales, cuando está delante de ellos el adjetivo todo, v. g. El verde simboliza la esperanza; Los españoles son fuertes y graves; Los benedictinos de san Mauro eran mul instruidos; La zorra es mui astuta; Las mujeres gustan de las modas; Los ricos apartan la vista de los pobres; El oino forma uno de los principales ramos de comercio de España; El rei Cárlos IV; El capitangeneral Mazarredo; El señor don José Conde; La senorita de Haro; Mi casa es mucho mayor que la tuya; Todos los hombres. Estas frases se aclaran, espresando lo que falta, segun de las anteriores se previno, como seria : El color verde — los hombres españoles — los monjes benedictinos — la hembra llamada zorra — las hembras que tienen el nombre de mujeres, gustan de las vanidades que denominamos modas. etc. etc. (pág. 144)
Tambien hai elípsis, aunqué de diverso giro, en las locuciones en que ocurren los adjetivos mismo ó propio, cuando le es sinónimo, los cuales van precedidos de este artículo, v. g. El mismo ó el propio motico me ha inducido, que, llena la oracion, sería, El mismo ó el propio motivo que acaba de asignarse, me ha inducido. Por uno de los caprichos que tan ordinarios son en las lenguas, decimos En propias manos, y no En las propias manos de fulano de tal, y omitimos tambien el artículo en igual y semejante, que tan parecidos son á mismo: Igual ó semejante motioo me ha inducido. Tampoco llevan artículo, como únicos en su especie, los nombres propios, v. g. Guillermo, Serafina, Badajoz, á no separarlos de su estricta significacion, ó darles alguna especial y relativa, segun sucede con las frases La Antonia, la Dorotea; La Magdalena del Corregio esta en el Escorial; La lengua castellana ha sido restaurada por los Cadalsos, los Iriartes etc.; las cuales equivalen á, La mujer que vive en tal calle, ó que esta casada con fulano, llamada Antonia ó Dorotea; La pintura del Corregio que representa á santa María Magdalena, está en el monasterio del Escorial; La lengua castellana ha sido restaurada por los escritores, Cadalso, Iriarte etc.; bajo cuyo giro ya no existe la impropiedad que parecía resultar de que acompañase á aquellos nombres propios el artículo definido. — Naturaleza sigue unas vezes la regla general, y otras, y con mas frecuencia, lleva el artículo. — Cuando para denominar el globo terrestre, lo llamamos la tierra, es indispensable el artículo, porqué arrancamos la palabra de su significado frecuente, para darle el particular de aquel planeta. (pág. 145)
Se ha indicado al principio que este artículo puede casi sustituir á aquel; por lo que no se halla, cuando el adjetivo precedente, en especial si es demostrativo ó posesivo, basta por si solo para calificar ó designar el nombre sustantivo, e. g. Padeció grandes traba jos; Tuco mucha fortuna; Ese caballo, aquella mujer, mi coche, tu quinta; y solo de un modo violento e impropio dicen algunos El coche mio, la quinta tuya, esto es, El coche que es mio, la quinta que es tuya. Cuando sigue al sustantivo un relativo, puede emplearse con oportunidad este rodeo, como: La palabra tuya que mas me irrito. Si hallamos en Jovellános: Las mando pasar al vuestro fiscal, ó bien es uno de los arcaismos á que tanto propendía este escritor, ó de los muchos que conservan las fórmulas y lenguaje del foro. (pág. 145)
En razon del carácter de este articulo, no es necesario delante de los vocativos: Oye, Señor, mi ruego; Escuche Vd., señora doña Pascasia; miéntras decimos: El Senor oyo su ruego; La señora doña Pascasía la escucho: ni en las calidades inequivocables de un sugeto, como Salomon, hijo de David, y no, el hijo de Dacid: ni en las esclamaciones y admiraciones, asi : Buena maula! gran discurso! ni en los numerales ordinales, v. g. Felipe V, primer rei de la dinastía de los Borbones en España; y si dijésemos para mayor énfasis el primer rei, se entendería el que fue primer rei: ni finalmente cuando nos proponemos dejar indeterminada la estension del significado de la palabra, por lo que decimos: Le llamó á gritos, le dio de patadas, juego de manos, á vista de ojo etc. El artículo se halla pues siempre que es necesario concretar los nombres á una idea particular; por lo que si digo: Hubo mucho concurso el segundo y ultimo dia de la feria, entiendo que el segundo fué el último; mas si dijera: Hubo mucho concurso el segundo y el último dia de la feria, querria manifestar, que estuvo concurrida el dia segundo y otro poste TIor, que fué el último. Por igual principio se comprenderá la diferencia que hai entre ciertas frases, segun que llevan ó no el artículo definido, v. g. Abrir escuela, y abrir la escuela; Ajustar con razon su deseo, y ajustar con la razon su deseo; Dar alma, y dar el alma; Dar hora, y dar la hora; Dar en blanco, y dar en el blanco; Dar perro, y dar el perro; Estar en cama, y estar en la cama; Estar en capilla, y estar en la capilla; Estar un libro en prensa, y estar en la prensa; Ganar horas, y ganar las horas; Hacer cama, y hacer la cama; Hacer camas, y hacer las camas; Otro dia, y el otro dia; (*) Poner casa, y poner la casa á alguno; Tener mala lengua, y tener mala la lengua; Tirar á blanco, y tirar al blanco; Tomar habito, y tomar el hábito etc. Empleamos por fin el artículo delante de las calificaciones de los individuos, á quienes ponemos en parangon con todos los de su especie, época etc.; y si los comparamos en particular con alguno de su clase, lo omitimos indefectiblemente, de modo que nos sirve como de contraseña en las comparaciones. Llamamos á Neron el mas cruel de los hombres, y á Juan de Mena el poeta mas aventajado de su siglo, miéntras decimos: Neron fué mas cruel que Caligula; Mena fue poeta mas aventajado que Pérez de Guzman. Respecto de su construccion, conviene no perder de vista las siguientes observaciones: (pág. 146)
El artículo definido solo puede preceder á un nombre, sustantivo ó adjetivo, (concordando con el en género y número) ó á los adverbios y al infinitivo, cuando hacen las vezes de nombre; pero entónces usamos esclusivamente la terminacion masculina del singular. Así: El caballo; Los dorados grillos; Le No se me oculta que los antiguos, ménos refinados que dió el si, esto es, su aprobacion; Respondió con un no seco, es decir, con una negacion seca; Esplicaste el por que, ó la causa; Le refirió el cuando y el como del suceso, que vale lo mismo que el tiempo y las circunstancias del suceso; El leer instruye, ó la lectura instruye. (pág. 147)
nosotros en estas delicadezas, usaban indistintamente de otro dia y el otro dia; mas hoi damos un sentido mui diverso á cada una de estas maneras, denotando con la primera un dia cualquiera distinto de aquel de que se haya hablado, y con la última el dia siguiente. Tambien se halla en aquellos, Trabajos de Persiles, Obras del maestro Oliva, para significar todos los trabajos y todas las obras, miéntras para nosotros solo tiene la fuerza, sin el artículo, de algunos trabajos y algunas obras. (nota al pie, pág. 147)
23 Aunqué generalmente va el artículo inmediato al nombre ó al infinitivo, se interpone á vezes alguna diccion, v. g. La nunca bastante ponderada égloga; El no se si llamarlo temor; El sobrado pasear cansa. 3a Si hai muchos sustantivos continuados, se repite el artículo delante de cada uno de ellos, cuando se les quiere dar una particular énfasis, ó si son diversos sus géneros. Cuando la justicia, dice Jovellános, la fidelidad, el honor, la compasion, la vergüenza y todos los sentimientos que pueden mover un corazon generoso etc. Sin embargo, suelen descuidarse en esta parte aun los buenos escritores, y así es que leemos en el mismo: No cual estará representada por el clero y (falta la) nobleza, y por los ilustres diputados de sus pueblos. (pág. 148)
4a En la conversacion familiar suele usarse del adjetivo posesivo su en lugar del artículo, como cuando decimos: Su hijo de Vd. ó de Vds.; pero si se refiriese á un pronombre distinto del Vd. ó Vds., ó á otro nombre, habría de emplearse precisamente el artículo definido, pues no puede decirse: Su hermana de ellos; Su primo de los dos. (pág. 148)
Es reparable la predileccion que tenemos á emplear la terminacion femenina de este artículo para las frases elípticas proverbiales. En singular decimos: Á quien Dios se la dió, san Pedro se la bendiga; Hacerla; La pagará; Freirsela ó Pegarla á alguno; y en plural, Cortarlas en el aire; Donde las dan, las toman; El diablo las carga; Haberlas ó Haberselas con alguno; Liarlas; Pagarlas con las setenas; Pelarselas; Quien las sabe, las tañe; Se las chanto; Tomar las de Villadiego, con otras muchas que no es del caso acumular. Verdad es que igual preferencia damos al género femenino de ciertos adjetivos en diversas locuciones, elípticas tambien y proverbiales, como Á las primeras; Andar á malas, á derechas ó á las bonicas; De buenas á buenas; De buenas á primeras; De oidas; De una en otra pararon; Hacer de las suyas; Hacerla cerrada; Hacerse de nuevas; Ir de rota; Irse de todas; Mala la hubísteis; Ni por esas; No defar ni una mínima; No saldreis bien de esta; No tenerlas todas consigo; Pagarla doble; Salir con la suya; Tenerlas tiesas; Ver la suya; Vista la presente; etc. etc. 63 La terminacion lo se junta mui de ordinario con los adjetivos tomados sustantivamente, que pueden suplirse entónces por un sustantivo abstracto, de modo que Lo alto de la torre, lo bueno de un negocio significan La altura de la torre, la bondad de un negocio. No parece posible que se junte con nombre alguno sustantivo, no habiéndolos neutros en castellano: sin embargo, por uno de los idiotismos mas singulares de nuestra lengua, precede á los apelativos, revistiéndolos tambien de una significacion abstracta: Habló á lo reina, se porto á lo duque, quiere decir, Habló segun corresponde á la majestad regía, se porto como lo pide la dignidad ducal. Un gracioso coplero del siglo último dijo con mucha propiedad, hablando de una sobrinita que tenta en casa, y le incomodaba no poco: (pág. 148)
Con decir que es granadina, os doi suficiente luz de esta insoportable cruz; porqué mas no puede ser, si á lo terco y lo mujer se le añade lo andaluz. (pág. 149)
— Todo lleva, en el sentido de que vamos hablando, el artículo masculino, pues no decimos lo todo de la cuestion, sino el todo, esto es, la totalidad de la cuestion, Pero cuando se usa como neutro, y no sustantivadamente, lo antecede, no el artículo, sinó el pro nombre lo neutro: Estos cuerpos lo tenían ó tentanlo todo bajo su inspeccion, y de ningun modo, Estos cuerpos tentan todo bajo su inspeccion, francesismo que hallo en Viera pág. 105 del tomo tercero. En los demas casos el nombre que sigue al adjetivo todo, va ó no precedido del artículo definido con arreglo á los principios sentados en las páginas 142 y 146. Por esta razon se espresa en Salio toda la gente á verle, y se omite en Es digno de toda consideracion, pues en la primera sentencia nos referimos á la gente de un pueblo ó número determinado, y en la segunda no hai necesidad de fijar hasta donde estendemos la palabra consideracion. (pág. 149)
ya El artículo femenino suele convertirse en el masculino delante de algunos sustantivos que empiezan por a, si lleva esta letra el acento de la palabra, como El alma, el ave, el arca, el águila, en lugar de La alma, la ave, la arca, la águila; pero decimos La altura, la altivez, la actipidad, porqué no es la a la sílaba acentüada; y, la alta torre, porqué alta es adjetivo y no sustantivo. Esto se entiende ahora; que nuestros clásicos escribieron El alegría, el acémila, el alta sierra, para evitar en todos los casos el concurso de las vocales, y mas el de las dos aa, que es mui desagradable. Los ha copiado Quintana, cuando dice en la vida de Pizarro: Con el ayuda de los insulares. — Los nombres femeninos que principian por a acentüada, y llevan por esta razon el artículo masculino, reclaman no obstante la terminacion femenina en todos los adjetivos que con ellos concuerdan: El alma atribulada, el aura blanda, sin que pueda sufrirse: El alma atribulado, ni Miéntras vuela rissueno el aura de la vida, como ha dicho Lista. Al que no le agrade amalgamar el artículo masculino con un adjetivo del género fe menino, libertad le queda para decir: La alma atribulada, la aura blanda ó risueña. (pág. 150)
83 Con el mismo designio de evitar la reunion de las vocales, se elide la e del artículo masculino, siempre que lo preceden las preposiciones de ó á, diciéndose ahora generalmente del y al; bien que Jovellános y algun otro moderno todavía han retenido el de el y á el de nuestros antiguos. Los cuales por el contrario suprimían la e de la preposicion de delante del pronombre el, () ella, ello, y decían del, della, dello, lo que nunca se practica al presente. No tiene otra escepcion esta regla, sinó cuando sigue al artículo el dictado, sobrenombre etc., por el cual se apellida un sugeto, v. g. Rui Diaz fué tan temido con el renombre de el Cid etc. Fuera de este caso, semejantes denominaciones entran en la regla general, como: El caballo del Cid se llamaba Babieca. (pág. 151)
Capítulo IV. Del pronombre
Los pronombres yo, tú, el, nosotros, vosotros, ellos, se omiten regularmente delante de las respectivas personas del verbo: Veo que estuvieron en la junta despues que nos salimos, y que no fuisteis sorprendidos. Es necesario que nos propongamos llamar la atencion hacia ellos, para que se espresen en castellano, como cuando decimos: Yo soi el que haré ver á todo el mundo que el es un menguado; ó bien que por tener el tiempo dos personas de una misma terminacion, (como sucede en el pretérito coexistente y el futuro condicional Creo que nadie confundirá los artículos definidos el y la con los pronombres el y el acusativo la: los primeros son los únicos que pueden preceder inmediatamente á los sustantivos aislados, al paso que los otros son por precision el supuesto de un verbo y el caso objetivo de su accion. El cielo, la ventana: cl vino, la viste. (pág. 151)
de indicativo, y en los futuros e indefinidos de subjuntivo) pida necesariamente la sentencia que se determine desde luego que habla la primera persona, así : Vino mi cuñado, y como no quería yo desazonarle etc. Estos pronombres, que constituyen la persona agente del verbo, pueden precederlo ó seguirlo en todos los modos, ménos en el imperativo, en el que han de posponerse, como tambien en las preguntas, segun mas adelante observaré: Vosotros me aturdis, ó, Me aturdis vosotros con tanto grito; Escucha tú, alma mia etc. (pág. 152)
Para el dativo y el acusativo tienen dichos pronombres dos terminaciones, á saber, mi, ti, si, el, ella, ello, nos y nosotros, vos y vosotros, si, ellos y ellas, cuando los rige alguna preposicion; y me, te, se, le y lo, la, lo, nos, os, se, (*) les y los, las, los, cuando están solos sin preposicion alguna. En el último caso van pegados al verbo, distinguiéndose con el nombre de afijos; y con el peculiar de enclíticos, si se hallan despues de el: Para mi se hicieron las desdichas; Me cabra gran satisfaccion; Aquel tiro se dirigía á ti; Te acusaron de traidor; Examino por si mismo todos los documentos; Para el iba la carta; No quiero hablarle; A ella tocaba responder; Bien hiciste en despreciarla; Lisonjeose de ello; Lo evidencie; Ante nosotros ocurrio todo eso; Nos incumbe el negocio; Se ha quejado á vosotros de la injuria; Á vos suplico; Os calumniaron; Se encamina hacia ellos; Lo guardaron para si; Se arrepentiran pronto; Aguardabalos; Les intimo la rendicion; Cansado de perseguirlas. Y si se quieren reunir dos, no hai inconveniente en decir: Probadmelo; Nos lo mostraron. En calidad de enclíticos, pudieran alguna vez juntarse hasta tres, v. g. Traigase La circunstancia de poderse referir el afijo se y el adjetivo su, que de el se deriva, tanto á las personas como á las cosas, y lo mismo al número singular que al plural, da márgen á los inconvenientes que esplico en la nota E, mele al instante. — Cuando la preposicion con acompaña á los casos oblicuos mi, ti, si, ha de agregarse al fin la sílaba go, de modo que resultan las vozes compuestas conmigo, contigo, consigo. (pág. 152)
Siempre que la oracion lleva un afijo, puede tambien añadirse el pronombre de la misma persona, precedido de la preposicion á; pero este no puede estar sin el afijo, á no espresarse otro acusativo sobre que recaiga la accion del verbo. Está bien dicho: Le hirió, ó Le hirio á el; pero no, Hirio á el, sin el afijo: Escribiome, ó Me escribió Juan á mi, mas no, Escribio Juan á mi, á no agregarse una carta, ó algun otro acusativo; y aun así tiene algo de violento la frase. Sin embargo decimos con frecuencia: Lo destínaba Vd. á mi? Cualquiera otra preposicion que acompañe al pronombre, escluye al afijo de la misma persona. Solo puede decirse, Vino un mensaje para mi; Hablaba contigo, y de ningun modo, Me vino un mensaje para mi; Te hablaba contigo. (pág. 153)
La complicada doctrina de los afijos puede recapitularse en estas ocho reglas: (pág. 153)
Los afijos ó enclíticos, que son me, te, se, le y lo, la, lo, nos, os, se, les y los, las, los, van ántes ó despues del verbo; pero sin que pueda interponerse entre ellos y el verbo otra cosa que el ausiliar haber en los tiempos compuestos: Las habló, ó hablolas; nos había visto, ó bien, hablanos visto. (pág. 153)
23 Cuando se juntan mas de uno, se coloca al fin el que está en acusativo ó es el objeto de la accion del verbo, (*) ménos si es el afijo se, el cual, puesto delante ó despues del verbo, precede siempre á los otros: Déseme, quiso dársele á conocer, démelo Vd., digo que se me de. (pág. 153)
* Parecerá difícil en las lenguas que carecen de casos, como la española, conocer cual de los nombres sobre que recae entera ó parcialmente la accion del verbo, está en acusativo, y cual en dativo. Sin embargo nada hai mas sencillo con solo volver la oracion por pasiva, pues el dativo subsiste siempre el mismo caso, miéntras el acusativo pasa á ser supuesto ó nominativo en la voz pasiva. El maestro enseña á los niños la cartilla: si dudamos cual es aquí el acusativo, dése á la frase el sentido pasivo, y nos hará ver que es la cartilla, pues no podemos ménos de decir; La cartilla es enseñada por el maestro á los niños. Por igual medio puede averiguarse, cuando el verbo que lleva reduplicacion, es activo, en cuyo caso permite la inversion pasiva, como Yo me culpo, yo soi culpado por mi; y cuando es neutro con inflexion recíproca, porqué entónces no sufre el giro pasivo: en Yo me duermo, no es dable decir, Yo soi dormido por mi. (nota al pie, pág. 153)
33 Los afijos se usan con mucha oportunidad despues del verbo, si este principia el período ó algun miembro de el. Diráse: Le quieren sus hermanos, ó Quiérenle sus hermanos; y solo, Sus hermanos le quieren, porqué no es usado el giro, Sus hermanos quierenle. Por lo que toca á comenzar los incisos, véase como Rójas Clemente lo pospone, con la elegancia que acostumbra, en la pág. 76 del Tratado de la vid comun: La agricultura siguio la triste suerte de las ciencias; hizose ignorante y grosera, oscurecióse y perdio toda su gloria, conservándose únicamente apreciada de los árabes, herederos de las luzes de Aténas y de Roma. (pág. 154)
41 Hai que postergarlos precisamente en el gerundio e imperativo, pues solo puede decirse: visitándoos, despertádnos; y ha de reputarse como un arcaismo que diga Jovellános: Pero no lo haciendo, les dejará libre el recurso á la justicia. Tambien van despues del infinitivo propiamente dicho, si el afijo es de la misma persona que el supuesto del verbo determinante, como: Si quieres pasearte, y no, te pasear. Mas tanto en el infinitivo como en el gerundio, puede colocarse el afijo ántes del mismo determinante, v. g. Me estaba levantando; Le coi á buscar; Si te quieres pasear, mas no, i quiéreste pasear. No hai embarazo en decir, Voile á buscar, por ser el afijo le diverso del nominativo del determinante voi, que es yo. (pág. 154)
En los verbos recíprocos, y siempre que se repite algun pronombre de la misma persona, van este y el afijo juntos ó separados, v. g. A cosotros os importa, ó bien, Os importa á vosotros; Á mi me hará al caso, ó, Me hará á mi al caso; Les repartieron á ellos, ó A ellos les repartieron, ó, Repartieronles á ellos una gratificacion. Pero si el se es la reduplicacion que sirve para dar sentido pasivo á la frase, van entónces juntos, precediendo siempre aquella: Se nos dio, ó Diosenos una limosna; Se les aplico, ó Aplicóseles la pena. Si el verbo está en infinitivo, gerundio ó imperativo, el afijo va pegado á ellos segun la regla cuarta, pudiendo el pronombre anteponerse ó posponerse al infinitivo, lo que no sucede en el gerundio e imperativo, donde precisamente ha de ir despues del verbo: Pudo á nosotros engañarnos, ó engañarnos á nosotros; Riendonos nosotros; Dejame á mi estar. (pág. 155)
62 No colocamos los afijos despues del verbo, sinó ántes, cuando lo precede el supuesto, v. g. Los cazadores le descubrieron; El juez te manda comparecer. Tocaría hoi en arcaismo, Los cazadores descubriéronle, y sería una locucion que no podría disimularse, El juez mándate comparecer. Por lo mismo es necesario gran pulso para usar los afijos despues del verbo; y los que careciendo de el, se aventuran á estas frases, incurren en los despropósitos mas ridículos. El afijo ó la reduplicacion se puede ir delante ó detras del verbo en todos los tiempos y modos, ménos en el infinitivo, el gerundio y el imperativo, en los que constantemente se pospone: creerse, juzgandose, veanse; y en los tiempos compuestos, en que va precisamente con el verbo haber. Solo puede decirse: Se ha publicado tal libro, y á lo mas, Hase publicado tal libro; pero de ningun modo, Ha publicádose tal libro, porqué hai pocos oidos que puedan soportar aquel, De ellas ha enteramente ahuyentádose, que puso Vargas Ponce en la pág. 43 de su Declamacion. Tampoco puede ir detras de una persona de verbo que termine por s, porqué juntándose dos no se oiria mas que una; así no podemos decir esplicarásselo ni dejemósselo en lugar de se lo esplicarás y podemos dejárselo. El afijo os, suena tambien duro despues de las personas que acaban por s, y hoi no diríamos como Mira de Mescua en La Fénix de Salamanca: (pág. 155)
Y agravidisos, si decis que salis al campo. (pág. 156)
83 Observaré por último, que si el afijo nos va detras del verbo, hace perder á este la s última: Avergonzamonos ó nos avergonzamos; y la d final del imperativo desaparece tambien delante del afijo os: Haceos de pencas, y no, hacedos. Pero se retiene en el verbo Ir, que dice idos, y no ios. (pág. 156)
De todos los afijos ninguno ofrece ya dificultad, sentadas las reglas que anteceden, sinó los del pronombre el, ella, ello, por la variedad con que suelen emplearse. Yo espondré, como hasta aquí, lo que resulta de la práctica ordinaria de los buenos escritores, dejando á un lado los cánones sobre lo que debe ser, ya que estos no caminan siempre acordes con lo que de hecho sucede; y este hecho es el que yo me he propuesto indagar relativamente á la lengua castellana de nuestros dias. (pág. 156)
No admite duda que debe emplearse el la y el las, siempre que estos pronombres femeninos reciben la accion del verbo, ó están en lo que se llama acusativo. Nadie dirá, ni puede decirse otra cosa que, La calumniaron; Iban á castigarlas, y no tiene disculpa que Meléndez haya dicho en la Paloma de Filis; Y en el hombro le (la) arrulla Un beso le (la) consuela. (pág. 156)
Pero si hai otro nombre que reciba la accion del verbo, y el pronombre femenino está en dativo, es lo mas seguro usar del le y les: Así que cio a nuestra prima, le dio esta buena noticia; A pesar de ser dos señoras, no quiso cederles la acera. Es con todo mui frecuente en el lenguaje familiar decir la y las, particularmente en Castilla la vieja y en la provincia de Madrid; y no falta quien sostenga que esto es lo mas razonable. Escritores tan cultos como D. Tomas de Iriarte y D. Leandro Moratin, no adoptaron ciertamente por casualidad este modismo, que se halla tambien en la Lei agraria de Jovellános: Despues que aquella conquista la hubo dado mas estabilidad; y en el tomo tercero de Viera: El presente mas funesto que las suele hacer la vecina costa de Berberia. (*) — Conviene advertir en este lugar á los principiantes, que hai muchos verbos que piden este pronombre femenino, ya en acusativo, ya en dativo, segun que es ó no el término de su accion. Diremos de consiguiente: La imbut en el menosprecio del mundo, y, Le imbut el menosprecio del mundo, porqué estas oraciones, vueltas por pasiva, dirían: Ella fué ímbuida por mi en el menosprecio del mundo, y, El menosprecio del mundo fué imbuido á ella por mi. (pág. 156)
Algo mas dudoso está el uso de los doctos respecto del pronombre masculino; y si bien hai quien dice siempre lo para el acusativo sin la menor distincion, y le para el dativo; lo general es obrar con incertidumbre, pues los escritores mas correctos que dicen adorarle, refiriéndose á Dios, ponen publicarlo, hablando de un libro. Pudiera conciliarse esta especie de contradiccion, estableciendo por regla invariable, usar del le para el acusativo, si se refiere á los espiritus ú objetos incórporeos y á los individuos del género animal; y del lo, cuando se trata de cosas que carecen de sexo, y de las que pertenecen á los reinos A fin que el lector escoja el partido que mejor le acomode, recopilo en la nota F las razones que alegan los que hacen á la y las dativo del pronombre ella. (pág. 157)
mineral ó vegetal. (*) Así diré examinarle, si se trata de un espíritu, un hombre ó un animal masculino, y examinarlo, si de un hecho. Sin embargo, háblese de lo que se hable, no puede ménos de usarse el le, siempre que el pronombre masculino está precedido de la reduplicacion se en las locuciones de sentido pasivo, e. g. No perteneciendo ya á esta secretaría las dependencias de las mesas que ocupaban aquel salon, se le ha destinado para recibir en los dias de audiencia, esto es, ha sido destinado para recibir etc. Esto se entiende en la suposicion de querer adoptar semejante giro, pues la frase quedaría mas desembarazada de monosilabos diciendo, se ha destinado.—No cabe duda en que le y les son los dativos de este pronombre: Referirle un cuento; Les propuso un cambio; y por esto me parece que equivocó Marina el caso en la memoria Sobre el origen y progresos de las lenguas, cuando dijo: Los enseñaran el arte de leer; y tambien Quintana en este pasaje de la vida del Gran Capitan: Anadiria este servicio á los demas que ya los habla hecho, donde la gramática pide evidentemente les. — Los parece el acusativo mas propio del plural: Los aniguilaron, amábalos; aunqué no sería ni una gran falta, ni cosa que carezca de buenas autoridades decir: Les aniguilaron, amábales; terminacion que se emplea de ordinario, cuando precede el se al afijo y al verbo, y nos referimos á personas del género masculino, v. g. Se les acusa. Sin embargo, siendo positivo que el afijo se halla en estas locuciones en acusativo, no puede reprobarse absolutamente que diga Quintana: Por grandes que se los suponga; Se los mantendría en el libre ejercicio de su religion; Si se los hace teatrales, dejan de ser pastoriles. (pág. 158)
Para el que guste enterarse de los motivos por que pretenden unos, que solo puede usarse le en el caso objetivo de el, al paso que sus antagonistas reconocen únicamente á lo por acusativo masculino de este pronombre, pongo al fin en la nota G los fundamentos de ambos sistemas. (pág. 158)
Escusado es advertir que nuestros clásicos antiguos, ménos delicados que nosotros en estas pequeñezes, ofrecen numerosos ejemplos de todos estos diversos usos, sobre los cuales aun no se han convenido los buenos escritores de la última era. (pág. 159)
Ántes de concluir advertiré, que la terminacion neutra de este pronombre lo, á mas de su significacion general de esa cosa ó aquella cosa, v. g. Lo oigo, lo adverti; nos ahorra en muchas cláusulas la repeticion de alguno de sus miembros. Ejemplos: Me convido á comer, porqué lo insinuo su hermano, esto es, porqué su hermano insinuo que me convidase á comer; Las mesas estaban puestas, segun lo precino, ó lo que es lo mismo, segun previno que estuviesen puestas; Una obra tan celebre como lo fué en su tiempo el Frai Gerundio, significa, Una obra, tan célebre como el Frai Gerundio, que fué una obra mui célebre en su tiempo. La lengua castellana tiene un pronombre que le es peculiar, para las personas á quienes dirigimos la palabra, si no tenemos con ellas un parentesco, dominio ó familiaridad que nos autorize á tutearlas; lo que solo hacen los padres con sus hijos, algunos amos con sus criados, y los amigos íntimos, particularmente si lo son desde la ninez. Este pronombre es el usted en singular, y ustedes en plural, (Vd. y Vds. por abreviatura) que siendo una contraccion de vuestra merced (Vm.) y vuestras mercedes (Vms.), que es como se usaba antiguamente, concierta siempre con el verbo en tercera persona, lo mismo que los demas tratamientos de Vueseñoría, Useñoría ó Usia, (V. S.) Vuecencia ó Vuecelencia, (V. E.) Vuesaeminencia, (V. Em.a) Vuesaalteza, (V. A.) Vuesamajestad (V. M.). Este pronombre consiente que dejemos de agregarle su afijo le ó les, bien haya ó no un acusativo estraño en la oracion, diverso en esto de los otros pronombres. (Véase la pág. 153.) Por ejemplo: Escribió á Vd.; ó, Le escribio á Vd.; Escribio á Mds. esa carta, ó, Les escribio a Vds. esa carta. (pág. 159)
El pronombre usted tiene la singularidad de que lo usan los castellanos viejos y los de la provincia de Madrid en vocativo: Es verdad, usted? modismo que pertenece no ya al lenguaje familiar, sinó al bajo, pues no se oye sinó en boca de las gentes que carecen de toda educacion. (pág. 160)
El vos está reservado para hablar con Dios, con la Virgen santísima y con los santos; y las personas del estado llano suelen usarlo en ciertas partes de Castilla, cuando dirigen la palabra á los hidalgos, corregidores etc. No es sin embargo irregular hablar á Dios y á los santos de tu, sin que disuene esta sobrada familiaridad, si se quiere, por lo que encierra de afectuoso. Parece de consiguiente lo mas propio emplear el vos, cuando discurrimos de la grandeza de Dios ó de nuestra miseria; y el tú, cuando apelamos á nuestros afectos y á espresiones tiernas y de carino: Vos, Señor, que sacasteis de la nada este mundo y cuanto hai en el, quisisteis vestir nuestra miserable carne. Haz, Dios mio, que reconocida mi alma á este beneficio, te manifieste su gratitud adorándote en espiritu y verdad. Se ve por aquí que el vos, como que es una contraccion de vosotros, rige el verbo en la segunda persona del plural. — Vos se halla ademas usado, en las provisiones reales y en los despachos de algunos tribunales, en lugar de usted: Habiéndome hecho presente vos, don Martin de Barreda etc. (pág. 160)
Tambien el nos, abreviacion de nosotros, rige el verbo en la primera persona del plural, cuando lo emplea una autoridad superior; aunqué como dice relacion á una persona sola, puede hallarse el verbo en singular: Nos don Cárlos IV etc., habiendo examinado con detencion el parecer que pedi á los fiscales de mi consejo etc. En este sentido lo usa solo el rei, los príncipes y los prelados. — Estas mismas personas pueden sustituir el posesivo nuestro á mio, y hablando con ellas empleamos el vuestro: Es nuestra real coluntad; Los eclesiásticos de nuestra diocest; (pág. 160)
Vuestra majestad, vuestra alteza, vuestro favor, cuestra justicia etc. (pág. 161)
Capítulo V. Del verbo
ANTES de hablar de la sintáxis del verbo, corresponde que demos una esplicacion estensa y fundada de lo que acerca de sus vozes, modos y tiempos no hicimos mas que indicar en la parte primera. De las vozes. (pág. 161)
Nuestro verbo solo tiene voz activa, segun lo insinué en las páginas 51 y 69. La suplimos sin embargo con el ausiliar ser y el participio pasivo: Nosotros fuimos azotados; El delincuente fué ahorcado por el verdugo. En algunas oraciones tambien logramos espresarla con el verbo estar y el mismo participio pasivo, porqué, Las tropas estaban mandadas por buenos oficiales, me parece que se diferencia mui poco de, Eran buenos los oficiales que mandaban las tropas. Se espresa igualmente la voz pasiva por medio de la reduplicacion se en el infinitivo, el gerundio y las terceras personas del indicativo y subjuntivo, como: Evitandose el primer golpe, no debe temerse el segundo; Diose la sentencia por el juez; Es probable se vendan bien los caballos, ó lo que es lo mismo, St es evitado el primer golpe, no debe ser temido el segundo; Fué dada la sentencia por el juez; Es probable sean bien cendidos los caballos. Mas como el mismo monosilabo se (casos objetivo y oblicuo del pronombre el) entra tambien en la conjugacion de los verbos reciprocos, conviene notar las diferencias que presentan las oraciones en uno y en otro sentido. Primeramente, al se recíproco puede añadirse sin difi cultad el si mismo; lo que no es dado respecto del se pasivo. La legion se escudo con los broqueles, ó, se escudo a si misma con los broqueles, serían dos frases igualmente tolerables, miéntras nadie dice: Dioulgose el rumor á si mismo, ni, Se vendían á si mismos los libros. En segundo lugar, el supuesto, en las oraciones pasivas de esta clase, va pospuesto regularmente al verbo, y en las reflexivas lo precede de ordinario: Se ha movido una disputa; Se dió la orden; y, El toro se adelanto hacia la estacada; El hombre debe armarse de paciencia. Por último, siempre que puede tener lugar en estas frases el sentido reflexivo, se supone que es este el que ha querido dárseles, y no el pasivo. Así dudamos al pronto de la mente del escritor, cuando Clemencin ha dicho (pag. XXXII del prólogo á su Don Quijote) Se rien las ocurrencias del primero, en lugar de, Se rie el lector de las ocurrencias etc., ó Causan risa las ocurrencias etc. El mismo Clemencin notó con razon, que no estaba bien lo de, Consentía que se tratasen los andantes caballeros, que pone Cervántes en el capítulo tercero de la parte primera del Quijote, y dice, que estaría mejor, se tratase á los caballeros andantes. Por igual motivo al oir, Los necios se alaban, nadie entiende que hai álguien que los alabe, sinó que ellos tienen entre otras la sandez de alabarse. Lo cual es tan constante, que aun en las oraciones en que el sentido reflexivo no es el mas frecuente, se supone siempre, si no se esplica bien el pasivo, añadiendo el caso objetivo del pronombre el. Basta que digamos alguna vez, Se enterro en una sima, se enterro en vida en un claustro, para que sea difícil comprender, que se enterró significa fué enterrado. Por esto me disuena que Quintana en el epítome de la vida de Don Juan Pablo Forner, (tomo IV de las Poesías selectas castellanas) haya dicho: Falleció á los Al años, y se enterró en santa Cruz, en lugar de se le enterró, y mejor fué enterrado. Otro pasaje parecido á este hai en la pág. 147 de la vida de Pizarro, tambien de Quintana: Mando en seguida que se reservase á Tomala y se entregasen los otros á los indios tumbecinos; donde yo hubiera dicho, fuesen entregados los otros. Con lo cual quedaría la frase libre de la anfibología, que no escusarán cuantas autoridades puedan traerse de nuestros antiguos escritores, poco dignos de imitacion en todo lo que concierne á la exactitud y precision gramatical. Entiendo que por esta misma razon, siempre que se habla de una persona que se ha quitado la vida, debemos usar del pretérito matado y no muerto, y que solo puede emplearse este con el se recíproco para la significacion neutra de morir. Antonio se ha muerto, no puede confundirse de este modo con, Antonio se ha matado. (pág. 161)
Algo parecido al sentido pasivo que damos á nuestro verbo por medio de la reduplicacion se, es el que tiene, cuando se halla en la tercera persona del plural, y rige un caso objetivo, sin que aparezca ningun supuesto, aunqué pueda suplirse por la elipsis. Han divulgado este rumor; Ya se que le nombraron á Vd. intendente, es tanto como si dijéramos, Este rumor ha sido divulgado; Ya sé que fué Vd. nombrado intendente. De los modos. — Del infinitivo. (pág. 163)
En la Analogía (pág. 51) deje sentado, que ninguna de las cuatro terminaciones del modo infinitivo, á saber, la del llamado así por escelencia, las de ambos participios y la del gerundio, tienen tiempos, personas ni números. Si Haber amado, haber de amar, estando amando, habiendo amado, habiendo de amar, ofrecen una significacion de tiempo algo mas determinada, la reciben sin disputa de los verbos ausiliares que se juntan. Mayor la tendrían aun, si dijésemos: Hube amado, eres amante, estais amando etc.; en cuyos casos el verbo determinante fija la significacion vaga del infinitivo, como mui pronto diremos. * (pág. 163)
El infinitivo propiamente dicho, cuando lleva algun artículo, bien esplícito, bien elíptico, hace las vezes de sustantivo masculino del número singular, como: El cazar es buen ejercicio. Poco te aprovechará llorar, ó, el llorar; Un disputar tan fuera de proposito me incomoda; esto es, La caza es buen ejercicio; Poco te aprovechart el lloro; Una disputa tan fuera de proposito me incomoda. Donde es de notar, que todo artículo que precede al infinitivo, debe ser masculino precisamente. (pág. 164)
Los participios activos de los pocos verbos que lo tienen en uso, varían en sus caractéres esenciales. Los unos participan á un tiempo de las calidades de nombre y de las de verbo, como abundante, correspondiente, obediente, participante, perteneciente, tocante, que conservan el régimen de abundar, corresponder, obedecer, participar, pertenecer y tocar: otros pasan á la clase de meros sustantivos ó adjetivos, sin que les quede del verbo mas que la significacion. Calmante, por ejemplo, no puede regir un acusativo como calmar, y por esto decimos calmante del dolor, y no, calmante el dolor. Habitante, oyente son usados como sustantivos, al paso que ardiente, doliente como adjetivos. Algunos retienen solo una de las varias acepciones del verbo, como errante, que significa el que vaga, y no el que cae en error; y otros hacen mas, pues se desvian de la rigurosa idea que presenta su raiz, segun lo vemos en corriente respecto del verbo correr, y en ferviente, que es mui diverso de hirviente, aunqué fervir y hervir son un mismo verbo; y está en uso ferviente, habiéndose anticuado fervir. Los hai por fin que solo pueden usarse en ciertos casos, como consenciente y haciente, que apénas ocurren sinó en el refran: Hacientes y consencientes merecen igual pena; habiente, que no tiene casi cabida mas que en poderhabiente; queriente, que no se oye ahora sinó en la frase parientes y bien querientes; y teniente, que se usa solo en lugarteniente y terrateniente. — Todos los participios son adjetivos de una sola terminacion, si se esceptúan unos pocos, en los cuales pueden reputarse las femenias como otros tantos sustantivos, cuales son danzanta, farsanta, mendiganta, presidenta, recitanta, representanta y sirvienta. En los demas aprovechan las terminaciones ante ó ente para ambos géneros: decimos, Una mujer dominante, intrigante, vacilante; la casa reinante; la iglesia militante ó triunfante; Su esposa estaba presente etc. — Queda ya dicho que el uso priva de participio activo á la mayor parte de los verbos, y así nunca se nos ofrecen peleante y veyente, por ejemplo, aunqué tengamos los verbos pelear y ver. (pág. 164)
Algunos participios pasivos retienen el régimen de su verbo, pues si decimos, Aferrado en su opinion; Enemistado con su primo; Prendado de la virtud; Colocado en vasijas etc., es porqué Aferrarse, enemistarse, prendarse y colocar piden aquellas preposiciones. A la manera que los adjetivos de dos terminaciones, tienen que concertar en género y número con el sustantivo á que se juntan, ménos cuando van determinados por el ausiliar haber. Entonces subsisten indeclinables, y no varían, por mas que sean distintos el género ó el número del objeto de la accion del verbo; lo cual no sucedía siempre así en lo antiguo: Ha cantado una seguidilla; Los males que habrán causado los enemtgos; Había demostrado estas verdades; Todas las criaturas que el había hecho. Todas las criaturas que el habíe fechas, leemos al principio de la Partida f/ay, Suficientemente creo haber probada la autoridad de la poesta, en el Arte poetica de Juan de la Encina. Pero si van con el participio pasivo los ausiliares ser, estar, tener, llevar, quedar etc., sucede todo lo contrario: Lleva cantada una seguidilla; Los males que seran causados por los enemigos; Estan ó quedan demostradas estas verdades; Todas las criaturas que el tenta hechas. — El verbo venir, como ausiliar, tiene una construccion que le es privativa, pues rige á otro verbo, ya en infinitivo por medio de la preposicion á, ya en el gerundio sin ella, dando en ambos casos una fuerza diferente á la locucion. Vino á decirle, equivale á, Le dijo en resumidas cuentas; y, Vino diciéndole, á, Le dijo en el acto de venir. (pág. 165)
De los dos participios pasivos, que, segun el capitulo nono de la parte primera, tienen muchos verbos, el irregular, que tambien se denomina contracto, no suele ser sinó el participio pasivo que los mismos verbos tienen en la lengua latina, de la cual los hemos adoptado. Nosotros hacemos gran diferencia entre ellos, pues el contracto no se usa mas que en sentido absoluto, sin que nunca lleve despues de si la preposicion por rigiendo á la persona agente ó en significacion pasiva. Se dirá de uno que, Esta confuso, converso ó espulso; pero no añadiremos, por su contrario, por el misionero, por el juez, porqué usaríamos para ello de los pretéritos regulares, Confundido por su contrario, convertido por el misionero, espelido por el juez. Es tambien digno de observarse que los pretéritos contractos van acompañados siempre, como los nombres adjetivos, de los verbos ser, estar ó quedar, y nunca del ausiliar haber, para formar los tiempos compuestos de la voz activa, no pudiéndose decir: Hubo concicto, he contracto, sino, Hubo convencido, he contraido. Los pretéritos irregulares frito, preso y provisto, son los únicos que pueden usarse con el haber y suplir al pretérito regular: La cocinera había frito ó freido el pescado; Han prendido ó preso al condestable; No se si habran ya provisto ó proveido el empleo. Sin embargo en esto como en todo se presentan para formar escepciones, los caprichos del uso: mas me agrada, Me la ha freido Vd., por me ha enganado, que no, Me la ha frito Vd.: muchísimo mas, Yo he prendido, ó, Tú has prendido al condestable, que, Yo he preso, ó, Tú has preso al condestable; y tengo por mejor, S. M. ha provisto (que no proveido) el canonicato, y, S. M. ha proveido (que no provisto) (pág. 166)
lo necesario para la defensa del reino. Inscrito, prescrito, proscrito y roto suenan mejor que los regulares en los tiempos compuestos, pues lo mas ordinario es decir: Le han inscrito en la lista; Había prescrito su derecho; Le habran proscrito de su patria; Has roto el vaso. Por el contrario son poquísimos los que emplean para los tiempos compuestos á ingerto, opreso y supreso. Aunqué es mui preferible, Fué elegido guardian por la comunidad, pudiera pasar, Fué electo guardian por la comunidad, sin que este participio forme nunca tiempos con haber. Impreso parece el único participio de imprimir, por referirse casi siempre á las producciones del arte tipográfico; pero entiendo que si tratamos de cosas que no tienen relacion con el, puede usarse imprimido, y que no estaría mal dicho: El carácter indeleble que le habían imprimido los órdenes sagrados. No debe pasarse en silencio la estraordinaria irregularidad del verbo activo matar, el cual para su participio pasivo toma el del verbo neutro morir, en el sentido de dar la muerte; reteniendo el participio matado, cuando significa herir ó llagar á una bestia. ¡Cuan conocida no es la diferencia entre un caballo muerto y un caballo matado? Pero solo puede decirse: Un paisano le ha muerto, y, El capitan fué muerto por sus soldados. — Queda esplicado en la pág. 163, por que respecto de un suicida, es preferible decir, Se ha matado, y no, Se ha muerto. (pág. 167)
Antes de salir del participio pasivo, hai que advertir, que no todos son usados como adjetivos, aunqué lo sean la mayor parte, porqué si enfurecido, entendido, osado, porfíado son verdaderos adjetivos, no lo son casi nunca andado, llevado, mecido, nacido, tenido, y muchos otros que apénas ocurren mas que formando los tiempos compuestos de sus respectivos verbos. Esto tiene que suceder con mayor razon en los verbos sustantivos, porqué no pueden admitir significacion activa ni pasiva, y toman una ú otra todos los participios que entran en la clase de nombres. (pág. 167)
Acabamos de indicar que algunos reciben un significado activo, y en este sentido se refieren siempre á personas, y no á cosas, como, Joven leido, aprovechado, callado, que denota el que lee, aprovecha y calla; heredado, el que hereda; parída, la hembra que ha parido poco tiempo hace; sufrido, el que sufre, etc. etc. Estos participios tienen ademas el significado pasivo, determinando el contesto del discurso en cuál de los dos se les emplea. En esta frase, Juan es hombre mui callado y sufrido, está patente el sentido activo, como el pasivo en, Los males sufridos en aquella epoca, son mas para callados que para escritos.— Otros se separan mas todavía de su origen, pues llegan casi á perder la significacion del verbo. Cuando digo: Un caballo calzado; Carmest subido; Cerrado de mollera; Su cara estaba demudada; Es de un genio abierto; La feria de este año ha sido mui socorrida; Le dió un tabardillo pintado; Es un labrador acomodado; Tiene la voz tomada; Era un hombre contrahecho; No he visto niño mas bien mandado; apénas nos sirve conocer lo que significan Calzar, subir, cerrar, demudar, abrir, socorrer, pintar, acomodar, tomar, contrahacer y mandar, para comprender toda la fuerza y propiedad de los adjetivos Calzado, subido, cerrado, demudado, abierto, socorrido, pintado, acomodado, contrahecho y mandado. Ménos le ocurrirá á nadie, que significando deslenguar arrancar ó cortar la lengua, nos merezca el epíteto de deslenguado el que la tiene sobrado larga. Pero bien reflexionado, se hallará, que este participio pasivo viene del reflexivo deslenguarse, que es sinónomo de desvergonzarse. Por esta razon todos los participios de préterito que se usan como adjetivos en cualquiera acepcion, debieran en mi sentir ocupar un lugar en los diccionarios como tales adjetivos, no bastando decir que son participios pasivos de este ó del otro verbo; al modo que se notan como sustantivos Calzado, colchado, colorido, grabado, hecho, puesto etc., cuya significacion, sus tantiva ó de participio, solo puede distinguirse por los antecedentes y consiguientes. En esta oracion, Es un hecho que la Cena de Vinci está felizmente espresada en el grabado de Morghen, no obstante que le falta el colorido de la pintura; las palabras hecho, grabado y colorido son sustantivas, pasando á ejercer las funciones de participios pasivos en esta otra, Aunqué el fresco de la Cena hecho por Vinci, esta mal colorido y deteriorado, ha sido grabado con acierto por Morghen. (pág. 168)
Por mas que el gerundio sea tan indefinido como el riguroso infinitivo, sus oficios son de mui diversa naturaleza. Unido á estar, (nunca puede ir con ser) significa casi lo mismo que el verbo de su raiz, en el modo, tiempo y persona que tiene dicho ausiliar: Estas cantando, viene á ser lo mismo que, cantas. Lo propio sucede con ir, si el gerundio lo es de otro verbo de movimiento, v. g. Iba corriendo, fué galopando, esto es, Corría, galopó. Pero con los demas verbos denota, que la persona ó cosa á que se refiere, se halla ejerciendo la accion, ó en el estado que el gerundio significa, en el tiempo y modo prefijados por los verbos que lo acompañan: Me ocurrió leyendo á Tirso de Molina: Le encontraran Vds. cazando, es decir, Me ocurrio cuando lei á Tirso de Molina; Cuando le encontraran Vds., estará cazando. Lo propio debe entenderse, si un gerundio rige á otro, porqué el tiempo del verbo con que ambos se juntan, es tambien el que los determina, como sucedería, si en el primero de los dos ejemplos anteriores dijesemos: Me ocurrió estando leyendo á Tirso de Molina. (pág. 169)
Fuera de este uso general, tiene otro parecido al ablativo absoluto de los latinos; caso que espresamos nosotros, bien por el participio pasivo, bien por el gerundio solo, y mas comunmente por el gerundio con la preposicion en. Dicho esto, Diciendo esto, En diciendo esto, se despidió de nosotros, valen los tres modos tanto como, Despues de haber dicho esto, ó, (pág. 169)
Así que dijo esto, se despidió de nosotros. Quitados del medio los dos, ó, En quitando del medio á los dos, fácil me será acabar con el tercero, es decir, Despues que haya quilado, Cuando quite, ó, Si quito. Y á este lugar pertenece aquel donoso idiotismo de nuestra lengua, en que á mas de usar de la preposicion en y el gerundio, lo juntamos por medio de la conjuncion que con el mismo verbo repetido en el futuro del subjuntivo, v. g. En llegando que llegue, esto es, Tan pronto como llegue. (pág. 170)
Finalmente, el gerundio tiene en ciertas frases el valor de la preposicion con y el infinitivo del mismo verbo, ó bien de su verbal: Venciendo se engrien los conguistadores, es decir, Los conguistadores se engrien con vencer, con el vencimiento ó con la victoria. El dar al gerundio español el valor de un participio de presente, como los que dicen: Remito á Vd. cuatro cajas conteniendo mil fusiles, es copiar malamente la pobreza de la lengua francesa, que emplea una misma forma para ambos giros. (pág. 170)
Hai todavía que considerar en el modo infinitivo otros dos verbales, que denominan los grámaticos latinos participio de futuro actico y pasivo, terminado aquel en rus ra, y este en dus da: ro ra y do da en castellano. Del primero apénas tenemos mas que el verbal futuro, futura, y en Jovellános leo: Los fondos de encomiendas vacantes ó vacaturas. Del segundo nos quedan Cogitabundo, doctorando, educando, errabundo, examinando, execrando, graduando, laureando, memorando, moribundo, multiplicando, ordenando, tremendo, tremebundo, vagabundo, venerando, oitando, y unos pocos mas, todos verdaderos nombres, que en nada participan del régimen ni de las demas calidades del verbo. (pág. 170)
Del indicativo. (pág. 171)
El carácter de este modo es enunciar la significacion del verbo sin depender de otro. (pág. 52) En efecto, tres de sus tiempos pueden espresar pensamientos aislados, v. g. T paseas, ya se lo adverti, pronto saldré. El pretérito coexistente reclama la simultaneidad de otra accion, á la que no está subordinado, así como no lo está el futuro condicional al verbo que completa sus frases, pues por el contrario este va determinado siempre por aquel, En razon de esta independencia es el único modo por que pueden espresarse las oraciones de admiracion, y las preguntas en que no intervienen ni verbo antecedente, ni condicion subsiguiente, como: Trae, traía, trajo, traerá ó traerta algun recado? Ningun sentido presentarían estas otras: Traer, trayendo, traido, traéd, traiga, trajere, trajera ó trajese algun recado? En las de interrogante, que pueden empezar, bien que con cierta violencia, por el indefinido absoluto, es indispensable que siga una condicion, la cual ninguna falta hace en el indicativo, v. g. ¡Malbaratara (mejor Malbarataría) toda su hacienda, si no se lo estorbasen Cuando digo que es del carácter del indicativo no pender de otro verbo, hablo de su índole ordinaria en las mas de las locuciones, pues no deja de haber algunas, en que pierde esta independencia, por manera que lo rigen, no solo tiempos del mismo modo, sinó tambien de los otros. Ejemplos: Particiele /d. que ya voi, que estaba el comisario en su casa á las nueve, que llegue ayer, que me pondré en camino esta tarde; Han dado palabra de que le nombrarían; Escusado es preguntar si le concidarian a comer. (pág. 171)
Del subjuntivo. (pág. 172)
No sucede lo mismo con este modo: es de esencia suya que todas las frases de sus tiempos esten determinadas por un verbo de los otros modos, con el que las enlaza alguna conjuncion; de donde ha tomado el nombre de subjuntico. Conviene que estudies; Vino para que le viesen. Asi es que no puede empezar la oracion por el, á no estar traspuesto el verbo que lo rige, como: Que saliesen todos los moriscos, fué mandado por pregon; donde el órden natural sería, Fué mandado por pregon que saliesen todos los moriscos. Ó bien se sobreentienden el antecedente y la partícula conjuntiva, como: Acudieran las tropas, si les hubiese llegado la órden; en la cual falta al principio, Es indudable que acudieran etc. Por no empezarse cláusula con el subjuntivo, no puede hallarse tampoco al principio de una oracion de interrogante ni de admiracion, segun poco hace hemos manifestado. Aun en las de deseo, hai que suplir algun antecedente, pues en, Quiera Dios, entendemos, Espero que quiera Dios, y en, Ojalá venga ó viniese pronto, la partícula ójalá, como que es interjeccion, contiene un pensamiento cabal, pues vale lo mismo que Deseo (que venga pronto), ó Sería conveniente (que viniese pronto). Pero como semejantes locuciones van por lo comun desnudas del verbo determinante, y parecen propias de este modo, lo han designado muchos con el nombre de optatioo; al paso que otros lo denominan potencial, por servir para ciertas frases que denotan voluntad, posibilidad ó poder, cuales son estas: Quisiera pasear; Pudiera ir al teatro. En otras todavía aparece mas evidente la fuerza potencial de este modo: cuando digo, Con tal que tenga las calidades que requiere la lei, denoto las que ya están señaladas por ella; miéntras diciendo, Las calidades que requiera la let, doi á entender que aun no las ha fijado, ó que no estoi segu ro de las que son, ó que rezelo podrán haber variado, cuando llegue el caso á que aludo. La idea quedaría igualmente bien espresada, si dijésemos, las calidades que puede requerir la lei. Sin embargo en estas locuciones y en las condicionales que principian por el indefinido absoluto, es necesario que supongamos alguna elípsis, como Aseguro que (quisiera pasear); No haz duda que (pudiera ir al teatro, si me diese la gana); para sostener que es de esencia del subjuntivo estar subyugado á otro verbo precedente. Á no ser que digamos, como lo hicimos del indicativo, que tal es su carácter ordinario con mui pocas escepciones. Del imperativo. (pág. 172)
La naturaleza de este modo se halla bien definida en las páginas 59, 54 y 55. Puede tener dependiente de si algun verbo por medio de las partículas conjuntivas, como el indicativo, y ninguna puede enlazarlo con otro verbo precedente: Tocad la campanilla para que venga el criado. Su significado de mando, súplica, permiso ó consejo lo distingue principalmente del indicativo, y le impide que pueda hallarse en oraciones de admiracion ó interrogante, que son peculiares de dicho modo. (pág. 173)
De los tiempos de indicativo. (pág. 173)
Del presente, y del pretérito y futuro absolutos Poco hai que observar acerca del uso de estos tres tiempos fundamentales. El presente denota que está sucediendo aquello de que hablamos, como, Yo escribo; ahora llueve; ó bien, por medio de otro inciso, nos trasladamos al momento, pasado ó venidero, en que estuvo ó estará sucediendo la cosa. Siempre que me escribe, da memorias para Vd.; Si vengo, ya lo tomaré; es lo mismo que decir, Siempre que me ha escrito, ha dado memorias para Vd.; Cuando venga, ya lo tomaré. El sentido en ambas oraciones se refiere al tiempo en que el estuvo escribiendo, y al en que vo estaré viniendo. De esta clase son las frases usuales, Vueleo al momento; Que se hace Vd. esta noche? y la contestacion, Voi al teatro, en lugar de decir, Volveré al momento; Que se hara Vd. esta noche?— Iré al teatro; como tambien el giro que adoptan los historiadores, cuando, para animar mas la narracion, ponen en presente los sucesos pasados: Llega Cortes y habla á los suyos; pero el pavor los había sobrecogido hasta tal punto que no pensaron sino en huir.— Con el presente designamos ademas las ocupaciones ó los empleos habituales, como cuando decimos: La Malibran canta mui bien; La Pinto esta de graciosa en el teatro del principe. (pág. 173)
El pretérito absoluto se refiere á un tiempo pasado, que puede ser inmediato ó remoto: si se espresa, nunca tiene conexion con el actual, y la accion se verificó precisamente en la época designada, no ántes ni despues. Lo mismo se dice, Antonio estuvo aquí en 1800, que, Antonio estuvo ayer á visitarme, porqué tan completamente pasado es el dia de ayer, como pueda serlo el año de 1800. En, Cuando viaje por Italia, oisite las ruinas del Herculano, refiero un suceso pasado, sin determinar la época. Si la señalo, Cuando viaje por Italia en 1817, visité las ruinas del Herculano, fijo el tiempo de mi viaje á Italia y el de mi visita al Herculano; de modo que si mi viaje hubiese empezade en 1816, ó se hubiese alargado hasta el 1818, solo estaria dicho con perfecta exactitud: Cuando viaje por Italia, visité en 1817 las ruinas del Herculano, ó, Cuando en 1817 estaba ciajando por Italia, oisite las ruinas del Herculano. Eso no quita que si tuviese yo que responder á quien me preguntara donde había estado en 1817, ó al que afirmara que dicho año había yo residido en Paris, le replicaría bien, En 1817 estuve en Italia, porqué se trata ya aquí de indagar es pecialmente el punto donde residí aquel año. Pero refiriéndolo como un hecho de la biografía de una persona, sería siempre impropio usar el pretérito absoluto, si estuvo tambien ántes ó despues del 817. Pronto ocurrirá otro ejemplo que confirma esta doctrina aun con mayor claridad. (pág. 174)
Al futuro pertenecen todos los sucesos venideros, y por tanto suele suplir al imperativo, y aun lo preferimos para determinadas locuciones: mas vezes decimos: Honraras padre y madre, que, Honra al padre y á la madre, porqué el futuro de indicativo lleva en estos casos mas fuerza de mando que el modo imperativo, el cual se limita en no pocas ocasiones á dar un consejo, y tambien á hacer alguna súplica. Del pretérito coexistente. (pág. 175)
Dimos á entender en la pág. 53, que este tiempo indica que una accion pasada fué simultánea con otra tambien pasada: acaso ambas duraron lo mismo, y tal vez la una principió ántes que la otra, ó continuó despues de haber esta cesado. De todas maneras siempre se necesita otro miembro con verbo, ó un adverbio ó alguna frase que designe la segunda accion, para que se realize la coexistencia de los dos sucesos. En esta oracion, No puedo negar que amaba á mi prima, miéntras la pasion no me permitia notar sus defectos, doi igual duracion á mi amor que á mi ceguedad. En esta. Me paseaba á caballo, cuando le saludé, el acto de pasear antecede al encuentro; y en esta otra, A su salida de Viena aun seguía haciendo estragos la epidemia, vemos que esta había continuado despues de fi. alizarse el hecho que con ella concurrió. En lo cual se diferencia este tiempo del pretérito absoluto, que á mas de limitar á una época precisa, si se señala, las acciones, no necesita la simultaneidad de otra para que se complete el sentido de la frase. Cuando digo, Juan llegó anteayer, la oracion queda perfecta; pero si di jera, llegaba anteayer, preciso sería que añadiese, cuando nosotros le vimos apear, ó alguna cosa semejante. Salía en aquel punto la aurora alegrando á los mortales, es inciso de sentido cabal, porqué se lo dan las palabras en aquel punto, que se refieren al hecho de que debe de haberse tratado en la cláusula anterior. Si decimos, Ciceron fué cónsul el año 690 de la fundacion de Roma, manifestamos que fué cónsul solo aquel año, y no en el anterior ni posterior; pero al anunciar que era senador consular el año 693, dejamos indeciso si lo fué solamente aquel año, ó si tambien en el que precedió, ó en el siguiente, ó tal vez en ambas épocas. (pág. 175)
Empleamos por esta razon el pretérito coexistente para denotar los destinos, ocupaciones, costumbres etc. habituales de toda la vida, en contraposicion del absoluto, con el que solemos señalar las eventuales ó pasajeras, segun se ve claro en estos ejemplos: Ciceron era orador elocuente, y, Ciceron fué cuestor. Puede si suplir el absoluto al coexistente, pero no al reves; porqué si está bien dicho, Ciceron fué orador elocuente, no lo está de seguro, Ciceron era cuestor, anunciado así á secas y sin alguno de los acontecimientos relativos á su cuestura, como si añadiésemos, cuando Roma padeció escasez de trigo. (pág. 176)
Se echa mano por fin del pretérito coexistente para la narracion, á fin de dar mayor interes y vida á los hechos, representándolos como mas inmediatos ó mas enlazados á la época actual. En el opúsculo intitulado Elogio finebre de los valencianos que murieron en la tarde del 28 de junio de 1808, despues de esponerse en presente de indicativo todos los males que Napoleon fraguaba, prosigue felizmente el autor usando del coexistente: El tirano de la humanidad contaba para conquistaros con vuestra corrupcion politica.... Ignoraba que en las dinastías anteriores etc. ¡Cuanta mas alma tiene este giro que si dijera: El tirano de la humanidad contó.... Ignoró que etc.! (pág. 176)
Del futuro condicional. (pág. 177)
Cuando se emplea este tiempo, existe por lo comun una condicion bien tácita, bien espresa en el mismo período. No es necesario para que la haya, que se descubra la partícula si, como en este ejemplo: Le dedicaría á la Jurisprudencia, si se inclinase á la profesion de abogado; pues hai otras muchas locuciones que pueden resolverse por el si, aunqué no lo lleven. Pensaría ocultarse embozandose; Se equicocarta Vd. en asegurarlo; Acudiría á su socorro, á habérmelo pedido; Aunqué le viese, no le hablaría; Favorecido de las leyes, progresaría rápidamente; Serta una desgracia que lloviese; En otras circunstancias se contentaría etc.; Tambien yo gustaría de tener muchos y buenos libros, pero me faltan los medios para adquirirlos: estas y otras frases semejantes, es claro que pudieran recibir este otro giro: Pensarta ocultarse, Si se embozaba; Se equivocaría Vd., si lo asegurara; Acudiría á su socorro, si me lo hubiese pedido; Aun si le viese, no le hablaría; Progresaría rápidamente, si le favoreciesen las leyes; Sería una desgracia, si lloviese; Si las circunstancias fuesen otras, se contentaria etc.; Tambien yo gustaría de tener muchos y buenos libros, si contase con los medios para adquirirlos. — Por lo que mira á la condicion sobreentendida, no es ménos evidente, que si digo, Me alegraría de verle, supongo, si pudiese ir, si el me lo permitiese, si la llucia no lo estorbase, ó cualquiera otra condicion que se refiera á los antecedentes del discurso. (pág. 177)
Fuera del caso mas frecuente de implicar una condicion, puede usarse en los siguientes: (pág. 177)
Primero: cuando el verbo determinante de la oracion denota conjetura, esperanza, temor, promesa ó afirmacion, y precede á la partícula que; y tambien cuando un determinante, que significa pregunta ó in vestigacion, está ántes de la partícula dubitativa si, segun lo prueban estos ejemplos: Creo que vendrían unos mil enemigos; Pensaba que su criado acudiría á la hora señalada; Rezelo que la asaltarían nuevos cuidados; Ofrecio que restituiría los doscientos pesos; Dijo el embajador que vendría su secretario; Aseguro que guardaría silencio; Pregunto si tardarian en llegar; Quiso averiguar si se atreverían á acometerle. Téngase presente que no siempre se espresa el verbo determinante de conjetura, promesa etc., ni la partícula que, como en este pasaje de Navarrete, en el tomo primero de la Coleccion de viajes: Mandando que... no fuesen reconocidos ni molestados los mercaderes hasta los puertos, donde pondría el rei hombres buenos etc., esto es, donde ofreció el rei que pondría. Con igual supresion del verbo determinante dice Campománes en el Tratado de la regalía de España: (pág. 177)
Porqué sin duda como todas eran fundadas de nueco por los reyes y bienhechores, estos últimos, á título de fundadores, querrían disponer á su arbitrio de ellas; donde debe sobreentenderse, es de presumir que querrían, ó bien, debió temerse que querrían disponer á su arbitrio de ellas. Por los mismos principios ha de esplicarse la elípsis de esta oracion: El lúnes encontré á Quintero en la calle de Alcalá; ¿ iria al prado? ó, tal vez iría al prado. Completa en ambos giros, dirá: pregunto si iría al prado, ó, presumo que (es el equivalente de tal vez) iria al prado. En otras ocasiones se halla el determinante disfrazado en algun adverbio, como en este pasaje de la vida de Pulgar, escrita por Martínez de la Rosa: Publicó aquella hazaña... probablemente cuando aun vivirian algunos de los que della habían sido testigos; lo que vale tanto como, Publicó aquella hazana, cuando es probable que aun vivirian etc. (pág. 178)
Segundo: se emplea este tiempo para manifestar probabilidad, y entónces equivale á debio de. Creería que yo le engañaba, puesto que faltó á la cita, es decir, Debió de creer que yo le engañaba, puesto que etc. En este sentido dice Viera: No se debe dudar, que el gobierno monárquico se establecería en las Canarias... Al principio estaría depositada toda la suprema autoridad etc. (pág. 178)
Tercero: tambien tiene lugar en las interrogaciones y esclamaciones, ó en las frases que se les parecen por espresar deseo, ménos si este se manifiesta con las interjecciones ójalá, así, pluguiese á Dios, ó alguna otra equivalente: Buscarlale en alguna de las juntas provinciales? (Jovellános.) ¦ Cuan distante estarta de pensarlo! Bueno serta que le prendiesen pronto. Pero no olvidemos que en estos ejemplos, como en el anterior, falta siempre un determinante: Es regular que al principio estarla; Pregunto si le buscarta; Es indudable que estarta mui distante de pensarlo; Es positivo que serla bueno etc. (pág. 179)
Del futuro de subjuntivo. (pág. 179)
Llámolo futuro por espresar comunmente sucesos venideros, (pág. 53) sin que destruyan esta nocion general algunas locuciones que se refieren á cosas presentes, como, Puede ser que aun este lloviendo; No hai quien no conozca la importancia de esta verdad; donde los determinantes, puede y hai, como tiempos de presente, comunican su fuerza al futuro de subjuntivo, para lo que contribuye ademas en el primer ejemplo el adverbio aun. Con tales adminículos apénas encontraríamos tiempo alguno, al que no lográsemos hacer perder su propio significado. Tal vez estará llo Viendo todavía, quiere decir, Acaso todavía llueve; Tengo despachado ese negocio desde la semana pasada, viene á ser, Despaché ese negocto la semana pasada; y, Ya coi, vale tanto como, Ire inmediatamente: á pesar de eso no diremos que estará es presente, tengo pretérito absoluto, ni coi futuro de indicativo. (pág. 179)
Es fuera de esto indudable que nadie tiene por locuciones de presente, sinó de tiempo venidero, las de imperativo; y se cree hasta tal punto que la fuerza de este modo y la del futuro de subjuntivo son una misma, que todos los gramáticos toman tres personas del último para hacer figurar cinco en el imperativo, en vez de las dos únicas que yo le atribuyo. (pág. 55) Ha dado lugar á esta equivocacion que todas las frases del imperativo caen bien en el futuro de subjuntivo, así, Orad á toda hora; Ore el hombre á toda hora; — Dame una limosna por Dios; Déme Vd. una limosna por Dios; ó bien si quiere tomarse un giro que sea indisputablemente de subjuntivo, Mando que oreis á toda hora; Ruegote que me des una limosna por Dios. No debe pues parecer estraño que se pongan en este tiempo los verbos que van determinados por un antecedente de mandato, precision, conveniencia, utilidad, ruego ó permiso, como, Es necesario que te moderes; Bueno es que te distraigas; Convendrá, dice Jovellános, que el Gobierno establezca escuelas, donde se enseñen los principios generales etc. Pertenecen por tanto á este tiempo las locuciones en que espresamos el objeto de nuestra voluntad, ó el poder ó posibilidad de hacer las cosas con arreglo á la indole del subjuntivo, (pág. 172) e. g. Seré breve cuanto Vd. quiera; Me alegro de que le coloquen; Deseo que no tarde; Permitame Vd. que lo tome; De forma que pueda el Gobierno tener noticia de cuanto pasa. De consiguiente uno de sus principales oficios es designar el fin de las proposiciones: Te envto para que venga; No lo menciono á fin de que me pagues. Siendo de notar que en lugar de estas y otras conjunciones finales, se pone en ciertos casos el que solo, segun lo practicó González Carvajal en el capítulo V de los Trenos de Jeremías: (pág. 180)
Me cantan Cantares que me den afrenta y pena; esto es, para que me den afrenta y pena. (pág. 180)
En este ejemplo se descubre uno de los usos mas frecuentes del futuro de subjuntivo, el cual sirve para los casos en que hai incertidumbre de parte del que habla, ó cuando no se fijan el tiempo, lugar etc. de la accion, pues vemos que por no ser cierto que los cantares darían pena al rei David, por mas que lo procurasen sus enemigos, se espresa con el me den, que convertido en me dan sería ya una proposicion afirmativa. Igual comentario puede recaer sobre lo que dice Beña en la fábula XVI; Y entónces la voz al viento suelto, como tenga gana, ó, si tengo gana: usando del indicativo, como tengo gana, se manifestaría la voluntad positiva, por equivaler á del modo que quiero. Jovellános empleó con oportunidad este tiempo en la Lei agraria: Ciertamente que se podran citar algunas provincias en que la feracidad del suelo.... ó la labortosidad de sus moradores hayan sostenido etc. Aquí no determinó las provincias; pero si las hubiese señalado diciendo, Ciertamente que se podran citar las provincias de Valencia y Granada; habría tenido que recurrir al indicativo para concluir la frase de esta manera: han sostenido. En otra parte de sus obras leemos: Miéntras no tengamos una Academia de ciencias. El adverbio miéntras significa un tiempo indefinido: pruébese á sustituirle ahora ó en el siglo último, y no podrá ménos de variarse la frase diciendo: Ahora que no tenemos, ó, En el siglo último cuando no tentamos. (pág. 181)
Frai Luis de Granada habla así con el pecador: Si quieres saber que tantos sean los pecados que en tiempos pasados tienes hechos, discurre etc.; y á buen seguro que no le hubiese apostrofado, dando este otro giro á la frase: Bien sabes cuantos sean los pecados, sinó cuantos son los pecados. En el primer caso se trata de averiguarlos, en el segundo suponemos he cha la investigacion. Con lo cual se esplica por qué usamos de este futuro, sin que nos suene tan á propósito el presente de indicativo, en las locuciones, No ha entrado hoi barco ninguno, que yo sepa; La valvula, ó como se llame; Donde haya prohibicion, habrá monopolio. En tales ejemplos declaro, que si bien no tengo noticia de que haya entrado ningun barco, no poseo las necesarias para afirmar rotundamente que no ha llegado. Si hubiese yo hablado con el vigía, capitan del puerto ó quien tuviese que saberlo, diría sin vacilar por el indicativo: Se (en vez de que yo sepa) que hoi no ha entrado barco ninguno. Manifiesto igualmente que no tengo certeza de que se llame válvula la parte del instrumento á que me refiero; y no determino la nacion, reino ó provincia donde existe la prohibicion, contentándome con anunciar la máxima vaga, de que en cualquiera punto donde pueda haberla, la acompañará el monopolio. Si no fuese tal mi designio, y quisiera hablar positiva ó individualmente diría: La valoula, sin aditamento ninguno, ó bien, La válvula, pues de este modo se llama etc.; En Italia, porqué hai prohibicion, abundan los monopolistas. No sería difícil, siguiendo esta misma idea, esplicar por que las proposiciones negativas universales van al subjuntivo, y convertidas en afirmativas piden por fuerza el indicativo. Parece al pronto que, No puede discurrirse miseria humana que no haya recopilado Voltaire en su Cándido; No hai mal que sobre mi no caiga, significan lo mismo que, Voltaire ha recopilado en su Cándido todas las miserias que pueden discurrirse; Todos los males caen sobre mi. Sin embargo, bien examinadas estas sentencias, se advierte que encierran duda las de negacion, tanto que pueden resolverse por una pregunta, conservando siempre el futuro de subjuntivo: ¿Que mal hai que sobre mi no caiga? miéntras en calidad de positivas no envuelven ninguna especie de incertidumbre: Todos los males caen sobre mi. (pág. 181)
En esta delicada materia no hai pequeñez que no deba notarse, y la observacion nos da á conocer, que no obstante que no es fácil atinar el motivo, unas partículas piden el futuro de subjuntivo en las mismas frases en que otras el presente de indicativo. Como sea cierto, decimos, que la verdad arrastre el convencimiento, y, Por cuanto es cierto que la verdad arrastra el convencimiento; Se lo preguntaré, cuando le vea, y, Se lo preguntaré, si le veo; Ha convenido en capitular, con tal que ó como no le lleguen socorros dentro de cinco dias, y, Ha convenido en capitular, si no le llegan socorros dentro de cinco dias. No negaré por fin que en ciertas locuciones es permitido emplear cualquiera de los dos tiempos antedichos, v. g. No lo recuerdo porqué quiero ó quiera mortificarle; No lo han prohibido las le yes porqué entorpece ó entorpezca los progresos de la agricultura; Como pocos desconocen ó desconozcan la utilidad de la maquinaria; Mándame una minuta de lo que consta ó conste por los libros de ese archico, cuya copia no se halla ó halle en el de la casa de ayuntamiento. En otras es indiferente usar este futuro ó el de indicativo: Creo que no tarde ó tardará en venir; Temo que le llegue ó llegará la noticia ántes de estar prevenido, aunqué con lo segundo manifestamos un rezelo mas positivo que con el llegue. Pero esto no impide que nos pongamos mui alerta al leer los autores, que como Jovellános y Martínez de la Rosa, son tan propensos al futuro de subjuntivo, que lo emplean usurpando, á mi modo de ver, los oficios propios del presente ó de algun otro tiempo del indicativo. De estos dos escritores pudieran citarse muchos pasajes parecidos á estos. De las obras de Jovellános, pág. 149 del tomo primero: De aquí se sigue, que los gremios sean (son) un estorbo para el aumento de la poblacion; y de las de Martínez de la Rosa, pág. 104 del tomo segundo: Uno de los mejores trágicos que hoi posea (posee) esa nacion. Lo cual prueba que todavía no se han fijado con perfecta claridad los verdaderos límites de este tiempo; y aunqué yo lo he intentado, no dejaré por eso de recomendar á los jóvenes, que procuren adquirir aquel tino que se forma con la lectura de los buenos modelos, única guia que puede conducirlos al acierto. (pág. 183)
Del futuro condicional. (pág. 184)
Este tiempo entra, como el condicional de indicativo, en las oraciones que encierran una condicion futura; pero siguiendo el carácter del modo á que pertenece, va en semejantes casos despues de la partícula conjuntiva, miéntras el condicional de indicativo siempre la precede. (pág. 53) Por manera que no podemos decir: Saliere á pasear, si no llovería, pues debe ser: Saldré á pasear, si no lloviere ó llueve. (pág. 184)
El significado vago de los dos indefinidos los habilita para sustituir en cierto modo á este futuro condicional; pero si se verificase tal cambio en el ejemplo susodicho, convendría trasladar el determinante al condicional de indicativo, Saldría á pasear, si no lloviera ó lloviese. No faltará quien mirando como cosa de poca monta la sustitucion de una s por una r, crea que lo mismo es, Saldré á pasear, si no lloviese, que, si no lloviere; pero yo encuentro lo último mucho mejor, y me atreveré á decir, que es lo único que se ajusta á la rigurosa propiedad. Ásí aparece mas claro en el siguiente ejemplo: Cuando fuere ó sea (y no fuese) mayor, le destinaremos á la labranza. En efecto, á pesar de ser constante que el indefinido absoluto puede sustituir al condicional en todos los casos, (pág. 185) de ningun modo nos es permitido decir: Saldré á pasear, si no lloviera; Cuando fuera mayor, le destinaremos á la labranza. (pág. 184)
Pero en muchísimas ocasiones no se necesita mudar el tiempo del verbo antecedente, aunqué entre el indefinido condicional á ocupar el puesto del futuro condicional. En este pasaje de Jovellános, Igual recurso tendran los artistas, cuando las partes, con quienes hubiesen tratado, no les pagaren el precio, ni cumplieren las condiciones estipuladas; ¿que dificultad habría para decir, no les pagasen, ni les cumpliesen, sin tocar á lo demas de la cláusula? (pág. 184)
Del indefinido absoluto. (pág. 185)
Este, lo mismo que el otro indefinido, entrá á cada paso en locuciones de pretérito y de futuro: su significado de presente es de mas rara ocurrencia. (pág. 54) Donde quiera que se emplee, ha de hacerse segun las reglas que pongo á continuacion. (pág. 185)
Puede suplir al otro indefinido en todos los casos, y al futuro condicional de indicativo en las frases que llevan una condicion esplícita, tácita ó disfrazada bajo alguno de los giros indicados en la página 177. Ejemplos: Dijo el embajador que viniese ó viniera su secretario; (1) Bien fuese ó fuera por miedo ó por cautela; Deseabas que te facilitase ó facilitara la entrada; Estaba preparada la mesa para todos los que llegasen ó llegaran; Me iria ó fuera á la Granja, si lograse ó lograra el pasaporte; Te enganarlas ó engañaras, si le creyeses ó creyeras hombre honrado; Rezelo que la asaltarían, asaltaran ó asaltasen nuevos cuidados; (2) ¿Quien se atrevería ó atreviera á contradecirle? Pero conviene observar, que si en las oraciones condicionales que anteceden, ocupase el lugar de los indefinidos el futuro de indicativo, habría que trasladar el verbo determinado al presente del mismo modo: Me iré á la Granja, si logro el pasaporte; Te enganaras, si le crees hombre honrado. (pág. 185)
1 He repetido aquí de propósito el ejemplo puesto para el futuro condicional de indicativo, á fin de hacer notar la diferencia entre esta frase y la de, Dijo el embajador que vendría su secretario. Por esta anunció el embajador de un modo positivo la venida del secretario, miéntras la otra, Dijo el embajador que viniese ó viniera su secretario; incluye el mandato formal de que se presente. (nota al pie, pág. 185)
2 Si hai alguna diversidad en esta locucion por emplearse los indefinidos de subjuntivo ó el condicional de indicativo, consiste en que por los primeros denotamos un temor mas remoto, pues cuando digo: Rezelo que la asaltartan nuevos cuidados, se manifiesta un temor mas fundado, ó mayor probabilidad de que suceda la cosa. (nota al pie, pág. 185)
23 Los antiguos emplearon por gala este tiempo en lugar del pretérito de indicativo que se forma del ausiliar había y el participio pasivo; amara por habla amado. Algunos modernos han prodigado hasta la náusea esta singularidad, de que gustaba mucho Jovellános, y de consiguiente nos ha dejado numerosos ejemplos de ella: Así fut, dice en la memoria Á sus compatriotas, el mas fiel á su amistad en la desgracia, como fuera el mas sincero y desinteresado en la prosperidad. No es en este pasaje en el que yo hallo reprensible semejante modismo, pues aquí parece que el autor se propuso hacer mas reparable, y autorizar en cierta manera su dicho, usando de una locucion ménos frecuente; objeto que no hubiera logrado empleando el pretérito absoluto. (pág. 186)
Suele tambien evitarse oportunamente por este giro el sonsonete de varios pretéritos agudos en la última, repetidos en un corto intervalo, como lo ha hecho Canga en el tomo primero, pág. 222 de las Observaciones sobre la guerra de España: Desde Barcelona voló a Asturias, recibió el mando de una division, y peleó con ella tan bizarramente como el mundo le viera combatir en otras épocas sobre las aguas. En los casos en que no ocurre ninguna de las referidas circunstancias, no tengo por acertado este giro, que me disuena por lo mismo en estos lugares de la memoria de Jovellános poco ha citada: Eché yo de ver que los que partieran por la mañana y tarde; Don Sebastian de Jocano y el baron de Sabasona que vinieran tambien por el rio; Se nos entero de haberse llamado allí al mismo general, que ántes fuera nombrado capitan general de Andalucia; Para gozar en paz del pequeno patrimonio... del cual... quedara yo poseedor; Pasaran ya tres semanas desde nuestra llegada, y en el 25 de marzo etc. Son muchos los pasajes parecidos á los dichos que pudieran citarse de este escritor, el mas recomendable bajo mil otros respectos. Por tanto deben caminar los principiantes con gran cautela en usar de este idiotismo, del que será lo mas prudente se abstengan, hasta hallarse tan familiarizados con la lengua, que su oido y gusto puedan guiarlos en el recto uso de estos primores, sin riesgo de emplearlos fuera de propósito. El saber la lengua latina, que no desconoce aquella locucion, puede facilitarles el manejo de este y otros modos igualmente delicados de espresarse. Pero debo desde ahora advertirles, que si es sumamente arriesgado, y quizá vicioso usar el tiempo de que estamos tratando, por el pretérito absoluto, de ninguna manera puede disimularse que se emplee en lugar de este el indefinido condicional, por mas respetable que sea la autoridad de los escritores que lo han hecho. Jovellános en la Lei agraria: Lo que sucedio fué, que siendo insuficiente el fondo señalado,... hubiesen (por han) corrido ya mas de treinta años etc. El mismo en la pág. 150, del tomo primero de sus obras Se le obliga á partir con sus compañeros las materias que acopiase (ha acopiado, y mejor y mas conforme con lo que sigue, acopia ó acopie); Viera pág. 136 del tomo primero de su Historia: Así sucedió que casi toda la Canaría se poblase (en vez de se poblo) dentro de pocos anos, etc. Martínez de la Rosa en la pág. 246 del tomo segundo: Fueron causa de que pueda contarse ese paso casi como el único ventajoso que diese (debiendo ser dio) la tragedía en aquella época. (pág. 186)
33 Observaré por fin otro idiotismo, en que figura este indefinido, no ménos que el condicional, y consiste en omitir la partícula si, posponiendo el nominativo al verbo; pero entónces se hace indispensable principiar el segundo miembro de la sentencia con las partículas que ó y: Hubiese ella pedido mi proteccion, que yo se la hubiera dispensado; ó bien, Pidiera ella mi proteccion, y yo se la dispensara. Aunqué es lo mas usual en castellano, Si ella hubiera pedido ó pidiera mi proteccion, yo se la dispensara. Del indefinido condicional. (pág. 187)
Algunos de los ejemplos que anteceden, nos demuestran que este tiempo entra en las oraciones condicionales; pero como es el único de los dos indefinidos que no puede formar parte de ellas sinó despues de la partícula conjuntiva, es decir, siguiendo la naturaleza del modo á que pertenece, he aprovechado esta circunstancia para distinguirlo del otro con el epíteto de condicional. Es imposible que se halle en el miembro antecedente de la condicion, por no ser nunca verbo determinante, sinó determinado, es decir, que va siempre despues de una partícula conjuntiva, ó despues de un adjetivo relativo, que se refiera á algun nombre regido por otro verbo anterior, v. g. Aunqué fuese tarde, determinó entrar en el teatro; No le daba cuidado que yo lo notase; Que sería pues, dice Gómez Hermosilla, de una (crítica) que fuese mas estensa, y á la cual siguiese luego la de los italianos, españoles, ingleses, franceses y alemanes? (pág. 188)
Puede sentarse por regla bastante general, que este tiempo halla cabida en todas las frases en que lo tiene el indefinido absoluto, si esceptuamos aquellas en que hace este las vezes del condicional de indicativo; ó lo que viene á reducirse á lo mismo, que casi nunca puede sustituir á dicho condicional. Así: Estaba aguardando que se incorporaran ó incorporasen con su division. Pero no diré: Me alegrase de su venida, porqué caería aquí bien el condicional de indicativo: Me alegrarta de su venida. Diremos si, Me lo anuncio para que me alegrase, por no estar bien, para que me alegrarla. (pág. 188)
Lo que como regla inconcusa establecimos en la pág. 185, á saber, que puede sustituir en todas ocasiones al indefinido condicional el absoluto, debe servirnos de piedra de toque para examinar los pasajes citados en la pág. 187 y cuantos ofrezcan alguna duda acerca del uso que se ha hecho del indefinido condicional. Con tal prueba hallaremos que no suena bien, Lo que sucedio fué que hubieran corrido treinta años; Se le obliga á partir las materias que acopiara, y, Sucedió que la Canaria se poblara. Nos choca ménos, Fueron causa de que pueda contarse ese paso como el único que diera la tragedía; pero tiene el inconveniente de que diera está usado en lugar de dio, y no de había dado, único sentido que pudiera hacer disimulable la locucion en nuestros dias. (pág. 189)
Del futuro de imperativo. (pág. 189)
El tono rápido e imperioso de su enunciacion hace que principiemos por el verbo, y que se pospongan los pronombres tú y vosotros, en el caso de espresarse: Págame tú lo que me debes; Desechad vosotros el miedo. Este mismo carácter nos impide buscar el rodeo de las partículas negativas, aun en las frases de súplica; por lo que no sirve para las oraciones de negacion. Jamas ocurre, No me niega un pedazo de pan, siendo mas breve, Dame un pedazo de pan. Contribuye á ello el no tener mas que segundas personas, que no podrían emplearse, si no fuesen familiares del que les dirige la palabra, ó inferiores á el en edad ó bajo cualquiera otro respecto. Á los que nos merecen mas miramiento, les procuramos disfrazar nuestras demandas rebozándolas con palabras, cuyo número es mayor en las frases negativas del subjuntivo, como: No deje Vd. de darme un pedazo de pan, porqué me muero de hambre. (pág. 189)
De los tiempos compuestos. (pág. 190)
He querido desembarazarme de todos los tiempos que arrojan las diversas terminaciones de la conjugacion española, ántes de esplicar las frases que resultan del verbo haber unido á los participios pasivos, las que he designado hasta ahora con la denominacion de tiempos compuestos, sin darles entrada en la conjugacion del verbo contra la costumbre de los gramáticos. Han hecho estos ademas dos tiempos del infinitivo regido de haber de; pero sea que los haya asustado dar nombre diverso á tantos tiempos como resultarían, sea que la inconsecuencia acompañe de ordinario á las operaciones erradas en su principio, lo cierto es, que hai mucho ménos fundamento para colocar á haber de amar, habiendo de amar (tomo este verbo como paradigma ó ejemplo de todos) en el infinitivo, que para formar otros tantos tiempos de he de amar, había de amar, hube de amar, habría de amar, haya de amar, hubiere de amar, hubiera de amar y hubiese de amar. Digo que hai ménos fundamento, porqué es mucho mas difícil dar cabida á los tiempos en el infinitivo que en los demas modos, (pág. 51) y porqué es raro el uso de haber de amar, que no puede emplearse sinó como un equivalente de la necesidad de amar. Aunqué no es de tan estraordinaria ocurrencia habiendo de amar, no se ofrece en cada página como las locuciones he de amar, había de amar etc. Mas frecuentes son todavía he amado, había amado, hube amado etc., y por lo mismo estas y aquellas nos merecen un lugar en la Sintáxis, aunqué no se lo hayamos dado en la conjugacion. (pág. 190)
La frase haber de amar equivale á tener que amar ó tener necesidad de amar, es decir, que comunica el valor de futuro á todo tiempo con que se junta, porqué no se tiene que hacer lo que se está haciendo, y ménos lo que se ha hecho. Por el contrario, haber amado significa tener amado, esto es, haber ya amado; de donde el sello de pretérito que imprime á todas las frases en que se encuentra, como tambien lo notamos en Queda, está, dejo ó tengo demostrado. Nuestra lengua formó dos de sus tiempos actuales de las frases he de amar (tengo que amar) y había de amar, (tenía que amar), omitiendo el de, incorporando el ausiliar como terminacion, y aun sincopando el había en hía para mayor comodidad. Algunos siglos ha durado amar he, amar has, amar ha, amar hemos, amar heis, (por habeis, que es como lo decían los antiguos) amar han, amar hía, amar hias etc. Múdese la ortografía, y nos saldran puntuales los dos futuros de indicativo amaré, amaras, y amaría, amarlas. Apunté en la nota de la pág. 74, que igual fué el orígen de los préteritos anduve y estuve. Sabiendo que haber de es tener que en todos los tiempos, y que si alguna vez nos ocurre, Por haber de acudir á los del ala izquierda; Con haber de atender á tantos negocios, etc. valen lo mismo estas locuciones que, Por la necesidad de acudir, Con la precision de atender; ó se ignora de todo punto la lengua castellana, ó el que la haya saludado, no vacilará en el modo de usar esta frase. Juzgo por tanto inútil entretenerme mas en su esplicacion, e imponer nombre á las locuciones que de ella resultan en todos los modos. Haber con el participio pasivo significa tambien tener hecha alguna cosa, y parece que debiera bastar por toda esplicacion saber que tal es su equivalente. Pero son de tan frecuente uso y tan distintas las frases que se forman del presente y los pretéritos de indicativo de este verbo, cuando hace de ausiliar, que no quiero dispensarme de esplicarlas; y les señalaré ademas á cada una su nombre, como si fuesen otros tantos tiempos, á fin de que me sea mas fcil designarlas en lo sucesivo. (pág. 190)
Con el presente de haber y el participio pasivo (he amado) manifestamos que ha sucedido ya la cosa; pero que esta ó la época á que aludimos, todavía duran, ó bien que no ha cesado la práctica, la esperanza, ó por lo ménos la posibilidad de que vuelva á repetirse lo que la frase significa. Es segun esto fácil distinguir su significado del que tiene el pretérito absoluto, el cual se refiere siempre á épocas y hechos completamente concluidos. Hé aquí el fundamento que tengo para llamar pretérito próximo á este tiempo, y aclarado por que decimos: Pase por Dublin en 1826, y, He viajado por casi toda Europa, pues se espresa en el primer caso un tiempo enteramente pasado, cual es el año 1826, y me refiero en el segundo á mi vida, la que no ha llegado aun á su fin. Lo mismo debe entenderse de, En el segundo año de esta centuria fué general la sequía, y, Este siglo ha dado copiosa materia á los historiadores etc.; Juan estuco malo dos dias hace, y, Juan ha estado malo dos dias, pero ya se halla del todo recobrado. En, He diferido hasta ahora responder á su carta, usamos del pretérito próximo, porqué todo el tiempo en que yo he estado difiriendo la respuesta, tiene una íntima conexion con el presente. Decimos tambien, Esta mañana he cantado, por mirarla como parte del dia que aun no ha pasado; y aunqué algunos digan, He visto ayer á Fulano, parece que sería mas exacto, ya que no lo repugna el uso, Vi ayer á Fulano. Decimos, Cervántes ha escrito muchas obras ingeniosas, porqué existen; pero habiéndose perdido el Buscapié, diríamos: Los mejores criticos opinan que Cervántes no escribio el Buscapie, y de ningun modo, no ha escrito el Buscapié. Ciceron ha escrito muchas oraciones, porqué se conservan, y decimos que escribió varias composiciones poéticas, porqué solamente lo sabemos por el testimonio de los autores ó por algunos fragmentos que se han salvado. De una persona que murió ó ha interrumpido su correspondencia con otra, dirá esta: Miéntras me escribio, nunca olvido cuanto nos debía; y si su trato epistolar continúa, deberá decir; Siempre que me es cribe ó me ha escrito, ha confesado las obligaciones que nos debe ó nos debía. No he hablado á mi hermano desde el 1812, si vive todavía, y de consiguiente no existe una imposibilidad de que vuelva á hablarle; pero si hubiese fallecido, solo podrá decirse, Le hablé la última vez en 1812. España ha tenido muchos y buenos poetas, porqué continta teniéndolos, ó suponemos que así puede suceder; y, España tuco muchos y buenos poetas en el siglo XVII, porqué se ha cerrado ya el plazo para que pueda tener ni uno mas en la centuria que se fija. (pág. 191)
Nunca se usa el pretérito próximo, sin que por medio de otro miembro siguiente, en que se halla un pretérito absoluto, denotemos que la accion de que acaba de hablarse, es pasada e inmediata; por lo que suelen precederlo las frases adverbiales así que, cuando, despues que, tan pronto como, ya que etc.; ó bien va el participio pasivo delante del hubo interpuesta la partícula que. En ambos casos la frase significa lo que el pretérito absoluto precedido por los adverbios al instante que, así que etc.: Apénas hube cantado el aria, es lo mismo que, Apenas canté el aria; Descifrado que lo hubo, esto es, Luego que lo descifro. Había amado (el pluscuamperfecto de los gramáticos) participa de la naturaleza del coexistente, y denota, que algo había ya sido, había sucedido ó estaba hecho, ántes, al tiempo, ó despues de acontecer alguna otra cosa: Habíase atríncherado ántes que llegase el enemigo; Había yo suspendido mi arenga, al hacerme Vd. aquella advertencia; Había la gente empezado á respirar el aire libre á los dos meses de levantado el cordon. Su significado me obliga á llamarlo pretérito absoluto coexistente, porqué la accion queda aquí terminada al verificarse la otra simultánea, y en el otro coexistente puede no estar concluida. (pág. 175) (pág. 193)
Tengo por escusado llenar el papel engrosando la nomenclatura de los tiempos, ni especificando el valor de los demas compuestos del ausiliar haber y el participio pasivo. Basta indicar que el uno (habré amado) significa que tal cosa que aun ha de suceder, se habrá ya realizado ántes ó despues de otra; ó bien se infiere que debe haber sucedido la una, por la existencia, cierta ó presumida, de la otra. Ejemplos: La paz se habrá ya firmado, cuando lleguen los avisos que espera; Yo habré vuelto del campo el lúnes inmediato; Guzman habrá llegado, puesto que vi ayer á su hijo; Se habrá escondido para que no le prendan. El otro (habría amado) denota, que no ha sucedido lo que estaría hecho, si se hubiese verificado tal condicion, v. g. Le habria confiado mi pena, si el me hubiese prometido callarla. Por fin los tiempos compuestos de subjuntivo, como los de indicativo, hablan siempre de cosas pasadas, ó que lo serían, si se combinasen ciertas circunstancias. (pág. 193)
De los verbos determinante y determinado. (pág. 194)
En la esplicacion de los modos y los tiempos, hemos aludido mas de una vez á los que debían ocupar en el discurso, tanto el verbo determinante ó antecedente, como el determinado ó consiguiente. Entraremos ahora á hablar de la correspondencia que guardan entre si estos dos verbos, para que dado el tiempo y modo en que se halla el primero, y el objeto á que se encamina el discurso, pueda resolverse en que modo y tiempo debe ponerse el segundo. Materia vasta y difícil de fijar, y mas aun de observarse en la práctica, segun lo demuestran los descuidos que iremos notando de buenos escritores, y tambien de algunos de primera clase. (pág. 194)
Colígese desde luego de lo dicho, que á mas de conocer el verbo determinante, necesitamos tener noticia de la intencion del que habla; quitados ciertos casos, en los que con solo el antecedente puede ya senalarse sin vacilar á donde tiene que ir el determi nado. En este tema, Mandar al criado ensillar el caballo, si se me da por primer miembro, Mando al criado, no puedo ménos de completar el segundo así, que ensillara ó ensillase el caballo. Pero en este otro, Ser ceguedad perder los hombres el tiempo en semejantes disputas, no basta el antecedente, Es ceguedad, siendo preciso que se me anuncie juntamente, si se quiere hablar de disputas pasadas, presentes ó futuras. Teniendo el segundo dato, diré, que perdieran, perdiesen ó hayan perdido el tiempo etc., si se trata de una cosa pasada; y, que pierdan, si de una presente ó futura. Esto consiste en que el determinante nos declara en el primer ejemplo la mente del que habla, la cual no nos consta en el segundo. (pág. 194)
El determinante y el determinado pueden hallarse unidos de tres maneras: primera, por medio de un relativo; segunda, llevando el consiguiente al infinitivo con preposicion ó sin ella; y tercera, cuando los enlaza una conjuncion ó una frase que haga sus vezes. De cada una de ellas hablaré con separacion. Primera. (pág. 195)
Cuando junta al determinante con su determinado un relativo, hai cabida para tantas combinaciones en el discurso, que no solo pueden requerir los verbos en cualquiera de los modos, sinó que tambien pueden estar ambos verbos en el indicativo ó en el subjuntivo, aunqué no en el infinitivo ni en el imperativo. Sirvan de ejemplo los siguientes: Sabida es la cobardía de los enemigos que nos asaltan, asaltaban, asaltaron, han asaltado, asaltaran; Letamos una novela que acaba ó acababa de publicarse; Refería la desgracia que los afligió; Pensaste en la suerte que cabra ó cabría á estos desgraciados; No seré yo el primero que se atreca; Se alegraran muchos que ahora no lo manifiestan; Aunqué me lo refieran personas que esten ó estuvieren libres de toda sospecha; No * son nuestros amigos los que se alegran, se alegraron ó se alegraran de nuestra ruina; Escuchad vosotros, los que estais, estabais, estuvísteis, habeis estado ó estareis atribulados. Ningun sentido hallaríamos en, Acude pronto para líbrame de esta fiera, ni en, Acudir pronto para librarme de esta fiera; al paso que nos lo daría la combinacion de los dos modos, Acude pronto para librarme de esta fiera. (pág. 195)
Para que haya relativo en la oracion, no se necesita que aparezcan los sabidos que, el cual ni quien, si se encuentran nombres, y aun adverbios, que hagan sus vezes, v. g. La obra de Herrera será siempre leida de cuantos se dediquen á la cultura de los campos, esto es, de todos los que se dediquen á la cultura de los campos; Formo un deposito, donde se reuniesen los dispersos, es decir, en que se reuniesen los dispersos. (pág. 196)
En estas locuciones todo pende del sentido que intentamos dar al discurso; debiendo solo advertirse, que en algunas puede emplearse el futuro de subjuntivo por el de indicativo, (pág. 183) pues, No seré yo el primero que se atreva, es lo mismo que, No seré yo et primero que se atreverá; así como el indefinido absoluto por el pretérito absoluto coexistente: No he sido yo el primero que se atreviera ó había atrevido. (pág. 186) (pág. 196)
Segunda. (pág. 196)
Se halla el verbo determinado en el infinitivo propiamente dicho, siempre que es uno mismo el supuesto suyo y el del verbo antecedente, v. g. Quereis pasear; La noticia puede traslucirse, porqué vosotros es á un tiempo nominativo de quereis y de pasear, así como noticia lo es de puede y de traslucirse. Por donde los ausiliares haber de, tener que y deber llevan siempre en el infinitivo el verbo determinado, porqué el supuesto suyo y el del antecedente no pueden dejar de ser uno mismo: Ella hubo de acudir; Tengo que callar; Ellos deben de andar mui ocupados. (pág. 196)
Esceptúanse de esta regla los antecedentes que manifiestan una aseveracion firme y decidida de nuestra voluntad. Así decimos, Quiero, ó, no pienso salir, y, Afirmo, declaro que saldré, mejor que, Afirmo, declaro salir. Con todo el verbo protestar es susceptible de uno y otro giro: Protesto salir, ó, que saldré. Decir no puede ser antecedente de un infinitivo, porqué siempre que lo empleamos para anunciar nuestras propias acciones, no es con el designio de referirlas, sinó con el de manifestar nuestra resolucion de ejecutarlas: Digo que saldré. No es locucion tolerable por ningun título, Digo salir. (pág. 197)
En algunos verbos varía el significado del determinante segun que va el determinado al infinitivo ó al subjuntivo. Pienso mejorar de habitacion, es, Me propongo mejorar de habitacion, y, Pienso que mejoro de habitacion, es, Me parece que gano de habitacion. Se tocar la flauta, es decir, que tengo esa habilidad; miéntras, Se que toco la flauta, denota la certeza que tengo de estarla tocando. (pág. 197)
Á vezes antecede el determinante á alguna de estas preposiciones á, de, para, por, bien solas, bien formando parte de las frases conjuntivas á fin de, á causa de, con condicion de etc., y por medio de ellas rige al verbo consiguiente en el infinitivo, v. g. Decidióse el general á dar la batalla; Ve á pasear: Estaba ya cansado de sufrir; Se presento para ó á fin de obsequiarle; Se tapo la cara por no verlo; Le nombro su heredero untversal con condicion de llevar su apellido. Cuando el determinante es un impersonal ó el sustantivo ser, y el determinado no lleva supuesto, va el segundo verbo al infinitivo: Es útil cultivar las letras; Conviene á los hombres dedicarse á las ciencias. Y no puede dejar de ser así, porqué el verdadero supuesto de la oracion es aquí el mismo infinitivo que hace las vezes de nombre; oficio que no es dado á los otros modos. Dichas sentencias equivalen á estas, El cultioo de las letras es útil; El estudio de las ciencias conviene á los hombres. Pero si tiene supuesto el determinado, busca precisamente el subjuntivo: Conviene que yo estudie; Es útil que los hombres se dediquen á las ciencias. Por esto debió decir Martínez de la Rosa (tomo primero, pág. 194): Difícil es que aventaje nadie á Lope de Vega en facilidad para versificar, y no, Dificil es aventajar nadie á Lope de Vega en facilidad para versificar. Omitido el supuesto, estaría perfectamente dicho: Difícil es aventajar á Lope de Vega en facilidad para versificar. — Los verbos de mando emplean una y otra forma, pues ya decimos: Les ordeno atacar, ya, Les ordeno que atacasen. No obstante, el verbo decir, en el sentido de mandar, pide necesariamente el determinado en el subjuntivo: Dice que ataquen, dijo que atacasen. (pág. 197)
Tercera. (pág. 198)
Las combinaciones de hallarse el antecedente enlazado á su consiguiente por medio de una conjuncion, aunqué son ifinitas, pueden comprenderse en estas reglas cardinales. (pág. 198)
1a Cuando el determinante está en infinitivo, en el presente ó futuro de indicativo ó en el imperativo, y pide el verbo consiguiente en el subjuntivo, va de ordinario á uno de los futuros de este modo, como lo prueban los siguientes ejemplos: Estorbar que se cometan injusticias es el objeto de las leyes; Deseo que me favorezcas; No lograras que le castiguen; Se reforzará el puesto, si fuere necesario; Permitele que se retire. He dicho, que esto es lo que sucede de ordinario, porqué los verbos de conjetura y aseveracion, precedidos de la partícula no, pueden llevar el segundo verbo en cualquiera de los dos indefinidos, si bien parece preferible el condicional: No creo que me pagara ó pagase; No digo que viniera ó viniese á insul tarme. En todos los demas casos debe mirarse como un defecto que se halle el determinado en el indefinido condicional, si su determinante está en el presente ó el futuro de indicativo, pues yo tengo por gramaticalmente viciosos los siguientes pasajes de la Lel agraria: Si es justa y debe ser permitida cualquiera que un colono pactase (pacte) con el propietario,... no puede serlo la lei que privase (prive) al propietario de esta libertad; Nunca será tan justa... como cuando su producto se destinase (destine) etc. (pág. 198)
23 Si se halla el determinante en el pretérito coexistente, el absoluto, el absoluto coexistente ó el condicional de indicativo, ó en el indefinido absoluto; se coloca precisamente el determinado en uno de los indefinidos, cuando el sentido de la sentencia exige que este en el modo subjuntivo: Se detenta, se detuco, se habla detenido, se detendría para que llegara ó llegase; Quisiera ella que yo me adelantara ó adelantase. — El pretérito próximo y el futuro compuesto de indicativo tienen su determinado en el futuro ó en los indefinidos de subjuntivo, v. g. He sentido que no se convenza, convenciera ó convenciese; Habrá llamado para que le abran, abrieran ó abriesen. (pág. 199)
Los verbos antecedentes del indicativo tienen en general el determinado en dicho modo, si es uno mismo el supuesto de ambos verbos, como, Creo que le convenceré fácilmente; Reflexionaré lo que he de hacer. Pero si cada verbo lleva distinto supuesto, puede el consiguiente hallarse en el indicativo ó en el subjuntivo, v. g. Pensé que iba á matarla; Pensé que despachara ó despachase un propio; Dijo que su nieto había acudido; Dijo que su nieto acudiera ó acudiese. En el caso de estar en subjuntivo, han de observarse siempre las dos reglas que acaban de establecerse. 4° Pero los verbos que denotan alegría, temor, deseo ó algun acto de la voluntad; los de mando, permision ó prohibicion; los de promesa ó amenaza, y los que significan menester ó necesidad, son ménos vagos en esta parte, porqué su determinado va siempre al subjuntivo, como lo testifican estos ejemplos: Apetecer que se lo concedan ó concediesen; Ordenado que se congreguen ó congregasen; Mandándome que escriba ó escribiese; Habiendo querido que le incorporen ó incorporasen; Me resolveré á que Vd. me acompañe; Se decidió á que le llevaran ó llevasen en una litera; Necesito que acuda; Fué menester que se le intímara ó intimase la órden etc. En cuyas locuciones y en cuantas puedan ocurrir, solo ha de cuidarse de no olvidar las dos reglas primeras. (pág. 199)
53 Cuando la partícula si es dubitativa, y la persona que habla, duda lo que ha de hacer, habiéndolo de decidir ella misma; puede ir el verbo al indicativo, al subjuntivo ó al infinitivo, v. g. Aun no he pensado si conviene o convendrá otorgárselo; Pensaré si he de contestarle; No se si salga ó si salir á buscarle. Pero si no pende de nuestra voluntad el desvanecer la incertidumbre en que nos hallamos, el verbo se pone precisamente en el indicativo: No estoi cierto si lo lograré; Ignoro si saldré; ¿Si se habrá muerto mi tio? Por esto la frase, No se si vengan mis sobrinas, incluye mi tresolucion acerca de permitirlas ó no que vengan; al paso que diciendo, No se si vendran mis sobrinas, manifiesto mi ignorancia de lo que sucederá. 63 Las partículas A pesar que, aunqué, no obstante que, por mas que, si bien, supuesto que, ya que, etc. piden el verbo en el indicativo, cuando la frase encierra la afirmacion de algun hecho, e. g. Ya que me pagas tan mal, no te volveré á favorecer; Aunqué afirmabas ó afirmaste que nada sablas del robo, ahora sales complicado; Supuesto que llegará hoi, no hai necesidad de escribirle. Y he aquí el motivo por que disuena á nuestros oidos este pasaje de Marina, en la memoria Sobre el orígen y progresos de las lenguas: Si bien en la mayor parte de los elementos de aquel lenguaje se descubran aun las fuentes de que dimanan, respecto de otros es imposible etc. Por el contrario, cuando con estas partículas pretendemos señalar una condicion, que puede ó pudo dejar de realizarse, pero en cuyo cumplimiento reposa el otro inciso de la sentencia; el verbo regido por ellas, tiene que hallarse en el subjuntivo, así: Por mas que lo asegures, nadie te creerá; Ya que seas malo, no causes á lo ménos escándalo; Aunqué estuviesen bien armados, no hubieran podido defenderse. Es igual á decir, En caso que lo asegures; Si eres malo; Aun en la suposicion de haber estado bien armados. (pág. 200)
Despues de haber espuesto con bastante detencion, sin que por eso se haya agotado la materia, los principales usos de los modos y tiempos, y la relacion entre el determinante y determinado, parece ya oportuno señalar la colocacion que tiene el verbo en las sentencias con arreglo á la sintáxis española. Recuérdese aquí lo que apunté (pág. 117) sobre la libertad con que nosotros colocamos tanto el nombre como el verbo. Entre los antiguos se prefería que el verbo fuese al fin del inciso, para imitar mas la manera de los latinos. En la inmortal novela del Don Quijote se halla mui seguida esta práctica, de que ya empezó á desviarse su autor en el Persiles, inclinándose bastante á la estructura moderna, que solo por gala, ó por atemperarse á la eufonía, imita una que otra vez la construccion latina. Mas de ordinario, despues de los relativos; porqué como estos tienen que ir pegados al nombre con que guardan relacion, quedan ya ménos partes que colocar libremente, y es mas factible que vaya el verbo al fin. Ejemplos: Tal vez por ser la única que con signos mas perceptibles y usuales se insinia. (Carvajal prologo á los Salmos.) En la lengua que cada uno de ellos entienda. (Villanueva Cartas eclesiasticas.) Pero lo mas frecuente es usar de variedad, consultando principalmente el oido, y lo que el sentido y objeto de la frase exigen. (pág. 201)
Se halla algun tanto coartada esta libertad de colocar donde mas acomode el verbo, cuando lleva es preso el supuesto y rige ademas dos nombres que no son afijos, el uno en acusativo y el otro en dativo, pues entónces es casi indispensable para la claridad, que el verbo se iterponga entre dichos casos, particularmente si lo preceden el acusativo ó el dativo. Sirva de ejemplo, El correo dió esta noticia á mi hermano; inciso que puede volverse de este modo, Esta noticia dió el correo á mi hermano, ó de este otro, Á mi hermano dio el correo esta noticia; pero si sería violento decir, Esta noticia á mi hermano dio el correo, ó, Á mi hermano esta noticia dio el correo; lo sería mucho mas, Esta noticia á mi hermano el correo dio; aunqué pudiera tolerarse, Dio el correo esta noticia á mi hermano. (pág. 201)
Tambien hai precision de que el supuesto vaya, unas vezes delante del verbo, y otras junto á el por lo ménos, cuando de no hacerlo así resulta por de pronto cierta anfibología, por mas que la desvanezca el exámen atento del resto del período; lo cual se verifica en aquel pasaje del Pan y Toros, folleto atribuido quizá sin el debido fundamento á la docta pluma de Jovellanos: Un jurisperito creía Aténas que no se formaba sin el socorro de todas las ciencias. Esta sentencia quedaría clara con solo colocar ambos supuestos inmediatos á sus respectivos verbos, mudando así la frase: Crela Aténas que no se formaba un jurisperito sin el socorro de todas las ciencias, ó bien, Atenas creta que un jurisperito no se formaba sin etc. Igual defecto se nota en aquel lugar de la Lei agraria: Una terrible sedicion causo mucho despues el empeño de ejecutar estas leyes; por no haber quitado toda duda con esta colocacion: El empeño de ejecutar estas leyes causó mucho despues una terrible sedicion. La misma ambigüedad ocurre en este lugar de Munoz: El presente compuso el año 1542, por no haber dicho, Compuso el presente el año 1542, y mejor, en el año 1542. (pág. 202)
Si es persona, ya espresa, ya sobreentendida, ó un nombre propio lo que recibe la accion del verbo, lleva ántes de si la preposicion á de este modo: Diviso á su amigo; No hallaron á ninguno de los huéspedes; Vemos á unos sumamente afanados, desidiosos á otros; Saquearon á Roma; He visto á Constantinopla. — No antecede esta preposicion á los nombres propios, si van calificados por el artículo definido: He visitado la Polonia; conquistó el Ferrol; arruino la Inglaterra. — Si lo que está en acusativo, es animal trracional ó cosa, no hai preposicion: Romero mató el toro; olía la rosa; arrojaste la piedra; chocando por esto que Capmany escribiera en la pág. 80 del discurso preliminar al Teatro de la elocuencia: Esclarece á cada una de sus ideas y á cada una de sus pruebas; y Quintana en la vida del príncipe de Viana: Temta á aquel interes que inspiraban sus desgracias, al respecto que se granjeaban sus virtudes, á la seduccion que llevaba etc. Ni nos sorprende ménos que Jovellános omitiera tan frecuentemente la preposicion ántes de las personas, pues son muchos los pasajes que hallamos en sus escritos semejantes á este de la Lei agraria: Que tanto ha dividido los economistas modernos. Lista la omite casi siempre, aun en casos en que es indiferente para la medida del verso. (pág. 202)
Esta regla general tiene alguna escepcion, cuando está la persona en acusativo, y va á continuacion de ella un dativo regido de la misma preposicion á, pues entonces la omitimos ántes de la persona, para no juntar dos á á tan inmediatas. Decimos por tanto, Abandonemos á esa muger, y, Abandonemos esa muger á sus remordimientos. No por otra razon la calló Jovellános despues del verbo en este lugar: Somete unos y otros á la codicia de los maestros. Si termina por vocal la diccion que precede á la preposicion á, y empieza tambien por vocal la siguiente, suprimimos la preposicion, á fin de evitar la cacofonía que resulta de la reunion de tres vocales, y decimos: Vió aquella ninfa, y, Logro ver á aquella ninfa. Pero si el nom bre es propio, aun en este caso lleva la preposicion, v. g. Vio a Antonio; asaltó á Antioquía. Tampoco puede omitirse delante de las cosas, si de hacerlo hubiese lugar á duda sobre cuál era el agente y cuál el paciente, atendida la variedad que para colocarlos se permiten los españoles. Esta es la causa de decir, El bullicio siguio al silencio, porqué si dijéramos, El bullicio siguio el silencio, quedaba vago el sentido. Así es que cuando no lo está, deja de espresarse la preposicion, como, Pedro siguio el consejo de su padre. (pág. 203)
Tambien la llevan los verbos que no indican accion que recaiga en el caso objetivo, sinó solo posicion de una cosa respecto de otra. Es evidente que acompanar, preceder, seguir, sustituir etc. son verbos activos, y que si digo: La cruz precedía ó segula á la custodia, se halla esta en acusativo, pues diríamos por pasiva, La custodia era (mejor, estaba ó iba) precedida ó seguida por ó de la cruz. No así, El ejército sitiaba la plaza, siendo esta la que sufre ó padece el sitio. — Por de contado todo sustantivo que está en dativo, sea persona, sea cosa, va precedido de esta preposicion, v. g. Anadio otro piso á la casa; Pondrá término á la disputa. (pág. 204)
Forman igualmente escepcion los verbos que no rigen de ordinario sinó cosas, porqué cuando su accion recae sobre personas, suele variar el sentido de la frase por callarse ó ponerse la preposicion á. Vese esto patente en el verbo perder, cuyo caso objetivo es casi siempre una cosa ó un animal, pues decimos de un viudo que ha perdido su mujer, miéntras pierde á su mujer el que da márgen á sus estravíos. Lo propio sucede con el verbo robar, y por esto los romanos robaron las sabinas, y las gítanas roban los muchachos. En efecto si estos acusativos llevasen la preposicion á, se convertirían en dativos, y daríamos á entender, que tanto á las sabinas como á los muchachos se les había quitado dinero, alhajas etc. Por una razon totalmente diversa, si el verbo no rige por lo comun cosas, es indiferente espresar ó no la preposicion á, siendo lo mismo, parir un niño, que, parir á un niño. Sin embargo, esta es una de las materias en que mas decide el buen oido y el conocimiento de lo que han practicado los escritores correctos, pues ni por las reglas precedentes ni por ninguna otra sabría yo fijar por que decimos: El tiene buenos amigos; El rei ha nombrado los oficiales para el ejército; El papa creo los cardenales; á no decirse que el verbo tener se refiere de ordinario á las cosas; esplicacion que no es ciertamente aplicable á los verbos nombrar y crear. Tampoco se descubre la razon de poner la á delante de los nombres apelativos de cosas en unas locuciones, e. g. Es un sugeto que honra á su nacion; al paso que la rehusan otras, como, Se puso á contemplar la fuente. Yo á lo ménos no me siento con fuerzas para apurar tanto las inumerables variaciones del habla castellana. Ántes de cerrar el capítulo del verbo, diré algo sobre la construccion, modismos y demas accidentes de los ausiliares ser, estar, haber y tener, ya que ocurren tan á menudo en el discurso; tratando al fin de los impersonales, neutros y recíprocos. (pág. 204)
De los verbos ser y estar. (pág. 205)
Es mui frecuente usar de estos verbos en sentido impersonal, v. g. Es temprano, esta averiguado. No es raro omitirlos por una elípsis elegantísima, segun se advierte en los siguientes pasajes de Jovellános. No solo cuando reinos separados, (en vez de cuando eran reinos separados) sino despues de su reunion en la corona de Castilla; Llena nuestra vida de tantas amarguras, (es decir, Estando nuestra vida llena de tantas amarguras) ¿que hombre sensible no se complacerá en endulzar algunos de sus momentos? Porque es mas perfecta, cuando repetida y mas meditada; El poder legislativo es mas perfecto, cuando repar tido en dos cuerpos, que cuando acumulado en uno solo. En el primero de los dos últimos ejemplos falta un es, y en el segundo el está en dos lugares. Y si en semejantes casos no es lo mas ordinario usar de esta elípsis, es seguro hallarla en el segundo miembro de toda comparacion, pues en el omitimos siempre el verbo ser, v. g. Juan es tan alto como Santiago, es decir, como lo es Santiago. Á vezes se omite con mucha gracia no solo el verbo ser, sinó un relativo, como en aquel pasaje de la memoria de Marina Sobre el orígen y progresos de las lenguas, en que dice: Las mas poderosas naciones, casi nada en su origen, no se engrandecieron etc., esto es, que casi nada hablan sido en su orígen. (pág. 205)
Como muchos hallan dificultad en saber, cuál de los dos verbos, ser ó estar, han de emplear en determinados casos, convendrá fijarlo por medio de esta regla sencilla : Se usa del verbo ser, cuando la idea espresada por el sustantivo, adjetivo ó participio que se le junta, no se considera como una idea de estado; y del verbo estar, cuando se considera como tal, sea el estado permanente ó transitorio, esencial ó accidental. Así decimos: Es desgraciado ahora; Es sublime su estilo, cuando debiera ser sencillo; Solo fué afortunado en aquella ocasion; Estuco lleno de satisfacciones toda su vida; Los santos estaran contentos por toda una eternidad. Sacase tambien de aquí la diferencia entre estas frases, Laura es delicada, y, esta delicada; Ricardo es bueno, y, esta bueno; Claudio es un borracho, y, está borracho; Julian es cojo, y, esta cojo; Aquella naranja es agria, y, esta agria; Yo soi de tal parecer, y, estoi de tal parecer; La casa es grande, y, esta llena de muebles; La señora estaba de recibo, y, el género es de recibo; Julian es aficionado á la música, y, esta dedicado á ella; Ahora es de dia ó es la una, y, esta claro ó nublado. Un viejo de setenta años, fresco y bien conservado, esta jóven, por mas que no sea jóven. Separóse de esta regla Muñoz, cuando, imitando acaso á los antiguos, que eran en esto ménos refinados que nosotros, dijo en la pág. XVI del prólogo á la Historia del Nuecomundo: Varios hechos á que fué presente. (pág. 206)
De la máxima general que establezco, se deducen los siguientes corolarios: (pág. 207)
Primero. Ha de usarse el verbo ser, siempre que espresamos simplemente la existencia, la propiedad, el destino ó la procedencia de las cosas, ó bien la materia de que están formadas, v. g. Esa puerta es magnifica; El libro es de aquel caballero; La rosa es para Mariquita; Este vino es de Canarias; Todo su seroicio es de plata. Por lo mismo se halla este verbo en casi todas las preguntas en que entran como signo interrogativo que, cuyo, de quien ó de que, v. g. Que es su padre? Cuyo es el ganado? De quien es la capa? De que es aquella estatua? (pág. 207)
Segundo. Se emplea el verbo estar para significar la situacion ó disposicion de las cosas, ó para regir á otro verbo por medio de una preposicion, ó bien al gerundio ó al pretérito de participio sin ella. Ejemplos: Salamanca esta junto al Tormes; La obra esta ordenada de modo etc.; Valencia esta bien situada; Estoi en no dejarle de la mano; En casa estuve hasta que llego; Mi criado está para salir; Estuve por preguntarle; Estoi por renir con el; Estoi sin conseguir nada; Dios esta sufriendo nuestras faltas; Miéntras el mar nos esta suministrando los pezes, la tierra nos esta brindando con las mas sabrosas carnes; La carta esta fechada en Paris. Se halla el verbo estar por consiguiente en las preguntas que se anuncian por como, en donde ó en que, e. g. Como este de salud? Donde esta colocado? En que está entretenido? Tercero. Las circunstancias ó calidades de las cosas que se perciben por el oido y por el olfato, se espresan con el verbo ser, al paso que las que se sujetan de un modo bien sensible al tacto, llevan el verbo estar. Decimos de un enfermo, que su respiracion es frecuente, libre, uniforme; que la voz es intercadente, apocada, que sus gritos son agudos, y que el aliento es pestífero. Al mismo tiempo añadimos, que su lengua está flexible, húmeda y limpia; y que la piel está blanda, rojiza, amarilla. Pero si el adjetivo se refiere, no á la parte misma de que se afirma la circunstancia, sinó á los nombres genéricos tacto, color etc., ya diremos: El color de la piel es rojizo, amarillo. La circulacion de la sangre no la percibimos tocándola inmediatamente, sinó interpuestos los tegumentos que la cubren; así es que unos dicen: El pulso es débil, fuerte; y otros, El pulso está débil, fuerte. Creo que el uso de los buenos escritores se inclina mas á lo segundo. (pág. 207)
Cuarto. Á vezes apénas hacemos alto en si aplicamos ó no la idea de estado á la espresion; por lo que decimos indistintamente: Eso esta ó es claro, para manifestar la evidencia de una cosa. En el significado pasivo de los verbos usamos á vezes, ya del estar, ya del ser; pero si bien se observa, hallaremos alguna diversidad entre las frases que parecen idénticas. Á primera vista creemos que es lo mismo, Estuve acusado de tal delito, que, Fuí acusado de tal delito. Sin embargo un momento de reflexion nos hace conocer, que con lo primero manifestamos que ha cesado la acusacion y los efectos de ella, mientras con lo segundo podemos designar una acusacion, cuyos trámites esten todavía pendientes. Nuestros antiguos decían indistintamente: Es muerto, y, esta muerto: con todo, lo uno significa que la persona dejó de existir, y lo otro, que está todavía insepulta. (pág. 208)
Para que los principiantes puedan salir de su embarazo, cuando lo tengan por la antedicha incertidumbre, me atreveré á darles una regla general, para que conozcan á lo ménos donde puede usarse del verbo estar; que es en todas las ocasiones en que podría emplearse con bastante propiedad el reflexivo hallarse, como, Ricardo se halla bueno; Salamanca se halla junto al Tórmes etc. Nótese bien que esta equivalencia no tiene lugar, cuando estar rige á otro verbo por medio de una preposicion; y que disuena en muchos de los casos en que precede al gerundio, porqué ni puede decirse, Me hallo en hablarle, en lugar de, Estoi en hablarle; ni sonaría bien, Dios se halla sufriendo nuestras faltas, en vez de, esta sufriendo nuestras faltas. Por fortuna en ninguno de los dos casos puede caber la menor duda, habiéndose ya fijado por principio invariable en el corolario segundo, que el verbo estar rige á otro verbo por medio de una preposicion, y al gerundio sin ella; lo que no es dado al verbo ser. (pág. 208)
De los verbos haber y tener. (pág. 209)
Dije en la conjugacion del verbo haber, (pág. 80) que la primera persona del plural del presente de indicativo es hemos ó habemos. Lo primero es lo mas usado, aunqué lo segundo se halla no solo en los autores antiguos, sinó en algunos modernos de la mejer nota. Debe respetarlas, como habemos jurado todos sus miembros; La santa y justa causa que todos habemos jurado seguir, son dos pasajes de Jovellános en la memoria A sus compatriotas. (pág. 209)
Tambien advertí en la nota segunda de la pág. 80 la singularidad, de que cuando haber significa celebrarse, existir, verificarse etc. es su tercera persona en el singular del presente de indicativo hat; y en la pág. 114, que las terceras personas del singular de todos sus tiempos parecen servir tambien para supuestos del plural, como Hai, había, hubo, ha habido, habrá etc. muchos que sean de igual modo de pensar; aunqué ya indiqué allí mismo, que en tales locuciones es persona paciente la que tienen algunos por agente. Esto nunca puede suceder, si va unido al haber algun participio pasivo de otro verbo, pues entónces se observan las reglas generales de la concordancia: (pág. 209)
DE LOS VERBOS Han venido mis primos de Tudela; Así que hubieron entrado los primeros etc. Y parece no estar acorde con ellas aquel pasaje de la pág. 177 del tomo segundo de las obras de Martínez de la Rosa: No se había oisto en Francia sino los Actos de los apóstoles; á no suponerse que falta algo, y que la oracion completa es, No se habla oisto en Francia otra cosa sino los Actos de los apóstoles. (pág. 210)
Haber es el único verbo que puede repetirse en los tiempos compuestos, sirviéndose el mismo de ausiliar: He habido, habia habido, he de haber, había de haber.— Su equivalente tener solo puede repetirse en los tiempos compuestos con el infinitivo, y no con el participio pasivo, v. g. Tuve que tenerle para que no se despenase. — La significacion de haber por tener está anticuada hoi en dia, pues nadie dice, Yo he, habla ó hube muchos vales, por, Yo tengo, tenía ó tuve muchos vales. Solo conservamos un vestigio de ella en las frases haber menester (tener necesidad) y hé aquí, héle ahí etc. (pág. 210)
Este verbo se omite á vezes, como cuando dice Jovellános: La diferencia de una y otra epoca, si alguna, (esto es, si alguna habia) era de mayor apuro en la iltima. Esta elípsis es menos frecuente que la de callarlo, siempre que hai una serie continuada de varios participios pasivos ausiliados por el, salvo si van tantos incisos de seguida, que se hace preciso reproducirlo al cuarto ó quinto, como para que la sobrada distancia no lo haga olvidar. Por todas partes, dice el mismo autor, se graduaba como delito haber ido á Bayona, permanccido en Madrid, o residido en ctros puntos dominados por el Gobierno intruso; haberse humillado á jurarle, á obedecer sus órdenes, o á sufrir, aunqué violentamente, su yugo y su desprecio. Y algo mas adelante: Si la Junta central se hubiese instalado en Madrid, y establecídose desde luego en el palacio real, antigua residencia de los soberanos, y rodeádose de todo el aparato que no des dijese de la modestia y economía que convenía á un Gobierno tan popular; si se hubiese colocado al frente de los primeros tribunales etc. Mas el omitirlo absolutamente en la oracion, no precediendo en otro miembro, es sin disputa vicioso, como en este pasaje de la vida de Meléndez: Provisto en mayo de 1789 para una plaza de alcalde, y (falta habiendo) tomado posesion de ella en el mismo año etc., á no ser que se lea, y tomada posesion de ella etc. (pág. 210)
Cuando es empleado este verbo como ausiliar en los tiempos compuestos, precede siempre hoi dia al participio pasivo con que se junta: Yo he visto; Habras andado mucho; y sería arcaizar el decir, Visto he yo; Andado habras mucho. El supuesto de la oracion puede ir en tal caso ántes del ausiliar, ó despues de el, es decir, entre el ausiliar y el participio; ó bien seguir á este. Yo había preguntado, Había yo preguntado, ó, Había preguntado yo, son tres giros igualmente castellanos, sobre cuya preferencia solo ha de decidir el buen oido en vista de las partes que componen el período. — Esceptúanse de esta regla las preguntas, en las cuales el supuesto va siempre tras de los dos verbos: Ha llegado el correo? (pág. 211)
Pero si el participio pasivo va delante del nominativo, interpuesta entre el y el ausiliar la partícula que, equivale la frase á luego que; y entónces la persona ó cosa regida, no ménos que el supuesto, si lo hai espreso, han de ir por precision detras del verbo haber ó ser: Se me previno que dado que hubiese cuenta; Llegado que hubimos, se nos entero, (Jovellanos.) Terminada que fué la fiesta. Mas si la persona regida es un pronombre afijo, se pone este ántes del ausiliar: Dado que la hubiese. (pág. 211)
El pretérito absoluto de este verbo, rigiendo á otro en infinitivo por medio de la preposicion de, equivale á los determinantes deber de, ó ser regular que: Hubo de propagarse en aquel tiempo la ilustracion, es decir, regularmente se propagarla. Á vezes signifi ca estar á pique de, cual se halla en aquel pasaje de la Historia de Canarias por Viera (tomo primero, pág. 293): Esta escala hubo de malograr la espedicion, porqué suscitándose.... un furioso motin, hubiera tenido acaso funestas consecuencias, si Bethencourt etc. Otras, verse obligado á, ó tener que, como en dicha Historia (tomo tercero, pág. 32): Se renovó no obstante el tumulto de manera, que hubieron de echarle de la villa. (pág. 211)
El verbo haber, y tambien ser y estar, adquieren mucho donaire usados como recíprocos en ciertas espresiones, v. g. Vosotros os las habreis con ellos; Yo de mio me soi pacifico; Tú te estás aun en tus trece. Sobre el verbo tener debemos observar: que nosotros no solo tenemos las cosas materiales, sinó tambien las inmateriales; en cuyo último caso denotamos mas bien que una posesion, el estado de las personas ó de las cosas. En este sentido decimos, Tengo frio, calor, hambre, rabia; Aquella montaña tiene mucha elevacion; lo que equivale á, Estoi frio, acalorado, hambriento, rabioso; Aquella montaña es mui elevada. Tener ejerce las funciones de ausiliar como haber, con la diferencia que he señalado en la pág. 165, á saber, que el participio pasivo, el cual subsiste indeclinable despues de haber, se ajusta á las reglas de la concordancia despues de tener, cuando sigue un caso objetivo al tiempo compuesto: Yo he escrito á mi madre; Yo he escrito dos cartas á mi madre; Yo tengo escrito á mi madre (porqué mi madre está en dativo y no en acusativo), y, Yo tengo escritas varias cartas á mi madre. (pág. 212)
Este verbo rige tambien, como haber, al determinado en infinitivo por medio de la preposicion de, y la frase denota entónces la intencion de hacer algo, ó la probabilidad de que suceda la cosa, v. g. Tengo de hacer la cocina, á ver si puedo pasar sin criada. O bien la precision en que nos vemos de ejecutar algo, en cuyo caso enlaza al infinitivo la partícula que, como, (pág. 212)
Tengo que hacer la cocina, porqué se me ha ido la criada. Jovellános usó con todo la preposicion de en este sentido, cuando dijo: La cuenta que se formare, pues que de formarse tiene; lo cual hizo acaso para huir la repeticion inmediata de la partícula que. — Haber, cuando se une con el infinitivo, no puede llevar despues de si la conjuncion que, y para el significado de necesidad emplea la preposicion de, segun ántes se ha sentado, pues, Había de acudir á la cita, en nada se diferencia de, Tenta que acudir á la cita. De los verbos impersonales, de los neutros los recíprocos. (pág. 213)
Los verbos impersonales se usan solo en el infinitivo y en las terceras personas del número singular. A mas de los especificados en la pág. 92, hai otros que se revisten tambien del carácter de impersonales, como ser, siempre que se junta con un adverbio de tiempo, con el sustantivo menester ó con los adjetivos bueno, conveniente, necesario, útil etc. v. g. Es tarde, es temprano, será sobrado pronto, era menester, fué preciso etc. Lo mismo sucede respecto de otros verbos, cuando denotan las circunstancias del tiempo, la oportunidad de hacer ó no hacer algo, ó bien si anuncian cualquier acontecimiento, segun aparece de estos ejemplos: Hacia un remusguillo que traspasaba; Conoino suspenderlo para que no sucediese algun chasco. Antes de ahora hemos mencionado varias frases en que se emplean los ausiliares ser y haber en sentido impersonal, como, Es de dia; Hai varios modos de hablar; y lo mismo debe entenderse de los verbos parecer, placer y soler, v. g. Me parece bien; que me place; suele ocurrir á vezes. — El verbo parecer deja su construccion impersonal, cuando enlaza un sustantivo con un adjetivo que lo califica, v. g. Ellos parecen prontos para el combate; Tu parecías dispuesta á favorecerle; ó cuando es determinante de un verbo que está en infinitivo, e. g. Los hombres parecen olvidarse de que han de morir. Dése otro giro á estas oraciones, y recobrará al instante su carácter impersonal: Parece que ellos estan prontos para el combate; Parecía que tú te hallabas dispuesta á favorecerle; Parece que se olvidan los hombres de que han de morir. (pág. 213)
Pertenecen igualmente á las frases de impersonal aquellas, en que se hallan las terceras personas del singular con la reduplicacion se sin supuesto alguno, e. g. Se empezo á completar los regimientos; Se dice que ha llegado la escuadra; á no ser que todo el inciso, que ha llegado la escuadra, se mire como nominativo del verbo.— Cuando se encuentran las terceras personas del plural sin supuesto, como, dicen, cuentan, es sabido que se sobreentiende las gentes, los papeles, etc. (pág. 214)
Nadie crea sin embargo, que los antedichos verbos nunca se usan sinó de un modo impersonal, ó que solo ocurren en las terceras personas del singular, pues no es estraño oir, Amanecimos en Salamanca; Anocheceré en Alcalá; No soi menester para este negocio, etc. Yo que soi Neptuno, decía el loco del cuento que refirió el barbero al Hidalgo manchego, llovere todas las vezes que se me antojare. En los mismos verbos que van comunmente desnudos de supuesto, ha de sobreentenderse con arreglo á lo que hallamos espreso en los poetas, los cuales dicen que Dios truena ó anochece, y que el cielo relampaguea. (pág. 214)
Los verbos neutros, en calidad de tales, no llevan persona que reciba su accion, y por esto se llaman intransitivos. Pero muchos pasan á recíprocos, guardando los unos su significacion, y perdiéndola otros. Dormirse, pasearse, por ejemplo, significan poco mas ó ménos lo mismo que dormir, pasear; pero correrse ya se distingue notabilísimamente de correr, pues equivale á avergonzarse, ó bien, á hacerse un poco á la derecha ó á la izquierda los que estan en linea.—Na cer es uno de los verbos neutros que nunca se usan como recíprocos, y por lo mismo hizo mal Cervántes en decir en la parte primera del Don Quijote, capítulo 28: No parecían sino dos pedazos de cristal, que entre las otras piedras del arroyo se habían nacido, No es menor el número de los que son neutros y activos al mismo tiempo, si bien con distinto significado, pues con el mismo, solo se emplean algunos para las frases en que imitamos el pleonasmo (ó acumulacion de palabras redundantes) de los latinos, como, Atesorar tesoros; Dormir un buen sueño; Llorar lágrímas de gozo; Pasear un largo paseo; Vivir vida alegre. (pág. 214)
Hai por el contrario verbos activos que parecen neutros en las locuciones en que se omite, por sabido, su caso objetivo, e. g. No ama quien olvida; Hace como el que piensa; Estaba meditando; Se puso á reflexionar un rato. (pág. 215)
En cuanto á los neutros que son tambien activos, ya se ha dicho que varía su significacion el sentido en que se les emplea. Al paso que correr es caminar con velozidad, correr á uno quiere decir perseguirle ó abochornarle. Dormir, como neutro, es estar dormido, y dormir á un niño, es arrullarle para que duerma. Asir, cuando es activo, significa coger con la mano; y solo con el caso objetivo se, agarrarse de alguna parte; reduplicacion que falta en este pasaje de la vida del Gran Capitan por Quintana: Asíó con la mano izquierda de una almena. — En razon tambien del distinto significado en que se toman estos verbos, suele variar la preposicion que rigen; por lo que decimos, Acordarse con alguno, y, Acordarse de alguno. (pág. 215)
Los jóvenes deben por tanto ser mui cautos en esta parte, pues la recta y castiza locucion pende de estas distinciones casi imperceptibles. Todos saben que pasear, como verbo neutro, significa andar con el fin de espuciarse, y, como activo, hacer pasear ó sacar á paseo á entes ú objetos materiales. Por haber arranca do Cienfuégos de su significacion natural este verbo, segun lo ha hecho con otros muchos, se equivocan los lectores en lo que ha querido dar á entender por aquello, de que el anciano Palemon un siglo entero pasea por la verde y fresca alfombra. (pág. 215)
Alguno creerá que se estuvo paseando un siglo entero, y otros, que se hizo niñera del siglo, y lo sacó en brazos para divertirlo; pero como ambas interpretaciones repugnan, es menester adivinar que quiso decir el poeta, que es un viejo de cien años el que se pasea. El saber que verbos recíprocos piden delante del pronombre puesto en dativo la preposicion á ó la para, segun se apuntó en la pág. 63, pende absolutamente del uso, cuyos principales casos señalaré en el capítulo VII de esta parte. El nos enseña con efecto que debe decirse, Te guardaste para ti el dinero, y, Te aplicaste á ti lo mejor de la herencia; miéntras es corriente decir, Te apropiaste á ti ó para ti la capa. La índole del idioma tiene hasta el capricho de permitirnos esta segunda reduplicacion en unas frases, y de rehusarla en otras, aun respecto de un mismo verbo. No estranamos oir, Quiso, como valiente, guardarse para si lo mas peligroso de la empresa; y á nadie le ocurre decir nunca, Al ver á su padre, se guardó para si la carta, en lugar de, se guardo la carta. En los recíprocos, si el pronombre objetivo va tras del verbo, sigue á ambos mediata ó inmediatamente el supuesto, en el caso de espresarlo, v. g. Acuérdome yo; Oloidose el criado de la esquela, ú, Oloidose de la esquela el criado. De ningun modo se dirá, Yo acuérdome, y sería un poco violento, El criado olvidose de la esquela. (pág. 216)
De las frases para negar, preguntar y esclamar. (pág. 217)
He destinado un artículo especial para estas locuciones, porqué es necesario estudiarlas atentamente, tanto por el modo y tiempo que en cada una se emplea, como por las partículas de que van acompañados los verbos, y la colocacion de todas las partes que las componen. (pág. 217)
La negacion no va siempre pegada al verbo precediéndolo, y tambien al ausiliar, si lo hai: No pensé en ello; No pudiste concurrir; No habremos adelantado poco; No tentas aun andada la mitad del camino. Ántes no se practicaba esto siempre, pues la negacion se halla no pocas vezes despues del verbo determinante y junto al infinitivo determinado: Haciendo lo que deben no hacer, leemos en nuestras antiguas leyes. (pág. 217)
Si el supuesto de la oracion está espreso, va, ó delante de la negacion, ó despues del verbo, mediata ó inmediatamente: Moreto no ha escrito esta comedia; No ha escrito Moreto esta comedia, ó, No ha escrito esta comedia Moreto. Pero si en lugar del no ocurre el ni, por tener el inciso mas de un miembro de negacion, va el nominativo despues de ella, ó despues del verbo, como, Ni sus amigos le admiten, ni le tolera la sociedad; ó bien, Ni le admiten sus amigos, ni le tolera la sociedad; Ni el uno ni el otro le suministraron el menor socorro. (pág. 217)
Los casos oblicuos de los pronombres van siempre despues de las negaciones, miéntras los rectos suelen precederlas: Yo no la hablé; Tú no le disputaste el mayorazgo; El no te alcanzo; Ellos no nos dijeron una palabra de lo ocurrido; Como nosotros no nos dimos á conocer, no os permitieron la entrada. Nuestros antepasados decían á vezes, Cualquier que lo no hiciere ansí; dureza á que se resisten nuestro oido y nuestra pronunciacion. (pág. 217)
Cuando usamos de la negacion en oraciones que llevan el tono imperativo, nunca empleamos este modo, sinó el subjuntivo. Se dice, Haz esto; id á pasear; pero nunca, No haz esto; no id a pasear, sinó, No hagas esto; no vayais á pasear. (pág. 189.) Dos ó tres negaciones niegan en español con mas fuerza, como, Nadie dijo nada; No le traté nunca; No acudió tampoco; No me habían avisado nada de lo que pasaba; Nadie ha negado nunca; No vi nunca ningun espectáculo tan triste. Y si bien pudiera evitarse en algunos de estos casos el repetir las negaciones, invirtiendo el órden de la sentencia ó variándola un tanto, v. g. Nadie dijo una palabra; Nunca le traté; Tampoco acudio; Nada me habían acisado de lo que pasaba; Nunca vi un espectáculo tan triste; es indispensable la concurrencia de las negaciones en ciertas frases y en ciertos giros. Por ejemplo, si se pospone nada ó ningun al verbo, solo puede decirse, No habremos hecho nada; No hai aquí ningun ladron; ni cabe decir mas que, Sin que alguno en nada les aventaje; y sería sumamente forzado imitar á Aleman que pone en su Guzman de Alfarache: Habremos hecho nada; No hai aquí algun ladron; Sin que alguno en algo les aventaje. — Esto de que muchas negaciones niegan con mayor eficacia, se entiende, si ambas no se destruyen recíprocamente, segun se verifica en aquel pasaje de la Lei agraria de Jovellános: No sin gran razon se reclama en favor de la agricultura una libertad; que es tanto como decir, Con gran razon se reclama etc. Así es como se anulan ambas negaciones en la frase no sind, bien que siempre imprimen á la sentencia una fuerza que no tiene la proposicion afirmativa. No pretendo sinó verle, denota que pretendo verle, con la circunstancia de que á esto se reduce mi pretension. No obstante en otros casos se acerca mas á la simple afirmacion: Es este su hijo! no, sino su nieto; No faltaba sino que vinieras á reprenderme; ó bien, Es este su hijo? es su nieto; Faltaba que oinieras á reprenderme. (pág. 218)
Cuando las vozes nada, nadie, ninguno, nunca, sin, tampoco, etc. principian la sentencia, ya no puede tener lugar la partícula no, ni ántes ni despues del verbo. Así decimos, Nada ha ocurrido de nueco; Nadie vino; Ninguno de ellos habló; Nunca disgustan los honores; Sin dejarle descansar; Tampoco ha habido esta tarde toros; y no puede decirse, Nada no ha ocurrido; Nadie no vino; Ninguno de ellos no hablo; Nunca no disgustan los honores; Sin no dejarle descansar; Tampoco no ha habido esta tarde toros; y ménos, Nada ha ocurrido no; Nadie vino no, etc. porqué, segun queda dicho poco ha, la negacion no precede siempre al verbo. — Me parece oportuno notar aquí, que decir alguno no por ninguno ó nadie, como ocurre en el capítulo 34 de la parte primera del Quijote, ó tambien no por tampoco, segun se halla en varios lugares de dicha obra, y señaladamente en el capítulo 40 de la misma parte; no se disimularía hoi ni al autor mas descuidado. (pág. 219)
Para las frases que principian por la partícula no y llevan despues los nombres nada ó nadie, tenemos tres sustantivos que los suplen, á saber, gota y palabra á nada, y persona á nadie: No veo gota; No entiende palabra de medicina; No hablé con persona que no me insultase. Lo mismo sucede, si en lugar de no se usa de la preposicion sin, v. g. Estuve sin ver gota; Salió de las escuelas sin aprender palabra de medicina; Se fué sin que persona le viese. El uso de la palabra persona en estos y semejantes casos, léjos de poderse tachar de galicismo, es mui castizo, como lo observa oportunamente Clemencin en la pág. 164 del tomo primero de su comentario al Don Quijote. Pero cuidado con estas frases que tienen sabor á gálicas, porqué á mui poco que nos separásemos del giro que canoniza el uso, como si dijésemos, por ejem plo, Persona no me ha visto, cometeríamos ya un grave francesismo. (pág. 219)
Cuando ocurren en una sentencia dos sustantivos, dos adjetivos, dos verbos ó dos adverbios, sobre que recae la fuerza negativa, debe unirlos la conjuncion ni, y no la y: No era joven ni mui viejo; Murio sin haberse acreditado de valiente ni de pundonoroso; Pero no habló ni obro en aquella ocasion; Nadie le disputó entonces ni mas adelante la palma. Quintana olvido dos vezes esta circunstancia de la buena locucion en el siguiente pasaje de la vida de Roger de Lauria: Ningun marino, ningun guerrero le ha superado ántes y despues en oirtudes y prendas militares, en gloria ni en fortuna. Esto espresa cabalmente una cosa del todo diversa de la que quiso significar Quintana, porqué la conjuncion y en casos semejantes hace que la negacion no sea ya absoluta, sinó parcial, y hai necesidad de otro miembro adversativo que determine los límites de la negacion. No malgastó su hacienda ni la ajena, ó bien, ni su hacienda ni la ajena, quiere decir, que no se le puede imputar absolutamente el vicio de haber sido un malgastador. Mas si digo, No malgastó su hacienda y la ajena, doi á entender que malgastó una ú otra, y es preciso completar la oracion añadiendo, pero si todo su patrimonio, ó, aunqué si lo mejor de su patrimonio. (pág. 220)
La locucion No poder no, equivalente á No poder ménos que, ó, No poder dejar de, aunqué tomada del latin, disuena un poco en castellano. La han usado con todo buenos escritores, y entre ellos Jovellános, en cuya memoria A sus compatriotas leemos: Mi honor no puede no respetar su voz; No podían no ser cómplices en la usurpacion de la autoridad; No puede no ser una relevante prueba de su fidelidad. Antes que el había ya dicho Cervántes (Don Quijote, parte segunda, capitulo 59): Ni vuestro nombre puede no acreditar (esto es, puede dejar de acreditar) vuestra presencia. (pág. 220)
En las comparaciones suele hallarse la partícula no pleonástica ó redundante: Me gusta mas el paseo de las Vístillas que no el Prado; Samaniego es poeta mas fácil y flúido que no Iriarte; La accion, dice Martínez de la Rosa, esta mejor imaginada y dispuesta en la tragedia de Jovellános que no en la de Moratin. De modo que en todos estos ejemplos quedaría igual el sentido, aunqué se quitase la negacion. Es igualmente pleonástica en muchas oraciones de pregunta y admiracion, como luego diré; en las de temor ó duda, y en las que ocurre la frase adverbial por poco ó en poco, ó la que le equivale, faltar poco para que, pues podemos decir, Temía que lo declarasen, 6, Temía no lo declarasen; Dudaba que se le hubiese escapado alguna palabra indiscretamente, ó bien, Dudaba no se le hubiese escapado etc.; Por poco no cayo en el pozo; Faltó poco para que no cayera en el pozo; En poco estuvo que no le despeño, ó. En poco estuvo que le despeñase; pero en el último giro ha de sustituir el indefinido condicional al pretérito absoluto de indicativo, caso de callarse la negacion, al modo que en los dos primeros ejemplos es indispensable poner la conjuncion que, cuando falta el no. — A este lugar pertenecen sin duda los modismos familiares, Casi no me ha derribado; Apénas no hubo leido la carta; aunqué en ambos casos omitirá la negacion cualquiera que se precie de hablar con mediana propiedad. (pág. 221)
Por el contrario en las frases en que espresamos un tiempo calificado por el adjetivo todo, solemos suprimir la negacion, no obstante que su sentido la requiera, v. g. En toda la noche he podido dormir; En todo el año ha hecho tanto frio como hoi; En toda mi oida he visto semejante cosa. Lo propio se verifica no estando espreso el adjetivo todo, si se sobreentiende, como, Los versos, aunqué yo en mi vida los hice, pues llena la oracion diría, aunque yo en mi vida no los hice, que es la manera en que lo espresó el Pinciano en la pág. 108 de la Filosofía antigua. (pág. 221)
DE LAS FRASES Cállase tambien la negacion, cuando se halla el adjetivo alguno despues del sustantivo, por revestirse entonces del significado de ninguno, como ya se advirtió en la pág. 127; y en las frases donde ocurre la partícula siquiera, segun lo comprueban los siguientes pasajes de las obras de Martínez de la Rosa (tomo cuarto pág. 254): Es de advertir que La Motte.... siquiera echo de ver etc., y en su Edipo (acto II, escena IV): (pág. 222)
Y que, Edipo, siquiera te merezco Una voz de consuelo, una palabra! (pág. 222)
Pero si agregásemos un ni, y dijéramos, ni siquiera echo de ver; ni siquiera te merezco una voz de consuelo, cobrarían mayor brio estas locuciones. (pág. 222)
Respecto de las preguntas, hai que observar lo siguiente: (pág. 222)
Cuando va acompañado el verbo de un ausiliar, se coloca el nominativo ántes ó despues del participio pasivo, y nunca ántes del ausiliar: Habéis vosotros ido al Museo? ó, Habeis ido vosotros al Museo? Fué saqueada la ciudad? ó, Fué la ciudad saqueada? Pero si el ausiliar es haber, y se halla en alguna de las personas del singular del presente de indicativo, se pospone el supuesto al participio pasivo: He jugado yo? Has dicho tú cuanto yo te habla prevenido? Ha comido Vd? En el plural es ménos insólito: ¿Hemos nosotros soltado tal prenda? Habeis cosotros preguntado eso? Pero jamas oimos en la tercera persona, Han ellos venido, sinó, ¿Han venido ellos con el designio de incomodarnos No es raro que empieze la pregunta en otros casos por el nominativo, aunqué la entonacion de interrogante principia entónces inmediatamente ántes del verbo, e. g. Su amo de Vd. gesta en casa? Si la pregunta lleva negacion, va ántes del verbo, y aun del ausiliar, cuando lo hai: Como es que la niña no canta? ¿No lo ha asegurado el pocos minutos hace? (pág. 222)
4° En ciertas preguntas parece que esté de sobra la partícula negativa; á lo ménos es positivo que quitada, no varía mucho el sentido de ellas. Que no diría la Europa, al oir tal atentado? es casi igual á, Que diría la Europa, al oir tal atentado? No es cierto que llego anteayer? solo se diferencia de, Es cierto que llegó anteayer, en que la primera pregunta supone que álguien lo contradice, ó que lo repugnan de algun modo los antecedentes del discurso; y la segunda se dirige á indagar simplemente la llegada del sugeto. Pero es indispensable la negacion en aquellas frases que pasarían á afirmativas, si no llevaran el tono interrogante, v. g. No los vencieron los romanos? si se quiere significar, Los vencieron los romanos. Tambien en las que el no tiene la fuerza de Dejar de ser, de suceder ó de hacer algo. Tal es el sentido de estos pasajes del Elogio de la reina doña Isabel por Clemencin: Como pudiera ser que esos delitos no ofendieran la rectitud de nuestra princesa. y un poco despues: ¡Como no respetaría la equidad y la razon en sus vasallos, quien así la respetaba en el enemigo? Es decir, ¡Como pudiera ser que esos delitos dejaran de ofender la rectitud etc.? Como dejaría de respetar la equidad etc.? — Cuiden mucho los principiantes, al formar períodos largos en que se halle la negacion en este sentido, de no equivocarse poniendo en el colon segundo un ni por un y, segun ha sucedido á los traductores del Bouterweh en el prólogo, por retener aun el eco de la negacion que va al principio: ¿Quien no oloidara ridículas y esclusivas pretensiones nacionales, al leer y meditar las escelentes obras de muchos escritores de aquellas ilustres naciones, ni (debe decir y) se atreverá á negar el copioso fruto que pudieran conseguir los españoles del conocimiento y estudio de tan bellos modelos? — Hai ciertamente oraciones en que ni hace las vezes de y; mas esto tiene solo lugar, cuando habiendo principiado el período en tono afirmativo, arranca el interrogante en el se gundo miembro inmediatamente despues de la particula ni. Vese esto en el siguiente ejemplo: No pudo descubrirle; ni como fuera posible encontrarle, estando cubierto por las matas? donde pudiera mui bien decirse, y ¡como fuera posible etc. (pág. 223)
6° Cuando son dos pronombres los que constituyen la persona agente y la paciente, va esta delante, y la agente al fin: Me llamaba Vd? Os reportareis cosotros de insultar? Y si ademas de estas dos personas hai una tercera en dativo, se coloca delante de todas: Me lo dirá Vd? Nos lo comunicará este? Mas si hubiese solo un pronombre y estuviese en dativo, va delante o despues del verbo, segun se dijo al hablar de los afijos: Me tocaba responder? ó, Tocábame responder? En la sintáxis de las esclamaciones son notables las tres particularidades que siguen. (pág. 224)
Primera. Siempre que entran en ellas los verbos ser ó estar, preceden al supuesto, el cual cierra la admiracion, v. g. Cuán rica provincia es Cataluña! Que graciosa es la niña! Que fria estaba la mañana! Segunda. Si la persona agente y la paciente son dos pronombres, su colocacion es la misma que en las preguntas: Como me asusto Vd! ¡Cuanto nos ha divertido ella con sus cuentos! Pero si el acusativo es cualquier otro nombre, va el nominativo despues del verbo, y el caso objetivo á continuacion de este: ¡Como buscaba ella su conveniencia! ¡Cuanto apeteciais vosotros el descanso! (pág. 224)
Tercera. Como en las comparaciones e interrogaciones, así tambien en las esclamaciones suele usarse la negacion pleonástica, segun lo hizo Jovellános en la memoria A sus compatriotas: ¡Que ejemplo tan nuevo y admirable de desgracia y resignacion no presentaron entónces á nuestra afligida patria tantos fieles servidores suyos! y en la Lei agraria: ¦Que no ha costado de pleitos y disputas en el territorio de Sevilla etc.! y mas adelante: ¡Que de privilegios no fueron dispensados á las artes etc.! (pág. 224)