Parte tercera. Prosodia
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Los capítulos
- De la Prosodia en general, pág. 287
- Capítulo I. Del alfabeto, pág. 288
- Capítulo II. De los acentos, pág. 299
- Capítulo III. De la cantidad, pág. 307
De la Prosodia en general
La Prosodia es aquella parte de la Gramática que enseña la recta pronunciación y acentuacion de las letras, sílabas y palabras. Mas no basta aprender esta pronunciación y ejercitarse en ella aisladamente, sino que es preciso, para hablar y leer con entonación propia y sentido perfecto, atender á la prosodia de la cláusula entera. En su lugar se completará esta indicacion sin salir de los límites de la Prosodia, ni tocar en la jurisdiccion de la Retórica, que por ellos confina con la de la Gramática. De lo mucho que pudiera decirse acerca de esta parte de ella, tercera de las cuatro en que hemos dividido el Arte de hablar y escribir correctamente (pág. I), esto es, acerca de la Prosodia, sólo contiene el presente libro los principios fundamentales y las reglas más precisas; éstas no pueden observarse sin tomar por juez al oido, á diferencia de la Ortografia, sobre la cual juzga la vista, pues que leyendo es como se advierte si los sonidos están fielmente representados por escrito: la Analogía y la Sintuxis, por el contrario, hablan exclusivamente á la inteligencia y al raciocinio. Por lo cual debe tenerse entendido que en todas aquellas reglas prosódicas que sólo pueden comunicarse de viva voz, y practicarse imitando lo que se oye, consideramos como norma ó modelo de pronunciación y acentuación, las de la gente culta de Castilla. (pág. 287)
Capítulo I. Del alfabeto
En el alfabeto castellano, como en los de todos los idiomas, hay que distinguir dos cosas: los sonidos que usamos en nuestra lengua hablada, y los signos ó figuras con que los representamos por escrito, y á los cuales damos el nombre de letras (1). Dicho queda en las Nociones preliminares que «por extension se denomina tambien letra el sonido representado.» Para que se comprenda mejor esta distincion entre el sonido y su signo, es decir, entre la letra pronunciada y la letra escrita, pongamos algunos ejemplos. (pág. 288)
Los vocablos jira, pedazo desgarrado de una tela, y gira, tercera persona del presente de indicativo del verbo girar, se pronuncian idénticamente; y aunque las consonantes que en uno y otro acompañan á la i son distintas, las silabas gi y ji suenan en ambos del mismo modo, confundiéndose para el oido del que escucha las dos palabras, pero no para la vista de quien las mira escritas. Lo propio sucede con las sílabas ze y ce de las palabras zeda y cedazo; ki y qui de kilómetro y quilo; igual semejanza prosódica y diferencia ortográfica se observan en hay verbo y ay interjeccion; en haya, que, ya significando árbol, ya siendo tiempo del auxiliar haber, suena como aya, mujer encargada de educar á un niño. — De manera que, segun se ve, ni todas las letras tienen la representacion exclusiva de un sonido, ni sonidos idénticos se escriben siempre con las mismas letras; así aparece claramente del cuadro alfabético de la página 2, del cual (I) Los sonidos són objeto de la Prosodia, los signos ó latras lo son de la Ortografia. (pág. 288)
resultan 28 signos; pero los sonidos representados son solamente 25, ó más bien 26, si se tiene en cuenta la aspiración ligera que damos á la h cuando va seguida del diptongo UE. (pág. 289)
Las cinco letras a, e, i, o, u, que, como ya sabemos, se llaman vocales, representan cada cual un sonido de pronunciacion clara y distinta; circunstancia que no concurre en los demas de la lengua castellana, pues todos ellos, es decir, los veintiuno ya indicados, son como una especie de sonidos medios, que nunca se producen solos, sino adheridos á una ó más vocales, y sonando con ellas simultáneamente, de donde viene el dictado de consonante dado al sonido mismo y al signo ó letra que por escrito le representa (1). Los veinte sonidos medios ó consonantes, como queda dicho en las Nociones preliminares, siempre se apoyan ó articulan sobre una vocal, que unas veces se pospone, como en la sílaba la, y otras se antepone, como en al. Un oido atento fácilmente descubre que en cada una de estas dos silabas, aunque con un solo golpe ó emision de la voz, que es lo que constituye silaba, hay dos sonidos bien perceptibles, no obstante la simultaneidad con que hieren nuestro oido; á saber, el sonido de la pronunciacion de la a y el de la articulación de la l. Aplicando la misma observacion á sílabas más complicadas, se distinguirán tres sonidos en los de tres letras, como soy, las, ten, bla, tro y otras análogas (2); cuatro sonidos en pers, bien, tras, clan, cons, pues, subs, etc.; cinco sonidos en trans; y es el mayor número que podemos hallar en una silaba (I) Obsérvese que para pronunciar una vocal se colocan convenientemente los órganos que concurren á formar voz que produzca aquel sonido, y no se hace otro movimiento que el meramente indispensable para arrojar ó emitir el aire; mas para articular una consonante se mueven alguno ó algunos órganos, como la lengua, los labios, las mandíbulas, etc. Por esta razon parece que las consonantes merecen más especialmente el título de articulaciones; por eso tambien todo sonido vocal puede reduplicarse ó prolongarse indefinidamente, miéntras hay aliento; de los sonidos consonantes sólo algunos son susceptibles de esta duracion, á saber, f, j, r (fuerte), s, z; pero la inmovilidad de los órganos cesa al resolverlos en la vocal á que van afectos. — Compruébese esta observaclon pronunciando ffffa, rrrra, sssa, etc. (2) Adviértase que las sílabas gue, gui, que, qui, en que la u es líquida, no deben considerarse sino de dos letras (biliteras), no siendo de tres (ó silabatriliteras) sino ortograficamente. Por la misma razon debe excluirse de esta cuenta la h, letra muda. (pág. 289)
de voz castellana. Ha convenido insistir en esto, para hacer la debida distincion entre el sonido de la letra y el de la sílaba; el primero es simple, el segundo es complejo, aunque simultáneo. Dando por sabida la pronunciacion castellana de todas las letras del alfabeto, explicadas en la citada tabla (pág. 2 de esta Gramática), sólo hay que añadir dos observaciones: (pág. 290)
La primera es relativa á la indicada combinacion hue, que forma excepcion de la regla de ser muda la letra h, porque en realidad no lo es enteramente seguida de aquel diptongo, como en las voces hueco, hueso, huérfano. El pronunciarla de idéntico modo que si empezáran con gúe (silaba que se encuentra en agúero, cigúeña, etc.), es una vulgaridad; el dejar completamente muda la h, es una incorreccion. Así es que para decir el hueso, ni debe pronunciarse como si estuviese escrito el gúeso, ni de esta otra manera: e-lueso. El término medio entre ambos extremos es cierta suave aspiracion, la única que se ha conservado en castellano. (pág. 290)
La segunda observacion es relativa al sonido doble de la x; colocada siempre esta letra entre dos vocales, afecta á la primera posponiéndole un sonido medió entre g suave y k ó e fuerte, y hiere á la segunda con otro sonido idéntico al de la s. De aquí ha nacido la aventurada reforma ortográfica, adoptada por algunos, de escribir en lugar, por ejemplo, de EXÁMEN, egsámen ó ecsámen; lo cual, sobre ser inexacto é impropio, borra la huella de toda etimología (1). (pág. 290)
Todos los sonidos representados por las letras vocales y consonantes, excepto el doble de la x y el de la r suave ó ere, se encuentran en principio de diccion: el de ne, es decir, el de la letra á, solamente es inicial en número muy escaso de voces. Aunque el ’re ó sonido suave de la r nunca comienza diccion, se halla muy frecuentemente empezando sílaba con todas cinco vocales: ba-ra-to, ca-re-o, me-ri-no, ma-ro-ma, ba-ru-llo. Estudiemos ahora la colocacion de las consonantes para ter (1) No faltan gramáticos que pidan dos especies de x bien distintas, fundándose en orígenes latinos; pero semejante sutileza es inadmisible en castellano, donde indudablemente ha llegado á uniformarse la pronunciacion doble de esta letra. (pág. 290)
minar sílaba, ya se halle esta sílaba en medio de la diccion ó en fin de ella. (pág. 291)
Se presentan en uno ú en otro caso, indistintamente y con frecuencia, las siguientes: d, l, n, r, s, 2.—Adviertase que la r siempre se pronuncia suave en esta situacion de finalizar silaba. (pág. 291)
No hay palabra castellana que termine con los sonidos que producirian las letras ch, ll, á, v, y, precedidas de vocal (1). Exceptúanse algunos apellidos y la voz detall tomada del francés. Acerca de las letras no comprendidas en los antecedentes párrafos, hay que hacer las siguientes observaciones. E El sonido de esta letra se halla muchas veces terminando sílaba, por ejemplo, ab-soluto, ob-sequio (2); pero no en final de diccion propiamente castellana. Sin embargo, está admitido querub en poesia, y tambien pronunciamos con b final nombres propios que deben considerarse como excepcion de la regla. C. (pág. 291)
Del sonido fuerte producido por la c final, idéntico al de la k, hay que advertir lo mismo, es decir, que se halla terminando sílaba en muchos vocablos, pero no es postrera letra de casi ninguno; por ejemplo: ac-to, efec-to, invic-to, oe-tava, fructífero. No hay otra excepcion que la de las voces modernas, y de procedencia extranjera, frac, vivac, zinc, y el nombre, muy poco usado, de ruc. Fuera de estos casos, sólo en algunos apellidos se hallará este sonido de e final, ó en nombres extranjeros, históricos, geograficos, etc. (3). (pág. 291)
(1) Entiéndase bien que incluyendo la ye tratamos de su sonido propio como tal consonante, y no de los oasos en que hace veces en lo escrito de i. Las palabras hay, rey, muy, no puede decirse, prosódicamente hablando, que terminan en ye. (pág. 291)
(2) Fáeil es de notar que estas voces y otras semejantes comienzan por una preposicion latina, que nuestra lengua no ha heredado de aquélla. (3) La expresion ad hoc es puramente latina; y el nombre de Tiquitoc, invencion festiva de Cervántes, tampoco parece que debe tomare en cuenta para estas reglas. (pág. 291)
Este sonido es rarisimo en fin de palabra, como en las onomatopeyas paf, pif, y en la interjeccion puf. No es tampoco frecuente el caso de que en medio de diccion finalice silaba, como en of-talmía. (pág. 292)
Del sonido de y suave hay ejemplos como en las voces mag-nánimo, impreg-nar, malig-no, dog-mático, repug-nante; esto es, en medio del vocablo terminando sílaba; pero nunca es final de voz castellana. Gog, Magog, y otras excepciones son de nombres extranjeros. (pág. 292)
Son poquísimas las palabras que terminan con el sonido de la j, como boj, y nunca se le encuentra finalizando silaba en medio de una palabra. (pág. 292)
Respecto al sonido de la m, debe tenerse por regla la ya establecida para otros anteriores; puede finalizar sílaba, pero no palabra: am-nistia, tem-poral, sim-ple, som-bra, rum-bo (1), Cam, Sem, Ibrahim, y otros muchos nombres, particularmente de los bíblicos, son los únicos que llevan m final. El sonido de la p sigue exactamente la regla anterior. Las voces ap-titud, rep-til, op-tar pueden servir de ejemplo. Apénas tenemos sílabas que acaben con el sonido de la t, como las de at-mosfera, át-las, ist-mo; ni se hallará en final de vocablo castellano, aunque sí en nombres propios tomados de (1) En la mayor parte de los casos, como sucede en los cuatro últimos ejemplos, la m viene á ser como exigida ó atraida por la b ó la p immediatas, para cuya pronunciacion hay que juntar los labios. (pág. 292)
otras lenguas ó dialectos; v. g.: Monserrat, Calmet, ó en términos de las ciencias, como zenit, azimut. (pág. 293)
Resta sólo advertir que la terminacion de sílaba en dos consonantes, caso raro áun en medio de diccion, como trans-fuga, abs-tinencia, lo es más todavía en fin de vocablo: vals, prest, zine y algun otro. (pág. 293)
Los sonidos de ele y ere tienen la propiedad de poderse interponer entre ciertas consonantes y la vocal con que éstas se articulan, de donde nacen las combinaciones siguientes: Bla, ble, bli, blo, blu.— Bra..... etc. — Cla..... etc. — Cra..... etc.— Dra..... etc. — Fla..... etc. — Fra..... etc. — Gla..... etc. — Gra..... etc.—Pla..... etc.—Pra..... etc.— Tra..... etc. De la l siguiendo á la t no se encuentran más ejemplos que tlascala, tlascalteca, y algun otro de orígen americano. Para explicar ahora la anomalía de que siendo veintiocho las letras, sean veintiseis solamente los sonidos, bastará con las observaciones siguientes: (pág. 293)
El sonido de e fuerte, idéntico al de la k, ocurre representado por esta última letra con las cinco vocales; pero la c sólo le produce sobre la a, la o y la u en voces puramente castellanas. Para producirle sobre e ó i, supliendo á la c, hay que anteponer á estas vocales la combinacion gu de esta manera: que, qui; siendo su sonido igual á ke, ki. (pág. 293)
La e seguida de estas mismas e, i, se pronuncia como la (1); pero si estas vocales van precedidas de l ó r, recobra la c su sonido fuerte de k, pronunciándose cle, cli, cre, cri, como si estuviera escrito Ele, kre, etc. (pág. 293)
La consonante g presenta una anomalía semejante á la de la c; es decir, que tiene dos diferentes sonidos: suave delante de a, o, u, y fuerte (idéntico al de la j) cuando precede á la e y á la i; para que con estas dos tenga el mismo sonido que con las tres primeras, se ha de interponer una u, que no se pronuncia, resultando así escrito: gue, gui.—Tambien vuelve la g á su sonido suave áun con la e y la i cuando á éstas preceden l ó r: gle, gre, gli, gri. (pág. 293)
(1) No es difícil, sin embargo, para nn oido delicado, distinguir cierta propension natural en los que pronuncian bien, á dar mayor fuerza á la articulacion de laz que á la de lac. (pág. 293)
Se ve, pues, que la u es la única vocal que en castellano se escribe alguna vez para no pronunciarse; esto es, en los dos casos citados, en que modifica el sonido de la g y de la q. Entre las consonantes sólo la h es muda, y lo es por regla constante, sin más excepcion que la apuntada arriba (1). La letra r tiene, segun queda ya indicado, un sonido suave, como en mora, y otro fuerte, como en ramo; en el primer caso se denomina ere, y en el segundo erre. (pág. 294)
EN RESÚMEN. Hay tres letras que tienen cada una dos sonidos, y son la c, la g y la r.—Hay dos sonidos que se representan con diferentes letras: ce, ze; ki, qui.—Hay una vocal, la u, que en ciertas combinaciones es muda (como en gui y en que); y por último, una consonante, la h, siempre muda, excepto en la ligerísima aspiracion de hue. (pág. 294)
Queda, pues, explicada la razon de ser veintiocho los signos del alfabeto ó letras escritas, no siendo más que veintiseis los sonidos ó letras pronunciadas. (pág. 294)
DE LAS SLABAS. (pág. 294)
Silaba en términos de Prosodia es el sonido de una ó más letras que se pronuncian y el oido percibe á un tiempo (2). Como ya se dijo arriba que sólo las vocales pueden pronunciarse aisladamente, es claro que cualquiera que sea el número y combinacion de las letras que forman una sílaba, ha de haber en ella por lo ménos una vocal. Será, pues, sílaba cada una de las combinaciones siguientes: á, ó, he, ay, hay, hue, yo, no, bla, (1) Eluso, que no siempre afina y perfecciona las lenguas, sino que tal vez menoscaba y desfigura sus bellezas, ha privado al idioma castellano de la aspiracion de la h; la cual, delicadamente ejecutada, y en ciertos casos, no carece de cierta gracia, como puede observarse oyéndola de labios andaluces. Los poetas de nuestro siglo de oro que florecieron en aquella afortunada region tuvieron muchas veces en cuenta la h aspirada en sus composiciones métricas; gran número de versos suyos leidos sin aspiracion desmerecen, y hasta suenan como si no constasen. (pág. 294)
(2) La Fistologia analizando el mecanismo de la pronunciacion, y la Aoustica el de la percepcion del sonido, pueden dividir en partes esta unidad de tiompo de la emision de una stlaba; mas para la Prosodia, á lo ménos en el actual estado de nuestra lengua, es inapreciable tal subdivision, como lo prueba el valor de mera unidad que la Métrica da generalmente á la silaba. (pág. 294)
mes, car, gris, sois, buey, siais, zinc, trans y otras semejantes. En estos ejemplos se han reunido muestras de todas las combinaciones usuales en castellano, de manera que de su estudio pueda inferirse, asociándole al que hemos hecho de las letras aisladas, el carácter prosódico, ó por decirlo así, la índole armónica de nuestra lengua (1). (pág. 295)
DIPTONGOS Y TRIPTONGOS. (pág. 295)
Al establecer la regla sin excepcion de que « no puede haber silaba sin vocal» se dijo que una por lo menos; con cuya expresion se ha querido significar que hay casos en que la sílaba tiene dos y áun tres vocales. Ya se indicó así en las Nociones preliminares (pág. 4), y se previno que á la combinacion de dos vocales, pronunciada en un solo golpe, se llama diptongo, y á la de tres, triptongo (2). Las combinaciones de esta clase que se hallan en castellano son las que á continuacion se ponen, con sus respectivos ejemplos: (pág. 295)
Diptongos. (pág. 295)
Ejemplos. (pág. 295)
ai ay (3), hay, aire, airoso, estoi. (pág. 295)
au pausa, pausado, Monlau (y otros nombres propios). oi hoy, soy, sois, estoico, estoicismo, convoi. ou bou, Sousa, Salou (y otros apellidos ó nombres propios). ci ley, veis, pleito, pleitear, carci. (pág. 295)
eu feudo, feudatario, Abreu (y otros propios). (1) Estas observaciones, que á primera vista podrian parecer ociosas, contribuyen á inculcar la idea de las propiedades esenciales de nuestro idioma; sirven al orador y al escritor prosista para esmerarse con provecho en la construcción armoniosa de sus periodos; dan útil enseñanza al poeta que quiere perfeccionar la estructura de sus versos; y son, por tltimo, una barrera contra las invasiones de los neologismos bárbaros y absurdos de vocablos exóticos, cuya escabrosidad y dureza tanto repugnan á oidos espanoles: Grog, Club, Whist, Groom, Rails, etc., etc. (pág. 295)
(2) En la union prosódica de dos palabras producida por la figura llamada sinalefa suelen pronunciarse hasta cuatro vocales en un golpe formando sflaba métrica: (pág. 295)
Éstos, Fabior ay dolor, que ves ahora.... (pág. 295)
Getros dr) (pág. 295)
(3) Ya se ha advertido que la y final equivale 4 t. (pág. 295)
Diptongos. (pág. 296)
Ejemplos. (pág. 296)
ia diablo, diabólico, lluvia. (pág. 296)
io vió, diócesis, diocesano, estudio, estudió, atencion. ie pié, fiel, fielato, anuncie, anuncié, bien. iu viuda, ciudad, triunfo, triunfó, Feliú. ua cual, agua, ingenua, cuanto, igual. uo cuota, residuo, evacuo, evacuó. (pág. 296)
ue fué, pues, santigüe, santigue, hijuela. ui fui, cuita, cuitado, benjut. (pág. 296)
ADVERTENCIA.— Ha parecido conveniente la multiplicidad de ejemplos en la tabla antecedente, á fin de presentar todos los casos de monosilabos con ó sin letra consonante final, y de vocablos de dos ó más sílabas diversamente acentuados. La importancia de este estudio se comprenderá cuando se haga el de los acentos más adelante. (pág. 296)
Se ha ordenado por la escala de sonoridad de las vocales, pareciendo este método más propio de la Prosodia que el meramente alfabético. (pág. 296)
Triptongos. (pág. 296)
Ejemplos. (pág. 296)
iai apreciais. (pág. 296)
iei desprecieis. (pág. 296)
uai guay, amortiguais. (pág. 296)
uei buey, amortigüeis. (pág. 296)
Á várias observaciones importantes dan ocasion las tablas antecedentes, y de todas ellas resulta demostrada la consecuencia ó verdadero órden lógico que en su prosodia guarda nuestra armoniosa lengua castellana. (pág. 296)
Establezcamos primero como regla, fácil de comprobar áun por el oido ménos delicado, que la escala gradual en la sonoridad de las cinco vocales es la siguiente: a, o, e, i, u. Siguiendo esta pauta la regularidad armónica de nuestra lengua, escasea mucho los diptongos formados con las tres vocales más sonoras, a, o, e, combinadas entre sí, y comunmente los forma, uniendo á cada una de éstas una de las más débiles i, u, ó bien combinando entre si estas dos últimas. (pág. 296)
Sin embargo, por consecuencia de esa propia regularidad armónica, la e, por lo mismo que se halla en el centro de la escala, participa de la índole de las dos vocales más fuertes y de las dos más débiles; y en esta segunda calidad forma en ciertas palabras que llevan la combinacion ae, oe, uno que pudiéramos llamar cuasi diptongo; el uso enseñará cuáles son estos casos (1). En todo diptongo carga siempre la pronunciacion sobre la vocal más sonora si es una de las combinadas, y sobre la última cuando la combinacion es de i ántes ó despues de u.—La misma regla sigue el triptongo. (pág. 297)
El diptongo uo, como ménos grato al oido, escasea mucho.— Los de ou, iu, eu, más ingratos todavía, apénas se encuentran sino en algunos apellidos y nombres propios (2). (pág. 297)
El triptongo no es otra cosa que una como soldadura ó fusion de dos diptongos; por eso se encuentran únicamente en algunos verbos, en personas de tiempos derivados, cuyo primitivo tiene ya un diptongo, y cuya terminacion exige otro.—Pondremos ejemplos para mayor claridad. (pág. 297)
Del presente de infinitivo de los verbos en ar, como amar, se derivan ó forman los presentes de indicativo y de subjuntivo, cuyas segundas personas de plural terminan en sílaba con diptongo: amais, ameis. Pues bien, cuando el infinitivo es de verbo de dicha conjugacion, que lleva ya en sí un diptongo, como los de apreciar, despreciar, amortiguar, apaciguar, etc., al segregarse la terminacion ar para sustituirla con la de ais, eis, se quita, por decirlo asi, medio diptongo, y el otro medio queda con las letras radicales para unirse al diptongo de la nueva terminacion, componiendo así un triptongo, en esta forma: apreci-ais, despreci-eis, amortigu-ais, apacigu-eis. (pág. 297)
Conviene asimismo, para evitar dudas y errores, advertir aquí que no siempre forman diptongo ó triptongo las combina (1) La Academia, ademas, los ha especificado en su Diocionario de la Rima, que en breve verá la luz publica. (pág. 297)
(2) Sobre todo en los finales, donde tambien falta el au. Nueva confirmacion de aquella especie de repugnancia constante de nuestra lengua á toda terminacion ó desinencia sorda, áspera, inarmonica. Por eso ciertos dialectos suenan tan mal á oidos castellanos. (pág. 297)
De la misma LAL (pág. 298)
IEL (pág. 298)
UEL (pág. 298)
El uso adoctr ortografia dara GRAMATICA es contenidas en comprueban: no es ( diptongo er manera, no es uintongo e rinará el oido; reglas para ev CASTELLANA. la preinserta tabla. L pats, matz. aunar. (pág. 298)
oido. (pág. 298)
let. (pág. 298)
tia, impia. lio, estio. fie, fié, poliedro. Ipua, falua, continúa. acentue, desvirtue. duo, situo, desvirtuo. ( huir, fruicion. (apreciartais. m (fieis, confieis. (continueis, acentuéis. acerca de estas distino ritar dudas por escrito. (pág. 298)
Capítulo II. De los acentos
Llámase acento aquel esfuerzo particular con que se pronuncia la vocal de ciertas sílabas, alargando el tiempo de su duracion. De manera que el acento se compone, por decirlo así, de dos elementos: esfuerzo en la pronunciacion de la vocal acentuada, y tiempo en que se dilata. (pág. 299)
Para indicar en lo escrito cuál es la vocal que así se distingue y sobresale al pronunciarse, se le pinta encima una rayita que por su uso ha recibido tambien el mismo nombre de acento, pero solamente se usa en casos excepcionales, como se explicará tratando de la Ortografía. El no haber necesidad de señalar siempre el acento por escrito prueba que hay ciertas reglas muy generales de acentuacion prosódica castellana. En efecto, el máximo número de las palabras de nuestra lengua es de las que cargan la pronunciacion en la penúltima sílaba; son ménos abundantes, aunque lo sean bastante, las que se acentúan en la última vocal, y de éstas la mayor parte están sujetas á reglas fijas, como son casi todas las que terminan en consonante, ciertas personas de determinados tiempos de los verbos, etc.; por último, hay otro corto número de voces acentuadas en la vocal de la antepenúltima sílaba, á cuya clase se agregan los verbos con un pronombre afijo. (pág. 299)
De estas tres maneras de voces acentuadas, las primeras, es decir, las que llevan acento en la penúltima sílaba, se llaman comunmente llanas ó graves; v. gr.: mano, cárcel, cantara. Las segundas, ó acentuadas en la sílaba final, se denominan agudas: por cjemplo: sofú, alelí, verjel, corason, amar, escribí, leeré, cantará. (pág. 299)
Las de la tercera clase, ó sean las de antepenúltima silaba acentuada, se conocen por el nombre de esdrújulos, ó voces esdrújulas; tales son: bárbaro, célibe, infulas, cántara; se cuentan tambien en esta clase los verbos con afijos, por ejemplo: dijole, habiéndose, diósela. Suelen asimismo tomar esta forma esdrújula algunos participios, por razon del mismo aditamento; como cuando se dice: « Habiendo traido al reo, y notificádole la sentencia.....», etc. (pág. 300)
Por este enlace de afijos resultan á veces palabras compuestas, en que la sílaba acentuada va seguida de otras tres, como castíguesemele; éstas se llaman sobre-esdrújulas, pero ocurren rara vez, y deben evitarse. (pág. 300)
Es de observar que ademas de este acento principal de cada diccion, hay algunas que por su naturaleza tienen otro, que se llama acento débil ó secundario. Asi sucede con la mayor parte de las compuestas, ya lo sean por composicion de sustantivo con adjetivo ó de nombre con verbo, como: barbi-lucio, carilargo, para-rayos, destripa-terrones, etc. En esta clase se incluyen los adverbios de terminacion mente, que forman una verdadera composicion con la femenina ó la comun de los adjetivos, v. gr.: oculta-mente, sagas-mente. (pág. 300)
No falta quien ponga tambien dos acentos en los verbos acompañados de afijos, pronunciando, v. gr.: adorámosté, dímeló; y áun algunos poetas de nota lo han usado de esta manera; sin embargo, debe considerarse, en prosa como una incorreccion ó vulgaridad, y en verso como licencia poética poco admisible. (pág. 300)
Áun fuera de los dos citados casos, es tal la propension prosódica de nuestra lengua á acentuar las sílabas alternadas de dos en dos, que cuando preceden ó siguen á la acentuada dos ó más sin acento, ya el oido ménos delicado percibe que no es igual la debilidad en todas las no acentuadas. De esta regla es comprobacion evidente todo esdrújulo, cuya penúltima silaba, por ser mucho más débil que la postrera, no se cuenta para nada en lo que se llama asonancia en el Arte métrica, porque su sonido queda completamente eclipsado. No hay español, por rudo que sea, que no perciba cierta armonía en los sonidos análogos (asonancias ó rimas imperfectas), si oye por finales de verso en una copla ó un romance las palabras bárbaro, ábrego, cándido, porque en todas ellas la vocal acentuada y la última repiten el sonido a-o, a-o, a-o; sin que le desfigure ni oscurezca, por ser muy débil, el otro sonido intermedio, que en la primera voz de nuestro ejemplo es una a (bárbaro), en la segunda una e (abrego) y en la tercera una i (candido).—Por la misma razon son asonantes respectivamente las voces Piélago Céfiro Eolo. (pág. 300)
Pilades.... Mlite Cíclope. (pág. 301)
Citara Nitida.... Íncola. (pág. 301)
Bóveda Órbita Prónuba, etc., etc. (pág. 301)
Obsérvese en esos ejemplos que algunos de ellos tienen acentuada la vocal de naturaleza más débil; pero el acento le da sonoridad, al paso que la vocal de la penúltima sílaba, aunque sea de las más sonoras, queda, por su colocacion, oscurecida. Con esta demostracion (en que indispensablemente se han confundido los límites de la Prosodia y la Métrica) queda puesta en claro nuestra observacion de la fuerza respectiva de las vocales en las sílabas alternadas; ó, dicho de otro modo, que la debilidad de sonido en la vocal que sigue á la sílaba acentuada, ya es menor en la que sigue á esta. (pág. 301)
En cada una de las expresiones siguientes: Lo que se me dice,— Los de mi partido,—no hay más que una sílaba acentuada, á saber: dí en la primera, y t en la segunda; la pronunciacion perfecta es, en efecto, la que rápidamente camina hasta apoyarse en ella; y sin embargo, no hay duda en que algo más se esfuerzan los artículos lo y los en dichas frases, que las sílabas subsiguientes; y áun no falta quien ponga, al hablar, otros acentos, pronunciando así: « Ló que sé me dice»,—«Los de mi partido»,—lo cual consiste en esa misma propension que dejamos indicada á parear las sílabas, si bien, exagerada con desentono, es defecto que debe evitarse, porque produce falta de armonía, y hasta impropiedad en la elocucion. (pág. 301)
Esto de la impropiedad se comprenderá más fácilmente, si se considera que la acentuación prosódica no es tan caprichosa como á primera vista parece. El lenguaje humano, que rigorosamente es el habla, pues la escritura no es otra cosa que su imágen ó representacion figurada, ha dado instintivamente mayor sonoridad á cada vocablo, segun su valor ideológico ó gramatical. De aquí resulta que las partes de la oracion que nada significan sino enlazadas con otras (partieulas las llaman muchos gramáticos), no tienen acento en la frase, porque nunca se pronuncian sino apoyándose en otras, como se ha visto en los dos últimos ejemplos: en éste caso se encuentran el artículo definido y el indefinido en todas sus formas, el, la, lo, los, las, un, una, unos, unas; los pronombres posesivos antepuestos mi, mis, tu, tus, su, sus; el sincopado personal nos cuando no es sujeto de la oracion, y el de la misma clase os; los relativos que, quien, cuyo, cuando no comienzan interrogacion ni exclamacion; las preposiciones todas, y las conjunciones. (pág. 301)
Confirmará esta regla la observacion de que todas las demas partes de la oracion, y áun algunas de las enumeradas, cuando están en cierta forma ó especial situacion, llevan acento, porque su funcion gramatical es de mayor importancia, hasta llegar á veces á formar por sí solas una oracion eliptica. Estúdiense atentamente, para comprenderlo asi, los siguientes: (pág. 302)
¿Qué papel es el que han traido?— Éste. (pág. 302)
¿Quien ha venido? — Fo. (pág. 302)
¿Fué él ó ella ?— El. (pág. 302)
¿Cuyo es este libro?—Mio (1), etc., etc. (pág. 302)
Siguiendo la antedicha analogía, las interjecciones son acentuadas, porque cada una expresa toda una oracion ó frase, que el ánimo, embargado por una pasion ó afecto, no puede, ó no cree necesario, formar, supliéndola con aquella rápida exclamacion, acentuada, y realzada por la entonacion y el gesto. (pág. 302)
Fundadas las reglas de la Prosodia en este sistema ideológico, son más fáciles de comprender, y resuelven los casos dudosos. (1) Otra demostracion de la regularidad ó consecuencia ideológica de nuestra hermosa habla castellana, hasta en su Prosodia, es el haber ido el uso desechando la antigun prelacion del posesivo; ya no decimos El MIO Cid. la MIA ducna. Y es que el posesivo antepuesto participa mucho á veces de la índole del artículo, como se ve claramente cuando decimos: « Tráeme la capa y el sombrero », en equivalencia de mi capa, mi sombrero. Posesivo ó artículo, ambos tienen aquí por oicio el determinar el obicto, y no deben acentnarse. (ease la pág. 10.) (pág. 302)
Con esta pauta se hará bien la distincion de acentuar ó esforzar los adverbios monosilabos de los siguientes ejemplos, cuando están, ya aislados, ó ya pospuestos al verbo; en ambos casos llevan acento fuerte; pero cuando están antepuestos sólo le tienen débil ó secundario: (pág. 303)
No vienes? — No. (pág. 303)
Bien habla el letrado.—En efecto habla BIEN. (pág. 303)
Mal hizo en ceder.—Sí que hizo MAL. (pág. 303)
Ya llega la comitiva.—¿YA? (pág. 303)
Esta predominancia que el acento da á la palabra significativa, eclipsando á las que, por decirlo así, ejercen oficios subalternos en la oracion, nos conduce á observar la que en el período ó la cláusula tiene relativamente la palabra culminante. En acertar á distinguirla consiste la buena entonacion del que habla; y la falta de tal conocimiento, no sólo produce monotonia, sino que, por decirlo así, pone en discordancia las impresiones del oido con las que va recibiendo el ánimo del que escucha. En este punto de acentuar bien las cláusulas es donde se tocan y confunden los límites de la Prosodia con los de la Oratoria ó Retórica. (pág. 303)
En cuanto á lo que queda dicho de la relacion que guardan los acentos con el valor gramatical, no es éste el único enlace que tiene la Prosodia con las dos primeras partes de la Gramática, la Analogía y la Sintáxis; la posicion del acento está sujeta tambien á reglas, que dependen de la inflexion y de la derivacion, y son las siguientes: (pág. 303)
1.a El plural conserva la acentuacion del singular, de donde se sigue que los vocablos agudos por lo general se convierten, al pluralizarse, en llanos, y los llanos en esdrújulos si en el singular terminaban en consonante.—Mano, roca, firme, dura, hacen, sin alteracion prosódica, manos, rocas, firmes, duras.—Amor, jardin, marcial, infiel, bajá, alelt, agudos, se tornan llanos en sus plurales, amores, jardines, marciales, infieles, bajdes, aleltes. Los singulares llanos mrgen, virgen, cráter, décil, fácil, se esdrujulizan en el plural: márgenes, vírgenes, cráteres, dóciles, faciles.—Se exceptúa carácter, que traspasa el acento á la penúltima de su plural caracteres. (pág. 303)
Otros vocablos análogos, y tambien de orígen griego, apénas tienen uso en plural, como régimen, clíster, esfínter, y algun otro. De éstos, sólo el primero padece la misma alteracion, haciendo regímenes. (pág. 304)
2.a El verbo no presenta más que los siguientes casos de esdrújulo en las várias inflexiones que produce su conjugacion. Primera persona de plural de los imperfectos de indicativo y de subjuntivo y del futuro de subjuntivo: amábamos, temtamos, partíamos; amaramos, amaríamos, amásemos; amáremos, temiéremos, etc. (pág. 304)
La primera persona, en ambos números, de todo presente que no sea monosilaba, como voy, soy, doy, es llana, sin más excepcion que la de estoy (1). (pág. 304)
Las dudas que pueden ofrecer en su acentuacion várias personas ó tiempos de algunos verbos, especialmente de aquellos cuyos infinitivos terminan en iar ó en uar se resuelven estudiando bien las leyes de la derivacion que rigen la conjugacion, y enseña la primera parte de la Gramática. (pág. 304)
En las palabras compuestas de dos voces castellanas (no siendo verbo ó participio con afijo) domina el acento del segundo elemento componente; así decimos cari-redóndo, boqui-rúbio, traga-aldubas, pasando rápidamente y sin esforzar apénas el acento de cári, bequi y trága; éste, pues, queda convertido en acento débil, á pesar de que era fuerte en las palabras simples traga, bóca y cára. Esta regla no rige, sin embargo, cuando una ú otra parte del compuesto es latina, griega ó de otro orígen, y no ha entrado por sí sola á formar parte del caudal de nuestra lengua; así se observa en ventrí-locuo, carnt-voro, que apoyan al acento en el primer elemento de la composicion; monostlabo, neoplatónico, que le apoyan en el segundo. Tambien es vário el acento, acomodándose á su orígen, en vocablos compuestos de dos elementos exóticos: Telé-grafo, epi-grafe son y deben ser esdrújulos; Tele-gráma y epi-gráma son y deben ser llanos. (pág. 304)
(1) Por esta regla se ve cuán viciosa acentuacion suponen los que dicen váyamos, háyamos, hágamos, séamos, haciendo esdrújulas estas voces, en vez de rayamos, seumos, etc. (pág. 304)
La estructura material de los vocablos presenta asimismo tal regularidad en su influencia sobre la acentuacion, que conviene estudiarla para conocer á fondo la índole prosódica de nuestra lengua, y evitar dudas en la pronunciación. Asi, observarémos: 1.° Que no puede ser esdrújula una palabra cuyas dos últimas vocales están separadas por dos consonantes, ó por una de las que prosódicamente deben considerarse como dobles, y son á saber: la ch, la ll, la n, larr, y la y.— Excepcion, más aparente que real, de esta regla es el caso de ser l ó r líquida una de las dos consonantes interpuestas, porque entónces éste que hemos llamado (pág. 4) especie de diptongo de consonantes resulta de menor valor efectivo que dos articulaciones completas: ejemplos de lo que vamos explicando son los esdrújulos fúnebre, lúgubre, cátedra, cómitre, décuplo, múltiple, etc. (pág. 305)
2.° Tampoco puede ser esdrújula una palabra que lleve diptongo en alguna de sus dos últimas sílabas (1). (pág. 305)
Tanto de esta regla como de la anterior se exceptúan los compuestos de verbo ó participio con afijo. (pág. 305)
3.° Como el diptongo tiene, por su índole especial, cuando ménos acento débil ó secundario, se observa que el triptongo, del cual ya se dijo que es una como fusion de dos diptongos, siempre es acentuado. (pág. 305)
4.° Las palabras que terminan en consonante precedida de una sola vocal ó de un diptongo, son, si se exceptúan los plurales de nombre, generalmente agudas; por eso la Ortografía no exige en ellas el acento escrito, el cual sólo se pone en la penúltima silaba de palabras que son llanas, aunque terminadas en consonante. Ejemplos: árbol, cáliz, cónsul, crisis, dúctil, fácil, márgen, tésis, útil, etc. (pág. 305)
5.. Los patronímicos terminados en consonante, aunque no suelen acentuarse en lo escrito, son por lo comun voces llanas, por una regla tan general como la de los plurales de los nombres y adjetivos: González, Lepez, Márquez, Pérez. (pág. 305)
6.° Si la consonante final es signo de inflexion de verbo, tampoco necesita el acento ortográfico guiar á quien lee, ni la (I) La razon prosódica y cuasi musical de esta regla es que todo diptongo tiene, por su naturaleza, una especie de acento debil. (pág. 305)
Prosodia ac encuentran aman, temie Las dem darse en lo con lo que GHAMATI dvertir cuándo muchisimas pe eses, escribieran. nas reglas de ac relativo á la es respecto á dipto ICA CASTEL es llano ersonas de centuacion structura d ngos se di (pág. 306)
Capítulo III. De la cantidad
Llámase cantidad la mayor detencion con que, relativamente á otras, se pronuncia alguna sílaba, ya por recaer en ella el acento, ya por razon de la estructura del vocablo ó de la expresion que conviene dar á la frase. (pág. 307)
La cantidad prosódica castellana nada tiene que ver con la de las lenguas latina y griega, acerca de la cual se han deducido ciertas reglas del estudio de sus poetas, bien que, en rigor, no se conozca muy á fondo. (pág. 307)
Distinguimos la sílaba de mayor duracion, y la acentuada, llamándolas largas, y decimos que es breve la que no se halla en este caso. (pág. 307)
Siendo esta duracion puramente relativa, como queda dicho, claro es que no puede darse medida fija de tiempo para las largas y breves, ni de valor equivalente ó correspondencia entre unas y otras. Solamente en los versos agudos y esdrújulos hay regla fija; pero ésta pertenece á la métrica. (pág. 307)
— Tales son las reglas principales que pueden darse sobre Prosodia castellana en un tratado elemental, que debe naturalmente prescindir de observaciones más minuciosas. (pág. 307)
Por conclusion, repetimos lo ya indicado: como la pronunciacion, el tono, el acento y la cantidad se dirigen por el oido, la mejor norma será escuchar atentamente y seguir el uso de Castilla, tomado, por supuesto, de las personas doctas y bien educadas, que no tengan en su modo de hablar vicios originados de algun defecto físico ó resabios evidentes. (pág. 307)