Parte cuarta: Prosodia y métrica
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Los capítulos
- De la cantidad y el acento, pág. 404
- Del consonante, del asonante y del verso libre, pág. 410
- De las distintas especies de verso, pág. 414
- De las composiciones poéticas cortas de mayor uso, pág. 421
- De las licencias poéticas, pág. 432
De la cantidad y el acento
Los autores que han escrito de la prosodia española, han observado desde los mas antiguos, que tambien tenemos nosotros sílabas largas y breves, acentüadas ó agudas y graves; y que no es indiferente emplear estas ó las otras, para que el verso conste, siendo preciso que ocupen el sitio que á cada una corresponde. Es indudable que los griegos y los latinos hacían una perfecta distincion entre la cantidad de las sílabas y su acento, pues aquella pende de la mayor ó menor pausa en pronunciarlas, al paso que este consiste en la elevacion ó depresion de la voz. En las lenguas modernas, en que ha desaparecido casi del todo la cantidad, la conservamos en algunas dicciones, pues al decir, Por que no ha venido Vd? Porqué no quise; no obstante que en ambos porques está el acento en la última, la cantidad del primero es mas larga que la del segundo. Lo propio se advierte en la e y u de los monosilabos el y tu en estas frases, El ausilto que el me prometio; Tú, gran Dios, me sostentas con tu gracia. Ni cabe duda en que la sílaba co es mas breve en cola, cosa y cota que en concha y costa, y que ha de sonar todavía mas larga en contra, costra y consta. Sin Se refiere á este lugar la nota K del fin. (pág. 404)
embargo en razon del acento no hai diferencia alguna entre estas dicciones, pues todas lo tienen igualmente agudo sobre la vocal o. En las palabras auspicio, ingles son ciertamente mas largas que la acentüada las otras sílabas, por cuanto es imposible pronunciar ninguna vocal con la detencion necesaria para articular distintamente la consonante que le va unida, y la que acompaña á la otra vocal, (á lo que dan los gramáticos el nombre de posicion) ni emitir las dos vocacales de un diptongo, sin hacer una doble apoyatura en la sílaba. La regla de ser largos todos los diptongos, y tambien las vocales seguidas de dos consonantes en los términos antedichos, no era peculiar de los antiguos, sinó que está en la naturaleza misma de la pronunciacion. No pretendo por esto, que nosotros distingamos la cantidad del modo perceptible que aquellos; ántes bien opino que son mui imperfectas las ideas que de ella tenemos; y que al leer los versos griegos y latinos, persuadidos de darles la cadencia con arreglo á la cantidad, no hacemos mas que sustituir á esta el acento. He aquí esplicado naturalmente por que nuestros poetas han creido de buena fe que hacían hexámetros, pentámetros, sáficos y adónicos, con tal que estuviesen acentuadas hacia el fin del verso, las silabas que debían ser largas segun la dimension de los latinos; y quizá si llegáramos á conocer bien lo que era entre ellos la cantidad, no hallaríamos uno solo cabal de tantos versos de esta clase como nos han trasmitido los poetas castellanos de todos tiempos. (pág. 405)
Sin embargo puede afirmarse, que la cantidad de las sílabas pende de la mayor detencion y énfasis con que se pronuncian las vocales; que estas suenan de un modo ménos distinto en las lenguas del norte que en las del mediodía; y que por lo mismo la cantidad ha ido desapareciendo á proporcion que las últimas se amalgamaron con las lenguas sabias. La griega tenta un modo de apoyarse en las vocales, que se había de bilitado ya mucho en el Lacio, olvidándosele casi de todo punto, luego que las naciones del setentrion, si no introdujeron completamente su idioma en las conquistadas, lograron al ménos, que de su lengua y de las hijas de la latina se formasen las que hablan los pueblos meridionales de Europa. Á pesar de tal trastorno, y de haber reemplazado el acento á la cantidad, no ha desaparecido esta tan absolutamente que no nos quede algun vestigio, como lo prueba tambien la siguiente observacion. (pág. 405)
Se tiene generalmente la idea de que los antiguos medían sus versos por pies, cuyas sílabas debían ser de una cantidad determinada, y que en los versos que admitían variedad en sus piés, podía resultar mayor número de sílabas en uno que en otro; miéntras que los modernos están por el contrario atenidos al número estricto de las sílabas, sin cuidarse nunca de la mayor ó menor pausa en su pronunciacion. Pero poco exámen se necesita para conocer, que la mayor parte de los versos de los antiguos, aun de aquellos que admitian variedad en el número de sus sílabas, tenía uno mismo de tiempos; por cuanto el hexámetro, por ejemplo, no pudiendo constar sinó de seis piés, ó dáctilos, ó espondeos, precisamente ha de resultar de 24 tiempos, siendo de cuatro, así el espondeo como el dáctilo. Lo propio sucede entre nosotros, pues el verso octosílabo (y lo mismo puede decirse de cualquiera otra especie de metro) puede estar cabal con siete sílabas, si es aguda la última; con ocho, cuando se halla el acento en la penúltima; con nueve, si concluye por esdrújulo; y con diez tambien, en mi opinion, si el acento está en la cuarta sílaba ántes del fin. Pende esto de que el acento tiene que recaer siempre en la penúltima sílaba de las dicciones, porqué no es posible que termine la voz por un sonido agudo, sinó por uno grave. De modo que en las palabras que acaban por una vocal aguda, hace la voz una especie de compensacion duplicándola, á fin de que en la se gunda se ejecute la declinacion indispensable del tono; y pronunciamos desden, vendrá, como si estuviera escrito desdeen, vendráa, con el acento circunflejo mas bien que con el agudo. Por el contrario, en los esdrújulos pasamos tan de corrida por la sílaba media entre la acentüada y la última, que no se la percibe, de modo que pronunciamos á línea, maximo, casi como si estuviera escrito lina, maxmo. Y aquí se ve cuanto caso hacemos á las vezes de la cantidad, pues casi todos nuestros esdrújulos llevan en la penúltima la vocal i, esto es, la mas breve de todas, segun sucede en los superlativos, v. g. altísimo, doctísímo, y en mil otras dicciones, e. g. cántico, solícito, útiles. Siguen á estos en número los que tienen las vocales e y u, que son tambien mui tenues, como himedo, pábulo. En general son esdrújulas en castellano las vozes tomadas del latin ó del griego, cuya penúltima es breve en dichas lenguas, como ángulo, árido, doido, bálsamo, cándido, cólera, dicono, mínimo e infinitas otras. Nunca vemos por esta razon que lleve la voz el acento en la antepenúltima, si hai inmediatamente despues de ella un diptongo ó una vocal seguida de dos consonantes, la primera de las cuales pertenezca á dicha vocal y la otra á la siguiente; lo que sería necesario para que la primera fuese larga por posicion. En geometra y quintuplo, por ejemplo, las dos consonantes que preceden á la vocal última, forman silaba con ella.—Las dicciones que resultan de los afijos añadidos al verbo, v. g. amtronlo, ensenadmela, aunqué pueden emplearse como esdrujulas, no lo son en realidad, sinó palabras compuestas de dos, segun se dijo en la regla tercera de las páginas 8 y 9; y léjos de ser la última esencialmente breve, como lo pide el esdrújulo, se oye tanto allí el acento, que los poetas las reputan á vezes por palabras agudas. Como tales suenan en los siguientes versos de D. Nicolas Moratin y de Quintana, ó les faltará la acentüacion debida: (pág. 406)
Palpandolés con amorosas muestras. (pág. 408)
(Las naves de Cortes.) (pág. 408)
Conságralé tu abominable vida. (pág. 408)
(El Pelayo.) (pág. 408)
Y el antiguo romance, No es razon, dulce enemiga, Si acaso me quieres bien, acaba por esta cuarteta: (pág. 408)
Y si por pobre me dejas, y te mueve el interes, si has menester lo que valgo, tu esclayo soi, véndemé. (pág. 408)
Puede pues afirmarse, que nunca pasamos de corrida ni suprimimos en la pronunciacion mas que las sílabas breves, porqué lo permiten, y no las largas, que requieren dos tiempos. (pág. 408)
Volviendo ya al acento, es claro que se halla siempre en la penultima, ó que á lo ménos así debemos oirlo en el final de los versos, que es donde se corta necesariamente la respiracion, á fin de dar el debido tono á la poesía; pues en el medio, tanto las vozes agudas como las esdrujulas, se computan exactamente por el número de sílabas que en realidad tienen. He dicho arriba, que me parecía que podía estenderse esta observacion á las palabras que llevan el acento en la cuarta sílaba ántes del fin, porqué como la voz se precipita al pronunciar todas las sílabas posteriores al acento; cuando hai mas de una, nos comemos de tal modo las dos sílabas intermedias, que hasta parecen consonantes, palabras que verdaderamente no lo son, á pesar del sumo rigor de la lei de nuestra consonancia. Como no me sería fácil encontrar en nuestros poetas un ejemplo perfectamente adecuado á mi propósito, disimulará el lector que ponga la siguiente cuarteta, que si bien insignificante y de ningun mérito, evidencia en todos sus estremos la doctrina esplicada. (pág. 408)
Es cierto que no encontrándosele Las alhajas que robó, Sin justicia el rei obró A la muerte condenándole; Donde no disuena el verso primero, puesto que de tres sílabas mas que el segundo, y consonan bien encontrándosele y condenándole, por mas que se halle en el primero despues del acento la sílaba se, que falta en condenándole. Con arreglo á estos principios hizo Arriaza á Altísimo consonante de abismo, cuando dijo en la epístola A Prospero: (pág. 409)
Al Querubin rebelde en el abismo: (pág. 409)
De Oran temblando el conturbado suelo Al iracundo ceño del Altisimo. (pág. 409)
Si lo hasta aquí espuesto manifiesta claramente el caso que algunas vezes hacemos de la cantidad, es indudable que lo hacemos siempre del acento, por cuanto nuestro oido no halla el tono y música del verso, sinó en aquellos que tienen el acento en tales y tales sílabas, y su armonía y número se aumentan ó disminuyen en proporcion de los acentos con esta ó la otra lei. Oportunamente advirtió Juan de la Cueva en el Ejemplar poético, que el poeta ha de ser Puro en la lengua, y propio en los acentos. Y no solo es necesario que se halle el agudo en determinadas sílabas, sinó que cuando no pide la acentüada un énfasis especial, ó se halla al fin de palabra cuyo significado ó sentido se completa con la siguiente, es decir, que no tiene las condiciones de una sílaba larga, el verso sale lánguido y falto de sonoridad. Sentada esta nocion general de la cantidad y el acento de las sílabas, enumeraré las dimensiones mas frecuentes de nuestra versificacion, aplicando á cada una los principios que acabo de esponer; pero ántes conviene decir algo (pág. 409)
Del consonante, del asonante y del verso libre
Si bien es verdad que nuestros poetas se hallan mas desembarazados que los latinos por la incertidumbre que hoi tiene la cantidad de las sílabas, se han impuesto en cambio la estrecha traba del consonante. (pág. 410)
Consiste la consonancia en que las dicciones postreras de dos ó mas versos tengan unas mismas letras desde la vocal en que se oye el acento. Son segun esto consonantes hert y tahall, don y mansion, templo y ejemplo, bélica y angélica; y no lo son observe y obserce, gótico y pórtico. Basta la antedicha regla para buscar los consonantes; pero conviene advertir que no gustan los triviales, como los acabados en able y oso entre los adjetivos, y los formados por las terminaciones aba, ia, are, ando, endo, etc. de los verbos; no solo por parecer pobre el poeta que no sabe encontrar otros en nuestra copiosa lengua, sinó porqué suele acompañar á los tales consonantes una locucion débil, cual es la que resulta de haberse repetido y como desleido el pensamiento bajo diversas formas. (pág. 410)
Deseosos los poetas de ahorrarse estas dificultades que los buenos consonantes ofrecen, han adoptado para muchas composiciones una semirima, llamada asonante, el cual existe siempre que dos palabras tienen unas mismas vocales desde la acentüada, debiendo ser diversas las consonantes ó la consonante que haya despues de ella; ó terminando la una diccion por consonante, si la otra por vocal. Son de esta clase cayó y flor, cuesta y pesa, frenético y acérrimo, álamo y tálamos. Pero en las vozes esdrújulas, como se hace tan poco perceptible la penúltima sílaba que no se cuenta siquiera para el número de las que componen el verso, segun ántes esplique; basta para que haya asonancia, que sean unas mismas la vocal última y la acentiiada: así es que son asonantes oráculo y máximo, áspero y pámpano, tantas y lágrimas. En las vo zes que llevan algun diptongo en la sílaba acentüada ó en la última, solo se hace caso de la vocal en que se apoya la voz, segun se esplicó en la tabla puesta en las págs. 394 y 395 de la Ortografía. Es sencillo conocer que adoptaron principalmente esta semiconsonancia, que ha llegado á ser del gusto nacional y esclusiva para ciertos generos, porqué les daba mayor anchura que la rima rigurosa, para espresar sus ideas. Nadie se imagine que por ser diversas las consonantes, desaparece la cadencia del verso, pues ya he dicho que nuestra pronunciacion hace grande hincapié sobre las vocales y pasa mui de corrida por las consonantes, de modo que si algun estranjero quiere hacer la prueba, no tiene mas, para convencerse de lo mucho que nuestra asonancia se acerca al consonante, que oir de un español esta oda de Meléndez: Siendo yo niño tierno, con la niña Dorila me andaba por la selva cogiendo florecillas, De que alegres guirnaldas con gracia peregrina, para ambos coronarnos, su mano disponía. (pág. 410)
Así en ninez es tales de juegos y delicias pasábamos felizes las horas y los dias. Con ellos poco á poco la edad corrió de prisa, y fué de la inocencia saltando la malicia. Yo no se; mas al verme Dorila se reía, y á mi de solo hablarla tambien me daba risa, Luego al darle las flores, el pecho me latia, y al ella coronarme, quedabase embebida. Una tarde tras esto vimos dos tortolitas. que con tremulos picos se halagaban amigas; Y de gozo y deleite, cola y alas caidas, centellantes sus ojos, desmayadas gemian. (pág. 411)
Alentonos su ejemplo, y entre honestas caricias nos contamos turbados nuestras dulces fatigas; Y en un punto cual sombra voló de nuestra vida la ninez; mas en torno nos dió el Amor sus dichas. Mas clara se ve la fuerza rítmica del asonante en la siguiente cuarteta de Noroña: (pág. 411)
Cuando yo pensaba encontrar desvio en la zagaleja por quien me hallo herido. (pág. 412)
Estoi seguro de que bien recitados los versos que preceden, creerá cualquier estranjero que hai una perfecta consonancia en los segundos y cuartos de todas las estrofas, particularmente en los de la última. Para el oido español es tan claro el asonante, que nuestros poetas tienen que evitar con el mayor cuidado que se hallen inmediatos, y ménos entrelazados, consonantes de una misma asonancia, pues para nosotros es, hablando en general, defectuosa toda versificacion parecida á la de esta quintilla de Iglésias; Y el Padre soberano ¿A quien dará el divino y santo cargo Que con remedio sano El daño limpie, y cure mal tan largo, Volviendo en dulce risa el llanto amargo? (pág. 412)
Se hace reparable que los italianos, que marcan las vocales mas todavía que nosotros, no hayan prohijado la semirima, de que tantas ventajas han resultado á nuestra poesía. Tal vez como no hai en su lengua igual variedad en las terminaciones por razon de las consonantes que pueden componerlas, si no es tan difícil acertar con la rima rigurosa como con el asonante, no es ciertamente tan ancho el campo como en la española. En sola la asonancia de las vocales ao, por ejemplo, faltan á los italianos estas terminaciones, acio, (pues aunqué la tienen, la pronuncian como nuestro acho) acto, ado, agno, (que pronuncian como año) ajo, ancio, (que es para ellos ancho) archo etc. Hai ademas de esto infinitas dicciones en español terminadas en d, f, l, s, á y z, y ninguna en italiano; lo cual dilata notablemente los límites de nuestra asonancia. Este inconveniente debe de haberlos retraido de adoptarla, sobre todo haciendo ellos grande uso, no ménos que los ingleses, del verso suelto, libre ó blanco, que no está sujeto ni al consonante, ni á la semirima, sinó tansolo al número de las sílabas y á la acentüacion. La cual debe ser mui oportuna y esmerada en las composiciones de esta clase, porqué como se hallan desnudas de la armonía deslumbradora de la rima, se descubre en ellas cualquiera falta con facilidad, al modo que nuestros ojos advierten el menor descuido en las telas lisas, donde no hai matiz ni coloridos que sirvan para paliarlo. Conviene igualmente que el verso libre este nutrido de imágenes robustas y mui poéticas, para que ellas, lo entrelazado de los miembros de un verso con otro, (á lo que llaman enjambement los franceses, y nosotros montarse ó cabalgarse los versos) y mas que todo la diestra colocacion de los acentos, recuerden al lector, que es poesía y no prosa lo que está leyendo. Véanse llenadas todas estas condiciones en el siguiente pasaje de una de las sátiras de Jovellános: (pág. 412)
¿A donde está el forzudo Brazo de Villandrando? ¿ de de Argüello O de Paredes los robustos hombros? (pág. 413)
El pesado morrion, la penachuda Y alta cimera ¿acaso se forjaron Para cráneos raquíticos? ¿Quien puede Sobre la cuera y la enmallada cota Vestir ya el duro y centellante peto? (pág. 413)
Quien enristrar la ponderosa lanza? (pág. 413)
Otro tanto puede decirse de este de D. Leandro Moratin en su epístola El Filosofastro: (pág. 413)
Y vieras conducida Del rústico gallego que me sirve, Ancha bandeja con tazon chinesco Rebosando de hirviente chocolate, (Racion cumplida para tres prelados Benedictinos) y en cristal luciente A gua que sereno barro de Andújar; Tierno y sabroso pan, mucha abundancia (pág. 413)
De leves tortas y bizcochos duros, Que toda absorben la pocion süave De Soconusco, y su dureza pierden. (pág. 414)
De las distintas especies de verso
Los hai desde dos hasta catorce sílabas, y en todos puede verificarse el tener una ménos, si son agudos, es decir, si la sílaba última es la acentuada; una mas, cuando son esdrújulos, esto es, siempre que acaban por una voz esdrújula; y dos mas, si la diccion última lleva el acento en la cuarta sílaba ántes del fin, de lo que serán rarísimos, si alguno, los ejemplos que puedan citarse. Lo general es que rematen con el acento en la penúltima, donde lo tienen la mayor parte de las dicciones de nuestra lengua; y estos que constan del número cabal de sílabas que su medida pide, son conocidos con el nombre de llanos. (pág. 414)
El verso de dos sílabas lleva el acento en la primera, v. g. canto; modo; sea. (pág. 414)
El de tres en la segunda, como, su madre; temido. Estas dos especies son al presente poco usadas, y solo se valieron de ellas los antiguos como de pies quebrados en composiciones, formadas en lo general de metros de mayor dimension. Las que siguen, escepto las tres últimas que tambien han caido en desuso, son las empleadas por los poetas modernos. (pág. 414)
El verso de cuatro sílabas tiene el acento en la tercera; variándolo ó no llevando ninguno en las dos primeras, segun se advierte en la fábula 31 de Iriarte: Señor mio de ese brio, lijeréza y destréza, no me espanto, que otro tanto etc. (pág. 414)
Don Gabriel de Císcar ha empleado tambien este verso en algunos juguetes, pero mezclado con otros mayores, porqué completar una composicion con versos tan cortos, y mas si es en consonantes, debe reputarse como un esfuerzo del arte. (pág. 414)
El verso de cinco sílabas lleva el acento en la cuarta, y lo varía, ó no tiene ninguno en las tres primeras. Sirva de ejemplo la linda oda de D. Nicolas Moratin, intitulada Amor aldeano, que copio entera por ser corta. (pág. 415)
Hoi mi Dorísa se va á la aldea, pues se recréa viendo trillar. Sigola aprisa: cuantos placeres Mantua tuvieres voi á olvidar. Que ya no quiéro mas dignidades: las vanidades me quitó Amór. Ni fama espero, ni anhelo á nada; solo me agrada ser labrador. Voi amoróso para servirla: quiero seguirla por donde vá. Verá el hermoso trigo amarillo; luego en el trillo se sentara. (pág. 415)
Yo iré con ella, y el diestro brazo en su regázo reclinaré. (pág. 415)
La ninfa bella me dará vida, agradecida, viendo mi fe. De esotros trillos que esten mas léjos, los zagaléjos me envidiaran. Mil Cupidillos, viendo á la bella, en torno de ella revolaran. (pág. 415)
Yo alborozádo con dulces sónes tiernas canciones la cantare. (pág. 415)
Ni habrá cuidado, ni habrá fatiga, que con mi amíga no aliviaré. (pág. 415)
El de seis sílabas tiene el acento indispensablemente en la quinta, alternándolo en las cuatro primeras. El ectásilabo es casi peculiar de las endechas y letrillas, y así son muchas las que Meléndez ha compuesto en este metro. Por citar unas de las varias de este poeta que compiten en mérito entre si, pongo el principio de la intitulada La flor del Zurguen. (", Copio esta oda segun se hallaba en la primera edicion de las obras de Melendez, porqué no fueron siempre felizes las variaciones que hizo el autor para la de 1820, segun lo apunta Quintana en las págs. 618 y 619 del tomo IV de las Poesias selectas (pág. 415)
Parad, airecillos, no inquietos voleis, que en plácido suéño reposa mi bien. (pág. 416)
Parád, y de rosas tejédme un dosel, pues yace dormida la flor del Zurguen. Parad, airecíllos, parad y vereis á aquella que ciego de amor os cante: aquella que aflíge mi pecho, crúél, la gloria del Tórmes, la flor del Zurguen. El de siete sílabas altern primeras, siendo indispensa ta. En este metro empieza flúido cuantos mas acentos res, que son la segunda y la mucho para las anacreónti sion cantable. Búrgos lo ha cion de varias odas de Horat ro dice asi : (pág. 416)
Reina de Pafo y Gnido, deja á tu Chipre amada, y ven do mi adoráda te llama con fervor; Do en tu honor encendido incienso arde oloróso: contigo venga hermoso el rapazuelo Amór. Los versos mencionados castellanas, refiriéndose á la o observacion no pudiese aplicarse que hizo de sus comedias D. Les blico en Paris el año 1825. PROSODIA Sus ojos lucéros, su boca un clavél, rosa las mejillas, sus trenzas la réd do diestro Amor sabe mil almas prendér, si al viento las tiénde la flor del Zurguen. Volad á los valles; velozes traéd la esencia mas pura que sus flores den. Vereis, zefirillos, con cdanto praterto nlanárespira su aróma la flor del Zurguen. etc. a el acento en las cuatro ble que lo tenga en la sesya á notarse, que es mas se hallan en las sílabas pacuarta. El eptasilabo sirve cas y para toda composiempleado para la traduccio: la 30 del libro prime Las Gracias, desceñída la túnica, tus huellas sigan, y marchen de ellas las Ninfas á la par; Y juventud pulída, si Amor la inflama ardiente, y Merveri dasrde te sigan al altar. hasta aquí tienen todos la da presente. Quisiera que esta con justicia á la última revision andro Moratin, cuando las pu comun denominacion de quebrados, de pié quebrado ó de redondilla menor, miéntras los que siguen, se llaman enteros. (pág. 416)
En el de ocho sílabas, ó de redondilla mayor, es indispensable el acento en la septima, alternándolo en las que la preceden; pero será mayor su armonía, si el acento se halla en la segunda y la cuarta. Las composiciones en este metro, destinado particularmente para los romances y para la comedia, se hallan en casi todos nuestros poetas. (pág. 417)
El de nueve silabas lleva el acento en la octava, variándolo en las otras, si bien debe preferirse en las sílabas pares. Esta especie de metro, que es casi privativo de la poesía cantada, lo hallamos en la fábula 14 de Iriarte, que empieza, Si querer entender de todo Es ridícula presunción, Servir solo para una cosa Suele ser falta no menór. (pág. 417)
El de diez sílabas, que se emplea comunmente para los himnos, tiene el acento en la nona, y tambien en la tercera y sesta. Si falta en alguna de estas dos, se echa ménos en el canto, y hai que suplirlo artificialmente. Sirva de ejemplo la siguiente estrofa de Beña: Ocho vezes la cándida luna Renovó de su faz los albores, Cada véz contra riésgos mayóres, Ocho vezes los vió combatir; Y envidiósa los vió la Fortuna Su poder arrostrár atrevídos, Y los vió de su rueda caídos, Y su esfuerzo no pudo rendir. (pág. 417)
El verso de once sílabas ó endecasllabo, llamado por los italianos heroico, es el mas usado de todos, por cuanto entra en los tercetos, en las octavas, en los sonetos, y generalmente en los versos asonantados y los sueltos que se emplean para la épica y para la tragel dia. Es lei indispensable que tenga el acento en la décima sílaba, y ademas en la sesta, ó en la cuarta y octava, ó no sonará por manera alguna bien, como observa el Pinciano en la pág. 290 de la Filosofla antigua poética. Se apoya pues la entonacion del endecasilabo en el acento de la sílaba céntrica, que es la sesta, ó en los de la cuarta y octava que están equidistantes de los dos estremos, y así no suena como verso este, Cuán grande es la eterna misericordia, que es estraño se haya escapado al buen oido de Saavedra en una composicion que tanto honra su ingenio, cual es El moro esposito. Por lo dicho puede comprenderse, que el renglon con que principió Iriarte el Poema de la música, Las maravillas de aquel arte canto, no deja de ser verso por carecer de acento la sesta, segun pudiera inferirlo alguno de los términos en que se esplica Martínez de la Rosa en la pág. 171 (edicion de 1827) del tomo primero. En las obras de este último poeta ocurren muchos versos que lo son, bien que faltos del acento en la sesta sílaba, por tener la otra circunstancia. Tal es este del canto II de la Poética, pág. 27: (pág. 417)
Sin sospechar que faltará el aliento, y este otro del canto III pág. 32: (pág. 418)
La diestra flauta remedar solía; y aun me atreveré á decir, que conviene interpolar de tiempo en tiempo algunos versos agudos en la cuarta y la octava con los acentüados en la sesta, para variar el tono de la composicion. La falta de Iriarte consiste en que por hallarse tan pegado el agudo aquel con arte, no le deja el acento de esta última diccion la prominencia necesaria, y el lector vacila justamente en si la apoyatura de la voz está mas en la sílaba última de aquel que en la primera de arte. Pruébese nada mas á variarlo así, Las maravillas de los artes canto, y desaparecerá el defecto principal de este verso; pues lo de acabar por dos palabras disilabas, aunqué conviene evitarlo, es mui frecuente en los poetas de mejor nota. (pág. 418)
Son mas sonoros y cadenciosos los endecasílabos á proporcion que abundan mas de acentos en las sílabas pares, cuales son los dos que puso Martínez de la Rosa en el canto III, al tratar precisamente de esta materia: (pág. 419)
El eco unir no sabe acorde y blando Al son robusto, al número y cadencia; y estos otros de D. Leandro Moratin: Lijeras danzas y festivos coros.— Allá dirige las hinchadas lonas. (pág. 419)
Son todavía mas musicales algunos de los siguientes de Jovellános: en la Descripcion del Paular: Del claro rio sobre el verde márgen, en la epístola A sus amigos de Salamanca: Que allá del Tormes en la verde orilla.— y en la otra A sus amigos de Sevilla: Le causa algun placer al alma mia.— Que sobre seca rama nunca el malo. (pág. 419)
Por este motivo no sirven para el verso las palabras de un gran número de sílabas, porqué como cada diccion no tiene por lo regular mas de un acento, no puede evitarse que falte en alguna de las sílabas en que la medida lo requiere. Ásí Amato Benedicto se vió obligado á decir: (pág. 420)
y tu, maldita, Que en el verso no cabes, y es preciso Decir interpre á parte de tativa. (pág. 420)
En muchas poéticas se prescribe ademas que la cesura, es decir, la pausa que hacemos en medio del endecasilabo, se halle despues de la cuarta, quinta, sesta ó séptima sílaba, y que la sesta sea la acentuada, si la cesura cae despues de ella. Reglas que tengo por superfluas, no existiendo en mi sentir tal cesura prosódica por las razones que espongo al fin en la nota L. Los versos de doce sílabas, llamados de arte mayor, que tanta fama cobraron desde que los puso en boga Juan de Mena, apénas se usan hoi dia, sinó cuando nuestros ingenios hacen alarde de reproducir esta antigualla, segun lo ejecutó Iriarte en la fábula 39 El retrato de golilla, D. Leandro Moratin en el Canto al Principe de la Paz, y Arriaza en el Hímno de los guardias de la real persona. Su estructura es propiamente la de dos versos de seis sílabas juntos, y hai un descanso perfecto en la sesta, donde termina siempre la palabra, de modo que si la quinta es una final aguda, vale por dos, como en este verso de Moratin, E luego e de si¦ vozeros mandó. (pág. 420)
Y si consta este verso, no obstante que solo tiene diez silabas, tambien estaría cabal con catorce, si las vozes finales de los dos hemistiquios fuesen esdrújulas, segun en este, Pasaran las aguilas¦ de Galia los términos. (pág. 420)
Por lo que respecta á su acentüacion, el Pinciano exi ge (pág. 287) que quiebre en la quinta, octava y undécima, no reconociendo por versos los que carecen de esta lei; doctrina que refutó Cascáles en la Tabla quinta de un modo embrollado y sin fundamento. No hai otra cosa que añadir á lo sentado por el Pinciano, sinó que conviene, para que sean numerosos estos versos, que tengan el acento en las segundas de ambos hemistiquios: la octava que el Pinciano señala, es precisamente la segunda del hemistiquio último. Menos usados que los versos de doce sílabas son los de trece, de que nos ha dado una muestra Iriarte en la fábula VII, que empieza: (pág. 420)
En cierta catedral una campana había Que solo se tocaba algun solenmne dia. (pág. 421)
Y en verdad que no pudo escoger metro mas duro, ni mas proporcionado para pintar el son desapacible de la campana. (pág. 421)
Con los versos de catorce sílabas, conocidos bajo el nombre de alefandrinos, empezó á ensayarse la Musa castellana, pues de ellos se sirvieron el autor del poema del Cid, Berceo, Juan Lorenzo Segura y otros, los cuales eran poco escrupulosos en que sobrasen ó faltasen al verso una ó mas sílabas; á no ser que apelemos á la distinta pronunciacion que ellos darían á algunas vozes, ó á lo defectuoso de los códices, que es á lo que mas se inclina el erudito D. Tomas Antonio Sanchez. Iriarte, que se propuso en sus fábulas presentar una gran variedad de versos, empleó los alejandrinos para la fábula X, cuyo principio es: (pág. 421)
Yo lei no se donde, que en lengua herbolaria Saludando al tomillo la yerba parietaria, etc. Á todas estas especies de metros deben añadirse las varias tentativas hechas por nuestros escritores desde el tiempo de Bermúdez hasta los actuales, para imitar en castellano el hexámetro y pentámetro, el asclepiadeo, el sáfico, el adónico y otros de los latinos; pero en todos sus conatos se advierte lo incierto de nuestra prosodia, y la suma diferencia que hai bajo este respecto entre las lenguas modernas y las antiguas. (pág. 421)
De las composiciones poéticas cortas de mayor uso
Infinita es la variedad con que pueden combinarse los piés ó versos de que hasta aquí he hablado, y muchos los rumbos nuevos que descubrirán con el tiempo nuestros poetas, á pesar de ser ya tantos los practicados hasta el dia. No siendo posible abrazar en este epítome las muchas especies que enriquecen ya nuestro Parnaso, habré de limitarme á aquellas pocas, que por mas frecuentes han logrado una denominacion particular. (pág. 421)
Llámanse pareados ó parejas dos versos de cualquier medida que tienen consecutivamente un mismo consonante, como sucede en casi toda la siguiente fábula de El gato legísta de Mora: (pág. 422)
Primer año de leyes estudiaba Micifuf, y aspiraba Con todos sus conatos A ser oidor del crímen de los gatos. (pág. 422)
Estudiando una noche en las Partidas, Halló aquellas palabras tan sabidas: (pág. 422)
«Judgador non semeye á las gardunas, Ca manso et non de furtos es su oficio, Et faga el sacrificio De cortarse las unas. » (pág. 422)
Sin unas! dijo el gato: bueno es esto, Mas me sirven las unas que el Digesto.— Váyanse con lecciones Al que nació con malas intenciones. (pág. 422)
Como las composiciones que constan de solos pareados, son las ménos apacibles al oido por su poca variedad y sobrada inmediacion de la rima, suelen los poetas entremezclar otra consonancia, segun lo vemos en dicha fábula despues del verso, Judgador non semeye á las gardunas, y en la siguiente cantilena de Saavedra, al llegar al octavo: (pág. 422)
Por un alegre prado, de flores esmaltado, y de una clara fuente con la dulce corriente de aljófares regado, mi dueño idolatrado iba cogiendo flores, mas bella y mas lozana que ninfa de Diana, Mil risueños Amores en torno la cercaban, y en su falda jugaban, etc. etc. (pág. 423)
El terceto consta de tres versos endecasilabos; y si los versos son de arte menor, se denomina tercerilla. La consonancia de los tres admite toda la variedad de que son susceptibles, pues á vezes terminan por un solo consonante; otras es uno mismo el del verso primero y segundo; ya consona el primero con el tercero; ya el segundo con el tercero.—Con los tercetos, entrelazando el consonante del verso suelto del primero con dos versos del terceto siguiente, suelen escribir nuestros poetas las epístolas, elegías y sátiras, y lo emplean ademas para las poesías descriptivas, églogas e idilios. (pág. 423)
La cuarteta ó redondilla (que tiene tambien el nombre de cuarteto, si los versos son endecasílabos) consta de cuatro versos, que conciertan entre si, bien los dos del medio y los dos de los estremos, bien alternativamente, es decir, el primero con el tercero y el segundo con el cuarto.— Los polos y tiranas, género tan conocido del canto nacional español, no son mas que cuartetas con asonantes en los versos segundo y cuarto; y los romances se componen regularmente de cuartetas de versos de ocho sílabas con una misma asonancia desde el principio hasta el fin; distinguiéndose de las endechas, mas por el objeto doloroso y triste de las últimas, que por las seis ó siete sílabas de la me dida en que de ordinario están escritas. (*) Los cuartetos, semejantes á los cuatro primeros versos de una octava, tienen el nombre de serventesios, y los poetas suelen emplearlos para las epístolas, como lo hizo Noroña en la que empieza (página 168 del tomo segundo) así: (pág. 423)
Al abrir este pliego, Silvia amada, etc. Otra variedad mui frecuente en las cuartetas es la que resulta de interpolar los versos endecasílabos con los eptasilabos, segun lo practicó el mismo Noroña en la oda á D. Juan Antonio Caballero: (pág. 424)
Corilo amado, cuando con dulzura Celebras á Filena, O mitigar intentas la amargura De mi terrible pena; Refresca el fiero mar su movimiento, El rio su corriente, Su crecido furor el ronco viento, Y sus aguas la fuente, etc. (pág. 424)
La quintilla se compone de cinco versos, en que los poetas admiten, respecto de los dos consonantes diversos que debe tener, casi todas las combinaciones posibles; y para darle aun mayor variedad, emplean el eptasilabo en los versos ¦°, 3° y 4°, entremezclado con dos endecasílabos en el 2° y 5.° Este género de metro y el que sigue, son los mas generalmente usa En todas las composiciones de asonancia ha de evitarse cuidadosamente que no la haya en los versos impares; por cuya razon es defectuosa la primera cuarteta de la oda de Cienfuégos El amante desdenado, que dice: (pág. 424)
A par del risueño Tórmes, en una anchurosa vega, abril derramando flores galan y amoroso reina. (pág. 424)
dos para la oda, y en el tradujo el Mtro. Diego González el Magnificat, cuya primera estrofa es: (pág. 425)
Alaba y engrandece Á su Dios y Señor el alma mia, Y en mi espíritu crece El gozo y alegría En Dios, mi salvador, en quien confía. (pág. 425)
La sestilla, que tambien llamamos redondilla de seis versos, por constar de este número, admite seis formas por lo ménos en la variacion de sus consonantes, lo que sería sobrado largo esplicar ahora. Es comun interpolar los versos quebrados de siete sílabas con los de once; aunqué para composiciones largas y didácticas, se prefiere siempre el endecasilabo, como lo observamos en el poema de D. Nicolas Moratin intitulado Diana ó arte de la caza. (pág. 425)
No son frecuentes las composiciones en estancias de siete versos; mas no faltan entre los modernos, pues las ha usado Meras en varias odas que se hallan en el final del tomo segundo, Noroña en las dos de las páginas 147 y 184 del tomo primero, González Carvajal traduciendo el salmo 28, y don Leandro Moratin en la oda á los colegiales de S. Clemente de Bolonia. Colocaré en este lugar la seguidilla, porqué si bien no es fijo el número de sus versos, consta por lo regular de siete; el 1°, 3° y 6° de siete sílabas, y de cinco los restantes. Su parte primera es una cuarteta, cuyo verso 2° y 4° son asonantados, teniendo despues un asonante diverso el 5° y el 7°, los cuales forman con el 6° lo que se llama estribillo. Esta especie de composicion se canta á la guitarra, acompañándola tambien el baile de seguidillas ó bolero. (pág. 425)
Si la pasion te ciega, mira primero donde pones los ojos, no llores luego: (pág. 425)
los ojos abre, mira que cuando acuerdes, ya será tarde. (pág. 425)
La octava, que toma su nombre de los ocho versos de que consta, es mui usada por todos los poetas, así para asuntos aislados, como para los razonamientos y las deseripciones en nuestras antiguas comedias. Sirve en particular para los poemas didácticos, y puede decirse que esclusivamente para los épicos. Cuando sus versos son endecasilabos, tiene con propiedad el nombre de octava, porqué si son de ocho silabas, se denomina la copla redondilla de ocho versos. Hai libertad en combinar del modo que mas guste el poeta, las consonancias de los seis primeros versos, siendo lo regular el terminar la octava con un pareado. Para no dejar sin algun ejemplo esta clase de estrofa, tan usual á nuestros poetas, copiaré la siguiente octava de Saavedra en el canto III del Paso honroso: (pág. 426)
La fresca juventud bella y lozana En su lindo semblante relucía, Y sus mejillas cual de nieve y grana Con púdico rubor enrojecía: (pág. 426)
Mas bella que aparece á la mañana La clara luz con que comienza el dia, Muestra su frente, y sus hermosos ojos Pueden al mismo Amor causar enojos. (pág. 426)
Á la clase de octavas pertenece la copla de arte mayor, tan del gusto de Juan de Mena: sus versos son de doce sílabas, segun ántes dije, y consonan el 1°, 8°; el 2° con el 3°, y el 6° con el 7° Don Leandro Moratin reprodujo estas estancias en el canto que principia: (pág. 426)
A vos el apuesto complido garzon, Asmándovos grato la pénola mia, etc. (pág. 426)
Las coplas de nueve versos no tienen una denominacion peculiar, sinó que pertenecen á la clase de estrofas que los poetas adoptan para sus odas, canciones, idilios etc., no atendiendo á otra máxima sinó á que todas las estancias de la oda ó cancion consten del mismo número de versos, y á que sus consonantes guarden la misma lei que en la primera. (pág. 426)
La décima se compone de diez versos de ocho silabas, que conciertan por lo regular el 1° con el 4° y 50, el 2° con el 3°, el 6° con el 7° y 10°, y el 6 con el 9.° Puede darse á los consonantes otra distribucion; pero cuídese en esta, como en toda composicion de consonantes, de no interponer entre estos mas de tres versos, á fin de que no se olvide el eco de la consonancia y desaparezca este artificio de la poesía. Á pesar del largo tiempo que ha trascurrido desde Lebrija, no se ha hecho ninguna novedad en la máxima que sentó en el lib. Il capítulo X de la Gramática castellana por estas palabras: «No pienso que hai copla en que el quinto verso torne al primero, salvo mediante otro consonante de la mesma caida; lo cual por ventura se deja de hacer, porqué cuando viniese el consonante del quinto verso, ya sería desvanecido de la memoria del auditor el consonante del primer verso.» Sin embargo Meléndez en la oda El fanatísmo ha hecho consonar el verso 2° con el ¦° interpolando cuatro de diversas consonancias; y lo mismo se nota varias vezes en la Epístola X del tomo tercero, y en el capítulo X de Isaias, traduccion de González Carvajal. Nuestros poetas antiguos practicaron lo mismo, segun se nota en la cancion de Jáuregui que empieza, En la espesura de un alegre soto, pues en la estrofa, En cuanto así la voz enternecida, entre los versos que llevan los consonantes aplica y replica, ocurren cuatro intermedios. Pero en todos estos ejemplos se nota el vacío que poco hace hemos indicado.— La estructura de las décimas se echará de ver en el siguiente epigrama de D. Nic. Moratin: Admirose un portugues De ver que en su tierna infancia (pág. 427)
Todos los niños en Francia Supiesen hablar frances. (pág. 428)
Arte diabólica es, Dijo, torciendo el mostacho, Que para hablar en gabacho Un fidalgo en Portugal, Llega á viejo, y lo habla mal; Y aquí lo parla un muchacho. (pág. 428)
La última composicion corta de un determinado número de versos es el soneto, que consta por lo regular de catorce endecasílabos, divididos en dos cuartetos y dos tercetos, cuyos consonantes están entrelazados con suma variedad, los del primer cuarteto con los del segundo, y los de ambos tercetos entre si. Valga por muchos que pudieran citarse, este de Gallego al (entónces) conde de Wellington, con motivo de la reconquista de Badajoz: (pág. 428)
Á par del grito universal que llena De gozo y gratitud la esfera hispana, Y del manso, y ya libre, Guadiana Al caudaloso Támesis resuena; Tu gloria, ó conde, á la region serena De la inmortalidad sube, y ufana Se goza en ella la nacion britana, Tiembla y se humilla el Vandalo del Sena. Sigue, y despierte el adormido polo ("* Al golpe de tu espada; en la pelea Te envidie Marte y te corone Apolo: Y si al triple pendon que al aire ondea, Osa Alecto amagar, tu nombre solo Prenda de union como de triunfo sea. De todas las diferentes especies de sonetos que los escritores de poéticas enumeran, ninguna me parece digna de mencionarse aquí, sinó el soneto con estrambote, nombre que se da á tres ó cuatro versos que á vezes se añaden á los catorce del soneto, para con Aludía el autor á la indecision de los rusos en declararse contra Napoleon. (pág. 428)
cluir y redondear el pensamiento. Como no me acuerdo de que haya ninguno de esta clase en nuestro Parnaso moderno, copiaré el tan sabido de Cervántes, segun se halla en el manuscrito que poseí, y parecía ser de la propia mano de su inmortal autor. No he hecho en el mas alteracion que descifrar las dos abreviaturas Vm. y S.? del verso décimotercio, y acomodarlo á la buena ortografía, porqué en este punto era aquel grande ingenio mas descuidado todavía que la generalidad de sus contemporáneos. (pág. 429)
Vive Dios que me espanta esta grandeza, Y que diera un doblon por descrebilla, Porqué á quien no suspende y maravilla Esta máquina insigne, esta riqueza? (pág. 429)
Por Jesucristo vivo, cada pieza Vale mas de un millon, y que es mancilla Que esto no dure un siglo, ó gran Sevilla, Roma triunfante en ánimo y nobleza. (pág. 429)
Apostaré que el ánima del muerto, Por gozar de este sitio, hoi ha dejado La gloria donde vive eternamente.— Esto ovó un valenton, y dijo, es cierto Cuanto dice voacé, señor soldado; Y el que dijere lo contrario, miente.— Y luego incontinente Caló el chapeo, requirió su espada, Miró al soslayo, fuese, y no hubo nada. (pág. 429)
Las composiciones poéticas que van esplicadas, tienen todas un número constante y fijo de versos: paso ahora á señalar las mas usuales entre las cortas, cuyo número de versos es indeterminado. (pág. 429)
Las que desde luego se ofrecen á la consideracion como las mas breves, son las arias, formadas para el canto en versos desde tres hasta diez sílabas. Cuando tienen una sola estancia, se les da el nombre de cavatinas; si dos, son propiamente arias; y rondó se llama la que tiene tres. Estos nombres italianos han reemplazado á los de villancicos, cantarcicos, cantilenas y letrillas, con que ántes se dencminaban tales compo siciones; aunqué los versos de los villancicos tenían una lei mui diversa de las arias modernas. Las estancias de las arias constan de dos versos por lo menos, y de siete cuando mas; y si aquellas son dos, ha de ser igual el número de versos de entrambas, igual el número de sílabas, y uno mismo el consonante final, que debe ser agudo. La rima va variada á gusto del poeta, quien puede tambien intercalar algun verso suelto. Véanse casi todas estas circunstancias en el coro con que D. Leandro Moratin terminó el Cántico á la Anunciacion: (pág. 429)
Virgen, madre, casta esposa, Sola tú la venturosa, La escogida sola fuiste, Que en tu seno concebiste El tesoro celestial. (pág. 430)
Sola tú con tierna planta Oprimiste la garganta De la sierpe aborrecida, Que en la humana frágil vida Esparció el dolor mortal. Otras vezes no es el verso final de las dos estrofas el único que consona, sinó alguno mas á voluntad del poeta, como en estas de Quintana: Dos ayer eramos, y hoi sola y mísera me ves llorando á par de ti. (pág. 430)
Mira estas lágrimas, mirame trémula, donde gozando me estremeci. (pág. 430)
Damos la denominacion de romance á las composiciones, cortas por lo comun, de octosílabos, cuyos versos pares tienen todos un mismo asonante, siendo sueltos los impares; y el de romance real ó heroico, si los versos son endecasílabos. Aunqué hai tambien romances en eptasilabos, estos sirven mas de ordinario para las anacreónticas. (pág. 430)
La letrilla suele ser mas breve que el romance, del cual se distingue en la gracia y lijereza de las imágenes. Está unas vezes en asonantes, y otras en consonantes: sus versos son de seis ú ocho silabas, repitiéndose en algunas ocasiones al fin de todas las estancias uno ó dos versos, que se conocen con el nombre de estribillo. (pág. 431)
El madrigal comprende dos ó mas estancias, que todas juntas no esceden de quince versos, cuya consonancia y número de sílabas están al arbitrio del poeta. Véase aquí uno de Arriaza: (pág. 431)
Pues diste, bella enemiga, Tu tierno pecho á las balas, Si marchitó la fatiga De tu hermosura las galas, Es que Vénus te castiga De haber imitado á Palas. (pág. 431)
Pero al cabo la alegría Volverá á tu hermoso cielo, Pues por su interes un dia Dirá Vénus: En el suelo ¡Como habrá una efigie mia, Si yo rompo este modelo! (pág. 431)
La oda se diferencia del tierno y delicado madrigal, no solo en ser casi siempre mas larga, sinó en la valentia, nervio y nobleza de su asunto. Hai una especie de oda corta llamada lira, que consta de estrofas de cinco ó seis versos, parte endecasilabos, y parte de siete ú ocho sílabas, cuya acentuacion y tono se ajustan para ser cantados al son de algun instrumento; de donde ha tomado el nombre de lira ú oda lírica. (pág. 431)
La cancion consta desde cinco hasta doce estancias, cada una de las cuales ni tiene ménos de nueve versos, ni mas de veinte; siendo una misma la lei de los consonantes y del número de sílabas en todas, y teniendo al fin una estrofa menor, llamada despido, cuelta, remate ó ritornelo, en que ora se recapitula la cancion, ora se espresa el objeto principal de ella. Les versos de la cancion son de once sílabas mezclados con quebrados de siete. (pág. 431)
La silva es la composicion mas libre de todas, pues ni tiene medida determidada para las estancias, ni estas guardan entre si la menor conformidad, ni hai regla fija para la consonancia de sus versos, que tienen once ó siete sílabas á discrecion del poeta, siéndole permitido intercalar algun verso suelto, cuando bien le parezca. (pág. 432)
Los caractéres del epigrama, égloga, idilio, elegía, oda pindárica, sátira y demas composiciones en verso, no pueden tener lugar en un compendio tan sucinto como este, sinó en las poéticas, donde se hallarán esplicados. Me contentaré con observar aquí, que tanto las elegías como las epístolas, sátiras y todos los poemas en tercetos, concluyen siempre por un cuarteto, cuyo verso último va encadenado con el segundo. (pág. 432)
De las licencias poéticas
No será mui largo este capítulo, por ser pocas las libertades que en todos tiempos se han tomado nuestros poetas, y no permitirse á los actuales que salgan de los límites que los antiguos se prescribieron en esta parte; con tal rigor, y aun injusticia, si se quiere, que se les reprueba el uso de algunas que se hallan autorizadas por aquellos. Pueden reducirse á las siguientes: Ja Los poetas cuentan siempre por una sílaba la última de una diccion y la primera de la que va despues de ella, si aquella termina y esta principia por vocal. Llámase esto sinalefa, y no debe reputarse por licencia poética, porqué el habla comun elide en semejantes casos una de las vocales, cuando no tenemos que hacer pausa en la primera, por quedar bastante perfecto el sentido de la oracion; ó si principia la sílaba siguiente por hue, que suena casi como gue, segun se advierte en huésped, hueste etc. Dije en la Ortografía, (pág. 37 1) que tambien se percibe la h en ah, haha, oh etc.; por lo que no deben confundirse estas dicciones con la vocal de la voz que precede ó sigue á la h que se aspira; y si algun ejemplo se halla en contrario, se hace siempre la contraccion con la letra e, y no con otra vocal alguna. (pág. 432)
Apelan si los poetas á una de las libertades que les son permitidas, siempre que dejan de cometer la sinalefa, (lo que rara vez sucede) ó cuando usan de ella repugnándolo el modo de leer la sentencia, como en este verso de D, Nic. Moratin en la cancion A Pedro Romero: (pág. 433)
El ancho anfiteatro. Allí se asoma; donde sobra una sílaba, si ha de recitarse segun lo pide la puntüacion del pasaje. En este otro de Meléndez, Engaños hasta aquí absorto tuvieron, para que sea verso, y de todos modos le faltará fluidez, ha de detenerse la voz en aquí, lo cual impide que la última vocal de este adverbio desaparezca incorporándose con la primera del adjetivo absorto, Por el mero hecho de cometerse muchas sinalefas en el verso, resulta duro, como aquel de Arriaza en la poesía Al dos de mayo, Por la que aleve le asaltó en su hogar, y este de Meléndez, No aunque holladas vilmente, que en mi ayuda. Cuando se juntan tres vocales de tres dicciones diversas, ya no es fácil pronunciarlas de modo que formen una sola sílaba; por lo que los poetas las cuentan en general por dos, con pocas escepciones. Cometieron esta doble sinalefa Iglésias en sus letrillas: Si á un ruin miserable Ines se hace afable, (pág. 433)
D. L. Moratin en el acto I escena 13 de El viejo y la nina: (pág. 434)
Y á el entretenido en ver.— Recibe en su casa á un hombre, y en el acto I escena 22 de la Mojígata: Cuando vaya á alguna parte. (pág. 434)
De Meléndez, que ha abusado, como algunos modernos, de esta licencia, es mui fácil amontonar los ejemplos: (pág. 434)
Yo atado á un triste cargo.— Y anda á un tiempo en mil partes.— Y tus blondas sedas vi a Amor estender. (pág. 434)
etc. etc. etc. (pág. 434)
113 La reunion de dos vocales en medio de la voz proporciona, ó su contraccion en diptongo por la sineresis, si no lo forman en el modo ordinario de pronunciar las palabras; ó su disolucion por la dieresis, cuando solo constituyen una sílaba en la prosa. Es mui comun lo primero en las dicciones esdrújulas que terminan por diptongo: (pág. 434)
Me puso la durea citara en la mano. (Soneto de D. Nic. Moratin.) (pág. 434)
Brama el Bóreas. Felizes. (pág. 434)
(D. L. Moratin, Sobre la utilidad de la historia.) Estando el acento en la vocal última ó penúltima, ya se hace mas violento contraérlas ambas en una sílaba. Sin embargo, ademas de haber dicho Arriaza, que no es la mejor pauta de diccion pura, Placeres, halagos, quedaos á servir, hallamos en las Villanescas de Iglésias: Le quiero y me huelgo de hacerle bobear; en los Romances del mismo: (pág. 434)
Alma real en cuerpo hermoso, Tres vezes de imperio digna; en la égloga Batilo de Meléndez: No á mi gusto sea dado; en la oda primera del tomo IV del mismo: O en el lazo fatal cae de la muerte, y en la oda Á las Musas de Lista: Luciente aterra, cuando cae del hado. González Carvajal hace con mucha frecuencia disilabos á Israel y Jehová, y Saavedra ha puesto en el romance segundo de El moro esposito: (pág. 435)
Ondeando suave al hálito del viento.— Des ahoga al fin su corazon mezquino. Ya se habrá notado que semejante licencia quita la fluidez al verso, y hai algunos en que se hace intolerable, como en estos del romance octavo de la misma leyenda, De dia ó de noche, y de esterminio y muerte. — Le hablan reconocido y abrazado; y en aquel de Meléndez, Se que aun no crees estinto, pues en un eptasilabo no pueden cometerse dos sinéresis y una sinalefa, sin que resulte arrastrado. Por la diéresis ocurre á cada paso disuelto el diptongo en jüez, oriente, ruido, suave, viaje etc. Envidia de Dione.— Y á llantos de viuda.— Del popular ruido.— Ó injustos se airen.— Quebraba el corazon en tal cúita, son pasajes estractados de las obras de Meléndez. En el soneto á la memoria de este por D. Leandro Moratin, leemos: (pág. 435)
Del Tórmes, cuva voz armoniosa; en la Profecía de Isalas traducida por González Carvajal: De Jehová la voz imperiosa.— De tinieblas cubierto el radiante.— No te irrites, Senor, demasiado; y en los Trénos de Jeremías del mismo: Pecamos, ai! y en duros vaïvenes. Por esta licencia hace tan frecuentemente á piadoso de cuatro sílabas, y á la segunda e larga de reprenda la desató en dos en el capítulo 22 de Job: Ni que con mas rigor te reprehenda. IIIa Les es permitido añadir una e al fin de ciertas palabras, con lo que ganan una sílaba y un consonante, como peze de pez, troje de troj, y en Villaviciosa hallo tenaze por tenaz. Carvajal dice mendaze, raize y veloze por mendaz, raiz y veloz, y Mora feroze por feroz: (pág. 436)
Al fin de un infelize el cielo hubo piedad. (Meléndez.) Esta parágoge se usó mucho en todos los romances antiguos terminados generalmente por asonantes agudos; y sin ella faltaría la asonancia en muchas de sus cuartetas, como en esta del romance del conde Guarinos: En misa está el emperador Allá en sant Juan de Letrane, Con el está Baldovínos E Urgel de la fuerza grande, Con el En Dordin d’Ordona E don Claros de Montalvane ete.; y en esta otra del romance del conde de Írlos: (pág. 436)
Mas el buen conde de Irlos Ruega mucho al emperante, Que el y todos los Doce Se quisiesen ayuntare. (pág. 437)
Cuando todos fueron juntos En la gran sala reale, etc. (pág. 437)
En otras vozes terminadas en ez añaden una a, diciendo con nuestros antepasados amarilleza, estrecheza por amarillez, estrechez; y un arcaismo de esta clase ha reproducido Saavedra en este verso, Y se juzga seguro en su altiveza. (pág. 437)
En algunas por fin agregan una o, como cuando González Carvajal dice en el salmo 46: (pág. 437)
Nos dió en heredamiento, y de Jacobo La hermosura preciosa Que le arrebata el alma en dulce robo. IVa Pueden quitar una consonante al fin de ciertas vozes, cuales son apena (apénas), entonce (entónces), mientra (miéntras), bien para lograr un nuevo consonante, bien para disminuir una sílaba, si estas dicciones están en el medio, y las sigue alguna que principie por vocal. (pág. 437)
Entonce el pecho generoso herido. (Melendez.) Que tuve por belda. (El mismo.) (pág. 437)
Orden, belleza, varieda estremada. (El mismo.) Cuando apena empezaba. (Mor de Fuéntes.) De Fili (Filis) un tiempo la presencia hermosa. (Jovellános.) (pág. 437)
Á vezes les es concedido suprimir una sílaba entera, y poner diz por dicen, do por donde, á do por á donde, do quier por donde quiera: en Garcilaso y en Meléndez hallamos sáuz por sauce, y en Juan de la Cueva vien por viene. Usando de esta facultad, ha suprimido una e Meléndez en el romance XIII del tomo segundo: (pág. 437)
Y en el seno pon (pone) sus flores; en la epístola III del tomo tercero: Juventud llora en su rudez sumida.— Su tibiez mueva, su pereza aguije; y González Carvajal en el capítulo 32 de Isaías: Y la justicia en el Carmel resida. Pero no todas estas libertades merecen imitarse, y ménos la del mismo traductor en el capítulo 14 de dicho profeta; Al torrent (torrente) de los sauces es llevado. En otras ocasiones, bien que son raras, quitan una vocal, y hasta una sílaba compuesta, del principio de la diccion. Meléndez ha dicho; Hierven hora en mi pecho,— Por su nudez de frio.— Los menazantes gritos.— Mirame en faz pacible, en lugar de ahora, desnudez, amenazantes y apacible; Martínez de la Rosa: (pág. 437)
Rastrando van por las desiertas calles, al modo que Bartolomé Leonardo de Argensola dijo: Tropellar la quietud del espondeo; y González Carvajal en el capítulo 35 de Job: De tu justicia tan cendrada y pura, y en el capítulo IV del Cántico de los canticos; Nardo, el zafran, el nardo floreciente. Bien que tanto hora, como rastrar, tropellar y ruga por arruga se hallan usados por nuestros prosistas del mejor tiempo. (pág. 438)
Con los mismos fines emplean la síncope en otras vozes quitándoles una letra de en medio, diciendo crueza por crudeza, debría por deberta, despa recer por desaparecer, despiadado por desapiadado, guarte por guárdate, heis por habeis, pudierdes por pudiéredes, vierdes por viéredes: (pág. 438)
De espírtus, que dichosa. (Meléndez.) (pág. 439)
Espirtu varonil del cuarto Cárlos. (Jovellános.) Herrera usó de Naydes en lugar de Náyades, Pérez de Montalvan querubes por querubínes, y Juan de Rufo albarcoque por albaricoque; aunqué tambien he leido esta última voz en algunos autores prosaicos de aquel tiempo. Con todo semejante licencia es la mas estraordinaria que puede tomarse, y hoi apénas se tolera sinó en las vozes crueza, despiadado y desparecer, y en algunas otras, en que omitiendo una letra intermedia se logra un nuevo consonante, como en conduta, contino, defeto, dino, efeto, Egito, insine, repuna por conducta, continuo, defecto, digno, efecto, Egipto, insigne, repugna. Me parece pues digno de censura lo que ha hecho Martínez de la Rosa en el poema de Zaragoza, donde ha puesto dos vezes solmente por solamente en los versos, Almo don de los cielos! Tú solmente.— Verse solmente huesas y sepulcros; á pesar de haberle precedido en usar de esta síncope Jovellanos, cuando dijo en la epístola A sus amigos de Sevilla: (pág. 439)
Pero el sensible corazon, al casto Fuego de la amistad solmente abierto. (pág. 439)
VId Añaden por el contrario una letra en medio de algunas dicciones, cometiendo entónces la epentesis, como cuando dicen corónica, Ingalaterra, veyendo por crónica, Inglaterra, viendo; si bien los escritores del siglo XVI usaron de estas tres vozes aun en la prosa; bajo cuyo aspecto pudiera reputarse esta licencia como de la clase que pasamos á esplicar. (pág. 439)
VIIa Se les disimula que usen de ciertos arcaismos, ya en las conjugaciones, e. g. amalle, contallo, vide, vido, vistes por viste ó visteis, (*) etc.; ya usando de palabras anticuadas, como anhélito, braveza, conhortar, cuidoso, desque, (desde que) espejarse, esplender, exicial, pensoso, so etc.; ya añadiendo la a al principio de algunos verbos que en lo antiguo la llevaban, v. g. abajar, abastar etc. etc. (pág. 439)
De la inmortal corona que le atiende. (Jovellános.) El lento paso del nevado enero, Y avaro el sol se niega á su hemisfero. (Forner.) Y del hablando esto. (Meléndez.) (pág. 440)
Y en noche oscura sombras apalpando. (pág. 440)
(Carvajal, salmo 76.) (pág. 440)
Ser en tu casa con humil llaneza. (Id. salmo 83.) Mas en todo lo dicho, y particularmente en apelar al modo antiguo de conjugar los verbos, deben ser mui parcos, porqué no deja de chocar que un poeta diga ahora cantáredes por cantares, ó contartehé por te contaré, como Jovellános en la epístola A sus amigos de Salamanca: (pág. 440)
Contároslehe? Que númen me arrebata? (pág. 440)
VIIIa Se consiente tambien que el poeta se valga de vozes tomadas del latin, por mas que sean poco conocidas en la prosa castellana, v. g. debelar, flamigero, fragoso, meta, pinifero, proceloso, vate etc. ¿Como sale del torno un jarro humilde, Si un ánfora empezaste? (pág. 440)
El mozo imberbe huélgase en los campos. (pág. 440)
(Martínez de la Rosa.) (pág. 440)
El decir vistes, clamastes etc. por viste ó visteis, clamaste ó clamasteis, era general en todas las provincias de España donde se habla el castellano, en el siglo XV y principios del XVI; pero poco á poco llegó á ser privativo de Andalucia. Sin embargo como esta ha dado tantos poetas que pasarán por modelos en todas las edades, los cuales no se han desdeñado de recurrir á este modo andaluz de conjugar el pretérito absoluto de indicativo; puede mui bien disimularse el uso de semejante licencia, cuando es necesaria; mas no, si de nada sirve, como en este pasaje de la traduccion de Job por González Carvajal (cap. 33.): Naci yo, y tú nacistes de igual modo. (nota al pie, pág. 440)
Ó que las emplee en un sentido algo diverso del que tienen en la prosa, segun sucede respecto del verbo velar en aquel pasaje de Quintana, Y á velar tus encantos vencedores Bajen en crespas ondas tus cabellos. Por igual motivo pueden acogerse á construcciones puramente latinas, como González Carvajal en el capítulo 43 de Isatas: (pág. 441)
No te fueron mejores, en lugar de, No fueron mejores que tú. IXa Tampoco disuenan en la poesía las palabras enteramente nuevas, con tal que esten acomodadas á la índole de nuestra lengua y al carácter de la composicion en que se emplean. Tales son las que siguen: Murmullante te afanas. (Meléndez.) Los dorados undivagos cabellos. (D. L. Moratin.) Allí en augusta tropa los sombrios Bosques y las lauriferas orillas. (Lista.) Hidrópicos de aurívoro veneno. (Arriaza.) Sin el que es la beldad? flor inodora. (Quintana.) Los humanos pisaban los verjeles Del aromoso Eden. (Reinoso.) (pág. 441)
De flores odorantes coronada. (Saavedra.) Del pomifero otoño. (Búrgos.) (pág. 441)
Al paso que son estravagantes muchas de las usadas por Mor de Fuéntes, parecidas á estas: Y ¿no reparas como martiriza El rascante violin nuestro oido?— Pero el fogoso corazon brotante De humanidad. (pág. 441)
Bien que nadie ha llegado á Cienfuégos, ni en la multitud, ni en lo descabellado de las palabras de invencion propia, de que dan los siguientes pasajes una lijera muestra: (pág. 441)
Bien como en el abismo honditronante.— La alegría otoñal? Ya palidece.— (pág. 441)
Rustiquecido Con mano indiestra de robustas ramas.— Ni la bondosa Inesperiencia que inocente rie, Cual á amigo hermanal, á cada humano. (pág. 442)
En el último ejemplo todo es nuevo y todo es malo. Xa Pueden mudar en ciertas vozes de su lugar el acento, diciendo Eolo, ferétro, meteóro, ocetno en vez de Eolo, féretro, metéoro, océano; ó haciendo por la inversa esdrújulas las dicciones que no lo son, v. g. umpio, sincero, por impio, sincero. Noroña dijo: Los que á Villaviciosa y Tome oyeron, en lugar de Tomé; González Carvajal en el salmo 93: Con quien contaré pues que me ausilte, en vez de ausilie, y Saavedra en el romance XII de El moro esposito: (pág. 442)
Han visto en tan brevísimo periodo. (pág. 442)
XIa Cuando lo necesitan, usan del artículo masculino por el femenino, si empieza la voz siguiente por vocal, aunque no sea ella la acentuada, y dicen, por ejemplo, el alteza por la alteza. Mas no parece tolerable que muden los géneros de los nombres, como lo hizo Meléndez para ganarse una sílaba y un asonante, cuando dijo: (pág. 442)
Semeja y su fragancia la aroma mas subida, pues aroma en este significado es indudablemente masculino. Y a dejamos reprobado en la pág. 160 que Lista dijera, el aura risueno. (pág. 442)
XIIa En algunos casos omiten totalmente el artículo, por mas que la gramática lo requiera. Así Arriaza calló el definido en el Himno de la victoria: Los surcos se vuelven sepulcro á (los) tiranos. (pág. 442)
Quintana se dejó el indefinido en la oda A España despues de la revolucion de marzo: (pág. 443)
Así rota la vela, abierto el lado, (un) Pobre bajel á naufragar camina. XIIIa Alteran á vezes el régimen de los nombres y verbos, separándose algo del usual, como Meléndez: Una en medio (de) las aguas, González Carvajal en el versiculo 1° del Cántico de Habacuc: Viéronte, y te temblaron, en el salmo 84: (pág. 443)
Ese tu Salvador que suspiramos; y siempre que dice te resistir, se estrellar, le mostrad, te acuerda, se acordando, por buscar el acento que el verso pide. Ó bien emplean una preposicion distinta de la que requiere el uso, procurando empero que no disuene al oido la que adoptan, segun lo practicó Carvajal en el salmo 104: (pág. 443)
Hasta dentro en (de) palacio, en los reales, y en el 108: (pág. 443)
En perpetua orfandad de esquina á (en) esquina, Jovellános en los tres pasajes siguientes: Y así consunto, en medio á (de) la carrera.— Y en (con) pios e inocentes ejercicios Santificas tu ocio. — Y el alma henchida en (de) celestial consuelo; y D. Leandro Moratin en este: (pág. 443)
Y sus mármoles abre á (para) recibirme. Otro tanto debe decirse de lo que hizo el mismo Moratin en el romance A una dama que le pidió versos, usando del indicativo por el subjuntivo: (pág. 443)
Y cuando mi patria logre La felizidad que espera, Su nuevo Augusto hallará Marones que le celebran. (pág. 444)
Mas no pueden infringir abiertamente las reglas de la gramática, como Arriaza en los siguientes pasajes: La selva se estremece en (con) sus rugidos.— Dadme guirnaldas bellas los que sabeis amar, que de Delfina en (con) ellas (1) (pág. 444)
quiero la frente ornar.— De que Silvia me amó, venid, decirme, (2) Si Silvia piensa en mi, si Silvia es firme.— Descubre alzado un pálido coloso, Que eran los Pirineos Basa humilde á sus miembros giganteos; en cuyo último lugar hai una dislocacion de partes que no puede tolerarse. Otra falta contra la recta construccion cometió el mismo Arriaza, cuando escribió: Mil ecos gloriosos diran: yace aquí quien fué su divisa triunfar ó morir; donde empleó una locucion vulgarísima, que hubiera evitado con este giro, de quien fué divisa. Pero le escedió con mucho Cienfuégos, como ha escedido á todos en lo malo, cuando puso en El Otoño la siguiente greguería: (pág. 444)
1 Igual á esta equivocada construccion es aquella de Quintana, Sembrada de placer, ornada en flores. Estala, ó quien sea el autor del prólogo á las Rimas de Herrera, comprendidas en la coleccion de D. Ramon Fernández, establece como principio que la preposicion en usada por de ó con, es poética, sin otro fundamento que haber dicho Herrera: Y en oro y lauro coronó su frente.— En turca sangre el ancho mar cuajado. etc. etc. Yo opino por el contrario que Herrera faltó en estos y otros lugares á las reglas del lenguaje de su tiempo, como faltó Cervántes en los casos que dejo notados en las páginas 352 y 353. 2 Por decidme ó á decirme. Tengo mui presente que podran citarseme pasajes parecidos á este de los autores antiguos; pero ya he dicho en otra ocasion, que debemos imitarlos en sus ordinarias bellezas, y no en las incorrecciones que conocidamente se les han escapado. (nota al pie, pág. 444)
Suspendido á (de) los hombros el vacante Hondo mimbre. Corred, y en (de) pampanosas Guirnaldas coronád mi temulenta Sien. (pág. 445)
Tampoco me gusta que Iglésias, que tan embebido estaba de nuestra buena locucion, la olvidase cuando dice: (pág. 445)
Y bebamos alegres brindando en sed beoda; y ménos aquel galicismo de Meléndez, En un feudo de aromas le pagais de sus fuegos. (pág. 445)
Son infinitas las vezes que este poeta ha usado de la preposicion en por la con, violando las reglas del lenguaje á trueque de ganarse una sílaba, segun lo comprueban los lugares que siguen: (pág. 445)
Pero ah! que en mano avara le escasea Cruda Flora su encienso delicioso.— Busco en ánimo sencillo La verdad. — Y encanta en su saber los corazones.— Vuela en planta lijera.— Le haces volar en corazon seguro.— Hebras de oro en que ornó naturaleza.— Un tiempo en lira de marfil me oiste Cantar ufano mi fugaz ventura. (pág. 445)
La lei del metro nunca debe forzar hasta este punto al buen poeta, y campo le queda para espresar de otro modo su pensamiento. Martínez de la Rosa alegará sin duda que es una incorreccion frecuente en el estilo familiar, la que ha prohijado en el acto I de La niña en casa etc., haciendo decir á D' Leoncia: (pág. 445)
y en el II: (pág. 446)
PROSODIA Fué casa de unas amigas, vamos Casa de las primas.— Vayan casa de mis primas; pero yo entiendo que al mal uso deben atajársele los pasos, y que si nunca conviene que lo fomenten los escritores, mucho ménos cuando está en sus principios. XIVa No quiero dar á entender por lo susodicho, que no se permitan ciertas inversiones, propias del metro, por las cuales se distingue de la prosa, como aquella de Meléndez: (pág. 446)
De sus pechos entónces, en la calma en que yacen, medir los ojos pueden el ámbito agradable; y esta otra de Forner: (pág. 446)
Cuantos, preso entre míseras pasiones, Gusta placeres el enjambre urbano. Pero ¿ tienen algo de comun estas trasposiciones inteligibles y racionales con las confusas y violentas de los pasajes que pongo á continuacion? Las arpas de oro Con su armónico trino Me elevan de los ángeles. (pág. 446)
(Meléndez.) (pág. 446)
Las crespas ondas Sacan bramando á la desierta orilla Los que el furor de sus vorazes monstruos No deformo cadáveres desnudos; Las que no oculta su profundo centro, Naves soberbias, que á merced llevadas Del huracan, contra su muro embisten. (Moratin en la Sombra de Nelson.) XVa No obstante que la pronunciacion de la b debe ser diversa de la que tiene la , y que Juan de la Encina fué tan rígido en su Arte poética, que reputa solo por asonantes á viva y resciba, á probervios y sover bios, que había hecho consonar Juan de Mena en la Coronacion; se confunde tan generalmente el sonido de una y otra letra, y ha esperimentado tal variacion la ortografía en este punto, que no debe estrañarse que el poeta las mire como letras unisonas. No diremos otro tanto de la s y la z, letras enteramente diversas y que solo puede confundir la defectuosa pronunciacion andaluza y valenciana. Ásí es que todos los ejemplos que pueden citarse de este error, serán de poetas de aquellas dos provincias; y aun yo no los he hallado sinó en los escritores de la primera. (1) Por haber nacido en ella González Carvajal, ha hecho concertar en el salmo V á tasa con rechaza y á gozen con rebosen; en el 12° á goza con rebosa, en el 23 á fase con nace, y en el capítulo 22 de Job á rebozo con enojoso; y el granadino Martínez de la Rosa ha dicho (2) en el canto I de su Poética: (pág. 446)
Tal vez con oro y ricos pabellones Ornará de un pastor la humilde choza, Y con rústicos ramos y festones De un monarca la estancia suntiiosa. (pág. 447)
Ménos disimulable es el siguiente pareado del salmo 103, en que resalta otro defecto de pronunciacion provincial: Criada adrede por designio tuyo Para abatir su orgullo, pues se ve que Carvajal pronunció orguyo. La rima española es tan rigurosa en esta parte como la francesa é italiana, y carece de consiguiente de la franqueza con que caminan los poetas ingleses, los cuales suelen contentarse con una consonancia mui imperfecta, como cuando hacen concertar á celérity con festívity, con pity y aun con liberty; ó bien emplean como consonantes dicciones que lo son á la vista, y no al oido, v. g. laundry (lóndri) y dry (drai), love (laf) y prove (pruf); y á las vezes palabras que no consonan ni á la vista ni al oido, segun sucede con cry (crai), que hallo rimado con poverty (póverti). Se tomó de consiguiente sobrados ensanches Arriaza, cuando quiso hacer pasar como consonantes á lidia y Siloia en estos versos: El mismo Febo por vencerlos lidia, Cuando oye el nombre de mi Silvia en ellos, Y hasta las Musas, en nombrando á Silvia, Doblan al canto los sagrados cuellos. (pág. 447)
1 Algo se añade sobre el particular en la nota M de las del fin. 2 En este y otros lugares que cité ya en la edicion anterior de mi libro, no podía referirme sinó á la que salió á luz en 1827 del tomo primero de las obras de Martínez de la Rosa. En la segunda que ha publicado su autor en 1834, ha corregido este y algunos otros descuidos. El que sabe cuán fácil es cometerlos, aun en las materias que poseemos bien, se presta mui dócil á rectificarlos. (nota al pie, pág. 447)
Meléndez hace consonar en la oda XI del tomo tercero á himnos con divinos, en la epístola X del mismo tomo á benígno con contino y á divina con indigna, y en el discurso III del tomo cuarto á objeto con insecto y perfecto; pero es claro que en estos lugares ha de leerse hinos, benino, indina, ínseto y perfeto, con arreglo á la licencia quinta, para que no se eche ménos la rima. (pág. 448)
Lo único que en este particular se tolera, es que las vozes finales agudas de los últimos versos de las arias sean solo asonantes en vez de rigurosos consonantes. En la letrilla de Meléndez que principia: (pág. 448)
Merced á tus traiciones, hallamos que favor concierta con corazon, y há con beldad. (pág. 448)
XVIa Mas libres son los españoles en la asonancia, pues validos de la grande afinidad que hai entre la e y la i, la o y la u, las miran casi como iguales, siendo frecuentísimo asonantar Vénus con pecho, brindis con lides, frágil con suave y cáliz con sabes. Aun ha hecho mas Meléndez asonantando tumba con cuidan en esta cuarteta: (pág. 448)
Le adularas con ella? (pág. 449)
¿6 allá en la fria tumba los míseros que duermen, de lágrimas se cuidan? (pág. 449)
y en la oda LVIII del tomo primero tornais con idolatre, animais con embriague y prestais con esmalte; lo cual no puede disimularse, porqué ni tumba es asonante de cuidan, ni la á aguda, es decir, las dos aa pueden asonantar con las sílabas a e. (pág. 449)
La sustitucion de las vocales afines no es enteramente desconocida en la consonancia, en especial si vienen en su apoyo la derivacion de las vozes y la autoridad de buenos autores. Forner se buscó de este modo un consonante, cuando dijo: (pág. 449)
La soberana paz, sin que interrompa, conservando en este compuesto la o del simple romper, é imitando á Ercilla y otros escelentes poetas que habían usado de esta misma licencia. (pág. 449)
No me queda que añadir sobre el particular de que estói tratando, sinó que los buenos alumnos de las Musas son mui parcos en usar de estas licencias, y que procuran recurrir solo á las que están autorizadas por varios escritores de primera nota, no bastándoles que puedan citarse uno ó dos ejemplos, aunqué sean de los autores del mejor tiempo. Pues por mas que hallemos en la Flor de enamorados de Juan de Lináres, Mas quiero vivir segura (*) ’n esta sierra á mi soltura; en el antiguo romance del conde de Írlos: Unos creían que era muerto Otros negado por la mare: (pág. 449)
y en otro del Romancero general: (pág. 449)
En cas de Laura se viesen; Para que pueda disimularse esta licencia, han de leerse los dos versos de modo que formen solo uno sin hacer la menor pausa al finalizar el primero. (pág. 449)
no se toleraría hoi que un poeta suprimiese la primera vocal de un verso, cuando concluye tambien por vocal el anterior, ni que quitase la a del verbo anegar ó del sustantivo casa. Lo propio digo de la e del verbo enamorar, no obstante que leemos en Juan de la Encina, y en Boscan, Ojos garzos há la niña, Quien gelos 'namoraría, Tratando allí las cosas namoradas; porqué semejantes libertades están mostrando sobrado á las claras la necesidad en que se vió el poeta de descartarse de una silaba, que es lo que le sucedió á Ercilla, cuando tuvo que decir, Las cicaladas armas relucian. (pág. 450)
La fuerza del consonante obligó tambien á Cervántes á poner mostros por monstruos en la Cancion de Grisostomo: Y el portero infernal de los tres rostros, Con otras mil quimeras y mil mostros. Ménos se permitiría la licencia que se tomaron Malon de Chaide y el Mtro. Leon de cortar un adverbio, tal vez sin verse precisados á ello, y solo por hacer alarde de imitar á los latinos. El primero tradujo así el principio del capítulo IV del profeta Amos en la Conversion de la Magdalena: (pág. 450)
Oídme, vacas gordas Del monte de Samaria, Á do paceis las yerbas regaladas, Y las orejas sordas Volvéd ya voluntaria Mente, del verde pasto descuidadas. Y pocos han dejado de leer en las poesías de Fr. Luis de Leon, Y miéntras miserable Mente se estan los otros abrasando. Si cuando Jovellános compuso la epístola A sus ami gos de Salamanca, no hubiese estado en la edad que muchas vezes equivoca lo estraordinario con lo bueno, apénas podría disculpársele de que usase esta licencia no ménos que en tres ocasiones, y escribiendo en verso suelto, que tantas facilidades da al poeta para variar el giro de la frase. Tampoco veo que nadie haya imitado al Mtro. Leon en añadir una a al adverbio cerca, como lo hizo el traduciendo la égloga VIII de Virgilio: Acerca de este altar y ara sagrada. (pág. 450)
No es ménos irregular concluir el verso con un artículo, con el relativo ó partícula que, ó con alguna conjuncion, como en la estrofa 79 del salmo 118 de la version de Carvajal: (pág. 451)
Justos, timoratos, y Los que conocen tus leves; y en estos dos lugares de la Historia del Amor de Lista: (pág. 451)
Negro rizado cabello, Tornátiles manos, que Roban al jazmin su albura.— ¡Cuantos siglos de furores Insano sufrí, hasta que Me curó con su cauterio El desengaño cruel! (pág. 451)
Estói mui léjos de creer con el Pinciano (pág. 269.) que semejantes licencias se las toman los buenos poetas por grandeza y discrecion, siéndoles fácil mudar el verso de otra manera; pero si opino con el, que se distingue el verdadero poeta del que lo es contra la voluntad de Apolo, en el modo de levantarse de estas caidas; á la manera que el diestro danzante recoge con gracia la capa que ha dejado caer, y no acierta á cogerla bien aquel á quien se le cayó de turbado y por impericia. (pág. 451)
D D D D D D D D D D D D D D D D D G G G D G D D D D D G D D D D D G D D D (pág. 452)