Prólogo

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ver la hoja 11

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”r n (2 Ú : rr e p l. (hoja 11)

.. 4 . Ñ AS : o 4 A pita! 7 Aunque en esta Gramática hubiera deseado no desviarme de la nomenclatura y explicaciones usuales, hay puntos en que me ha parecido que las prácticas de la lengua castellana podían representarse de un modo más completo y exacto. Lectores habrá que califiquen de caprichosas las alteraciones que en esos puntos he introducido, ó que las imputen á una pretensión extravagante de decir cosas nuevas : las razones que alego probarán, á lo menos, que no las he adoptado sino después de un maduro examen. Pero la prevención más desfavorable, por el imperio que tiene aun sobre personas bastante instruiídas, es la de aquellos que se figuran que en la gramática las definiciones inadecuadas, las clasificaciones mal hechas, los conceptos falsos, carecen de inconveniente, siempre que por otra parte se expongan con fidelidad las reglas á que se conforma el buen uso. Yo creo, con todo, que esas dos cosas son inconciliables; que el uso no puede exponerse con exactitud y fidelidad sino analizando, desenvolviendo los principios verdaderos que lo dirigen; que una lógica severa es indispensable requisito de toda enseñanza ; y que en el primer ensáyo que el entendimiento hace de sí mismo es en el que más importa no acostumbrarle á pagarse de meras palabras. El habla de un pueblo es un sistema artificial de signos, que bajo muchos respectos se diferencia de los otros sistemas de la misma especie; de que se sigue que cada lengua tiene su teoría particular, su gra- M180145 o PRÓLOGO. (hoja 11)

mática. No debemos, pues, aplicar indistintamente ¿á un idioma los principios, los términos, las analogías en que se resumen bien ó mal las prácticas de otro. Esta misma palabra 2dioma* esta diciendo que cada lengua tiene su genio, su fisonomía, sus giros; y mal desempeñaría su oficio el gramático que explicando la suya se limitara á lo que ella tuviese de común con otra, ó (todavía peor) que supusiera semejanzas donde no hubiese más que diferencias, y diferencias importantes, radicales. Una cosa es la gramática general, y otra la gramática de un idioma dado : una cosa comparar entre sí dos idiomas, y otra considerar un idioma como es en sí mismo. ¿Se trata, por ejemplo, de la conjugación del verbo castellano? Es preciso enumerar las formas que toma, y los significados y usos de cada forma, como si no hubiese en el mundo otra lengua que la castellana ; posición forzada respecto del niño, á quien se exponen las reglas de la sola lengua que estáá su alcance, la lengua nativa. Este es el punto de vista en que he procurado colocarme, y en el que ruego á las personas inteligentes, á cuyo juicio someto: mi trabajo, que procuren también colocarse, descartando, sobre todo, las reminiscencias del idioma latino. En España, como en otros paises de Europa, una admiracion excesiva á la lengua y literatura de los romanos dio un tipo latino á casi todas las producciones del ingenio. Era ésta una tendencia natural de los espíritus en la época de la restauración de las letras. La mitología pagana siguió suministrando imágenes y símbolos al poeta; y el período ciceroniano fue la norma de la elocución para los escritores elegantes. No era, pues, de extrañar que se sacasen del latín la nomenclatura y los cánones gramaticales de nuestroromance. Si como fue el latín el tipo ideal de los gramáticos, las circunstancias hubiesen dado esta preeminencia al griego, hubiéramos probablemente contado cinco casos. en nuestra declinación en lugar de seis, nuestros ” En griego peculiaridad, naturaleza propia, índole característica. (hoja 12)

PRÓLO 5u. I verbos hubieran tenido. no sólo voz pasiva, sino voz media, y no habrían faltado aoristos y paulo-post-futuros en la conjugación castellana *. (hoja 13)

Obederen. sin duda, los signos del pensamiento á ciertas leyes generales, que derivadas de aquellas á que está sujeto el pensamiento mismo, dominan á todas las lenguas y constituyen una gramática universal. Pero si se exceptúa la resolución del razonamiento en roposiciones, y de la proposición en sujeto y atributo; la existencia del sustantivo para expresar directamente los objetos, la del verbo para indicar los atributos y la de otras palabras que modifiquen y determinen á los sustantivos y verbos a fin de que, con un número limitado de unos y otros, puedan designarse todos los objetos posibles, no sólo reales sino intelectuales, y todos los atributos que percibamos ó imaginemos en ellos ; si exceptuamos esta armazón fundamental de las lenguas, no veo nada que estemos obligados á reconocer como ley universal de que á ninguna sea dado eximirse. El número de las partes de la oración pudiera ser mayor ó menor de lo que es en latín ó en las lenguas romances. El verbo pudiera tener géneros y el nombre tiempos. ¿Qué cosa más natural que la concordancia del verbo con el sujeto? Pues bien; en griego era no sólo permitido sino usual concertar el plural de los nombres neutros con el singular de los verbos. En el entendimiento dos negaciones se destruyen necesariamente una á otra, y así es también casi siempre en el habla ; sin que por eso deje de haber en castellano circunstancias en que dos negaciones no afirman. No debemos, pues, trasladar ligeramente las afecciones de las ideas á los accidentes de las palabras. Se ha errado no poco en filosofía suponiendo á la lengua un trasunto fiel del pensamiento; y esta misma exagerada suposición ha extraviado á la gramática en dirección contraria : unos argúían de la copia al original ; otros del original á la copia. En el lenguaje lo convencional y * Las declinaciones de los latinizantes me recuerdan el proceder artís. tico del pintor de hogaño, que, por parcecerse á los antiguos maestros, ponia golilla y ropilla á los personajes que retrataba. (hoja 13)

IV PRÓLOGO. (hoja 14)

arbitrario abraza mucho mas de lo que comúnmente se niensa. Es imposible que las creencias, los caprichos de la imaginación, y mil asociaciones casuales, no produjesen una grandísima discrepancia en los medios de que se valen las lenguas para manifestar lo que pasa en el alma; discrepancia que va siendo mayor y mayor 4 medida que se apartan de su común origen. (hoja 14)

Esto dispuesto á oir con docilidad las objeciones que se hagan á lo que en esta gramática pareciere nuevo ; aunque, si bien se mira, se hallará que en eso mismo algunas veces no innovo, sino restauro. La idea, por ejemplo, que yo doy de los casos en la declinación, es la antigua y genuina; y en atribuir la naturaleza de sustantivo al infinitivo, no hago más que desenvolver una idea perfectamente enunciada en Prisciano : « Vim nominis habet verbum infinitum ; dico enim bonum est legere, ut si dicam bona est lectio. » No he querido, sin embargo, apoyarme en autoridades, porque para mí la sola irrecusable en lo tocante á una lengua es la lengua misma. Yo no me creo autorizado para dividir lo que ella constantemente une, ni para identificar lo que ella distingue. No miro las analogías de otros idiomas sino como pruebas accesorias. Acepto las prácticas como la lengua las presenta; sin imaginarias elipsis, sin otras explicaciones que las que se reducen á ilustrar el uso por el uso. (hoja 14)

Tal ha sido mi lógica. En cuanto á los auxilios de que he procurado aprovecharme, debo citar especialmente las obras de la Academia española y la gramática de D. Vicente Salvá. He mirado esta última como el depósito más copioso de los modos de decir castellanos; como un libro que ninguno de los que aspiran á hablar y escribir correctamente nuestra lengua nativa debe dispensarse de leer y consultar á menudo. Soy también deudor de algunas ideas al ingenioso y docto D. Juan Antonio Puigblanch en las materias filológicas que toca por incidencia en sus Opúsculos. Ni fuera justo olvidar á Garcés, cuyo libro, aunque solo se considere como un glosario de voces y frases castellanas de los mejores tiempos, ilustradas con oportunos ejemplos, no creo que merezca el desdén con que hoy se le trata. (hoja 14)

PRÓLOGO. V Después de un trabajo tan importante como el de Salvá, lo único que me parecía echarse de menos era una teoría que exhibiese el sistema de la lengua en la generación y uso de sus inflexiones y en la estructura e sus oraciones, desembarazado de ciertas tradiciones latinas que de ninguna manera le cuadran. Pero cuando digo teoría no se crea que trato de especulaciones metafísicas. El señor Salvá reprueba con razón aquellas abstracciones ideológicas que, como las de un autor que cita, se alegan para legitimar lo que el uso proscribe. Yo huyo de ellas, no sólo cuando contradicen al uso, sino cuando se remontan sobre la mera práctica del lenguaje. La filosofía de la gramática la reduciría yo á representar el uso bajo las fórmulas más comprensivas y simples. Fundar estas fórmulas en otros procederes intelectuales que los que real y verdaderamente guían al uso, es un lujo que la gramática no ha menester. Pero los procederes intelectuales que real y verdaderamente le guían, ó en otros términos, el valor preciso de las inflexiones y las combinaciones de las palabras, es un objeto necesario de averiguación; y la gramática que lo pase por alto no desempeñará cumlidamente su oficio. Como el diccionario da el significado de las raices, á la gramática incumbe exponer el valor de las inflexiones y combinaciones, y no sólo el natural y primitivo, sino el secundario y el metafórico, siempre que hayan entrado en el uso general de la lengua. Este es el campo que privativamente deben abrazar las especulaciones gramaticales, y al mismo tiempo el límite que las circunscribe. Si alguna vez he pasado este límite, ha sido en brevisimas excursiones, cuando se trataba de discutir los alegados fundamentos ideológicos de una doctrina, ó cuando los accidentes gramaticales revelaban algún proceder mental curioso: trasgresiones, por otra parte, tan raras, que sería demasiado rigor calificarlas de importunas. (hoja 15)

Algunos han censurado esta gramática de difícil y oscura. En los establecimientos de Santiago que la han adoptado, se ha visto que esa dificuitad es mucho mayor para los que, preocupados por las doctrinas de otras gramáticas, se desdeñan de leer con atención la (hoja 15)

YI PRÓLOGO. (hoja 16)

mía y de familiarizarse con su lenguaje, que para los alumnos que forman por ella sus primeras nociones gramaticales. (hoja 16)

Es, por otra parte, una preocupación harto común la que nos hace creer llano y fácil el estudio de una lengua, hasta el grado en que es necesario para hablarla y escribirla correctamente. Hay en la gramática muchos puntos que no son accesibles á la inteligencia de la primera edad ; y por eso he juzgado conveniente dividirla en dos cursos, reducido el primero á las nociones menos difíciles y más indispensables, y extensivo el segundo á aquellas partes del idioma que piden un entendimiento algo ejercitado. Los he señalado con diverso tipo y comprendido los dos en un solo tratado, no sólo para evitar repeticiones, sino para proporcionar á los profesores del primer curso el auxilio de las explicaciones destinadas al segundo, si alguna vez las necesitaren. Greo, además, que esas explicaciones no serán enteramente inútiles á los principiantes, porque, a medida que adelanten, se les irán desvaneciendo gradualmente las dificultades que para entenderlas se les ofrezcan. Por este medio queda también al arbitrio de los profesores el añadir á las lecciones de la enseñanza rimaria todo aquello que de las del curso posterior es pareciere á propósito, según la capacidad y aproveehamiento de los alumnos. Én las notas al pie de las páginas llamo la atención á ciertas prácticas viciosas del habla popular de los americanos, para que se conozcan y eviten, y dilucido algunas doctrinas con observaciones que requieren el conocimiento de otras lenguas. Finalmente, en las notas que he colocado al fin del libro me extiendo sobre algunos puntos controvertibles, en que juzgué no estarían de más las expicaciones para satisfacer á los lectores instruidos. (hoja 16)

arecerá algunas veces que se han acumulado profusamente los ejemplos; pero sólo se ha hecho cuando se irataba de oponer la práctica de escritores acreditados á novedades viciosas, ó de discutir puntos controvertidos, ó de explicar ciertos procederes de la lengua á que creía no haberse prestado atención hasta ahora. He creido también que en una gramática nacional (hoja 16)

PRÓLOGO. VI no debían pasarse por alto ciertas formas y locuciones que han desaparecido de la lengua corriente; ya porque el poeta y aun el prosista no dejan de recurrir alguna vez á ellas, y ya porque su conocimiento es necesario para la perfecta inteligencia de las obras más estimadas de otras edades de la lengua. Era conveniente manifestar el uso impropio que algunos hacen de ellas, y los conceptos erróneos con que otros han querido explicarlas; y si soy yo el que ha padecido error, sirvan mis desaciertos de estimulo á escritores más competentes, para emprender el mismo trabajo con mejor suceso. (hoja 17)

No tengo la pretensión de escribir para los castellanos. Mis lecciones se dirigen á mis hermanos, los habitantes de Hispano-América. Juzgo importante la conservación de la lengua de nuestros padres en su posible pureza, como un medio providencial de comunicación y un vínculo de fraternidad entre las varias naciones de origen español derramadas sobre los dos continentes. Pero no es un purismo supersticioso lo que me atrevo á recomendarles. El adelantamiento prodigioso de todas las ciencias y las artes, la difusión de la cultura intelectual y las revoluciones políticas, piden cada día nuevos signos para expresar ideas nuevas, y la introducción de vocablos flamantes, tomados de las lenguas antiguas y extranjeras, ha dejado ya de ofendernos, cuando no es manifiestamente innecesaria, ó cuando no descubre la afectación y mal gusto de los que piensan engalanar así lo que escriben. Hay otro vicio peor, que es el prestar acepciones nuevas á las alabras y frases conocidas, multiplicando las anfiboogías de que por la variedad de significados de cada palabra adolecen más ó menos las lenguas todas, y acaso en mayor proporción las que más se cultivan, por el casi infinito número de ideas á que es preciso acomodar un número necesariamente limitado de signos. (hoja 17)

Pero el mayor mal de todos, y el que, si no se ataja, va 4 privarnos de las inapreciables ventajas de un lenguaje común, es la avenida de neologismos de construcción. que inunda y enturbia mucha parte de lo que se escribe en América, y alterando la estructura del idioma, (hoja 17)

I PRÓLOGO. (hoja 18)

tiende á convertirlo en una multitud de dialectos irreulares, licenciosos, bárbaros ; embriones de idiomas futuros, que durante una larga elaboración reproducirían en América lo que fue la Europa en el tenebroso eríodo de la corrupción del latín. Chile, el Peru, uenos-Aires, Méjico, hablarían cada uno su lengua, ó por mejor decir, varias lenguas, como sucede en España, Italia y Francia, donde dominan ciertos idiomas provinciales, pero viven á su lado otros varios, oponiendo estorbos á la difusión de las luces, á la ejecución de las leyes, á la administración del Estado, á la unidad nacional. Una lengua es como «un cuerpo viviente : su vitalidad no consiste en la constante identidad de elementos, sino en la regular uniformidad de las funciones que éstos ejercen, y de que proceden la forma y la índole que distinguen al todo. (hoja 18)

Sea que yo exagere ó no el peligro, él ha sido el principa- motivo que me ha inducido á componer esta obra, bajo tantos respectos superior á mis fuerzas. Los lectores inteligentes que me honren leyéndola con alguna atención, verán el cuidado que he puesto en demarcar, por decirlo así, los linderos que respeta el buen uso de nuestra lengua, en medio de la soltura y libertad de sus giros; señalando las corrupciones que más cunden hoy día, y manifestando la esencial diferencia que existe entre las construcciones castellanas y las extranjeras que se les asemejan hasta cierto punto, y que solemos imitar sin el debido discernimiento. o se crea que recomendando la conservación del castellano sea mi ánimo tachar de vicioso y espurio todo lo que es peculiar de los americanos. Hay ocuciones castizas que en la Península pasan hoy por anticuadas, y que subsisten tradicionalmente en Hispano-América. por qué proscribirlas? Si según la práctica general de los americanos es más analógica la conjugación de al gún verbo, ¿por qué razón hemos de preferir la que caprichosamente haya prevalecido en Castilla? Si de raíces castellanas hemos formado vocablos nuevos, según los procederes ordinarios de derivación que el castellano reconoce, y de que se ha servido y se sirve continuamente para aumentar su caudal, ¿qué motivos (hoja 18)

PROLOGO. IX hay para que nos avergoncemos de usarlos? Chile y Venezuela tienen tanto Ferecho como Aragón y Andalucía para que se toleren sus accidentales divergencias, cuando as patrocina la costumbre uniforme y auténtica de la gente educada. En ellas se peca mucho menos contra la pureza y corrección del lenguaje, que en las locuciones afrancesadas, de que no dejan de estar salpicadas hoy dia aun las obras más estimadas de los escritores peninsulares. He dado cuenta de mis principios, de mi plan y de mi objeto, y he reconocido, como era justo, mis obligaciones á los que me han precedido. Señalo rumbos no explorados, y es probable que no siempre haya hecho en ellos las observaciones necesarias para deducir generalidades exactas. Si todo lo que propongo de nuevo no pareciere aceptable, mi ambición quedará satisfecha con que alguna parte lo sea, y contribuya á la mejora de un ramo de enseñanza, que no es ciertamente el más lucido, pero es uno de los más necesarios. (hoja 19)

Textos de Karb and Sil, con licencia Creative Commons Reconocimiento 4.0 (CC BY 4.0): cópialo, compártelo y adáptalo citándonos. La Gramática de la lengua castellana de Andrés Bello (1847), la edición de 1905 con las notas de Rufino José Cuervo y sus portadas son de dominio público. Cada dato lleva su fuente entre corchetes; lo que es lectura nuestra, va marcado. Editor: Wordkers. Hecho a partir de nuestras notas de estudio; generado el 06/11/2026 16:46.