Notas
Texto leído por máquina (OCR) y troceado por reglas: no es una edición crítica. Medido contra seis trozos copiados a mano en la imagen, se equivoca en un 0,96 % de las letras. La ortografía es la del libro, y no se corrige: vozes, hai, hoi, mui, sinó, ántes, segun, las agudas en consonante sin tilde (preposicion, razon) y la tilde que Salvá pone a los ejemplos para señalar dónde va el acento (cortaplúmas, guardajóyas). Lo leyó la Kraken, con las tildes y eñes que ve la Tesseract en la misma palabra. Las notas al pie del libro van sangradas; donde no se pudieron apartar, van pegadas al texto. Cada párrafo dice su página; las que el libro no numera (los preliminares, el índice), la hoja del escaneo. Cómo está hecho.
A (Pág. V del prelogo.) (pág. 453)
COMO se hace inconcebible á personas doctas y versadas en nuestra literatura que haya afirmado yo con pleno conocimiento, que España es mas rica que todas las nactones juntas en escelentes comedias; juzgo necesario manifestar, que podrá ser esto una equivocacion mia, pero que no lo he dicho por inadvertencia ó descuido. (pág. 453)
Mi opinion es que no tenemos que envidiar á los estranjeros, y ménos que á nadie á los franceses, en punto á muchas y buenas comedias, aunqué no lleguen á media docena (por mucho que se estire la cuenta las que se han compuesto con reglas. En algunos centenares de las nuestras hai hermoso lenguaje, bella versificacion, una copia exacta de nuestras costumbres e ideas caballerescas, y la trama es sobre manera complicada, de modo que el espectador está embelesado desde el principio hasta el fin, pues á cada escena se atraviesa un incidente, que llama con mayor fuerza su atencion y escita su curiosidad, para ver de que modo se desembaraza el autor de tantas dificultades como va amontonando. Esto hace que escuchemos todavía con placer aquellas composiciones, aunqué su locucion toque ya en anticuada; por mas que se falte á todas las reglas de la escuela francesa; á pesar de que hayan cesado los abusos que ridiculizan, y las costumbres y preocupaciones á que aluden; y no obstante que pertenecen á una época que se parece poco á la nuestra. Pero para mi es este un privilegio tan peculiar de los verdaderos partos del ingenio, que si bien estói persuadido de que nuestras comedias famosas atraerán un gran concurso, miéntras puedan ser entendidas, no me cabe duda en que dentro de cincuenta años no se representará ninguna de las de Moratin, á pesar de su regularidad, buen diálogo y castigado estilo; y que á lo mas se echará una que otra vez el Café, que no es por cierto su mejor comedia. Moratin llegó á estinguir gran parte de su ingenio por la nimia observancia de las reglas, las cuales, como una esponja que todo lo borra, al purgar de defectos sus dramas, los han distituido de las dotes que los hubieran perpetuado en el teatro. Se leeran sin duda y se estudiaran como modelos de lenguaje correcto y de otras infinitas bellezas, á la manera que estudiamos la Cclestina y la Lena, y el nombre de Inarco aparecerá siempre al lado de los de (pág. 453)
Terencio y Moliere; pero sus comedias no daran mucho provecho á los actores. Moratin debió pronosticarse este resultado, puesto que reconocia, al hablar de las tragedias de Montiano, que aes una verdad sabida que pueden hallarse observados en un drama todos los preceptos, sin que por eso deje de ser intolerable á vista del público;» y al Burlador de Sevilla de Tirso de Molina lo calificó de «comedia que siempre repugnará la sana crítica, y siempre será celebrada del pueblo.» El ingenio pues y otras dotes son las que sostienen las obras literarias, como lo esperimentamos en el Don Quijote, mas apreciado sin disputa al presente, que cuando estaba en vigor la manía de los libros caballerescos, que Cervántes se propuso ridiculizar; y lo mismo sucede con nuestras comedias del siglo XVII, cuya celebridad todavía dura. Si las de Moratin desaparecen dentro de algunos años de la escena, como yo lo creo, en otra cosa consistirá, y no en que el genero cómico solo sufra la pintura de los vicios y errores vigentes, segun el lo sienta en la advertencia á La comedia nueva. (pág. 454)
Los campeones de las insúlsas unidades, que tanto nos citan á Aristóteles y á Horacio, han olvidado que las dos naciones que mejor conocen los clásicos griegos y latinos, la Alemania e Inglaterra, nunca han querido dar entrada á las comedias ajustadas á los decantados preceptos del arte; que la Francia, donde Moliere, Racine y Corneille crearon una escuela nacional, va desviándose hasta tal punto de las huellas de estos dramaticos, que el teatro frances por escelencia está casi siempre desierto, al paso que los parisienses corren desalados á comedias, que no son ya sinó cuadros sueltos, pues sus actos no guardan la menor relacion entre si; y que nuestro pueblo, por mas que le prediquen los preceptistas, ha dado hasta ahora en la manía, y lleva trazas de mantenerla, de que le divierte un drama, si hai en el fiel pintura de las costumbres y complicacion ingeniosa de sucesos que mantenga en espectativa el ánimo del público. Son ademas poco consecuentes en no aplicar al teatro los mismos principios, por que examinan y admiran la inmortal obra de Cervántes. La reputan y con fundamento, superior á cuanto ha dado á luz la imaginacion de todos los escritores; la miran como parto de una inspiracion que se echa ménos en las demas composiciones del mismo autor; confiesan que los hombres instruidos, cuando leen el Telémaco, por ejemplo, no tienen por imposible hacer algo que se le parezca, miéntras humillan sus cabezas delante de aquella produccion sublime; y miran con desprecio á los criticastros que osan notar en ella los descuidos en que incurrió Cervantes, ocupado tansolo en ejecutar la portentosa idea que llenaba su mente por entero. ¿Por qué pues no juzgar de nuestras comedias por las mismas reglas? Quien advierte que Ruiz de Alarcon infringe en los Empeños de un engaño las unidades de lugar y tiempo, por lo bien que guarda la de accion? Qué importa que don Diego sane de su grave herida en el intervalo del primer acto al segundo, que don Juan vaya de (pág. 454)
Madrid á Sevilla, y vuelva de allá á la corte en el mismo tiempo, y que el breve que esta caido el telon desde la jornada segunda á la tercera, de lugar á que se restablezca don Diego de la caida mortal que del balcon ha dado? El espectador no repara en ninguno de estos incidentes accesorios, atento esclusivamente á la bien urdida trama, de que resulta que á despecho de los obstáculos que se van acumulando, da por fin don Diego la mano de esposo á Teodora. Iguales observaciones pueden hacerse sobre La toquera vizcaína de Pérez de Montalvan, cuyo primer acto es en Valladolid, miéntras los dos siguientes pasan en Madrid. Como para responder con un hecho á la escuela de los unitarios, compuso Rójas el drama Entre bobos anda el juego, en el que todo el interes de la accion está íntimamente enlazado con la mudanza de lugar, que es distinto no solo al fin de cada acto, sino de una escena á otra, segun se advierte en las sestas del primer acto y del tercero. Y á buen seguro que no obstante la inobservancia de las reglas, queda el espectador mucho mas satisfecho de cualquiera parte de aquella comedia, que de los dos primeros actos de La niña en casa y la madre en la máscara, en los que nada hai que escite su curiosidad, pues apénas se da un paso para complicar el enredo. Sin moverse casi de una pieza, hablan, ó mas bien disertan los que sucesivamente se presentan en la escena, y el lector como el oyente saben desde las primeras, que doña Leoncia se arrepentirá de sus estravagancias, que se descubriran las trampas y embustes de don Teodoro, y que dando doña Ines la mano á don Luis, quedará premiada su virtud. Lo propio nos sucede con la mayor parte de las comedias del dia, que por esto atraen tan poco á los espectadores, miéntras se llena el teatro, cuando se echa cualquiera de las antiguas, porqué si bien están desarregladas y tienen disparates, aquellos disparates y aquel desarreglo son hijos del ingenio, y no de la estupidez. Tienen defectos enormes, es verdad; pero entre estos defectos se hallan cosas que tal vez suspenden y conmueven al espectador en términos de hacerle olvidar ó disculpar cuantos desaciertos han precedido. Compdrense nuestros autores... del dia con los antiguos, y se verd que valen mas Calderon, Solis, Rojas, Moreto, cuando deliran, que estotros cuando quieren hablar en razon. (pág. 455)
No pretendo con estas reflexiones acriminar á los que se conforman con las reglas del arte, ni quiero reducir toda la poética dramática á los dos axiomas, 1° que las obras de teatro solo piden ingenio, y 2° que las reglas observadas por los estranjeros no son admisibles en la escena española. Mis deseos quedaran satisfechos, si veo que algunos de nuestros literatos se hacen ménos intolerantes; si llegan á convencerse de que el enredo y complicacion de una comedia no escluyen la observancia de las unidades, segun lo patentizan La verdad sospechosa y algunas otras de Ruiz de Alarcon; si van conociendo que las de lugar y tiempo no son tan esenciales como la de accion; en una palabra, si empiezan á dudar de la necesidad de atenerse á los cánones de los preceptistas, reconociendo que en el drama como en la epopeya, puede sobresalirse por caminos mui diversos; que si fueron escritores eminentes Tasso y Moliere, no se encuentran á cada esquina un Ariosto ni un Shakespeare; y que no debemos avergonzarnos de colocar nuestro Don Quijote al lado del Telémaco frances. (pág. 455)
En esta nota hablo del teatro español cual se hallaba diez años atras, absteniéndome por ahora de calificar los ensayos de la escuela novísima. Diré si desde luego, que con arreglo á los principios que anteceden, y á los que espuse en la advertencia á la Florinda y otras poesías sueltas de don Angel de Saavedra, mi desaprobacion solo podría recaer sobre los desaciertos ó el mal desempeño en particular de algunas de las comedias que se han publicado, y no sobre el rumbo que siguen sus autores, Para mi todos los sistemas que son capazes de crear los hombres dotados de verdadero ingenio, pueden conducir al acierto. Cuando se escriba una poética fundada en esta máxima, tan liberal como cierta, entónces redundará en descrédito de una obra que se le aplique la censura, de que no esta ajustada á las reglas del arte. (pág. 456)
B (Pág. 1a de la obra.) (pág. 456)
En esta definicion señalo como fuente de todo lenguaje el uso que es general entre las personas que por su dignidad, luzes ó educacion han debido esmerarse en cultivarlo; y no el de uno t otro escritor, por mui distinguido y recomendable que sea. En lo cual sigo al gran maestro Quintaliano, que dice en el capítulo 60 del libro l de sus Instituciones: Consuetudo certis sima loquendi magistra: utendumque plane sermone ut nummo, cui publica forma est..... Consuetudinem sermonis vocabo consensum eruditorum, sicut vivendi, consensum bonorum. Jamas ha empleado el vulgo las vozes auspicios, circunscribir, condensar, inerme, inerte, obstruir, precoz, setentrion y mil otras, que ocurren en todos los libros y forman parte del lenguaje docto; y por mas que Cervántes haya dicho trastulo por pasatiempo, Sigüenza hirquitallar por mudar la voz al llegar á la pubertad, Lope de Vega bufonizar, Vélez de Guevara encochados, Tirso de Molina cochiquizar y fregonizar, D. Antonio de Mendoza cocherizarse, Pérez de Montalvan desalcobarse y desentuertar, y Cascáles angelicar y desnarcisar; no ha bastado la respetable autoridad de estos escritores, ni lo oportuno y significativo de algunas de estas vozes, para darles cabida en la lengua castellana, porqué la generalidad de los autores y de los sugetos cultos no han tenido á bien prohijar semejantes novedades. Con vendría no obstante introducirlas, bajo la clasificacion de Vozes de capricho, en el Diccionario, si ha de mirarse como un repertorio completo del lenguaje de nuestros escritores clasicos.—Por esta imperiosa lei del uso se tendría ahora por galicismo imitar á nuestros antepasados empleando á defender y reproche en el sentido de prohibir y tacha, al paso que las vozes flamantes cortejo, fraque, rango pueden usarse sin temor de ofender á la pureza de la locucion. (pág. 456)
No faltará quien diga, que siendo la gramática el cuerpo de las reglas observadas por los doctos, no es tan desacertado llamarla el arte de hablar y escribir bien y correctamente, que es el modo mas comun de definirla. Pero entiendo que hai en esto una grave equivocacion, nacida de faltar en todas las Gramaticas el capítulo mas principal de una lengua, es decir, las reglas generales del estilo. En las lenguas vivas es necesario renovar cada cincuenta años este capítulo del estilo, para atemperarlo al uso corriente. Si la gramática de la lengua de los Argensolas podría aspirar con justicia al título de bueno y correcto hablar, no será por eso la que merezca una esclusiva preferencia en nuestros dias; ni jamas podrá decirse que la altisonancia, piropos e hinchazon de Quevedo y Paravicino constituyen una buena y correcta locucion, aunqué estos adornos formaban la mas prominente y señalada de las facciones de su lengua. Es claro de consiguiente, que las reglas de la gramática de una lengua pueden estar en oposicion abierta con los principios ciertos e invariables del arte de bien hablar. (pág. 457)
Cuando en la primera edicion de esta Gramática definí la de la lengua castellana en los términos en que entónces lo hice, no deje de prever cuanto chocaría á algunos que me separase de la definicion comunmente recibida. He visto despues con particular gusto que mis ideas habían coincidido con las de un escritor tan insigne como Jovellános, el cual dice en los Rudimentos de gramática general, que puede ser definida la gramática el arte de hablar bien una lengua, ó el conjunto de reglas que deben ser seguidas y observadas para hablar bien una lengua. Y luego añade: Estas reglas, establecidas por el uso, y reunidas por la observacion, fueron en parte derivadas de la naturaleza, y en parte de combinaciones arbitrarias; y por eso hai algunas que son comunes á todas las lenguas del mundo, y otras que son propias y peculiares de cada lengua particular. Al conjunto de reglas de la primera clase daremos el nombre de gramática general, y al de la segunda de gramática particular. C (Pág. 54.) (pág. 457)
Es tan general la costumbre entre nuestros gramaticos de colocar á amarta como segunda terminacion de lo que llaman pre térito imperfecto del subjuntivo, diciendo yo amara, amaria y amase, que no puedo dispensarme de producir los principales fundamentos que he tenido para formar con ella este tiempo de indicativo, denominándolo futuro condicional, atendida su naturaleza, y el haberme precedido en darle este nombre algunos de los estranjeros que han escrito Gramaticas españolas en sus lenguas. (pág. 457)
Es indudable que las terminaciones ra y se del subjuntivo fueron tomadas de los latinos, siendo amara su amarem y amase su amavissem, sincopado; y que la terminacion ria ó el futuro condicional, y el futuro simple del indicativo traen su orígen del infinitivo y el ausiliar haber. Cantarhé, cantarhás etc., cantar habla ó hia, cantar hablas ó hias etc., decían nuestros mayores á lo que nosotros cantare, cantards, cantaría, cantarias. Aun al presente se resuelve bastante bien el futuro condicional por el habla de y el infinitivo, pues me había de alegrar viene á valer lo mismo que me alegrarta. Y si en esta oracion, Se ha dicho que llega hoi, que ha llegado ahora mismo, que llegó ayer, que llegará mañana, que h abia de llegar pronto, todos los determinados son del modo indicativo, ni permite otro la índole de nuestra lengua; no se descubre por que á su equivalente llegarta lo hemos de creer tiempo del subjuntivo en la frase, Se ha dicho que llegarta pronto, la cual se diferencia poco ó nada de, Se ha dicho que había de llegar pronto. (pág. 458)
Lo propio se advierte en las oraciones de interrogante, las cuales pudiendo empezar por cualquiera de los tiempos de indicativo, y nunca por los de subjuntivo por la razon señalada en las págs. 171 y 172 principian á vezes por el futuro condicional. Voi d verle? iba á verle? iré á verle ? irtas á verle ? mas no, Vaya á verle? fuera á verle? fueres á verle? (pág. 458)
La lengua latina jamas emplea el subjuntivo para espresar este tiempo que no le fué conocido, sinó que acude al rodeo que lleva en si el futuro activo ó pasivo del infinitivo: Pensaba que Vd. no se mofarla de mi, estando yo ausente. — Existimaram te numquam ludibrio lœsurum esse me absentem, ó, me numquam absentem à te ludibrio lœdendum esse, ó bien, como dice Ciceron, Existimaram me nec absentem ludibrio lœsum iri. (pág. 458)
No nos deja ademas dudar de la íntima conexion de este tiempo con el futuro de indicativo, y de la ninguna que ambos tienen con los indefinidos de subjuntivo, el ver que siguen aquellos constantemente unas mismas anomalías, al paso que los indefinidos se conforman con las del perfecto absoluto de indicativo (pág. 61). Dire, diria; dijo, dijera, dijese; dormire, dormiría; durmió, durmiera, durmiese; hare, harta; hizo, hiciera, hiciese, y todos los demas verbos irregulares son una prueba convincente de esta verdad. (pág. 458)
D (Pág. 114.) (pág. 459)
El verbo haber tiene tres significaciones bien determinadas: primera, la activa del habere latino, tener, que es la suya propia, aunqué hoi está anticuada (pág. 210); segunda, como ausiliar, en cuyo caso conserva de algun modo su fuerza primitiva, pues, He leido la Araucana, viene á ser lo mismo que, Tengo leida la Araucana; y tercera, la de verbo neutro de estado equivaliendo á ser ó existir. En ninguno de los tres sentidos se toma en las locuciones del género de esta, Hai ó hubo fiestas reales, es decir, Se celebran ó Se celebraren fiestas reales; y como no puede un nombre plural regir una persona verbal del singular, ni cabe que varie un verbo de significado solo cuando se usa en la tercera persona de este número, es necesario esplicar de un modo mas conforme con nuestra sintáxis y con la historia, digámoslo así, del verbo haber, las frases en que se emplea con el carácter de impersonal. (pág. 459)
En el Poema del Cid, escrito á fines del siglo XII, que es el monumento mas antiguo que nos ha quedado de la lengua castellana, se usa siempre en la acepcion de tener, la cual conserva aun yendo de ausiliar; por lo que el participio pasivo concuerda en género y número con la persona paciente de la oracion. Son contados los casos (quizá no llegan á veinte) en que subsiste indeclinable el participio El verbo ser desempeñaba en aquel tiempo las funciones de ausiliar con mas frecuencia que haber. Ambas circunstancias reúne el verso 466: (pág. 459)
Todos son exidos (han salido), las puertas dejadas (dejado) han abiertas. Tampoco usurpaba entónces haber tanto como ahora el lugar del verbo ser, segun lo comprueba entre otros infinitos el verso 1245, Grande alegría es entre todos esos cristianos. (pág. 459)
Del haber como impersonal tal vez no se hallan mas ejemplos que los del verso 706, 1029, 1088, 1224, 1858 y 2180; pero algunos de estos lugares todavía pueden esplicarse por la acepcion primaria de tener, como el 1088, Lo que non ferte el Caboso por cuanto en el mundo há (tiene). La tercera persona del singular hai no se encuentra ni una vez siquiera, aunqué el verso 3513, Tales y ha que prenden, tales y ha que non, nos sugiere ya la idea de como pudo formarse. (pág. 459)
Berceo, no mui posterior al autor del Poema del Cid, hace igual uso del verbo haber, empezando solo á notarse que haber de rige los infinitivos, como en la copla 321 de la Vida de san Millan, El tercero libriello habemos de decir, si bien lo mas ordinario es emplear haber á, segun se halla en la copla 87 de los Milagros de nuestra Señora, Ovieron á partirse tristes de la batalla. (pág. 459)
Tambien principia á conjugar los verbos con el he, hla etc. pospuestos al infinitivo. Así se nota en la copla 841 de los Milagros: E tornarlo hie luego en toda su honor. (pág. 460)
Es mui frecuente el adverbio y despues del coexistente habla, como en las coplas 4a y 330 de los mismos Milagros: Habíe y grand abondo de buenas arboledas.— Habíe y un calonje de buena alcavera. (pág. 460)
Pocas novedades nos ofrecería el Poema de Alejandro, por pertenecer tambien á la mitad del siglo XIII, si no hallásemos ya la persona singular hai, y á vezes con nombres plurales, que parecen el supuesto de la oracion, v. g. en la copla 1303: Ha y en esta cibdat mui olorosos vinos, Algunos años despues se compusieron las Partidas, en las que continúa el verbo haber con la significacion casi invariable de tener, y cuando hace el oficio de ausiliar, concuerda generalmente el participio pasivo con el caso objetivo de la frase. Se repite muchísimo y la, pues solo en los principios de la lei 16, tit. XVII y en la 44 tit. XXV de la Partida séptima lo hallamos cinco vezes, y dos de ellas con construccion singular, donde dice: Maldat conoscida facen homes y ha casándose dos vezes á sabiendas, y, Ensandecen á las vegadas homes y ha, esto es, Hai hombres que hacen maldad conocida, y, Hai hombres que ensandecen. Por el contrario el ha y es de rarísima occurrencia, siendo uno de los lugares en que se halla la lei 32 tit. XVI de la Partida primera: Pero porque ha y algunos dellos que comienzan mas aína á ser entendudos que otros. (pág. 460)
Las poesías de Juan Ruiz, arcipreste de Hita, casi un siglo mas modernas que las Partidas, nos demuestran que el adverbio y iba mas de ordinario despues, que ántes de la tercera persona ha, y en solas dos coplas seguidas (las 1014 y 1015) se repite cuatro vezes del último modo. Si en esto se denotaba ya el giro que se tomaría en lo sucesivo, no puede decirse lo mismo respecto del uso general del verbo haber en calidad de ausiliar, pues el arciprest e lo escasea mas que sus predecesores, y por tanto lo emplea infinitamente ménos que nosotros. (pág. 460)
Hecha esta reseña histórica de las vieisitudes del verbo haber, entraremos á conjeturar lo que ha podido dar márgen á la especie de desconcordancia que ahora nos ofrecen ciertas oraciones. Era y un adverbio de lugar para nuestros mayores, que denot aba allí, como desde tiempo remoto sucede en la lengua francesa. Se anteponía ó posponía á los verbos, y particularmente al haber en las terceras personas del singular del presente, del pretérito coexistente y del futuro condicional de indicativo, aunqué tambien nos lo presentan despues de la primera persona Juan Loren 20 Segura en su Poema de Alejandro á las coplas 187 y 2462, Del mal sabor que he y non vos lo puedo decir.— Desque esto he y visto que en el tiempo mio; y el arcipreste de Hita en la copla 637. (pág. 461)
Cret que vos amo tanto que non he y mayor cuidado. (pág. 461)
Del mismo modo ocurre sey por se en Berceo Milagros de nuestra Señora, copla 310: (pág. 461)
Se y mi mensaiero, lieva esti mandado, y en las coplas 38, 79 y 2470 del Poema de Alejandro, donde está sey por se, persona del verbo saber. En el principio siempre retendría el ha su significado de tiene llevando un supuesto del singular, y sería mui comun decir, por ejemplo, El rei va a Bribiesca et ha y Cortes, pues hallamos un caso igual á este en la copla 902 del arcipreste de Hita: (pág. 461)
Como dise un dicho, que coita non ha y lei. (pág. 461)
De frases como la primera de estas dos, por ser las mas repetidas, se empezaría á creer, que no había mas supuesto que el nombre Cortes, y dado este paso respecto de tres tiempos del indicativo, fácil era que se adoptase la locucion en todos los demas del verbo haber. Ninguna duda nos puede quedar de que en tales oraciones no es supuesto el que va espreso, sea del singular ó del plural, cuando vemos que nunca precede el ó ellos á hai, ni ellos á hubo, porqué semejantes locuciones nada significarían. Resulta por consiguiente, que en la frase, Hai ó Hubo fiestas reales, este nombre es un caso objetivo, y que tiene que suplirse por la elípsis un supuesto diciendo, El concejo, el ayuntamiento, el pueblo, la ciudad de tal há y (tiene ó celebra alli) fiestas reales; y que en esta otra, Habrá fiestas reales en Se govía, debemos mirar, por la silépsis, como nominativo el nombre que va regido por la preposicion en, que ha de suprimirse, á la manera que se hace preciso añadir un que en los dos pasajes arriba citados de la séptima Partida, á fin de dejar la sentencia arreglada á la recta construccion. Por el mismo estilo que hemos esplicado estos ejemplos, deben aclararse todos los de igual clase que tanto se menudean hoi en el habla castellana. Habemos de acudir tambien á la elípsis para la frase, Ha, hace ó hard veinte dias que no le he visto, la cual diría estando llena, El dia de hoi ha (tiene), hace ó hará veinte dias etc.; locucion que se halla completa en aquel lugar de la parte primera capítulo 39 del Don Quijote: Este (año) hard veinte y dos años que salí de cas a de mi padre. Lo que manifiesta que el cautivo había dejado la casa paterna en un dia del año, posterior al de su relacion. Si hubiese sido anterior, habría dicho, Este año ha hecho veinte y dos; y si el dia coincidiera con el de su narracion, Hoi hace veinte y dos años etc. (pág. 461)
En virtud del principio espuesto en la presente nota, y del que yo sigo respecto del caso objetivo del pronombre masculino el, (págs. 157 y 158) uso siempre lo, y no le, en las frases del tenor de las siguientes: Confesemos el error, cuando lo hai en nuestras producciones; Beberemos vino, si lo hai en el lugar. E (Pág. 152.) (pág. 462)
No debe cegarnos el amor propio, al examinar las bellezas y los defectos de nuestra lengua. Celébrese cuanto se quiera la riqueza y variedad de los tiempos de su verbo, y la libertad de su construccion; pero confesemos de buena fe que es sobre manera imperfecta e inexacta en el pronombre de la tercera persona. Esta falta se origina principalmente de que el caso oblicuo se y el adjetivo posesivo su, que de el se deriva, dicen relacion igualmente á las personas y á las cosas de todos los genéros y números. De donde la anfibologia en los casos siguientes: Me ha traido este libro el Sr. de Aguado: su modo de dis currir me gus ta mucho; Acaban de estar aquí Antonio y su esposa, y ayer vi á su madre; Los guardas des cubrieron luego al contrabandista; pero por su cobardía se termino pronto el combate. (pág. 462)
En algunos de estos ejemplos se trasluce lo que quiere decirse; pero no es lo mismo que nos entiendan, que esplicarnos de manera que no puedan dejar de entendernos. Quare non ut intelligere possit (judex), sed ne omnino pos sit non intelligere, curandum, dijo sabiamente Quintiliano en el libro VIII, capitulo 2°, hablando de la claridad. La lengua francesa, que es inferior á la nuestra por tantos títulos, no dejaría la menor ambigüedad en el último de los tres ejemplos, por tener el pronombre leur para el plural. Nada digo de la inglesa que ha llegado en esta parte á lo sumo de la perfeccion, pues con solo decir en el primer caso its doctrine, her mother en el segundo, y en el tercero his cowardice, se disiparía toda duda. (pág. 462)
La primera vez que lei este periodo de Moratin en el prólogo al tomo segundo (edicion de Madrid de 1850); Es admir able el generoso teson con que lleco (Feijoó) adelante la empresa de ser el desengañador del pueblo, á pesar de los que aseguran su privado interes en hacerlo estúpido; me quede parado al pronto estrañando dijera Moratin, que Feijoo trabajó constantemente en despreocupar al pueblo, sin embargo de que algunos aseguran que tenía un interes particular en mantenerle rudo. Pero á la segunda lectura noté, que su designio era dar á entender, que Feijoó había sido infatigable en ilustrar al pueblo, á despecho de los que afianzan su particular conveniencia en embrutecerle. Y la principal causa de mi equivocacion consistió en lo poco determinado del pronombre su. Cuando pregunta un comerciante á su corresponsal, si hai en el puerto un buque á la carga para la Habana y para Vera-Cruz, y cual será el dia de su salida; no se entiende, si quiere saber si hai un buque que haciendo la escala en la Habana, vaya á Vera-Cruz, ó si su demanda tiene por objeto indagar, si hai un buque para la Habana y otro para Vera Cruz. En frances lo dejaría claro el número del pronembre, pues en el primer caso se diría, et le jour de son depart, y en el segundo de leur depart. Lo propio sucede en esta otra oracion, Iban juntos Juan y Antonio, cuando cayo el sombrero de este, y en seguida se lo puso; pues ignoramos casi, si es la misma persona á quien se le cayo, la que se lo puso, ó si el otro lo cogió y lo puso á su compañero. Si digo, Ha llegado el sabio geografo Humbold; yo procurare presentarle d Vd., no se sabe quien ha de ser el presentado, si Humbold, ó bien la persona á quien el discurso se dirige. En frances quedaría claro diciendo, Je tacherai de vous le presenter, de vous presenter à lui, segun lo que quisiéramos significar; al modo que en ingles diríamos, I'll procure to introduce him to ycu, ó you to him. No es decir que no haya medios de desvanecer estas dudas en espanol; pero cuando es necesario recurrir á rodeos, y emplear mas palabras de las que en otra lengua requiere la frase sencilla para espresar lo mismo, es prueba evidente de la pobreza e imperfeccion de la que tiene que apelar á semejantes recursos. (pág. 463)
Compensa en parte esta falta, que ingenuamente manifestamos, la ventaja de que nuestro pronombre usted tiene los dos números. T’anto el vous frances como el you ingles conciertan siempre con el verbo en plural, y equivalen indistintamente á usted y ustedes. De modo que si un amo dice á dos criados suyos, Váyanse Vms., no hai equivocacion en que los despide á ambos; y si en singular, Vayase Vd., que habla solo con aquel á quien dirige la vista ó á quien nombra, y que el otro ha de quedarse. En aquellas lenguas se diría exactamente lo mismo en ambos casos. (pág. 463)
F (Pág. 157.) (pág. 464)
La opinion de los que dicen siempre la y las, tanto en el dativo como en el acusativo del pronombre ella, se funda en que ni en griego, ni en latin, ni en lengua ninguna, cuando un articulo, adjetivo ó pronombre tiene tres terminaciones, puede ser femenina en un caso la que fué masculina en otro. Luego teniendo tres nuestro pronombre el ella ello, y siendo le y les masculinas, es un absurdo, una incongruencia gramatical hacerlas tambien femeninas. Si se dice, El juez prendió á un jitano, le tomo declaracion y le condenó á muerte, ¿no está pidiendo la analogía que se diga, Prendio á una jitana, la tomó declaracion y la condeno á muerte? ¦ Por que, le tomó declaracion y la condeno? Le es una especie de contraccion de á el y les tambien lo es del anticuado á elles por á ellos: de consiguiente, si tratándose de una señora, se dijese, Cuando vea Vd. á doña Pepa, dele la enhorabuena, sería lo mismo que decir, de Vd. á él (doña Pepa) la enhorabuena; y si fuesen muchas, de Vd, á ellos (doña Pepa y dona Juana) la enhorabuena. Imperdonable solecismo! A este cúmulo de argumentos propios de la ideologia, me bastaría contestar, que mi gramática enseña, no la filosofia, sinó el buen uso presente del lenguaje castellano; y si en lo antiguo se hallara siempre quien y cualquiera en singular, y quienes y cualesquiera en plural, y fuesen ahora indeclinables estos dos adjetivos, así lo sentaría yo por principio, sin cuidarme de la mayor ó menor ventaja en practicar lo contrario. No conociendo autor alguno, antiguo ó moderno, de los que han empleado sistemáticamente la y las para el dativo, que no haya nacido en Madrid ó vivido allí por mucho tiempo, me parece esto una escepcion del lenguaje general y un modismo peculiar de aquella provincia. De seguro no se hallará muchas vezes en Jovellános, y puede ser que ninguna en Villanueva, Marina, Carvajal ni Clemencin; y solecismos que han cometido con estudio y constancia tan recomendables escritores, no hai para que afanarse en evitarlos. (pág. 464)
Lo poco que va espuesto, vindica suficientemente este cánon de mi Gramática, que es el mismo de la Academia; pero á fin de hacer ver que tampoco es tan llano, como parece, el camino que siguen los otros, analizaré las razones que alegan en su apoyo, y apuntaré algunos de sus inconvenientes. (pág. 464)
Sobre el argumento de que en todas las lenguas, cuando un nombre tiene tres terminaciones, no puede ser femenina en un caso la que fué de distinto género en otro, no deja de haber algo que decir. Esta máxima es cierta en griego y latin, si nos circunscribimos á un solo número; pero no, si la estendemos á todos los del nombre, pues en ambas lenguas son neutras en el plural ter minaciones femeninas del singular, y el nominativo, acusativo y vocativo del dual son homónimos de los mismos tres casos neutros del número plural. Sin salir del pronombre que nos ocupa en esta nota, tiene en ingles tres terminaciones, he, she, it en el recto, e him, her, it para el caso objetivo; y sin embargo en el plural sirven they y them para todos los géneros indistintamente. Pero mas bien que recurrir á las lenguas antiguas ni á la inglesa, convendrá examinar lo que sucede en la francesa e italiana, romanas igualmente que la nuestra, y que han recibido, como ella, el pronombre il elle, egli ella del ille latino. Nuestros vecinos dicen, Je veux lui ó leur donner une poire, para los dativos respectivamente del singular y del plural de ambos generos, miéntras en el caso objetivo del singular usan le para el femenino y la para el masculino, v. g. Je pense le ó la voir. En el plural es les el caso objetivo de ambos géneros: Je vais les secourir. Los italianos, que solo tienen dos terminaciones para el nominativo, segun queda dicho, pueden emplear tres en el caso objetivo, pues si lo es para el masculino, y la para el femenino, el neutro es lo ó il, e. g. Lo so, il So. En el singular se diferencian su dativo y acusativo segun el género; pero en el plural, si bien emplean constantemente li en el acusativo masculino y le en el femenino, loro es su dativo único: Vuol piacere loro significa quiere complacerles (á ellos ó á ellas). Colígese de aquí que la práctica inconcusa de estas dos lenguas va acorde con la nuestra en el modo que yo la establezco, y no segun la quieren reformar los laistas. Si pide la analogía que diciéndose, El juez prendió dun jitano, le tomó declaracion y le condenó á muerte, se diga, prendio á una jitana, la tomó declaracion y la condeno á muerte; no tengo por tan grande absurdo, que siendo en el plural. El juez prendió á dos jitanos, les tomo declaracion y los condeno, se diga, prendió á dos jitanas, les tomó declaracion y las condeno, pues si allá vale la identidad de las terminaciones para el masculino, algo significará aquí su diversidad. No me acuerdo de haber leido en nuestros antiguos d elles por á ellos, aunqué si de haber visto ele, elle y elli por el. Mas sea de esto lo que se quiera, me parece que siendo los pronombres yo, tú, el los únicos que tienen en castellano declinacion propiamente dicha, y estando tomados del latin, no sería impropio sacar le de illi y les de illis; ni afirmar que pues illi e illis sirven para todos los géneros en el dativo, al paso que hai terminaciones diversas para cada género en los acusativos, lo mismo sucede con el le y les de la lengua española; y que respecto de este pronombre se verifica lo propio que respecto del me mi, te ti, los cuales se refieren igualmente á los nombres masculinos que á los femeninos. (pág. 464)
Me atreveré por fin á presentar á los señores que siguen una opinion diversa de la mia, ciertas locuciones, á fin de que vean si les ofrecen algun embarazo con arreglo á su sistema. ¿No les disuena que se diga, A ella la parecio, á ella la convino, á ella la estuvo bien, á ellas las pareció, á ellas las convino, á ellas las estuvo bien? ¿Osarían decir, Acudieran las tropas, si las hubiese llegado la órden, ó bien, Asi que supo que estaba allí la reina, se la presentó (se presentó á ella ó se le presentó) para pedir sus órdenes? Mui parecido al último ejemplo es aquel pasaje del capitulo 18 de la parte segunda del Hidalgo manchego: Y don Quijote se le ofreció (á doña Cristina) con asaz de dis cretas y comedidas razones, el cual debería leerse, Y don Quijote se la ofreció con asaz de discretas y comedidas razones, si hubiésemos de creer á los que pretenden que la y las son los verdaderos dativos del pronombre ella. (pág. 465)
G (Pág. 158.) (pág. 466)
Señalaré ante todo los fundamentos de los que sostienen, que le debe ser el único acusativo masculino del pronombre el, y espondré luego los de sus adversarios, que usan siempre para dicho caso y género el lo, reservando para el fin los que he tenido presentes al seguir el término medio que he adoptado. (pág. 466)
Así como el artículo definido y los adjetivos demostrativos ese, este y aquel tienen tres terminaciones, peculiar una del género masculino, otra del femenino, y la tercera que nunca se junta con un sustantivo, (por no haberlos neutros en castellano) sinó con los adjetivos, cuando quedan indeterminados; ó bien se refiere á una proposicion entera, o á algun objeto cuyo nombre no se espresa; del mismo modo el pronombre el ella ello tiene en el nominativo estas tres terminaciones, y en el acusativo otras tres, le la lo, acomodadas á aquellos mismos usos. Cada una de dichas terminaciones es de su género, y no puede pasar á masculina en el acusativo la que fué neutra en el nominativo. Si decimos pues, El, ese, este ó aquel caballo es hermoso, y nunca, Ello, eso, esto, aquello caballo, y si diriamos, hablando del mismo animal, El tiene gran brio; no hai razon para que caballo varíe de género en la oracion, Voi á llevarle al picadero, y tal sucedería, si pusiéramos llevarlo. — Resultaria tambien en ciertas frases un sentido torpe de emplear el lo como caso objetivo de algunos verbos, v. g. cortar, dar, meter, pedir, sacar, tocar, por cuanto el uso reputa el lo como un sustantivo que significa la parte sexual del hombre y de la mujer, y con el verbo lacer denota el mismo acto del cóito. (pág. 466)
Los loistas (nombre que se da á los del otro sistema) han creido que se diferencian mejor los casos dativo y objetivo del pronombre el, usando le para el primero y lo para el segundo; acercándose mucho en esto á lo que practican los italianos. Tienen ademas escelentes autoridades en su favor; y lo que sucede en el plural, donde les sirve para ambos géneros en el dativo, miéntras los las es indisputablemente el acusativo, ha podido mui bien guiarlos para el uso de los mismos casos en el singular. Por plausibles que sean las razones de los unos y los otros, como me he propuesto fundar mi Gramática solo en la autoridad del uso, no me era permitido seguir á ninguno de ellos esclusivamente, por cuanto ningun escritor de los que florecieron ántes de la última centuria, ni de los buenos posteriores (si no se ha declarado partidario de una ú otra escuela) deja de usar casi indistintamente el le y el lo para el acusativo masculino. Sentada esta base, y conociendo que convendría fijar el uso de cada terminacion, solo me restaba indagar, en qué casos propenden, sin advertirlo, los autores correctos á emplear el lo. Despues de haber hallado que su oficio mas general es referirse á las cosas que carecen de sexo, ó á las que pertenecen á los reinos mineral y vegetal, me he atrevido á aconsejarlo como el medio mas facil de fijar de algun modo la incertidumbre del uso. No me engolfaré ahora en comprobarlo con ejemplos de nuestros antiguos, contentándome con los de algunos escritores modernos de los mas sobresalientes. Ni mencionaré por esta vez á González Carvajal, porqué sigue decididamente un sistema, y porque los leistas me le recusarían por andaluz. Marina tambien parece mui inclinado al lo; pero es ménos constante que Carvajal, pues en la pág. 100 del tomo primero de la Vida de nuestro señor Jesucristo leemos: No permitia al marido cohabitar con su mujer, y aun le autorizaba para delatarla á los juezes; en la 280: La respuesta de Jesus le comprometía; en la 160 del tomo segundo: Amonestale, (á tu hermano) reprendele, y en la 197 del cuarto emplea ambas terminaciones: Y aprendiéndolo (á Simon), le compelieron á llevar sobre si la cruz. No puedo sacar pruebas de este autor para apoyar mi sistema, por ser, como he dicho, mui amigo del lo para todo nombre masculino; pero las hallaré en Villanueva y en Clemencin, los cuales han escrito sin seguir otro norte que la incertidumbre del uso y de lo practicado por nuestros clásicos. El primero dice en su tratado De la leccion de la sagrada Escritura en lenguas vulgares, pág. 56: La ignorancia del pueblo ganó al clero, y le atrajo á su partido; pág. 72: El mundo no tuvo quien lo criase; y en la pág. 165: Del monje Simeon leemos... que aspiraba á tener un ejemplar de las cartas de san Pablo... para enviarlo a un hermano suyo. Entiéndese que en muchas ocasiones se aparta de mi regla, como cuando dice en la pág. 75: Trillado (el camino) por Cristo que le anduvo, para que tras el le anduvies emos nosotros. Clemencin en el prologo de su comentario al Don Quijote, pág. XXXV. Esforzaba... la necesidad de comentar el Quijote para entenderlo y leerlo con fruto; pág. XXXVIII Figúrese el lector... que le acompaño en su tarea; pág. XXXIX: Una carcel dio nacimiento al Quijote, y un retiro forzado... lo ha dado á su comentario; pág. LIII: Leon Hebreo... vivía el * año de 1492, en que la espulsion de los judios... le obligó etc. No hai necesidad de que salgamos del mismo prologo, para ver que Clemencin vacilaba tambien en esta parte, pues en la página XXXVII leemos: Mayans... lo posponta (al Quijote) á los Trabajos.... Ambos literatos, aunque amantes y benemeritos del Quijote, manifestaron que no le entendían. Coligese si de estos lugares, que los buenos escritores por una especie de instinto y sin cuidarse particularmente de ello, se arriman las mas vezes á mi doctrina. (pág. 466)
Si de la autoridad pasamos á las razones, creo que no sea mui fundado asegurar, que no puede decirse publicarlo hablando de un libro, porqué sería igual á publicar lo libro. Si algo valiese semejante raciocinio, habría el mismo inconveniente para decir cortarlo y darlo, siendo bien conocidos los sustantivos que han de suplirse. Tampoco me hace gran fuerza lo de la obscenidad que arrojan estas y otras frases, puesto que el buen escritor busca los rodeos necesarios para salvarlas, segun tendran que practicarlo los leistas en infinitas ocasiones respecto de los mismos verbos. A no variar el giro de la oracion, no podrán ellos dejar de decir: Siendo Matilde la única que podía sacarle del apuro, el se lo pidió (que le sacase) con toda la eficacia que inspira el deseo de salvar la vida. De igual espediente tendrían que valerse en este pasaje del Palmerin de Oliva, capítulo 35: Como vieron que era hora de irse, convínoles (á Palmerin y á su señora) hacerlo. En esta oracion, Pros egula el novicio arrebatado en su discupso; pero el superior conociendo que valta mas cortarselc; se adelantaría mucho para el eufemismo, si sustituyéramos cortarsele? Hai casos en que me disuena tanto el le, que no se si habría álguien que se atreviera á usarlo, v. g. cuando Clemencin en sus notas al capítulo 15 de la parte primera del Quijote dice: Todavía llevan tambien el sayo de cuero, que llevaba el arriero, á quien se lo abrió don Quijote de una cuchillada. Mucho dudo que nadie dijese, á quien se le abrió don Quijote de una cuchillada. Sea dicho esto solo con el fin de hacer ver que las ventajas que se anuncian para que nos separemos del uso, (si tanto nos es dado en las lenguas vivas) son ménos ciertas de lo que á primer vista aparece. Por lo demas, si en algunas locuciones usamos indistintamente de cualquier ó cualquiera, por consentirlo el modo de hablar comun de las personas doctas, tampoco debe haber embarazo en emplear para un mismo caso le y lo cuando el uso lo autoriza. (pág. 468)
H (Pag. 325.) (pág. 468)
Siento no poder dar ahora con el pasaje de uno de los escritos publicados en Lóndres por un literato español hacia los años 1825, 6 4826, en que dijo, si mal no me acuerdo, que nosotros no te nemes, como los ingleses, verbos que muden de significado por la preposicion que los acompaña. Sin dejar de confesar que ocurren mucho ménos en nuestra lengua que en la inglesa, tengo por insostenible la asercion de aquel escritor, si fué absoluta, como lo creo. Al refutarla con la lista que va puesta desde la página 325 hasta la 330, debo observar, 1° Que dicha lista está mui distante de poderse llamar completa. 2° Que de intento no menciono significacion alguna que penda de tomarse el verbo en un sentido metafórico, á cuya clase pertenecen abrirse con alguno por franquearse con el, averiguarse con uno por avenirse con el, dar tras uno por perseguirle, creerse de alguno por fiarse de el, entenderse con una persona por estar convenido con ella, estrellarse con uno por contradecirle, pagarse de una hermosura por quedar prendado de ella, ponerse con alguno por compararse con el, venderse por amigo por fingirse tal, y otros muchos. He evitado todavia mas comprender las significaciones que nacen de alguna otra parte de la oracion añadida al verbo, y no de una preposicion, como sucede con dar abajo por dejarse caer, decir bien por ser elocuente, dejar atras por anticiparse ó aventajar, echar de ver por advertir, echar de menos algo por notar la falta de alguna cosa, echar por alto por menospreciar, echarse de recio por apretar ó instar, entrar bien algo por venir al caso, entrar de por medio por conciliar, hablar alto ó recio por gritar, ir adelante por proseguir, irse por alto una cosa por no entenderla ó no advertirla, pasar por alto por omitir, pasar por encima por atropellar, ponerse mal con alguno por disgustarse con el, ser que fulano por estar en su lagar, tener en mucho por estimar, tener a alguno en poco ó poca cuenta con alguno por menospreciarle, e infinitos mas que son de la misma clase que to fall down, to fetch away, to find fault, to pass away, to prevail against, y los á ellos parecidos que espresan los gramaticos ingleses. 3° Que la riqueza de la lengua castellana hace ménos necesario este recurso 4° Que muchos de los verbos que aquellos gramaticos colocan en sus largas listas, no varían de sentido, sinó que rigen sencillamente alguna prepos cion, como se verifica respecto de los dos por que Cobbett principia la suya, I abide in this house; I abide with you; y semejantes construcciones pertenecen á la idea general que he procurado dar sobre cada preposicion. (pág. 468)
(Pág. 395.) (pág. 469)
Por mas sencillas que parezcan las reglas que da la Academia acerca de los nombres que llevan dos vocales juntas al fin, no es fácil retenerlas en la memoria, y ménos observarlas en la prac tica. La de acentuar las vozes, reputando siempre las dos vocales como que forman sílaba, es la que está sujeta á ménos escepciones, y la que segui, tanto en la Irene y Clara, como en el Tratado de la Regalía de España por Campománes, obras que publiqué en 1830; y ántes que yo la había prohijado Clemencin en el Elogio de la reina católica doña Isabel. Este ha hecho mas, pues ha contado siempre como dos vocales enteramente separadas las de los diptongos que forman la sílaba penúltima de las vozes, de modo que acentúa á reina, amdina etc. Mas al paso que es cierto que no choca á la vista este nuevo método de acentüar, no cabe duda en que la sobrada repeticion de los acentos fatiga al que escribe. Vale pues mas seguir por ahora el sistema que propongo en esta Gramática, ya que no son muchas las reglas, ni hai lugar por otro lado á escepciones ni á equivocacion alguna. (pág. 469)
(Pág. A00.) (pág. 470)
Aunqué la novedad de partir las palabras, haciendo que la r que se halla entre dos vocales, vaya junta con la primera, ha sido ya puesta en práctica por varios escritores en los últimos tiempos; conviene indicar las razones que la aconsejan, no obstante lo mucho que repugna á primera vista, por la costumbre que tenemos de unir con la vocal siguiente toda consonante puesta en tre dos vocales. (pág. 470)
4a Es regla general en castellano, que no puede empezar sílaba por la consonante ó consonantes que no empiezan diccion, (pág 378) y no sería esto, si la r (ere) se hallase al principio de una sílaba, pues cuando comienza una palabra, siempre es erre, es decir, que se pronuncia fuerte. (pág. 470)
2a Nos ahorraríamos las escepciones que hacemos ahora de que la r se pronuncia erre despues de l, n, s, y en las vozes compuestas, pues bastaría decir, que es fuerte, siempre que empieza silaba; por lo que al presente nos vemos obligados á pronunciar de diverso modo la sílaba ro en pe-ro que en guarda-ropa y en pro-rogar. (pág. 470)
33 Por mas que parezca que pronunciamos carre-ra, co-ro, esta pronunciacion, y la necesidad que algunas personas inteligentes me han asegurado hai de hacerlo así en el canto, pudieran ser facticias, y nacidas de la idea que nos hemos formado desde la infancia por el hábito de ver divididas las sílabas de esta manera. Lo cierto es que igual dificultad se encuentra respecto de peleards, pelearta; y á buen seguro que cuando nuestros mayores escribían pelear-has, pelear-hia, ni se pronnnciaba ni se cantaba juntando la r á las silabas has e hia. (pág. 470)
1a Las silabas as, ia son terminaciones pegadas á la raiz pelear, como lo es eño en lugar-eño y es en placer-es : por lo mismo parece mas natural que se separen, segun lo practican los ingleses, que escriben cover-ed, number-ing, picker-est. 5a Esta novedad y la de conservar las dos pr juntas, al empezar la sílaba, no es mui chocante, por las pocas vezes que ocurre en una misma página, y así es que apénas la nota el lector en la Irene y Clara, donde la ensayé. No sucede lo mismo con el método de sustituir constantemente la j á la g fuerte, y la z á la c antes de e y de i, porqué la variedad se observa entónces á cada paso. (pág. 470)
E (Pág. 404.) (pág. 471)
Los autores que he consultado sobre esta materia, son el Pinciano en la Filosofía antigua epist. sesta y séptima, Cascáles en la Tabla Va de las poeticas, Luzan Poética lib. 2° cap. 22, Masdeu Arte poética diálogo 3°, Maury en el prólogo del tomo I de la Espagne poetique, Gómez Hermosilla en la parte II, libro I, capítulos 1° y 2° del Arte de hablar en prosa y verso, Martínez de la Rosa en las notas 1a y 22 al canto III de su Poetica, A. Tracia (Agustin Aicart) en la seccion II, cap. 3, S§ 1 á 3 inclusive de los Elementos de poética, que preceden al Diccionario de la rima, y Sicilia en el tomo segundo (edicion de Madrid) de las Lecciones elementales de ortologla y prosodia, donde ha tratado ex-profeso este punto, ilustrándalo con observaciones curiosas y dignas de ser leidas. No es decir que yo me conforme con su sistema, pues ántes bien me parece que los conocimientos que manifiesta tener de la lengua griega, debieran haberle conducido á ulteriores investigaciones, las cuales le habrían dado por resultado principios mui diversos de los que sienta. Los griegos llevaban en la demarcacion de las vocales mayor ventaja sobre los latinos, que estos sobre la lengua italiana y castellana. Su pronunciacion detenida doble tiempo en la eta y la omega, miéntras gastaban una pausa sola en la epsilon y omicron, les aseguraba la cantidad de muchas silabas, que fueron variables ó dudosas entre los latinos, y hacia su verso lleno y numeroso, que es sin duda lo que denota aquel ore rotundo, que miraba Horacio como un privilegio de la Musa griega. Lo poco que he dicho en las págs. 404 á 409 de esta Gramática, y lo poquísimo que apunto en esta nota, hace ver bien claro el rumbo que yo adoptaría, si me propusiese dilucidar esta materia con la estension que merece. (pág. 471)
(Pág. 420.) (pág. 471)
Los autores de poéticas que pasan por mas exactos, se ven obligados á distinguir la cesura prosódica de la ortográfica, de recitacion ó de sentido, para sostener un precepto, cuya utilidad no puede descubrirse, y que se halla desmentido por la práctica de los poetas de mas fino oido. Confiesan por lo mismo, que al recitar este verso de Samaniego, Y cuando? Cuando en todas las naciones, se hace la mayor pausa despues de la tercera silaba, aunqué la cesura está en la séptima. Bien analizada la cuestion, se verá, que ha nacido su error de no considerar atentamente el efecto que produce el acento en el verso endecasilabo. Como este ha de llevar el acento dominante, por espresarme así, en la sesta, o bien en la cuarta y octava, es positivo, que al pronunciarlo nos detenemos algo, puesto que de el depende la música del verso, y que de consiguiente no puede dejar de hallarse la llamada cesura, ó en la cuarta, si es la última de la voz y está en ella uno de los acentos dominantes; ó en la quinta, si es la que termina una diccion aguda en la penúltima; ó en la sesta, si existe alli la mayor apoyatura del verso; ó en la séptima, si la palabra acaba con ella, y tiene el acento en la penúltima silaba. Al leer este verso de Sánchez Barbero, Asi cuando una nube tormentosa, bien queremos pararnos en la sílaba nu, que es donde esforzamos la voz para marcar el acento principal del verso; pero la necesidad de completar el sentido con el todo de la palabra, hace que no verifiquemos la pausa hasta haber pronunciado el be, que es la sílaba séptima. En el verso que sigue del mismo autor, En el oriente cárdeno aparece, habría que hacer la pausa por esta razon en la octava; pero los que no admiten cesura sinó hasta la séptima, la haran en la quinta, á fin de sostener su principio. No cabe duda en que si la sílaba sesta es acentüada y final de diccion al mismo tiempo, hai que hacer en ella la detencion, como en este verso, Sin fin amarillez, sin fin tinieblas. (pág. 471)
Pero aun aquí han tomado los prosodistas la causa por el efecto, cuando establecen, que la sesta ha de ser la acentiiada, si cae la cesura despues de ella; debiendo por el contrario haber dicho, que si nos paramos en la sesta sílaba, es por reunirse en ella el acento dominante y el fin de una diccion; de modo que concurren la entonacion y el sentido gramatical para hacer que marquemos con cierta detencion aquella sílaba. (pág. 472)
No me ocuparé ahora en manifestar que la máxima estableci da por Martinez de la Rosa, (pág. 175 de su Poética) de que la sílaba sesta acentüada no ha de pedir que se le una otra diccion para completar el sentido, se halla contradicha á cada paso por los poetas mas dulces, por un Garcilaso, un Lope de Vega y un Meléndez; y que si fuese cierta, resultarían versos defectuosos todos aquellos en que la silaba sesta acentuada no es la final de una diccion. (pág. 472)
Heme detenido tanto en combatir estos errores, porqué los veo adoptados por prosodistas mui distinguidos, y porqué todo el mundo los cree de buena fe, como me había sucedido á mi hasta ahora. Y los hubiera repetido en esta Gramática, si el Sr. Maury (sugeto que tiene dadas pruebas en su Espagne poetique y en las composiciones con que ha enriquecido nuestro Parnaso, del profundo estudio que ha hecho sobre la metrificacion) no me hubiese hecho ver el poco fundamento con que se establecía la cesura como lei constitutiva de nuestro endecasilabo, apoyado principalmente en las razones que espone en una carta que me escribi, la cual no le pesará al lector de ver trasladada en este apéndice, por las escelentes nociones que desenvuelve de la métrica. (pág. 473)
Estimado paisano y señor mio: regresado al campo, donde se vive mas despacio que en esa Babilonia, voi á sentar SObre el papel algunas ideas acerca del asunto de nuestras últimas conversaciones. (pág. 473)
¿Que entienden por cesura los que la ponen como elemento de nuestro verso heroico? Es la cesura latina? Pero aquella tenta solamente relacion con la construccion del pié métrico, consistiendo el corte que esta voz implica, en que un final de vocablo fuese principio de pié.—Es la cesura frances a? Pero lo que esta hace, es cortar el verso en partes siempre las mismas. (pág. 473)
Ninguna de estas dos operaciones es aplicable d una versificacion que no consta de piés metricos ni de hemistiquios. (pág. 473)
—¿Hase querido hablar meramente de una suspension gramatical en otro lugar que al fin del verso? Ya eso lo principiaría a comprender: será algo como, Sed non ut placidis coëant immitia; non ut Serpentes avibus geminentur, tigribus agni. — Per gentes humilis stravit pavor: ille flagranti Aut Atho, aut Rhodopen, aut alta Ceraunia telo Dejicit. (pág. 473)
Tales cortes y otros semejantes, que bien se ve no son lo que los latinos llamaron cesura, los solemos imitar: (pág. 473)
Cedió la fuerza á la dulzura: doma Al terrible leon blanda paloma.— (pág. 473)
Que ya el Tonante su invencible diestra Alza: los cielos reventaron: arde La inmensidad. (pág. 474)
El cabalgar de un verso sobre otro, tan aborrecido de los clásicos franceses, no nos choca, y tal vez nos agrada: lo mismo acontece con las pausas irregulares, que son á vezes de un artificio mui feliz, como en el último ejemplo que precede. Y prescindiendo de toda intencion imitativa, se puede recomendar el uso prudente de tales giros en obsequio de la variedad. Por ellos aprecia mas el oido la irregularidad de las cadencias al fin del verso, como en el sistema musical el empleo de las disonancias realza el halago de la concordancia perfecta. Pero aquellos cortes no pertenecen al ritmo: lo que vartan, son los miembros del pertodo; mecanismo de puntos y comas; accidentes sin conexion alguna con el artificio que hace que once sílabas sean un verso. No hai punto del endecastlabo donde no se pueda cometer cesura; no hai ninguno donde se pueda prescribir; ó si tal se hace, saldran millares de ejemplos á protestar contra la lei. (pág. 474)
Á dicha, los que quieren cesura obligada en nuestro verso heroico, hacenlo por suponerlo compuesto de piés metricos como los latinos. Sueño de dilettantes latinistas, á quienes pudiera el endecasilabo responderles con dos cesuras, Haud equidem tali me dignor honore, Dáctilos y anapestos, troqueos, yambos etc., cuales los percibimos en la poesía antigua, tambien los encontraremos en nuestros versos modernos, y aun en nuestra prosa; y lo mismo importan aquí que allá: pueden engalanar, mas no son parte constitutiva. No ha llegado entre nosotros á tal punto de perfeccion, ni el arte, ni el instrumento. ¦ Cual es pues el elemento constitutivo de nuestro verso heroico? El que lo fue de la versificacion latina vulgar; el que hizo ritmo, ántes de introducirse el primor del metro; el que determina el ritmo musical; en fin, lo que á falta de mejor vocablo, hemos llamado acento. (pág. 474)
Pues no se trata del verdadero acento, diferenciado en grave y en agudo, de que han escrito Ciceron y Quintiliano; de esa operacion particular de la voz perteneciente á las entonaciones, á la canturía de las palabras: Est etiam in dicendo quidam cantus. Nada tiene que ver con el ritmo este acento, que nuestros humanistas han equivocado con el otro, enredando así la versificacion antigua en un sistema tan sin atadero, que no hai verso latino que en nuestra boca lo sea. El acento rítmico es hijo del esfuerzo de la voz con inde pendencia de lo grave y de lo agudo; pues no porqué se apoye mas ó menos en ella, resultard una tecla mas alta ni mas baja. Es el mismo impulso del aliento que se emplea en los instrumentos de viento para los tiempos fuertes; y si hemos de darle nombre, otro que el equivoco de acento, diremos que es el ictus latino, el stress ingles, la battuta italiana; en resumen, el elemento rítmico es el medio gramatical, por el que se diferencian dos vocablos escritos con las mismas letras, como tarde y tarde. (pág. 474)
Lo cual entendido, se demuestra con gran sencillez la construccion de nuestro endecastlabo venido de Italia, de donde pasó tambien d Inglaterra. Constituyen este verso (ademas del acento final en la décima) ya sea un acento en sola la silaba sesta, ya dos acentos, uno en la cuarta, y en la octava el otro. Ejemplos: (pág. 475)
El atemorizado peregrino Abandonando la desierta playa. (pág. 475)
En mi Espagne poetique, despues de sentar el principio, me pareció hacerlo como palpable con un símil de bulto, añadiendo: On peut se représenter une image matérielle de cette disposition rhythmique par des barres horizontales, que soutiendraient en équilibre soit un appui au point du milieu, soit deux appuis à des distances égales des extremites. A los principios pareció tal vez suficiente tambien un solo apoyo en la cuarta, sin curarse el poeta de lo que salla despues, como por ejemplo, Abandonando la playa desierta, donde el acento de la octava ha pasado á la septima; pero los modernos repugnan ya este modo. Y en efecto con eso poco mas que el segundo punto de suspension distase de su cabo, perdería el equilibrio mi barra horizontal. Nos componemos pues con los dos modos que representa el doble ejemplo primero: (pág. 475)
El atemorizado peregrino Abandonando la desierta playa. (pág. 475)
Las dos condiciones de que pende que sean verso estos dos renglones, son las solas que el poeta tiene en el oido, cuando esta componiendo A lo mas, en el verso que estriba en la cuarta y octava, añadirá el cuidado de que el acento de la cuarta no sea pié de esdrujulo. (pág. 475)
Huye la tórtola del nido amado, es combinacion que sonaría á dos versillos de endecha: Huye la tórtola del nido amado. (pág. 476)
Ahora bien, no todos los endecasílabos que encontrara Vd. por aht, se hallaran tan reducidos á la acentuacion precis a como los dos que he dispuesto para el caso. Bastaba á mi intento fues en cabales y abonados: tienen ademas la recomendable calidad de la fluidez; pero les faltan otras que en muchas ocasiones se echarian de menos. (pág. 476)
Le superflu, chose très-necessaire, ha dicho con su desembarazo acostumbrado el escritor universal. Digamos en nuestro asunto, que acentos, superfluos para la exactitud del ritmo, suelen ser necesarios para la propiedad del verso. (pág. 476)
De estos acentos supernumerarios los que obran con mayor eficacia, son los que caen en silabas pares. El verso, por ejemplo, acentuado en las silabas rítmicas cuarta, sesta y octava, puede decirse verso dos vezes, pues reúne en si las dos condiciones distintas que constituyen los dos modos de endecasilabo: (pág. 476)
El Hacedor que cielo y tierra adoran. (pág. 476)
Sería algo mas grave y adecuado con un acento mas en la segunda, como, El sacro Autor que cielo y tierra adoran. (pág. 476)
No le falta número al siguiente, aunque reducido á un solo acento facultativo: (pág. 476)
Que de la soledad esta prendado. (pág. 476)
Pero por mas que se halle sostenido con un ausiliar, en silaba rítmica tambien, tiene menos carácter estotro, La soledad es todo su deseo. (pág. 476)
Nace esta diferencia de que los accidentes de la primera parte del verso influyen mucho menos que los de la segunda. Asi entre los antiguos, siendo forzada la disposicion de los últimos piés del hexámetro y del segundo hemistiquio del pentámetro, en lo demas quedaba elpoeta con alguna libertad. (pág. 476)
Los acentos facultativos en silaba impar dan corto ausilio al niimero, y cabe perjudiquen á la armonta. Ahí va un verso con tantos ausiliares como el mas sostenido que acabamos de ver, y que mui poco se les parece: (pág. 477)
Cielo y tierra te adoran, Autor sacro. (pág. 477)
Pueden como quiera los acentos impares surtir buenos efectos. Es particularmente de notar la combinacion siguiente, en que hacen un juego mui gracioso con el constitutivo de la sílaba sesta: (pág. 477)
La de candida fe, crédula ninfa. (pág. 477)
Conserva bastante donaire este verso, aunque le falte el primer giro dactílico, La de sincera fe, crédula ninfa. (pág. 477)
Sigue haciendo fin de hexámetro con ese golpe dado en la setima, despues que el de la sesta ha asegurado el endecasilabo; pero está lejos de sentar tan bien el mismo golpe sobre la septima en el verso que estriba en cuarta y octapa: Siempre he de ser, ai de mi! fiel y ciego. (pág. 477)
Es, porque pasada la sesta sin apoyo, como el oido está pidiendo el de la otra silaba rítmica que queda, le enfada una suspension que se le atraviesa al llegar. De ahí ha disgustado el verso de Iriarte, Las maravillas de aquel arte canto. (pág. 477)
En los primeros ejemplos el acento supernumerario se afirma con el constitutivo; en estos al contrario choca con el. Aun peor choque ha podido parecer á Vd. el del final de mi verso, Cielo y tierra te adoran, Autor sacro, pues á lo menos el de Iriarte lo compondrá un lector medianamente diestro con deslizar la voz en la última sílaba de aquel: como el valor de los acentos está en razon del cardcter de los vocablos, se puede desdeñar el de ese adjetivo demostratico, que precediendo al sustantivo, equivale casi al artículo simple. (pág. 477)
El acento impar que se combina bien con los constitutivos de cuarta y octava, es el que se introduce en la quinta: Vuela, fugaz, tímida corza, vuela. (pág. 477)
Esto es colocar en medio del verso el adónico que termina los de mas arriba: (pág. 478)
Crédula ninfa.— Tímida corza. (pág. 478)
No dudo agradaría algo mas, dispuesto de este modo: Vuela, vuela, fugaz, tímida corza. (pág. 478)
Pero tiene su mérito la combinacion inferior, como uno de los medios de contribuir sin daño á aquel grande objeto de las artes, la variedad. (pág. 478)
Modos de variar y caracterizar el verso, halla todavia el poeta fuera del de los acentos, que tampoco hemos apurado. Pero basta: harto mas allá hemos ido ya de nuestro primer proposito, dirigido á sacar en claro, despues de impugnar la cesura, que cosa sea la lei del ritmo heroico. Vaya con Dios, como no me proces en los demas sacerdotes de las Musas por divulgador de nuestros misterios. (pág. 478)
Queda con fina voluntad de Vd. afectisimoy seg.° servidor Aux Fontaines, près Lagny. (pág. 478)
(Seine-et-Marne.) (pág. 478)
Primero de junio de 1831. (pág. 478)
Q.S.M.B. (pág. 478)
JUAN MARIA MAURY. (pág. 478)
M (Pág. 447.) (pág. 478)
Parece inesplicable á primera vista, como los valencianos que no distinguen la s de la z, caen ménos en este descuido que los andaluzes, los cuales no hacen al cabo otra cosa que trastrocar la pronunciacron. Tal vez deberá esto atribuirse á que la lengua castellana tiene que ser aprendida y mui estudiada por los escritores de talcual nota del reino de Valencia, miéntras los andaluzes, que escriben con corta diferencia la lengua que hablan, fácilmente equivocan estas consonantes, reputando la c ó z, por lo que realmente valen, y descuidándose una que otra vez respecto de la s, por su vicioso modo de pronunciarla. Lo cierto es, que pudiendo citarse varios ejemplos de semejante inadvertencia sacados de los poetas andaluzes de todas épocas, no recuerdo uno siquiera de los poetas valencianos de mediano mérito. La tengo por cosa tan peculiar de los primeros, que á falta de decirnos Nicolas Antonio la patria de Moreto, que tampoco he podido rastrear por ningun otro escritor, me le presenta como hijo de la Bética el siguiente pareado del acto I, escena 8a de la comedia Trampa adelante: (pág. 478)
Y si á cobrar venis, sabed la casa; Que si volveis á repetir la traza etc. (pág. 478)