Gramáticas y ortografías · dominio público

Nebrija y su Gramática castellana

El 18 de agosto de 1492 se acabó de imprimir en Salamanca el «tratado de grãmatica que nueva mente hizo el maestro Antonio de lebrixa sobre la lẽgua castellana» [El colofón: hoja 152]. Va dedicado «a la mui alta ⁊ assi esclarecida princesa doña Isabel», reina de Castilla [El encabezamiento: hoja 21]. Aquí está entero, en sus cinco libros y sus 55 capítulos, leído del facsímil de 1909 con un modelo de letra gótica hecho para él: el prólogo y los libros I, II, III, IV y V.

Karb and Sil · 22 de octubre de 2026, 17:17 · CC BY 4.0

La primera hoja del texto de la Gramática castellana de 1492: el encabezamiento a la reina y el principio del prólogo, con el hueco de la capital
La hoja 21 del facsímil: el encabezamiento a la reina y el principio del prólogo. El hueco de la izquierda es la capital que el impresor dejó en blanco para pintarla a mano.

La lengua, compañera del imperio

El prólogo empieza con la frase que más se ha repetido del libro: «una cosa hallo ⁊ saco por conclusion mui cierta: que siempre la lengua fue compañera del imperio» [El prólogo: hoja 21]. Nebrija lo prueba con el hebreo, el griego y el latín, que nacieron, crecieron y cayeron con sus reinos, y con el castellano, que «tuvo su niñez enel tiẽpo delos juezes ⁊ Reies de castilla ⁊ de leõ» y empezó a mostrar sus fuerzas con Alfonso el Sabio, «por cuio mãdado se escrivierõ las siete partidas» [El prólogo: hoja 23].

Y dice para qué escribe: la lengua «hasta nuestra edad anduvo suelta ⁊ fuera de regla», y por eso ha cambiado tanto en pocos siglos; él acordó «reduzir en artificio este nuestro lenguaje castellano: para que lo que agora ⁊ de aqui adelante enel se escriviere pueda quedar en un tenor», como se hizo con el griego y el latín [El prólogo: hojas 24-25]. Se compara con Zenodoto, que hizo el arte del griego, y con Crates, que hizo el del latín: aunque otros los superaron después, «alo menos fue aquella su gloria ⁊ sera nuestra: q̃ fuemos los primeros inuẽtores de obra tan necessaria» [El prólogo: hoja 25].

Los tres provechos

El prólogo da tres [El prólogo: hojas 24-26]:

  1. Que la lengua quede fija, para que la memoria de los hechos de la reina no se pierda con ella.
  2. Que se aprenda mejor el latín: quien sepa bien «el arte del castellano», que es sobre la lengua que ya siente, pasará al latín sin que nada le sea oscuro.
  3. Que la aprendan los de fuera. Cuando Nebrija le enseñó en Salamanca una muestra de la obra a la reina y ella preguntó para qué podía aprovechar, el obispo de Ávila respondió por él: que cuando la reina pusiera «debaxo de su iugo muchos pueblos barbaros ⁊ naciones de peregrinas lẽguas», esos pueblos tendrían que recibir las leyes del vencedor «⁊ con ellas nuestra lengua», y por este arte podrían aprenderla; y no solo ellos, también «los vizcainos. navarros. franceses. italianos» y todos los que tratan con España [El prólogo: hojas 25-26].

Para ese tercer público escribió el libro V, el de las «introduciones dela lengua castellana para los q̃ de estraña lẽgua querrã deprẽder»: los cuatro primeros, dice, son para los otros dos [Libro V: hojas 127-128].

Cinco libros

El primer capítulo reparte la gramática como los griegos: ortografía, prosodia, etimología y sintaxis, y da a cada parte un libro [Libro I: hojas 27-28]; el quinto es el de los extranjeros.

Escribir como se pronuncia

El libro I trae la idea que hará famosa a la ortografía de Nebrija. Tenemos veintitrés letras prestadas del latín, y de ellas solo doce nos sirven por sí mismas; las h, q, k, x e y sirven por otras [Libro I: hoja 36]. Lo que da por sabido es esto: «que assi tenemos de escrivir como pronunciamos: ⁊ pronunciar como escrivimos: por que en otra manera en vano fueron halladas las letras» [Libro I: hoja 36]. Y en el capítulo X lo convierte en la primera de sus seis reglas, con un añadido: hasta que venga «el autoridad de vr̃a alteza: o el cõsentimiẽto de aq̃llos que puedẽ hazer uso», las voces que no tienen letra se escriben como dijo en el capítulo VI [Libro I: hoja 51].

Es la ortografía de la primera época de la lengua escrita, la de antes de la Academia: M0. Nebrija volvió a ella en sus Reglas de orthographía de 1517, y todos los que después quisieron una letra para cada sonido lo pusieron el primero: está contado en «Escribir como se habla».

El libro que leímos

El incunable de 1492 no lo hemos leído en papel: lo leímos en la reproducción fototípica que publicó Emanuel Walberg en Halle, en la casa de Max Niemeyer, en 1909 [El facsímil de 1909]. El facsímil reproduce las hojas de 1492; el prefacio de Walberg, en francés, no va aquí. El libro no numera sus páginas (lleva signaturas de pliego, «a ii», «b iii»): citamos la hoja del facsímil, de la 21 (el encabezamiento) a la 152 (el colofón) [El facsímil de 1909].

La letra es gótica, y el modelo de lectura de los demás libros se equivocaba en el 13 % de las letras [La primera lectura]. Copiamos a mano dieciocho hojas y afinamos con ellas el modelo: un 0,77 % [El modelo de letra gótica]. Medido después contra siete trozos copiados a mano, dos de ellos por otra mano y con sus reglas escritas antes de mirar la lectura, el texto se equivoca en un 0,65 % de las letras [La medida del texto]. Las capitales que el impresor dejó en blanco van entre corchetes («[L]os que boluieron»). Cómo se hizo todo, en cómo está hecho.

En el taller esperan el Vocabulario español-latino de Nebrija y sus Reglas de orthographía de 1517: cuando se lean, vendrán a esta página.

Textos de Karb and Sil, con licencia Creative Commons Reconocimiento 4.0 (CC BY 4.0): cópialo, compártelo y adáptalo citándonos. La Gramática castellana de 1492 y la imagen de su hoja 21 son de dominio público. Cada dato lleva su fuente entre corchetes; lo que es lectura nuestra, va marcado. Editor: Wordkers. Hecho a partir de nuestras notas de estudio; generado el 25/10/2026 22:04.