Notas

Texto leído por máquina (OCR) y troceado por reglas: no es una edición crítica. Medido contra cinco páginas copiadas a mano en la imagen, se equivoca en un 3,26 % de las letras. La ortografía es la del libro, y no se corrige: i por y (calzon i calzones, hai, rei), j por g (jénero, lójica, orijinal), ménos, ántes. No es la de Bello: lo dice él al final del prólogo (hoja 17 del escaneo): la pusieron los editores. Lo leyó una sola máquina, sin voto (el voto modernizaba). Cada párrafo dice su página; las que el libro no numera (los preliminares, el índice), la hoja del escaneo. Cómo está hecho.

Los capítulos

Nociones preliminares, páj. 1

He omitido la division de la Gramática en Analojia i Sintáxis; porque la separacion es imposible. ¿Quién no ve, por ejemplo, que si ha de darse idea de lo que significa la palabra declinacion, es preciso dar a conocer lo que es complemento directo i lo que es dativo? ¿Quién no ve que el jénero supone el conocimiento de la concordancia? ESTRUCTURA MATERIAL DE LAS PALABRAS, páj. 2. (pág. 316)

Se extrañará tal vez que a la entrada de la Gramática me detenga tanto en los accidentes materiales i prosódicos de las palabras. Recuérdese que las reglas relativas a las inflexiones de los nombres i verbos, suponen conocido lo que es silaba, acento i diptongo. (pág. 316)

Clasificacion de las palabras, páj. 7

Preguntar cuántas i cuáles son las partes de la oracion, es lo mismo que preguntar en cuántas i cuáles clases deben dividirse las palabras. (pág. 316)

La division comun en sustantivo, adjetivo, pronombre, verbo, participio, adverbio, preposicion, conjuncion e interjeccion, es inadmisible, porque el pronombre i el participio están comprendidos en el sustantivo i el adjetivo. Lo mismo decimos del artículo, de que en muchas gramáticas se hace una clase aparte. (pág. 316)

Mas fundamento habria para reducir el sustantivo i el adjetivo a una sola clase bajo el título comun de nombres. Pero sin embargo de que la semejanza de las formas de ambos i la frecuente conversion de uno en otro induzcan a reunirlos bajo una denominacion mas jeneral, es preciso reconocer que hai entre ellos una diferencia radical de funciones, i por decirlo así, de rango. (pág. 316)

Es sustantivo es la palabra dominante: todas las otras concurren a explicarlo i determinarlo. (pág. 317)

El adjetivo i el verbo son signos de segundo órden: ambos modifican inmediatamente al sustantivo. (pág. 317)

El adverbio es un signo de órden inferior: modifica modificaciones. Los adjetivos, verbos i adverbios no bastan para todas las modificaciones, mediatas o inmediatas, del sustantivo; hai un medio destinado a suplirlos, que es el complemento. El complemento significa una relacion, i presenta necesariamente el objeto en que esta termina, llamado término; a veces solo, a veces precedido de una palabra a que ha dado la lengua el oficio peculiar de anunciarlo. Esta palabra es la preposicion. (pág. 317)

El complemento, por lo dicho, o consta de término solo (las mas veces denotado por un sustantivo), o de preposicion i término. El es, ademas, o un signo de segundo órden, equivalente al adjetivo, o un signo de órden inferior, equivalente al adverbio. (pág. 317)

La conjuncion no tiene propiamente rango: es un vínculo entre elementos análogos: liga sustantivos con sustantivos, adjetivos con adjetivos, verbos con verbos, adverbios con adverbios, oraciones con oraciones. (pág. 317)

La interjeccion en fin es un verbo inconjugable, que envuelve el sujeto, i está siempre en la primera persona del presente de indicativo. Hace proposicion por sí sola. Ail es yo siento dolor, yo me duelo. (pág. 317)

Proposicion: diferencia entre predicado i atributo, páj. 7, 8

El carácter peculiar del sustantivo consiste, a mi juicio, en su aptitud para servir de sujeto: el del verbo en su oficio actual de atributo. Son dos palabras que se explican una por otra, i que, señalando las dos partes de la proposicion, se miran, par decirlo así, una a otra, i tienen una relacion nocesaria entre sí. (pág. 317)

Para la Gramática no hai mas que dos partes en la proposicion; el sujeto, a cuya cabeza está el sustantivo, i el atributo, a que preside el verbo. La division que suele hacerse de la proposicion en sujeto, cópula i predicado, no tiene ni fundamento histórico, ni fundamento filosófico, ni aplicacion práctica alguna. Carece de fundamento en la historia de las lenguas: ¿cuál es aquella en que se haya visto o se vea palabra alguna, limitada solo a enlazar el predicado con el sujeto? El verbo que significa la existencia en abstracto no es una mera cópula; la existencia en abstracto es un atributo como otro cualquiera, i el verbo que la denota se desenvuelve en las mismas formas de persona, tiempo i modo que los otros. Se le ha llamado verbo sustantivo, i se ha considerado a cada nno de los otros verbos como resoluble en dos elementos, el verbo que denota la existencia en abstracto i un adjetivo variable. Pero si con esto se quiere decir que en la formacion de las lenguas se ha principiado por el verbo sustantivo, el cual combinándose con los adjetivos enjendre los demas verbos, no solo es falso el hecho, sino contrario al proceder natural, necesario, del espíritu humano, que va siempre de lo concreto a lo abstracto. Tan absurdo me parece pensar que Sentio haya principiado por sum sentiens, como lo sería pensar que Homo i Canis hubiesen provenido de ens humanus i ens caninus. Pero admitiríamos, a pesar de todo, la supuesta cópula, i la resolucion de todos los verbos en uno, si esta ficcion gramatical nos suministrase alguna regla práctica para el recto uso del verbo; si se explicase por este medio algun hecho jeneral de la lengua; de lo que no creo se pueda presentar muestra ninguna. (pág. 318)

El verbo ser se junta con adjetivos que lo determinan i que, ejerciendo este oficio, se refieren al mismo tiempo al sustantivo. Pero esta no es una particularidad que distinga a ser, pues como se dice, es bueno, es malo, se dice tambien, está ciego, está sordo, nació enfermo, murió pobre, duerme tranquilo, corre presuroso, anda triste, se muestra esforzado, etc., etc. El adjetivo ejerce dos funciones diversas, con respecto al sustantivo; la de especificarlo o determinarlo limitando su natural extension, i la de explicarlo, desenvolviendo, desentrañando de su significacion conocida algo que naturalmente se comprende en ella, o añadiendo algo que la completa sin limitar su extension. Cuando el adjetivo ejerce este segundo oficio, se llama predicado. El adjetivo predicado, constante en su referencia al sustantivo, puede hallarse en mui diversos lugares, ya construyéndose inmediatamente con el sustantivo (la oscura noche, el triste invierno), ya modificando al verbo (el dia amaneció tempestuoso), ya designando el término de un complemento (se acreditan de valientes, tiene fama de hermosa, da en temerario). Yo miro pues al predicado como una funcion del adjetivo, cuando refiriéndose al sustantivo sin limitarsu extension, enuncia una cualidad del objeto que este significa. Por consiguiente hago diferencia entre predicado i atributo. El adjetivo predicado i el verbo modifican ambos a un sustantivo; pero el segundo lo hace precisamente designando la segunda parte de la proposicion, el atributo; presidiendo en él a todas las otras palabras que lo componen, i tomando las formas peculiares que corresponden a la persona i número del sujeto, i a las ideas de tiempo i de modo que conviene indicar. Podrán preferirse otros términos para distinguir las dos cosas que yo llamo predicado i atributo; pero la distincion entre ambas es un hecho incontestable de la lengua. Supóngase, si se insiste en ello, que el verbo sea la cópula mas el predicado: siempre será cierto que hai diferencia entre el predicado que envuelve la cópula, i el predicado que no la envuelve. A lo segundo llamo yo simplemente predicado; a lo primero, atributo. En el lenguaje ordinario se confunden ambas cosas; pero si la lengua se vale de dos medios diversos para denotar una cualidad inherente al cbjeto que el sustantivo designa, ¿no convendrá que cada uno de ellos tenga su nombre? En los que yo les he dado he procurado alejarme lo ménos posible de la nomenclatura que está en uso. (pág. 318)

Jénero, páj. 42

« Los nombres de ciudades, villas, aldeas, son femeninos; pero si tienen terminacion masculina, se les puede dar cualquier jénero.» (pág. 320)

Sin embargo, creo que el uso mas autorizado está a favor del jénero femenino en todos casos; salvo que lleven el artículo masculino, como el Cairo, el Ferrol, el Callao. Decididamente prevalece el jénero femenino en nombres de jeografía antigua, como Cartago, Mileto, Corinto; i sobre todo en los que eran nombres plurales femeninos, como Aténas, Tébas; pero solemos hacer masculinos a los terminados en on, orijinalmente neutros, como Ilion. (pág. 320)

Declinacion, páj. 57, 66

Es preciso distinguir dos cosas que jeneralmente se confunden, los casos i los complementos. (pág. 320)

El complemento es una palabra o frase de que se sirve la lengua para modificar otra palabra, significando una relacion que el objeto o cualidad que esta designa, tiene con otro objeto o cualidad, a que llamamos término. Ya hemos dicho que el complemento puede constar o de término solo o de preposicion i término. (pág. 320)

Los casos de la declinacion o representan el objeto directamente, o lo representan como término de una relacion; sea que este forme complemento por sí solo, o que se combine con alguna preposicon para formarlo. Así, en la declinacion latina, dominus, domine, son casos directos o rectos; el jenitivo domini i el dativo domino son casos que por sí solos forman complementos, i no son nunca precedidos de preposicion: el acusativo dominum, i el ablativo domino, al contrario, o forman complementos por si solos, o se combinan con varias preposiciones para formarlos. Así erga dominum, sine domino, son complementos; pero a nadie ha ocurrido jamas dar el titulo de casos a estas expresiones compuestas. En ellas el caso de Dominus es la inflexion en um llamada acusativo, o la inflexion en o llamada ablativo. (pág. 320)

En nuestros nombres declinables son asimismo diversas cosas el caso i el complemento. A mí, de mí, para mí, no son casos de yo, sino complementos formados con las preposiciones a, de, para, i el caso mí, que en todas estas expresiones es uno solo, como en latin en las expresiones erga dominum, in dominum, adversus dominum, propter dominum, no hai mas que un solo caso dominum, combinado con las preposiciones erga, in, adversus, propter. Partiendo de este principio, se trata de saber cuántos casos tiene la declinacion de yo, tú, él, ello (únicos nombres castellanos declinables), i cuál es el carácter i propiedad de cada caso. (pág. 321)

¿Cuántos casos hai en la declinacion de estos nombres? Cuéntense sus desinencias; pero cuéntense bien, como se cuentan las de los nombres latinos. Yo presenta a primera vista cuatro; yo, me, mí, conmigo. ¿Las mirarémos como cuatro casos distintos? No; porque el considerar a conmigo como caso distinto de mí, sería lo mismo que considerar en latin a mecum como caso distinto del ablativo me. Conmigo es un accidente de mí; una forma particular que toma el caso mí cuando se le junta la preposiciou con, formando las dos palabras una sola. (pág. 321)

¿No tendrá pues el pronombre yo mas que tres casos, yo, me, mí? Tampoco es consecuencia lejítima; porque discurriendo de la misma manera no dariamos en latin mas que tres casos al plural de sermo: sermones, sermonum, sermonibus. Sucede en efecto en la declinacion castellana lo mismo que en la latina; es a saber, el presentarse en unos nombres bajo una misma desinencia casos realmente distintos, quese presentan en otros nombres bajo desinencias diferentes. Decimos Yo amo, ellos aman: yo i ellos nominativo, sujeto del verbo. Decimos Tú me amas, tú los amas: me ttos, caso que por sí solo, sin preposicion alguna, significa el complemento directo. Decimos Tú me das dinero, Tú les das dinero, me i les, caso que por sí solo, sin preposicion alguna, significa complemento de atribucion. Decimos en fin de mí, para mí, contra mí, por mí, de ellos, para ellos, contra ellos, por ellos; mí, ellos, caso que en castellano está destinado para juntarse con las preposiciones, cualesquiera que sean. La enumeracion está completa: los nombres castellanos declinables tienen cuatro casos; el nominativo, el complementario directo, el complementario atributivo, i en fin, un caso que nunca significa complemento por sí solo; que pide una preposicion anterior; que por sí no significa mas que el térmíno de un complemento cualquiera; i a que por eso conviene con mucha propiedad el título de terminal, como a me, les i los el título de complementarios. La desinencia me es comun a los dos casos complementarios directo i atributivo; i la desinencia ellos es comun al caso nominativo i al terminal: como en latin la desinencia domino conviene a dos casos distintos, el dativo i el ablativo; i la desinencia sermones a tres casos distintos, el nominativo, el vocativo, i el acusatiyo. (pág. 321)

Es preciso insistir en la diferencia de estas dos cosas, caso i complemento, porque de confundirlas proviene el no haberse dado hasta ahora idea exacta de nuestra declinacion. Me, les, los son casos complementarios, casos que significan complemento por sí solos, rechazando toda preposicion, (como el jenitivo i dativo de los nombres latinos), i precisamente uno de dos complementos o ambos, el directo i el atributivo. Pero estos dos complementos pueden expresarse por otros medios. He dicho que el caso terminal combinado con las preposiciones se aplica a todo jénero de complementos, sin excepcion alguna; i así es en efecto. Los mismos dos complementos de que acabo de hablar pueden ser expresados por este caso combinado con la preposicion a: A ellos buscaba el alguacil, no a mí; a ellos, i a mí, complemento directo. A mí viene dirijida la carta, no a ellos; a mí, a ellos, complemento atributivo. I con esta misma expresion a mí, a ellos, se pueden todavía significar otros complementos, que no son el directo ni el atributivo: Cuando se dice, Ellos en su afliccion apelaron a mí, yo en mi afliccion apelé a ellos, este a mí, a ellos, no es ninguno de los dos complementos dichos, puesto que no podríamos en lugar de a mí poner me, ni en lugar de a elles, les o los. (pág. 322)

Nuestro complementario directo se diferencia mucho del acusativo latino, el cual se presta a muchas i diversas especies de complementos i recibe preposiciones anteriores. Entre nuestro complementario atributivo i el dativo latino la semejanza es bastante grande. (pág. 323)

Pero uno i otro complementario tienen una propiedad peculiar, de que carecen el acusativo i dativo latinos, i es que piden un verbo o derivado verbal a que juntarse como afijos o enclíticos. (pág. 323)

Por último, no hai en la declinacion latina caso alguno análogo al terminal nuestro, que exije precisamente una preposicion anterior, i se junta con todas las preposiciones. He creido, pues, que debíamos pintar nuestra declinacion de este modo: (pág. 323)

Nominativo: yo, nosotros; tú, vosotros; él, ellos; ella, ellas; ello. (pág. 323)

Complementario directo: me, nos; te, os; le o lo, los; la, las; lo. (pág. 323)

Complementario atributivo: me, nos; te, os; le, les; le o la, les o las; le. (pág. 323)

Terminal: mí, nosotros; ti, vosotros; él, ellos; ella, ellas; ello. (pág. 323)

Complementarios directo i atributivo para la tercera persona, refleja o recíproca: se. Terminal para la tercera persona, refleja o recíproca: sí. (pág. 323)

Formas excepcionales del caso terminal, precedido de con: conmigo, contigo, consigo. (pág. 323)

Yo creo que esta exposicion presenta del modo mas claro i sencillo el verdadero plan de la declinacion castellana, i al mismo tiempo las semejanzas i diferencias que tiene con la declinacion latina. Deseoso de no desviarme de la nomenclatura admitida sino en cuanto fuese indispensable, he conservado las palabras acusativo i dativo, la primera para el complemento directo, i la segunda para el complemento de atribucion; pero tal vez sería lo mejor desterrarlas de nuestra gramática, porque en latin acusativo i dativo significan desinencias, casos; i en el sentido que les damos nosotros no denotan casos o desinencias, sino complementos. Acostumbrados al lenguaje de los latinos, pasamos sin advertirlo de un concepto a otro, con detrimento de la propiedad i exactitad que tanto importan en una obra didáctica elemental; como me ha sucedido algunas veces a mí mismo. (pág. 323)

Donde mas claro se ve ese prestijio falaz de las reminicencias latinas es en la declinacion que suele darse de los nombres indeclinables castellanos. ¿Qué es lo que quiere decirse cuando se asignan seis casos al sustantivo flor: nominativo la fior, jenitivo de la flor, dativo a o para la flor, acusativo ante la flor, contra la flor, etc.; vocativo oh flor; ablativo con, sin, sobre, etc. la flor? Yo no sé lo que quiera decirse; pero si sé lo que esto supone; i es que en los nombres castellanos han de encontrarse, a despecho de la lengua, igual número de casos i de la misma especie que en los nombres latinos. ¿Por qué un nombre, precedido de la preposicion ante, es el mismo caso que precedido de la preposicion contra, i no es el mismo caso que cuando le precede la preposicion sin? Porque en latin así es; o mas bien, porque en latin la desinencia del nombre es semejante despues de las preposiciones ante i contra, i diferente despues de las preposiciones ante i sine: no puede darse otra razon. ¿Por qué a la mujer es unas veces dativo i otras acusativo? Porque en las expresiones latinas correspondientes mulier toma unas veces la desinencia mulieri, que se llama dativo, i otras la desinencia mulierem, que sellama acusativo; i no hai mas que decir. ¿Por qué no hai en nuestros nombres indeclinables tantos casos diversos como preposiciones podemos juntarles? La respuesta es obvia: porque como a todas las combinaciones castellanas de preposicion i nombre no corresponden mas que cuatro desinencias en los nombres latinos, la del jenitivo, la del dativo, la del acusativo i la del ablativo, no puede concebirse que las combinaciones de preposicion i nombre dejen de formar los mismos cuatro casos precisamente en castellano. Yo a lo ménos no acierto a columbrar otra lójica en la mente de los que así han latinizado nuestra lengua, en vez de explicarla por sus hechos, sus formas, sus accidentes peculiares. (pág. 324)

Nuestros nombres indeclinabies no tienen verdaderamente casos; lo que hacen es servir de sujetos o de términos; i en este segundo oficio, o forman por sí solos complemento, o necesitan de una preposicion anterior para formarlo. Entre estos complementos debe darse una atencion particular al directo i al atributivo, por su correspondencia a los casos complementarios de los pronombres declinables. (pág. 325)

Jénero neutro, páj. 75

Creo suficientemente probada la identidad de él i et, ello i lo; i no me parece que pueda disputarse el carácter sustantivo de ello, esto, eso, aquello, algo, nada, etc., reconocido ya por Clemencin. Los latinos hoc, istud, illud, eran verdaderos adjetivos: hoc templum, istud nemus, illud opus, i cuando se usaban absolutamente, en el sentido de esto, eso, aquello, se decian con propiedad sustantivarse, porque dejaban su natural oficio, i tomaban accidentalmente el de sustantivos; a lo que en latin se prestaba fácilmente la tercera terminacion del adjetivo. De esto, eso. aquello no puede decirse que dejando el carácter de nombres que se arriman a otros (adjectiva, quæ adjiciuntur) tomen el de nombres independientes que sirvan a los otros de apoyo o sostén (substantia): se usan siempre como los sustantivos; i llamarlos adjetivos sustantivados sería enunciar un hecho falso. (pág. 325)

Acerca del jénero neutro en castellano, conviene explicar algo mas lo que dejo expuesto en la Gramática. (pág. 326)

De dos modos se revela el jénero en las lenguas: por la concordancia del adjetivo con el sustantivo en construccion inmediata; lucus opacus, silva opacu, nemus opacum; i por la reproduccion o representacion de ideas cercanas, como cuando, despues de haber dicho lucus o silva o nemus, reproducimos o representamos la misma idea a poca distancia, diciendo en el primer caso is o qui, en el segundo ea o quæ, en el tercero id o quod. Esta representacion se hace siempre por medio de pronombres demostrativos o relativos. La lengua inglesa bajo el primero de estos aspectos no tiene jénero, porque sus adjetivos no varian de terminacion, cualquiera que sea el sustantivo que se les junte: a wise king, a vise queen, a vise action; bajo el segundo lo tiene; porque si, mencionado un rei, una reina, un hecho, se tratase de reproducir la misma idea, sería preciso decir en el primer caso he, en el seguudo she, en el tercero it. Debemos pues considerar el jénero bajo uno i otro punto de vista, porque la lengua puede seguir en el uno diferente rumbo que en el otro, i tan grande puede ser la diferencia como lo que va de no tener jéneros a tenerlos. (pág. 326)

En castellano para la concordancia del adjetivo con el sustantivo en construccion inmediata, no hai mas que dos jéneros, masculino i femenino: árbol frondoso, lo frondoso, selva frondosa. Lo por consiguiente es masculino bajo el respecto de que hablamos, i lo mismo debe decirse de esto, eso, aquello, algo, nada, i demas sustantivos neutros. (pág. 326)

Pero bajo el punto de vista de la representacion de ideas cercanas, tenemos tres jeneros, masculino, femenino i neutro. Despues de decir el roble, la encina, el primero se reproduce por él, el segundo por ella. Los sustantivos ello o lo, esto, eso, aquello, algo, etc., no pueden reproducirse por él ni por ella, sino precisamente por ello o lo, o por otro sustantivo semejante. Pertenecen, pues, bajo el punto de vista de que hablamos, a un jénero particular, que no es masculino ni femenino. Al mismo jénero pertenecen los infinitivos, los conceptos significados por frases u oraciones enteras, 1 otros que se han enumerado en la Gramática. (pág. 326)

«El vivir los hombres en sociedad, no ha sido casual o arbitrario; un instinto irresistible los ha obligado a ello.» La lengua no permitiria decir a él: vivir los hombres en sociedad concuerda con el i es representado por ello. Si en lugar de el vivir los hombres pusiéramos el que los hombres vivan, sucederia lo mismo: la frase que los hombres vivan en sociedad concordaria con el i sería representada por ello, i de ninguna manera por él. Así, cuando yo digo que ciertos sustantivos, ciertas palabras, ciertas frases son masculinas en la concordancia i neutras en la representacion, no hago mas que exponer sencillamente lo que pasa en castellano; contra lo cual no debe valer la práctica de otra lengua alguna. En latin es cierto que lo masculino i lo neutro se excluyen mútuamente; pero en nuestra lengua no lo ha querido así el uso, Quem penes arbitrium est et jus et norma loquendi. (pág. 327)

Lod predicado, páj. 79

«Este lo predicado es acusativo.» (pág. 327)

¿El verbe ser con acusativo?—¿I por qué nó? ¿Por qué cerrar los ojos a un hecho manifiesto en que no cabe disputa? Es un principio recibido que el ser activo o neutro un verbo no depende de su significacion, puesto que a un verbo neutro en una lengua corresponde un verbo activo en otra, i recíprocamente. ¿Qué verbo competiria con el castellano pelear en el carâcter de activo, si en la significacion consistiese? Pues bien; ese verbo, activo en ingles (to fight), es neutro en castellano. Parece que nada puede concebirse mas pasivo que padecer; i sin embargo hacemos activo este verbo, como los latinos a pati. (pág. 327)

Se dice que semejantes verbos se hacen activos, porque nos figuramos en ellos cierta especie de accion: en lo cual, como en otras explicaciones gramaticales, se toma el efecto por la causa. No los hacemos activos porque nos figuramos una accion que no existe; sino, al contrario, nos figuramos una accion, porque se construyen con acusativo, i porque este complemento es el que mas amenudo solemos juntar a los verbos que significan accion material. (pág. 327)

Una cosa parecida sucede en los jéneros. Muerte, por ejemplo, no es femenino porque nos sea natural representarnos la muerte bajo la imájen de una mujer; sino, al contrario, asociamos la idea de este sexo a la muerte, porque el sustantivo que la significa se construye con aquella forma del adjetivo que solemos juntar a los nombres de mujeres o hembras. La muerte figura como varon en todas las personificaciones poéticas de los griegos, porque su nombre en griego era thanatos, masculino. (pág. 328)

En la formacion de las lenguas, con todo, es preciso que al dar un jénero masculino o femenino al objeto que carecia de sexo, o un complemento de objeto paciente a un verbo que no significaba accion, sino ser o estado, ocurriese a los hombres alguna aprension o fantasía, que se incorporase de ese modo en el lenguaje; a la manera de lo que vemos en la lengua inglesa, donde, desde que la imajinacion personaliza un ser inanimado u abstracto, cuyo nombre es neutro, le da el sexo i por consiguiente el jénero masculino o femenino, que mas natural le parece. Así en aquelle lengua la muerte personificada es constantemente varon; carácter que es sin duda el que mejor se aviene con la idea de actividad vigorosa i destructora que la imajinacion le atribuye. En el Paraiso perdido de Milton, Death i Sin (la muerte i el pecado) aparecen bajo sexos diferentes de los que un poeta castellano les atribuiria; aquella, varon; éste, hembra. (pág. 328)

Ahora pues, ¿quién desconoce lo caprichos a que es en estas aprensiones la imajinacion?¿Por qué no podrá ella finjirso en la existencia misma una especie de actividad? ¿No damos a estar un acusativo reflejo cuando decimos que uno se está en el campo, se está escondido? ¿No atribuyen estas frases a la existencia una sombra de accion sobre las cualidades i modos de ser? En castellano el mismo verbo ser admite alguna vez un acusativo reflejo; lo que no haria, si no se concibiese en su significado cierto color o apariencia de accion. La verdad es que en el oríjen de las lenguas romances la existencia i la actividad parecieron tan estrechamente enlazadas, que la denominacion jeneral dada a todo lo que existe o se concibe como existente, fué causa (cosa, chose). (pág. 328)

No se extrañe, pues, que lo sea a un mismo tiempo predicado i acusativo, cuando se dice: «Es verdaderamente feliz el que cree que lo es;» o «Se está escondido, solo porque gusta de estarlo.» Este es uno de tantos conceptos metafísicos, encarnados en el lenguaje, i que han hecho mas de una vez luminosas indicaciones a la filosofía. (pág. 329)

Sobre todo, se trata de un hecho. Expliquese como se quiera; la lengua modifica a ser i estar con la misma forma de ello de que se sirve para el complemento directo de los verbos activos. Lo aparece de dos modos en la lengua: ya limitado, determinado por alguna modificacion (lo blanco, lo negro, lo de ayer, lo del siglo pasado, lo que nos agrada, lo que aborrecemos), i entónces es indeclinable; ya absoluto, sin determinacion ni limitacion alguna expresa (lo creo, lo ví, lo pensaré), i entónces lo es ello en acusativo o complemento directo. ¿Por qué se ha de mirar el lo absoluto que modifica a ser i estar, como algo diferente del lo absoluto en todas las demas circunstancias, sin excepcion alguna? Aceptemos las prácticas de la lengua en su simplicidad, ino las encojamos i estirémos para ajustarlas al lecho de Procústes de la lengua latina. (pág. 329)

De los derivados verbales, páj. 104

Yo limito este título a las palabras solas que derivándose del verbo le imitan en sus construcciones peculiares, que consisten, 1.° en ser modificadas por adverbios; 2.° en llevar afijos o enclíticos; 3.° en rejir complementos directos, si el verbo de que se derivan es activo. Así amante, leyente, no son derivados verbales, ni por consiguiente participios. En patiens frigus et inediam, consideraban los gramáticos latinos a patiens como participio, i en patiens frigoris et inediœ, como un adjetivo ordinario, despojado de su carácter participial, en que participaba de la naturaleza del verbo. Nuestro llamado participio de presente no goza nunca de esa participacion; no es participio. (pág. 329)

Algunos extrañarán que demos a sido, estado, amado, en los tiempos compuestos con el auxiliar haber, el título de sustantivos. El uso limitado de este participio no permite someterlo a la prueba de los demas sustantivos: el oficio de sujeto o supuesto. ¿Pero qué diferencia de significado puede concebirse eutre sido i ser, sino es la de tiempo? I esta existencia pasada que sido significa, ¿qué hace en he sido, hube sido, sino el oficio de complemento directo del auxiliar, que es verbo activo? ¿I no es natural mirar como sustantivo, una palabra que hace por sí sola el oficio de complemento directo? (pág. 330)

Otros insistirán todavía en que el infinitivo no es sustantivo, sino verbo. En la Gramática se ha manifestado que tiene todos los oficios del sustantivo; sirviendo ya de sujeto, ya de predicado, ya de término i de complemento directo. Participa, es verdad, de la naturaleza del verbo, en cuanto suele llevar las construcciones peculiares del verbo, inclusa la de sujeto o supuesto; pero lo mismo hacen el jerundio i hasta cierto punto el participio adjetivo; i no por eso los miran nuestros gramáticos como formas del verbo. Eso, ademas, no quita al infinitivo el carácter de sustantivo, puesto que siempre hace el oficio de tal; ni le da el del verbo, una vez que no puede ser nunca la palabra dominante del atributo de la proposicion, ni sujiere, como el verbo, ideas de persona i número, i si denota tiempo, no es con relacion al momento en que se habla, al acto de la palabra, como el verbo. (pág. 330)

Si se opone que este raciocinio se funda en la definicion que yo doi del verbo, i que, desechada ésta, el argumento va por tierra, contestaré que no creo posible definir al verbo de manera que lo diferenciamos del sustantivo, sin que por el mismo hecho lo diferenciemos del infinitivo. Hágase la prueba. ¿Se hará consistir la naturaleza del verbo en significar la existencia, accion, pasion, estado, movimiento, de los objetos? Las palabras hurto, robo, amor, enfermedad, salud, i sobre todo esas mismas palabras existencia, accion, pasion, etc., serán verbos. ¿Añadirémos la significacion de tiempo? Muchos se la niegan; i en el sentido en que se la damos al verbo, i en que verdaderamente lo caracteriza, el infinitivo no la tiene. Pero suponiendo posible la definicion, sería necesario decir entónces que el infinitivo es un verbo que participa de la naturaleza del sustantivo, porque es de todo punto incontestable que, aun llevando construcciones propias del verbo, ejerce todos los oficios del sustantivo, sin exceptuar uno solo. ¿Sobre qué rodaria pues la disputa? Unos dirian: el infinitivo es un sustantivo que participa de la naturaleza del verbo; i otros: el infinitivo es un verbo que participa de la naturaleza del sustantivo: cuestion de palabras. I sin embargo, no del todo insignificante. Adoptando la segunda espresion, despojaríamos al verbo de lo que mas eminentemente le distingue, que es señalar el atributo de la proposicion, dominar en él, mirar cara a cara, si se me permite decirlo así, al sujeto de la proposicion, i reflejarlo. (pág. 330)

Los que llamo derivados verbales son, a mi juicio, medios de que se sirve la lengua para desnudar al verbo de los accidentes de número, persona, tiempo i modo, i darle en la oracion el oficio de sustantivo, adjetivo u adverbio. Pero al mismo tiempo que de esta manera lo transforma, le conserva sus construcciones; es decir, le da complementos directos, le agrega afijos o encliticos, lo modifica con adverbios, i hasta puede ponerle sujeto. «El amar el hombre a sus semejantes» es lo mismo que «El amor del hombre a sus semejantes» tan sustantivo es amar como amor: lo único que los diferencia es que el primero se construye exactamente como el verbo de que se deriva, i el segundo no. (pág. 331)

Permítaseme hacer aquí una advertencia a que se debiera haber dado lugar en la Gramática. Hai, fuera del infinitivo, sustantivos abstractos derivados de verbos, que toman par cialmente el carácter de los derivados verbales, construyéndose con adverbios: «Su residencia léjos de la patria:» «Mi detencion aquí.» (pág. 331)

Verbos irregulares, páj. 119

La clasificacion de nuestros verbos irregnlares sobre la base de los accidentes ortolójicos i prosódicos, ha sido, segun yo creo, tentada por la primera vez en esta Gramática. En las irregularidades de nuestros verbos ha influido mas que nada el acento, que trasforma en diptongos las vocales simples e, o; las cuales reaparecen, luego que muda de lugar el acento: aciérto, aciértas, aciérta, acertámos, acertáis, aciértan, Otra causa de anomalía ha sido la variacion de sonido que ha experimentado la consonante c. Los latinos pronunciaban floresco, floreskes. Alterada la lengua latina, tomó la c, ántes de las vocales e, i, un sonido nuevo, que en Castilla fué el de la z, pronunciándose la primera sílaba de ceder, citar, como la de zéfiro, zizaña. Conjugóse pues floresco, floresces, i últimamente, suavizando algo mas la pronunciacion, florezco, floreces. (pág. 332)

Lo lleno de las vocales a, o, pide sílabas largas, sonoras. En lugar de trao, traes, se dijo traigo, traes, dando a la raiz los sonidos adicionales ig ántes de dichas vocales, i no en otro caso alguno. (pág. 332)

Repugnaba al oido castellano la cercanía de dos vocales débiles(i, u), estando la segunda acentuada: parecióle duro concibir, concibi, pudrir, pudri; convirtióse pues por eufonia la i precedente en e, i la u en o. Díjose concebir, concebi, concebimos; podrí, podrimos; pero concibo, concibió, concibieron; pudro, pudra, pudriese; conservando la i de concipere, i la u de putrere. (pág. 332)

No repetiré aquí lo que he dicho en el capítulo de los verbos irregulares. Solo advertiré que en ciertas formas del verbo podrir, en que el uso es vario, he preferido las inflexiones que se conforman a la analojía que acabo de in dicar, i de cuyo influjo en otros verbos no puede dudarse. (pág. 332)

Concordancia, páj. 187

En esta materia de la concordancia hai muchísimo que notar en castellano; yo he procurado comprender en este capítulo aquellos casos excepcionales que ocurren mas amenudo. Las excepciones marcadas 1.a i 2.a en la páj. 190 están acaso concebidas en términos demasiado jenerales. (pág. 333)

Cuando el verbo precede a dos o mas infinitivos que le sirven de sujetos, se puede poner sin inconveniente en número singular, segun la excepcion 4.a. ¿Pero será necesario hacerlo así? ¿No se podrá decir, «Son provechosos a la salud madrugar i hacer ejercicio?» Yo, aunque prefiriria ciertamente es, vacilaria en mirar como incorrecto a son. Cuando el verbo viene despues, no me parece del todo cierta la regla que prescribe ponerlo en singular, i temo que el ejemplo mismo de esta Gramática no satisfaga a los intelijentes; sobre todo, si se antepone a los infinitivos el artículo. Un caso hai en que el plural es indispensable, i es el notado en el párrafo 2.° de la excepcion 3.a (páj. 191). Pero hai otro caso, en que el singular es indispensablemente necesario, es a saber, cuando los infinitivos forman un concepto compuesto, que el atributo abraza colectivamente por medio de un sustantivo: «Verle i reconocerle fué todo uno:» práctica, que si bien se mira, puede reducirse a la limitacion de la excepcion 6.a porque todo puede aquí mirarse como perteneciente al sujeto, comprendiendo colectivamente los dos infinitivos; «Verle i reconocerle todo fué uno.» Sin embargo, pudiéramos quitar el todo, i siempre sería preciso decir «fué uno,» «fué una misma cosa.» Pero aun sin esta circunstancia de un sustantivo que abraze colectivamente varios infinitivos que hacen de supuestos, sería sin duda indispensable la concordancia en singular, si el verbo se dijese de ellos en el mismo sentido colectivo: «Ver i callar, cuando la expresion de nuestros juicios pudiera parecer ofensiva o inmodesta, importa mucho, si no queremos pasar por presuntuosos o atrevidos.» (pág. 333)

Observo de paso que en el ejemplo de Cervántes de la excepcion 6.a (páj. 192), por un desliz de la memoria he puesto los poetas en lugar de las musas, i fecundos por fecundas, no sin detrimento de la hermosura del pasaje. Pero esta alteracion no daña en nada a la oportunidad de la cita. (pág. 334)

Del acusativo i dativo en los pronombres declinables, páj. 210

En el párrafo que, en este capítulo, principia por las palabras «Lo dichose extiende» (páj. 214), no he acertado a expresarme con la exactitud necesaria, i creo preciso reformarlo aquí del modo siguiente: (pág. 334)

Lo dicho se extiende a los dativos i acusativos formados con la preposicion a i un nombre cualquiera: «Le dieron a la señora el primer asiento:» «A usted le han enviado un mensaje:» « Los tesoros no los empleaba en sus gustos;» (Mariana): « La Iglesia de Santiago, que era de tapiería, la edificó desde los cimientos de sillares, con columnas de mármol;» (el mismo). Es jenial del castellano la repeticion de un acusativo o dativo, bajo la forma complementaria. Pero no puede ponerse primero la forma complementaria del acusativo i despues la compuesta, sino cuando esta se forma con el caso terminal de uno de los pronombres declinables: «Te engañaron a tí,» « La engañaron a ella;» al paso que en « Le sorprendieron al juez,» el le acusativo redundaria. Lo cual sin embargo se usa corrientemente con usted: «Le han sorprendido a usted sin duda. (pág. 334)

Textos de Karb and Sil, con licencia Creative Commons Reconocimiento 4.0 (CC BY 4.0): cópialo, compártelo y adáptalo citándonos. La Gramática de la lengua castellana de Andrés Bello (1847), la edición de 1905 con las notas de Rufino José Cuervo y sus portadas son de dominio público. Cada dato lleva su fuente entre corchetes; lo que es lectura nuestra, va marcado. Editor: Wordkers. Hecho a partir de nuestras notas de estudio; generado el 04/11/2026 07:54.