Parte tercera. Prosodia

Texto leído por máquina (OCR) y troceado por reglas: no es una edición crítica. Medido contra seis páginas copiadas a mano en la imagen, se equivoca en un 3,50 % de las letras. Se escribe como en el libro de 1880, que es ya la ortografía de la Academia de su tiempo, y no se corrige: fué, dió, vió, la preposición á y las conjunciones é, ó, ú con tilde (lo explica el propio libro, pág. 366), entónces. Un solo ejemplar, cuatro lecturas votadas. Las tablas de conjugación y las listas a varias columnas se leen en desorden. Cada párrafo dice su página; las que el libro no numera (los preliminares, el índice), la hoja del escaneo. Cómo está hecho.

Los capítulos

De la prosodia en general

Prosodía es la parte de la Gramática que enseña la recta pronunciación y acentuación de las letras, silabas y palabras. (pág. 321)

Mas no basta aprender esta pronunciación y ejercitarse en ella por palabras, aisladamente dichas, sino que es preciso, para hablar y leer con entonación propia y sentido perfecto, atender a la prosodia de la cláusula entera. (pág. 321)

Se dirigen exclusivamente a la inteligencia y al raciocinio la ANALOGÍA y la Sinraxis, dandonos á conocer las partes componentes de la oración y adestrándonos en el modo de unirlas y trabarlas, á fin de exponer con claridad y exactitud las ideas y pensamientos. Pero esta enseñanza y ejercicio vendrian á ser inutiles si no cuidásemos de pronunciar con distinción, exactitud y el tono conveniente las voces, oraciones y periodos, de suerte que ninguna palabra pueda confundirse con otra, ni el sentido oscurecerse ó desconcertarse por la viciosa colocación de pausas y acentos, ni dejar de aparecer con todo su vigor y hermosa variedad los afectos que mueven nuestra alma. Dar á estos afectos su mayor viveza, energia, verdad y eficacia, valiéndonos de la buena elección y orden sorprendente de las palabras, del atinado y sagaz empleo de las figuras, distribuyendo persuasiva y felizmente la materia del discurso y coordinando bien los argumentos y pruebas; emitir la voz, ya con suavidad, ya con fuerza, y siempre con seductor claro oscuro, melodia, sonoridad y ritmo; y buscar para el gesto y los ademanes la expresión más propia y adecuada, esto no corresponde á la Gramática, sino al arte de decir, al arte de hablar y declamar, á la Retórica. Saber presentar de la manera más bella las imágenes con lo selecto y exquisito de los vocablos, sujetos á medida y ritmo, á consonancia, asonancia ó disonancia; causar deleite al oido, enardeciendo la imaginación y arrebatando nuestro espiritu; investigar los móviles y resortes por los cuales adquiere la palabra tal poder y encanto; y dictar reglas para la artificiosa elección de las voces, distribución de los acentos y construcción singular de los periodos, tampoco es de la Gramática: todo ello y mucho más pertenece á la Métrica. Sin embargo, la buena prosa, por llana y humilde que sea, tiene cesuras y cadencia y ritmo especial. Confunden, pues, sus limites la Métrica, la Retórica y la Prosodia, hasta el punto que los antiguos comprendian á las tres en la Gramática. (pág. 321)

Tocan á la Prosodía los fundamentos y las reglas generales y precisas para hacernos entender bien de los demás por el maravilloso medio de la palabra. Y como el hombre, desde un principio, se gozó en prestarle armoniosa variedad y canturia, tomando asi parte en el concento universal de la naturaleza, la voz humana fué una manera de canto, y quedan vestigios de ello en varias regiones de la tierra. (pág. 322)

De ahi vino á recibir nombre esta parte tercera de la Gramática: Prosodia, voz griega, equivale á cuasi canto. (pág. 322)

Sus reglas no reconocen otro juez que el oido; y en aquellas que sólo pueden comunicarse de viva voz, y practicarse imitando lo que se oye, consideramos como norma ó modelo de pronunciación y acentuación las de la gente culta de Castilla. (pág. 322)

Alfabeto

Denominase voz el sonido que produce el aire expelido de los pulmones, al salir de la laringe hiriendo las cuerdas vocales. Consta de extensión, de intensidad y de timbre. Llámase alto ó agudo, y bajo ó grave este sonido, según que la laringe se estrecha y acorta, ó se dilata y prolonga, y con ello la columna de aire ocasiona mayor ó menor número de vibraciones. Intensidad es el mayor ó menor grado de la fuerza pulmonar; y el timbre resulta de las modificaciones que recibe el sonido por la condición, naturaleza y forma individuales del instrumento vocal. En la voz se han de considerar tres elementos principales: la fuerza relativa de los vocablos y de sus partes componentes, el tiempo y la entonación; es decir, el acento, la cantidad y el tono. El conjunto de éstos y de los demás elementos prosódicos, sabiamente combinados, constituye el ritmo. (pág. 322)

Decimos letra á la menor parte de voz con que se modula ó articula un sonido simple y determinado. (pág. 323)

Para el oido castellano estos sonidos son 26. (pág. 323)

En nuestro alfabeto, como en los de todos los idiomas, hay que distinguir dos cosas: los sonídos que usamos en la lengua hablada, y los signos ó figuras con que los representamos por escrito, y a los cuales damos el nombre de letras (1). Dicho queda ya en la página 7 que por extensión se denomina también letra el sonido mismo. (pág. 323)

Para que se comprenda mejor esta distinción entre el sonido y su signo, es decir, entre la letra pronunciada y la letra escrita, pongamos algunos ejemplos. (pág. 323)

Los vocablos ¿ira, pedazo desgarrado de una tela, y gira, tercera persona del presente de indicativo del verbo girar, se pronuncian identicamente; y aunque las consonantes que en uno y Otro acompañan a la i son distintas, las silabas gs y j¿ suenan en ambos del mismo modo, confundiéndose para el oido del que escucha las dos palabras, pero no para la vista de quien las mira escritas. Lo propio sucede con las silabas ze y ce de las palabras zeda y cedazo; ki y quí, de kilómetro y quilo: igual semejanza prosódica y diferencia ortográfica se observan en hay, verbo, y ¡Ay?, interjección; y en haya, que, bien significando árbol, ó siendo tiempo del auxiliar haber, suena como aya, mujer encar— (1) Los sonidos son objeto de la Prosodia; los signos ó letras lo son de la Ortografía. (pág. 323)

gada de educar a un niño. De manera que, según se ve, ni todas las letras tienen la representación exclusiva de un sonido, ni sonidos idénticos se figuran siempre con las mismas letras: así aparece claramente del cuadro alfabético de la página 7, del cual resultan 28 signos; pero los sonidos representados son 26, pues un mismo signo, el de r, empleado sencillo ó doble, expresa dos sonidos ciertamente diversos. (pág. 324)

De las cinco letras a, e, 7, o, u (que, como ya sabemos, se llaman vocales), cada cual representa un sonido, de pronunciación clara y distinta: circunstancia que no ocurre en los demás de la lengua castellana, pues todos ellos, es decir, los veintiuno restantes, son como una especie de sonidos medios, que nunca se producen solos, sino adheridos á una ó más vocales, y sonando con ellas simultáneamente, de donde viene el dictado de consonante, dado al sonido mismo y al signo ó letra que por escrito le representa (1). Los veintiún sonidos medios ó consonantes (como se ha dicho en la página 7) siempre se apoyan ó articulan sobre una vocal, que unas veces se pospone, como en la silaba la, y Otras se antepone, como en al. Un oido atento fácilmente descubre que en cada cual de estas dos silabas, aunque con un solo golpe 6 emisión de la voz, que es lo que constituye silaba, hay dos sonidos bien perceptibles, no obstante la simultaneidad con que hieren nuestro oido; á saber: el sonido de la pronunciación de la a y el de la articulación de la /. Aplicando la misma observación á silabas más complicadas, se distinguirán tres sonidos en las de tres letras, como soy, las, ten, bla, tro y otras (1) Obsérvese que para pronunciar una vocal se disponen convenientemente los órganos que concurren á formar voz que produzca aquel sonido, y no se hace otro movimiento que el meramente indispensable para arro- Jar ó emitir el aire; mas para articular una consonante se mueven alguno ó algunos órganos, como la lengua, los labios, las mandíbulas, etc. Por esta razón parece que las consonantes merecen más especialmente el título de articulaciones; por eso también todo sonido vocal puede reduplicarse ó prolongarse indefinidamente, mientras hay aliento: de los sonidos consonantes sólo algunos son susceptibles de esta duración; á saber: f, j, r (fuerte), s, 3; pero la inmovilidad de los órganos cesa al resolverlos en la vocal á que van afectos. Compruébese esta observación pronunciando ffffa, JjJJA, rrrra, 88884, 37232. (pág. 324)

análogas (1); cuatro sonidos, en pers, bien, tras, clan, cons, pues, subs, etc.; cinco sonidos, en trans; y es el mayor número que podemos hallar en una silaba de voz castellana. Ha convenido insistir en esto, para hacer la debida distinción entre el sonido de la letra y el de la silaba: el primero es simple; es complejo el segundo, aunque articulado en un solo tiempo. (pág. 325)

Como a la emisión y pronunciación de tales sonidos concurren varios órganos del aparato vocal, á saber, la garganta, el paladar, la lengua, los dientes, los labios y la nariz, se clasifican las letras, según el órgano que determina su pronunciación, en guturales, paladiales, linguales, dentales, labiales y nasales. Guturales son: g, j, k, w; paladiales y, r, rr; linguales /, ll; dentales d, t, s, ch, s; labiales b, p, f, v, m; nasales n, ñ. En semejante clasificación no todos los gramáticos andan acordes, como ni tampoco en las letras que se han de atribuir á cada cual de estos grupos. Sin embargo, es de importancia su estudio para comprobar los origenes de nuestra lengua y explicar satisfactoriamente el cambio y permutación de unas letras por otras del mismo órgano, ó de los inmediatos. Así, por ejemplo, de la palabra latina Grades hemos formado la española Cádiz; de dico, digo; de luerum, logro; de Alexander, Alejandro; de fíxus, fijo; de audax, audaz; de pix, la pez, etc.; de arbor, arbol; de carcer , cárcel; de clavis, lave; de val-lis, valle; de plaga, Maga, etc.; de marcidus, marchito; de mutus, mudo; de lutum, lodo; de coriandrum, culantro; de sucus, zumo; de lacte, leche; de nocte, noche; de multum, mucho; de pultes, pu- Ches, etc.; de cauda, cola; de odor, olor, etc.; de scóbina, escofina; de lupus, lobo; de sapor, sabor; de Fafella, Favila; de cophinus, cuevano; de trifólium, trébol, etc.; de aranea, araña; de vinéa, viña; de lignum, leño; de pugnus, puño; de ungula, uña; de pannus, paño, etc. (pág. 325)

Cuando en una silaba se funden dos vocales forman lo que se llama diptongo, como, v. gr., en Juan, piedra; y cuando tres, (4) Adviértase que las silabas gue, gui, que, qui, en que la u es muda, no deben considerarse sino de dos letras (bilíteras), no siendo de tres (triliteras) sino ortográficamente. Por la misma razón debe excluirse de esta cuenta la h, letra muda. (pág. 325)

resulta lo que se denomina triptongo; por ejemplo, en buey. Dos consonantes hay no más que hacen una como especie de diptongo, por la propiedad que tienen de fundirse ó liquidarse en otras, de donde se les da el nombre de l2quidas: son la l y la r, cuando se interponen entre las consonantes b, c, f, y, p, t y una vocal, como en blanco, brezo, conclave, cremor, reflejo, fruta, gloria, grito, plomo, prensa, tlascalteca, trono; y la r, si va entre la d y una vocal, como en dragon, cocodrilo. (pág. 326)

La s en medio ó al fin de dicción suele ofrecer la particularidad de adherirse á una consonante, sin liquidarse en ella, antes bien, pudiendo prolongar su propia sonoridad un buen espacio de tiempo, como en abstinencia, instante, solsticio, corps, vals. También, algunas veces, suenan por si á fin de dicción y después de otra consonante las letras c, £, 3; v. gr.: zine, prest, Sanz, etc. (pág. 326)

Todos los sonidos representados por las letras vocales y consonantes, excepto el doble de la x y el de la r suave, ó ere, se encuentran en principio de dicción: el de la letra %, solamente es inicial en número muy escaso de voces: aque, Riquiñaque, ñoño, ñublo, etc. (pág. 326)

Aunque el sonido suave de la r nunca comienza dicción, se halla muy frecuentemente empezando silaba con todas las cinco vocales: ba-ra-to, ca-re-o, me-ri-no, ma-ro-ma, ba-ru-llo. La r finalizando silaba tiene siempre sonido suave, como en altar, componer, zafir, amor, sur. (pág. 326)

Estudiemos ahora la colocación de las consonantes para terminar silaba, ya se halle ésta en principio, en medio ó en fin de la dicción. (pág. 326)

Se presentan en uno ú en otro caso, indistintamente y con frecuencia, las siguientes: d, l, n, r, s, s, como en ad-viento, a-sal-tar, galan, ar-te, a-gos-to, almirez. (pág. 326)

No hay palabra castellana que termine con los sonidos que producirian las letras ch, ll, ñ, v, y, precedidas de vocal (1). (1) Entiéndase bien que, incluyendo la ye, tratamos de su sonido propio, como tal consonante, y no de los casos en que hace veces de ¿, en lo escrito. Las palabras hay, rey, muy, no puede decirse, prosódicamente hablando, que terminan en ye. (pág. 326)

Exceptúase la voz detall, tomada del francés, y algunos nombres propios extranjeros, y otros originarios de territorios de España, en que se hablan dialectos especiales. (pág. 327)

Acerca de las letras no comprendidas en los antecedentes parrafos hay que hacer las siguientes observaciones. B. El sonido de esta letra se halla muchas veces terminando silaba; por ejemplo: ab-soluto, ob-seguio (1); pero no en final de dicción propiamente castellana. Están, sin embargo, admitidos vocablos como nabab, hagib, rob; dicese en poesia querub, y también pronunciamos con b final nombres propios extranjeros. C. El sonido fuerte de c termina frecuentemente silaba; por ejemplo: ac-to, efec-to, invic-to, oc-tava, fruc-tifero. No termina palabra sino en ruc, ave fabulosa, y en algunas voces modernas, y de procedencia extranjera, como clac, coñac, frac, VIVAC, ZINC. Ad hoc es expresión puramente latina; y Tiquitoc, invención festiva de Cervantes. Fuera de estos casos, el sonido de c final sólo se hallará en algunos apellidos, 6 en nombres propios extranjeros. (pág. 327)

F. Este sonido no se encuentra finalizando palabra, sino en las onomatopeyas pat, pif, y en las interjecciones huf y puf. No es tampoco frecuente el caso de que en principio de dicción finalice silaba, como en of-talmía. (pág. 327)

G. Del sonido de la y suave hay ejemplos en principio ó en medio del vocablo terminando silaba, como en las voces magnánimo, impreg-nar, malig-no, dog-mático, repug-nante; pero nunca es final de voz castellana. Agag, Gog, Magog y otras excepciones son nombres extranjeros. (pág. 327)

J. Poquisimas palabras terminan con el sonido de la y, como boj, y nunca se le encuentra finalizando silaba en principio ó en medio de una palabra. (pág. 327)

MI. Respecto al sonido de la m, debe tenerse por regla la ya establecida para otros anteriores: puede finalizar silaba, pero no palabra: am-nistía, tem-poral, sim-ple, som-bra, rum-bo. (4) Fácil es de notar que estas voces y otras semejantes comienzan por una preposición latina, que, aislada, no tiene significación en nuestra lengua. (pág. 327)

Acaban en esta letra Cam, Sem, Ibrahim, y otros muchos n om bres, particularmente de los biblicos. (pág. 328)

P. El sonido de la p sigue exactamente la regla anterior. Las voces ap-titud, rep-til, trip-tongo, op-tar, pueden servir de ejemplo. (pág. 328)

T. Apenas tenemos silabas que acaben con el sonido de la í, como las de at-mosfera, at-las, ist-mo, ni se hallará en final de vocablo castellano, aunque si en términos de las ciencias, como cenit, azimut, ó en nombres propios, tomados de otras lenguas ó dialectos; v. gr.: Calmet, Monserrat. (pág. 328)

Resta sólo advertir que la terminación de silaba en dos consonantes, caso raro aun en principio de dicción, como en transfuga, alos-tinencia, lo es más todavía en fin de vocablo: corps, prest, vals, zínc, y algún otro. (pág. 328)

Sílabas

Silaba, en términos de Prosodía, es el sonido de una ó más letras que se pronuncian en una emisión de la voz, y el oido parece que las percibe á un tiempo (1). Como sólo las vocales pueden pronunciarse aisladamente, según ya se dijo en la página 7, es claro que cualquiera que sea el número y combinación de las letras que forman una silaba, ha de haber en ella, por lo menos, una vocal. Será, pues, siluaba cada una de las combinaciones siguientes: 4, 0, he, ay, hay, hue, yo, no, bla, mes, car, gris, sois, buey, síais, zinc, trans, y cualesquiera otras semejantes. La silaba puede, por consiguiente, constar de una á cinco letras; como, v. 2r., 0, NO, VOS, crin, trans. (pág. 328)

En estos ejemplos se han reunido muestras de combinaciones usuales en castellano, de manera que de su estudio pueda infe- (4) La Fisiologia analizando el mecanismo de la pronunciación, y la Acústica el de la percepción del sonido, pueden dividir en partes esta unidad de tiempo de la emisión de una silaba; mas para la Prosodia, á lo menos en el actual estado de nuestra lengua, es inapreciable tal subdivisión, como lo prueba el valor de mera unidad que la Métrica da generalmente á la silaba. (pág. 328)

rirse (asociándole al que hemos hecho de las letras aisladas) el carácter prosódico, ó por decirlo asi, la indole armónica de nuestra lengua (1). (pág. 329)

Diptongos y triptongos

Al establecer la regla sin excepción de que no puede haber silaba sin una vocal, por lo menos, bien se deja entender que hay casos en que la sílaba tiene dos y aun tres vocales; y queda ya dicho, que á la combinación de dos vocales, pronunciada en un solo golpe, se llama diptongo, y á la de tres, triptongo. Las combinaciones de esta clase que se hallan en castellano son las que á continuación se ponen; y ha parecido conveniente multiplicar los ejemplos, á fin de presentar varios casos de monosilabos con letra consonante final ó sin ella, y de vocablos de dos 6 más silabas, diversamente acentuados. La importancia de este estudio se comprenderá cuando se haga el de los acentos más adelante. (pág. 329)

Va ordenado según la escala de sonoridad de las vocales, por ser método más propio de la Prosodía que el meramente alfabético. Helo aqui: (pág. 329)

Diptongos. Ejemplos. (pág. 329)

...ay, hay, aire, estay, verdegay (2). (pág. 329)

... pausa, aplaudo. (pág. 329)

Ol........hoy, soy, sois, estotco, convoy. (pág. 329)

U... bou (3). (pág. 329)

(4) Estas observaciones, que á primera vista podrían parecer OCiOSas, contribuyen á inculcar la idea de las propiedades esenciales de nuestro idioma; sirven al orador y al escritor prosista para esmerarse con provecho en la construcción armoniosa de los períodos; dan útil enseñanza al poeta que quiere perfeccionar la estructura de sus versos; y son, por último, una barrera contra las invasiones de neologismos, cuya escabrosidad y dureza repugnan á oídos españoles, como grog, club, whist, groom, rails, etc., etc. (pág. 329)

(2) Ya se ha advertido que la y final equivale á 2. (3) Con este diptongo no hay otra voz castellana. Las que solemos oir en la conversación y pasan á los libros, ó son geográficas ó pertenecen a los (pág. 329)

Diptongos. (pág. 330)

DAS a Ejemplos. (pág. 330)

ley, veis, pleito, carey. feudo, adeuda. (pág. 330)

diablo, lluvia. vió, diócesis, estudio, estudió, atención. pie, fiel, anuncie, anuncié, bien. viuda, ciudad, triunfo, triunfó. cual, agua, ingenua, cuanto, igual. cuota, residuo, evacuo, evacuó. fué, pues, hijuela, santigúe, santigué. fut, cuita, benjui. apreciais. (pág. 330)

despreciéis. Ejemplos. (pág. 330)

guay, amortigudas. buey, amortiguéis. Conviene, para evitar dudas y errores, advertir que no siempre forman diptongo ó triptongo las combinaciones de vocales contenidas en la tabla preinserta. Compruébase con los siguientes ejemplos: (pág. 330)

/ pais, maiz. (pág. 330)

dunar. (pág. 330)

oido. (pág. 330)

let. (pág. 330)

tia, impia. (pág. 330)

lio, estio. (pág. 330)

fie, fié. (pág. 330)

púa, falúa, continúa. acentue, desvirtue. duo, sitúo, desvirtúo. ( huir, frúición. no es diptongo en De la misma manera: dialectos catalán, gallego ó portugués, como Alfow, Nou, Roure, etc., en , Cataluña; ou (6), ouido (oído), ouro (oro), Couso, Louro, Mourazos, etc., en Galicia; Alcoutim, Bourl. (pág. 330)

Couto, Gouvea, Louredo, Sousa, Vouga. etc., en apreciariais. (pág. 330)

fiéis, confiéis. (pág. 331)

tongo neoiue+s, acentuéis. (pág. 331)

El uso adoctrina el oido acerca de estas distinciones; la Or- TOGRAFÍA da reglas á fin de evitar dudas en lo escrito; pero á la Prosodía incumbe estudiar la naturaleza, indole y condición de las vocales, y con ello las de diptongos y triptongos, para atender á la armonia, belleza y variedad de la frase. (pág. 331)

La escala orgánica en la pronunciación de las cinco vocales, conforme á las condiciones del aparato vocal, es la siguiente: 0, €, 0, o, La escala gradual en la sonoridad y fuerza de las mismas cinco vocales es ésta: a, 0, e, 2, y. (pág. 331)

Son fuertes a, o, e; debiles, 2, u. (pág. 331)

No puede en modo alguno la regularidad armónica de nuestra lengua formar diptongos con las tres vocales fuerte, a, O, €, combinadas entre si; y los forma uniendo á una de ellas cualquiera de las dos vocales debiles i, u, no acentuadas; ó bien combinando entre si estas dos últimas. En los tríptongos se combinan dos vocales débiles con una de las tres fuertes. (pág. 331)

El oido castellano desdeña finalizar voz en las silabas au, ou, eu, 1u, por cierta especie de repugnancia constante de nuestra lengua á toda terminación ó desinencia sorda, áspera, inarmónica (1). (pág. 331)

Sentadas estas bases, importa para mejor comprensión y esclarecimiento deslindar algunos puntos que tienen con ellas íntimo enlace; advirtiendo que la piedra de toque para comprobar la fina ley de muchos principios y fundamentos prosódicos, nos la dan los versos, por la razón poderosa de estar sujetos á ritmo, acento y medida. (pág. 331)

En verso pueden cogerse ú plegarse en una silaba hasta cuatro vocales, pronunciándolas de un golpe, por la unión prosódica (4) Casi todas las palabras que de estas desinencias oímos, como apellidos ó nombres geográficos, son por lo común catalanas: Palau; Escornalbóu, Masnóu, Palóu; Andréu, Malañéu, Riu, etc. (pág. 331)

de dos palabras, ó sea por la figura llamada sinalefa; pero esta unión obedece á leyes de acento y ritmo, las cuales nada tienen que ver con la ley gramatical de los diptongos y triptongos. Así comienza Rodrigo Caro su famosa Canción á las ruinas de Itálica: Estos, Fabio, ¡ay dolor! que ves ahora... (pág. 332)

donde bio, ay, forman la silaba cuarta del verso. (pág. 332)

Las dicciones en que entran juntas dos vocales fuertes, computan cada una de ellas por sílaba cabal; de suerte que voces como, v. gr., loa, cae, Noé, tienen dos sílabas; Oasis, corroa, Faraón, heroe, tres; poetastro, acanea, aleación, funereo, cuatro; eleático, cinco, etc. Por virtud de la figura sínéresís pueden á veces las palabras de esta indole plegar en sólo una silaba, dentro del verso, las vocales fuertes, como en el adónico Aurea corona, donde la primera de las cinco sílabas ofrece un diptongo, y en la segunda hay sinéresis, formando las letras e, a, una sola silaba. Las tres clases de contracciones, á saber, sineresís, diptongo y sínalefa, se juntan en aquel antiguo verso octosilabo: Alma real en cuerpo hermoso. (pág. 332)

Pero estas dos mismas vocales fuertes e, a (para continuar el ejemplo sin salir de ellas), no se contraen terminando el heptasilabo de La Profecía del Tajo: (pág. 332)

¡Qué llantos acarrea! (pág. 332)

porque nunca dos vocales fuertes se pueden contraer en fin de verso; y cuando no va acentuada ninguna de ellas, la palabra de que forman parte es esdrújula forzosamente. Bien empleó como esdrújula en fin de verso nuestro insigne poeta Hartzenbusch la voz héroe, traduciendo la oda más famosa de Alejandro Manzoni: (pág. 332)

Asi abismaba al héroe. (pág. 332)

El diptongo, y lo mismo el triptongo, no componen más que una silaba, como en vie-jo, a-cier-ta, in-di-vi-duo, Car-ca-buey; mientras según se ha visto, sucede lo contrario en la junta de dos vocales fuertes: fe-o, ma-re-a, Cle-o-pa-tra, Fa-ra-Ó-nico. Lo uno y lo otro se halla en este endecasilabo de Garcilaso, Egloga 1: (pág. 333)

Más helada que nieve Galatea. (pág. 333)

Los poetas, y á su ejemplo los oradores, suelen deshacer algunos diptongos; pero más comunmente en aquellas voces donde nuestra lengua parece como que desea recordar la prosodia latina, ó ha suprimido una consonante primitiva entre las vocales fuerte y débil. Porque en latin no se diptongan la ¿ ni la u con las demás vocales, sino que se pronuncian separadas, gozaron en imitarlo nuestros escritores, sobre todo cuando empleaban términos de origen latino: (pág. 333)

¡Amor! ¿Á quién le he tenido yo jamás? Objeto es vano; pues siempre despojo han sido de mi desdén y mi olvido Lelio, Floro y Cipriano. (pág. 333)

(CALDERÓN, El Mágico Prodigioso, 111, 5-) (pág. 333)

Á la parte del llanto ¡ay me! se mete Zapardíel, famoso por la pesca, Sin que un pequeño instante se quiete. (pág. 333)

(CERVANTES, Viaje del Parnaso, VI.) (pág. 333)

y el claro nombre oído De Itálica, renuevan el gemido Mil sombras nobles de su gran rúina. (pág. 333)

(RoprigGo Caro. Canción á las ruinas de Itálica.) Y nuestros líricos y dramáticos dicen harto frecuentemente fiel, júticio, júez, rúido, deshaciendo el diptongo, porque el idioma castellano arrebató una consonante á las voces originarias latinas, entre las vocales fuerte y débil, fidelis, iudex, tudscium, rugrtus, etc.: (pág. 333)

Holgar con el bien ajeno Es ser participe dél: (pág. 334)

Piedra de toque fiel En que se conoce el bueno. (Juan Ruso, Carta á su hijo.) Juntó cortes el león, Estando enfermo una vez, Para elegir un júez Á quien la jurisdicción De sus reinos encargase. (pág. 334)

(Ruiz DE ALARCÓN, La Crueldad por el Honor, 11, 5.) en Señales son del Júicio Ver que todos le perdemos, Unos por carta de más, Otros por carta de menos. (LoPE De Veca, La Dorotea.) ¡Qué descansada vida La del que huye el mundanal rúido! (Fr. Lurs DE Lrón.) (pág. 334)

Sin embargo, no por licencia, sino por naturaleza ó por uso constante, son muchos los vocablos en que las vocales débiles dejan de formar diptongo entre sí ó unidas á una fuerte: 1.° Cuando la débil es fuerte en la voz originaria; como: criador, criatura, criar, del latin creator, creátura, creáre. 2.° Cuando á la vocal debil siguió primitivamente una consonante que se ha suprimido; como: fiar, crúel, oido, ráis, réir, róido, T uy, de fidere, auditus, crúdelis, rádix, ridére, rodere, Tude; húir, liar, de fugere, ligáre; piar, de pipilare; ruar, de rótáre. 3.” Cuando la débil persiste en conservar la independencia que tuvo en el vocablo aceptado por nuestro idioma; como: desleir, variar, enviar, del latin diluere, variáre, in viam mittere; laúd, del arabe aúd. 4.” En ciertas dicciones compuestas, cuyo primer elemento es una preposición ó una partícula inseparable; como contrair, reunir, réuntar. Otra licencia poética se han tomado y suelen tomarse esclarecidos escritores antiguos y modernos; á saber: la de convertir en dicciones esdrújulas aquellas que tienen acentuada la penultima silaba y terminan en diptongo; el cual deshacen para ello, acomodándose á la prosodia latina é italiana. Dicen, pues, v. gr., Aspásia, glória, academia, premio, sólio, Numidia, Betulia, etc.; pero á nuestro oido castellano semejantes voces suenan y sonarán siempre llanas: Aspasia, gloria, academia, premio, solio, Numidia, Betulia. (pág. 334)

Los vocablos terminados en dos vocales fuertes y acentuados en la silaba anterior, esos si que para nuestro oido son esdrújulos; tales como: Danae, Ondarroa, héroe, hectárea, dureo, empireo, etereo, funereo, óleo, etc. (pág. 335)

Por naturaleza la vocal débil no acentuada, puesta delante ó detrás de una fuerte, resbala siempre, cae y se funde en ella, quedando poco menos que oscurecida; en tanto que prevalece y prepondera la fuerte, la cual anula completamente á su compañera y decide la asonancia. Para que aconsonanten entre si dos palabras en cuya desinencia hay diptongo, este diptongo habrá de existir en ambas por necesidad, si la vocal débil va después de la fuerte; pero si la precede, es innecesaria para la rima. Asi, pues, son asonantes de jaula, por ejemplo, azagaya, Francia, Juana, etc.; pero únicamente son consonantes aula, enjaila, Gaula, maula, Paula, etc. Con odio asonantan golfo, trono, furioso, rojo, etc.; y aconsonantan alodio, brodio, custodio, monipodio, etc. Asonantan con fuego palabras como artero, candelecho, estruendo, etc., y aconsonantarán lo mismo fuego, luego y ruego, donde se halla el diptongo ue, que anego, borrego, ciego, etc., donde semejante diptongo no se encuentra. (pág. 335)

Es tal la condición de las vocales débiles, que juntándose ambas sin acento, necesariamente hacen diptongo; pero siempre cayendo y fundiéndose la primera en la segunda. La cual, por virtud de este impulso, adquiere mayor vibración, sonoridad y timbre, hasta el punto de decidir la asonancia ó la consonancia de la frase, del periodo, ó del verso. En consecuencia, con la voz ruido, por ejemplo, se asonantan lirio, peligro, tranquilo, etc.; y se aconsonantan, asi la voz descuido, que tiene el diptongo ui, como buhido, gemido, Cupido, etc., que no le tienen. (pág. 335)

En algunas provincias, donde falta la delicadeza del buen oido castellano, suele contradecirse esta regla, y aun la contradijeron, bien que en muy corto número de voces, escritores felicisimos de nuestros siglos de oro: Siguiendo voy á una estrella Que desde lejos descubro, Más bella y resplandeciente Que cuantas vió Palinuro. Yo no sé á donde me guía, Y así navego confuso, El alma á mirarla atenta, Cuidadosa y con descúido. (CERVANTES; Quijote, 1, 43.) Aquesto cantaban Á sus almohadillas Dos niñas, labrando Pechos de camisa. (pág. 336)

Cerrólas su madre, Fuése por la villa Á dar parabienes Y á consolar viudas. (pág. 336)

(Romancero general, de 1614.) En resolución, la vocal fuerte absorbe siempre y anula á veces en el diptongo á la débil; mientras que en la junta de dos vocales fuertes, siguen ambas conservando su independencia, vigor y timbre. as Además, como son cosas distintas el sonido propio de cada vocal y su fuerza ingénita, se observa en nuestra prosodia el fenómeno de que las dos letras débiles tienen afinidad y forman asonancia con otras dos fuertes: la i con la e, la u con la o. Haran muy clara esta doctrina de diptongos y asonancias los siguientes ejemplos en voces agudas y graves. Pónense primero dos palabras que no tienen diptongo, á fin de que resalte más la comparación: (pág. 336)

A 0 E primaveral. arrebol. doncel. antifaz. veloz. altivez. ¡ay! convoy. buey. (pág. 336)

A O E estay. estoy. carey. (pág. 337)

guirigay. (pág. 337)

taray. ¦ voy. virrey. (pág. 337)

Bombay. Paraguay. (pág. 337)

Paraguay. Campocoy. Andréu, etc. Arnalz, Paláu. (pág. 337)

Zarauz, etc. (pág. 337)

AA A OA campana. bizarro. contraste. aurora. plata. milano. madre. rosa. gaita. bailo. diabla. diablo. cuaje. espiocha. jaula. raudo. Juana. cuadro. algalia. Mario. dátil. novia. Padua, etc. fatuo, etc. etc. (pág. 337)

EA EO IE UE belleza. celos. bendice. cruje. guerra. perplejo. reina. . reino. diestra. incienso. molicie. núbil. deuda. feudo. filis. mutis. rueda. bueno. Amarilis. Anubis, etc. Celia. tedio. yegua, etc. heduo. (pág. 337)

Yenus, etc. (pág. 337)

Importa conocer y comprende condición de nuestras vocales fuertes y débiles y sus combinaciones, ya en una palabra aislada, ya en la unión de dos palabras, ó ya influyendo en la armonia, variedad, sonoridad y elegancia de la oración, de la frase y del periodo. Quien domine esta parte de la Prosodía, tiene adelantado mucho para evitar en las obras de su ingenio y aplicación los periodos broncos, inarmónicos y rastreros; en sus discursos oratorios y poesias, las contracciones violentas y los versos flojos y desmañados; y en todo escrito, el desaliño y rudeza que arguyen falta de observación y estudio. La Prosodía investigando las genialidades y primores del habla echa los fundamentos de reglas útiles y fecundas, que después la Retórica y la Métrica desarrollan, completan y conducen por caminos diversos, llenos de novedad y atractivo. PALABRAS. (pág. 337)

Palabras

La PALABRA, es decir, la expresión cabal de cualquier idea, puede componerse de una ó de varias silabas, y entre dos de sus vocales se pueden combinar de una hasta cuatro consonantes. Véase en estos ejemplos: de una consonante, a-la, pe-so, a-teri-do; de dos, an-ca, do-ble, pren-sa, al-cal-de; de tres, ancla, sas-tre, obs-ta, cen-tri-fugo; de cuatro, ¡ns-truir, adscxibir, cons-trucción. (pág. 338)

Atendiendo al número de sílabas que tiene un vocablo, se nombra monosilabo, si consta de una; y polisilabo, si de varias. Éste, cuando comprende dos, se llama disilabo; si tres, trisilabo; si cuatro, cuadrisilabo; si cinco, pentasilabo, etc. (pág. 338)

La cadencia melódica de los vocablos los divide en consonantes, asonantes y disonantes. Se dice que una palabra es consonante de otra, cuando conforma exactamente con ella en todas las letras desde la vocal acentuada hasta el fin. Se llama asonante cuando sólo tiene con la otra dicción idénticas la vocal acentuada y la final, ó solamente la vocal última si sobre ella carga el acento. Por lo general, ni conocen ni perciben la asonancia, primor y hermosa gala de nuestro idioma, los oidos extranjeros. Por último, son disonantes las voces que entre si no tienen consonancia ni asonancia ninguna. (pág. 338)

La colocación del acento da también nombre á las palabras, dividiéndolas en agudas, graves 6 llanas, y esdrujulas. Son agudas, aquellas cuya pronunciación carga en la última silaba; como: bajá, café, rubi, amó, alhajú, arrayán, vergel, anis, semidiós, citará, naufragó. Son graves, las que llevan la fuerza de la pronunciación á la penúltima silaba; como: baja, amo, llave, fértil, Orden, vejamen, Carlos, Pilatos, citara, naufrago. Y esdrújulas, aquellas cuya pronunciación grava la antepenúltima; como: barbaro, célibe, infulas, náufrago, citara. (pág. 338)

Acentos

Acento es la mayor intensidad con que se hiere determinada silaba al pronunciar una palabra. Acento se denomina también el signo ortográfico con que frecuentemente se indica en la escritura esta mayor intensidad. Semejante nombre viene del latin accentus, voz formada de ad y cantus, «para el canto», como expresivo de la elevación y descenso, modulaciones é inflexiones de la voz en las antiguas lenguas: de aquí el aplicarlo igualmente á la pronunciación, inflexiones y tono propios y caracteristicos de un pueblo, región ó ciudad, y aun de quien tiene como profesión el ejercicio de la palabra; y asi decimos acento frances, italiano, español, andaluz, catalán, etc.; acento oratorio, trágico, etc. (pág. 339)

El acento prosódico se ha de considerar uno de los resortes más seguros é importantes del arte de hablar con elegancia y belleza. (pág. 339)

El acento divide las palabras en las tres clases antes dichas de agudas, llanas y esdrujulas. (pág. 339)

Fórmanse voces de esta última clase con personas de verbo y con gerundios y participios, seguidas de los pronombres me, te, se, nos, os, le, lo, la, les, los, las (que en tal caso dicense afijos 6 particulas encliticas); v. gr.: búscume, retirate, cuentase, creyéndolo, ensalzándola, etc. Cuando son dos ó tres los pronombres afijos, resultan vocablos con acento en la cuarta ó en la quinta silaba, computadas de derecha á izquierda, y los cuales se llaman sobreesdrújulos; v. gr.: obliguesele, castiguesemele, habiendoseme, advertidoselo. (pág. 339)

Las palabras que se componen de dos elementos distintos y separables en nuestro idioma, llevan dos acentos prosódicos, porque en realidad son dos palabras, expresivas de dos distintas ideas; como: carilargo, destripaterrones, paracaídas. Sucede lo mismo con los adverbios acabados en mente, los cuales se componen de un adjetivo calificativo y del sustantivo mente, según se ha dicho en su lugar; y de aquí el acentuarse el primer elemento, cuando lo ha menester; v. gr.: llanamente, facilmente, alegóricamente. (pág. 339)

Cuando una ú otra parte en las voces compuestas es latina, griega ó de otro origen, y por si sola no ha entrado en el caudal de nuestra lengua, á veces apoya el acento en el elemento segundo de la composición, á veces en el primero. Se acentúan en el segundo elemento epigrama, telegrama, kilogramo, monosilabo, neoplatónico, paquidermo, armipotente, omnipotente, petrificado, etc.; y en el primero, carnívoro, centimano, cornigero, febrifugo, salutifero, noctivago, epigrafe, kilómetro, telégrafo, etc. Para el efecto de la acentuación prosódica los verbos con afijo deben considerarse como una sola palabra, llana ó esdrújula: matóle, ámale. Algunos escritores antiguos y modernos suelen dar dos acentos á este género de voces cuando constan de tres ó más silabas; diciendo adoramoste, glorificámoste; pero en verdad, no hacen sino pronunciar el verbo y el pronombre separadamente, á la manera latina: adoramus te, glorificamus te. (pág. 340)

Lo cual no es admisible en nuestra prosodia. (pág. 340)

El acento imprime de suyo tal sonoridad y vibración á la vocal herida, sea fuerte 0 debil, que no se apaga hasta tocar en la última de la palabra, eclipsando á su paso á cualquier otra ú otras vocales débiles ó fuertes que se interpongan entre la acentuada y la final. Esta unión de ambas decide la asonancia de unas dicciones con otras. No hay español, por rudo que sea, que deje de percibir cierta armonia en los sonidos análogos, si oye por finales de verso en unas coplas ó un romance las palabras cisne, triste, humilde, milite, Pílades, ciclope, porque en todas ellas la vocal acentuada y la última repiten el sonido ?-e, sin que ni le desfigure ni oscurezca el de las vocales intermedias. Pues repárese que en tales ejemplos se halla acentuada una débil; que ésta, por el acento, se ha convertido en la de mayor timbre; y que siendo fuertes las vocales a, o, de los dos postreros vocablos, han quedado por su colocación enteramente oscurecidas. ¦ La colocación de los acentos se halla subordinada por lo común á la estructura material de los vocablos; y observandola, se han recogido algunas reglas importantes para conocer la indole prosódica del idioma y evitár dudas en la pronunciación. Son las siguientes: . (pág. 340)

  1. Monosilabos. No reciben acento sino los que tienen dos oficios gramaticales, y en uno de ellos se pronuncian con mayor fuerza que en el otro; v. gr.: el y mi, pronombres personales, diversificándolos de el, articulo, y mi, pronombre posesivo; dé y sé, tiempos de los verbos dar y ser y saber, á diferencia de de preposición, y se, pronombre; s?, pronombre y particula afirmativa, para que no se confunda con sí, partícula condicional; y á esta manera algunos otros que se verán en la Or- TOGRAFÍA. Es vicio y tosquedad de ciertas regiones de Castilla la Vieja, que no se ha de imitar, pronunciar con acento los pronombres posesivos mi, tu, su. Dicen mi padre, tú lugar, su casa, quitándoles de esta suerte su calidad de adjetivos y rompiendo asi leyes gramaticales fundadas en la indole del idioma. 2.* Polisilabos. Los acabados en las vocales fuertes a, e, 0, son por lo común voces llanas, es decir, que llevan acento prosódico en la penúltima silaba; como: lanza, corrobora, adolescente, amanece, perito, recomiendo, Ravena, Berenice, Pelayo, etc. Añádanse á estas dicciones graves las que finalizan en diptongo, como familia, planicie, lidie, remedio, repudio, triduo, etc.; y aquellas donde a la vocal terminal fuerte precede una débil acentuada; v. gr.: homilia, leta, duo, conceptuo, etc. Exceptúanse algunos adverbios, algunas personas del verbo, y todas las del futuro imperfecto y pretérito perfecto de indicativo, con muy ligera excepción en esta última, y ciertos nombres de origen extraño á nuestra lengua castellana; v. gr.: aca, alla, quiza, etc., estoy, está, amara, temera, partira, consagre, preceptuo, temio, partio, etc.; albalá, Alcala, mama, Panama, papá, cafe, rape, Sale, Aguiló, Castello, Mataro, etc. Las personas del pretérito perfecto de indicativo que no se acomodan á la excepción convertida en regla general, son trajo, dijo, condujo, produjo, redujo, vino, priso (anticuado), quiso, hizo, hubo, pudo, cupo, supo, puso, anduvo, estuvo, tuvo. Exceptúanse igualmente gran número de esdrújulos, no pocos de los cuales hemos formado por onomatopeya, ó recibido integros del árabe, del hebreo, latin, griego, etc., como: cháchara, Alcantara, máscara, dpice, piramide, pábulo, sabado, perfida, cédula, celibe, interprete, merito, réprobo, jicara, limpida, limite, sincope, caracteristico, simbolo, tórtola, apostata, óbice, Melpómene, tósigo, monólogo, Ubeda, música, fúnebre, múrice, júbilo, túmulo. (pág. 341)

3." Terminados en las vocales débiles i, u. Son por lo general voces agudas; v. gr.: carmest, frenest, rubi, temi, parte, alli, aque, ast; alaju, biricu, Esaú, Perú, etc. (pág. 342)

Exceptúanse cast y espiritu. (pág. 342)

k.* Terminados en las consonantes b, €, d, j, 11, t, x, Z. Son agudos, por lo común; como: hagib, querub; vivac; actividad, pared, ardid, efod, solicitud, amad, temed, partid; balaj, herraj, reloj; detall; cenit, acimut; carcax, almofrex, almoradux; agraz, altívez, cerviz, atroz, arcabuz, deshaz. (pág. 342)

Muchos nombres propios acabados en estas consonantes se emplean también como agudos en castellano: Joab, Horeb, Jacob; Lamec, Henoc, Habacuc; Bagdad, Zared, David, Abiud; Forcall, Borrell, Bofarull; Llobregat, Jafet, Malferit, Ramot, Calicut; Andarax, Guadix, Almorox, Alsodux; Acaz, Jerez, Álcañiz, Badajoz, Ormuz. (pág. 342)

Exceptúanse: áspid, cesped, huesped, accésit, climax, alferez, cáliz, lapiz, Ohanez, Velez, Cadiz, y casi todos los patronimicos terminados en z: Diaz, Enriquez, Gamtz, etc. (pág. 342)

5, Terminados en 1. Son también agudos en su mayor parte; como: peral, clavel, badil, facistol, abedul, etc. (pág. 342)

Exceptúanse: agil, ángel, arcangel, arbol, cárcel, cónsul, proconsul, datil, debil, dócil, dúctil, erratil, facil, fertil, flebil, fragil, futil, gracil, habil, imbecil, inconsutil, mármol, mastil, móvel, inmóvil, mujol, mugil, núbil, portatil, pulsatil, simil, verosimal, disimil, tornátel, trebol, umbratil, útil, versatil, volatil; Anibal, Berchul, Dúrcal, Gergal, Huercal, etc. (pág. 342)

  1. Terminados en n. Con las silabas an, en, on, no acentuada la vocal, finalizan las terceras personas de once tiempos del verbo, variadas en diez y siete formas; de donde, multiplicados por tal número cerca de ocho mil verbos castellanos, resultan millares de voces llanas de esta clase en nuestra lengua; v. gr.: aman, temian, partieron, hablen, creyeran, sentirian, contemplasen, olvidasen, etc. (pág. 342)

Exceptúase la tercera persona de plural del futuro imperfecto de indicativo, que es aguda; v. gr.: amarán, temerán, partiran. Respecto de las demás voces acabadas en n, sucede lo contrario, aun cuando su número no se pueda poner en comparación con las de verbo; á saber, que la mayor parte de tales vocablos son agudos; v. gr.: alquitrán, balandrán, zaratán, sarién, también, vaivén, motín, espadin, Albaicin, almidon, barracon, Cicerón, Encarnación, formación, obligación, razón, sermón, atún, ningún, segun, etc. (pág. 342)

Son graves 0 llanas: alguien, Arizcun, Carmen, chirumen, dolmen, Esteban, germen, imagen, joven, margen, orden, origen, resumen, virgen, Yemen, etc. Y esdrújula, regimen. (pág. 343)

En n acaban muchas palabras idénticas, y sólo se distinguen entre si por la colocación del acento; lo cual enseñan el uso, en la conversación, y el cuidado y esmero de acentuarlos debidamente, en la escritura; v. gr.: aman y Amán, amen y amén, anden y anden, aran y Arán; Baden y badén, bailen y Bailén, batan y batán, borren y borrén; caen y Caen, casaron y Casarón, cascaron y cascarón, colon y Colón; duran y Durán; escoben y escoben; hacen y Hacen; oran y Oran; pasaron y Pasaron, picaron y picarón; salen y Salén, sellen y Sellen; etc. ¦ 7.* Terminados en Y. Son agudos los más, como: altar, 4zahar, olivar, alfiler, mujer, rosicler, nadir, zafir, atambor, rumor, valor, segur, tahur; dudar, poner, surtir; Agar, Eliecer, Ofir, Almanzor, Ásur. (pág. 343)

Exceptúanse por llanos: alcázar, ámbar, nácar, nectar, azucar, cadáver, carácter, cráter, esfínter, éter, prócer, martir, Quentar, Menjibar, Nivar, Otivar, Dólar, Dúdar, Castor, Valor, etc. Y por esdrújulos: Júpiter y otros nombres de idiomas extraños. 8.* Terminados en s. La mayor parte son llanos; y su número excede en mucho á los acabados en n, como que todos los plurales de nombre llevan esta letra por final y distintivo; y lo mismo diferentes personas en todos los tiempos de verbo. Por ejemplo: arpas, letras, vidas, coronas, frutas; doradas, excelsas, temidas, honrosas, muchas; amemos, tenias, partieres; Ceres, París, Adonss. (pág. 343)

Exceptúanse por agudos: la segunda persona de plural del presente de indicativo; las segundas personas de singular y plural del futuro imperfecto de indicativo, y la segunda de plural del presente de subjuntivo: averigudis; averiguarás, averiguaréis; averiquers. (pág. 343)

Exceptúanse también por agudos otros vocablos que no son verbos; como: además, atrás, compás, jamás; ciprés, pavés, y los gentilicios alaves, calabrés, portugués, etc.; anís, chisgaravis, maravedis, semidiós, obús; Caifás, Andrés, Amadís, Beltenebrós, Emaus, etc. (pág. 344)

Exceptúanse por esdrújulos: las primeras personas de plural del pretérito imperfecto de indicativo, y del pretérito imperfecto y futuro imperfecto de subjuntivo: amábamos; temiéramos, iemertamos y temiesemos; partiéremos. (pág. 344)

Exceptúanse también por esdrújulos: miércoles, análisis, antifrasis, diócesis, enfasis, éxtasis, hipotesis, paráfrasis, parentesis, perifrasis, prótasís, prótesis, sintesis; Licidas, Caceres, Génesis, Pórtugos, etc. (pág. 344)

Son muchas las palabras idénticas acabadas en s, que, de igual modo que las en n, sólo se diferencian por la colocación del acento, y que piden atención y esmero al escribirlas; v. gr.: avas y Alas, aulas y Aulas, amos y Amós, anas y Anás, Ares y Ares, arras y Arrás; banastas y Banastás, berros y Berrós, Borbones y Borbones; cortes y cortés; delfines y delfinés; fines y fines; Gines y Ginés, girones y gironés; leones y leonés; marques y marqués, meras y Merás, monas y Monás, montes y montés; ojos y Ojós; Paris y Paris; selles y Sellés; valles y Vallés, veras y verás; tomas y Tomás, etc. (pág. 344)

9.” Terminados en ch, f, g, h, k, m, ñ, p, q, no se usan en castellano más que nombres propios, y éstos se pronuncian como agudos, por regla general; v. gr.: Hostalrich; Garraf, Tarif, Mizifuf; Abisag, Faleg, Tirig, Magog; Jehovah; Abdelmelik, Danzik; Edom; Estañ; Polop, Bicorp; Domecq. (pág. 344)

Empleamos también algunos latinismos acabados en m, de los cuales pronunciamos unos como esdrújulos, y otros como llanos; v. gr.: ad libitum, ibidem, idem, 1tem, memorándum, tudutem. (pág. 344)

10.” Los nombres sustantivos y adjetivos al modificar su significación suelen cambiar de acento, según la estructura material de la palabra. - Las voces llanas acabadas en vocal no le varian al hacerse plurales; v. gr.: mano, roca, firme, dura; manos, rocas, firmes, duras. ¦ (pág. 344)

Cuando terminan en consonante pasan á ser esdrújulas en el plural; v. gr.: cráter, flebil, germen, virgen, útil, dúctil: cráteres, flebiles, gérmenes, virgenes, útiles, dúctiles. (pág. 345)

Se exceptúa carácter, cuyo plural es caracteres. (pág. 345)

Las voces agudas, acabadas en vocal ó consonante, se vuelven llanas en su plural; v. gr.: aleli, astur, bajá, guardián, car 'mest, marcial, atroz, infiel: aleltes, astures, bajaes, guardianes, carmestes, marciales, atroces, infieles. (pág. 345)

11.” No puede ser voz esdrújula ninguna palabra entre cuyas dos últimas vocales se interpongan dos consonantes. Exceptúase el caso de ser liquida la segunda; v. gr.: décuplo, multiple, cántabro, catedra, comitre, lúgubre, etc. Exceptúanse también los verbos con afijo; como: llámanme, admiraste, quisieranlo, etc. (pág. 345)

Tampoco puede ser esdrújula ninguna dicción entre cuyas dos ultimas vocales se interpongan las consonantes ch, j, 11, ñ, rr, y, z. Exceptúanse Ecija y póliza. (pág. 345)

Tampoco ninguna palabra que termine en diptongo. Exceptúase cierta clase de adjetivos, de igual indole todos ellos y de forma latina; á saber: grandilocuo, multilocua, vantlocuo, ventrilocuo, etc. (pág. 345)

12.* Los vocablos latinos de más de dos silabas, que abreviados ó integros forman párte del caudal de nuestra lengua, toman el acento según la cantidad que en latin tienen la penúltima y antepenúltima silaba. (pág. 345)

Si ambas en aquel idioma son largas, nuestra pronunciación carga sobre la segunda larga; como en humano, sermón, silvestre, de humano, sermone, silvestr:. (pág. 345)

Si ambas son breves, acentuamos la primera breve; como en nitido, plácido, sólido, de nitido, plácido, solido. Si una es larga y otra breve, la pronunciación carga sobre la larga; como en ambito, amigo, de ambito, amico. Las tres partes de esta regla se compendian en un precepto muy sencillo; á saber: solamente cuando el latin hace larga la . penúltima silaba de un vocablo, este mismo es llano en nuestra lengua; cuando no, es esdrújulo, cual lo era en latin. (pág. 345)

Hemos cambiado el acento en algunas personas de verbos latinos, que iguales ó muy poco alteradas en la forma emplea el castellano. Hace esdrújulas el latin las del singular del presente de indicativo en muchos verbos, diciendo, v. gr., aéstimo, divido, explico, impero, increpo, indico, ópprimo, praédico, rédimo, replico, significo, súscito, mientras decimos nosotros estimo, divido, explico, impero, etc. Pero esto consiste en que la conjugación del verbo castellano se ajusta á una pauta uniforme y constante. Además del acento prosódico, inherente á toda palabra, hay otro, que habremos de llamar acento enfático, más vario, libre y musical en sus inflexiones y tonos, el cual da fuerza é importancia á determinadas frases, dicciones y particulas, que importa deslindar y fijar bien en la imaginación y en la memoria de quien oye, comunicándole así los afectos que nos dominan. Véase cómo, en el siguiente ejemplo, acentuando enfáticamente pronombres aislados, forman ellos por si solos una oración elíptica: ¿Qué papel es el que han traido?—EsrTE. (pág. 346)

¿Quién ha venido?—Yo. (pág. 346)

¿Fué él, ó élla?—ÉnL, ¿Cúyo es este libro?—Mío, Las interjecciones llevan siempre, á más del acento prosódico, las que le tienen, acento enfático avivado por la entonación y el gesto: cada interjección vale por toda una oración completa, no siendo, como no son en realidad, sino rápidas exclamaciones y desahogos del ánimo conmovido por una pasión ó afecto, y necesitado ú anheloso de manifestarlos. Veámoslo. Con tono, inflexión y valor muy diferentes se pronuncian los adverbios monosilabos repetidos en los ejemplos que siguen, como que en los dos miembros de cada ejemplo aparecen muy distintos el ánimo O la intención de las personas que hablan: (pág. 346)

¿No vienes? —No. (pág. 346)

Bien habla el letrado.—No habla BIEN. (pág. 346)

Mal hizo en ceder.—Si que hizo muy MAL. (pág. 346)

Ya se acerca la comitiva. —¿Ya? (pág. 346)

Finalmente, estúdiese el valor y grandeza que en la tradición, en el romance y en el teatro comunica el acento enfático á la respuesta de aquellos habitantes de la sierra de Córdoba, puestos á tormento por un juez pesquisidor, cuando se levantaron contra la tiranía de Fernán Gómez de Guzmán, Comendador de Calatrava: (pág. 346)

¿Quién mató al Comendador? — FUENTEOVEJUNA, Senor.— Y ¿quién es Fuenteovejuna?— Topos á una. (pág. 347)

Pero en la extensión y más activo empleo de este acento enfático es donde confunden sus limites y fronteras la Prosodia y la Retórica ú Oratoria. (pág. 347)

Cantidad

La cantidad prosódica de nuestra lengua nada tiene que ver con la del latin y del griego, acerca de la cual se han deducido ciertas reglas, estudiando á sus poetas, bien que en rigor no esté muy averiguado en qué consistia. (pág. 347)

En castellano se denomina larga la vocal acentuada ó seguida de dos 6 más consonantes; y breve, la que no se halla en ninguno de estos dos casos. En pers-pi-ca-cia, por ejemplo, son largas las silabas primera y tercera, y breves las otras dos. También, según opinión de ciertos gramáticos, son largas las vocales que preceden á las consonantes llamadas antiguamente dobles, ch, ll, n, rr, 2; v. gr.: cu-chitril, pe-lliza, le-ño, acárrear, e-xamen. (pág. 347)

Ritmo y expresión

La buena combinación y ayuntamiento de las dicciones al construir las frases y periodos, produce el numero ó ritmo; esto es, el movimiento, proporción, congruencia, orden y armonia deleitosa. Con ello se hace más clara y persuasiva la idea que intentamos expresar; y se evita la monotonía y oscuridad tan dañosas al recto sentido de la frase y tan ocasionadas á maloerar y esterilizar los mejores pensamientos. (pág. 347)

Debe nuestra lengua su mucha variedad y armonia prosódicas á lo muy variamente colocados que pueden estar en las palabras los acentos; bien que sea incomparablemente mayor el número de voces que le llevan en la penúltima silaba. Con tal preponderancia resulta grave y noble el idioma; y á las dicciones llanas mezclándose las agudas, menos abundantes, y las esdrújulas, más escasas todavia, la monotonía se interrumpe y alcanza la frase animación y hermosura. (pág. 347)

La acertada expresión de nuestros pensamientos al hablar, consiste en deslindar bien el oficio y objeto de cada vocablo en la oración, de modo que lo importante ó significativo descuelle sobre lo demás, sin que se desconcierte el enlace de unas y otras palabras. (pág. 348)

Todas ellas deben estar fielmente subordinadas á los afectos que nos mueven. Faltando á cualquiera de estas leyes, resulta el tonillo ó desentono, que afean tanto la oratoria, la declamación y la lectura. (pág. 348)

Textos de Karb and Sil, con licencia Creative Commons Reconocimiento 4.0 (CC BY 4.0): cópialo, compártelo y adáptalo citándonos. La Gramática de la lengua castellana de la Academia Española (1880) y su portada son de dominio público. Cada dato lleva su fuente entre corchetes; lo que es lectura nuestra, va marcado. Editor: Wordkers. Hecho a partir de nuestras notas de estudio; generado el 06/11/2026 19:20.