Nociones preliminares y capítulos I a XIX: las palabras

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Los capítulos

Nociones preliminares

I. La GRAMATICA de una lengua es el arte de hablarla correctamente, esto es, conforme al buen uso, que es el de la gente educada. a. Se prefiere este uso porque es el más uniforme en las varias provincias y pueblos que hablan una misma lengua, y, por lo tanto, el que hace que mas facil y generalmente se entienda lo que se dice; al paso que las palabras y frases propias de la gente ignorante varian mucho de unos pueblos y provincias á otros, y no son fácilmente entendidas fuera de aquel estrecho recinto en que las usa el vulgo. b. Se llama lengua castellana (y con menos propiedad espanola) la que se habla en Castilla, y que con las armas y las leyes de los castellanos pasó á la America, y es hoy el idioma comun de los Estados hispano-americanos. (t. I, pág. 13)

c. Siendo la lengua el medio de que se valen los hombres para comunicarse unos á otros cuanto sa ben, piensan y sienten, no puede menos de ser grande la utilidad de la Gramática, ya para hablar de manera que se comprenda bien lo que decimos (sea de viva voz ó por escrito), ya para fijar con exactitud el sentido de lo que otros han dicho; lo cual abraza nada menos que la acertada enunciacion y la genuina interpretacion de las leyes, de los contratos, de los testamentos, de los libros, de la correspondencia escrita; objetos en que se interesa cuanto hay de más precioso y más importante en la vida social. 2. Toda lengua consta de palabras diversas, llamadas tambien dicciones, vocablos, voces. Cada palabra es un signo que representa por si solo alguna idea ó pensamiento, y que construyendose, esto es, combinándose, ya con unos. (t. I, pág. 13)

ya con otros signos de la misma especie, contribuye á expresar diferentes conceptos, y á manifestar asi lo que pasa en el alma del que habla. (t. I, pág. 14)

  1. El bien hablar comprende la estructura material de las palabras, su derivacion y composicion, la concordancia ó armonia que entre varias clases de ellas ha establecido el uso, y su regimen ó dependencia mutua. (t. I, pág. 14)

La concordancia y el régimen forman la construccion ó sintaxis. (t. I, pág. 14)

Capítulo I. Estructura material de las palabras

  1. Si atendemos á la estructura material de las palabras, esto es, á los sonidos de que se componen, veremos que todas ellas se resuelven en un corto numero de sonidos elementales, esto es, irresolubles en otros. De estos los unos pueden pronunciarse separadamente, con la mayor claridad y distinción, y se llaman vo CALES: los representamos por las letras a, e, i, o, u: a, e, o son sonidos vocales llenos; i, u, débiles. De los otros ninguno puede pronunciarse por si sólo, á lo menos de un modo claro y distinto; y para que se perciban claramente es necesario que suenen con algun sonido vocal: llámanse por eso CONSONANTES. (t. I, pág. 15)

Tales son los que representamos por las letras b, c, ch, d, f, g,j, l, ll, m, n, n, ~, r,rr, s, t, v, y, 2; combinados con el sonido vocal a en ba, ca, cha, da, fa, ga, ja, la, lla, ma, na, na, pa, ra, rra, sa, ta, va, ya, za. Tenemos, pues, cinco sonidos vocales y veinte sonidos consonantes en castellano: la reunión de las letras ó caracteres que los representan es nuestro ALFABETO. La h, que tambien figura en el, no representa por si sola sonido alguno; pero en unas pocas voces, como ah, oh, he, que parecen la expresión natural de ciertos afectos, pues se encuentran en todos los idiomas, pintamos con este signo la aspiración ó esfuerzo particular con que solemos pronunciar la vocal que le precede ó sigue. (t. I, pág. 15)

La h que viene seguida de dos vocales, de las cuales la primera es u y la segunda regularmente e, como en hueso, huerfano, ahuecar, parece representar un verdadero sonido consonante, aunque tenuisimo, que se asemeja un poco al de la g en gula, agüero. (t. I, pág. 16)

En todos los demás casos es enteramente ociosa la h, y la miraremos como no existente. Serán, pues, vocales concurrentes ó que se suceden inmediatamente una á otra, a o en ahora, como en caoba, e u en rehuye, como en reune. Hay en nuestro alfabeto otro signo, el de la q, que, segun el uso corriente, viene siempre seguido de una u que no se pronuncia ni sirve para nada en la escritura. Esta combinación qu se escribe sólo antes de las vocales e, z, como en aquel, agui, y se le da el valor que tiene la c en las dicciones cama, coro, cuna, clima, crema. (t. I, pág. 16)

La u deja tambien de pronunciarse muchas veces cuando se halla entre la consonante g y una de las vocales e, i, como en guerra, aguinaldo. La combinación gu tiene entonces el mismo valor que la g en las dicciones gala, gola, gula, gloria, grama, y no es ociosa la u, porque, si no se escribiese, habria el peligro de que se pronunciase la g con el sonido j, que muchos le dan todavia, escribiendo general, gente, gime, agil, fragil, etc. Cuando la u suena entre la g y la vocal e óz, se acostumbra á senalarla con los dos puntitos llamados crema, como en vergüenza, argiir. (t. I, pág. 17)

La x, otro signo alfabético, no denota un sonido particular, sino los dos que corresponderian á gs ó á cs, como en la palabra examen, que se pronuncia egsamen ó ecsamen. (t. I, pág. 17)

En fin, la k y la m (llamada doble u) sólo se usan en nombres de personas, lugares, dignidades y oficios extranjeros, como Newton, Franklin, Washington, Westminster, alwacir (gobernador, mayordomo de palacio, entre los árabes), wali (prefecto, caudillo, entre los mismos), etc. (t. I, pág. 17)

  1. Aunque letras significa propiamente los caracteres escritos de que se compone el alfabeto, suele darse este nombre, no sólo á los signos alfabéticos, sino á los sonidos denotados por ellos. De aqui es que decimos en uno y otro sentido las vocales, las consonantes, sub CXI entendiendo letras. Los sonidos consonantes se llaman tambien articulaciones y sonidos articulados. 6. Combinándose unos con otros, los sonidos elementales forman palabras; bien que basta á veces un solo sonido, con tal que sea vocal, para formar palabra; como á cuando decimos voy a casa, atiendo á la leccion, ó como y cuando decimos Madrid y Lisboa, va y viene. (t. I, pág. 17)

a. Cada palabra consta de uno ó más miembros, cada uno de los cuales puede proferirse por si solo perfectamente, y es indivisible en otros en que pueda hacerse lo mismo, reproduciendo todos juntos la palabra entera. Por ejemplo, gramatica consta de cuatro miembros indivisibles, gra-má-ti-ca, y si quisiéramos dividir cada uno de estos en otros, no podriamos sin alterar u obscurecer algunos de los sonidos componentes. Asi, del miembro gra pudieramos sacar el sonido a, pero quedarsan obscuros y dificiles de enunciar los sonidos gr. (t. I, pág. 18)

  1. Llámanse SILABAS los miembros ó fracciones de cada palabras eparables e indivisibles. Las palabras, segun el numero de silabas de que se componen, se llaman monosilabas (de una silaba), distlabas (de dos silabas), tristlabas (de tres), polistlabas (de muchas). (t. I, pág. 18)
  1. Cuando una consonante se halla en medio de dos vocales, pudiera dudarse con cuál de las dos forma silaba. Parecerá, por ejemplo, que pudiéramos dividir la dicción pelar en las si labas pel-ar, no menos bien que en las sflabas pe-lar. Pero en los casos de esta especie nos es natural referir á la vocal siguiente toda consonante que pueda hallarse en principio de dicción. La ! puede principiar dicción, como se ve en laud, león, libro, loma, luna. Debemos, pues, dividir la palabra pelar en las silabas pe-lar, juntando la ! con la a. (t. I, pág. 18)

No sucede lo mismo en Paris. Ninguna dicción castellana principia por el sonido que tiene la r en Paris. Al contrario, hay muchas que terminan por esta letra, como cantar, placer, morir, flor, segur. Por consiguiente, la división natural de Parts es en las dos silabas Par-is. (t. I, pág. 19)

  1. Cuando concurren dos consonantes en medio de diccion, como en monte, es necesario las más veces juntar la primera con la vocal precedente, y la segunda con la siguiente: mon-te. (t. I, pág. 19)
  1. Pero hay combinaciones binarias de sonidos articulados por las cuales puede principiar diccion, como lo vemos en blason, brazo; clamor, cria, droga, flema, franja, gloria, grito, pluma, preso, tlascalteca, trono. Sucede entonces que la segunda consonante se aproxima de tal modo á la primera, que parece como embeberse en ella. Decimos por eso que se liquida, y la llamamos liquida. La primera se llama licuante. (t. I, pág. 19)

No hay en castellano otras liquidas que la ! y la r (pronunciándose esta ultima con el sonido suave que tiene en ara, era, mora); ni más licuantes que la b, la c (pronunciada con el sonido fuerte que le damos en casa, coro, cuna), la d, la f, la g (pronunciada con el sonido suave que le damos en gala, gola, gula), la p y la t. Las combinaciones de licuante y liquida se refieren siempre á la vocal que sigue, como en ha-blar, a-bril, te-cla, cua-dro, a-fluencia, azafran, co-pla, a-tlantico, le-tra, á menos que la !ó lar deje de liquidarse verdaderamente, como sucede en sublunar, subrogación, que no se pronuncian su-blu-nar, su-bro-ga-cion, sino sub-lu-nar, sub-ro-ga-cion, y deben, por consiguiente, dividirse de este segundo modo; lo que podria, con respecto á la r, indicarse en la escritura duplicando esta letra (subrrogacion), pues la r tiene en este caso el sonido de la rz. fl. Juntándose tres ó cuatro consonantes, de las cuales la segunda es s, referimos esta y la articulación precedente á la vocal anterior, como en pers-pi-ca-cia, cons-tan-te, tras-cribir. La razón es porque ninguna dicción castellana principia por s liquida (que asi se llama en la gramática latina la s inicial seguida de consonante, como en stella, sperno); al paso que algunas terminan en s precedida de consonante, como fenix (que se pronuncia fenigs ó fenics). (t. I, pág. 20)

a. Como la x representa dos articulaciones distintas, de las cuales la primera forma silaba con la vocal anterior y la segunda con la vocal que sigue (examen, eg-samen, ec-samen), es evidente que de ninguna de las dos vocales puede en la escritura separarse la x sin despedazar una silaba: ni ex-a-men ni e-xa-men representan el verdadero silabeo de esta palabra ó los miembros en que naturalmente se resuelve. Sin embargo, cuando á fin de renglon ocurre separarse las dos silabas á que pertenece por mitad la x, es preferible juntarla con la vocal anterior, porque ninguna diccion castellana principia por esta letra y algunas terminan en ella. (t. I, pág. 21)

b. Apenas parece necesario advertir que los caracteres de que se componen las letras ch, ll, rr no deben separarse el uno del otro, porque juntos presentan sonidos indivisibles. La misma razon habria para silabear guer-ra que coc-he, bul-la. (t. I, pág. 21)

c. Cuando concurren en una diccion dos vocales, puede dudarse si pertenecen á silabas distintas ó á una misma. Parecerá, por ejemplo, a primera vista que podemos dividir la palabra cautela en las cuatro silabas ca-u-te-la, pero, silabeando asi, la combinación az duraria demasiado tiempo, y desnaturalizariamos por consiguiente la dicción; porque en ella, si la pronunciamos correctamente, el sonido de la u no debe durar mas que el brevisimo espacio que una consonante ocuparia; el mismo, por ejemplo, que la p ocupa en captura; de que se sigue que cautela se divide en las tres silabas cau-te-la. Al contrario, rehusar se divide naturalmente en las tres silabas re-husar, porque esta diccion se pronuncia en el mismo tiempo que reputar, gastándose en proferir la com binacion e u el mismo espacio que si mediara una consonante (miramos las vocales e u como concurrentes, porque la h no tiene aqui sonido alguno). Esto hace ver que 12. Para el acertado silabeo de las palabras es preciso atender á la cantidad de las vocales concurrentes, esto es, al tiempo que gastamos en pronunciarlas. Si, pronunciada correctamente una palabra, se gasta en dos vocales concurrentes el mismo tiempo que se gastaria poniendo una consonante entre ellas, debemos mirarlas como separables y referirlas á silabas distintas: asi sucede en ca-ido, ba-ul, re-tme, re-hitsar, sara-9, oce-ano, f-ando, contini-d. Pero si se emplea tan breve tiempo en proferir las vocales concurrentes que no pueda menos de alargarse con la interposición de una consonante, debemos mirarlas como inseparables y formar con ellas una sola silaba: asi sucede en nai-pe, flau-ta, pei-ne, reu-ma, doi-te, cam-bio, fra-guo, donde las vocales z u no ocupan más lugar que el de una consonante. Se llama DIPTONGO la concurrencia de dos vocales en una sola silaba. (t. I, pág. 21)

  1. En castellano pueden concurrir hasta tres vocales en una sola silaba de la diccion, formando lo que se llama TRIPTONGO, como en cam-biais, fra-gucis. En efecto, si silabeásemos cam-bi-ais, hariamos durar la dicción el mismo espacio de tiempo que se gasta en com bindis, y desnaturalizariamos su legitima pronunciación; y lo mismo sucederia si silabeáse. (t. I, pág. 22)

mos cambia-is, pronunciándola en el mismo tiempo que cambiados. Luego en cambidis las tres vocales concurrentes i, a, ;, pertenecen á una sola silaba: al reves de lo que sucede con las tres de fidzs, que se pronuncia en igual tiempo que finais, y en las dos de pats, cuyas vocales concurrentes duran tanto como las de Farts. Asi, pats es disilabo, perteneciendo cada vocal á distinta silaba; fidis disilabo, perteneciendo la primera z á la primera silaba, y el diptongo a i a la segunda; y cambidis, tambien disilabo, formando las tres ultimas vocales un triptongo. (t. I, pág. 23)

  1. Si importa atender á la cantidad de las vocales para la división de las dicciones en sus verdaderas silabas ó fracciones indivisibles, no importa menos atender al acento, que da á cada palabra una fisonomia, por decirlo asi, peculiar, siendo el á veces la sola cosa que las diferencia unas de otras, como se notará comparando estas tres dicciones: vario, varto, varió, y estas otras tres: liquido, liquido, liquido. (t. I, pág. 23)
  1. El acento consiste en una levisima prolongación de la vocal que se acentua, acompanada de una ligera elevacion del tono. Las vocales acentuadas se llaman agudas, y las otras graves. Las dicciones en que el acento cae sobre la ultima silaba (que no es lo mismo que sobre la ultima vocal), se llaman tambien agudas, como vario, jabali, corazon, vereis, fraguais, aquellas en que cae sobre la penultima silaba, llanas ó graves, como varto, condto, margen, peine, cambio, cuento, aquellas en que cae sobre la antepenultima silaba, esdrujulas, como liguido, lagrima, regimen, caustico, dieresis, y, en fin, aquellas en que sobre una silaba anterior á la antepenultima (lo que sólo sucede en las palabras compuestas, es decir, en cuya formación han entrado dos ó más palabras), sobresdrujulas, como cumplieramoslo, darlamostela. 16. Lo que se ha dicho sobre la estructura y silabeo de las palabras castellanas no es aplicable á los vocablos extranjeros, en que retenemos la escritura y, en cuanto nos es posible, la pronunciación de su origen. (t. I, pág. 23)

Capítulo II. Clasificación de las palabras por sus varios oficios

  1. Atendiendo ahora á los varios oficios de las palabras en el razonamiento, podemos reducirlas á siete clases, llamadas Sustantivo, Adjetivo, Verbo, Adverbio, Preposicion, Conjuncion, Interjeccion. Principiamos por el verbo, que es la mas fácil de conocer y distinguir (I). VERBO. (t. I, pág. 25)
  1. Tomemos una frase cualquiera sencilla, pero que haga sentido completo, v. gr.: el nino aprende, los arboles crecen. Podemos reconocer en cada una de estas dos frases dos partes diversas; la primera significa una cosa ó porción de cosas, el nino, los arboles; la segunda da á conocer lo que acerca de ella ó ellas pensamos, (1) Vease la nota I. (t. I, pág. 25)

aprende, crecen. Llamase la primera SUJETO ó SUPUESTO, y la segunda ATRIBUTO; denominaciones que se aplican igualmente á las palabras y á los conceptos que declaramos con ellas. El sujeto y el atributo unidos forman la PROPOSICIóN (I). (t. I, pág. 26)

  1. Entre estas dos partes hay una correspondencia constante. Si en lugar de el nino ponemos los ninos, y en lugar de los arboles el arbol, es necesario que en la primera proposicion digamos aprenden, y en la segunda crece. Si el sujeto es uno, se dice aprende, crece, si más de uno, aprenden, crecen. El atributo varia, pues, de forma, segun el sujeto significa unidad ó pluralidad, ó en otros terminos, segun el sujeto está en NUMERO singular ó plural. No hay más que dos numeros en nuestra lengua. 20. No es esto sólo. Hablando del nino, se dice que aprende: si el nino hablase de si mismo, diria yo aprendo, y si hablando del nino le dirigiésemos la palabra, diriamos tu afrendes. En el numero plural sucede otro tanto. Hablando de muchos ninos sin dirigirles la palabra, decimos aprenden, nosotros aprendemos dirian ellos hablando de si, ó uno de ellos que hablase de todos; y vosotros aprendeis diriamos á todos ellos juntos, ó á cualquiera de ellos hablando de todos. (t. I, pág. 26)

(1) Véase la nota II. (t. I, pág. 26)

Yo es primera persona de singular: tu, segunda persona del mismo numero; nosotros, primera persona de plural: vosotros, segunda; toda cosa ó conjunto de cosas que no es primera ó segunda persona, es tercera de singular ó plural, con cualquiera palabra que la designemos. 21. Vemos, pues, que la forma del atributo varia con el numero y persona del sujeto. La palabra PERSONA, que comunmente, y aun en la gramática, suele significar lo que tiene vida y razón, lleva en el lenguaje gramatical otro significado más, denotando las tres diferencias de primera, segunda y tercera, y comprendiendo en este sentido á los brutos y los seres inanimados no menos que á las verdaderas personas. 22. Observemos ahora que en las proposiciones el nifio aprende, los arboles crecen, atribuimos al nino y á los árboles una cualidad ó acción que suponemos coexistente con el momento mismo en que estamos hablando. (t. I, pág. 27)

Supongamos que el aprender el nino no sucediese ahora, sino que hubiese sucedido tiempo há: se diria, por ejemplo, en las tres personas de singular, yo aprendi, tu aprendiste, el niño aprendió, y en las tres de plural, nosotros aprendimos, vosotros aprendisteis, ellos aprendieron. De la misma manera, yo crect, ti creciste, el Arbol crecio, nosotros crecimos, vosotros crecisteis, los arboles crecteron. Varia, pues, tam bien la forma del atributo para significar el tiempo del mismo atributo, entendiendose por TIEMPO el ser ahora, antes ó despues, con respecto al momento mismo en que se habla; por lo que todos los tiempos del atributo se pueden reducir á tres: presente, pasado y futuro. Hay todavla otras especies de variaciones de que es susceptible la forma del atributo; pero basta el conocimiento de estas para nuestro objeto presente. 23. En las proposiciones el nino aprende, los drboles crecen, el atributo es una sola palabra. Si dijésemos el nino aprende mal, ó aprende con dificultad, ó aprende cosas inutiles, ó aprendió la aritmetica el ano pasado, el atributo constaria de muchas palabras, pero siempre habria entre ellas una cuya forma indicaria la persona y numero del sujeto y el tiempo del atributo. Esta palabra es la más esencial del atributo; es por excelencia el atributo mismo, porque todas las otras de que este puede constar no hacen más que referirse á ella, explicando ó particularizando su significado. Llamámosla verbo. El VERBO es, pues, una palabra que denota el atributo de la proposición, indicando juntamente el numero y persona del sujeto y el tiempo del mismo atributo (I). (t. I, pág. 27)

(1) Véase la nota III. (t. I, pág. 28)

  1. Como el verbo es la palabra esencial y primaria del atributo, el sustantivo es la palabra esencial y primaria del sujeto, el cual puede tambien componerse de muchas palabras, dominando entre ellas un sustantivo, á que se refieren todas las otras, explicando ó particularizando su significado, ó, como se dice ordinariamente, modificandolo. Tal es nino, tal es arboles, en las dos proposiciones de que nos hemos servido como ejemplos. Si dijésemos el nino aplicado, un niño dotado de talento, la plaza mayor de la ciudad, los arboles fructiferos, algunas plantas del jardin, particularizariamos el significado de nino, de plaza, de trboles, de plantas, y cada una de estas palabras podria ser en su proposición la dominante, de cuyo numero y persona dependeria la forma del verbo. El SUSTANTIVO es, pues, una palabra que puede servir para designar el sujeto de la proposición. Se dice que puede servir, no que sirve, porque, además de esta función, el sustantivo ejerce otras, como despues veremos. (t. I, pág. 29)

El verbo, al contrario, ejerce una sola, de que ninguna otra palabra es susceptible. Por eso, y por la variedad de sus formas, no hay ninguna que tan fácilmente se reconozca y distinga, ni que sea tan á propósito para guiarnos en el conocimiento de las otras. (t. I, pág. 29)

  1. Como al verbo se refieren todas las otras palabras del atributo, y al sustantivo todas las otras del sujeto, y como el verbo mismo se refiere á un sustantivo, ya se echa de ver que el sustantivo sujeto es en la proposicion la palabra primaria y dominante, y á la que, directa ó indirectamente, miran todas las otras de que la proposición se compone. (t. I, pág. 30)
  1. Los sustantivos significan directamente los objetos en que pensamos, y tienen á menudo dos numeros, denotando, ya la unidad, ya la pluralidad de los mismos objetos; para lo que toman las más veces formas diversas, como nino, ninos, arbol, arboles. (t. I, pág. 30)

ADJETIVO. (t. I, pág. 30)

a. Las cosas en que podemos pensar son infinitas, puesto que no solo son objetos del pensamiento los seres reales que conocemos, sino todos aquellos que nuestra imaginación se fabrica; de que se sigue que en la mayor parte de los casos es imposible dar á conocer por medio de un sustantivo, sin el auxilio de otras palabras, aquel objeto particular en que estamos pensando. Para ello necesitamos á menudo combinarlo con otras palabras que lo modifiquen, diciendo, por ejemplo, el nino instruido, el nino de poca edad, los arboles silvestres, las plantas del huerto. (t. I, pág. 30)

  1. Entre las palabras de que nos servimos para modificar el sustantivo hay unas que, como el verbo, se refieren á el y lo modifican directamente, pero que se diferencian mucho del verbo porque no se emplean para designar primariamente el atributo, ni envuelven la multitud de indicaciones de que bajo sus varias formas es susceptible el verbo. Llámanse ADJETIVOS porque suelen anadirse al sustantivo, como en nino instratido, metales preciosos. Pero sucede tambien muchas veces que, sin embargo de referirse directamente á un sustantivo, no se le juntan; como cuando decimos el nino es ó me parece instruido; proposiciones en que instruido, refiriendese al sustantivo sujeto, forma parte del atributo. (t. I, pág. 31)
  1. Casi todos los adjetivos tienen dos numeros, variando de forma para significar la unidad ó pluralidad del sustantivo á que se refieren: casa grande, casas grandes, ciudad hermosa, ciudades hermosas. (t. I, pág. 31)
  1. De dos maneras puede modificar el adjetivo al sustantivo: ó agregando á la significación del sustantivo algo que necesaria ó naturalmente no está comprendido en ella, ó desenvolviendo, sacando de su significación, algo de lo que en ella se comprende, segun la idea que nos hemos formado del objeto. Por ejemplo, la timidez y la mansedumbre no son calidades que pertenezcan propiamente al ani mal, pues hay muchos animales que son bravos ó fieros; pero son calidades propias y naturales de la oveja, porque toda oveja es naturalmente timida y mansa. Si decimos, pues, los animales mansos, indicaremos especies particulares de animales; pero si decimos las mansas ovejas, no senalaremos una especie particular de ovejas, sino las ovejas en general, atribuyendoles, como cualidad natural y propia de todas ellas, el ser mansas. En el primer caso el adjetivo particulariza, especifica, en el segundo desenvuelve, explica. El adjetivo empleado en este segundo sentido es un epiteto del objeto y se llama predicado (I). (t. I, pág. 31)
  1. Lo más comun en castellano es anteponer al sustantivo los epitetos cortos y posponerle los adjetivos especificantes, como se ve en mansas ovejas y animales mansos, pero este orden se invierte á menudo, principalmente en verso. (t. I, pág. 32)

3l. Hay otra cosa que notar en los adjetivos, y es, que teniendo muchos de ellos dos terminaciones en cada numero, como hermoso, hermosa, no podemos emplear á nuestro arbitrio cualquiera de ellas con un sustantivo dado; porque si, v. gr., decimos nino, arbol, palacio, tendremos que decir forzosamente nino hermoso, arbol hermoso, palacio hermoso (no her (1) Vease la nota Il, mosa); y si decimos nina, planta, casa, sucedera lo contrario: tendremos que decir hermosa nijia, hermosa planta, casa hermosa (no hermoso). Llamamos segunda terminación de los adjetivos (cuando tienen más de una en cada numero) la singular en a, y la plural en as; la otra se llama primera, y ordinariamente la singular es en o, la plural en os. (t. I, pág. 32)

Hay, pues, sustantivos que no se juntan sino con la primera terminación de los adjetivos, y sustantivos que no se juntan sino con la segunda. De aqui la necesidad de dividir los sustantivos en dos clases. Los que se construyen con la primera terminación del adjetivo se llaman masculinos, porque entre ellos se comprenden especialmente aquellos que significan sexo masculino, como nino, emperador, león, y los que se construyen con la segunda se llaman femeninos, á causa de comprenderse especialmente en ellos los que significan sexo femenino, v. gr., nina, emperatriz, leona. Son, pues, masculinos arbol, palacio, y femeninos planta, casa, sin embargo de que ni los primeros significan macho, ni los segundos hembra. (t. I, pág. 33)

  1. Hay sustantivos que, sin variar de terminación, significan ya un sexo, ya el otro, y piden en el primer caso la primera terminación del adjetivo, y en el segundo la segunda. De este numero son martir, testigo, pues se dice CXI el santo martir, la santa martir, el testigo y la testigo. Estos sustantivos se llaman comunes, que quiere decir, comunes de los dos géneros masculino y femenino. (t. I, pág. 33)
  1. Pero tambien hay sustantivos que, denotando seres vivientes, se juntan siempre con una misma terminación del adjetivo, que puede ser masculina aunque el sustantivo se aplique accidentalmente á hembra, y femenina aunque con el sustantivo se designe varón ó macho. Asi, aun hablando de un hombre, decimos que es una persona discreta, y aunque hablemos de una mujer podemos decir que es el dueno de la casa (I). Asi tambien, liebre se usa como femenino, aun cuando se hable del macho; y buitre como masculino, sin embargo de que con este sustantivo se designe la hembra. Daseles el nombre de epicenos, es decir, más que comunes. (I) Se va extendiendo bastante la práctica de variar la terminacion de dueno para cada sexo: practica no desconocida en el siglo clásico de la lengua, como lo prueba el equivoco en estos versos de Tirso de Molina: «¿Quereisme vos declarar Quien sois?—No os ha de importar; Una duena de esta casa.— Duena, porque la senora Sois de la casa.—Eso no.» (t. I, pág. 34)

La expresión usual mi dueno, duano mio, que se dirige igualmente á hombres y mujeres, prueba que aun en el dia se suele usar este sustantivo como epiceno. (t. I, pág. 34)

Suelen agregarse á los epicenos (cuando es necesario distinguir el sexo) los sustantivos macho, hembra: la liebre macho, el buitre hembra. (t. I, pág. 35)

  1. En fin, hay un corto numero de sustantivos que se usan como masculinos y como femeninos, sin que esta variedad de terminación corresponda á la de sexo, del que generalmente carecen. De esta especie es el sustantivo mar, pues decimos mar tempestuoso y mar tempestuosa. Los llamamos ambiguos. (t. I, pág. 35)
  1. La clase á que pertenece el sustantivo, segun la terminación del adjetivo con que se construye cuando este tiene dos en cada numero, se llama GENERO. Los géneros, segun lo dicho, no son más de dos en castellano; masculino y femenino. Pero atendiendo á la posibilidad de emplear ciertos sustantivos, ya en un género, ya en otro, llamamos unigeneres (á que pertenecen los epicenos) los que no mudan de género, como rey, mujer, buitre, comunes los que varian de género segun el sexo á que se aplican, como martir, testigo, y ambiguos los que mudan de género sin que esta variación corresponda á la de sexo, como mar. (t. I, pág. 35)

a. Es evidente que, si todos los adjetivos tuviesen una sola terminacion en cada numero, no habria géneros en nuestra lengua; que pues en cada numero no admite adjetivo alguno castellano mas que dos formas que se construyan con sustantivos diferentes, no podemos tener bajo este respecto mas de dos géneros; y que si en cada numero tuviesen algunos adjetivos tres ó cuatro terminaciones, con cada una de las cuales se combinasen ciertos sustantivos y no con las otras, tendriamos tres ó cuatro géneros en castellano. Despues (cap. XV) veremos que hay en nuestra lengua algunos sustantivos que bajo otro respecto, que explicaremos, son neutros, esto es, ni masculinos ni femeninos; pero esos mismos, bajo el punto de vista de que ahora se trata, son masculinos porque se construyen con la primera terminacion del adjetivo. (t. I, pág. 35)

  1. A veces se calla el sustantivo á que se refiere el adjetivo, como cuando decimos los ricos, subentendiendo hombres; la vecina, subentendiendo mujer, el azul, subentendiendo color, ó como cuando, despues de haber hecho uso de la palabra capitulo, decimos el anterior, el primero, el segundo, subentendiendo capitulo. En estos casos el adjetivo parece revestirse de la fuerza del sustantivo tácito, y se dice que se sustantiva. (t. I, pág. 36)
  1. Sucede tambien que el adjetivo se toma en toda la generalidad de su significado sin referirse á sustantivo alguno, como cuando decimos que los edificios de una ciudad no tienen nada de grandioso, esto es, nada de aquello á que solemos dar este titulo. Esta es otra manera de sustantivarse el adjetivo (I). (t. I, pág. 36)

(1) Se pudiera tambien decir no tienen nada de gran a. Dicese sustantivadamente el sublime, el ridiculo, el patetico, el necesario, el superfluo, el sumo posible. «Infelices cuya existencia se reduce al mero necesario» (Jovellanos). «Todo impuesto debe salir del superfluo, y no del necesario de la fortuna de los contribuyentes» (El mismo). El sumo posible ocurre muchas veces en este esmerado escritor. Pero estas locuciones son excepcionales, y es preciso irse con tiento en ellas. (t. I, pág. 36)

  1. Por el contrario, podemos servirnos de un sustantivo para especificar ó explicar otra palabra de la misma especie, como cuando decimos: el profeta rey; la dama soldado, la luna, satelite de la tierra, rey especifica á profeta, soldado á dama, satelite de la tierra no especifica, es un epiteto ó predicado de la luna. En los dos primeros ejemplos el segundo sustantivo particulariza al primero; en el tercero lo explica. El sustantivo, sea que especifique ó explique á una palabra de la misma especie, se adjetiva, y puede ser de diferente género que el sustantivo modificado por el, como se ve en la dama soldado, y hasta de diferente numero, como en las flores, oynamento de la tierra. Dicese hallarse en aposición cuando se construye directamente con otro sustantivo, como en todos diosos. En este caso no se sustantivaria el adjetivo, sino se emplearia como predicado de edificios. Vease lo que se dice más adelante sobre la preposicion (46). (t. I, pág. 37)

los ejemplos anteriores. En Colon fue el descubridor de la America, descubridor es un epiteto ó predicado de Colon, y, por lo tanto, se adjetiva; pero no está en aposición á este sustantivo, porque sólo se refiere á el por medio del verbo, con el cual se construye. (t. I, pág. 38)

  1. El ultimo ejemplo manifiesta que un adjetivo ó sustantivo adjetivado puede hallarse en dos relaciones diversas á un mismo tiempo: especificando á un verbo, y sirviendo de predicado á un sustantivo; Ti eres felig; ellas viven tranguilas, la mujer cayó desmayada; la batalla quedó indecisa. (t. I, pág. 38)
  1. Este catnbio de oficios entre el sustantivo y el adjetivo, y el expresar uno y otro con terminaciones semejantes la unidad y la pluralidad, pues uno y otro forman sus plurales anadiendo s ó es, ha hecho que se consideren como pertenecientes á una misma clase de palabras con el titulo de NOMBRES. (t. I, pág. 38)

Al. Los nombres y los verbos son generalmente palabras declinables, esto es, palabras que varian de terminacion para significar ciertos accidentes de numero, de genero, de persona, de tiempo, y algunos otros que se darán á conocer más adelante. (t. I, pág. 38)

  1. En las palabras declinables hay que distinguir dos partes: la ratz, esto es, la parte generalmente invariable (que, por ejemplo, en el adjetivo famoso comprende los sonidos fa mos, y en el verbo aprende los sonidos aprena), y la terminacion, inflexión ó desinencia, esto es, la parte que varia (que en aquel adjetivo es o, a, os, as, y en el verbo citado o, es, e, emos, eis, en, etc.). La declinacion de los nombres es la que más propiamente se llama asi; la de los verbos se llama casi siempre conjugacion. ADVERBIO. (t. I, pág. 38)
  1. Como el adjetivo modifica al sustantivo y al verbo, el ADVERBIO modifica al verbo y al adjetivo: al verbo, v. gr., corre aprisa, vienen despacio, escribe elegantemente, al adjetivo, como en una leccion bien aprendida, una carta mal escrita, costumbres notoriamente depravadas, plantas demasiado frondosas. Sucede tambien que un adverbio modifica á otro, como en estas proposiciones: el ave volaba muy aceleradamente, la funcion termino demasiado tarde. Notese la graduación de modificaciones: demasiado modifica á tarde, y tarde á terminó, como muy á aceleradamente, y aceleradamente á volaba; además, termind y volaba son, como atributos, verdaderos modificativos de los sujetos la funcion, el ave. (t. I, pág. 39)
  1. No es el adjetivo, aun prescindiendo del verbo, el unico medio de modificar sustantivos, ni el adverbio el unico medio de modificar adjetivos, verbos y adverbios. Tenemos una manera de modificación que sirve igualmente para todas las especies de palabras que acabamos de enumerar. (t. I, pág. 40)

Cuando se dice el libro, naturalmente se ofrecen varias referencias ó relaciones al espiritu: ¿quien es el autor de ese libro? ¿quien su dueno? ¿qué contiene? Y declaramos estas relaciones diciendo: un libro de Frzarte (compuesto por Iriarte), un libro de Pedro (cuyo dueno es Pedro), un libro de fabulas (que contiene fábulas). De la misma manera, cuando decimos que alguien escribe, pueden ocurrir al entendimiento estas varias referencias: ¿que escribe? ¡á quien escribe? ¿donde escribe? ¿en qué material escribe? ¿sobre que asunto escribe? ¿con que instrumento escribe? etc.; y declaramos estas varias relaciones diciendo; escribe una carta, escribe á su amigo, escribe en la oficina, escribe en vitela, escribe sobre la vevolucion de Francia, escribe con una pluma de acero. Si decimos que un hombre es aficionado, ocurre la idea de á que, y la expresamos anadiendo d la caza. Si decimos, en fin, que un pueblo esta lejos, el alma, por decirlo asi, se pregunta ¿de donde? y se llena la frase anadiendo de la ribera. En estas expresiones hay siempre una palabra ó frase que designa el objeto, la idea en que termina la relación (Iriarte, Pedro, fubulas, una carta, su amigo, la oficina, vitela, la revolucion de Francia, una pluma de acero, la caza, la ribera). Llamámosla TERMINO. Frecuentemente precede al término una palabra denominada PREPOSICIóN, cuyo oficio es anunciarlo, expresando tambien á veces la especie de relación de que se trata (de, á, en, sobre, con). Hay preposiciones de sentido vago que, como de, se aplican á gran numero de relaciones diversas; hay otras de sentido determinado que, como sobre, pintan con bastante claridad relaciones siempre semejantes. Por ultimo, la preposición puede faltar antes del termino, como en escribe una carta, pero no puede nunca existir sin el. (t. I, pág. 40)

Estas expresiones se llaman COMPLEMENTOS, porque, en efecto, sirven para completar la significación de la palabra á que se agregan; y aunque todos los modificativos hacen lo mismo, y á más, todos lo hacen declarando alguna relación particular que la idea modificada tiene con otras, se ha querido limitar aquel titulo á las expresiones que constan de preposición y término, ó de término sólo. (t. I, pág. 41)

  1. El termino de los complementos es ordinariamente un sustantivo, sea solo (Triarte, fabulas, vitela), sea modificado por otras palabras (una carta, su amigo, la oficina, la revolucion de Francia, una pluma de acero). Hé aqui, pues, otra de las funciones del sustantivo: servir de término; función que, como todas las del sustantivo, puede ser tambien desempenada por adjetivos sustantivados: el orgullo de los ricos, el canto de la vecina, vestido de blanco, nada de grandioso. (t. I, pág. 42)
  1. Pero además del sustantivo ejercen á veces esta función los adjetivos, sirviendo como de epitetos ó predicados, v. gr., se jacta de valiente, presume de hermosa, da en majadero, tienen fama de sabios, lo hizo de agradecido: «Esta providencia, sobre injusta, era inutil» (Jovellanos); expresiones en que el adjetivo se refiere siempre á un sustantivo cercano, cuyo género y numero determinan la forma del adjetivo. Los sustantivos adjetivados sirven asimismo de términos á la manera de los adjetivos, haciendo de predicados respecto de otro sustantivo cercano; como cuando se dice que uno aspira á rey, ó que fue juicioso desde nino, ó que estaba de consul, ó que trabaja de carpintero. 47. Hay tambien complementos que tienen por término un adverbio de lugar ó de tiempo, v. gr., desde lejos, desde arriba, hacia abajo, por aqut, por encima, hasta luego, hasta ma nana, por entonces. Y complementos tambien que tienen por término un complemento, como en salte por sobre la mesa, se escabulló por entre los dedos, á no ser que miremos las dos preposiciones como una preposición compuesta, que para el caso es lo mismo. (t. I, pág. 42)

a. Los adverbios de lugar y de tiempo son los que generalmente pueden emplearse como terminos. Los complementos que sirven de terminos admiten mas variedad de significado. «Eran ellos dos pava en uno.» «El vestido para de gala no era decentex (1). b. No debe confundirse el complemento que sirve de término, como en saltó por sobre la mesa, con el que sólo modifica al termino, como cuando se dice que alguien escribe sobre la revolucion de Francia; donde Francia forma con de un complemento que modifica á la vevolucion, mientras esta, modificada por el complemento de Francia, forma á su vez con sobre un complemento que modifica al verbo escrido. (I) El predicado que sirve de termino puede explicarse muchas veces por la elipsis del infinitivo ser: se jacta de ser valiente, presume de ser hermosa, la providencia, sobre ser injusta, era inutil. Pero desde que la elipsis se hace genial de la lengua y preferible á la expresión completa, las palabras entre las cuales media contraen un vinculo natural y directo entre si. La palabra tácita que las acerco y ligo no se presenta ya al espiritu; no existe tácitamente; deja de haber elipsis. La elipsis pertenece entonces á los antecedentes históricos de la lengua, no á su estado actual. Además, la elipsis de ser no es admisible en muchos casos. Nadie diria: lo hizo de ser agradecido; les daban el titulo de ser sabios; los tentan por ser inteligentes. (t. I, pág. 43)

  1. El complemento puede ser modificado por adverbios: muy de sus amigos, demasiado á la ligera. (t. I, pág. 44)

CONJUNCION. (t. I, pág. 44)

  1. La CONJUNCIóN sirve para ligar dos ó más palabras ó frases análogas, que ocupan un mismo lugar en el razonamiento, como dos sujetos de un mismo verbo (la ciudad y el campo estun desiertos), dos verbos de un mismo sujeto (los ninos leen ó escriben), dos adjetivos de un mismo sustantivo (mujer honesta y economica), dos adverbios de un mismo verbo (escribe bien aunque despacio), dos adverbios de un mismo adjetivo (servicios tarde ó mal recompensados), dos complementos de una misma palabra (se expresa sin dificultad, pero con alguna afectacion), dos términos de una preposición (baila con agilidad y gracia), etc. 50. A veces una conjunción, expresa ó tácita, liga muchos elementos análogos, v. gr.: «La claridad, la pureza, la precisión, la decencia, la fuerza y la harmonia son las cualidades más esenciales del estilo»: la conjunción y enlaza seis sustantivos, tácita entre el primero y segundo, entre el segundo y tercero, entre el tercero y cuarto, entre el cuarto y quinto, y expresa entre el quinto y sexto; sustantivos que forman otros tantos sujetos de son, y á que sirve de predicado la frase sustantiva adjetivada las cualidades mas esenciales del estilo. a. Los complementos equivalen muchas veces a los adjetivos ó á los adverbios, y por consiguiente puede la conjunción enlazarlos con aquellos ó estos (hombre honrado y de mucho juicio, una carta bien escrita, pero en mal papel). (t. I, pág. 44)

5l. Sirve la conjunción, no sólo para ligar las partes ó elementos analogos de una proposicin, sino proposiciones enteras, á veces largas, v. gr.: «Se cree generalmente que Rómulo fundó á Roma; pero hay muchos que dudan hasta de la existencia de Remuloy; «Yo pienso, luego existo». Pero, en el primer ejemplo, denota cierta contrariedad entre la proposición que le precede y la que le sigue: luego anuncia que la proposicion yo existo es una consecuencia de la proposicion yo pienso (I). INTERJECCION. (t. I, pág. 45)

  1. Finalmente, la INTERJECCION es una palabra en que parece hacernos prorrumpir una (1) Miranse comunmente como conjunciones palabras á que no es adaptable este nombre, y que realmente son verdaderos adverbios, como se verá más adelante. Los gramáticos, en la clasificacion de las palabras, no han tenido principios fijos. (t. I, pág. 45)

subita emoción ó afecto, cortando á menudo el hilo de la oracion, como ah, ch, oh, he, hi, az, sus, bah, zas, hola, tate, caspita. Senalanse con el signo!, que se pospone inmediatamente á ellas ó á la palabra, frase u oración que las acompana. (t. I, pág. 46)

La casa para el César fabricada, ¡Ay! yace de lagartos vil morada. (FRANCISCO DE RIOJA.) (t. I, pág. 46)

Ruisenor que volando vas, Cantando finezas, cantando favores, ¡Oh! ¡cuanta pena y envidia me das! Pero no, que si hoy cantas amores, Tu tendrás celos y tu lloraras. (CALDERóN.) (t. I, pág. 46)

¡Ah de la carcel profunda! (t. I, pág. 46)

El mas galán caballero Que ese obscuro centro ocupa, Salga á ver la luz..... (t. I, pág. 46)

(CALDERN.) (t. I, pág. 46)

Son frecuentisimas, sobre todo en verso, las expresiones: «¡Ay desgraciados!» «¡Ay triste!» «¡Ay de mi!» (t. I, pág. 46)

Guay es una interjección anticuada, que se conserva en algunos paises de America para significar una sorpresa irrisoria: «¡Guay la mujer!» «¡Guay lo que dice!» Declase y dicese tambien gua. a. Suplese á menudo la interjección antes de las palabras ó frases que otras veces la acompanan: «¦Triste de mi!» «¡Pobres de vosotros!» Empléanse asimismo como interjecciones varios nombres y verbos, como bravo! salve! alerta! oiga! vaya! miren! Debe evitarse el uso irreverente que se hace de los nombres del Ser Supremo, del Salvador, de la Virjen y de los santos como simples interjecciones. b. Interjecciones hay que en un sentido propio solo sirven para llamar, avisar ó espantar á ciertas especies de animales, como arre, miz, zape, tus-tus, ox, etc. Tomanse algunas veces en sentido metaforico; véase zape en el Diccionario de la Academia. c. Como las interjecciones son en mucho menor numero que las afecciones del alma indicadas por ellas, suele emplearse en casos diversisimos una misma, y diferencian su significado la modulación de la voz, el gesto y los ademanes. (t. I, pág. 46)

Apéndice

  1. Las advertencias siguientes son de alguna importancia para la recta inteligencia y aplicación de la nomenclatura gramatical: 1.a Un sustantivo, con las modificaciones que lo especifican ó explican, forma una frase sustantiva, á la cual es aplicable todo lo que se dice del sustantivo; de la misma manera, un verbo con sus respectivas modificaciones forma una frase verbal, un adjetivo con las suyas, una frase adjetiva, y un adverbio, una frase adverbial. (t. I, pág. 47)

Por ejemplo: La ultima tierra de Occidente es una frase sustantiva, porque se compone del sustan tivo tierra modificado por los adjetivos la y ultima, y por el complemento de Occidente. Cubiertas de bellas y olorosas flores es una frase adjetiva, en que el adjetivo cubiertas es modificado por un complemento. De la misma manera, corria presuroso por la pradera es una frase verbal, en que el predicado presuroso y el complemento por la pradera modifican al verbo corria. En fin, lejos de todo trato humano es una frase adverbial, en que el adverbio lejos es modificado por un complemento. La primera frase puede emplearse, pues, de la misma manera que un sustantivo, haciendo de sujeto, de termino y, adjetivamente, de predicado; la segunda tiene todos los oficios del adjetivo, etc. (t. I, pág. 47)

Los complementos equivalen unas veces al adjetivo, otras al adverbio, y, por consiguiente, forman frases adjetivas en el primer caso, y adverbiales en el segundo. En hombre de honor el complemento de honor equivale á un adjetivo, como honrado ó pundonoroso. Y en partio contra su voluntad, el complemento contva su voluntad equivale al adverbio involuntariamente. Pero hay muchos complementos que no podrian ser reemplazados por adjetivos ni por adverbios, y que forman, por tanto, frases complementarias de una naturaleza especial. Por ejemplo, en la nave surcaba las olas embravecidas por el viento, lo que sigue á surcaba es una frase complementaria que no tiene ninguna analogla con el adjetivo ni con el adverbio: y lo mismo puede decirse del complemento por el viento, que modifica el adjetivo embravecidas. (t. I, pág. 48)

2.a Las palabras mudan frecuentemente de oficios, y pasan, por consiguiente, de una clase á otra. Ya hemos notado que el adjetivo se sustantiva y el sustantivo se adjetiva. Algo, nada, que son sustantivos en algo sobra, nada falta, puesto que hacen el oficio de sujetos, son adverbios en el nino es algo perezoso, donde algo modifica al adjetivo perezoso, y en la niña no adelanta nada, donde nada modifica á la frase verbal no adelanta, compuesta de un verbo y del adverbio negativo no. Poco, matcho, son sustantivos en piden mucho y alcanzan poco, puesto que significan lo pedido y lo alcanzado; son adjetivos en mucho talento, poco dinero, donde modifican á los sustantivos talento y dinero, y son adverbios en su conducta es poco prudente, donde poco modifica al adjetivo prudente, y sus acciones se critican mucho, en que mucho modifica á la frase verbal se critican. Mlds es sustantivo cuando significa una mayor cantidad ó numero, sin que se le junte ó se le subentienda sustantivo alguno, como en no he menester mds.: en esta misma expresión se hace adjetivo si se le junta ó subentiende un sustantivo, mas papel, mas tinta, mas libros, mas plumas (y notese que, cuando hace el oficio de adjetivo, no varia de terminación para los diversos numeros ó géneros); es adverbio, modificando adjetivos, verbos ó adverbios, v. gr., en las expresiones más valeroso, adelanta mas, más aprisa, y, en fin, se CXI hace muchas veces conjunción, como cuando, equivaliendo á pero, enlaza dos atributos: el nino sabia perfectamente la leccion, mas no supo decirla. A cada paso encontramos adverbios y complementos trasformados en conjunciones, v. gr.: luego, consiguientemente, por tanto, sin embargo, (t. I, pág. 48)

Capítulo III. División de las palabras en primitivas y derivadas, simples y compuestas

5d. Se llaman palabras primitivas las que no nacen de otras de nuestra lengua, como hombre, arbol, virtud. (t. I, pág. 51)

  1. Derivadas son las que nacen de otras de nuestra lengua variando de terminación, como regularmente sucede, ó conservando la misma terminación pero anadiendo siempre alguna nueva idea. Asi, el sustantivo arboleda se deriva del sustantivo arbol; el sustantivo hermosura, del adjetivo hermoso, el sustantivo enseñanza, del verbo enseno, el adjetivo valeroso, del sustantivo valor,; el adjetivo amarillento, del adjetivo amarillo, el adjetivo imaginable, del verbo imagino,; el adjetivo tardio, del adverbio tarde; el verbo imagino, del sustantivo imagen, el verbo hermoseo, del adjetivo hermoso; el verbo pisoteo, del verbo piso; el verbo acerco, del adverbio cerca, el adjetivo contrario, de la preposición contra, el adverbio lejos, del adjetivo plural lejos, lejas, el adverbio manana, del sustantivo manana, etc. (t. I, pág. 51)
  1. En toda especie de derivaciones deben distinguirse la inflexión, desinencia ó terminacion, y la ratz, que sirve de apoyo á la terminación: asi, en naturalidad, vanidad, verbosidad, la terminacion es idad, que se sobrepone á las raices natural, van, verbos, sacadas de los adjetivos natural, vano, verboso. La palabra de que se forma la raiz se denomina frimitiva con respecto á las derivadas que nacen inmediatamente de ella, aunque ella misma se derive de otra. (t. I, pág. 52)
  1. Llamanse palabras simples aquellas en cuya estructura no entran dos ó más palabras, cada una de las cuales se pueda usar separadamente en nuestra lengua, como virtud, arboleda. 58. Al contrario, aquellas en que aparecen dos ó más palabras que se usan fuera de composición, ya sea que se altere la forma de alguna de las palabras concurrentes, de todas ellas ó de ninguna, se llaman compuestas. Asi, el sustantivo tornaboda se compone del verbo torna y del sustantivo boda, el sustantivo vaiven, del verbo va, la conjunción y y el verbo viene, el adjetivo pelirrubio, del sustantivo pelo y el adjetivo rubio, que en el compuesto se es cribe con rr para conservar el sonido de la r inicial; el adjetivo alicorto, del sustantivo ala y el adjetivo corto, el verbo bendigo, del adverbio bien y el verbo digo; el verbo sobrepongo, de la preposición sobre y el verbo pongo, los adverbios buenamente, malamente, doctamente, torpemente, de los adjetivos buena, mala, docta, torpe y el sustantivo mente, que toma en tales compuestos la significación de manera ó forma. (t. I, pág. 52)
  1. Las preposiciones a, ante, con, contra, de, en, entre, para, por, sin, so, sobre, tras, entran en la composición de muchas palabras, v. gr.: amontono, verbo compuesto de la preposición á y el sustantivo monton, anteveo, verbo compuesto de la preposición ante y el verbo veo, sochantre, sustantivo compuesto de la preposicion so y el sustantivo chantre, contradigo, verbo compuesto de la preposición contra y el verbo digo, etc. (t. I, pág. 53)
  1. Estas preposiciones se llaman particulas compositivas separables, por cuanto se usan tambien como palabras independientes (á diferencia de otras de que vamos á hablar), y la palabra á que preceden se llama frincipal ó simple relativamente á los compuestos que de ella se forman. Asi, monton y veo son los elementos principales ó simples de los compuestos amontono, anteveo. (t. I, pág. 53)

6l. Además de las palabras cuya composi ción pertenece á nuestra lengua hay otras que se miran tambien como compuestas, aunque no todos sus elementos ó tal vez ninguno de ellos se emplee separadamente en castellano porque fueron formadas en la lengua latina, de donde pasaron á la nuestra. (t. I, pág. 53)

a. De estos compuestos latinos hay varios en que figura como elemento principal alguna palabra latina que no ha pasado al castellano, combinada con una de nuestras particulas compositivas separables, como vemos en conduzca, deduzca, formados del simple latino duco, que significa guio, y de las preposiciones con, de. Otros en que se combinan con palabras castellanas particulas compositivas inseparables, que eran en aquella lengua dicciones independientes, v. gr.: el verbo abstengo, compuesto de la preposicion latina abs y de nuestro verbo tengo. Otros en que la palabra castellana se junta con una particula que era ya inseparable en latin, como la re en los verbos compuestos retengo, reclamo. Otros, en fin, en que ambos elementos son enteramente latinos, como introduzco, seduzco, compuestos tambien del simple latino duco, combinado en el primero con el adverbio intro, y en el segundo con la particula se, tan inseparable en aquella lengua como en la nuestra. (t. I, pág. 54)

b. Las formas de las particulas compositivas son estas: a, ab, abs, ad, ante, anti, ben, bien, circum, circun, cis, citra, co, com, con, contra, de, des, di, dis, e, em, en, entre, equi, es, ex, estra, extra, i, im, in, infra, inte, inter, intro, mal, o, ob, par, para, per, por, pos, post, pre, preter, pro, re, red, retro, sa, satis, se, semi, (t. I, pág. 54)

S sin, so, sobre, son, sor, sos, sota, soto, su, sub, subs, super, sus, tra, tran, trans, tras, ultra, vi, vice, viz, za; como en las palabras amovible, aparecer, abjurar, abstraer, admiro, antepongo, antipapa, bendigo, bienestar, circumpolar, circunvecino, cisalpino, citramontano, coheredero, compongo, contengo, contradigo, depongo, desdigo, dimanar, disponer, emision, emprendo, ensillo, entreveo, equidistante, esponer ó exponer, estravagante ó extravagante, ilegitimo, impio, inhumano, infraescrito ó infrascrito, inteligible, interpongo, introducir, malqueriente, omision, obtengo, pardiez, parasol, permito, pordiosear, posponer, postliminio, precaucion, preternatural, prometer, revuelvo, redarguyo, retrocedo, sahumar, satisfacer, separar, semicirculo, sinsabor, someto, sobrepongo, sonsaco, sorprendo, sostengo, sotaermitano, sotoministro, supongo, subdelegado, substraer ó sustraer, superfino, tramontar, transuslanciacion, transatlantico, trasponer, ultramontano, virrey, vicepatrono, vizconde, zabullir. (t. I, pág. 55)

c. Juntanse á veces dos y hasta tres particulas compositivas, como en incompatible, predispongo, desapoderado, desapercibido. (t. I, pág. 55)

d. Analogas á las particulas compositivas de que hemos hablado son las que significan numero; unas latinas, como bi, tri, cuadru (bicorne, lo de dos puntas ó cuernos; tricolor, lo de tres colores; cuadrupedo, lo de cuatro pies); otras griegas, como di, tetra, penta, hexa, deca (disilabo, lo de dos sllabas; decalogo, los diez mandamientos). (t. I, pág. 55)

e. Asi como del latin, se han tomado y se toman cada dia del griego palabras compuestas, cuyos elementos no existen en nuestra lengua. Lo que debe evitarse en esta materia es el combinar elementos de diversos idiomas, porque semejante composicion, cuando no está canonizada por el uso, arguye ignorancia; y si uno de los idiomas contribuyentes es el castellano, da casi siempre al compuesto un aspecto grotesco, que sólo conviene al estilo jocoso, como en las palabras gatomaguia, chismografia. (t. I, pág. 55)

Capítulo IV. Varias especies de nombres

  1. Los nombres son, como hemos visto (40), sustantivos ó adjetivos. (t. I, pág. 57)
  1. Dividense además en propios y apelativos. Nombre propio es el que se pone á una persona ó cosa individual para distinguirla de las demás de su especie ó familia, como Italia, Roma, Ovinoco, Fedro, Maria. (t. I, pág. 57)

Por el contrario, nombre apelativo (llamado tambien general y generico) es el que conviene á todos los individuos de una clase, especie ó familia, significando su naturaleza ó las cualidades de que gozan, como ciudad, rio, hombre, mujer, arbol, encina, flor, jazmin, blanco, negro. (t. I, pág. 57)

Todo nombre propio es sustantivo; los nombres apelativos pueden ser sustantivos, como hombre, arbol, encina; ó adjetivos, como blan co, negro, redondo, cuadrado. Todo nombre adjetivo es apelativo. (t. I, pág. 57)

  1. Los nombres apelativos denotan clases que se incluyen unas en otras; asi, pastor se incluye en hombre, hombre en animal, animal en cuerpo, cuerpo en cosa ó ente, nombres (estos dos ultimos) que incluyen en su significado cuanto existe y cuanto podemos concebir. Las clases incluyentes se llaman generos respecto de las clases incluidas, y las clases incluidas se llaman especies con respecto á las incluyentes; asi, hombre es un género que comprende las especies pastor, labrador, artesano, ciudadano, y muchisimas otras; y pastor, labrador, artesano, ciudadano, son especies de hombre. a. A veces los nombres apelativos pasan á propios por la frecuente aplicacion que se hace de ellos á determinados individuos. Virgilio, Ciceron, Cesar, han sido originalmente nombres apelativos, apellidos que se daban á todas las personas de ciertas familias. Lo mismo ha sucedido con los apellidos castellanos Calderon, Melendez y muchisimos otros, aun de aquellos que, significando solar, son precedidos de la preposicion de, como Quevedo, Alarcon. 65. Los sustantivos no significan sólo objetos reales, ó que podamos representarnos como tales, aunque sean fabulosos ó imaginarios (v. gr.; esfinge, fenix, centauro), sino objetos tambien en que no podemos concebir una existencia real, porque son meramente las cualidades que atribuimos á los objetos reales, suponiendolas separadas ó independientes de ellos, v. gr.; verdor, redondez, temor, admiracion. Esta independencia no está más que en las palabras, ni consiste en otra cosa que en representarnos, por medio de sustantivo, lo mismo que originalmente nos hemos representado, ya por nombres significativos de objetos reales, como verde, redondo, ya por verbos, como temo, admiro (I). Las cualidades en que nos figuramos esta independencia ficticia, puramente nominal, se llaman abstractas, que quiere decir separadas; y las otras concretas, que es como si dijéramos inherentes, incorporadas. Los sustantivos son asimismo concretos ó abstractos, segun son concretas ó abstractas las cualidades que nos representamos con ellos: casa, rio, son sustantivos concretos; altura, fluidez, son sustantivos abstractos. Los adjetivos no pueden dividirse de este modo, porque un mismo apellido es aplicable, ya á cosas con (1) No parezca extrano el que digamos que los adjetivos significan objetos, porque asi es verdaderamente, puesto que significan clases de ohjetos que se asemejan, bajo algun respecto, á la manera que lo hacen los sustantivos genericos. Si el ser adjetivo un nombre consistiese, como se dice, en significar cualidad, adjetivos serian verdor, redondez, cualidad, adjetivos serian pastor, artesano. (t. I, pág. 58)

cretas, como verde á monte, cirbol, hierba, ya á cosas abstractas, como verde á color, redonda á figura. (t. I, pág. 60)

Los sustantivos abstractos se derivan á menudo de nombres ó verbos. Pero algunos no tienen sus primitivos en nuestra lengua, como virtud, que viene del nombre latino vir (varón), porque al principio se entendió por virtud (virtus) lo que llamamos fortaleza, como si dijeramos varonilidad. Hay tambien muchos adjetivos que se derivan de sustantivos abstractos, como temporal, espacioso, virtuoso, gracioso, afortunado, que se derivan de tiempo, espacio, virtud, gracia, fortuna. (t. I, pág. 60)

  1. Entre los sustantivos derivados son notables los colectivos, que significan colección ó agregado de cosas de la especie significada por el primitivo, como arboleda, caserto. Pero hay colectivos que no se derivan de sustantivo alguno que signifique la especie, como cabildo, congreso, ejército, clero. Y los hay que sólo significan el numero, como millon, millar, docena. (t. I, pág. 60)

Algunos (que se llaman por eso colectivos indeterminados) significan meramente agregación, como muchedumbre, numero, ó á lo más agregación de personas, como gente. (t. I, pág. 60)

  1. Merecen tambien notarse entre los derivados los aumentativos, que envuelven la idea de gran tamano ó de alto grado, como librote, giganton, mujerona, mujeronaza, feote, etsimo, y los diminutivos, que significan pe quenez ó poquedad, como palomita, florecilla, riachuelo, particula, sabidillo, bellacuelo. De estas y algunas otras especies de nombres trataremos separadamente. (t. I, pág. 60)

Capítulo V. Número de los nombres

a. El numero singular significa unidad absoluta, v. gr.: « Existe un Dios», y unidad distributiva, v. gr.: «El hombre es un ser dotado de razón», donde el hombre quiere decir cada hombre, todo hombre. El singular significa tambien colectivamente la especie, v. gr.: « El hombre senorea la tierra.» (t. I, pág. 63)

b. El plural denota multitud, distributiva ó colectivamente. «Los animales son seres organizados que viven, sienten y se mueven»: cada animal es un ser organizado que vive, siente y se mueve; el sentido es distributivo. « Los animales forman una escala inmensa, que principia en el menudisimo animalillo microscopico y termina en el hombre»: cada animal no forma esta inmensa escala, sino todos juntos; el sentido es colectivo. (t. I, pág. 63)

  1. El plural se forma del singular segun las reglas siguientes: (t. I, pág. 63)

1.a Si el singular termina en vocal no aguda, se anade s, v. gr.: alma, almas, fitente, fuentes; metropoli, metropolis, libro, libros, tribu, tribus, blanco, blancos, blanca, blancas, verde, verdes. Pero la : final no aguda, precedida de otra vocal, se convierte en yes; v. gr.: at, ayes, lei, leyes convoi, convoyes. Esto es más bien un accidente que una irregularidad, porque proviene de una propiedad de la pronunciación castellana, es á saber, que la ; no acentuada que se halla entre dos vocales se hace siempre consonante; aies, leies, convoies, se convirtieron en ayes, leyes, convoyes. (t. I, pág. 63)

2.a Si el singular termina en vocal aguda, se anade es, v. gr.; albala, albalaes; jabali, jaballes, un si, un no, los sies, los noes, una letra te, dos tees, una o, una u, dos óes, dos ues. Sin embargo, mamá, papá, tienen los plurales mamas, papas, pie hace pies, los en e, ó, u, de mas de una silaba, suelen anadir sólos, como corse, corses, fricando, fricandos, tisu, tisus. De los en de más de una silaba, se usan los plurales irregulares bisturis, zaquizamis maravedi hace maravedis, maravedles y maravedises, de los cuales es más usual el primero, y los poetas están en posesión de decir, cuando les viene á cuento, alelis, vubis. Pero excepto en mamá, papt y pie, es siempre admisible el plural regular que se forma anadiendo es. 3.a Los acabados en consonante anaden es; abad, abades, util, utiles, holgazan, holgaza nes, flor, flores, martir, martires, raiz, raices. El plural fraques de frac no es una excepción, porque en todas las inflexiones se atiende, por regla general, á los sonidos, no á las letras que los representan, y para conservar el sonido que tiene la cen frac es necesario convertir esta letra en qu. La mutacion de z en c es de mera ortografia (I). (t. I, pág. 64)

Las excepciones verdaderas que sufre más frecuentemente la regla tercera, son estas: 1.a Lord hace lores. (t. I, pág. 65)

2.a Los esdrujulos, como regimen, carecen generalmente de plura!; bien que algunos dicen regimenes. (t. I, pág. 65)

3.a Forman el plural como el singular los en s no agudos, como el martes, los martes, el parentesis, los parentesis, regla que siguen a (I) Esta es una concesión que todavia hacemos al uso, ó por mejor decir, á un abuso que no puede justificarse. Para escribir capaces, raices, cruces, no es suficiente excusa la generalidad de esa práctica, una vez que la Academia misma no se paró en esta consideracion al sustituir en infinidad de vocablos la ca la g, i la j a la x, escribiendo, por ejemplo, elocuencia, ejercito, donde antes todos elogüencia, exercito. Ni se hable de antigüedad, pues antes del siglo XVIII se escribia frecuentemente cafazes, luzes, felizes. Ni se apele á la etimologia, que es más bien una razon á favor de la z, luzes nace inmediatamente de luz, y no parece razonable preferir la derivacion remota, que pocos conocen, á la derivacion inmediata, que está á la vista de todos. (t. I, pág. 65)

CXI tambien los no agudos en x, como el fenix, los fenix, y los apellidos en » que no llevan acentuada la ultima vocal, como el senor Gonzalez, los senores Gonzalez (I). (t. I, pág. 65)

4.a Los apellidos extranjeros que conservan su forma nativa, no varian en el plural: los Canning, los Washington, á menos que su terminación sea de las familiares al castellano, y que los pronunciemos como si fueran palabras castellanas; los Racines, los Newtones. (t. I, pág. 66)

  1. Es de regla que en la formación del plural no varie de lugar el acento; pero los que dan ese nuinero á regimen no pueden menos de decir regimenes, porque en las dicciones castellanas que no sean de las sobreesdrujulas arriba indicadas (15), ninguna silaba anterior á la antepenultima recibe el acento. (t. I, pág. 66)

a. Se ha usado el plural fenices de fenix, aunque solo en verso (2); y de los dos plurales carácteres y caracteres (de caracter) ha prevalccido el segundo, lo que extienden algunos por analogia á cruter, cratéres. 70. Hay ciertos nombres compuestos en que la formación del plural está sujeta á reglas es (1) Es notable la practica, autorizada por algunos escritores modernos, entre ellos Clemencin, de hacer en ses el plural de los sustantivos en sis sacados de la lengua griega: metamorfosis, metamorfoses, tesis, teses. (2) Lope de Vega. (t. I, pág. 66)

peciales: las analogias que parecen mejor establecidas son estas: (t. I, pág. 67)

1.a Los compuestos de verbo y sustantivo plural, en los que ninguno de los dos elementos ha padecido alteración, y el sustantivo plural sigue al verbo, hacen el plural como el singular: el y los sacabotas, el y los mondadientes, el y los gutardapres. (t. I, pág. 67)

2.a Los compuestos de dos nombres en sin gular que no han padecido alteración, y de los cuales el uno es sustantivo y el otro un adjetivo ó sustantivo adjetivado que modifica al primero, forman su plural con los plurales de ambos simples, como casaquiita, casasquzntas, ricohombre, ricoshombres; pero padrennestro hace padrenuestros, vanagloria, vanaglorias, barbacana, barbacanas; montepio, montepios. Exceptuapse asimismo de esta regla los apellidos de familia, como los montenegros, los Villarzeales. (t. I, pág. 67)

En los demás compuestos se forma el plural con el del nombre en que terminan, ó si no terminan en pombre, segun las reglas generales; agridrilce, agridulces, boquirribio, boquirrubios, sobresalto, sobresaltos traspie, traspies, vaiven, vaivenes. Hijodalgo hace hijosdalgo, cualgarera, cualesquicra, quicuqurera, quienesquiera. (t. I, pág. 67)

7!. Hay muchos sustantivos que carecen de numero plural. Hallanse en este caso les nom bres propios, v. gr.: Antonio, Beatriz, America, Venezuela, Chile. Pero los nombres propios de regiones, reinos, provincias, toman plural cuando de significar el todo pasan á significar sus partes: asi decimos las Americas, las Espanas, las Andalucias. Y lo mismo sucede con los nombres propios de personas cuando, alterada su significación, se hacen verdaderamente apelativos, como los Homeros, los Virgilios, por los grandes poetas comparables á Homero y Virgilio; las Mesalinas por las princesas disolutas, las Venus por las estatuas de Venus, dos ó tres Murillos por dos ó tres cuadros de Murillo, los Cesares por los emperadores, las Beatrices por las mujeres que tienen el nombre de Beatriz. Apenas hay cosa que no pueda imaginarse multiplicada, y por consiguiente apenas hay sustantivo que no admita en ciertos casos plural, cuando no sea más que para expresar nuestras imaginaciones (1). (t. I, pág. 67)

  1. Entre los apelativos carecen ordinariamente de plural los de ciencias, artes y profe (I) « Es posible que el senor alcalde, por una nineria que no importa tres ardites, quiera quitar la honra á dos tan insignes estudiantes como nosotros, y juntamente á Su Majestad dos valientes soldados, que ibamos á esas Halias y á esos Flandes á romper, á destrozar, á herir y matar á los enemigos de la santa fe catolica que topáramos?» (Cervantes.) (t. I, pág. 68)

siones, como fistolofia, carpinterta, abogacta, los de virtudes, vicios, pasiones especiales, como magnanimidad, envidia, colera, horror; y los de las edades de la vida, como juventud, mocedad, vejez. Mas variando de significacion, lo admiten: asi se dice imprudencias (por actos de imprudencia), iras (por movimientos de ira), vanidades (cosas de que se alimenta y en que se complace la vanidad), horrores (objetos de horror), las mocedades del Cid (los hechos del Cid cuando mozo), metafisicas (sutilezas). a. Los apelativos de cosas materiales ó significan verdaderos individuos, esto es, cosas que no pueden dividirse sin dejar de ser lo que son, como arbol, mesa, ó significan cosas que pueden dividirse y subdividirse hasta el infinito, conservando siempre su naturaleza y su nombre, como agua, vino, oro, plata. Los de la primera clase tienen casi siempre plural; los de la segunda no suelen tenerlo sino para denotar las varias especies, calidades ó procedencias; y en este sentido se dice que Espana produce excelentes vinos, que en Inglaterra se fabrican buenos panos, las sederias de China. Dicese asimismo los azogues, las platas, los cobres, para denotar los productos de varias minas, ó los surtidos de estos articulos en el mercado. Hay, con todo, muchos nombres apelativos de cosas dividuas que aun sin variar de significado admiten plural, y asi se dice: los aires de la Cordillera, las aguas del Tajo. Los nombres y frases latinas que sin variar de forma han sido naturalizados en castellano, carecen de plural, como exequatur, veto, fiat, deficit, álbum. Dicese, sin embargo, avemarias, gloriapatris, mniscrercs, etc. (t. I, pág. 69)

  1. Carecen de singular varios nombres propios de cordilleras, como los Alpes, los Andes y de archipielagos, como las Baleares, las Ciclades, las Azores, las Antillas. Se halla con todo en poetas castellanos el Alpe. 74. Dicese el Pirineo y los Pirincos, la Alpujarra y las Alpujarras, el Algarbe y los Algarbes, Asturias es y las Asturias son, sin hacer diferencia en el significado. Seria prolijo enumerar todos los caprichos del uso en los plurales de los nombres geográficos. 75. Hay tambien varios nombres apelativos que carecen de singular. Los mas notables son estos: Aborigencs. (t. I, pág. 70)

Adentros. (t. I, pág. 70)

Afines. (t. I, pág. 70)

Afueras. (t. I, pág. 70)

Albvicias. (t. I, pág. 70)

Alrededores. (t. I, pág. 70)

Anales. (t. I, pág. 70)

Andaderas, creederas, y varios otros derivados de verbo, terminados en deras, que significan la accion del verbo ó el instrumento con que se ejecuta. Andas. (t. I, pág. 70)

Andurviales. (t. I, pág. 70)

Angarillas. (t. I, pág. 70)

Anicos. (t. I, pág. 70)

Aproches, contraaproches. Arras. (t. I, pág. 70)

Bienes (por la hacienda ó patrimonio). (t. I, pág. 70)

Calendas, nonas, idus. Calzas. (t. I, pág. 70)

Carnestolendas. (t. I, pág. 70)

Celos (en el amor). Cercas, lejos (terminos de pintura). (t. I, pág. 70)

GRAMATICA Comicios. (t. I, pág. 71)

Cortes (Cuerpo legislativo). Creces. (t. I, pág. 71)

Credenciales. (t. I, pág. 71)

Dimnisorias. (t. I, pág. 71)

Efemévides. (t. I, pág. 71)

Enaguas. (t. I, pág. 71)

Enseres. (t. I, pág. 71)

Espensas ó expensas. Esponsales. (t. I, pág. 71)

Esposas (prisiones). Exequias. (t. I, pág. 71)

Fasces. (t. I, pág. 71)

Fauces. (t. I, pág. 71)

Gafas (anteojos). Grillos (prisiones). Hemorroides. (t. I, pág. 71)

Honras (exequias). Horas (las canonicas que se rezan). (t. I, pág. 71)

Infulas. (t. I, pág. 71)

Largas (dilaciones). Letras (por literatura y por provisión ó despacho, como en homa. (t. I, pág. 71)

Lejos, lejas, es adjetiv ral. Hay varios adjetivos terminación femenina de j mentos adverbiales; de ver por las buenas, á las primer á secas, á escondidas, á hur CASTELLANA. (t. I, pág. 71)

bre de pocas letras, letras divinas ó humanas, letras testimoniales, letras reales, letras pontificias). (t. I, pág. 71)

Laves. (t. I, pág. 71)

hiraninls; tauavs ooperas, completas. (t. I, pág. 71)

Mancs. (t. I, pág. 71)

Mientes (la mente ó imaginación). Modales. (t. I, pág. 71)

Nupcias. (t. I, pág. 71)

Pandectas. (t. I, pág. 71)

Pavias. (t. I, pág. 71)

Partes (cualidades inteicutules ylastrares ales da una persona. (t. I, pág. 71)

Penates. (t. I, pág. 71)

Pinzas. (t. I, pág. 71)

Preces. (t. I, pág. 71)

Tinieblas. (t. I, pág. 71)

Trébedes. (t. I, pág. 71)

Veras (contrario de burlas). Viveres. (t. I, pág. 71)

ro que sólo se usa en pluque se sustantivan en la plural, formando compleras, de bucnas á primeras, ras, á las claras, á obscuras, rtadillas, á sabiendas. Este cjonal de Espafja ultimo no admite otra terminacion que la femenina del plural, ni se usa jamas sino en el anterior complemento. Del adjetivo matematico, matematica, nace el sustantivo plural matemáticas, que significa colectivamente los varios ramos de esta ciencia; pero no es del todo inusitado el singular en el mismo sentido: «No hay uno de nuestros primeros institutos que no haya producido hombres celebres en el estudio de la fisica ó de la matematica.» (Jovellanos.) b. Tenazas y tijeras, en su significación primitiva, carecen de singular, pero no en las secundarias y metafóricas, y asi se llama tenaza la de los animales, y tijera la del coche, y se dice hacer tenaza, sex una buena tijera. Usanse sin diferencia de significado bofe y bofes, calzón y calzones, funeral y funerales. Los poetas emplean á veces el singular tiniebla. Dicese pulinon y pulmones, designando el órgano entero, y pulmon denotando cada uno de los lobulos de que se compone. No es posible apuntar ni aun a la ligera todas las particularidades de la lengua relativamente al numero de los nombres (1). (t. I, pág. 71)

c. Muchos de los nombres que carecen de singular ofrecen claramente la idea de muchedumbre, como anicos, efemérides, lares, penates, los de cordilleras y archipielagos; y los que significan objetos que se componen de partes dobles, v. gr.; bofes, despabiladeras, tenazas. Y es de creer que muchos otros en que ahora no se percibe esta idea, la tuvieron originalmente; de lo que vemos ejemplos en calendas (1) Se usa en Chile un bien significando una finca, y crece, por una crecida ó creciente. (t. I, pág. 72)

(cobranzas que solian hacerse en Roma el primer dia del mes) y en fauces (originalmente quijadas). En fin, hay varios nombres geográficos que parecen plurales, y habiendo tenido ambos numeros en su signisicado primitivo, son ahora indudablemente del singular, v. gr.; Buenos Aires, el Amazonas, el Manzanares, Asi se dice: Buenos Aires está á las orillas del Rio de la Plata, y Pastos es una ciudad de la Nueva Granada, sin que sea posible usar estan y son. De varias otras anomalias relativas á los numeros hablaremos á medida que se nos ofrezca tratar de los sustantivos ó adjetivos en que se encuentran. (t. I, pág. 73)

Capítulo VI. Inflexiones que significan nación ó país

  1. En algunos de los nombres que se aplican á personas ó cosas significando el lugar de su nacimiento ó el pais á que pertenecen, hay diferencia de terminaciones entre el sustantivo y el adjetivo: como vemos en godo, sustantivo, gotico, adjetivo; gersa, sustantivo, persiano, persico, adjetivos; escita, sustantivo, escitico, adjetivo; celta, sustantivo, celtico, adjetivo. El sustantivo se aplica á personas e idiomas, el adjetivo á cosas: los persas fueron vencidos por Alejandro, Zoroastro escribio en el antiguo persa, llamado Zend; la vida errante de los escitas, el traje persiano; la lengua escttica, á diferencia de lo que sucede en los más de estos nombres, que siendo de suyo adjetivos, se sustantivan para significar ó las personas ó los respectivos idiomas; como frances, italiano, griego, turco. (t. I, pág. 75)

a. A veces hay dos ó mas adjetivos para significar una misma nacionalidad ó pais, pero que sin embargo no pueden usarse promiscuamente uno por otro. Asi, de los tres adjetivos árabe, arabigo y arabesco, el primero es el que siempre se sustantiva, significando los naturales de Arabia; de manera que pudiendo decirse el árabe y el arabigo por la lengua (aunque mejor, a mi parecer, el primero), no se toleraria los arabigos por los árabes, hablandose de la nacion; pero el mas limitado en sus aplicaciones usuales es arabesco, que apenas se emplea sino como término de pintura. Algunos se aplican exclusiva u ordinariamente á lo eclesiastico; v. gr.: anglicano por inples, hispalense por sevillano. Otros suenan mejor como calificaciones universitarias ó académicas, v. gr.: complutense por alcalaino, matritense por madvileno. Dicese el gotfo persico, no el golfo persiano. Sustantivos hay que solo se aplican al idioma, como latin, romance, vascuence, romance se adjetiva en lenguas romnances (las derivadas de la romana ó latina). Hablando de los antiguos naturales de Espana ó de una de sus principales razas, se dice iberos, que, aplicado á los espanoles de los tiempos modernos, es puramente poético; ibérico se usa siempre como adjetivo: la peninsula iberica, las tribus ibericas. Hispano, hispanico, son adaptables á la Espana antigua y la moderna, particularmente en poesia; pero el segundo no admite otro oficio que el de adjetivo, que es tambien el que mas de ordinario se da al primero, al paso que españo! se presta á lo antiguo y lo moderno; es el mas usual en prosa, sin que por eso desdiga del verso, y no se emplea menos como sustantivo que como adjetivo (1). (t. I, pág. 75)

(1) En las terminaciones de los nombres nacionales (t. I, pág. 76)

P2 Presentamos estas observaciones como una muestra de la variedad de acepciones especiales que da el uso á esta especie de nombres, y de la necesidad antiguos se conservan casi siempre las formas latinas con desinencias castellanas, á lo que contravienen no pocas veces los que traduciendo del frances imitan en ellos las formas francesas. A la desinencia francesa ien corresponden varias terminaciones en nuestra lengua; en la que no se dice, por ejemplo, tirianos (tyriens), rodianos (rhodiens), asirianos (assyriens), tirrenianos (tyrrheniens), atenianos (atheniens), sino tirios (tyrui), rodios (rhodii), asirios (assyrii), tirrenos (turrheni), atenienses (athenienses): el latin da la norma, y el que vacile sobre la terminación que deba dar á un nombre de geografia antigua, saldrá fácilmente de la duda recurriendo a un diccionario latino. (t. I, pág. 77)

Hasta los nombres propios se estropean, y se ha traducido en nuestres dias la Gaule por la Gaula, sin embargo de ser tan conocido y tan usual la Galla, y de no emplearse aquella forma sino en el apellido de ciertos personajes de la caballeria andante (Perion de Gaula, Amadis de Gaula), sca porque en el signifique el pais de Gales, no la Galia, sea por ignorancia del autor ó traductor espanol del Amadis. (t. I, pág. 77)

Yerrase tambien en estos nombres usando la terminacion ia por o. En general, si el nombre propio del pais tiene i, es porque se deriva de un apelativo que no la tiene, como se ve en ibero, Iberia, galo, Galia, siro, Siria. A veces el apelativo suele llevar i cuando el propio no la lleva, porque este es entonces el primitivo y el otro el derivado, como aparece en Rodas, rodios; Tiro, tirios, Tarteso, tartesios. Y si sucede que uno y otro llevan esta vocal, es porque ambos son derivades; como Fenicia, fenicios, derivaciones de fenices, que era el verdadero apelativo nacicnal, y como tal se usa todavia en castellano. Lo mismo sucede en Macedonia y macedonios, Balilonia y babilonios. (t. I, pág. 77)

de estudiarlo; porque solo á los poetas es permitido hasta cierto punto usar indiferentemente los que pertenecen á cada pais. (t. I, pág. 78)

En suma, para emplear con la debida propiedad estas terminaciones es necesarlo recurrir al latin, siempre que no haya en contrario un uso fijo, conocido y que inspire susiciente confianza. (t. I, pág. 78)

No fue, pues, una licencia poetica de Alarcón llamar lido al habitante de Lidia, como lo fue de Arriaza llamar iberio al ibero. (t. I, pág. 78)

Capítulo VII. Terminación femenina de los sustantivos

  1. Los sustantivos que significan seres vivientes varian á menudo de terminación para significar el sexo femenine. Los ejemplos que siguen manifiestan las inflexiones más usuales: Ciudadano, ciudadana. (t. I, pág. 79)

Señor, señora; cantor, cantora, marques, marquesa, león, leona. (t. I, pág. 79)

Baron, baronesa, abad, abadesa, alcalde, alcaldesa principe, princesa. (t. I, pág. 79)

Pbeta, povtisa, profela, profetisa, sacerdote, sacerdolisa. Emperador, emperatriz, aclor, actriz, cantor, cautasriz. Czar, ezarina, canlor, cantarina, rey, reina, gallo, gallina. (t. I, pág. 79)

a. No varlan ordinariamente los en a, como el patriota, la patriota, el persa, la persa, el escita, la escita, nj numida, una ntmida; ni los graves terminados en consonante, como el martir, la mertir, el virgen, la virgen, ni por lo comun los en e, como interprete, caribe, ateniense, ni los en i aguda, como marroqui, guarani, pero varian los en ante, ente, como gigante, giganta, elefante, elefanta, pariente, parienta, y los en ete, ote, como alcahucte, alcahueta, hotentote, hotentota. Los apellidos de familia no varian de terminacion para los diferentes sexos, y asi se dice: « Don Pablo Herrera», « Dona Juana Hurtado», « Dona Isabel Donosos. (t. I, pág. 79)

b. En los sustantivos que significan empleos ó cargos publicos la terminación femenina se suele dar á la mujer del que los ejerce, y en este sentido se usan presidenta, regenta, almiranta, y si el cargo es de aquellos que pueden conferirse á mujeres, la desinencia femenina significa tambien ó unicamente el cargo, como reina, priora, abadesa. Mas á veces se distingue: la regente es la que ejerce por si la regencia; la regenta, la mujer del regente. (t. I, pág. 80)

c. El femenino de hijodalgo, hijosdalgo, es hijadalgo, hijasdalgo. (t. I, pág. 80)

d. Hay sustantivos (aun de los terminados en a, o, desinencias tan fáciles de convertirse una en otra para distinguir el sexo) los cuales con una misma terminación se aplican á los varios sexos, y por lo tanto pertenecen á la clase de los comunes ó á la de los epicenos, v. gr.; jucz, testigo, comunes; abeja, hormiga, avestruz, pez, insecto, gusano (epicenos). e. El sustantivo epiceno á que se sigue en aposicion uno de los sustantivos macho, hemóra, se puede decir que pasa á la clase de los ambiguos si son de diferente género los dos sustantivos. Cuando se dice, por ejemplo, la rana macho, tenemos en esta frase dos sustantivos, rana, femenino, macho, masculino; podremos, pues, emplearla como sustantivo ambiguo, diciendo la vana macho es mas corpulenta ó corpulento que la hembra. Con todo eso, os adjetivos que preceden al epiceno se conforman siempre con este en el género; no podria decirse el liebre macho, ni una gusano hembra, bien que no saltan ejemplos de lo contrario, como la escorpion hembra en fray Luis de Granada. (t. I, pág. 80)

f. Finalmente, hay varias especies en que los nombres peculiares de los sexos no tienen una ralz comun, v. gr.: buey, toro, vaca, carnero, oveja; caballo, yegua. (t. I, pág. 81)

g. Cuando hay dos formas para los dos sexos, nos valemos de la masculina para designar la especie prescindiendo del sexo; asi, hombre, autor, poeta, ledn, se adaptan á todos los casos en que se habla de cosas que no conciernen particularmente á la mujer ó á la hembra, v. gr.: «el hombre es el más digno estudio de los hombres», «no se tolera la mediocridad en los poetas», xel león habita las regiones ms ardientes del Asia y del Africa». Pero esta regla no es universal, pues á veces se prefiere la forma semenina para la designación de la especie, como en paloma, gallina, oveja. Fuera de eso, cuando se habla de personas apareadas, lo más usual es juntar ambas formas para la designación del par: el presidente y la presidenta, el regidor y la regidora, bien que se dice los padres por el padre y la madre, los reyes por el rey y la reina, los abuelos paternos ó maternos por el abuelo y la abuela en una de las dos lineas, los esposos por el esposo y la esposa. Muchas otras observaciones pudieran hacerse CXI sobre esta materia; pero los ejemplos antcriores darán alguna luz para facilitar el estudio del uso, que es en ella bastante vario y caprichoso (1). (t. I, pág. 81)

(I) Los adjetivos derivados no siempre dicen relacion al sexo significado por el sustantivo de que se derivan; ganado vacuno, por ejemplo, comprende á los toros y bueyes. ¿Se podrá decir de una hermana que tiene sentimientos fraternales? A mi me disonaria, porque esta palabra nace de frater, que en latin significa el bermano varón, y no se que el uso de la lengua castellana permita referirla á cualquiera de los dos sexos. L.o mismo digo de fraterno y fraternidad. Yo creo que estas tres palabras son análogas á las francesas fraternel y fraternite, que se refieren al sexo masculino. Además, tenemos en castellano hermanal y hermandad, que dicen relacien á varones y hembras indiferentemente. (t. I, pág. 82)

Capítulo VIII. Terminación femenina de los adjetivos

  1. La terminación femenina de los adjetivos se forma de la masculina segun las reglas siguientes: (t. I, pág. 83)

1.a Son invariables todas las vocales menos la o. un trbol indigena, una planta indigena; un hombre ilustre, una mujer ilustre, un leve soplo, una aura leve, trato baladi, conducta baladi, pano verdegay, tela verdegay, pueblo hindi, lengua handu. (t. I, pág. 83)

2.a Son asimismo invariables los terminados en consonante, v. gr.; cuerpo gentil, figura gentil; hombre ruin, mujer ruin, hecho singular, hazaña singular, un caballero cortes, una dama cortes, el estado feliz, la suerte feliz. 3.a Los en o la mudan en a, como lindo, linda; atrevido, atrevida. (t. I, pág. 83)

  1. Excepciones: (t. I, pág. 83)

1.a Los en an, on, or, anaden a, v. gr.; holgasan, holgazana; jugueton, juguetona, traidor, traidora, exceptuados mayor, menor, mejor, beor, supertor, inferior, exterior, interior, anterior, posterior, citerior, ulterior, que son invariables. Superior anade a cuando se sustantiva significando la mujer que gobierna una comunidad ó corporación (1). (t. I, pág. 83)

2.a Los diminutivos en ete y los aumentativos en ots mudan la e en a, v. gr.; regordete, regordeta, feote, feota. (t. I, pág. 84)

a Los adjetivos que significan nación ó pais, y que se sustantivan á menudo, imitan á los sustantivos en su desinencia femenina, como espanol, espanola danes, danesa; andaluz, andaluza. Asi, aun en el uso adjetivo de estos nombres, se dice la lengua espanola, las modas francesas, la gracia andaluga, la fisonomia hotentota, la industria catalana, las playas mallorquinas, — (I) Los nombres en dor, sor, tor, derivados de verbos castellanos o latinos, como descubridor, censor, divector, se miran generalmente como sustantivos, y tal es sin duda el carácter que domina en muchos de ellos. Todos tienen, sin embargo, las dos terminaciones or, ora, ya se empleen como sustantivos ó como adjetivos, y asi se dice calamidad destructora, palabras amenazadoras. (t. I, pág. 84)

Capítulo IX. Apócope de los nombres

  1. Hay palabras cuya estructura material en ciertas circunstancias se altera abreviándose, y la abreviación puede ser de dos maneras, que en realidad importaria poco distinguir si no las mencionaran generalmente los gramaticos con denominaciones diversas. (t. I, pág. 85)

Si la abreviación consiste sólo en suprimir uno ó más sonidos finales, se llama apócope, si se efectua suprimiendo sonidos no finales, ó sustituyendo un sonido menos lleno á otro, como el de la l al de la ll, ó una vocal grave á la misma vocal acentuada, la dicción en que esto sucede se dice sincoparse. (t. I, pág. 85)

a. Sufren apócope los sustantivos siguientes: 1.° El nombre propio Jesus cuando le sigue Cristo, bien que entonces los dos sustantivos suelen escribirse como uno solo: Jesucristo. (t. I, pág. 85)

2.° Varios nombres propios de personajes históricos espanoles cuando les sigue el patronimico, esto es, un nombre apelativo derivado, que significa la calidad de hijo de la persona designada por el nombre propio primitivo, como Gonzalez (hijo de Gonzalo), Rodriguez ó Ruiz (hijo de Rodrigo), Alvarez (hijo de Alvaro), Martinez (hijo de Martin), Ordonez (hijo de Ordono), Pelaez ó Paez (hijo de Pelayo), Vermudez (hijo de Vermudo), Sanchez (hijo de Sancho), Diaz (hijo de Diego), Lopez (hijo de Lope), etcétera. Tal era la significacion de estos apelativos en lo antiguo; en el dia son apellidos hereditarios (1). Cuando se designa, pues, un personaje historico por sus nombres propio y patronimico, el primero, si es de los que admiten apócope, la sufre ordinariamente: Alvar Fanez, Fernan Gonzalez, Per Anzurez, Rui Diaz. Pero omitido el patronimico, no tiene cabida la apócope: asi, Fernan y Hernan, usados absolutamente para designar al conde de Castilla Fernán Gonzalez ó a Hernan Perez del Pulgar, serian expresiones incorrectas; lo mismo que Rui de Vivar, Alvar de Toledo. (t. I, pág. 85)

8l. Sufren apócope los adjetivos que siguen: (1) No solian los antiguos juntar el nombre apocopado con el don: deciase don Rodrigo Diaz, Rui Dlaz. Ciertos nombres eran bajo una misma forma propios y patronimicos, como Gomez, Garcia, que se juntaban, por tanto, con el don, lo cual ya se sabe que solamente lo hacen los nombres propios en castellano. (Cuando dona significaba duena, se juntaba con el apellido: dona Rodriguez). Aunque Cortes no es patronfmico, produce el mismo efecto que si lo fuera cuando se habla del conquistador de Mejico: no se apocopa su nombre sino precediendo al apellido: Hernan Cortés. (t. I, pág. 86)

1.° Uno, alguno, ninguno, un, algun, ningun. 2.° Bueno, malo, buen, mal. (t. I, pág. 87)

3.° Primero, tercero, postrero, primer, tercer, postrer. (t. I, pág. 87)

4.° Grande, gran. (t. I, pág. 87)

5.° Santo, san. (t. I, pág. 87)

  1. La apócope de estos adjetivos no tiene cabida sino en el numero singular y precediendo el adjetivo apocopado al sustantivo; por lo que debe precisamente usarse la forma integra en frases como estas: hombre alguno, el primero de Julio, el capitulo tercero, entre los salones de palacio no hay ninguino que no este ritinoso. Dirase, pues; un celebre poeta, un poeta de los mnás famosos, y ano de los mas famosos poetas. (t. I, pág. 87)
  1. Buen, mal, gran, san, deben preceder inmediatamente al sustantivo: buen caballero, mal pago, gran fiesta, san Antonio, el apostol san Pedro. No podria decirse: mal, fhicuo, inexcusable proceder, gran opiparo banguete. Los demás adjetivos susceptibles de apócope consienten otro adjetivo en medio: algin desagradable contratiempo, el primer infausto acontecimiento. Pero cuando al adjetivo se sigue una conjuncion, nunca tiene cabida la apocope: el primero y mais importante capitulo. 84. Los adjetivos arriba dichos, excepto primero, postrero, grande, no consienten la apócope en el género femenino; una buena gente, una mala conducta, la Santa Virgen, santa Catalina de Sena. Puede con todo decirse un antes de cualquier sustantivo femenino que principie por la vocal á acentuada; un alma, un aiguila, un arpa, lo que se extiende á algin y ningun, especialmente en verso, donde tambien suele decirse un hora. (t. I, pág. 87)
  1. No siempre que la apócope tiene cabida es indispensable hacer uso de ella. Son necesarias las apocopes un, algin, ningun, buen, mal. La de primero es necesaria en la terminación masculina, y arbitraria, aunque de poco uso, en la femenina; el primer capitulo, la primera victoria ó la primer victoria. La de tercero y postrero es arbitraria en ambas terminaciones, aunque lo más usual es apocopar la masculina, y no la femenina: el tercer dia, la tercera jornada, la postrera palabra. Antes de vocal se dice comunmente grande, y antes de consonante gran: grande edificzo, gran templo. a. La excepcion que establecen algunos gramáticos pretendiendo que antes de vocal deba decirse gran en sentido material, y antes de consonante grande en sentido moral ó intelectual (un gran acopio de mercaderias, un grande pensamiento), no la vemos comprobada por el uso; bastan para falsificarla las frases comunisimas un gran principe, el gran senor, el gran visir, el gran capitan, el gran maestre, etc. Acaso seria mas exacto decir que grande antes de consonante es enfatico en cualquier sentido que se tome: (t. I, pág. 88)

una grande casa, una grande funcion, un grande sacrificio. Parece un efecto natural de la enfasis dar á las palabras toda la extensión que comportan, por lo mismo que refuerza los sonidos y el acento para fijar la atencion en ellas. (t. I, pág. 89)

b. San no se usa sino precediendo á nombre propio de varón, por lo que no tiene cabida la apocope en un santo anacoreta, el santo patron de las Espanas. Tampoco se designa con san sino á los que la Iglesia ha reconocido por santos bajo el Nuevo Testamento; por lo cual no decimos san Job, como decimos san Pedro y san Pablo, sino el santo Jo; aunque no falta una que otra excepcion, como san Elias, profeta. Antes de estos tres nombres Domingo, Tomas ó Tomé, Toribio, se dice siempre santo, pero una de las Antillas se llama San Tomas. En Santiago el nombre propio y el apelativo se han hecho inseparables, sea cual fuere la persona que con el se designe. Mencionaremos otras apócopes cuando se ofrezca hablar de los nombres que están sujetos á ellas. (t. I, pág. 89)

Capítulo X. Género de los sustantivos

  1. Para determinar el género de los sustantivos debe atenderse, ya al significado, ya á la terminacion. (t. I, pág. 91)
  1. Por razon del significado son masculinos: 1.° Los sustantivos que significan varón ó macho ó seres que nos representamos como de este sexo, v. gr.: Dios, tingel, duende, hombre, patriarca, tetrarca, monarca, leon, centauro, Caligula, Rocinante, Babieca. Y no es excepción haca ó jaca, caballo pequeno, porque este sustantivo es epiceno, como cebra, maymota, hacanea, y sigue el género de su terminación. 2." Los nonbres propios de rios, como el Magdalena, el Sena, y los de montes y cordilleras, v. gr.; el Etna, los Alpes, el Himalaya. se exceptuan la Alpujarra, y los que han sido originalmente apelativos femeninos, como Sierra Morena, la Silla (en Venezuela) (I). (t. I, pág. 91)

(1) No faltan autores respetables que dan el genero (t. I, pág. 91)

3.° Toda palabra ó expresion que se sirve de nombre á si misma; por ejemplo, analizando esta frase las leyes de la Naturaleza, diriamos que la Naturaleza está empleado como termino de la preposición de. Lo cual no quita que se diga la en, la por, la pero, subentendiendo preposición ó conjuncion. (t. I, pág. 92)

  1. Por razón del significado son femeninos: 1.° Los sustantivos que significan mujer ó hembra ó seres que nos representamos como de este sexo, v. gr.; diosa, ninfa, hada, leona, Safo, Vuno, Dulcinea, Zapaquilda. (t. I, pág. 92)

2.° Los nombres propios de ciudades, villas, aldeas, bien que siguen á veces el género de la terminación. Por ejemplo, Sevilla es necesariamente femenino, porque concurren el significado y la terminación. Toledo, al contrario, es ambiguo, siguiendo unas veces el género de la terminación, como en «Pasado Toledo, á la ribera del mismo rio (Tajo), está sentada Talaverax (Mariana); «Toledo permaneció libre femenino á nombres de rios de Francia y de otros paises, terminados en a: la Sena, la Mosela, la Escalda. Hacelo asi frecuentemente don Carlos Coloma. Es digno de notar que aunque se diga el rio de la Magdalena, el rio de la Plata, el vio de las Amazonas, se dice, con todo, el Plata, el Amazonas, el Magdalena. Esta segunda sorma ha hecho olvidar á veces la primera: nadie dira hoy el rio de los Manzanares, como sin duda se dijo al principio, sino el Manzanares, para designar este rio de la Teninsula. (t. I, pág. 92)

hasta el 19 de Diciembre, dia en que le ocuparon los franceses» (Alcalá Galiano); otras el género de su significado, como en «Toda jubilo es hoy la gran Toledo.» (Huerta.) a. Corinto, Sagunto, y otros nombres de ciudades antiguas, se usan casi invariablemente como femeninos no obstante su terminación. (t. I, pág. 93)

3.° Los nombres de las letras de cualquier alfabeto, como la ó, la o, la x, la delta, la omicron. Sin embargo, algunos hacen masculinos los nombres de las letras griegas y hebreas, y delta, cuando significa la isla triangular que forman algunos rios en su desembocadura, es masculino segun la Academia. (t. I, pág. 93)

  1. Atendiendo á la terminación: (t. I, pág. 93)

1.° Son comunmente femeninos los en a no aguda, como alma, lagrima. (t. I, pág. 93)

No son excepciones los sustantivos que su significado de varón hace masculinos, como atalaya y vigia (por las personas que atalayan), atleta, argonauta, barba (por el actor que hace papeles de viejo), constteta (por apuntador de teatre), cuya (por el parroco), vista (por el de la aduana); pero si debemos mirar como irregulares en esta parte á los ambiguos que siguen, ya el género del significado, ya el de la terminación, como espia (el que acecha), guia (el que muestra el camino), lengua (el que interpreta de viva voz), maula (el hombre artificioso ó petardista); bien que indudablemente prevalece aun en estos el genero que corresponde al sexo. La sota de los naipes es siempre femenino, aunque tiene figura de hombre. Son tambien masculinos: colera (por celera morbo), contra (por la opinión contraria), dia, hermafrodita, mapa (por carta geografica), planeta y cometa (astros), y gran numero de los acabados en mia, que son sustantivos de la misma terminacion en griego, como emblema, epigrama, poema, sintoma. De manera que no debemos vacilar en hacer masculino todo nuevo sustantivo de esta terminación y origen, como empireuma, panorama, cosmorama, dlorama. El uso, sin embargo, ha hecho ambiguos á anatema, neuma, reumna, y femeninos á aposlema, asma, bromta, diadema, estratagema, fantasma (cuando significa un espantajo artificial), flema, tema (por obstinacion ó porfia), y algunos otros. Llama, cuadrupedo americano, es ambiguo, pero mas frecuentemente masculino. 2.° Son asimismo femeninos los en d, como vanadad, merced, red, sed, virtud, menos cesped, ardid, almud, laud, sud, Talmud. (t. I, pág. 93)

3.° Son masculinos los que terminan en cualquiera vocal menos a no aguda, ó en cualquiera consonante menos d, pero las excepciones son numerosas. (t. I, pág. 94)

Nos contraeremos á indicar las mas notables, siguiendo el orden de las terminaciones. (t. I, pág. 94)

a. De los en eson femeninos los de tropos y figuras gramaticales ó retoricas, v. gr.: apocope, sinecdoque (excepto hiperbole, ambiguo); los nombres de lineas matematicas, como clipse, cicloide, tangente, secante, los sustantivos esdrujulos en ide tomados del griego, (t. I, pág. 94)

GRAMATICA C. como pirámide, clamide, los anterior á esta terminación perie, superficie, los termina bre, mnuchedumbre, pesadun alumbre), y además: Alsine. (t. I, pág. 95)

Ave. (t. I, pág. 95)

Basc. (t. I, pág. 95)

Breve y semibreve (notas de musica). Calle. (t. I, pág. 95)

Carne. (t. I, pág. 95)

Catastrofe. Clirse. (t. I, pág. 95)

Clave (que solo es masculino cuando significa un instrumento de musica). Cohorte. Compage. Consonante y licuante (letras). Covambre. Covriente. Corte (por residencia del gobierno supremo, tribunal, comitiva séquito). Chinche. Egilope. Elatine. Eringe. (t. I, pág. 95)

Escorpioide. ASTELLANA. en ie acentuados en vocal i, como carie, sanie, temados en umbre, como lummbre, costumbre (menos Estacte. Estirpe. Estrige. Extravogante (constitución soberana que anda fuera del codigo ó recopilación á que corresponde). Falange. False. (t. I, pág. 95)

Faringe. Fase. (t. I, pág. 95)

Fiebre. (t. I, pág. 95)

Frase. (t. I, pág. 95)

Frente (facción de la cara). (t. I, pág. 95)

Fuente. (t. I, pág. 95)

Gente. (t. I, pág. 95)

Hambre. (t. I, pág. 95)

Helice. (t. I, pág. 95)

Hipocrenc. Hojaldre. Hueste. (t. I, pág. 95)

Indole. (t. I, pág. 95)

Ingle. (t. I, pág. 95)

Jiride. (t. I, pág. 95)

Labe. (t. I, pág. 95)

Landre. Lapade. Laringe. Laude. Leche. Liebre. Liendre. Lite. (t. I, pág. 96)

Llave. Madre. Mente. Mole. (t. I, pág. 96)

Muerte. Mugre. Nave. (t. I, pág. 96)

Nieve. Noche. Nube. (t. I, pág. 96)

Pavaselene. Parte (que solo es masculino cuando significa aviso). Patente (por cédula, titulo ó despacho). Pelitre. Pendiente (masculino cuando significa adorno de las orejas). Peste. Plebe. Plevade. Podre. Prole. Raigambre. Salve. Sangre. Sede. (t. I, pág. 96)

Serpiente. Sierpe. Simiente Sivte. Suerte. Tarde. Tingle. Torce. Torre. Trabe. Troje. Ubre. (t. I, pág. 96)

Urdiembre ó urdimbre. Vacante. Variante. Varice. V'este y sobreveste. Voragine (L). b. Ceraste, dote, estambre, lente, pringue, puente, (1) En Chile se usan impropiamente como masculinos chinche, hambre, piramide. (t. I, pág. 96)

tilde, tizne y tripode, son ambiguos; pero dote, significando cierta parte del caudal de la mujer casada, es más comunmente femenino: en estambre, al contrario, el genero masculino es el que hoy predomina, y lo mismo en puente cuando significa el de un rio. Tilde, por la virgulilla que se pone sobre una letra, es ambiguo; y cuando denota en general una cosa minima, femenino. (t. I, pág. 97)

C. Arte se usa generalmente como masculino en singular, y como femenino en plural: «La Naturaleza con sus nativas gracias vale mas que ese arte metódico y amanerado.» « La multitud de artes subalternas y auxiliares del grande arte de la agriculturax (Jovellanos); «las artes liberales», «las bellas artes», «las artes mecánicas»; «se valió de malas artes para alcanzar lo que deseaba.» Pero si se trata de un arte liberal ó mecánico, admite el género femenino en singular: «La escritura fué arte poco vulgarizado ó vulgarizada en la media edad.» (t. I, pág. 97)

U. De los en ó y son femeninos graciadei, palmnacristi, grey, lep, y todos los esdrujulos originados del griego, donde terminan en is, como mnctrepolis. e. De los en j no hay mas femenino que troj. f. De los en ¦ son femeninos cal, capital (ciudad), carcel, col, cordal, credencial, hiel, miel, pastoral, piel, senal, vocal (letra). Canal no es masculino sino significando un estrecho de mar, los caudalosos de navegación ó riego, ciertos conductos naturales del cuerpo humano, y figuradamente una via ó conducto de comunicacion; v. gr.; el canal de la Mancha, el canal de Languedoc, el de Maipo, el canal intestinal, el canal por donde se recibió la noticia. Moral es masculino como nombre de árbol, y femenino significando CXI la regla de vida y costumbres segun la cual las acciones humanas se califican de rectas ó depravadas. Sal, significando la de comer, es invariablemente femenino; significando ciertos compuestos quimicos, hay escritores que la hacen masculino; pero esto es cada dia mas raro. Amoniaco es sustantivo masculino, y se usa tambien como adjetivo de dos terminaciones, amoniaco, amoniaca, de manera que podemos decir sal amoniaco por aposicion de dos sustantivos de diverso género, y sal amoniaca por concordancia de sustantivo y adjetivo. (t. I, pág. 97)

q. De los acabados en n son femeninos los en ion derivados de verbos castellanos ó latinos, como oyacion, devocion, provision, precision, gestion, reflevion, religion, vebelion, si no es uno u otro que se forma anadiendo ón á la raiz del verbo castellano terminada en i, como limpion, de yo limpio, por la misma analogia que resbalón, de resbalo, empujon, de empujo. Son tambien femeninos los en zon, derivados de nombre ó verbo castellanos, como ramazon, palazon, armazon, cargazon, excepto los aumentativos, como lanzón. Son, en fin, femeninos acion, clin ó crin, diasen, imagen, yagon, sarten, sazón, sien. Maygen es ambiguo en singular, y comunmente femenino en plural. Orden, significando serie, sucesión, regularidad, disposición de las partes de un todo, es masculino, como en las frases el orden de los asientos, el orden nafural, el orden publico. Es igualmente masculino significando una division de las clases en las nomenclaturas cientificas, como el orden de los carnivoros en la clase de los mamiferos. Pero es femenino cuando significa el sacramento de Orden y cualquiera de sus diferentes grados, y asi se dice: la orden del subdia conado, las órdenes mayores. Es asimismo femenino en la significación de precepto: una real orden, las ordenes del ministro, y lo mismo cuando se toma por la regla ó instituto de alguna comunidad ó corporacion, y por las mismas corporaciones, como la Orden de san Francisco, las Ordenes mendicantes, las Ordenes militares. Desorden, fin, son hoy constantemente masculinos (I). (t. I, pág. 98)

h. De los en o son femeninos mano, nao, testudo. Algunos usan como del genero femenino á sinodo. pero ya es rara esa practica. Quersoneso (nombre general que daban los griegos á las peninsulas) me parece que debe tenerse por femenino; la Quersoneso cimbrica, taurica, etc., y ese género le ha dado el poeta Valbuena. Pro es masculino en el pro y el contra, y en la locución familiar buen pro te haga, femenino en la gyocomun, la procomunal. (t. I, pág. 99)

l. De los en y son femeninos bezar, bezoar, flor, labor, segur, zoster. Mar es ambiguo, excepto cuando se le junta el sustantivo Oceano ó los adjetivos geograficos Atlantico, Adriático, Mediterraneo, Baltico, Caspio, Pacifico, Negro, Blanco, Rojo, Glacial, etc. Sus compuestos bajamar, pleamar, estrellamar, son femeninos. Azucar es ambiguo. Calor, color y sabor no rechazan del todo el genero femenino, especialmente en verso. (t. I, pág. 99)

¦. De los en s hay muchisimos femeninos que terminan en sis, originados de sustantivos griegos de la misma terminación y genero, como antitesis, crisis, (1) Nuestros criticos solian hacerlos femeninos, y lo mismo á orden en los significados en que hoy ha prevalecido el otro género, diatesis, sintaxis, tesis. Hay empero excepciones, como Apocalipsis, Genesis, constantemente masculinos; enfasis y analisis ambiguos. Es masculino iris cuando no es el nombre propio de una diosa. Son femeninos aguarrás, bilis, colapiscis, lis, lilis, macis, monopastos y polipastos, mies, res, tos y venus, y ambiguo cutis. (t. I, pág. 99)

k. De los acabados en u es femenino tribu. (t. I, pág. 100)

l. De los en “ son femeninos ónir y sardonix. Fenix, antes masculino, ha pasado ya al otro género. m. De los en z son femeninos cerviz, cicatriz, coz, cruz, faz, haz (por cara ó superficie), hez, hoz, lombriz, luz, matriz, nariz, nuez, paz, perdiz, pez (signicando una sustancia vegetal ó mineral), pomnez, raiz, sobrepelliz, tez, vez, voz, y todos los derivados abstractos, como altivez, ninez, sencillez. Doblez es femenino significando la cualidad abstracta de lo doble, y masculino por plieguc. Prez es ambiguo. (t. I, pág. 100)

4.° Los plurales en as y des son generalmente femeninos; todos los otros masculinos. (t. I, pág. 100)

a. Exceptuanse por masculinos los afueras, los cercas (términos de pintura); los femeninos Cortes (Cuerpo legislativo), creces, fauces, llares, pares (placenta), partes (prendas intelectuales y morales de una persona), preces, testimoniales y trebedes, y por ambiguos modales y puches. Fasces ó haces, significando los haces de segur y varas que llevaban los lictores delante de ciertos magistrados romanos, son indisputablemente masculinos; yo á lo menos no alcanzo razon alguna para que la voz latina fasces, que no es de uso popular, varie de genero en castelano, ni para que un haz de varas sea femenino en (t. I, pág. 100)

IOI manos de los lictores, siendo masculino en cualquiera otra. (t. I, pág. 101)

5.° Los compuestos terminados en sustantivo singular que conserva su forma simple, siguen el género de este, como aguamiel, contraveneno, contrapeste, desazon, disfavor, sinrazon, sinsabor, trasluz, trastienda. (t. I, pág. 101)

a. Exceptuanse aguachirle, aguapie, femeninos; guardacosta, guardavela y tapaboca, masculinos; y á lo mismo se inclinan los otros compuestos de verbo y sustantivo, formados á la manera de estos tres, como guardamano, pasamano, mondadientes, cortaplumas; bien que chotacabras, guardapuerta, guardarropa, portabandera, portacarabina, sacafilasticas, tornaboda, tornaguia, tragaluz, son femeninos; portaalmizcle y portapaz, ambiguos. (t. I, pág. 101)

Capítulo XI. Nombres numerales

  1. Llamanse numerales los nombres que significan numero determinado, sea que sólo expresen esta idea ó que la asocien con otra. Son de varias especies. (t. I, pág. 103)

NUMERALES CARDINALES. (t. I, pág. 103)

9f. Los numerales cardinales son adjetivos que significan simplemente un numero determinado, como uno, dos, tres, cuatro, etc. Juntanse á veces dos ó más de estos nombres para designar el numero de que se quiere dar idea, como diez y nueve, veinte y tres, trescientos ochenta y cuatro, mil novecientos cuarenta y seis, doscientos sesenta y ocho mil setecientos cincuenta y cinco. En este ultimo ejemplo se ve que los cardinales que preceden á mil denotan la multiplicación de este numero, como si se dijese doscientas sesenta y ocho veces mil, 92. Uno, una, carece de plural si se limita (t. I, pág. 103)

I04 á significar la unidad. Puede tenerle en los casos siguientes: (t. I, pág. 104)

1.° Cuando es articulo indefinido: se le da este titulo siempre que se emplea para significar que se trata de objeto u objetos indefinidos, esto es, no consabidos de la persona ó personas á quienes hablamos; un hombre, una mujer, unos mercaderes, unas casas. (t. I, pág. 104)

2.° Cuando lo hacemos sustantivo denotando el guarismo con que se representa la unidad: el once se comporie de dos unos. (t. I, pág. 104)

3.° Cuando significa identidad ó semejanza: el mitndo siempre es uno, no todos los tiempos SOz2 2t7108. (t. I, pág. 104)

  1. Dos, tres, y todos los otros numerales cardinales son necesariamente plurales, á menos que los hagamos sustantivos, denotando los numeros en abstracto, ó bien empleándolos como nombres de guarismos, naipes, regimientos, batallones, etc. En estos casos los hacemos del numero singular, y podemos darles plural, v. gr.: ocho es doble de cuatro, el veinte y tres se compone de un dos y un tres, el seis de infanteria ligera, quedaban en la baraja tres doses. 94. Ambos, ambas, es un adjetivo plural de que nos servimos para senalar juntamente dos cosas de que ya se ha hecho mención, ó cuya existencia suponemos conocida, como cuando, hecha mención de dos hombres, digo, venian ambos á caballo, ó sin mención precedente, tengo ambas manos adormecidas. Dicese tambien entrambos, y ambos ó entrambos á dos (I). (t. I, pág. 104)
  1. Ciento sufre apócope: cien ducados, cien leguas. La forma abreviada es necesaria antes (1) Entrambos era en lo antiguo entre ambos: no pudieron cargar el peso entre ambos. Creo que aun hoy debieramos hacer esta diferencia. Dicese generalmente ambos ó entrambos en sentido de uno y otro: «ambos ó entrambos vivicron en el siglo XVI»; pero ambos á dos, ó entrambos á dos, es más propio cuando se trata de dos agentes que concurrieron á la produccion de un mismo efecto: «Ambos á dos le mataron,» Ambos ó entrambos no es equivalente á los dos sino cuando los dos significa copulativamente uno y otro. Creo que cualquiera extranará el uso de este numeral en el pasaje siguiente de un escritor celebre: «El primero de ambos (Zamora y Canizares), nacido en una epoca de corto saber y estragado gusto, halló el teatro en suma decadencia.» El uso propio es el que aparece en los ejemplos del texto y en este de don Joaquin Lorenzo de Villanueva: «Quien de veras sirve á la religion y á la sociedad es el que separa de ambas los abusos con que los ha tiznado la ambicion y la sed de oro.» Otra observacion hay que hacer en ambos, y es que en las frases negativas la negación se refiere á uno de los dos, y no al uno y al otro. No era grande el talento en ambos, solo quiere decir que en uno de ellos no era grande. No es, pues, propio el empleo de este numeral en un escritor generalmente elegante y correcto: «No se descubrió el valor en ambos ejercitos», porque lo que se quiere decir es que uno y otro se portaron con poco valor, y lo que se dice es que sólo se portó con valor uno de ellos. La observacion abraza, por supuesto, el caso en que se trata de expresar una relacion entre los dos: «No era igual en ambos el valor», quiere decir que uno tenia más y otro menos. (t. I, pág. 105)

de todo sustantivo, como en cien duraznos, cien pesos, ó interviniendo solamente adjetivos, como en cien valerosos guerreros, cien aventuradas empresas, pero seria viciosa en cualquiera otra situación: los muertos pasaron de cien, cien de los enemigos quedaron en el campo de batalla, son expresiones incorrectas, bien que no dejan de encontrarse en distinguidos escritores modernos. Cuando precede á un cardinal, se distingue: si lo multiplica, se apocopa: cien mil hombres; si solo se le anade, no sufre apocope: ciento cincuenta y tres, ciento veinte y tres mil. (t. I, pág. 106)

  1. Ciento y mil se usan como sustantivos colectivos, y entonces reciben ambos numeros: las peras se venden á tanto el ciento; muchos cientos, muchos miles. Con ciento como colectivo se forman los adjetivos compuestos doscientos, trescientos, etc., que tienen dos terminaciones para los géneros: doscientos reales, cuatrocientas libras. Millon, billozi, trillon, etc. (y lo mismo cuento, que en el significado de millón apenas tiene ya uso), se emplean constantemente como sustantivos colectivos, NUMERALES ORDINALES. (t. I, pág. 106)
  1. Los numerales ordinales denotan el orden numérico: primero, segundo, tercero, noveno, decimo, undecimo, duodecimo, vigesimo, centésimo. Combinanse cuando es necesario, y entonces puede sustituirse á primero primo, y á tercero tercio: trigesimo primo, cuadragesimo tercio. Algunos otros hay que tienen tambien formas dobles; v. gr.: septimo y seteno, noveno y nono, vigesimo y veinteno, centesimo y centeno. Empléanse asimismo como ordinales los cardinales: la ley dos, el capitulo siete, Luis catorce, el siglo diez y nueve. (t. I, pág. 106)
  1. Con los dias del mes no se junta otro ordinal que primero, y esa es tambien la práctica más ordinaria en las citas de las leyes. En las de capitulos se usan indiferentemente desde dos los ordinales y los cardinales, pero suelen preferirse los cardinales desde trece. 99. Con los nombres de reyes de Espana y de papas se prefieren constantemente los ordinales hasta duodecimo: dicese Benedicto catorce y Benedicto decimocuarto, pero siempre Juan vezritides. Con los nombres de otros monarcas extranjeros solemos juntar los ordinales hasta diez u once, los cardinales desde diez: Enrique cuarto (de Francia), Federico segundo (de Prusia), Latis once ó undecimo (de Francia), Carlos doce (de Suecia), Luis catorce (de Francia). NUMERALES DISTRIBUTIVOS. (t. I, pág. 107)
  1. No tenemos otro numeral distributivo que el adjetivo plural sendos, sendas, cuyo recto uso y significación se manifiestan en estos ejemplos: «Tenian las cuatro ninfas sendos vasos hechos á la romana» (Jorje de Montemayor); esto es, cada ninfa un vaso. «Eligiendo el el Duque tres soldados nadadores, mandó que con sendas zapas pasasen el fosoy (Coloma); cada soldado con su zapa. (t. I, pág. 107)

«Mirando Sancho á los del jardin tiernamente y con lagrimas, les dijo que le ayudasen en aquel trance con sendos paternostres y sendas avemarias» (Cervantes); cada uno con un paternóster y una avemaria. «El rey y la reina, vestidos de sus panos reales, fueron levantados en sendos paveses» (Mariana); el uno en un paves y la otra en otro. «Envio (el rey moro de Cerdoba) sus cartas para el rey de Galicia con dos hermosos caballos ricamente enjaezados y sendas espadas de Cordoba y de Toledos (Conde); una de Cordoba y otra de Toledo. «Salieron de la nave seis enanos, tanendo sendas arpas» (Clemencin); cada enano una arpa. «Masanielo y su hermano iban en sendos caballos hermosisimos, enjaezados con primor y riquezax (el Duque de Rivas); Masanielo en un caballo y su hermano en otro. «Ya se hallaban todos ellos apercibidos, prontos con sendos caballos de pelea» (Martinez de la Rosa); cada uno con su caballo. (t. I, pág. 108)

a. Yerran los que creen que sendos ha significado jamas grandes ó fuertes ó descomunales. No puede decirse, por ejemplo, que un hombre dió á otro sendas bofetadas; y se dieron sendas bofetadas quiere decir simplemente que cada cual dió una bofetada al otro: (t. I, pág. 108)

sendos no envuelve ninguna idea de cualidad ó magnitud, sino de unidad distributiva. Yerran mas groseramente, si cabe, los que usan este adjetivo en singular, como lo hizo un célebre escritor del tiempo de Carlos III. La Academia no ha transigido con estas corruptelas, y seria de sentir que las autorizase (1). (t. I, pág. 108)

10l. Para significar la distribución numeral nos servimos casi siempre de los cardinales, v. gr.; asignaronsele cien doblones al ano, ó cada un ano, nombrose para cada diez hombres un cabo, eligieron cada mil hombres una persona que los representase, Se usa, pues, cada como adjetivo de todo numero y genero bajo una terminación invariable, y selo puede juntarse con los numerales cardinales uno, dos, tres, etc., subentendiendose casi siempre el primero. En cada uno ó cada una, cada cual, uno, una y cita! son adjetivos sustantivados, Cada no se hace colectivo cuando se construye con sustan (1) No ignoro que pueden alegarse a favor de ellas bastantes ejemplos de escritores modernos, uno de ellos el P. Isla, que en materia de lenguaje no es autoridad despreciable. Este uso, sin embargo, es indudablemente moderno, y sobre adulterar el significado propio de la palabra, propende á privarnos de un elegante distributivo, que no se podria reemplazar sino por una perifrasis. El uso moderno de sendos ha nacido visiblemente de no haberse entendido lo que significaba este numeral en los buenos tiempos del castellano. La innoyacion es de aquellas que empobrecen las lenguas. (t. I, pág. 109)

tivos plurales, porque concierta con el verbo en plural, segun se ve en el ultimo ejemplo (I). a. En los siglos diez y seis y diez y siete se usaba de diverso modo este adjetivo. «Dejando en los fuertes cada dos companias, se volvió la gente á Antequera» (D. D. Hurtado de Mendoza); esto es, dos companias en cada fuerte. « En recompensa del cargo que les quitaban, dieron (las Cortes) á Juan de Velasco y a Diego Lopez de Zuniga cada seis mil florines: pequeno precio y satisfacción» (Mariana); seis mil florines á cada uno. «Ofreciendo Mr. de Vitry levantar dos companlas de cada ciento cincuenta caballos», tuvo mana, etc. (Coloma); cada una de ciento cincuenta caballos. «Presentan á los clerigos cada sendas peras verdinales» (D. D. H. de Mendoza); una de estas frutas á cada clerigo. Esta locucin es desusada en el dia. (t. I, pág. 110)

NUMERALES MULTIPLOS. (t. I, pág. 110)

  1. Llamanse froporcionales ó multiplos los numerales que significan multiplicación, v. gr.: doble ó duplicada fuerza, triple ó triplicado nimero, cuddrupla ó cuadruplicada gente. Duplo y triplo son siempre sustantivos; los demas son adjetivos, que en la terminación masculina pueden sustantivarse; el doble, el cuadruplo, el decuplo, el centuplo, lo que no se extiende á los que acaban en ado. (t. I, pág. 110)

(I) Se hace adverbio en la frase cada y cuando. (t. I, pág. 110)

  1. Formamos tambien numerales multiplos dando al respectivo cardinal la terminación tanto, como cuatrotanto. « Es verdad que el valor de esta industria (empleada por los extranjeros en las lanas espanolas) supera en el cuatrotanto el valor de la materia que les damos» (Jovellanos). Pero no suelen formarse estos compuestos sino con cardinales desde tres hasta diez. (t. I, pág. 111)

NUMERALES PARTITIVOS. (t. I, pág. 111)

  1. Los numerales partitizos significan división, v. gr.: la mitad, el tercio, el cuarto. Comunmente se emplean en este sentido los ordinales desde tercero en adelante, construidos con el sustantivo femenino parte: la tercera ó tercia parte, la decima parte, etc.; ó sustantivados en la terminacion femenina ó masculina: ana tercia, ain tercio (no una tercera, un tercero), una cuarta, un cuarto, dos decimos, tres centesimas, etc.; sobre lo cual notaremos: 1.°, que el ordinal masculino es general en su significado, mientras el femenino se aplica á determinadas cosas, como tercia, cuarta, de la vara; 2.°, que la terminacion femenina es menos usada que la masculina en la aritmética decimal; y 3.°, que cuando el ordinal sufre alteración en su forma, se aplica tambien á determinadas cosas, v. gr.; sesma, de la vara, diegmo, de los frutos, impuesto fiscal ó eclesiástico. En la aritmética se forman partitivos de todos los cardinales, simples ó compuestos, desde once, anadiendoles la terminacion avo, v. gr.; un onceavo (/,¦), dos veinteavos (?/,o), treinta y tres centavos (S5),,9), novecientos-ochenta-y-tres mil-cuatro-cientos-cincuenta-y-cincoaUoS Mass). (t. I, pág. 111)

NUMERALES COLECTIVOS. (t. I, pág. 112)

  1. Finalmente, los numerales colectivos son sustantivos que representan como unidad un numero determinado, v. gr.: decena, docena, veintena, centenar, millar, millon. Ya se ha dicho que ciento y mil se suelen emplear como colectivos. (t. I, pág. 112)

Capítulo XII. Nombres aumentativos y diminutivos

a. Las terminaciones aumentativas mas frecuentes son: azo, aza, on, ona, ote, ota, isimo, isima, como gigantazo, gigantaza, señoron, señorona; grandote, grandota, dulcisimo, dulcisima. Juntanse á veces dos terminaciones para dar mas fuerza á la idea: picaronazo, picaronaza. De los en isimo, isima, que forman una especie particular, trataremos despues separadamente. b. Los aumentativos en ón dejan á veces el género del sustantivo de que se forman, v. gr.: cigarron, murallon, lanzon. (t. I, pág. 113)

c. Hay otras terminaciones aumentativas menos usuales, como ricacho (de rico), vivaracho (de vivo), nubarron (de nube), bobarron y bobalicon (de bobo), moceton (de mozo), etc. (t. I, pág. 113)

d. A las terminaciones aumentativas agregamos frecuentemente la idea de tosquedad ó fealdad, como en gigantazo, librote, de frivolidad, como en vivaracho, de desprecio ó burla, como en pobreton, bobarron. Todas ellas son ajenas del estilo elevado mientras envuelven estas ideas accesorias, lo que en varios sustantivos no hacen, v. gr., en murallon, lanzon. CXI deponiendo á veces hasta la significación de aumento, y aun tomando la contraria, como en anadon, islote. e. Las terminaciones diminutivas más frecuentes son cjo, eja, ete, eta; ico, ica; illo, illa, ito, ita, uelo, uela; pero no se forman siempre de un mismo modo, como se ve en los ejemplos siguientes: florecilla, florecita (de flor); manecita (de mano); pececillo, pececito (de pez), avecica, avecilla, avecita (de ave), autorcillo, autorcito, autorzuelo (de autor), dolorcillo, dolorcilo (de dolor), librejo, librito (de libro), jardinito, jardinillo, jardincito, jardincillo (de jardin); viejecico, viejecillo, viejecito, viejezuelo, vejete, vejezuelo (de viejo); cieguecillo, cieguecilo, cieguezuclo, ceguezuelo (de ciego), piedrecilla, picdrecita, piedrezucla, pedrezuela (de piedra); tiernecillo, tiernecito, ternezuelo (de lierno). f. Hay otras menos frecuentes, á saber; las en ato, ata, el, ela, eculo, ecula, iculo, icula; il, in; ola, uco, uca, ucho, ucha, ulo, ula; isculo, uscula, v. gr.: cervato (de ciervo), doncel (de don), damisela (de dama), molecula (de mole), reticulo (de red), partienla (de parte), tamboril (de tambor), feluguin (de peluca), banderola (de bandera), casuca y casucha (de casa), serrucho (de sierra), globulo (de globo), celula (de celda), corpisculo (de cuerbo), opusculo (de obra). Los diminutivos esdrujulos son todos de formacion latina. q. A los diminutivos agregamos junto con la idea de pequenez, y á veces sin ella, las ideas de carifio ó compasión, mas propias de los en ito, como en hijito, abuclito, viejecito; ó la de desprecio y burla, mas acomodada á los en ejo, ete, uelo, como librejo, vejete autorzuelo. Las de compasión ó carino no son ente ramente ajenas del estilo elevado y afectuoso, pero todas ellas ocurren mas á menudo en el familiar y el festivo. Son notables los diminutivos todito, nadita, que no alteran en manera alguna la significación de todo y nada, y solo sirven para acomodarlos al estilo familiar. (t. I, pág. 113)

h. Hay multitud de sustantivos que sirven para designar á los animales de tierna edad, á la manera que lo hacen nino, muchacho, jhrvulo, rapaz, respecto de la especie humana, y que podemos asociar por eso á los diminutivos, aun cuando no se formen á la manera de estos. Asi llamamos cordero, corderillo, la cria de la oveja; borrego, el cordero de uno á dos anos; potro, potrillo, el caballo de poca edad; potranca, la yegua de poca edad; chivato, chivatillo, el cabrito que no llega al ano; jabato, el hijo pequeno de la jabalina; lechon, lechoncillo, el cerdo que todavia mama; ballenato, el hijo pequeno de la ballena; lebrato, lebratillo, el de la liebre; corcino, el de la corza; cachorro, cachorrillo, el hijuelo de un cuadrupedo carnivoro; lobato, lobatillo, lobezno, el de la loba; pollo, el ave de poca edad; ansarino, el pollo del ánsar ó ganso; anadino, anadon, el del ánade; palomino, el de la paloma; pichon, el de la paloma casera; cigonino, el de la cigüena; pavipollo, el de la pava; aguilucho, el del aguila; ranacuajo ó renacuajo, la rana pequena ó de poca edad; viborezne, la vibora recien nacida, etc. (t. I, pág. 115)

i. A los mismos debemos agregar los que signisi can la planta tierna, como cebollino, colino, lechuguino, porrino, la planta de cebolla, col, lechuga, puerro, en estado de trasplantarse. (t. I, pág. 115)

j. Varios nombres femeninos tienen diminutivos masculinos en in, como espada, espadin, peluca, peluquin. k. En la formacion de los aumentativos y diminutivos, los diptongos ie, ue, acentuados sobre la e, pasan á veces á las vocales simples e, o, cuando pierden el acento, como pierna, pernaza, bueno, bonazo; ciervo, cervato, cuerpo, corpecico. Esto solo se verifica cuando el nombre de que se forma el aumentativo ó diminutivo ha pasado anteriormente de la vocal simple al diptongo, como pierna (en latin perna), bueno (en latin bonus), ciervo (cervus), cuerpo (corpus), de modo que la silaba variable que se ha vuelto diptongo bajo la influencia del acento recobra su primitiva simplicidad desde que deja de ser acentuada; lo que, á la verdad, ocurre mucho menos frecuentemente en estas que en otras especies de derivaciones, como en bondad (de bueno), fortaleza (de fuerte), denticion, dentadura, dentista (de diente), mortal, mortalidad, mortandad, mortecino, mortuorio (de muerte), poblar, poblacion, popular, populoso (de pueblo), etc. (t. I, pág. 115)

l. En la formacion de los aumentativos y diminutivos (y lo mismo en todas las otras especies de inflexiones) debe atenderse, no á las letras ó caracteres, sino á los sonidos. Peluquin, por ejemplo, no es menos regular que espadin porque en el primero á la c de peluca se sustituye qu, como es necesario para que subsista el sonido fuerte de la c. Igualmente regulares son cieguecillo, en que la g pasa á gu para que no se altere su sonido, y pedacillo, en que se muda en c la z de pedazo, como lo hacemos sin necesidad segun la ortografla corriente. (t. I, pág. 116)

m. Las formas diminutivas de los nombres pro pios son á veces bastante irregulares, como Pepe (de José), Paco, Pacho, Paguito, Panchito (de Francisco), Manolo (de Manuel), Concha, Conchita (de Concepcion), Belica (de Isabel), Perico, Perucho (de Pedro), Catana, Cata (de Catalina), etc. (1). (t. I, pág. 116)

Apéndice. De los superlativos absolutos

  1. Los aumentativos de más uso, y los que tienen más cabida en el estilo elevado, son los llamados superlativos, que generalmente terminan en isimo, isima, como grandisimo (de grande), blanquisimo (de blanco), utilisimo (de util), equivalentes á las frases muy grande, muy blanco, muy util, que se llaman tambien superlativas. (t. I, pág. 117)

a. Conviene obseryar que con los adjetivos y frases de que hablamos no se expresa el grado mas alto de la cualidad significada por el primitivo; pues (I) En Chile, como en algunos otros paises de América, se abusa de los diminutivos. Se llama sefiorita, no solo á toda senora soltera, de cualquier tamano y edad, sino á toda senora casada ó viuda, y casi nunca se las nombra sino con los diminutivos Pepita, Conchita, por más ancianas y corpulentas que sean. Esta práctica debiera desterrarse, no solo porque tiene algo de chocante y ridiculo, sino porque confunde diferencias esenciales en el trato social. En el abuso de las terminaciones diminutivas hay algo de empalagoso. (t. I, pág. 117)

el decir, v. gr., que Cesar fué orador clocuentisimo, y que aun era mas elocuente Marco Tulio, nada tiene que no sea conforme á la razón y á la gramatica. Otros superlativos hay (que en nuestra lengua no son ordinariamente nombres simples, sino frases) por medio de los cuales se denota el grado más alto de la cualidad respectiva dentro de la clase que se designa, como cuando decimos que xel ultimo de los reyes godos de Espana se llamó Rodrigo», ó que «Londres es la mus populosa ciudad de Europax, ó que «las palmas son los mas clegantes de los arboles». Estos superlativos se llaman partitivos, porque forman una parte ó especie particular dentro de la clase ó colección de seres á que se refieren. Llamanse tambien superlativos de regimen porque vigen, esto es, llevan siempre, expreso ó tacito, un complemento compuesto de la preposicion de ó entre y del nombre de la clase: «la mas populosa de ó entre las ciudades europeas», ó (embebiendo el complemento) «la mas populosa ciudad europea». Este régimen es lo que mejor los distingue de los superlativos absolutos, de que vamos á tratar. (t. I, pág. 118)

  1. En lugar de muy se emplean á veces otros adverbios ó complementos de igual ó semejante significación, como sumamente, extremadamente, en gran manera, en extremo. (t. I, pág. 118)

Entre ellos debe contarse ademds, que se pospone entonces: colerico ademas, pensativo ademas, significan lo mismo que muy colerico, muy pensativo. (t. I, pág. 118)

  1. Sólo de los adjetivos se pueden formar superlativos. La desinencia se forma regular mente sustituyendo á las vocales o, e, ó anadiendo á las consonantes el final isimo, que admite inflexiones de genero y de numero. Pero hay multitud de irregulares. (t. I, pág. 118)

a. Consiste esta irregularidad, ya en que alteran la raiz, como bencvolentisimo (de benevolo), ardentisimo (de ardiente), fortisimo (de fuerte), fidelisimo (de fiel), antiquisimo (de antiguo), sacralisimo (de sagrado), sapientisimo (de sabio), beneficentisimo, magnificentisimo, munificentisimo (de benefico, magnifico, munifico); ya en que alteran la terminación, ó ambas cosas á un tiempo, como acerrimo, celeberrimo, integérrimo, liberrimo, miserrimo, saluberrimo: (de acre, celebre, integro, libre, misero, salubre). Los superlativos de doble (I), endeble, feble, son regulares; los demas terminados en ble mudan este final en bilisimo: amabilisimo, nobilisimo, sensibilisimo, volubilisimo. En los acabados en io, si la i del final tiene acento, se sigue la formación regular, como en friisimo piisimo, si la i del final carece de acento, se pierde, como en amplisimo, limpisimo, agrisimo, pero hay muchos que no toman la terminación superlativa, como sombrio, tardio, vacio; lacio, temerario, vario, zafio. (t. I, pág. 119)

b. Los superlativos irregulares son casi todos latinos; y para algunos adjetivos hay dos formas super (1) Este adjetivo, en su significado primario de dos veces el simple, no admite más ni menos, y por consiguiente no tiene superlativo: en otras acepciones lo tiene, aunque de poquisimo uso: un pano doblisimo, una dalia doblisima. (t. I, pág. 119)

lativas, una regular, de formacion castellana, y otra irregular, que tomamos de la lengua latina: amiguisimo y amicisimo, dificilisimo y dificilimo, asperisimo y asperri mo, pobrisimo y paupérrimo, fertilisimo y uberrimo, friisimo y frigidisimo (I); bonisimo y óptimo. malisimo y pésimo, grandisimo y ma.vimo, pequenisimo y minimo; altisimo y supremo ó sumo, bajisimo e infimo. Son tambien de formación latina intimo (superlativo de interno), proximo (de cercano). Varios de estos superlativos tomados de la lengua latina se usan tambien como partitivos ó de regimen, segun veremos en su lugar. (t. I, pág. 120)

c. Hay gran numero de adjetivos que no admiten la inflexión superlativa, ó porque en su significado no cabe más ni menos (y en tal caso es claro que tampoco puede tener uso la frase superlativa formada con el adverbio mnuy, grandemente, u otra expresión análoga), como uno, dos, tres, primero, segundo, tercero, y todos los numerales; omnipotente, inmenso, inmortal, celeste y celestial, terrestre, terreno y terrenal, sublunar, infernal, infando, nefando, triangular, rectangulo, etc.; ó porque su estructura, segun los habitos de la lengua, no se presta á la inflexión, como en casi todos los esdrujulos en co, imo, ico, fero, gero, vomo, v. gr.: momentaneo, sanguinco, ferreo, lacteo, legitima, maritimo, selvatico, exotico, satirico, empirico, politico, mefitico, logico, caustico, colerico, (1) Pudiera atribuirse el superlativo frigidisimo á frigido, pero no le pertenece exclusivamente, porque frigido es de poco uso en prosa, al paso que frigidisimo se aplica á todo lo que es en alto grado frio, en todos los sentidos y estilos. (t. I, pág. 120)

mortifero, aurifero, pestifero, armigero, ignivomo, los en y ó i, como verdegay, turqui, los en il, que se aplican á sexos, edades y condiciones, v. gr., varonil, mujeril, pueril, juvenil, senil, senoril, pastoril, y varios otros, como repentino, subito, efimero, lugubre, etc. Algunos de los enumerados admiten á veces la inflexión en el estilo jocoso, como lo hacen los sustantivos mismos. (t. I, pág. 121)

d. Los medios de que nos servimos para formar superlativos no son todos de igual valor entre si, pues unos encarecen mas que otros. Cualquiera percibiria la graduacion de grandemente, extremadamente, sumamente. Salva observa que la inflexión tiene mas fuerza que la frase; que doctisimo, por ejemplo, dice más que muy docto. (t. I, pág. 121)

e. Hay adjetivos que no admitiendo la inflexión ni la frase porque su significado lo resiste, modificado este de manera que la cualidad sea susceptible de más y menos, pueden construirse con muy, como cuando decimos que un hombre es muy nulo (tomando á nulo por inepto). En este caso se hallan tambien no pocos sustantivos cuando pasan á significacion adjetiva: muy hombre, muy mujer, muy soldado, muy filosofo, muy bachillera, muy maula, muy alhaja, muy fantasma, muy bestia. A veces la inflexion superlativa es sólo enfatica, como en mismisimo, singularisimo. (t. I, pág. 121)

  1. Lo que debe evitarse como una vulgaridad es la construccion de la desinencia superlativa con los adverbios mas, menos, diciendo, v. gr., mas doctisimo, menos hermosisima, Ni es de mucho mejor ley su construc cion con muy, tan, cuan. Pero minimo, intimo, infimo, proximo, se usan á veces como si no fuesen superlativos, pues se dice corrientemente la cosa mas minima, mi más intimo amigo, a precio tan infimo, una casa tan proxima. (t. I, pág. 121)

Capítulo XIII. De los pronombres

!10. Llamamos PRONOMBRES los nombres que significan primera, segunda ó tercera persona, ya expresen esta sola idea, ya la asocien con otra (1). (t. I, pág. 123)

PRONOMBRES PERSONALES. (t. I, pág. 123)

fll. Hay pronombres de varias especies, y la primera es la de los estrictamente personales, que significan la idea de persona por si sola; tales son: (t. I, pág. 123)

Yo, primera persona de singular, masculino y femenino. (t. I, pág. 123)

Nosotros, nosotras, primera de plural. Ti, segunda de singular, masculino y femenino. Vosotros, vosotras, segunda de plural. (1) Vease la nota IV. (t. I, pág. 123)

a. Pudiera decirse que, fuera de estos cuatro sustantivos, no hay nombres que de suyo signifiquen persona determinada, esto es, primera, segunda ó tercera; porque de los otros, que generalmente se miran como de tercera, apenas podrá senalarse alguno que no sea capaz de tomar en ciertas circunstancias la primera ó segunda. Pueblo es tercera persona en «A mi pueblo despojaron sus exactores y lo han dominado mujeres» (Scio); y segunda en «Pueblo mio, los que te llaman bienaventurado esos mismos te enganans (Scio). Rey es tercera persona en El rey lo manda, primera en Fo el rey, y en este ejemplo de Mariana, segunda: «Los reyes tenéis por justo y por honesto lo que os viene mas á cuento para reinar.» Sustituyese aqui con elegancia al personal vosotros el apelativo los reyes, lo que nuestra lengua no permite sino en el plural; no se podria decir el rey lo mandas. De la misma manera: «Los viejos somos reganones y descontentadizos», donde el apelativo los viejos lleva envuelto el personal nosotros, lo que no pudiera hacerse con el singular po (1). La inisma indeterminación de persona se (I) Se pudiera dudar de esta aserción en vista de construcciones como Hombre, no creo que nada humano sea ajeno de mi, donde hombre es, en efecto, primera persona. Pero este apelativo no hace aqui las veces del personal yo, es solo un epiteto suyo, una modificacion explicativa: manifiestalo la puntuación misma, que presenta una pausa necesaria. (t. I, pág. 124)

. . . . . «Mozo, estudie; Hombre, segui el aparato De la guerra; y ya varón, Las lisonjas de palacio. (t. I, pág. 124)

encuentra aun en los adjetivos el y aguel, que se tienen por de la tercera. Si asi no fuese, no podria decirse yo soy aquel que dijo, tu eres el que trajiste (I). 112. En lugar de yo y de nosotros se dice nos en los despachos y provisiones de personas constituidas en alta dignidad: Nos don N., Arzobispo de, Nos el den y cabildo de. En el primer ejemplo la pluralidad es ficticia: multiplicase la persona en senal de autoridad y poder. Pero aun cuando nes significa realmente un solo individuo, en su construcción es un verdadero plural: «Nós (el Arzobispo) mandamos»; «Si alguna contrariedad pareciere en las leyes (decia el rey don Alfonso XI), tenemos por bien que Nos seamos requeridos sobre ello» (2). No se extiende, sin embargo, la pluralidad ficticia Estudiante, gané nombre; Una cruz me honró soldado, Y cortesano adquiri Hacienda, amigos y cargos. (t. I, pág. 125)

Viejo ya, me persuadieron Mis canas y desenganos A la bella retirada Desta soledad, descanso De cortesanas molestias, Donde prevengo despacio Seguro hospicio á la muerte.» (t. I, pág. 125)

(Tirso de Molina.) (t. I, pág. 125)

(1) Despues veremos que el y el son esencialmente una misma palabra. (t. I, pág. 125)

(2) No lo hacen asi los franceses: «Le pouvoir qui nous a eté confie, et que nous sommes tenu d’exercer pour le bonheur de nos sujets», hubiera podido decir un rey de á los sustantivos que se adjetivan haciendose predicados de Nos. «Elevada la solicitud á Nos el Presidente de la Republica, hemos resuelto», etc. (t. I, pág. 125)

a. Es frecuente en lo impreso que el escritor se designe á si mismo en primera persona de plural: «Nos hallamos obligados á elegir este, de los tres argumentos que propusimos» (Solis); pero entonces no se dice nes en lugar de nosotros. (t. I, pág. 126)

  1. Hay en la segunda persona pluralidad ficticia cuando se dice vos por ti, representándose como multiplicado el individuo en senal de cortesia ó respeto; pero ahora no se usa este vos sino cuando se habla á Dios ó á los santos, ó en composiciones dramáticas (I), ó en ciertas piezas oficiales, donde lo pide la ley ó la costumbre (2). (t. I, pág. 126)

Francia. No han faltado escritores castellanos que imitasen esta construcción. (t. I, pág. 126)

(I) Si hablan en el drama personajes antiguos, es un anacronismo la pluralidad imaginaria de segunda persona, que fue desconocida en la antigüedad. Si de personajes de nuestros dias y de paises en que la lengua nativa es la castellana, lo propio en el dialogo familiar seria usted ó tu. Pero por una especie de convención tácita parece admitirse el vos en reemplazo del enojoso usted. (2) El vos de que se hace tanto uso en Chile en el diálogo familiar es una vulgaridad que debe evitarse, y el construirlo con el singular de los verbos, una corrupcion (t. I, pág. 126)

En los demás casos, vos por vosotros es hoy puramente poético: (t. I, pág. 127)

«Lanzad de vos el yugo vergonzoso.» (Ercilla.) 114. El uso de vos cuando significa pluralidad ficticia no es semejante al de nós, pues no solo se ponen en singular los sustantivos, sino los adjetivos, que le sirven de predicados: «Acabasteis, Señor, la vida con tan grande pobreza que no tuvistets una sola gota de agua en la hora de vuestra muerte, y con tan gran desamparo de todas las cosas que de vuestro mismo padre fuisteis desamparado.» (Granada.) 115. Yo se declina por casos, esto es, admite variedades de forma segun las diferentes relaciones en que se halla con las otras palabras de la proposición. Podemos distinguir desde luego tres casos: (t. I, pág. 127)

Vo, sujeto: yo soy, yo leo, yo escribo. Me, complemento que modifica al verbo: me dices, me esperan. (t. I, pág. 127)

Mi, termino de proposición: tu no piensas en mi, trajeron una carta dirigida á mi. 116. La forma del nombre declinable que insoportable. Las formas del verbo que se han de construir con vos, son precisamente las mismas que se construyen con vosotros. (t. I, pág. 127)

sirve de sujeto, se llama caso nominativo, la forma que toma cuando sirve de complemento, caso complementario, y la que toma cuando sirve de termino, caso terminal. (t. I, pág. 128)

a. Recuerdese que los complementos son de dos especies: los unos compuestos de proposición y termino, como el que modifica al verbo en obedezco á la ley; los otros formados por el termino solo, como el que modifica al verbo en cumplo la ley (44). En el segundo ejemplo la ley es todo el complemento; en el primero no es mas que una parte del complemento, el termino. El caso me forma un complemento, y por eso lo llamo complementario; el caso mi forma solamente el término de un complemento, y por eso lo llamo terminal. (t. I, pág. 128)

  1. Pero la forma me comprende verdaderamente dos casos que es necesario distinguir; porque si bien se presenta bajo una forma invariable en los pronombres personales, en los demostrativos no es asi, como luego veremos. Cuando se dice tu me amas, el me odia, ellos me ven, yo soy el objeto amado, el objeto odiado, el objeto visto; me forma por si solo un complemento acusativo. Pero cuando se dice tu me das dinero, el me ofrece favor, ellos me niegan auxilio, la cosa dada, ofrecida, negada, es dinero, favor, auxilio; yo soy solamente el término en que acaba la acción del verbo, esto es, en que va á parar el dinero, el favor, el au xilio; yo no soy el objeto directo del verbo, sino solo la persona en cuyo provecho ó dano redunda el darse, ofrecerse ó negarse; y me forma un complemento de diversa especie, llamado dativo. (t. I, pág. 128)
  1. Hay, pues, que distinguir cuatro casos: NOMINATIVO, yo. (t. I, pág. 129)

COMPLEMENTARIO ACUSATIVO, me. (t. I, pág. 129)

COMPLEMENTARIO DATIVO, me. (t. I, pág. 129)

TERMINAL, mi. (t. I, pág. 129)

  1. En la primera persona del plural no sólo se confunden las formas de los dos casos complementarios, como en la primera de singular, sino el caso terminal con el nominativo. NOMINATIVO, nosotros, nosotras. (t. I, pág. 129)

COMPLEMENTARIO ACUSATIVO, j1OS. (t. I, pág. 129)

COMPLEMENTARIO DATIVO, nOS. (t. I, pág. 129)

TERMINAL, nosotros, nosotras. (t. I, pág. 129)

Decimos, por ejemplo, nosotros ó nosotras somos, leemos, tu nos amas, el nos odia, ella nos ve, nos das dinero, nos ofrece favor, nos negaron auxilio, no piensas en nosotros, en nosotras, no ha venido con nosotros, con nosotras. Cuando en senal de dignidad se dice nós, ya sea que hable una persona sola ó muchas, nós es nominativo y terminal; nos (sin acento), complementario acusativo y complementario dativo. (t. I, pág. 129)

  1. La declinacion de tu es análoga á la de yo. (t. I, pág. 129)

CXI (t. I, pág. 129)

COMPLEMENTARIO ACUSATIVO, te. COMPLEMENTARIO DATIVO, te. (t. I, pág. 130)

TERMINAL, ti. (t. I, pág. 130)

12l. La de vosotros es análoga á la de nosotros: NOMINATIVO, vosotros, vosotras. COMPLEMENTARIO ACUSATIVO, OS. COMPLEMENTARIO DATIVO, os. (t. I, pág. 130)

TERMINAL, vosotros, vosotras. Ejemplos: tu escribes te esperan te dan dinero; á ti, por ti. (t. I, pág. 130)

Vosotros ó vosotras escribis, os esperan, os dan dinero, á vosotros ó vosotras por vosotros ó vosotras. (t. I, pág. 130)

  1. Si en el nominativo se usa de vos en lugar de tu, se suprime la terminación otros, otras, en los casos que la tienen. 123. Los casos terminales mi, ti, cuando vienen despues de la preposición con, se vuelven migo, tigo, y componen una sola palabra con ella: conmigo, contigo. (t. I, pág. 130)

a. En lo antiguo se decia nusco y connusco, en lugar de con nosotros, con nosotras; vusco y convusco, en lugar de con vosotros, con vosotras. b. Y tambien se decia vos por os. (t. I, pág. 130)

  1. Llamanse pronombres posesivos los que á la idea de persona determinada (esto es, primera, segunda o tercera), juntan la de posesión, ó más bien pertenencia. Tales son mio, mia, mios, mias, lo que pertenece á mi; nuestro, nuestra, nuestros, nuestras, lo que pertenece á nosotros, á nosotras, á nos; tuyo, tuya, tuyos, tuyas, lo que pertenece á ti; vuestro, vitestra, vuestros, vuestras, lo que pertenece á vosotros, á vosotras, á vos; suyo, suya, suyos, suyas, lo que pertenece á cualquiera tercera persona, sea de singular ó plural. (t. I, pág. 131)
  1. Los pronombres mio, tuyo, satyo, sufren necesariamente apócope cuando construyéndose con el sustantivo le preceden, y la apócope es igualmente necesaria en ambos numeros. Mio, mia, pasan entonces á mi (sin acento); mios, mtas, á mis, tuyo, tuya, á tu (sin acento); tuyos, tuyas á tus, suyo, suya, á su, suyos, suyas, á sus. «Hijo mio, acuérdate de mis consejos, y dirige por ellos tus acciones, para que algun dia hagas tuya la recompensa de reputación y confianza que los hombres, por su propio interes, dan siempre á la buena conducta.» a. La pluralidad ficticia se extiende á los pronombres posesivos: «Considerando en nuestro pensamiento que la naturaleza humana es corruptible y que aunque Dios haya ordenado que nós hayamos nacido de sangre y espiritu real, y nos haya constituido rey y senor de tantos pucblos, no nos ha eximido de la muerte», etc. (Testamento del rey D. Fernando el Catolico.) Dicese nos en vez de yo, y nos en vez de me, y, por consiguiente, nuestro en vez de mi. «Habiendo vos, Señor, descubierto á los hombres tal bondad y misericordia, ¿es cosa tolerable que haya quien no os ame? A quien ama quien á vos no ama? ¿Qué beneficios agradece quien los vuestros no agradece?» (Granada.). (t. I, pág. 131)
  1. A semejanza de la pluralidad figurada de nos y vos, hay una tercera persona ficticia que en senal de cortesia y respeto se sustituye á la verdadera; atribuyendose, por ejemplo, á la majestad del rey, á la alteza del principe, á la excelencia del ministro, todos los actos de estos personajes, y todas sus afecciones espirituales y corporales: Su Majestad anda á caga, aun no se ha desayunado Su Alteza; Su Excelencia duerme. Y si les dirigimos la palabra, combinamos la cualidad abstracta de tercera persona con la pluralidad ficticia de segunda: Vuestra Majestad, Vuestra Alteza, Vuestra Paternidad (I). Algunos de estos titulos se (1) Sustituir á la segunda persona la tercera en senal de respeto fue costumbre antiquisima del Oriente; asi Jacob á Esau en el Génesis: «Para hallar gracia delante de mi senor», por delante de ti, y Jose á Faraon: «El sueno del Rey», en lugarde tu sueno, y Ester en el libro de su nombre han sincopado ó abreviado en términos de haberse casi obscurecido su origen, como Vutestra Señoria, que ha venido á parar en Usia, y Vuestra Merced en Usted. (t. I, pág. 132)
  1. Esta tercera persona ficticia tiene singular y plural: Su Majestad, Sus Majestades, Usia, Usias; Usted, Ustedes. Construyese siempre con la tercera persona del verbo, y en todo lo que se diga por medio de ella es necesario que nes representemos una tercera persona imaginaria, singular ó plural, masculina ó femenina, segun fuere el numero y sexo de la verdadera persona ó personas. Dicese, pues: Sit Alteza esta enferino, si se habla de un principe; enferma, si de una princesa. Su Señoria decretó, y Sus Senorias decretaron. Asi, el posesivo ordinario que se refiere á estos titulos es s2, aun cuando se hable con las personas que los lleven: Concedame Vuestra Majestad su gracia, lleveme Usted á su casa. Pero en el titulo mismo se usa vuestra (dirigiendo la palabra á la persona que lo lleva); y tanto el posesivo como los otros adjetivos que contribuyen á formar el titulo, se ponen siempre en la á Asuero: «Si he hallado gracia delante del rey, y si place al rey conceder lo que le pido, venga el rey al convite que le tengo dispuesto.» Antigua es tambien la practica de representar las personas bajo cualidades abstractas, y en Homero mismo encontramos: « La sagrada fuerza de Hercules», para designar simplemente á aquel héroe. (t. I, pág. 133)

terminación femenina: Vuestra Majestad Cesarea; Su Alteza Serenisima, Usta Ilustrisima. (t. I, pág. 134)

Hablando con personas de alta categoria, se introduce á veces vos en lugar de Vuestra Majestad, Alteza, etc., y por consiguiente vuestro en lugar de su (1). (t. I, pág. 134)

  1. A veces se emplea su innecesariamente, declarándose la idea de pertenencia por este pronombre posesivo y por un complemento á la vez: Su casa de Usted, su familia de Usted. Esto apenas tiene cabida sino en el diálogo familiar y con relación á Usted. (t. I, pág. 134)

PRONOMBRES DEMOSTRATIVOS. (t. I, pág. 134)

  1. Pronombres demostrativos son aquellos de que nos servimos para mostrar los objetos, (1) No puedo menos de hacer alto sobre una práctica introducida poco há en castellano, e imitada, como tantas otras, de los idiomas extranjeros. Dicese Su Majestad el Rey de los franceses, Su Santidad Benedicto XIV, Su Excelencia el Ministro de Estado, en lugar de la Majestad del Rey, la Santidad de Benedicto XIV, el Excelentisimo Señor Ministro. En Cervantes hallamos, si mal no me acuerdo, la Majestad del Emperador Carlos I, y su merced de la señora Lucinda. «Sale Su Santidad del Papa vestido de pontifical con doce cardenales, todos vestidos de morado», dice el mismo escritor. Jovellanos escribia: «La Santidad de Clemente VII expidio un breve»; « Este breve y el de la Santidad de Paulo V», etc. Pero la practica extranjera parece ya irrevocablemente adoptada, sin que por eso este abolida la nuestra. (t. I, pág. 134)

senalando su situación respecto de determinada persona. (t. I, pág. 135)

Este, esta, estos, estas, denota cercania del objeto á la primera persona; ese, esa, esos, esas, cercania del objeto á la segunda; aquel, aquella, aquellos, aquellas, distancia del objeto respecto de la primera y segunda persona. 130. De cada uno de los tres adjetivos precedentes sale un sustantivo acabado en o. esto, eso, aquello. Esto significa una cosa ó conjunto de cosas cerca de la primera persona; eso, una cosa ó conjunto de cosas cercanas á la segunda persona; aquello, una cosa ó conjunto de cosas distantes de la primera persona y de la segunda. Significando bajo una misma forma, ya unidad, ya pluralidad colectiva, carecen de numero plural (1). (t. I, pág. 135)

(I) Esto, eso, aquello, se miran generalmente como terceras terminaciones del adjetivo este, ese, aquel. Pero es facil probar que no hay nombre alguno de nuestra lengua que tenga mas eminentemente el caracter de sustantivo; porque 1.° Sirven de sujeto: eso no debe tolerarse, aquello no me parecio bien, 2.° Sirven de termino con preposicion ó sin ella: me limito á esto, no quiero pensar en eso, no entendi aguello. 3.° Son, á manera de los otros sustantivos, modificados por adjetivos y complementos: todo esto, aguello blanco, eso de color amarillo. (t. I, pág. 135)

4.° Estas formas demostrativas envuelven manifiestamente la idea de cosa ó coleccion de cosas: esto es esta a. Unas veces la demostración es material, y senalamos los objetos corporales en el lugar que ocupan, como en este pasaje de Quevedo: «Yo soy el Desengano; estos rasgones de la ropa son los tirones que dan de mi los que dicen que me quieren; y estos cardenales del rostro son los golpes y coces que me dan en llegando porque vine y porque me vaya.» b. Otras veces la demostracion recae sobre el tiempo, y este, esto, señalan lo presente; aquel, aquello, lo pasado ó lo futuro. Asi, esta semana es la semana en que estamos; aquel ano es ordinariamente un ano tiempo há pasado. Asi, en el Evangelio el Salvador, despues de anunciar las calamidades que habian de sobrevenir al pueblo judio, concluye diciendo: «¡ Ay de las madres en aquellos dias!» (t. I, pág. 135)

«No os admireis, les digo, Que llore y que suspire Aquel barquero pobre Que alegre conocistes.»—(Lope.) (t. I, pág. 136)

Aquel senala aqui la persona misma que habla, pero en un tiempo pasado lejano, como si el que habla cosa ó coleccion de cosas, eso, esa cosa ó coleccion de cosas. 5.° Esto, eso, aguello, no ejercen jamás el oficio caracteristico del adjetivo, que es agregarse á sustantivos, modificandolos. No se pueden formar con estas palabras construcciones análogas á las latinas hoc templum, istud corpus, illud nemus. (t. I, pág. 136)

6.° Fuera absurdo considerar á esto, eso, aquello como adjetivos sustantivados, no pudiendo subentenderseles jamás ningun sustantivo con el cual pudieran expresamente construirse. (t. I, pág. 136)

viese y mostrase su propia imagen en un cuadro algo distante. (t. I, pág. 137)

c. Si la demostración del lugar se verifica sobre los objetos reales, la del tiempo recae sobre los pensamientos e ideas, y admite importantes aplicaciones, como iremos notando. (t. I, pág. 137)

d. Cuando una de las personas que conversan alude á lo que acaba ella misma de decir, lo senala con este, esto, cuando alude á lo que el otro interlocutor acaba de decirle, se sirve de ese, eso; y si el uno recuerda al otro alguna cosa que se mira mentalmente á cierta distancia, emplea los pronombres aquel, aquello: « Hagote saber, Sancho, que es honra de los caballeros andantes no comer en un mes, y ya que coman, sea de aquello que hallaren mas á mano; y esto se te hiciera cierto si hubieras leido tantas historias como yo» (Cervantes). «No digo yo, Sancho, que sea forzoso á los caballeros andantes no comer otra cosa sino esas frutas que dices» (El mismo). «Me trae por estas partes el deseo de hacer en ellas una hazana con que he de ganar perpetuo nombre; y será tal, que con ella he de echar el sello a todo aquello que puede hacer famoso á un caballero.—¿Y ss de muy gran peligro esa hazana?» (El mismo.) Aun cuando no se habla con persona alguna deterininada, este, esto, reproducen lo que acaba de decirse; aquel, aquello, otra cosa comparativamente lejana; y como siempre que se escribe se habla en realidad con el lector, ese, eso, aluden entonces á las ideas que el escritor supone en este; lo que se extiende algunas veces á las que el mismo acaba de comunicarle. Cuando digo: la Europa esta en paz, hago nacer en el alma del que me oye ó me está leyendo una idea que existe en la mia: la idea de la paz de Europa pertenece desde entonces al entendimiento del oyente ó lector lo mismo que al mio; puedo, pues, senalarla en el uno ó el otro á mi arbitrio, y, por consiguiente, lo mismo será que anada: Pero quien sabe cuanto duvará esta paz ó esa paz. La primera locucion es la mas usual: la segunda tiene algo de ms expresivo, pero debe emplearse con economia, y no á todo propósito, como hacen algunos. (t. I, pág. 137)

e. Si se trata de reproducir dos ideas comunicadas poco tiempo antes, nos servimos ordinariamente de este y aquel, esto y aquello. este, esto, muestran la idea que dista menos del momento de la palabra: aquel, aguello, la otra idea. «Divididos estaban caballeros y escuderos, estos contándose sus trabajos, y aguellos sus amores» (Cervantes). Alguna vez, sin embargo, se emplean con la misma diferencia de significado este, esto, y ese, eso. Los poetas suelen tambien en esta doble reproduccion de ideas trocar los demostrativos: (t. I, pág. 138)

«Yo aquel que en los pasados Tiempos canté las selvas y los prados, Estas, vestidas de arboles mayores, Aguellos, de ganados y de flores».—(Lope.) licencia que no tiene inconveniente alguno en este pasaje, porque las terminaciones genéricas de los demostrativos senalan con toda claridad el sustantivo á que cada cual se refiere (1). (t. I, pág. 138)

(1) Notese que generico significa unas veces lo mismo que general, y otras lo perteneciente á lo que se llama penero en gramática. (t. I, pág. 138)

f. En lugar de este, esto, ese, eso, se solla decir aqueste, aquesto, aquese, aqueso; uso casi totalmente desterrado de la prosa en el dia, y raro aun en verso. (t. I, pág. 139)

g. Ese, eso (recobrando la fuerza de su origen latino ipse), significan á veces el mismo, lo mismo: «Eso se me da que me den ocho reales sencillos, que una pieza de á ocho» (Cervantes). «Como yo este harto, decia Sancho, eso me da que sea de zanahorias que de perdices» (Cervantes). (t. I, pág. 139)

h. Tomada fué tambien del latin la nota de desprecio ó vilipendio que asociamos á ese, eso: Rioja senala asi á los hipocritas: (t. I, pág. 139)

«Esos inmundos trágicos, atentos Al aplauso comun, cuyas entranas Son infaustos y obscuros monumentos»: (t. I, pág. 139)

y Rivadeneira dice hablando de si mismo y de lo que debió á San Ignacio: «Por cuyas piadosas lagrimas y abrasadas oraciones confieso yo ser eso poco que soy.x 1. En lugar de este otro, ese otro, esto otro, eso otro, se empleaban tambien los compuestos estotro, esotro, no enteramente anticuados. En el uso reproductivo es elegante la designación del menos cercano de dos conceptos por medio de esotro: «Finalmente hubieron los de Noyon de ceder al cuarto asalto, con muerte y prisión de toda la gente de guerra, dejando el más honrado ejemplo de como se debe defender una plaza; que aunque muchos salen de ellas entera la honra y la vida, esotro es lo más asegurado» (Coloma). Aqui se comparan dos conceptos: el de defender una plaza á todo trance y el de capitular; esotro reproduce el primero, que es el mas distante. «Hacia fuerza en el animo catolico del rey el deseo de conservar la fe en Francia, cuyos historiadores, apasionados sin duda en este juicio, no acaban de darle otros motivos politicos; mas aunque pudo haber algunos de los que se han senalado, el principal fue esotro» (Coloma). (t. I, pág. 139)

j. Pero aunque esotro se refiere de ordinario á lo más distante, no habrá inconveniente en referirlo á la mas cercana de dos ideas, cuando por la terminación generica se da á conocer cual de las dos se reproduce: «Donde los cuerpos deliberantes son mas de uno, el mismo influjo (I) ha de prevalecer en todos para que no sean la gobernacion y el Estado entero, aquella una guerra continua, y esotro un campo de batalla» (Alcalá Galiano). Si se sustituyese gobierno á gobernacion, todavia pudiera defenderse el empleo de esotro, porque, alternando con aquel, no podria dudarse que este ultimo demostrativo es al que toca la reproducción de lo mas distante. (t. I, pág. 140)

(I) Creo que hubiera sido mas propio un mismo influjo; el mismo influjo significa el influjo de que se acaba de hablar, y no es eso lo que quiso decir el autor; en otra parte hablaré del diverso valor de las expresiones el mismo y un mismo. (t. I, pág. 140)

Capítulo XIV. Artículo definido

13l. Comparemos estas dos expresiones, aquella casa que vimos, esta casa que vemos. Si ponemos la en lugar de aguella y de esta, no haremos otra diferencia en el sentido que la que proviene de faltar la indicación accesoria de distancia ó de cercania, que son propias de los pronombres aguel y este. El la es, por consiguiente, un demostrativo como aquella y esta, pero que demuestra ó senala de un modo más vago, no expresando mayor ó menor distancia. Este demostrativo, llamado ARTICULO DEFINIDO, es adjetivo, y tiene diferentes terminaciones para los varios generos y numeros: el campo, la casa, los campos, las casas. 132. Juntando el articulo definido á un sustantivo, damos á entender que el objeto es determinado, esto es, consabido de la persona á quien hablamos, la cual, por consiguiente, oyendo el articulo, mira, por decirlo asi, en su mente al objeto que se le senala. Si yo dijese: ¿que les ha parecido á ustedes la fiesta?, creeria sin duda que al pronunciar yo estas palabras se levantaria, como por encanto, en el alma de ustedes la idea de cierta fiesta particular; y si asi no fuera, se extranaria la expresión. Lo mismo que si, dirigiendo el dedo á una parte de mi aposento, dijese: ¿que les parece á ustedes aquella flor?, y volviendo ustedes la vista no acertasen á ver flor alguna. El articulo (con esta palabra usada absolutamente se designa el definido), el articulo, pues, senala ideas; ideas determinadas, consabidas del oyente ó lector; ideas que se suponen y se senalan en el entendimiento de la persona á quien dirigimos la palabra (1). (t. I, pág. 141)

a. El articulo precede á sustantivos ó expresiones sustantivas, v. gr.: el rey, el rey de los franceses, la presente reina de Inglaterra. (t. I, pág. 142)

b. Unas veces el sustantivo ó frase sustantiva que lleva articulo definido es determinado por las circunstancias, como cuando decimos «la ciudad está triste»: otras se toma el sustantivo ó frase sustantiva en toda la latitud que admite; v. gr.: «la tierra no cultivada produce solo malezas y abrojos.» c. Pudiera pensarse que cuando se toma un sustantivo en toda la extensión de su significado, no deberiamos emplear el articulo. ¿De qué materia (1) Vease la nota V. (t. I, pág. 142)

determinada se trata cuando decimos la materia es incapaz de pensar? Tomandose el sustantivo en toda la latitud de su significado, para que sirve el articulo (1)? En nuestra lengua sirve entonces para indicar que se trata de toda una clase de objetos que se supone conocida. Asi, la materia, en ese ejemplo, es toda materia, y mediante el articulo senala el significado general de la palabra en el entendimiento de aquellos á quienes hablamos. Si se tratase de una clase de objetos que no supiesemos consabida, v. gr., de una especie de animales recientemente descubierta, no seria natural senalarla con el articulo definido. Diriamos, por ejemplo: «En la Nueva Holanda hay un animal llamado ornitorrinco, cuya estructura», etc. Para juntar el articulo definido con el nombre de una clase no consabida, seria necesario que inmediatamente la definiesemos: «El ornitorrinco, animal poco há descubierto en la Nueva Holanda», etc. (t. I, pág. 143)

  1. Antiguamente el articulo femenino de singular era ela (2). Dijose, pues, ela agua, (1) En efecto, hay lenguas, como la inglesa, que no suelen emplear el articulo en esta significacion general, y que lo omiten, por ejemplo, en expresiones parecidas á estas: «Hombre es el estudio propio de género humano»; The proper study of mantind is man. (t. I, pág. 143)

(2) Las formas antiguas del articulo definido adjetivo eran el, ela, elos, elas como se ve en estos versos del Alejandro: «Por vengar ela ira olvidó lealtad.» (t. I, pág. 143)

«Fueron elos troyanos de mal viento feridos.» « Exian de Paraiso elas tres aguas sanctas.» (t. I, pág. 143)

ela aguila, ela arena, y confundiendose la a final del articulo con la a inicial del sustantivo, se pasó á decir y escribir el agua, el aguila, el arena. De aqui proviene que usamos al parecer el articulo masculino de singular antes de sustantivos femeninos que principian por a. Hoy no es costumbre poner el por la sino cuando la a inicial del sustantivo que inmediatamente sigue es acentuada: el agua, el aguila, el alma, el hambre, el arpa (1). Cuando se habla de la letra a, se dice arbitrariamente el a y la a. (t. I, pág. 144)

  1. Concurriendo la preposición a ó de con el articulo masculino ó femenino ef, se forma de las dos dicciones una sola: al rio, al agua, del rio, del agua (2). Acostumbrase separar la En la version castellana del Fuero Juzgo leemos: «De las bonas costunmes nasce ela paz et ela concordia.» «Todo querian para si retener elos principes.» Como nuestro el femenino es el antiguo ela, parece que deberiamos senalar la elision del a escribiendo el' alma, como en frances l’ame y en italiano l’anima. (I) En tiempo de Ceryantes se decia tambien á veces el antes de sustantivos que comenzaban por a no acentuada: el alegria, el arena, el acemila, antes de adjetivos: el alta sierra, y mas antiguamente antes de nombres que principiaban por otras vocales: el espada. (2) Un poeta moderno acostumbra disolver el al cuando el nombre siguiente principia por esta sflaba: á el alma, á el alcance, practica que me parece digna de imitarse para evitar la cacofonia al al. (t. I, pág. 144)

preposición del articulo cuando este forma parte de una denominación ó apellido que se menciona como tal, ó del titulo de una obra, v. gr.: «Rodrigo Diaz de Vivar es generalmente conocido con el sobrenombre de el Cid»; «Pocas comedias de Calderón aventajan á El postrer duelo de Espana.» (t. I, pág. 145)

  1. Los demostrativos este, ese, aquel, se sustantivan como los otros adjetivos, y eso mismo sucede con el articulo, que toma entonces las formas el (con acento), ella, ellos, ellas (aunque no siempre, como luego veremos): «El criado que me recomendaste no se porta bien; no tengo confianza en el»; el es el criado que me recomendaste: «La casa es comoda; pago seiscientos pesos de alquiler por ella»; ella es la casa: «Los árboles están floridos; uno de ellos ha sido derribado por el viento»; ellos reproduce los arboles: « Las senoras acaban de llegar; viene un caballero con ellas »; ellas se refiere á las senoras. Hemos visto (cap. IX) que la estructura material de varios nombres se abrevia en situaciones particulares; parece, pues, natural que miremos las formas el, la, los, las, como abreviaciones de el, ella, ellos, ellas, y estas ultimas como las formas primitivas del articulo (1). Sin embargo, á las formas abre (1) Destutt de Tracy reconoce la identidad del articulo le y el pronombre il en frances. ¿Como es que en castella CXI viadas es á las que se da con más propiedad el titulo de articulos. (t. I, pág. 145)
  1. Veamos ahora en que situaciones requiere nuestra lengua que se usen las formas sincopadas del articulo. Para ello es necesario, ó que se construya con sustantivo expreso, ó que se ponga al sustantivo subentendido alguna modificación especificativa: «Alternando el bien con el mal, consuela á los infalices la esperanza, y hace recatados á los dichosos el miedoy (Coloma); dicese el bien, el mal, la esperanza, el miedo, sincopando el articulo, porque lo construimos con sustantivo expreso: en los infelices, los dichosos, se entiende hombres, y no se dice ellos, sino los, por causa de las especificaciones infelices, dichosos. «No cria el Guadiana peces regalados, sino burdos y desabridos, muy diferentes de los del Tajo dorado» (t. I, pág. 146)

(Cervantes); dicese, sincopando, el Guadiana, el Tajo, porque no se subentiende el sustantivo; y los, no ellos, subentendiendose peces, por causa del complemento especificativo del Tajo dorado (I). (t. I, pág. 146)

no, donde salta á los ojos la de el y el, tienen algunos dificultad en aceptarla? (t. I, pág. 146)

(1) Esta es una particularidad en que el castellano difiere de muchas otras lenguas, y á que deben prestar especial atencion los extranjeros. Asf, el los del ejemplo de Cervantes no podria traducirse en frances por les, en italiano por i, en ingles por the, etc. (t. I, pág. 146)

  1. Cuando la modificación es puramente explicativa, se usa la forma integra del articulo, no la sincopada: « Ellos, fatigados de tan larga jornada, se fueron á dormir»; «Ella, acostumbrada al regalo, no pudo sufrir largo tiempo tantas incomodidades y privaciones.» 138. « Divididos estaban caballeros y escuderos, estos contándose sus trabajos, y aquellos sus amoress: aqui se trata de reproducir dos conceptos, y por tanto se emplean dos pronombres demostrativos, que denotan más menos distancia. «Voy á buscar á una princesa, y en ella al sol de la hermosurax (Cervantes); tratándose ahora de reproducir un concepto que no hay peligro de que se confunda con otro, no es preciso indicar más ó menos distancia, y nos basta a vaga demostración del articulo. Observese, con todo, que la variedad de las terminaciones el, ella, ellos, ellas, nos habilita para reproducir, no solo con claridad, sino con elegancia, dos sustantivos de diferente género ó numero, sin indicar más ó menos distancia: « Echaron de la nave al esquife un hombre cargado de cadenas, y una mujer enredada y presa en las cadenas mismas: el de hasta cuarenta anos de edad, y ella de más de cincuenta; el brioso y despechado, ella melancolica y triste» (Cervantes). «Lo que levantó tu hermosura lo han derribado tus obras; por ella entendi que eras angel, y por ellas conozco que eres mujerx (Cer vantes). «Determinaron los jefes del ejercito catolico aguardar el socorro del Papa, esperando alguna buena ocasión de las que suele ofrecer el tiempo á los que saben aprovecharse dellas y dels (Coloma). (t. I, pág. 147)
  1. Asi como de los demostrativos este, ese, aquel, nacen los sustantivos esto, eso, aquello, de el ó el nace el sustantivo ello ó lo, empleándose la forma abreviada lo cuando se le sigue una modificacion especificativa: “ En las obras de imaginación debe mezclarse lo util con lo agradable»: «Quiero conceder que hubo doce pares de Francia; pero no quiero creer que hicieron todas aquellas cosas que el arzobispo Turpin escribe, porque la verdad de ello es que», etc. (Cervantes.) «¿Que ingenio habrá que pueda persuadir á otro que no fue verdad lo de la infanta Floripes y Gui de Borgona, y lo de Fierabrás con la puente de Mantible?» (El mismo). «En lo de que hubo Cid no hay duda, ni menos Bernardo del Carpio» (El mismo). Ello ó lo carece de plural. (t. I, pág. 148)

Dicese el mero necesario y lo meramente necesario, el verdadero sublime y lo verdaderamente sublime. Necesario, sublime, en la primera construcción están usados como sustantivos, y son modificados por adjetivos. En la segunda el sustantivo es lo, modificado por necesario y sublime, que conservan su carácter de adjetivos y son modificados por adverbios. (t. I, pág. 148)

a. Este, ese, esto, eso, y las formas integras del articulo definido se juntaban en lo antiguo con la preposicion de, componiendo como una sola palabra: deste, desta, destos, destas, desto; dese, desa, desos, desas, deso; ael, della, dellos, dellas, dello: practica de que ahora solo hacen uso alguna vez los poetas (1). 140. Las formas integras el, ella, ellos, ellas (no las abreviadas el, la, los, las), se declinan por casos. Su declinación es como sigue: (t. I, pág. 149)

TERMINACIóN MASCULINA DE SINGULAR. (t. I, pág. 149)

Nominativo y terminal, el. (t. I, pág. 149)

Complementario acusativo, le ó lo. (t. I, pág. 149)

Complementario dativo, le. (t. I, pág. 149)

TERMINACIN MASCULINA DE PLURAL. (t. I, pág. 149)

Nominativo y terminal, ellos. (t. I, pág. 149)

Complementario acusativo, los, á veces les. Complementario dativo, les. (t. I, pág. 149)

(1) Aqui parece oportuno advertir una cosa que en rigor pertenece más á la urbanidad que á la gramatica: y es, que las personas que se merecen alguna consideración y respeto no deben designarse en la conversacion con los desnudos representativos el, este, ese, aquel, sobre todo cuando se habla con sus deudes ó allegados. ¿Como esta el?, es una pregunta incivil, dirigida á la familia de la persona de cuya salud queremos informarnos. Decir el en lugar de usted, es casi un insulto. ¿Quien es este? indica (t. I, pág. 149)

TERMINACION FEMENINA DE SINGULAR. Nominativo y terminal, ella. (t. I, pág. 150)

Complementario acusativo, la. Complementario dativo, le ó la. TERMINACION FEMENINA DE PLURAL. Nominativo y terminal, ellas. Complementario acusativo, las. Complementario dativo, les ó las. Ello se declina del modo siguiente: Nominativo y terminal, ello. (t. I, pág. 150)

Complementario acusativo, lo. Complementario dativo, le. (t. I, pág. 150)

EJEMPLOS. (t. I, pág. 150)

«¿Sabe usted el accidente que ha sucedido á nuestro amigo? El (nominativo) salia de su casa, cuando le ó lo (vomplementario acusativo) asaltaron unos ladrones, que se echaron sobre el (terminal) y le (complementario dativo) quitaron cuanto llevaba.» «Se ha levantado á orilla del mar una hermosa ciudad: la (complementario acusativo) adornan edifiria que la persona asi designada presentaba una apariencia poco digna de respeto. Ese envolveria positivamente desprecio, Es preciso en casos tales vestir, por decirlo asi, el pronombre: ¿Quien es este caballero?; Donde conoció usted á ese sujeto? (t. I, pág. 150)

cios elegantes: nada falta en ella (terminal) para la comodidad de la vida: la (complementario acusativo) visitan extranjeros de todas naciones, que le ó la (complementario dativo) traen todos los productos de la industria humana; ella (nominativo) es, en suma, una maravilla para cuantos la (complementario acusativo) vieron veinte anos há y la (complementario acusativo) ven ahora.» (t. I, pág. 151)

«Se enganan á menudo los hombres, porque, no observando con atencin las cosas, sucede que estas les (complementario dativo) presentan falsas apariencias, que los (complementario acusatizo) deslumbran: si no juzgaran ellos (nominativo) con tanta precipitacion, ni los (complementario acusativo) extraviarian tan frecuentemente las pasiones, ni veriamos tanta diversidad de opiniones entre ellos» (termina!). «Creen las mujeres que los hombres las (complementario acusativo) aprecian particularmente por su hermosura y sus gracias; pero lo que les ó las (complementario dativo) asegura para siempre una estimacion verdadera es la modestia, la sensatez, la virtud: sin estas cualidades solo reciben ellas (nominativo) homenajes efimeros; y luego que la edad marchita en ellas (terminal) la belleza, caen en el olvido y el desprecio.» (t. I, pág. 151)

«Se dice que el comercio extranjero civiliza; y aunque ello (nominativo) en general es cierto y vemos por todas partes prueba de ello (terminal), no debemos entenderlo (complementario acusativo) tan absolutamente ni darle (complementario dativo) una fe tan ciega que nos descuidemos en tomar precauciones para que ese comercio no nos corrompa y degrade.» (t. I, pág. 151)

14l. Obsérvese que los casos complementarios preceden ó siguen siempre inmediatamente al verbo ó á ciertas palabras que se derivan del verbo y le imitan en sus construcciones (cap. XV). Cuando preceden, se llaman afijos; cuando siguen, encliticos, que quiere decir arrimados, porque se juntan con la palabra precedente, formando como una sola dicción. Asi se dice: me parece ó pareceme; os agradezco ó agradezcoos, le ó lo traje, y trajele ó trajelo, le dije ó la dije, y dijele ó dijela, presentarles, presentandolas, etc. (t. I, pág. 152)

  1. Se llama sentido reflejo aquel en que el termino de un complemento que modifica al verbo se identifica con el sujeto del mismo verbo, como cuando se dice: yo me desnudo, ti te ves al espejol, vos os pusisteis la capa, la persona que desnuda y la persona desnudada son una misma en el primer ejemplo, como lo son en el segundo la persona que ve y la persona que es vista, y en el tercero la persona que pone y la persona á quien es puesta la capa. 143. En la primera y segunda persona los casos complementarios y terminales no varian de forma cuando el sentido es reflejo; pero en la tercera persona varian. Las formas reflejas de esos casos para todos los generos y numeros de tercera persona, son siempre se, si. Se es complementario acusativo y dativo; si terminal, que se construye con todas las preposicio (t. I, pág. 152)

L53 nes, menos con, despues de la cual se vuelve sigo y forma como una sola palabra con ella: hé aqui ejemplos: (t. I, pág. 153)

Complementario acusativo: «El nino ó la nina se levanta»; «Los caballeros ó las senoras se vestian»; «Aquello se precipita á su ruina.» (t. I, pág. 153)

Complementario dativo: « El ó ella se pone la capa»; «Los pueblos ó las naciones se hacen con su industria tributario el comercio extranjerox; “Aquello se atrala la atencion de todos.» (t. I, pág. 153)

Terminal: «Ese hombre, ó esa mujer no piensa en si»; «Estos arboles ó estas plantas no dan de si»; «Eso pugna contra si.» (t. I, pág. 153)

Terminal construido con la preposición con: «El padre ó la madre llevó los hijos consigo»; « Ellos ó ellas no las tienen todas consigos; «Esto parece estar en contradiccion consigo mismo.» (t. I, pág. 153)

a. Algunas veces aplicamos el terminal si á objetos distintos del sujeto: «Para diferenciar á los vegetales entre si, debe el botánico atender en primer lugar al desarrollo de la semilla»; lo cual no tiene nada de irregular cuando el complemento á que pertenece el si viene inmediatamente precedido del nombre á que este si se refiere. (t. I, pág. 153)

  1. De los cuatro casos de la declinación castellana, el nominativo se llama recto, los otros oblicuos, que en el sentido reflejo toman el titulo de casos reflejos. (t. I, pág. 153)

Usase el nominativo para llamar á la segunda persona ó excitar su atención, y se denomina entonces vocativo: «Valame Dios, y ¡que necedades vas, Sancho, ensartando!» (Cervantes). Mas á veces este llamamiento es una mera figura de retórica, Lupercio de Argensola, describiendo la vida del labrador, concluye asi: (t. I, pág. 153)

«Vuelve de noche á su mujer honesta, Que lumbre, mesa y lecho le apercibe, Y el enjambre de hijuelos le rodea. »Fariles cosas cena con gran fiesta, Y el sueno sin envidia le recibe: (t. I, pág. 154)

¡Oh Corte, oh confusion! ¿quien te desea?» Precede frecuentemente al vocativo una interjección, como se ve en el ultimo ejemplo. (t. I, pág. 154)

  1. La declinación por casos es exclusivamente propia de los pronombres yo, tu, el (en ambos numeros y géneros) y ello;; los otros nombres no la tienen, pues que su estructura material no varia, ya se empleen como nominativos designando el sujeto, ya como complementos ó terminos. En este sentido los llamamos indeclinables. (t. I, pág. 154)
  1. Conviene advertir que caso complementario y complemento significan cosas diversas. Los casos complementarios son formas que toman los nombres declinables en ciertas especies de complementos. (t. I, pág. 154)
  1. El complemento acusativo (llamado también directo y objetivo) se expresa de varios modes en castellano. Si el termiuo es un nombre indeclinable, formamos el complemento acusativo ó con el termino solo, ó anteponiendo al termino la preposición á.: « Los insectos destruyen la huerta», «La patria pide soldados» « El general mandó fusilar á los desertores» «El juez absolvió al reo.» (t. I, pág. 154)

Si el término es un nombre declinable, damos á este nombre dos formas diversas, una para cuando el complemento acusativo se expresa con el termino sólo, y otra para cuando se expresa con el término precedido de la preposicion á. «Me llaman», «A mi llaman, no á ti», me designa por si solo el complemento; mi no designa más que el término, y esto es lo que se quiere significar llamando caso complementario al primero y terminal al segundo. (t. I, pág. 155)

Cuando decimos los insectos destruyen la huterta, la huerta es un complemento acusativo, porque significa la cosa destruida; pero no es un caso complementario de ninguna clase, porque huerta no tiene casos y bajo una forma invariable es nominativo (la huerta florece), complemento acusativo (compre una huerta), y termino de varias especies de complemento (pondre una cerca á la huerta, vamos á la huerta, los arboles de la huerta, etc.). (t. I, pág. 155)

  1. En los nombres declinables el complemento dativo lleva siempre la preposición á.: «Pondre una cerca á la huerta.» Pero en los nombres declinables se forma este complemento ó por medio de un caso complementario, «Les comuniqué la noticia», ó por medio del caso terminal precedido de á, «A mi se confió el secreto.» 149. Conviene tambien advertir que la preposicion á no sólo se usa en acusativos y dativos, sino en muchos otros complementos. Asi, en «Los reos apelaron al juzgado de alzada», «La senora estaba sentada á la puerta», «El eclipse comenzó á las tres de la tarde», los complementos formados con la preposición á no son acusativos ni dativos, porque, si lo fueran, podrian ser reemplazados por casos complementarios; y si, por ejemplo, se hubiese antes hablado de la puerta, podria decirse, reproduciendo este sustantivo: «la senora le ó la estaba sentada»; le ó la en el caso complementario dativo, y la en el caso complementario acusativo. Como ni uno ni otro es admisible, y solo sería licito decir á ella, entendiendo á la puerta, es claro que en el ejemplo de que se trata no podemos mirar este complemento como acusativo ni como dativo. (t. I, pág. 155)
  1. Asi como el llevar la preposición á no es senal de complemento acusativo ó dativo, el no llevar preposición alguna tampoco es senal de complemento acusativo. En «el lunes llegará el vapor», el lunes es un complemento que carece de preposición, y que, sin embargo, no es acusativo, porque, si lo fuese y hubiera precedido la mención de ese lunes, seria licito decir «le ó lo llegará el vapor», sustituyendo le ó lo á el lunes (1). (t. I, pág. 156)

(1) Vease la Nota Vl. (t. I, pág. 157)

Capítulo XV. Del género neutro

15f. Atendiendo á la construcción del adjativo con el sustantivo, no hay más que dos generos en castellano, masculino y femenino; pero atendiendo á la representación ó reproducción de ideas precedentes por medio de los demostrativos, hay tres géneros; masculino, femenino y neutro. (t. I, pág. 159)

Los sustantivos son generalmente reproducidos por demostrativos adjetivos, que sustantivándose toman las terminaciones correspondientes al genero y numero de aquellos: «Estuve en el paseo», xen la alameda», «en los jardines», «en las ciudades vecinas», «y vi poca gente en els, gen ella», «en ellos», xen ellas». Pero hay ciertos sustantivos que no pueden representarse de este modo, y que por eso se llaman neutros. (t. I, pág. 159)

a. Primeramente, los demostrativos sustantivos se representan unos á otros. Si digo, por ejemplo, (t. I, pág. 159)

«Eso me desagrada», no puedo anadir: «Es preciso no pensar mas en el», ni «en ella», sino «en ello». Asi, eso, masculino en cuanto pide la terminación masculina del adjetivo que lo modifica (eso es bueno, eso es falso), no es masculino ni femenino en cuanto á su reproducción ó representación en el razonamiento; y, por consiguiente, es neutro bajo este respecto, porque neutro quiere decir ni uno ni otro, esto es, ni masculino ni femenino. Lo mismo sucede con otros varios sustantivos, como poco, mucho, algo, etc., que, sin embargo de ser masculinos en su construccin con el adjetivo, tampoco pueden reproducirse sino por medio de sustantivos: «Poco tengo, pero estoy contento con eso», no con ese; «Mucho me dijeron, pero apenas lo (no le) tengo presente»; «Algo intenta; algun dia lo (no le) descubriremos»: eso reproduce á poco, lo á mucho y algo. En el discurso de esta gramatica daremos á conocer otros sustantivos masculinos que en cuanto al modo de reproducirse en el razonamiento son del género neutro. (t. I, pág. 160)

b. Ahora nos contraeremos á una clase numerosa de sustantivos, llamados infinitivos, que terminan todos en ar, er, ir, y se derivan inmediatamente de algun verbo, como comprar de compro, vender de vendo, caer de caigo, existir de existo, morir de mutero. Todos ellos son neutros: «Estabamos determinados á partir, pero hubo dificultades en ello, y tuvimos que diferirlo»: ello y lo representan á partir. Si en lugar de un infinitivo hubiesemos empleado otro sustantivo; si hubiesemos dicho, v. gr., estabamos determinados á la partida, hubieramos continuado asi: pero hubo dificultades en ella, y tuvimos que diserirla. Y si en vez de á la partida se hubiese dicho al viaje, hubiera sido menester que en la segunda proposicion se dijese en el, y en la tercera se hubiera podido poner diferirle ó diferirlo, porque el acusativo masculino de el es le ó lo. (t. I, pág. 160)

Decimos: «El estar tan ignorante y embrutecida una parte del pueblo consiste en la excesiva desigualdad de las fortunas», construyendo á estar con el, que es la terminación masculina del articulo adjetivo; y, sin embargo, no permite la lengua reproducir este sustantivo con le, sino con lo: «No podemos atribuirlo á otra cosa.» Variese el sujeto de la primera proposicion: digase, v. gr., el embrutecimiento de una parte del pueblo, y se permitirá decir en la segunda atribuirle (I). (t. I, pág. 161)

c. Además, si tratamos de reproducir un conjunto de dos ó más sustantivos que signifiquen cosas (no personas), podemos hacerlo muy bien por medio de sustantivos neutros, porque es propio de ellos significar, ya unidad, ya pluralidad colectiva: «¿Donde están ahora (dice Antonio de Nebrija) aquellos pozos de plata que cavó Anibal? ¿Donde aquella fertilidad de oro? ¿Donde aquellos mineros de piedras trasparentes? ¿Donde aquella maravillosa naturaleza del arroyo que pasa por Cartagena, para adelgazar, pulir y blanquear el lino? Ningun rastro de esto se halla en nuestros tiempos.» Esto reproduce colectivamente aguellos pozos, aquella fertilidad, aquellos mineros, aquella maravillosa naturaleza del arroyo. (1) Lo puede ser complementario acusativo de el ó de ello. Pero cuando es complementario acusativo de ello no puede absolutamente convertirse en le, como puede cuando es complementario acusativo de el, CXI Er. (t. I, pág. 161)

«Un solo interes, una sola accion, un solo enredo! un solo desenlace; eso pide, si ha de ser buena, toda composicion teatral» (Moratin). Eso es un solo interes, una sola accion, etc. Y notese que, aun cuando fuesen de un solo genero los sustantivos, pudieramos reproducirlos del mismo modo; si en el primero de los ejemplos precedentes, en lugar de aquella fertilidad de oro, y de aquella maravillosa naturaleza del arroyo, pusiésemos aquel oro tan abundante y aquel arroyo maravilloso; y si en el segundo omitiésemos una sola accion, no habria necesidad de variar el demostrativo eso. Asi, un conjunto de sustantivos que significan cosas, es, para la reproducción de ideas, equivalente á un sustantivo neutro, bien que podemos reproducirlos tambien por ellos ó ellas en el género que corresponda; por ellos si los sustantivos reproducidos son masculinos ó de diversos géneros, por ellas si son femeninos: «Un solo interes, una sola acción, un solo enredo, un solo desenlace, toda composicion teatral los pide»; «Una sola pasión dominante, una completa concentración de interes, una trama habilmente desenlazada, pocas fabulas dramaticas han acertado á veunirlas.» (t. I, pág. 162)

Si se trata de reproducir ideas de personas, las de un mismo sexo son reproducidas colectivamente por el género correspondiente á el; las de sexos diversos por el género masculino: «A la reina y á la princesa no pude verlas»; «Al principe y á la princesa no pude verlos.» Un conjunto de seres personales no podria ser reproducido por un sustantivo neutro. (t. I, pág. 162)

d. Sirven asimismo los demostrativos neutros para reproducir conceptos precedentes que no se han declarado por sustantivos, sino por verbos ó por proposiciones enteras: «El alcalde, conforme á las instrucciones que llevaba, mandó al marques y á su hermano que desembarazasen á Cordoba: tuvo esto el marques por grande injuria» (Mariana); esto significa haber mandado el alcalde al marques ; a su hermano que desembarazasen á Cordoba. «¿No has echado de ver que todas las cosas de los caballeros andantes parecen quimeras, necedades y desatinos, y que son todas hechas al reves? Y no porque sea ello asi, sino porque entre nosotros andan siempre encantadores» (Cervantes). Es como si dijéramos; no porque la cosa ó la verdad del hecho sca asi, ni porque las cosas de los caballeros andantes sean hechas al veves, etc. (t. I, pág. 162)

e. Finalmente, empleamos los demostrativos neutros para reproducir un nombre bajo el concepto de predicado. Por ejemplo: «Le preguntó (don Quijote al primero de los galeotes) que por que pecados iba de tan mala guisa. El respondió que por enamorado.—¿Por eso no mas? replico don Quijote.» Eso quiere decir enamorado. «Este, senores, va á galeras por musico y cantor.—¿Pues cómo? ¿Por musicos y cantores van tambien á galeras?» Musicos y cantores son aqui predicados del sustantivo tácito los hombres, y si Cervantes, en lugar de expresarlos de nuevo, se hubiera limitado á reproducirlos por medio de un demostrativo, hubiera dicho por eso. (t. I, pág. 163)

Lo es el demostrativo que de ordinario representa nombres como predicados, modificando á soy, estoy, parezco u otros verbos de significación analoga: «Todos se precian de patriotas, y sin embargo de que muchos lo parecen, ¡cuán pocos lo son!» Lo quiere decir patriotas, y hace a patriotas predicado de mu chos y pocos, modificando á parecen y son. «Hermoso fue aquel dia, y no lo fue menos la noche»; «Excesivas franquezas pueden ser perjudiciales, pero siempre lo ser más un monopolio.» Lo quiere decir hermosa, perjudicial, reproduciendo como predicados los adjetivos hermosa, perjudiciales, con la variacion de género y numero que corresponde á los sustantivos noche y monopolio. «La Alemania está hoy cubierta de ciudades magnificas, donde antes lo estaba de impenetrables bosques»; de impenetrables bosques es un complemento que modifica á cubierta, representado por lo, que hace á este adjetivo predicado de Alemania, sujeto tacito de estaba. (t. I, pág. 163)

f. Como un complemento puede equivaler á un adjetivo, siguese que puede ser reproducido por un demostrativo neutro bajo el concepto de predicado: «Si esta aventura fuere de fantasmas, como me lo va pareciendo, ¿adónde habrá costillas que lo sufran?» (Cervantes); me lo va parcciendo quiere decir me va pareciendo de fantasmas: este complemento, reproducido por lo, se hace predicado de esta aventura, sujeto tacito de va. (t. I, pág. 164)

g. Y si un adverbio puede resolverse en un complemento que equivalga á un adjetivo, podra reproducirse de la misma manera: «Amadis fue el norte, el lucero, el sol de los valientes..... Siendo, pues, esto asi, como lo es, el caballero andante que mas le imitare estará mas cerca de alcanzar la perfeccion de la caballeria» (Cervantes): lo es quiere decir es asi, es de este modo, es tal, predicado de esto, sujeto tácito del verbo es. (t. I, pág. 164)

h. No se debe reproducir como predicado un nombre que sólo se halla envuelto en otra palabra: (t. I, pág. 164)

«Desistiose por entonces del ataque de Jesus Maria; pero lo fueron otros puntos de importancia» (el Duque de Rivas): lo quiere decir atacados, envuelto, escondido, por decirlo asi, en ataque. Por la misma razon me pareceria algo violenta esta frase: «No se pudieron desembarcar las mercaderias, pero lo fue la gente», dando á lo el valor de desembarcada, envuelto en desembarcar (1). En los escritores de ahora dos siglos, lejos de evitarse estas reproducciones viciosas, se buscaban y se hacia gala de ellas, representando con el lo adjetivos que era preciso desentranar de otras palabras en que estaban envueltos. El lo representativo de predicados, es el caso complementario acusativo de ello (2). (t. I, pág. 165)

  1. Son, pues, neutros los sustantivos esto, eso, aquello, ello ó lo; mucho, poco, algo, y los infinitivos de los verbos, como cantar de canto, comer de como, partir de parto. Equivale á un neutro una serie de sustantivos que significan cosas y que se reproducen colectivamente. (t. I, pág. 165)

Y damos el mismo valor á los conceptos precedentes expresados por verbos y proposiciones, y á los que se reproducen como predicados (3), (1) Creo que ni aun el participio sustantivado puede reproducirse como predicado, y que no seria correcto: «Cuando se hubo desembarcado la gente, lo fueron las mercaderias.» (t. I, pág. 165)

(2) Vease la nota VIII. (t. I, pág. 165)

(3) Lo, en la primera edad de la lengua, era elo. En Alejandro se lee: (t. I, pág. 165)

«Alzan elo que sobra forte de los tauleros,» (t. I, pág. 165)

Capítulo XVI. Pronombres relativos, y primeramente el relativo que

a. Analizando el ejemplo siguiente: «Las estrellas son otros tantes soles; estos brillan con luz propia», se ve que se compone de dos proposiciones: las estvellas es el sujeto, y son otros tantos soles el atributo de la primera: estos (adjetivo sustantivado) es el sujeto, y brillan con luz propia el atributo de la segunda. Estos reproduce el sustantivo soles precedente, y enlaza en cierto modo la segunda proposición con la primera; pero este enlace es flojo y debil; echamos menos una conexión más estrecha. Las enlazaremos mejor sustituyendo á estos la palabra que: «Las estrellas son otros tantos soles que brillan con luz propia.» Que tiene el mismo significado que estos, es un verdadero demostrativo; pero se diferencia de los demostrativos comunes en que la lengua lo emplea con el especial objeto de ligar una proposicion con otra. (t. I, pág. 167)

  1. Llamanse relativos los demostrativos que reproducen un concepto anterior, y sirven especialmente para enlazar una proposición con otra. El de más frecuente uso es que, adjetivo de todo genero, numero y persona. En el navto que viene de Londres es de género masculino, numero singular y tercera persona; en vosotras que me ots es de género femenino, numero plural y segunda persona. Debemos siempre concebir en el, no obstante su terminación invariable, el genero, numero y persona del sustantivo reproducido, que se llama su antecedente. (t. I, pág. 167)
  1. Que puede ser sujeto, término y complemento. En todos los ejemplos anteriores es sujeto; es complemento acusativo en la casa que habitamos, y termino en las plantas de que está alfombrada la ribera. (t. I, pág. 168)
  1. La proposicion de que el relativo adjetivo forma parte, especifica unas veces y otras explica. En este ejemplo: «Los muebles de que está adornada la casa que habitamos son enteramente conformes al gusto moderno», la proposición que habitamos (en que se calla el sujeto nosotros) especifica al sustantivo casa, y la proposición de que está adornada la casa, especifica al sustantivo muebles. La primera depende de la segunda, y esta de la proposición independiente los muebles son entevamente conformes al gusto moderno. Pero en el ejemplo siguiente: «Ella, que deseaba descansar, se retiró á su aposentos, la proposición que deseaba descansar, no especifica, sino explica á ella, y por eso se dice aqui ella, y no la. Sucede muchas veces que en la recitación el sentido especificativo no se distingue del explicativo sino por la pausa que suele hacerse en el segundo, y que en la escritura senalamos con una coma. En «las senoras, que deseaban descansar, se retiraron», el sentido es puramente explicativo; se habla de todas las senoras. Quitando la coma en la escritura y suprimiendo la pausa en la recitacion, hariamos especificativo el sentido, porque se entenderia que no todas, sino algumas de las senoras, deseaban descansar, y que solo estas se retiraron. Si suprimiesemos senoras sustantivando el articulo, diriamos en el sentido explicativo ellas que, y en el especificativo las que. (t. I, pág. 168)
  1. La proposición especificativa se llama subordinada, y la proposicion de que esta depende subordinante. La proposición explicativa se llama incidente, y la de que esta depende, principal. Las proposiciones incidentes son en cierto modo independientes; y asi es que, sin alterar en nada el sentido del anterior ejemplo, se podria decir: «Las senoras deseaban descansar y se retiraron.» (t. I, pág. 169)
  1. Se llama oracion toda proposición ó conjunto de proposiciones que forma sentido completo: de que esti alfombrada la ribera es proposicióu perfecta, pero no es oración. (t. I, pág. 169)
  1. Una proposición que respecto de otra es principal ó subordinante, respecto de otra tercera puede ser incidente ó subordinada. En este caso se halla, en uno de los ejemplos anteriores, la proposición de que esta adornada la casa, subordinante respecto de que habitamos, y subordinada con relacion á los mutebles son, etc. (t. I, pág. 170)

a. A veces el relativo reproduce varios sustantivos á un tiempo: «Quien quisiere saber que grandes sean las adversidades, y las calamidades y pobreza que estan guardadas para los malos, lea», etc. (Granada). (t. I, pág. 170)

b. A veces tambien el relativo que reproduce dos antecedentes á un tiempo, y se le agregan expresiones demostrativas para dar á cada antecedente lo que le pertenece: «Adornaron la nave con flamulas y gallardetes, que ellos azotando el aire, y ellas besando las aguas, vistosisima vista hacian» (Cervantes). 159. En todos los ejemplos anteriores el relativo que es un adjetivo, aunque sustantivado. Mas asi como de los demostrativosadjetivos este, ese, aquel, y el ó el, nacen los sustantivos neutros esto, eso, aquello, y ello ó lo, del relativo adjetivo que nace el sustantivo neutro que, semejante en la forma, pero de diferente valor, como vamos á ver. (t. I, pág. 170)

«Esto que te refiero es puntualmente lo que pasó.» Que reproduce á los sustantivos neutros esto y lo, por consiguiente, es tambien un sus tantivo neutro, porque es propio de los neutros el ser representados por sustantivos de su género, y no por terminaciones adjetivas (I). «Servir á Dios, de que depende nuestra felicidad eterna, debe ser el fin que nos propongamos en toda la conducta de nuestra vida.» El primer que reproduce al infinitivo servir á Dios, por consiguiente, es neutro, porque los infinitivos lo son. En efecto, de que significa aqui de esto, sin que haya entre las dos expresiones otra diferencia que el servir la primera, y no la segunda, para ligar mas estrechamente una proposición con otra. (t. I, pág. 170)

«Llamaronla (los espanoles) isla de San Juan de Ulua por haber llegado á ella dia del Bautista, y por tener su nombre el general; en que andaria la devocion mezclada con la lisonja» (Solis). En que es en esto, y reproduce la proposición anterior, como si se dijese que en haberse dado aguel nombre á la isla andaria, etc. (t. I, pág. 171)

a. El que sustantivo puede, como los demostrativos esto, eso, etc. (151 c.), reproducir colectivamente varios sustantivos que significan cosas: «Quitaronle los bandoleros las joyas y dineros que llevaba, que era todo lo que le quedaba en el mundo.» Aqui el que significa esto. Pero podria tambien decirse que (1) Para que se conozca que esto y lo son aqui sustantivos (como siempre), notese que su significado es exactamente el mismo que si dijeramos: «estas cosas que te refiero son puntualmente las cosas que pasaron». Es propio de los neutros significar, ya unidad, ya pluralidad colectiva. (t. I, pág. 171)

eran, y entonces el que significarla esta ropa y dinero, y seria adjetivo plural. (t. I, pág. 172)

  1. El neutro que tiene tambien, como es propio de los demostrativos de su genero, el oficio de reproducir nombres precedentes bajo el concepto de predicados: «El suelo de Holanda, cortado de innumerables canales, de estéril e ingrato que era, se ha convertido en un jardin continuado» (Jovellanos); es como si se dijese de esteril e ingrato (eso era) se ha convertido, etc.; reproduciendo á esteril e ingrato como predicados de el, esto es, de el suelo de Holanda, sujeto tácito de era. Eso era y que era significan una misma cosa, con la sola diferencia de enlazarse estrechamente las proposiciones por medio del que, mientras que diciendo eso era, quedaria esta proposicion como desencajada y formaria un verdadero parentesis. a. La misma construcción aparece en don N., consul que fue de Espana en Valparaiso, expresión que, sustituyendo un demostrativo comun al relativo, se resuelve en don N., consul (lo futé de Espana en Valparaiso), donde los complementos de Espana, en Valparaiso, modifican á lo, que representa á consul, y lo hace predicado de el, sujeto tacito de fué. «Se me hace escrupulo grande poner ó quitar una sola silaba que sea» (Santa Teresa); que sca, llenando la elipsis, es que cllo sea, ó que lo que se pone ó se quita sea, y apenas es necesario decir que el relativo, como el demostrativo que se le sustituye, reproduce á una sola silaba bajo el concepto de predicado del sujeto ella (I). (t. I, pág. 172)

Hemos visto al neutro que hacer los varios oficios de sujeto, complemento, termino y predicado, pero en todos ellos reproduciendo conceptos precedentes y formando un elemento de la proposición incidente ó subordinada. Ahora vamos á verle ejercer una funcion inversa. (t. I, pág. 173)

  1. El sustantivo que pertenece muchas veces á la proposición subordinante, y no reproduce ninguna idea precedente, sino anuncia una proposicion que sigue. «Que la Tierra se mueve alrededor del Sol es cosa averiguada», es como si dijeramos, esto, la Tierra se mueve al rededor del Sol, es, etc.: toda la diferencia entre esto y que se reduce á que, empleando el primero, quedarian las dos proposiciones flojamente enlazadas. Proposición subordinante: (t. I, pág. 173)

Que es una cosa averiguada, proposición su (1) Se ha censurado en Cervantes como un italianismo: «¿Y que son insulas? ¿es alguna cosa de comer, golosazo, comilón que ti eres?» Pero esta construccion en nada discrepa de la de Jovellanos y Santa Teresa; ni puede decirse que sea ociosamente pleonastica, pues da cierta gracia y energia al vocativo. Mas razón habria para censurar como un galicismo la traduccion literal de Malhereux que je suis! «desgraciado que soy!», no porque la construccion sea viciosa de suyo, sino porque en las exclamaciones preferimos un giro diverso: ¡Desgraciado de mi!» «¡Pobres de vosotros!» (t. I, pág. 173)

bordinada, senalada por el que anunciativo: la Tierra se mueve alrededor del Sol. Que es el sujeto de la proposición subordinante. (t. I, pág. 174)

  1. Otras veces este que sustantivo y anunciativo es complemento ó termino: » Los animales se diferencian de las plantas en que sienten y se muevens: en que es en esto, que es término de la preposición en. (t. I, pág. 174)

«Los fenómenos del universo atestiguan que ha sido criado por un Ser infinitamente sabio y poderoso»; atestiguan que es atestiguan esto que es la cosa atestiguada, complemento acusativo de atestiguan (I). (t. I, pág. 174)

a. Pueden, pues, los relativos, no solo reproducir un concepto precedente, sino anunciar un concepto subsiguiente; en lo que no se diferencian de los (I) Al que anunciativo llaman casi todas las gramáticas conjuncion, porque no se ha definido con claridad y exactitud esta clase de palabras. El que anunciativo liga, es cierto; pero tambien liga el adjetivo que, ¿y lo llamaremos por eso conjuncion? Cuando decimos el vecindario de la ciudad, de enlaza al sustantivo que sigue con el que precede: ¿será, pues, conjuncion? Los elementos ligados por una conjunción no dependen el uno del otro: cuando decimos hermosa, pero tonta, ni hermosa depende de tonta, ni tonla de hermosa. Cuando se dice existe y bercibo, sucede lo mismo. Pero cuando digo percibo que existe, no es asi: el que (junto con la proposicióa anunciada, que lo especifica) depende de percibe, porque es un complemento de este verbo, de la misma manera que de la ciudad es un complemento de el vecindario. (t. I, pág. 174)

otros demostrativos, pues decimos: «Las cuatro partes del mundo son estas: Europa, Asia, Africa y América.» (t. I, pág. 175)

b. El que anunciativo es neutro, y, como todos los neutros, concierta con la terminación masculina del adjetivo: «Es falso que le hayan preso»; «No es justo que le traten asi.» Pero lo más notable, y lo que prueba, á mi ver demostrativamente, que nuestro género neutro existe solo en cuanto á la representación de conceptos, y en cuanto á la concordancia se coufunde con el masculino, es la construcción del que anunciativo con la terminacion masculina del articulo: « El que los montes se reproducen por si mismos, dice Jovellanos que es cosa averiguada»; «Parecieron estas condiciones duras; ni valió, para hacerlas aceptar, el que Colón propusiese contribuir con la octava parte de los gastos» (Baralt y Diaz). En efecto, desde que el articulo, en vez de construirse con el que, lo reproduce, ya no decimos el, sino ello. «Se espera que tantos escarmientos le arredraran; pero no hay que contar con ello.» Ni vale decir que el articulo se refiere, no al que, sino á la proposición subordinada, que especifica á este, porque siempre sale lo mismo; una proposición subordinada es masculina en su concordancia, y neutra en su reproducción, como sucede con los infinitivos. (t. I, pág. 175)

  1. Los pronombres relativos pasan á interrogativos acentuándose. «¿Qué pasajeros han llegado?» el que es aqui adjetivo, y forma con pasajeros el sujeto de la proposición. «¦Qué ha sucedido? » el que hace de sujeto y es un sustantivo, porque envuelve el significado de cosa ó cosas. «¿Qué es la Filosofia?» este que tiene aqui el mismo significado, y, por consiguiente, es sustantivo; pero se adjetiva, sirviendo de predicado á Filosofia y de modificativo á es. «¿Que noticias trajo el vapor?» que, adjetivo; que noticias, complemento acusativo de trajo. «¿Qué aguardamos? » que, sustantivo, equivalente á que cosa ó que cosas, y complemento acusativo de aguardamos. «¿A qué partido nos atenemos?» que, adjetivo; que partido, término de la preposicion á. «¿En qué estriban nuestras esperanzas?» que, sustantivo y término de la preposición en. (t. I, pág. 175)
  1. La interrogación en los ejemplos anteriores es directa, porque la proposición interrogativa no es parte de otra. Si la hacemos sujeto, término ó complemento de otra proposición, la interrogación será indirecta, y no la senalaremos en la escritura con el signo ?, sino sólo con el acento del pronombre. «No sabemos que pasajeros han llegado»; «Preguntaban qué noticias traia el vapor»; «Ignoro en que estriba su esperanza.» En estos tres ejemplos la proposición interrogativa indirecta es acusativo, porque significa la cosa no sabida, preguntada, ignorada. Si dijésemos: «Que noticias haya traido el correo es hasta ahora un misterios, la proposición interrogativa indirecta seria sujeto del verbo es, y si dijesemos: « Están discordes las opiniones sobre que partido haya de tomarse», la hariamos término de la preposicion sobre. (t. I, pág. 176)

a. De lo dicho se sigue que un complemento puede tener por termino, no solo un sustantivo, un predicado, un adverbio, un complemento, sino tambien una proposición interrogativa indirecta; pero es porque las proposiciones interrogativas indirectas hacen en la oracion el oficio de sustantivos. LAS EXPRESIONES RELATIVAS EL QUE, LO QUE. (t. I, pág. 177)

  1. Las expresiones el que, la que, los que, las que, lo que, se deben considerar unas veces como compuestas de dos palabras distintas, y otras como equivalentes á una sola palabra. 166. En el primer caso el articulo está sustantivado y sirve de antecedente al relativo: (t. I, pág. 177)

«Los que no moderan sus pasiones, son arrastrados á lamentables precipicios »: los es los hombres, antecedente de que, y sujeto de son, y se prefiere esta forma abreviada á la integra ellos, porque la proposición que sigue especifica. «Lo que agrada seduce»: lo (sustantivo, porque de suyo envuelve la idea de cosa ó cosas) es antecedente de que y sujeto de seduce, se dice lo, no ello, por causa de la proposición especificativa que sigue. Siempre que las expresiones dichas se componen verdaderamente de dos palabras CXI distintas, el articulo pertenece á una proposicion y el relativo á otra. (t. I, pág. 177)

  1. En el segundo caso el articulo no es más que una forma del relativo, por medio de la cual se determina si es sustantivo ó adjetivo, y cuál es, en cuanto adjetivo, su género y numero. « La relacion de las aventuras de don Quijote de la Mancha, escrita por Miguel de Cervantes Saavedra, en la que los lectores vulgares solo ven un asunto de entretenimiento, es un libro moral de los más notables que ha producido el ingenio humano» (Clemencin). El la de la que no hace más que dar una forma femenina y singular al que: la y que son un solo elemento gramatical, un relativo que pertenece todo entero á la preposición incidente, donde sirve de término á la proposición en, y el antecedente de este relativo es la relacion, que con la frase verbal es un libro, etc., á la cual sirve de sujeto, compone la proposición principal. «Los reos fueron condenados al ultimo suplicio, lo que causó un sentimiento general»: el lo de lo que no hace más que determinar el carácter sustantivo y neutro del relativo; asi, lo y que componen un solo elemento, que hace de sujeto en la proposición incidente, y reproduce (como suelen hacerlo los neutros) todo el concepto de la proposición principal, como si se dijese; el haber sido condenados los reos al ultimo suplicio causó, etc. (t. I, pág. 178)

a. El que anunciativo se junta á veces, segun ya hemos notado, con la terminación masculina del articulo, como cuando dice Villanueva: «No podia yo mirar con indiferencia el que se insamase mi doctrina.» Los dos elementos no forman entonces una palabra indivisible; el articulo adjetivo conserva su naturaleza de tal, como en el infamar ó la infamia, y, sin embargo, ambos pertenecen á una misma proposición, como siempre lo hacen el sustantivo y su articulo. (t. I, pág. 179)

b. Cuando el articulo se combina con el relativo formando un elemento gramatical indivisible, deberian ambos escribirse como una sola palabra elque, laque, á la manera que lo hacen los franceses en lequel, laguelle (1). (t. I, pág. 179)

EL RELATIVO QUTEN. (t. I, pág. 179)

  1. En lugar de las expresiones el que, la que, los que, las que, ya formen dos palabras ó una sola, empleamos muchas veces el sustan (1) Los articulos no hacen entonces otro oficio que el de las terminaciones en el relativo latino qui, que, quod: son formas diferenciales que se ponen al principio de la palabra, como las otras al fin. (t. I, pág. 179)

Antes era rarisimo el uso de el que, la que en el sentido de el cual, la cual, á no ser en el genero neutro, como en estos pasajes de Cervantes: «Temo (dijo el italiano) que, por ser mis desgracias tantas y tan extraordinarias, no me habeis de dar credito alguno. A lo que respondio Periandro», etc. «El capitán acudió á ver la balsa, y quiso acompanarle Periandro; de lo que fue muy contento» (El mismo). (t. I, pág. 179)

tivo quien, quienes, cuando el relativo se refiere á persona ó cosa personificada: « La culpa no fue tuya, sino de quien te aconsejabax: este quien quiere decir la persona que, y es un relativo que lleva en si mismo su antecedente. (t. I, pág. 180)

«Fuimos á saludar al gobernador de la plaza, para quien trafamos cartas de recomendacin»: para quien es para el que, y su antecedente es el gobernador, el quien no lleva, pues, envuelto su antecedente, que está en la proposición principal. (t. I, pág. 180)

a. El uso moderno del relativo quien es algo diferente del que vemos en los escritores castellanos hasta despues de la edad de Cervantes y Lope de Vega. «Quiérote contar las maravillas que este transparente alcázar solapa, de quien yo soy alcaide y guarda mayor perpetuo, porque soy el mismo Montesinos de quien la cueva toma nombre» (Cervantes). El uso del dia autoriza el segundo de estos quien, porque se refiere á persona; pero no el primero, porque le falta esa circunstancia. «Podéis bautizar vuestros sonetos y poncrles el nombre que quisieredes, ahijándolos al preste Juan de las Indias ó al Emperador de Trapisenda, de quien hay noticia que fueron famosos poetas» (Cervantes). Hoy diriamos de quiencs, porque damos á quien dos terminaciones, singular y plural, como á veces lo hizo Cervantes: «Ves alli, Sancho, donde se descubren treinta ó pocos más desaforados gigantes, con quienes», etc. (t. I, pág. 180)

  1. Quien, sin embargo, no se limita hoytan estrictamente á personas que no se refiera algunas veces á cosas, cuando en estas hay cierto color de personificación, por ligero que sea. Asi, no tienen nada de repugnante para nuestros oidos, ni estos versos de Rioja: (t. I, pág. 180)

«A ti, Roma, á quien queda el nombre apenas, Y á ti, á quien no valieron justas leyes, Fabrica de Minerva, sabia Atenas»; ni aquellos en que dice Ercilla, hablando de la codicia: (t. I, pág. 181)

«Esta fue quien halló los apartados Indios de las antárticas regiones» (I). (t. I, pág. 181)

  1. Cuando quien no lleva en si mismo su antecedente, no puede ser sujeto de una proposición especificativa; no se podria, pues, de (1) Nos parece demasiado severo don Vicente Salvá cuando encuentra alguna afectacion de arcaismo en las sabias academias por quienes, de Jovellanos. Es natural y frecuente personificar las corporaciones: á cada paso oimos, la nacin á quien, el tribunal de quien, el congreso para quien, etc. (t. I, pág. 181)

Seria tambien, á nuestro juicio, una delicadeza excesiva la que extranase el quien de estos pasajes de Jovellanos y de Alcalá Galiano: «¿No es este el progreso natural de todo cultivo, de toda planteacion, de toda buena industria? ¿No es siempre el consumo quien los provoca, y el interes quien los determina y los aumenta?» « La ambicion, mas ó menos acompanada de talento y ciencia, de arrojo noble ó de loca osadia, es quien hace las pujas, y en el remate se queda con la presa.» (t. I, pág. 181)

cir el hombre quien vino. Sirve, si, á menudo de sujeto en las proposiciones explicativas: « Esta conducta (de Gonzalo de Corboba) fué la que en la batalla de Albuera le granjeó la alabanza del general; quien, dando al ejercito las gracias de la victoria, aplaudió principalmente á Gonzalo, cuyas hazanas, decia, habia distinguido por la pompa y lucimiento de sus armas» (Quintana). (t. I, pág. 182)

  1. Cuando lleva envuelto su antecedente, pertenece parte á una proposición y parte á otra: (t. I, pág. 182)

«Las virtudes son severas, Y la verdad es amarga; Quien te la dice te estima, Y quien te adula te agravia.» (t. I, pág. 182)

(MELENDEZ.) (t. I, pág. 182)

De los dos elementos de quien, el antecedente es sujeto de estima y agravia, y el relativo es sujeto de dice y adula. (t. I, pág. 182)

  1. Quien se hace interrogativo acentuándose. Equivale entonces á que persona, y puede ser sujeto, predicado ó termino: ¿Quien ha venido?» ¿Quien era aquella senora? » «A quien llaman? » «¿Con quienes estaban?» La interrogación puede ser tambien indirecta; «No sabemos quien ha venido»; «Se preguntó quien era la senora». (t. I, pág. 182)

EL RELATIVO POSESIVO CUYO. (t. I, pág. 183)

  1. Cuyo, pronombre adjetivo, que es á un tiempo posesivo y relativo, equivale á de que ó de quien en el sentido de posesión ó pertenencia; como suyo equivale á de el, de ella, de ellos, de ellas, de ello: «El árbol cuyo fruto comimos; á cuya sombra estábamos sentados; cuyos ramos nos defendian del sol; cuyas flores perfumaban el aire»; «Lo más alto á cuya consecución nos es dado aspirar». (t. I, pág. 183)
  1. Hacese tambien interrogativo acentuándose: «¿Cuyo es aquel hermoso edificio?» (t. I, pág. 183)

s¿ Cuyos eran los versos que se recitaron en la clase?» (t. I, pág. 183)

a. Esta practica es extremadamente limitada, ya porque cuyo debe referirse á persona, y ya porque (segun el uso corriente) solo tiene cabida en predicados que modifiquen al verbo ser, como en los ejemplos anteriores. No creo que sean aceptables en el dia las construcciones “¿Cuyo buque ha naufragado?» « Cuya casa habitas? » «A cuya protección te acoges?» sin embargo de recomendarlas su precisión y sencillez, y la autoridad de nuestros clasicos. «Tu dulce habla ¿en cuya oreja suena?» (Garcilaso); «¿A cuyo servicio está (un hijo) más obligado que al del padre que le engendró?» (Granada). (t. I, pág. 183)

b. Cuyo se emplea asimismo en interrogaciones indirectas «Entre la cena le preguntó don Rafael que cuyo hijo era»; (Cervantes). Esta es una regla general para todas las palabras interrogativas, por lo que no la repetiremos sino cuando haya algo especial que notar. (t. I, pág. 183)

Capítulo XVII. Los demostrativos tal, tanto, y los relativos cual, cuanto

  1. Entre los pronombres demostrativos debemos contar á tal y á tanto. El primero es de una sola terminación para ambos generos, 176. Tal significa lo mismo que semejante, y tanto lo mismo que igual, refiriendose uno y otro á lo que precede ó á lo que inmediatamente sigue: la demostración de tal recae sobre la cualidad, y la de tanto sobre la cantidad ó el numero. (t. I, pág. 185)

«En llegando este lenguaje al vulgo de los soldados, como los tales de ordinario no miran mas adelante que á su provecho, comenzaron á pensar», etc. (Coloma); los tales quiere decir los hombres semcjantes á estos, de esta cualidad, de esta clase. «Ella (dona Violante, reina de Castilla) no estaba muy segura: en tanta manera pervierte todos los dercchos la execrable codicia de reinar» (Mariana): en tanta manera quiere decir en una manera igual d esto que acaba de decirse: en la inseguridad de la reina se da la medida de la manera en que la codicia de reinar pervierte los derechos. (t. I, pág. 185)

«A ruegos del rey de Castilla le envió (el de Aragon) diez galeras de socorro con el vicealmirante Mateo Mercero; y dende á algunos dias le socorrió de otras tantas con el capitán Jaime Escrivá, ambos caballeros valencianos» (Mariana); tantas significa iguales en numero á las antedichas. (t. I, pág. 186)

  1. Tal y tanto son asimismo sustantivos neutros, como esto, eso y aquello, y carecen entonces de plural. (t. I, pág. 186)

«Para destruir alguna ciudad ó provincia, no hay tal como sembrarla de pecados y vicios» (Rivadeneira); no hay cosa tal; la demostracion recae sobre lo que va inmediatamente á decirse. (t. I, pág. 186)

«Hizo el rey de Francia que debajo de juramento le prometiese (Beltran de Got, despues Clemente V) poner en ejecución las cosas siguientes; que condenaria y anatematizaria la memoria de Bonifacio octavo; que restituiria en su dignidad cardenalicia á Pedro y á Jacobo de Casa-Colona, que por Bonifacio fueran privados de capelo; que le concederia los diezmos de la Iglesia por cinco anos, y conforme á esto otras cosas feas y abominables para la dignidad pontifical; pero tanto puede el deseo de mandar» (Mariana): tanto es cosas iguales á estas. (t. I, pág. 186)

  1. Solemos á veces indicar bajo la imagen de semejanza ó de igualdad el concepto de identidad (que es propio de los demostrativos este, ese, aquel), pero con cierta enfasis sobre la cualidad, ó sobre la cantidad ó numero de las cosas. (t. I, pág. 186)

«La salutacion que el mejor maestro ensenó á sus favorecidos, fue que cuando entrasen en alguna casa dijesen: paz sea en esta casa; y otras muchas veces les dijo: mi paz os doy, mi paz os dejo, paz sea con vosotros; bien como joya y prenda de tal manox (Cervantes); de tal mano es de aquella mano, de una mano divina. «El campo quedó por los escitas; los muertos llegaron á doscientos mil; muchos los prisioneros, y entrelellos el rey Bayaceto, espanto poco antes de tantas naciones» (Mariana); esto es, de aquel gran numero de naciones. (t. I, pág. 187)

«¡Quien pudiera pintar el gran contento, El alborozo de una y otra parte, El ordenado alarde, el movimiento, El ronco estruendo del furioso Marte, Tanta bandera descogida al viento, Tanto pendon, divisa y estandarte, Trompas, clarines, voces, apellidos, Relinchos de caballos y bufidos!» (t. I, pág. 187)

ERCILLA. (t. I, pág. 187)

Como si dijera aguel gran numero de banderas, pendones, etc.; ejemplo notable por la enfasis de muchedumbre que va envuelta en el singular de tanto, sin embargo de que ordinariamente la demostración del singular de este adjetivo recae sobre la cantidad continua, y la del plural sobre el numero. (t. I, pág. 187)

«Cuando el cuadrillero tal oyó, tuvole por hombre falto de seso» (Cervantes). «Estoy, dijo Sancho, por descubrirme y ver en que parte estamos.—No hagas tal, respondió don Quijote» (El mismo). Tal, en estos dos ejemplos, es sustantivo, y significa propiamente tal cosa, semejante cosa, pero se toma en el mismo concepto de identidad que significariamos diciendo, esto oyó, no hagas eso; bien que indicando algo de notable en el hecho ó dicho (I). «Hablando con Sancho, le dijo (la Duquesa): Advertid, Sancho amigo, que dona Rodriguez es muy moza, y que aquellas tocas mas las trae por autoridad que por los anos.—Malos sean los que me quedan que vivir, dijo Sancho, si lo dije por tanto» (Cervantes). Por tanto es por eso. (t. I, pág. 187)

  1. Tal, significando identidad, se junta á menudo con el articulo: « El tal caballo ni come, ni bebe, ni gasta herraduras» (Cervantes). El tal es este de que se trata. (t. I, pág. 188)

«Mire, senor, dijo Sancho, que aqui no hay encanto ni cosa que lo valga; que yo he visto por entre las verjas una una de un león verdadero; y saco por ella que el tal león, cuya debe de ser la tal una, es mayor que una montana» (Cervantes); el tal es este, y la tal esta, «Qué dijera el senor Amadis si lo tal oyera?» (Cervantes); si eso oyera. (t. I, pág. 188)

  1. Cual no se diferencia de tal, ni cuanto de tanto, sino en que son relativos, esto es, en que sirven para enlazar proposiciones. (t. I, pág. 188)

(1) Es de notar que aun el adjetivo semejante se emplea no pocas veces en el sentido de identidad: no conozco á semejante hombre, no he oldo semejante cosa. (t. I, pág. 188)

«Algunos malsines, hombres malos, cuales tiensn muchos los palacios, afirmaban al rey que la reina su mujer era bastarda, y que con aquel casamiento se afcaba la majestad real» (Mariana). Si ponemos tales por cuales, la proposición incidente formará un parentesis flojamente enlazado con la proposición principal; pero el sentido será el mismo. (t. I, pág. 189)

18l. Tal y cual se contraponen á menudo: «Tal suele ser la muerte cutal ha sido la vida»: hay en este ejemplo un elemento repetido; semejante la muerte, semejante la vida: esta repetición es el medio de que se vale la lengua para expresar la semejanza reciproca de las dos cosas comparadas. (t. I, pág. 189)

  1. Hemos visto que tal puede equivaler á este, cual toma el mismo sentido de identidad equivaliendo á que: « Ofreció Gamerón que á su vuelta entregaria el castillo, dejando entre tanto órdenes secretas, cuales se verán á su tiempoy (Coloma). Cuales tiene aqui el sentido de que, bien que con cierta enfasis sobre la calidad de aquellas órdenes. Pero lo mas ordinario en este sentido de identidad, es combinar el articulo definido con cual, como antes vimos que se combinaba con tal. Desaparece entonces la enfasis, y el cual, lo cual se hacen enteramente sinónimos de que. (t. I, pág. 189)

«Hay otra gloria mayor, que es la que llaman esencial, la cual consiste en la visión y posesión del mismo Dios» (Granada). «Pidió Cortes á sus capi tanes que discurriesen sobre la materia, encomendando á Dios la resolución: lo cual encargó muy particularmente á fray Bartolome de Olmedo» (Solis). a. Tenemos, por consiguiente, dos modos de variar la forma del relativo que, adaptándola á los diversos géneros y numeros: el primero, de que hemos hablado arriba (167), consiste en anteponer el articulo; el segundo, en combinar el articulo con el relativo de cualidad (1). (t. I, pág. 189)

b. La construccion de cual con el articulo, desconocida, si no me engano, en castellano antes del siglo XIV, se hizo despues muy socorrida, y por la facilidad con que se presta al enlace de las proposiciones, distinguiendo el genero y numero de los antecedentes, dió lugar á aquellos interminables periodos que despues se hicieron de moda, llenando paginas enteras, con tanta fatiga de la atención y del aliento. (t. I, pág. 190)

  1. Cuanto tampoco se diferencia de tanto sino en que, como relativo, sirve para enlazar proposiciones. Además de emplearse como adjetivo bajo diferentes formas que se aplican á los varios generos y numeros, se usa como sustantivo neutro bajo la forma cuanto. (t. I, pág. 190)

(1) En la época mas antigua de la lengua se dijo cual donde hoy decimos el cual. (t. I, pág. 190)

«Non la entendió nadi esta su cabalgada, Fuera Dios, á cua! solo no se encubre nada.» «Envióle el Mago, fust de gran santidad, Sobre cual se sofria con la grant cansedat.» (BERCRO.) (t. I, pág. 190)

«Cuanto contento encierra Cantar su herida el sano, Y en su patria su carcel el cautivo, Y entre la paz la guerra, Tanto en cantar mi libertad recibo.» (t. I, pág. 191)

(LOPE.) (t. I, pág. 191)

Es como si dijera igual contento encierra..... igual contento recibo. «Accediose á todo cuanto el pueblo exigia»; á todas las cosas, cosas iguales el pucblo exigia. «Cuanto pidió, tanto obtuvos: iguales cosas pidió, iguales obtuvo. En los dos ultimos ejemplos cuanto es sustantivo neutro, como sus antecedentes todo y tanto. (t. I, pág. 191)

s. La contraposicion de cuanto á tanto es frecuente, y en ella la repsticion de un elemento sustancialmente identico es el medio de que se vale la lengua para indicar la igualdad de las dos cosas entre si, como contraponiendo tal y cual se indica la semejanza reciproca. La contraposición de los puros demostrativos á los relativos, por la que, repitiendose un mismo elemento bajo dos formas, se indica una relación reciproca, es frecuente en castellano, como iremos viendo, y no lo ha sido menos en las lenguas madres latina y griega. (t. I, pág. 191)

  1. Cuanto lleva á veces envuelto su antecedente: «Cuantos entraron en la nave perecieron»: esto es, tantos hombres cuantos. Pero lo más notable en el uso de este adjetivo es el posponersele á menudo el antecedente: «A despecho de la misma envidia y de cuantos magos vió Persia, ha de poner su nombre en el tem plo de la inmortalidad» (Cervantes). De tantos magos cuantos vió Persia hubiera sido el orden natural. La involución del antecedente es frecuentisima en el sustantivo: « Cuanto se le dijo fue en vano»: desenvolviendo el antecedente, diriamos tanto cuanto ó todo cuanlo, expresiones equivalentes á todo lo que. (t. I, pág. 191)
  1. Cual y cuanto se usan como interrogativos acentuandose: Cual de estos dos edificios te parece mejor?» Cuantos buques han sido tomados al enemigo?» « Cual es más, resucitar á un muerto ó matar á un gigante?» (t. I, pág. 192)

§¿ Cuanto falta para terminar la obra? » Cual y cuanto, son sustantivos en estos dos ultimos ejemplos. (t. I, pág. 192)

Capítulo XVIII. De los sustantivos neutros

  1. Además de los demostrativos esto, eso, aquello, ello ó lo, tal, tanto, que, cual y cuanto, y de los infinitivos, como cantar, vender, partir, hay otros varios sustantivos neutros, significativos los unos de cantidad, como todo, inucho, intis, menos, demasiado, bastante, asaz, harto, poco, y destinados los otros á expresar ciertos conceptos generales, como algo, nada, nonada, ano, otro, al. (t. I, pág. 193)

a. Como la forma de algunos de estos sustantivos los expone á ser equivocados con los adjetivos de que provienen, y como bajo esta misma forma pasan frecuentemente á las funciones adverbial y conjuntiva, es necesaria alguna atencion para distinguir sus varios oficios (53, 2.f). Su uso propio aparecerá suficientemente en los ejemplos. (t. I, pág. 193)

b. «Todo nos habla de Dios; en todo resplandece su poder y sabiduria»; «No pretendas ser juez si no tienes fuerza para romper por todo y castigar la maldad»; «Dios lo ha criado y lo conserva todo». Es visto CXI que todo, sustantivo, significa toda cosa ó todas las cosas, siendo de notar que, cuando sirve de complemento acusativo, le agregamos lo, que es otro neutro en complemento acusativo. (t. I, pág. 193)

c. «Mucho se espera de su prudencia»; «Unos tienen más, y otros menos, pero nadie cree tener demasiado, ni bastante»; «Harto os he dicho; pensadlo». (t. I, pág. 194)

d. Asaz significa bastante porcion, bastante numiero: «Don Quijote se le ofreció con asaz de discretas y comedidas razones» (Cervantes). (t. I, pág. 194)

187, «Algo ha sucedido que ignoramos»; «Nada veo que pueda causarnos inquietud». (t. I, pág. 194)

Algo es alguna cosa ó algunas cosas; nada, mingina cosa. (t. I, pág. 194)

a. Nonada es tambien lo mismo que ninguna cosa: «Tenia que decir muy poco ó nonadas (Santa Teresa) (I). (t. I, pág. 194)

(I) Antiguamente, nada significaba siempre cosa: nada no es más que un residuo de la expresion cosa nada, cosa nacida, cosa criada, cosa existente. De aqui el usarse en muchos casos en que no envuelve negación. «¦Piensa usted que ese hombre sirva para nada?» esto es, para alguna cosa. De aqui tambien el emplearse con otras palabras negativas sin destruir la negación: «Ese hombre no sirve para nada», es decir, para cosa alguna. Y si tiene por si solo el sentido negativo precediendo al verbo, no vemos en esto sino lo mismo que sucede con otras expresiones indudablemente positivas: asi, en mi vida le he visto, es lo mismo que no le he visto en mi vida. De suerte que nada no llegó á revestirse de la significación negativa sino por b. «La suma de todo lo que ensena Machiavello acerca de la simulacion del principe, se cifra en formar un perfectlsimo hipocrita, que diga uno y haga otro» (Rivadeneira); una cosa y otra cosa (I). c. Al, apenas usado en el dia, es adjetivo en lo ál (lo otro, lo demas, lo restante); lo es el unico sustantivo con que podemos construirlo, y, por consiguiente, carece de plural. Es sustantivo neutro en estos ejemplos: (t. I, pág. 194)

«Ellas (las yeguas de los arrieros yangüeses), que tenian más ganas de pacer que de ál» (Cervantes); esto es, de otra cosa. « Non vos lo digo porque os acuitedes, ni mostredes mal talante; que el mio non es de ál que de serviros» (Cervantes). Clemencin, cuya autoridad en punto á corrección de lenguaje un efecto de la frecuencia con que se le empleaba en proposiciones negativas, donde la negación no era significada por esta palabra, sino por otras á que estaba asociada. La misma suerte ha corrido nadie, antiguamente nadi, que provino de nado, nacido, existente, conto otri de otro. Nonada si que significaba de suyo ninguna cosa, porque era la negacion de nada, esto es, de cosa: «De nonada crio Dios el mundo» (Hugo Celso). (t. I, pág. 195)

Vaqué significaba lo mismo que nuestro algo: «Con la mi vejezuela enviele yaqué.» (t. I, pág. 195)

(ARCIPRESTE DE HITA.) (t. I, pág. 195)

Vacuanto era otro sustantivo neutro de igual significado, nacido del adjetivo yacuanto, yacuanta (alguno, alguna). (1) El antiguo epiceno otri (otra persona) tuvo con el neutro otro (otra cosa) la misma analogia que alguien con algo, y nadie con nada. (t. I, pág. 195)

es de las más respetables, no ha tenido escrupulo de usar esta voz: «La hermosura y atractivos de las andaluzas en ál consisten que en lo blanco de la tez y en lo rubio de los cabellos.» (t. I, pág. 196)

  1. Es raro en los mas de los sustantivos neutros construirse con articulo; pero lo hacen á menudo los infinitivos, y no sólo con los articulos, definido e indefinido, sino con otros adjetivos; y entonces, ó conservan su carácter, construyéndose como el verbo de que provienen, v. gr.; el comer manjares exguisitos, el levantarse temprano, el hablar bien, «aquel acabar su libro con la promesa de aquella inacabable aventura», como dice Cervantes; ó se vuelven sustantivos ordinarios, dejando las construcciones verbales; el viviy inig (en vez de el vivir yo), el murmurar de las fitentes (en lugar de el murmurar las fuentes). Varios infinitivos toman plural en este caso, como placeres, dares y tomares, pareceres, cantares, etc. a. El anunciativo que es otro de los neutros que se construyen á menudo con el articulo, segun lo dicho arriba (162, b). (t. I, pág. 196)

b. Ni son los infinitivos los unicos neutros que deponen el caracter de tales. Asi, todo, significando el conjunto de todas las partes, es reproducido por el y le ó lo; «No vemos mas que una minima parte del gran todo. cuanto alcanzamos á percibir en el, es como un átomo en la universalidad de las cosas creadas»; « El todo es mayor que cualquiera de las partes que le ó lo componen». (t. I, pág. 196)

c. Nonada con el articulo indefinido toma el género femenino: una nonada es locución hiperbolica para significar una cosa minima. Dabasele tambien plural: «Calle, abuela, y sepa que todas las cosas que me oye son nonadas» (Cervantes). (t. I, pág. 197)

d. Nada, significando la inexistencia de todo, toma el articulo femenino: «Es dificil concebir la nada». Con el articulo indefinido significa una cosa de infimo valor, y es ambiguo; pues aunque se dice corrientemente una nada, no creo que Samaniego se expresase mal en aquellos versos: (t. I, pág. 197)

«¡El apetito ciego A cuántos precipita, Que por lograr un nada, Un todo sacrifican!» (t. I, pág. 197)

Capítulo XIX. De los adverbios

  1. Los adverbios se dividen por su significación en varias clases. (t. I, pág. 199)

Adverbios de lugar: cerca, lejos, enfrente, detras, arriba, encima, abajo, debajo, dentro, fitera, afuera, etc. (t. I, pág. 199)

Adverbios de tiempo: antes, despues, luego, despacio (I), apriesa ó aprisa, aun, todavla, siempre, nunca, jamas, etc. (t. I, pág. 199)

Adverbios de modo, bien, mal, apenas, recio (reciamente), paso (en voz baja), bajo (lo mismo), quedo (blandamente, con tiento, sin hacer ruido), alto (en voz alta), buenamente, facilmiente, jutstumente y casi todos los abverbios en mente, (1) En Chile suele confundirse viciosamente despacio, adverbio de tiempo, con paso, quedo, adverbio de modo. Hablar despacio es hablar lentamente, hablar paso es hablar en voz baja. No se oponen hablar en voz alta y despacio. (t. I, pág. 199)

a. Los adverbios de esta terminación son frases sustantivas adverbializadas, ó si se quiere, complementos en que se calla la preposición, que para el caso es lo mismo. Justamente, sabiamente, quiere decir, de una manera justa, de una manera sabia: mente en estas frases significa manera ó forma. (t. I, pág. 200)

b. Cuando se juntan dos ó más adverbios en mente ligados por conjunción expresa ó tácita, pierden todos la terminación, menos el ultimo: temeraria y locamente, clara, concisa y correctamente, salieron las aldeanas graciosa pero modestamente vestidas. Diriase de la misma manera tam gyaciosa cuanto, ó tan graciosa como, o mas graciosa que modestamente. Adverbios de cantidad, mucho, poco, harto, bastante, ademts (I), demasiado, mas, menos, (I) Además es adverbio de cantidad en dos sentidos; 1.° Significa agregacion, juntándosele frecuentemente la conjunción y: « Estaba retirado, y además enfermo»; «Le alojó en su casa, y además cuidó de sus aumentos». Otras veces en esta misma acepcion se le junta un complemento de: «Ademis de aquella noble porción de juventud que consagra una parte de la subsistencia de sus familias y el sosiego de sus floridos anos al árido y tedioso estudio que debe conducirla á los empleos civiles y eclesiásticos, cuál es la vocación que llama al ejercito y á la marina taptos ilustres jovenes?» (Jovellanos). De aqui las frases conjurtivas además de esto, además de lo dicho, ó simplemente ademas. (t. I, pág. 200)

2.° Encarece la significacion de los adjetivos á que se pospone, haciendolos superlativos: « Estaba pensativo adems» (107). Iloy decimos en el mismo sentido por demas. (t. I, pág. 200)

algo, nada, etc.; á los cuales podemos anadir totalmente, enteramente, casi, mitad, medio (I), y otros. (t. I, pág. 201)

Adverbios de afirmacion: ciertamente, verdaderamente, etc. (t. I, pág. 201)

Adverbios de negación: no, tampoco, nada, nunca, jamas (2). (t. I, pág. 201)

(1) Mitad es, naturalmente, sustantivo: « Fue adjudicada á los parientes la mitad de los bienes»; « Se habia colocado una estatua en mitad de la plaza». Y forma un complemento sin preposicion ó un adverbio en « La sirena era una especie de ninfa marina, mitad mujer y mitad pez»: (t. I, pág. 201)

«La isla es, mitad francesa; La otra mitad espahola.» (Iriarte.) (t. I, pág. 201)

Medio es adjetivo en medio pan, medi docena; sustan Livo en elegir un medio, valerse de malos medios, y adverbio en medio dormido, medio despierto. En Chile se emplea mal el adjetivo por el adverbio, diciendo, por ejemplo: «la nina salió media desnuda», « quedaron medios muertos.» (2) Jamás no es de suyo negativo. Su significación primitiva y propia es en tiempo alguno, en cualquier tiempo. Ila sucedido con este adverbio lo que con nadie y nada: á fuerza de emplearse en frases negativas, donde la negacion no es suya, sino de otras palabras, llego á significarla por si solo. De decir, por ejemplo, no le vere jamás (en tiempo alguno), se pasó á decir jamas (en ningun tiempo) le vere, Pero jamds conserva su significado positivo en ciertos giros, como x Le has visto jamás?» «Castigueme el cielo si jamas he pensado enganartes; «Los justos gozarán de la presencia de Dios por siempre jamas». .-...-.- (t. I, pág. 201)

Adverbios de duda: acaso, tal vez, quiza ó quigas, etc. (t. I, pág. 202)

a. Algunos adverbios pospuestos hacen el mismo oficio que las preposiciones, formando complementos, como en cuesta arriba, rio abajo, tierra adentro, mar afuera, mneses antes, dias despues, afios atras, camino adclante. «El cielo, compadecido de mis desgracias, avivó el viento, y llevó el barco, sin impelerle los remos, el mar adentro» (Cervantes). (t. I, pág. 202)

b. Varios de los adverbios de cantidad no son otra cosa que sustantivos neutros adverbializados: « Agradecemos mucho las honras que se nos hacen»; «Harto le hemos aconsejado; pero el se cura poco de consejos»; « Es en sus determinaciones algo imprudente, y á veces nada cuerdo» (1). Tambien se usan á menudo como adverbios de cantidad las frases sustantivas un poco, un tanto, algun tanto, y otras; «Turbeme algun tanto» (Cervantes). (t. I, pág. 202)

c. Otros adverbios hay que son originalmente adjetivos, ó complemento con preposición; v. gr.: alto, bajo, recio, claro, quedo (originalmente adjetivos); apenas (2), acaso, despacio (de espacio), encima, en — (1) Dudo que se halle en el mismo caso todo, y que se le pueda emplear en el significado de totalmente ó del todo, y me inclino á creer que Jovellanos cometió inadvertidamente un galicismo cuando dijo: «Se redujo el espectáculo á chocarrerias y danzas todo profanas». (t. I, pág. 202)

(2) Vemos disuelto el complemento en las frases á malas penas, á duras penas: «A malas penas acabó de entender la Argüello que los dos se quedaban en casa, cuando», etc. (Cervantes). (t. I, pág. 202)

frente, á menudo, abajo, adentro, afuera (complementos). d. Es notable la sincopa de mucho cuando modifica adjetivos, adverbios ó complementos, precediendoles. Dicese me esfuerzo mucho, mucho siento, y está muy enfermo, muy arrepentido, muy cerca, muy lejos, muy á la vista, muy en peligro. Subentendiendose la palabra modificada, es necesaria la forma integra: esta enfermo, y mucho, fueron aplaudidos, pero no mucho. (t. I, pág. 203)

e. Recientemente se apocopa en recien antes de participios: un pais recien poblado, un nino recien nacido, los recien llegados (I). (t. I, pág. 203)

  1. Hay asimismo gran numero de adverbios demostrativos, cuyo significado se resuelve en complementos á que sirve de término alguno de los pronombres este, ese, aquel, combinado con un nombre de lugar, tiempo, cantidad ó modo. (t. I, pág. 203)

Adverbios demostrativos de lugar. aqui (en este lugar), ahi (en ese lugar), alli (en aquel (1) Ocurre la misma apocope antes de algunos otros adjetivos que asumen un sentido participial: «Se embarcaron todos los bastimentos, con cuatro personas de las vecien libres» (Cervantes); recien libertadas. Es una corrupcion emplear esta apócope con verbos, como hacen algunos, diciendo, v. gr.: recien habiamos llegado, recien estaba yo despierto, recien se descubrio el Nuevo Mundo, cuando, etc. En este ultimo ejemplo hay ademas la impropiedad de emplear á recientemente en el significado de apenas. (t. I, pág. 203)

lugar), acá (á este lugar), allá (á ese ó aquel lugar), acullá (en aquel lugar, ordinariamente en contraposición á otros lugares ya indicados). «Me hallo muy bien aqui»; «Mira que corres peligro ahix; «Ya habla salido usted de Londres cuando yo estuve alli»; «Venid aca.—Alla vamos»; «Meses hace que no veo mi quinta; hoy me propongo ir alla»; «Aqui se juega, alli se canta, acullá se baila». Tal es el valor que regularmente solemos dar á estos adverbios, sin que por eso dejen algunas veces de aplicarse al movimiento los en i, como acá y allá á la situación: «Ven aqui»; «Creo que no faltan por alla inquietudes y turbulencias, como desgraciadamente las tenemos por ace»; «Allá en Turquia, donde la voluntad de un hombre es la ley suprema, pudieran tolerarse tantos desafueros y atropellamientos». a. Algunos confunden los dos adverbios ahi y all. es necesario tener presente que el primero no es el propio sino cuando se resuelve en el demostrativo ese, de lo que previene que senalemos muy bien con el lo que inmediatamente precede en el razonamiento. Asi, despues de referir las desgracias acarreadas á una persona por su mala conducta, se diria: «Ved ahi á lo que conducen las pasiones cuando la razón no las enfrenas. Ved aqui no seria tan propio. b. Los adverbios de lugar se trasladan frecuentemente á la idea de tiempo: «Allá en tiempo del rey Vamba», Nada mas comun en las narraciones, que aqui ó alli en el significado de en este ó en aquel mommento. Otros adverbios demostrativos de lugar son aquende (del lado de acá), allende (del lado de allá). Aquende, allende se emplean tambien como preposiciones: aquende el mar, allende el rio (I). (t. I, pág. 204)

(1) Aquende es anticuado. Allende (á la manera de otros adverbios de lugar) se usa como termino de complemento: paises de allende, en allende. Allende de es una expresión arcaica, que significa además de. (t. I, pág. 205)

Eran adverbios demostrativos de lugar hi, cude ó end: hi era lo mismo que alli, ende, de alli, y metaforicamente se referian, no solo á lugar, sino á cosa. «La casa ante el velo, esa avien por coro: Hi ofrecien cabro ternero e tore.» (Berceo.) Alli, en ella, ofrecian. (t. I, pág. 205)

«La obra del escudo yos sabre bien contar: Hi era debujada la tierra e la mar,» (Alejandro.) Alli, en el, estaba dibujada. (t. I, pág. 205)

«Fueron á poca hora dos omes hi venidos,» (Berceo.) Venidos á aguel lugar. (t. I, pág. 205)

«Roma es lugar senalado, e es el Papa ende Apostolico e Obispo, e usa mas morar hi que en otro lugar» (Partidas). Ende es de alli, de Roma, hi significa alli, en Roma. (t. I, pág. 205)

«De ninez facia ella fechos muy convenientes; Eran maravilladas ende todas las gentes.» (Berceo.) Maravilladas de ellos, de ello. (t. I, pág. 205)

«Partió bien la ganancia á toda derechura, E non quiso ende parte.» (El Alejandro.) Parte de ella. (t. I, pág. 205)

Es de sentir que hayan desaparecido de la lengua estos demostrativos, equivalentes al y y al en de los franceses; por su falta nos vemos obligados á emplear con tanta (t. I, pág. 205)

Adverbios demostrativos de tiempo: ahora (en esta hora, al presente), hoy (en este dia en que estamos hablando), manana (en el dia siguiente al de hoy), pasado manana (en el dia siguiente al de manana), ayer (en el dia anterior al de hoy), anteayer (en el dia anterior al de ayer), anoche (en la noche anterior al dia de hoy), entonces (en aquel tiempo); etc. (t. I, pág. 206)

Adverbio demostrativo de cantidad: tanto. Es el sustantivo neutro adverbializado, y antes de los adjetivos, adverbios ó complementos se apocopa: Tanto habian crecido los rios, tan grandes fiteron las avenidas, tan tiernamente le amo, tan de corazon lo deseo. Dicese granfrecuencia las expresiones á el, á ello, en el, en ello, de el, de ello, ó á omitir la demostracion con detrimento de la claridad. (t. I, pág. 206)

Usábase tambien el complemento conjuntivo por ende (por eso). (t. I, pág. 206)

Dende significaba de alli, desde alli, y pasando de la significación de lugar á la de tiempo, de entonces, desde entonces. Algunos los confunden con la preposicion desde; pero en los dos ejemplos que siguen se ve claramente la fuerza propia de la preposicion y la del adverbio: «¿Pues que mas quieres tu que comenzar desde agora á ser bienaventurado?» (Granada): «Dende á pocos dias se juntaron otra vez» (Diego H. de Mendoza). La frecuencia con que se encuentra dende por desde en libros antiguos proviene sin duda de la incuria de los impresores; pero da á conocer que el vulgo confundia ya estas dos palabras, como todavia lo hace. (t. I, pág. 206)

des fiteron las avenidas, y tanto que, etc., dejando de apocopar á tanto, porque se le subentiende el adjetivo grandes. Si en este mismo ejemplo quisiésemos colocar el verbo entre el adverbio y el adjetivo, seria necesaria tambien la forma integra: tanto fueron grandes las avenidas, que, etc., porque la modificacion del adverbio no caeria ya directamente sobre el adjetivo, sino sobre la frase verbal fueron grandes. Adverbios demostrativos de cualidad ó modo: tal, si, asi. (t. I, pág. 207)

a. Tal es, bajo esta sola forma, adjetivo de singular, sustantivo neutro y adverbio. He aqui un ejemplo del ultimo de esos tres oficios: «Hizo el postrer acto de esta tragedia Madama de Cameron, saliendo ella y dos hijas suyas ninas en busca del Conde, y pidiendole arrodillada á sus pies la vida de sus hijos: el Conde le respondió entonces pocas palabras: tal que hubo de volverse algo consolada» (Coloma): tal es aqui de tal modo. (t. I, pág. 207)

b. Si, llamado adverbio afirmativo, lo es realmente; pero sólo por un efecto de su significado modal. Si y asi son una misma palabra (1). Cuando uno pregunta ¿has estado en el campo? y otro res (1) No hay entre ellas mas diferencia original que entre este y aqueste, ese y aquese. La silaba á ó agu es en estos vocablos una particula prepositiva, como en los anticuados atal y atanto por tal y tanto. (t. I, pág. 207)

ponde si, hay una elipsis, que se llenaria diciendo asi es, y, en efecto, respondemos muchas veces afirmativamente con las expresiones asi es la verdad, asi es. (t. I, pág. 208)

c. A veces al si de la respuesta se agregan uno ó mas elementos de la pregunta, con las variedades que pide la transición de una persona á otra; «¿No has visto tu representar alguna comedia donde se introducen reyes, emperadores, pontifices, caballeros, damas y otros diversos personajes? — Si he visto» (Cervantes). Lo que se extiende aun á oraciones que no tienen la relacion de pregunta y respuesta: «Sobre todo le encargó que llevase alforjas: el dijo que se llevaria»: (Cervantes). (t. I, pág. 208)

d. Habiendose dado al só este valor afirmativo, fue natural intercalarlo en las proposiciones para reforzar la afirmacion, haciendo recacr la enfasis sobre la palabra á que lo posponemos. «Ahora si has dado, Sancho, en el punto que puede y debe mudarme de mi determinado intentos: (Cervantes). (t. I, pág. 208)

« Vuestra merced si que es escudero fiel y leal»: (Cervantes). «Entonces si que andaban las simples y hermosas zagalejas de valle en valle y de otero en oteros: (Cervantes). Hay en estas locuciones un contraste tacito: ahora si, antes no; vuestra merced si, otros no, entonces si, en otro tiempo no. El que, al parecer redundante, de los dos ultimos ejemplos, se encuentra en muchas otras expresiones aseverativas; ciertamente que, por cierto que, sin duda que, vive Dios que, pardiez que, a fe que, etc.; y proviene de una elipsis; «ahora si puede devirse que»; «entonces si sucedia que»; «ciertamente parcce que»; ó mas bien de que damos á una expresión aseverativa ó á un ju ramento, como á fe, á fe mia, vive Dios, pardiez, el mismo valor que si se dijera juro, afirmo (I). e. Hay otro si que, usado como conjunción: «Si que hay quien tiene la hinchazón por mérito: (Iriarte). Como si se dijera, en efecto, hay quien liene, etc. «Los ejercicios honestos y agradables antes aprovechan que danan; si que no siempre se está en los templos; no siempre se ocupan los oratorios; no siempre se asiste á los negocios, por calificados que sean: horas hay de recreacion donde el afligido espiritu descansa: para este esecto se plantan las arboledas, se allanan las cuestas y se cultivan con curiosidad los jardines»: (Cervantes). (t. I, pág. 208)

f. Dase á veces á la frase conjuntiva si que un sentido irónico: «Es muy fundada la queja vulgar de que nuestra revolucion no presenta ningun hombre extraordinario en ninguna linea: si que los habra, como no sea en escabeche, despues de cerca de tres siglos de un mortifero despotismo»: (Puigblanch). 191. A los adverbios demostrativos corresponden adverbios relativos de la misma significación, pero destinados exclusivamente al en (1) «Para mi santiguada, que si yo fuera camino con ellos, que nunca les siara las botas»: (Cervantes). Duplicase el que en este ejemplo: y para se usa en el sentido de por. Semejante uso de para no creo que, despues de los primeros tiempos de la lengua, tuviese cabida sino en este u otros juramentos: «Callen la boca, y váyanse con Dios; si no, por mi santiguada que arroje el bodegon por la ventana», dijo tambien Cervantes. En pardiez está apocopada la preposicion para y encubierto el nombre de la Divinidad. CXI lace de las proposiciones; tales son; donae (antes do, y mas antiguamente ó), adverbio relativo de lugar; cuando, de tiempo; cual, como, de modo; cuanto de cantidad. (t. I, pág. 209)

«Cada dia se van desfalleciendo las fuerzas de nuestro corazón, donde está el contento de nuestros apetitos» (Granada); « El dia que se ejecutó la sentencia se fue Cortes á Zempoala, donde le asaltaron varios pensamientos» (Solis): aqui, donde tiene por antecedente un nombre de lugar. Reproduce tambien adverbios y complementos; alli donde, á la falda de los cerros, donde. Pero puede asimismo llevar envuelto el antecedente: « Donde falta la libertad, todo falta»: alli donde. Y este antecedente envuelto puede ser termino de una preposición expresa (ordinariamente á, hacia, hasta, de, en, para, por); « Era tanta la devoción de San Francisco de Borja, que le aconteció en Valencia ir acompanando al Santisimo Sacramento desde la parroquia de San Lorenzo hasta cerca de do está ahora edificado el monasterio de frailes jerónimos» (Rivadeneira): (t. I, pág. 210)

cerca de alli do, cerca del lugar do. a. La forma do es hoy permitida en verso: ó por donde es enteramente anticuado. (t. I, pág. 210)

  1. Donde entra como elemento en los adverbios compuestos, adonde, endonde, dedonde, pordonde, los cuales es necesario distinguir de las frases en que donde lleva envuelto su antecedente, que es el término de la preposición. (t. I, pág. 210)

Por ejemplo: «Estaba emboscado el enemigo en la selva adonde nos encaminábamos»: selva es el antecedente de adonde, como, si dijéramos en la selva á la cual, seria selva el antecedente de la cual. «Nos acercábamos á donde estaba emboscado el enemigox: aqui es al contrario; hay un antecedente envuelto, y podriamos expresarlo diciendo nos acercabamos al lugar donde (I), a. Pero adonde puede tambien, como el simple, llevar en si su antecedente: «Si vuelves presto de adonde pienso enviarte, presto se acabara mi penax (Cervantes); del lugar adonde. (t. I, pág. 211)

b. Adonde usado por donde es un arcaismo que debe evitarse. Dicese adonde con movimiento, y donde sin el: el lugar adonde nos encaminamos, donde residimos (2). (t. I, pág. 211)

(1) Debe indicarse esta diferencia en la escritura: adonde (escrito como una sola diccion) equivale al adverbio latino quo, á donde á la frase latina illuc udi ad locum ubi. (t. I, pág. 211)

(2) Notese que do y donde significaban en tiempos no muy antiguos dedonde. Todavia leemos en Fray Luis de Leon: «La luz do el saber llueves, esto es, el astro dedonde baja ó es influido á los hombres el saber: expresión que Hermosilla tacho injustamente de absurda, siendo solo arcaica. En el mismo error cayó Clemencin, criticando la causa do naciste, en la canción de Grisóstomo, porque, segun dice, el efecto no nace en, sino de la causa; c. Dedonde es una sola palabra (I) en este pasaje de Cervantes: «Corrimos una borrasca, que nos duró cerca de cuarenta horas, al cabo de las cuales dimos en esta isla dedonde hoy salimos». Se divide en dos palabras distintas cuando decimos, por ejemplo: «Salió de donde estaba escondido», esto es, del paraje donde. El antecedente envuelto es el término de la preposicion de. (t. I, pág. 211)

d. La misma diferencia se verifica en pordonde, que es una sola palabra (2) en «La ciudad pordonde transitabamos»; y dos palabras distintas en « Transitabamos por donde nos pareció menos denso el gentio», esto es, por el paraje donde. (t. I, pág. 212)

  1. Cuando puede llevar tambien envuelto su antecedente: «Los Gobiernos, cuando no se les ponen trabas, abusan de su poders: entonces cuando, en el tiempo cuando; frases que nos parecen ya extranas á fuerza de embeberse tan á menudo el antecedente en el relatiyo. Y puede asirnismo este antecedente envuelto servir de termino á una preposición expresa: (t. I, pág. 212)

como si este do no significase aqui eso mismo. «Aquellos donde venimos», esto es, aquellos dedonde, de quienes descendemos, dice un romance que por el lenguaje no parece anterior al siglo XVI. «No hay pueblo ninguno donde no salgan comidos y bebidos»: (Cervantes). Y el mismo Fray Luis de León: (t. I, pág. 212)

«Cielo, do no se parte Oscura y fria niebla eternamente. D (1) Equivalente á la latina unde. (t. I, pág. 212)

(2) Equivalente al adverbio latino qua. (t. I, pág. 212)

«Deja tus pretensiones para cuando sean más favorables las circunstancias»: para el tiempo cuando, para el tiempo en que. (t. I, pág. 213)

a. Si es un nombre sustantivo ó sustantivado el antecedente expreso, se prefiere generalmente á este adverbio el complemento en que: «La estacion en que suelo trasladarme al campo»; « El ano en que nació el Salvador no es el mismo en que principia la era cristiana». (t. I, pág. 213)

b. Notese tambien que rara vez precede á cuando otra preposición que para: con las demas se prefiere el anunciativo que: « Tomo mis disposiciones para cuando llegue la muerte; aguardo á que, desde que, etc. Pero en las oraciones interrogativas es al contrario: «¿A cuando aguardas?» «¿Desde cuando estas en Chile?» «¿Hasta cuando abusaras de nuestra paciencia?» (t. I, pág. 213)

  1. Como es de frecuentisimo uso, y lleva muchas veces envuelto su antecedente: «Portose noblemente, como lo habian hecho sus antepasados»: noblemente es aqui el antecedente de como. « Las letras humanas honran y engrandecen al caballero, como las mitras á los obispos, ó como las garnachas a los jurisconsultosy (Cervantes); como lleva en si su antecedente; asi como, del modo como. (t. I, pág. 213)

De la idea de modo ha pasado como á significar varios otros conceptos, cuales son los de causa, sucesión inmediata, condición: Como el tiempo amenazaba lluvia, nos volvimos á casas; (t. I, pág. 213)

«Como nos vieron, ó asi como nos vieron, se llegaron á saludarnos»; « Como tenga yo salud, lo demás no me importax. (t. I, pág. 214)

a. Cual, adverbio relativo de modo, equivalente á como, es poco usado, excepto en las comparaciones poeticas (1). (t. I, pág. 214)

  1. Cuanto se apocopa de la misma manera y en las mismas combinaciones que tanto. «Cuanto son más apetecidas las cosas, tanto es más mezclado de inquietudes y sinsabores su (1) De dos modos se usa cua! en las comparaciones: como adjetivo y como adverbio. (t. I, pág. 214)

Como adjetivo: «Los espanoles y los araucanos embisten unos con otros», dice Ercilla, «Cuales contrarias aguas á toparse Van con rauda corriente sonorosa.» Como adverbio: Un incendio, dice el Duque de Rivas, «Alza hasta el alto cielo remolinos, Con luz siniestra ilominando valles, Y selvas, y apartados caserios, Y en las lejanas cumbres desiguales Reflejando del ultimo horizonte, Cual suelen encendidos los volcanes.» Puede ser uno u otro en este pasaje de don J. J. de Mora: (t. I, pág. 214)

«Don Suero á nadie dana, Mas, cual vision extrana, Que horror secreto y repugnancia inspira, La faz del hombre mira.» (t. I, pág. 214)

Cual adjetivo serfa representado en latin por qualis; adverbio, por ut ó velut, goce»; «Caballo tan extremado por sus obras cuan desdichado por su suerte»: (Cervantes). Modernamente, con todo, es rara la apócope de este adverbio, á menos de usarse cotno interrogativo ó exclamatorio, acentuándose. En Cervantes mismo encontramos: «Aquellos tan honestos cuanto bien declarados pensamientos». (t. I, pág. 214)

El adverbio cuanto lleva muchas veces envuelto su antecedente: «Fueron las ventajas alcanzadas por el enemigo rápidas cuanto decisivas»; « Rogaba cuan encarecidamente podia»; «En toda la casa, cuan grande era, no habia una sola pieza habitable». En construcciones parecidas á la de estos dos ultimos ejemplos se pospone á cuan la palabra que, adoptándose otro giro, hubiera sido calificada por el antecedente tan: tan escarecidamente como podia, tan grande como era. La trasposición es elegante, y hace necesaria la apócope. 196. Todos estos adverbios relativos se contraponen frecuentemente á los demostrativos análogos; « Alli florecen las artes donde las leyes aseguran las personas y las propiedades»; « Cuando no se respeta la ley, cuando la violación de los derechos del más humilde ciudadano no excita la alarma y la indignación universal, entonces puede decirse que las instituciones liberales contienen un principio de disolución que las mina y corroe»; «Como es la vida, ast es casi siempre la muerte»; «Tanto es más estimada la recompensa, cuanto es mas dificil obtenerla». Y en todas estas contraposiciones se repite, bajo las dos formas demostrativa y relativa, un mismo concepto: alli, alli, entonces, entonces, asi, ast, igualmente, igualmente; y por medio de la repetición se indica la reciprocidad. 197. Mientras es una preposicion que tiene regularmente por termino un demostrativo neutro; mnzentras esto, mientras tanto, mientras que, á veces un sustantivo cualquiera: mientras la cena. Si se le calla el que, la preposición, envolviendo el relativo, toma el significado y oficio de cuando, y se hace, por tanto, adverbio relativo: «Mientras yo trabajaba, tu te divertias». No es raro en el dia, aunque lo tengo por una novedad en la lengua, que se use mientras sin término alguno expreso, y sin que introduzca proposición subordinada, haciendose un adverbio meramente demostrativo, equivalente á entretanto: (t. I, pág. 215)

«Rabiará dos ó tres dias, Pero queda luego sano; El siempre gana.—¿Y si, mientras, Sucediera algun fracaso?» (t. I, pág. 216)

(M. DE LA ROSA). (t. I, pág. 216)

  1. Pues, preposicion que sólo puede tener por término el anunciativo que (I); «Fites que vemos á la patria amenazada de tantos peligros, (1) Nuestro bues se deriva de la preposicion latina post. (t. I, pág. 216)

justo es que nos apresuremos á socorrerla»; «Pues el buen Sancho es gracioso y donairoso, desde aqui le confirmo por discreto»: (Cervantes). Pues, en este ultimo ejemplo, lleva embebido el que, y toma el carácter de adverbio relativo, equivalente á la frase supuesto que. Pero sucede á veces que envuelve, no sólo el que, sino la proposición subordinada que deberia seguir á este, y que se calla porque acabando de enunciarse es fácil subentenderla: “Tantas razones no os convencen? Apelemos, pues, á los hechosy: apelemos, pies (que tantas razones no os convencen), á los hechos. Pues significa en este caso una relación entre dos proposiciones independientes, de las cuales la primera es el fundamento ó premisa logica de la segunda, y de preposición ó adverbio relativo que era se convierte en conjunción. (t. I, pág. 217)

  1. El sz condicional es siempre un adverbio relativo equivalente tambien á la expresión supuesto que ó dado que, tomada en el sentido de condición: «Si deseamos cumplir con nuestras obligaciones, debemos ante todo conocerlas». Este si puede ser término de la prepoposición por. «Se reforzaron los castillos por si los atacaba el enemigo». (t. I, pág. 217)
  1. Los adverbios relativos se hacen interrogativos acentuándose. (t. I, pág. 217)

«¿Donde son los palacios de la sin par princesa dona Dulcinea del Toboso?» (Cervantes.) (t. I, pág. 217)

«¿Cuando será que pueda Libre desta prision volar al cielo?» FR. LUIS DE LEON. (t. I, pág. 218)

«¦ Como se van las horas, Y tras ellas los dias, Y los floridos anos De nuestra fragil vida!» (t. I, pág. 218)

MELENDEZ. (t. I, pág. 218)

«¡Ay! ¡cuanto me enganaba! (t. I, pág. 218)

¡Ay! ¡cuan diferente era, Y cuen de otra manera Lo que en tu falso pecho se escondia!» GARCILASO (I). (t. I, pág. 218)

a. Los dos ultimos ejemplos manifiestan que en las exclamaciones tienen estos adverbios las mismas formas que en las interrogaciones. b. «Mira hasta donde se extiende la malicia de los encantadores y la ojeriza que me tienen» (Cervantes): interrogacion ó exclamacion indirecta. 201. El s2 interrogativo convierte el significado de condición en el de incertidumbre ó (1) Injustamente, en mi humilde opinión, censuró Hermosilla como ociosamente pleonastico el tercero de estos versos, que tan sentidamente exprime el dolor de Salicio por la inconstancia de Galatea. Dudo que á nadie parezcan mas expresivos aquellos acumulados pleonasmos de Homero, que el mismo escritor llama bellisimos: «Pero Aquiles pretende sobre todos Los otros ser, á todos dominarlos, Sabre todos mandar, y como jefe Dictar leyes á todos.» (t. I, pág. 218)

curiosidad: «¿Si tendrá buen éxito la empresa?» «¿Si tantas experiencias desgraciadas le habrán hecho conocer su error?» El uso de este adverbio es frecuente en la interrogación indirecta; «Mirando á todas partes por ver si decubriria algun castillo ó alguna majada de pastores, vió una venta», etc. (Cervantes). (t. I, pág. 219)

  1. El si, adverbio demostrativo de modo, el si, adverbio relativo de condicion, y el si, adverbio interrogativo, tienen entre si la misma afinidad, y forman la misma escala que tanto, cuanto y cuanto: los demostrativos tienen regularmente relativos análogos, que pasan á interrogativos acentuandose; pero no acentuamos el si interrogativo por la necesidad de distinguirlo del demostrativo; bien que, á mi parecer, en el primero se apoya un poco más la voz que en el condicional. (t. I, pág. 219)

Puede notarse la correspondencia de los tres sies en este pasaje de Cervantes: «¡Ay Dios! ¿Si sera posible que he ya hallado lugar que sirva de sepultura á la pesada carga de este cuerpo que tan contra mi voluntad sostengo? Si será si la soledad de estas selvas no me miente»; correspondencia enteramente analoga á la de aqui, donde y donde en esta variacion del ejemplo: «Donde tendrá al fin sepultura la pesada carga de este cuerpo? Agui la tendrá sin duda, donde la soledad de estas selvas me la ofrece». b. El si, adverbio condicional, lleva casi siempre envuelto su antecedente, que por tanto existe sólo en el entendimiento, y pudiera representarse por el adverbio demostrativo asi. “Te perdonaré si te en miendas»: te perdonare asi, de este modo, con esta condicion, si te enmiendas. Callase el antecedente asi, y el relativo lo envuelve (1). (t. I, pág. 219)

Apéndice. Adverbios superlativos y diminutivos

Además de los adverbios que son superlativos ó diminutivos, porque se forman con adjetivos que tienen este ó aquel caracter, como poguisimo, poquito, quedito, tantico, bellisimamente, bonitamente, los hay que toman de suyo las correspondientes inflexiones, como lejisimos, lejillos, cerquita, arribita, despacito; que apenas se usan fuera del estilo familiar. (1) Sutileza metafisica, diran algunos. Pero estos senores no desconocerán en muchos giros de nuestra lengua la influencia latina. La construccion ast... si, no seria, pues, más que la latina sic... si, cual aparece en estos versos de Horacio: (t. I, pág. 220)

..... Sic ignovisse putato Me tibi, si coenas odie mecumi. (t. I, pág. 220)

Textos de Karb and Sil, con licencia Creative Commons Reconocimiento 4.0 (CC BY 4.0): cópialo, compártelo y adáptalo citándonos. La Gramática de la lengua castellana de Andrés Bello (1847), la edición de 1905 con las notas de Rufino José Cuervo y sus portadas son de dominio público. Cada dato lleva su fuente entre corchetes; lo que es lectura nuestra, va marcado. Editor: Wordkers. Hecho a partir de nuestras notas de estudio; generado el 06/11/2026 19:20.