Capítulos XXIX a L: la oración (del t. I al t. II)
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Los capítulos
- Capítulo XXIX. Clasificación de las proposiciones, t. I, pág. 363
- Apéndice I. Construcciones en que el acusativo repite el significado del verbo, t. I, pág. 398
- Apéndice II. Construcciones anómalas del verbo ser, t. I, pág. 400
- Capítulo XXX. Concordancia, t. I, pág. 407
- Capítulo XXXI. Uso de los artículos, t. II, pág. 9
- Capítulo XXXII. Uso de la preposición á en el acusativo, t. II, pág. 25
- Capítulo XXXIII. Acusativo y dativo en los pronombres declinables, t. II, pág. 31
- Capítulo XXXIV. Casos terminales mí, ti, sí, t. II, pág. 65
- Capítulo XXXV. Ambigüedad que debe evitarse en el uso de varios pronombres, t. II, pág. 67
- Capítulo XXXVI. Frases notables en las cuales entran artículos y relativos, t. II, pág. 71
- Capítulo XXXVII. Grados de comparación, t. II, pág. 93
- Capítulo XXXVIII. Construcciones del relativo quien, t. II, pág. 105
- Capítulo XXXIX. Construcciones del relativo cuyo, t. II, pág. 109
- Capítulo XL. Construcción de los demostrativos tal y tanto, y de los relativos cual y cuanto, t. II, pág. 113
- Capítulo XLI. Compuestos del relativo con la terminación quiera ó quier, t. II, pág. 123
- Capítulo XLII. Uso de los relativos sinónimos, t. II, pág. 129
- Capítulo XLIII. Observaciones sobre algunos verbos de uso frecuente, t. II, pág. 139
- Capítulo XLIV. Usos notables de los derivados verbales, t. II, pág. 145
- Capítulo XLV. De las oraciones negativas, t. II, pág. 165
- Capítulo XLVI. Oraciones interrogativas, t. II, pág. 171
- Capítulo XLVII. Cláusulas distributivas, t. II, pág. 183
- Capítulo XLVIII. Cláusulas absolutas, t. II, pág. 189
- Capítulo XLIX. Preposiciones, t. II, pág. 193
- Apéndice. Régimen de las preposiciones, conjunciones é interjecciones, t. II, pág. 201
- Capítulo L. Observaciones sobre el uso de algunos adverbios, preposiciones y conjunciones, t. II, pág. 203
Capítulo XXIX. Clasificación de las proposiciones
- La proposicion es regular ó anomala. 323. Regular es la que consta de sujeto y atributo expresos ó que pueden facilmente suplirse. Los sujetos tácitos que pueden fácilmente suplirse son, ó los pronombres personales, ó los demostrativos el, ello, que reproducen, y á veces anuncian, un sustantivo cercano de su numero y genero. (t. I, pág. 363)
Serán, pues, proposiciones regulares: «Yo existo», ó simplemente «Existo»; «Ella vino» (indicando, por ejemplo, una mujer de que acaba de hablarse), ó simplemente «Vino». «Habiendo encontrado una resistencia que no esperaban, se replegaron los enemigos á un monte vecino»: la proposición subordinada que no esperaban es perfectamente regular, y su sujeto tacito ellos anuncia al sustantivo los enemigos de la proposicion subordinante. «Preferiria yo que viviésemos en el campo; pero no es posible»: en la segunda proposición el sujeto subentendido es ello, que reproduce la idea de vivir nosotros en el campo «No se sabe qué resolucion ha acordado el gobierno»: proposición perfectamente regular, á que sirve de sujeto la proposición interrogativa indirecta que resolucion, etc. Si anadiesemos pero presto se sabrá, serla tambien perfectamente regular esta proposicion, subentendiendose el sujeto ello, que reproduciria la misma interrogación indirecta. (t. I, pág. 363)
a. Sucede á menudo que se calla el verbo porque se subentiende el de una proposición cercana; «Vencio al pudor la liviandad; á la prudencia la locura»: vencio la locura. Fuera de este caso, el verbo que más ordinariamente se subentiende es ser t otro de los que se emplean para significar la existencia: «Hilaba la mujer para su esposo..... (t. I, pág. 364)
Acompanaba el jado del marido Mas veces en la hueste que en la cama: (t. I, pág. 364)
Sano le aventuró; vengole herido: (t. I, pág. 364)
Todas matronas, y ninguna, damax: (t. I, pág. 364)
QUEVEDO. (t. I, pág. 364)
Todas eran y ninguna era. (t. I, pág. 364)
b. La elipsis del verbo es frecuentisima en las exclamaciones: «¡Que insensatez confiar nuestra seguridad á la proteccion de una potencia extranjera!x qué insensatez era, ó es, ó seria, segun lo que pida el contexto. (t. I, pág. 364)
- Proposicion anómala ó irregular es la que carece de sujeto, no sólo porque no lo lleva expreso, sino porque segun el uso de la lengua, ó no puede tenerlo ó regularmente no lo tiene: «Hubo fiestas»; «Llueve á cántaros»; «Por el lado del Norte relampaguea». (t. I, pág. 364)
a. La proposición puede carecer de sujeto; de atributo, nunca; si no lo tiene expreso, hay siempre alguno que puede facilmente suplirse. 325. La proposición regular es transitiva ó intransttiva. (t. I, pág. 365)
- Transitiva, llamada tambien activa, es aquella en que el verbo está modificado por un acusativo. Cuando decimos que «el viento agita las olas», nos figuramos una acción que el viento ejecuta sobre las olas, y que pasa á ellas y las modifica: las olas es entonces un complemento acusativo, y la proposición se llama transitiva ó activa; denominaciones enteramente identicas. (t. I, pág. 365)
- Los caracteres de esta especie de complemento, ó las senales por las cuales podemos reconocerlo, son las que vamos á exponer. 1.° Es propio del verbo y de los tres derivados verbales, y se presenta á menudo bajo la forma de un caso complementario, que en el género masculino de singular es comunmente le ó lo, en el masculino de plural los, en el femenino de singular la, en el de plural las, en el género neutro lo: «Fui al puerto, á los arsenales, á la playa, á las huertas, y le ó lo, los, la, las encontre lleno, llenos, llena, llenas, de jente»; «Dijeronme que acababan de fusilar á unos cuantos, y que el pueblo habia querido impedirlo». 2.° Otras veces se presenta bajo la forma de un complemento sin preposición ó con la preposicion á: «A ti te buscaban, no á ellos»; «El Congreso da leyes»; «César venció á Pompeyoy; «Los romanos conquistaron la Galia»: «Es preciso remunerar el trabajo». (t. I, pág. 365)
3.° El acusativo de la construcción activa se convierte en sujeto de la construcción pasiva: «El viento agitaba las olas: las olas eran agitadas por el viento.» (t. I, pág. 366)
El acusativo es muchas veces un infinitivo, ó el anunciativo que, ó una oración interrogativa indirecta; y en ninguno de estos casos lleva preposición: «Apetezco descansar» (descansar es cosa apetecida por mi); «La Gaceta Oficial anuncia que el ejercito se retira á cuarteles de invierno» (que el ejercito se retira á cuarteles de invierno es anunciado por la Gaceta Oficial); «No sabemos qué novedad ha ocurrido» (que novedad ha ocurrido es cosa no sabida por nosotros). (t. I, pág. 366)
a. Hay ciertos verbos que rijen acusativo, y no se prestan, sin embargo, á la inversión pasiva, porque carecen de participio adjetivo. Tal es el verbo poder, cuyos acusativos son generalmente infinitivos, y á veces algun sustantivo de significado general; y asi se dice: «El avestruz no puede volar»; «No lo podemos todos todo»; sin que por eso se diga que el vo lar no es cosa podida por el avestruz, ó que no todo es podido por todos. Pero este es un puro accidente de la lengua (I). (t. I, pág. 366)
b. Hay tambien verbos que no construyendose regularmente con acusativo, se prestan, sin embargo, á la inversion pasiva por medio de un participio adjetivo: asi, aunque no puede decirse que el reo apelo la sentencia, sino de la sentencia, se llama sentencia apelada aquella contra la cual se interpuso la apelacion (véase 350, h.). (t. I, pág. 367)
- La proposicion regular que carece de complemento acusativo, se liama intransitiva, como xyo existox. (t. I, pág. 367)
Verbos que no suelen llevar acusativo sino en locuciones excepcionales, no admiten, por supuesto, en su uso ordinario sino construcciones intransitivas: tales son existir, estar, permanecer, nacer, morir, y muchisimos otros. Daseles el nombre de intransitivos ó neutros (2). Los que regularmente lo tienen se llaman transitivos ó activos. (t. I, pág. 367)
(1) La misma inversion de significado que en cosa podida hay en cosa posible. Lucrecio (hablando del cántaro de las Danaides, III, L.024) dió á posse la inflexión pasiva potestur: (t. I, pág. 367)
«Quod tamen expleri nulla ratione potestura. Donde potestur no está usado por potest, como algunos han querido, sino por fieri potest. (t. I, pág. 367)
(2) Esta segunda denominacion era muy propia en latin, donde habia verbos activos y pasivos, y verbos que no a. Son frecuentes las construcciones activas de acusativo y dativo: «El preceptor ensenaba la gramática á los ninos»; «Los trabajos dan á los hombres fortaleza»; «Una bella campina inspira ideas alegres al poeta»; «Los sitiadores interceptaron las provisiones á la ciudad»; «Le quitaron la vida»; «Les atribuyeron el delito», etc., etc. (t. I, pág. 367)
h. El dativo, como se ve en estos ejemplos, se presenta bajo dos fermas, la de un caso complementario dativo y la de un complemento con la preposicion á. (t. I, pág. 368)
c. Hay construcciones intransitivas de dativo: «Les lisonjea la popularidad de que gozan». No seria bien dicho los lisonjea. Y sin embargo, serla perfectamente aceptable la inversión pasiva: «Lisonjeados por la popularidad de», etc. Esta inversion no es una senal inequivoca de acusativo (327, b). 329. Los verbos activos pueden usarse y se usan á menudo como intransitivos, considerándose entonces la accion como un mero estado: (t. I, pág. 368)
por ejemplo, «El que ama, desea y teme, y por consiguiente padecex: cuatro verbos activos usados como intransitivos. (t. I, pág. 368)
a. Extrano parecerá que se considere á padecer como verbo activo, siendo la idea que con el significamos tan opuesta á lo que se llama vulgarmente acción. Pero es necesario tener entendido que la aceran uno ni otro, esto es, neutros. En las lenguas que carecen de verbos pasivos no debiera haberse dado el titulo de neutros á los intransitivos. (t. I, pág. 368)
ción y pasion gramaticales no tienen que ver con el significado, sino con la construcción de los verbos. Los hay, pues, que significan verdaderas acciones, y que, sin embargo, son neutros, como pelear; y los hay que denotan verdadera pasión, y que, sin embargo, son activos, como padecer, consistiendo todo en que á los primeros no podemos darles regularmente complementos acusativos, como lo hacemos de ordinario con los otros: padeces trabajos, dolores, calamidades (1). (t. I, pág. 369)
b. Hay tambien muchos neutros que accidentalmente dejan de serlo, formando construcciones activas. Asi, vespirar, primariamente intransitivo, porque ejercitándose la accion del verbo sobre un solo objeto, el aire, era superfluo expresarlo, desenvuelve casu suativo tácito, cuando se modifica ese objeto: respirar un aire puro, respirar el aire del campo; ó cuando real ó metaforicamente se ejerce la accion sobre otro diverso: respirar el gas carbonico, respirar venganza. (t. I, pág. 369)
Suspirar, en su sentido primitivo, es neutro, y con todo eso Lope de Vega lo ha empleado como activo en estos dulcisimos versos: (t. I, pág. 369)
«Pasaron ya los tiempos En que, lamiendo rosas, El cefiro bullia, Y suspiraba aromas» (2). (t. I, pág. 369)
(1) Por eso sucede á veces que á un verbo castellano activo corresponde en otras lenguas un verbo intransitivo, y reciprocamente. (t. I, pág. 369)
(2) Hay er todas las lenguas un movimiento continuo en que el verbo activo pasa á neutro y el neutro se con CXXIII c. Un mismo verbo puede regir unas veces acusativo de persona, y otras acusativo de cosa: xAristoles ensenaba la filosofia» (la filosofia era ensenada); «Las madres ensenaban á sus hijos» (los hijos eran ensenados); «La naturaleza inspira al poeta» (el poeta es inspirado); «La noche inspira ideas tristes» (ideas tristes son inspiradas). (t. I, pág. 369)
Dicese con el complemento acusativo vestir á una persona, vestir una cosa (cubrirla con algo que le sirva — vierte en activo; movimiento que se efectua por transiciones faciles y suaves en el habla comun, y de que los más correctos escritores se han aprovechado siempre para dar noyedad, fuerza ó gracia á la frase, como se ve en el ardebat A lexin de Virgilio, en el anhelare crudelitatem de Ciceron, en el nox est perpetua una dormienda de Catulo, en el garrire fabellas aniles de Horacio etc., etc. No tuvo, pues, razon Hermosilla para mirar estas transiciones como licencias que no se deben copceder ni aun á los poetas, y sienta un hecho inexacto cuando dice que ni Homero entre los griegos, ni Virgilio entre los latinos, ni los demas poetas de aquellas naciones, hicieron jamas transitivos los verbos neutros. Vease la Minerva del Brocense, libro III, capitulo III, Sanchez llega al extremo de negar absolutamente la existencia de verbos neutros, y sostiene que los asi llamados no se diferencian de los activos sino en que se calla de ordinario su acusativo porque es casi siempre uno mismo. Yo no me atreveria á decir tanto; pero es incontestable que la linea de separacion entre las dos clases no está fun lada en la naturaleza, esto es, en su significado (pues el verbo que en una lengua es transitivo puede no serlo en otra), ni en una misma lengua se mantiene fija: Quebrar, por ejemplo, que fue intransitivo en su origen, significando estallar (crepare), se ha vuelto activo, equivalente á romper, y apenas quedan vestigios de su primi como de vestido). Tal es el uso natural de vestir, y en el le acompana á menudo otro complemento, formado con de para demostrar el vestido ó lo que hace sus veces: (t. I, pág. 370)
«Dos meses há que pasó La Pascua, que por abril Viste bizarra los campos De felpas y de tabis.» (t. I, pág. 371)
(TIRSO DE MOLINA.) (t. I, pág. 371)
Pero transformase de todo punto la construcción cuando se dice: « Le vistieron una tunica de purpura»; el vestido es complemento acusativo, y la persona á quien se le pone, dativo. (t. I, pág. 371)
«Viste los prados matizada alfombra»: (t. I, pág. 371)
ahora el vestido es sujeto, y la cosa que lo lleva acusativo. «Por el hábito de San Pedro que visto, que es vuestra merced uno de los mas famosos caballeros.» (Cervantes); ahora, al contrario, el vestido (representado por que) es acusativo, y la persona que lo lleva sujeto. (t. I, pág. 371)
tiva significacion en la amistad que quiebra, la casa de comercio que quiebra, y en ciertos refranes, como la verdad adelgaza pero no quiebra. Por el contrario, caber, que antes era activo, significando contener, hoy se emplea regularmente en la significacion intransitiva de ser contenido. Cervantes lo usa de ambos modos: «Descubriendo la canasta, se manifesto una bota con hasta dos arrobas de vino, y un corcho que podia caber, sosegadamente y sin apremio, hasta una azumbre». «Se bebio (Don Quijote), de lo que no pudo caber en la alcuza y quedaba en la olla, casi media azumbre». (t. I, pág. 371)
Desnudar, en su construcción natural, era y es despojar á uno de sus ropas Pero tambien solia construirse con dativo de persona y acusativo de cosa: «Los vestidos se desouden Antes que de ahi se muden, O disparo.....» (t. I, pág. 372)
(Un bandolero DE LOPE DE VEGA.) El sujeto de desnuden es ellos (los caminantes); los vestidos es acusativo de cosa, y se dativo reflejo de persona. (t. I, pág. 372)
«Estremécense las aguas, Y los delfines por ellas Comienzan á dar indicios De la futura tormenta: (t. I, pág. 372)
Desnudose el sol sus rayos, Vistiose de nubes negras.» (LOPE DE VEGA.) (t. I, pág. 372)
Dicese cenir á uno de ó con algo, y cenirle á uno la espada, haciendo á la espada acusativo y á le dativo; y cenir espada por llevarla a la cinta, haciendo á la espada otra vez acusativo, y á la persona que la lleva sujeto. (t. I, pág. 372)
Cubrir á uno con una capa, cubrirle de ignominia, es la natural construccion activa de este verbo; pero en tiempo de Cervantes era todavia usado y elegante cubrirse una capa, ponersela, echarsela uno encima á si mismo: la capa acusativo, la persona sujeto y dativo reflejo «Se cubrió Don Quijote un herreruelo de pano pardo» (Cervantes). «No dió lugar para ello Mi seora dona Lucia, Que ya el manto se cubria.» (TIRSO). (t. I, pág. 372)
«Senora, cubrete un manto Y vente á palacio luego.» (t. I, pág. 373)
(Comedia antigua, citada por Clemencin). (t. I, pág. 373)
En obras de mayor antigüedad es mas frecuente esta construcción, como puede verse en el Amadis de Gaula, donde ocurren muchos ejemplos como estos: «Diéronle (á Amadis) una capa de escarlata que se cubriese», esto es, que se echase encima; «El rey (Lisuarte) le tomó por la mano (á Amadis), e hizole dar un manto que cubriese» (se calla el dativo reflejo se); «Diéronles (á Florestán y á don Galaor) sendos mantos, que cubrieron» (la misma elipsis); «Entrad, dijo ella (una doncella desconocida á don Galaor), y en entrando, hicieronle desarmar y cubrieronle un manto» (dativo de persona oblicuo, (1). (t. I, pág. 373)
(1) No lo acierta, á mi juicio, Clemencin cuando equipara esta construccion al helenismo de los latinos: Os humerosque Deo similis. Pruebase el complemento acusativo por la analogia de vestir á una persona una tunica y cenirle una espada, y por la correspondiente pasiva. Cervantes dice que «Monipodio traia cubierta (puesta, echada encima) una capa de bayeta». El mismo Clemencin ha citado este otro ejemplo; siba Lataru desarmado, y cubierto un rico manto»; donde cubierto no concierta con Lataru, sino con monta, la frase se traduciria literalmente en latin: « Ibat inermis et induto pallio»: decfase induere se pa lio e in. duere pallium, como cubrirse con una capa ó cubrir una capa. (t. I, pág. 373)
Descubrir se usaba de un modo semejante en lo antiguo, como se ve en este verso tan expresivo de la Gesta de Mio Cid: (t. I, pág. 373)
«¿Por qué me descubriestes las telas de corazon!» Asi dice el heroe á los infantes de Carrión, que habian (t. I, pág. 373)
Dicese que un objeto nos admira, poniendo en acusativo la persona que siente la admiración, y que admiramos un objeto, haciendo acusativo la cosa que produce este afecto, y que nos admiramos de un objeto, haciendonos en cierto modo agentes y pacientes de la admiracion, y despojando al objeto de ella del caracter de sujeto y de acusativo. (t. I, pág. 374)
Por estas muestras puede conocerse la variedad que en orden á las construcciones activas ha presentado y aun presenta la lengua, y la necesidad de estudiarlas en los diccionarios y en el uso de los autores correctos. (t. I, pág. 374)
Pero en esta materia no debe considerarse la lengua como tan encadenada por el uso actual, que no sea licito aventurar de cuando en cuando, con pulso y oportunidad, relaciones nuevas en el complemento acasativo. No hay motivo para que se prohiba á los escritores de nuestros dias lo que permitido á sus predecesores ha hermoseado el castellano, enriqueciendolo de construcciones elegantemente variadas. (t. I, pág. 374)
- La proposición regular transitiva se subdivide en oblicua, refleja y reciproca, segun lo sea el complemento acusativo. (t. I, pág. 374)
El complemento acusativo es oblicio cuando afrentado atrozmente á sus hijas: literalmente, cur mihi cordis involucra exuistis? (t. I, pág. 374)
Tirso de Molina forma caprichosamente el verbo deslutar, y lo construye de un modo analogo: (t. I, pág. 374)
«Deslutadle al sol la nochex, dice un caballero á una dama tapada: como si dijera, quitadle al sol esa noche que lo enluta. (t. I, pág. 374)
el sujeto del verbo no se identifica con el termino del complemento, como en «Dios manda que amemos á nuestros enemigos»; «Dios ha criado y conserva todas las cosas»: el sujeto Dios es distinto de la cosa mandada, y de las cosas criadas y conservadas. (t. I, pág. 375)
El complemento acusativo es reflejo cuando el sujeto del verbo y el termino del complemento son una misma persona ó cosa, como «Yo me visto»; la persona que viste y la persona vestida son identicas. (t. I, pág. 375)
En fin, el complemento acusativo es reciproco cuando el verbo tiene por sujeto dos ó más personas ó cosas, cada una de las cuales ejerce una accion sobre la otra ó las otras y la recibe de estas, significándose esta complexidad de acciones por un solo verbo, como en Pedro y Juan se aborrecen, ellos se miraban unos á otros. (t. I, pág. 375)
a. Como las formas pronominales reciprocas no se diferencian de las reflejas, ni las reflejas en la primera y segunda persona difieren de las oblicuas, suele ser conveniente, para evitar ambigüedad, duplicar el complemento bajo otra forma, anadiendo en el sentido reflejo la frase á mi mismo, á si mismno, etc., y en el reciproco la frase uno a otro, en el génerc y numero correspondientes; y otro tanto puede hacerse, aun cuando no hay peligro de ambigüedad, para dar mas fuerza á la expresión. «Ellos se aborrecen á si mismosx; presentase un mismo acusativo bajo dos formas, se, á si mismos; «Ellos se aborrecen unos á otros» ó «los unos a los otros», ofrece dos proposiciones, en la segunda de las cuales se calla el verbo: ellos se aborrecen; los unos (aborrecen) á los otros: se y á los otros son dos formas diferentes de un acusativo repetido. Determinase tambien el sentido reciproco por medio de adverbios: «Nosotros nos atormentamos mutuamente, reciprocamiente». (t. I, pág. 375)
b. En el sentido reflejo se suele tambien poner el adjetivo mismo con el nominativo: «Se educó el mismo»; «Horacio da admirables preceptos para conducirse uno mismo»: (Burgos). (t. I, pág. 376)
c. El dativo, como cualquier otro complemento, puede ser, no solo oblicuo, sino reflejo ó reciproco; «Me bebi media azumbre de vino»; «Se dieron de bofetadas unos á otros»; Se avergonzaba de si mismo»; «Me irrité contra mi mismo»; "Disputaban unos con otros?, ó los unos con los otros». Pero lo oblicuo, reflejo ó reciproco de la proposicion se determina por el acusativo. (t. I, pág. 376)
d. Pudiera alguna vez confundirse el dativo reflejo que suelen tomar muchos verbos, sin que aparezca necesitarlo el sentido, con el acusativo reflejo. Reconocese entonces el dativo por la presencia de un acusativo que no puede identificarse con él. Asi, en «Me temo que os enganeis», no puede dudarse que la cosa temida, que os enganeis, es el acusativo del verbo temer, el me, por consiguiente, es un dativo, y al parecer superfiuo, porque quitandolo, se diria sustancialmente lo mismo. Pero en realidad no lo es, porque con el se indica el interes de la persona que habla en el hecho de que se trata. De la misma manera, en «Se bebió dos azumbres de vino», sirve el se para dar a entender la buena disposicion, el apetito, la decidida voluntad del bebedor; por lo demás pudiera faltar. «Tu te lo sabes todo», pinta la presunción de saberlo todo, y de saberlo mejor que nadie: la ironla se percibiria menos omitiendo el te. «Aviso á mi senor que si me ha de llevar consigo, ha de ser con condición que el se lo ha de batallar todo», (Cervantes): sin el se no seria tan privativo de mi senor el batallar. Este dativo superfluo es muy digno de notarse por las expresivas modificaciones que suele dar al verbo. (t. I, pág. 376)
33l. En la proposición refleja, segun lo dicho, una misma persona es agente y paciente; pero hay varias especies de construcciones en que la reflexibilidad no pasa de lo material de la forma, ni ofrece al espiritu más que una sombra debil y obscura. Las llamaremos construcciones cuasi-reflejas, y entre ellas senalaremos en primer lugar aquellas con que solemos expresar diferentes emociones ó estados del alma, y en que el verbo es de suyo activo, y admite acusativos oblicuos, y el sujeto significa seres animados ó que nos representamos como tales, en singular ó plural, y en primera, segunda ó tercera persona. Cuando se dice; «La muerte nos espanta», «el peligro los acobarda», «el viento embraveció las olas», hay accion y pasión. Consideramos la muerte, el peligro, el viento, como seres activos que afectan al objeto designado por el acusativo oblicuo. Mas otra cosa es cuando se dice que «nos espantamos de la muerte», que «se acobardan á vista del peligro», que «las olas azotadas por el viento se embravecieron»: gramaticalmente parece decirse que el sujeto obra en si mismo produciendo el espanto, la cobardia, el embravecimiento; pero esta es una imagen fugaz que desaparece al instante, un simbolo con el cual enunciamos meramente la existencia de cierta emoción ó estado espiritual, verdadero ó metaforico, cuya causa real se indica por alguna expresión accesoria (de la muerte, á vista del peligro, azotadas por el viento). (t. I, pág. 377)
- Son muchos los verbos activos que se prestan á esta especie de construcciones cuasireflejas de toda persona: «Yo me alegros, Tu te irritas», « Ella se enfada», «Nosotros nos avergonzamos», «Vosotros os maravillais», «Ellos se horrorizan», «se amedrentan», sse regocijan», «se asombran», «se pasman». 333. Pero verbos hay que solo admiten acusativos reflejos, formando con ellos construcciones cuasi-reflejas de toda persona: « Me jacto», «Te desvergüenzas», «Se atreve», « Nos arrepentimos », « Os dignais», « Se quejan». Estos verbos se llaman reflejos ó pronominales, para distinguirlos de los verdaderos activos, que admiten acusativos de todas clases. El titulo que suele darseles de reciprocos es impropio, porque jamás significan recipro cidad, y lo que figuran obscuramente en fuerza de sus elementos materiales es una sombra de acción que el sujeto ejerce en si mismo. a. Es de creer que los verbos reflejos han sido originalmente activos, que se usaban con todo género de acusativos, y pasando á la construccion cuasi-refleja, se limitaron poco a poco a ella. Sabemos, por ejemplo, que jactar (jactare) se construia con acusativos oblicuos en latin (1). En Ruiz de Alarcon se encueutra: (t. I, pág. 378)
..... «Padres honrados. (t. I, pág. 379)
Si no de sangre, tuve, jenerosa: (t. I, pág. 379)
Que no jacto valor de mis pasados». (t. I, pág. 379)
De jactar el linaje se pasó á jactarse del linaje, como de admirar los edificios á admirarse de ellos, con la sola diferencia de que adinirar conserva hoy las dos construcciones, y en jactar solo es ya admisible la segunda. Asi, atreverse, que en el dia no se emplea sino como verbo reflejo, se usó hasta el siglo XVII como verdaderamente activo, significando alzar, levantar, y por una facil transicion, animar, alentar, dar valor u osadia. (t. I, pág. 379)
«Tu al fin, que en la tierra, Que apenas te sufre, No hai paz que no alteres. (t. I, pág. 379)
Ni honor que no enturbies, — (1) Quamvis pontica pinus, Silvæ filia nobilis, Jactes et genus et nomen inutile». (t. I, pág. 379)
Hoy verás que Dios Soberbias confunde, Que al cielo atrevlan Locas pesadumbres», (TIRSO.) (t. I, pág. 380)
esto es, levantaban locamente pesadas moles, aludiendo á la fabula de los Titanes, que poniendo montes sobre montes, pretendieron escalar el Olimpo. «No atrevi demostraciones Entonces, porque temia», (EL MISMO.) (t. I, pág. 380)
esto es, no anime, no esforce. (t. I, pág. 380)
«En resolucion, sabed Que si vos, como Faston, El pensamiento atreveis Al sol que adoro, esta espada», etc. (ALARCON.) (t. I, pág. 380)
- Hay asimismo muchos verbos ntransitivos ó neutros que son susceptibles de la construcción cuasi-refleja, v. gr., reirse, estarse, quedarse, morirse, etc. La construcción es entonces de toda persona, y refleja en la forma, porque el pronombre reflejo está en acusativo; pero la reflexividad no pasa de los elementos gramaticales, y no se presenta al espiritu sino de un modo sumamente fugaz y obscuro. a. Bien es verdad que si fijamos la consideración en la variedad de significados que suele dar á los verbos neutros el caso complementario reflejo, percibiremos cierto color de accion que el sujeto parece ejercer en si mismo. Estarse es permanecer voluntariamente en cierta situacion ó estado, como lo percibirá cualquiera comparando estas expresiones: «Estuvo escondido», y «Se estuvo escondido»; «Estaba en el campo», y «Se estaba en el campo». La misma diferencia aparece entre quedar y quedarse, ir é irse: «Mas parecia que le llevaban que no que el se ibax (Rivadeneira). Entrarse anade á entrar la idea de cierto conato o fuerza con que se vence algun estorbo: «A pesar de las guardias apostadas á la puerta, la gente se entraba». Lo mismo satirse: «Los presos salieron», enuncia sencillamente la salida, se salieron denotaria que lo habian hecho burlando la vigilancia de los guardias ó atropellandolas. «Se sale el agua de la vasijax en virtud de una fuerza inherente, que obra contra la materia destinada á contenerla; lo que por una de las mil transicciones á que se acomoda el lenguaje, se aplicó despues á la vasija misma, cuando deja escapar el liquido contenido, y en este sentido se dice que una pipa se sale. «Mi amo se sale, salese sin duda.—¿Y por donde se sale. Senoras? Haselo roto alguna parte de su cuerpo?— No se sale sino por la puerta de su locura; quiero decir, senor bachiller de mi ánima, que quiere salir otra vez á buscar aventuras» (Cervantes). Morirse no es morir, sino acercarse á la muerte. Nacerse es nacer espontaneamente, y se dice con propiedad de las plantas que brotan en la tierra sin preparacion ni cultivo: «Poco á poco nació en el pecho mio, No se de que raiz, como la yerba Que suele por si misma ella nacerse, Un incognito afecto»: (t. I, pág. 380)
(JAUREGUI.) (t. I, pág. 381)
Reir y reirse parecen diferenciarse muy poco; y sin embargo, ningun poeta diria que la naturaleza se rie, para dar á entender que se muestra placentera y risuena; al paso que, cuando se quiere expresar la idea de mofa ó desprecio, parece mas propia la construcción cuasi-refleja. (t. I, pág. 382)
«La codicia en las manos de la suerte Se arroja al mar, la ira á las espadas, Y la ambicion se rie de la muerte». (RIOJA.) (t. I, pág. 382)
El verbo ser, regularmente intransitivo, es de los que alguna vez se prestan á construccion cuasi-refleja de que estamos tratando. Con érase solian principiar los cuentos y consejas, formula parodiada por Gongora en su romancillo «Erase una vieja De gloriosa fama», y por Quevedo en el soneto «Erase un hombre a una nariz pegado». Me say parece significar soy de mio, soy por naturaleza, por condicion. (t. I, pág. 382)
«Mochachas, digo, que, viejas, harto me soy yo», esto es, harto vieja me soy. (t. I, pág. 382)
(LA CELESTINA.) (t. I, pág. 382)
«Asno se es de la cuna á la mortaja» (I), (1) Ha sido inadvertencia acentuar este se, como si perteneciese á saber, y se dijese asno se es por se que es asno: (t. I, pág. 382)
dice Rocinante, hablando de su amo en un soneto de Cervantes. Todavia es frase comun sea ó séase lo que se fuere. (t. I, pág. 383)
Tenemos, pues, construcciones regulares cuasireflejas de toda persona, formadas, ya por verbos ordinariamente activos, ya por verbos reflejos, ya por verbos neutros. (t. I, pág. 383)
- Otras construcciones regulares cuasireflejas son las de tercera persona, formadas con verbos ordinariamente activos; y por su uso frecuente puede decirse que pertenecen al proceder ordinario de la conjugación. Ellas invierten el significado del verbo, y lo hacen meramente pasivo: «Se admira la elocuencia», «Se apetecen las distinciones», «Se promulgaron sabias leyes», equivale á «La elocuencia es admirada», «Las distinciones son apetecidas», «Fueron promulgadas sabias leyes». De la reflexividad significada por los elementos gramaticales, la idea de accion se desvanece, y queda solamente la idea de pasión ó de modificacion recibida. (t. I, pág. 383)
a. He aqui, pues, un nuevo medio de comprobar la construcción seria durisima, á la vez que innecesaria, porque con asno es estaba dicho lo mismo y mas claro, y sin dettimento del verso: el hiato en iguales circunstancias no lo repugnarian los mas delicados versificadores. Cabalmente el mismo autor del Quijote habia dicho poco antes en otro soneto: (t. I, pág. 383)
«Necio el, dura ella, y vos no amantep. (t. I, pág. 383)
el complemento acusativo, porque si verse la casa es la pasiva de ver la casa convirtiendose el complemento en sujeto, poderse volar será de la misma manera la pasiva de poder volar. (t. I, pág. 384)
h. Esta construccion cuasi-refleja de tercera persona no debe usarse cuando hay peligro de que se confunda el sentido puramente pasivo con el reflejo: «Se cultiva el campo» no adolece de esta ambigüedad, porque el campo no puede cultivarse á si mismo; pero si el sujeto fuese un ser capaz de la acción significada por el verbo, la construccion ofreceria dos sentidos diversos, ó tal vez ofreceria naturalmente el reflejo. «Se miraban los reyes como superiores a la ley», pudiera significar ó que se miraban á si mismos ó que eran mirados, pero quiza mas naturalmente lo primero. «¡A cuántos trabajos y penalidades se sujetan los hombres por ese ruido vano que se llama gloria!» el sentido es exclusivamente reflejo. «La casa se estremecia con el sacudimiento de la tierra»; sentido pasivo. (t. I, pág. 384)
«Los espectadores de aquella escena sangrienta se estremecian de horror»: la construccion es aqui cuasi-refleja de toda persona, y se expresa con ella una emoción del alma, á que acompana tal vez algun movimiento corporeo, pero cuya verdadera causa ó ajente está en el complemento que modifica al verbo (331). (t. I, pág. 384)
c. La precedente analisis nos conduce á la clasificacion de los verbos. En rigor, es construccion activa toda la que consta de complemento acusativo, y verbo activo ó transitivo todo el que lleva un complemento de esta especie. Pero en este sentido serian muy contados los verbos á que no se pudiese dar este titulo. Clasificaremos, pues, los verbos bajo otro punto de vista más conveniente, para senalar los diferentes modos de usarlos. (t. I, pág. 384)
- Verbo activo ó transitivo es el que en su uso ordinario admite acusativos oblicuos, como ver, oir, amar, reflejo es el que lleva constantemente los acusativos complementarios reflejos me, nos, te, os, se, como jactarse, atreverse, arrepentirse, intransitivo ó neutro el que de ordinario no lleva acusativo alguno, ó solo ciertos acusativos en circunstancias particulares, como ser, estai, vivir. (t. I, pág. 385)
- Pasemos á las proposiciones irregulares ó anómalas. (t. I, pág. 385)
En ellas no se expresa ni se subentiende sujeto. (t. I, pág. 385)
Puede á la verdad en muchos casos suplirseles alguno; pero no es porque en el uso comun se piense en el. (t. I, pág. 385)
Las unas son intransitivas, ó si tienen acusativo es regularmente oblicuo; las otras son cuasi-reflejas. (t. I, pág. 385)
- A las primeras pertenecen las proposiciones en que figuran los verbos amanecer, anochecer, llover, lloviznar, nevar, granizar, tronar y otros, que en su significado natural no llevan ordinariamente sujeto, y que se suelen llamar impersonales, aunque tal vez les convendria mejor la denominacion de unipersonales, porque parecen referirse siempre á CXXIII una tercera persona de singular, bien que indeterminada. Hay en ellos á la verdad un sujeto envuelto, siempre uno mismo, es á saber, el tiempo, la atmosfera, Dios, u otro semejante, y de aqui es que se dice alguna vez «Amanecio Dios», «Amaneció el dia»; pero esta es más bien una locución excepcional, que no se emplea sino en muy limitados casos; el uso corriente es no poner á estos verbos sujeto alguno. a. Sin embargo, sacados de su significado natura pueden llevar sujeto: «Tronaba la artilleria»; «Su ojos relampagueaban»; «Sus palabras me helaron»; «Amanecimos á vista de tierra». (t. I, pág. 385)
b. Dijose «Llovió piedras», conservando la impersonalidad del verbo y dandole acusativo. Pero es más comun convertir este complemento en sujeto: «Sancho se puso tras su asno; y con el se defendia del pedrisco que sobre ellos llovia: (Cervantes). «Acudieron los mejicanos á Cortes, clamando sobre que no llovian sus Dioses»: (Solis). Dansele otras veces sujeto y acusativo juntamente: «Comenzaron los galeotes á llover tantas y tantas piedras sobre Don Quijote, que no se daba manos á cubrirse con la rodela»: (Cervantes). «La casa se llovla», es una locución usual cuasi-refleja. Y del uso activo de llover procedió naturalmente el participio pasivo, llovido, llovida. (t. I, pág. 386)
- Hay otros verbos que siendo de suyo activos ó neutros y conjugándose por todas las personas y numeros, pasan al uso impersonal. (t. I, pág. 386)
Asi, el temblor de tierra se expresa por el verbo temblar usado impersonalmente: «¿No sentis que tiembla?» Empléanse del mismo modo ser y estar: «Es temprano», «Es tarde», «Es de dia», «Está nublado», «Está todavia obscuro». (t. I, pág. 387)
- El verbo dar, aplicado á las horas, llevaba al principio sujeto y acusativo oblicuo: «Antes que el reloj diese las cuatro, ya yo tenia otras tantas libras de pan ensiladas en el cuerpo»: (don D. H. de Meudoza). Callóse el sujeto, que era siempre uno mismo, y el verbo se hizo impersonal con acusativo oblicuo: «De esta manera anduvimos hasta que dió las doce»: (El mismo). De aqui la pasiva: «Aun no eran dadas las ocho, cuando con vuestra merced encontré»: (El mismo). Deciase, pues, «ha dado las cuatro», no «han dado», como decimos hoy, convirtiendo el acusativo en sujeto (I). 34l. Con el verbo hacer usado impersonalmente se significaban las variaciones atmosfericas; «Hace frio», «Hlizo grandes calores en el mes de Enero». Hoy es comun convertir este acusativo en sujeto: «Hicieron grandes calores». Aplicado al trascurso del tiempo, rige que (1) En Chile, refiriendose á horas, se dice generalmente las han dado, las dieron, etc. «Han dado las cuatro?—No, pero luego las darán». Esta es una construcción impersonal de que hablaremos luego (344). (t. I, pág. 387)
anunciativo, que lleva envuelta la preposición de ó desde: «Hace algunos dias que le vi», ó callando el que: «Le vi algunos dias hacex. a. Encuentrase en nuestros clásicos tal cual pasaje en que hacer, aplicado al trascurso del tiempo, deja de ser impersonal, tomando el tiempo mismo por sujeto: «Hoy hacen, senor, segun mi cuenta, quince anos, un mes y cuatro dias que llegó á esta posada una senora en habito de peregrina»: (Cervantes). 342. El verbo pesar, significando una afeccion del ánimo, rige dativo de persona, y complemento de cosa con de: «Asi me pese de mis culpas como de haberle conocido»; «Harto les pesa de haber tratado con tanta confianza á un hombre tan falsos. Pero si la causa del pesar se expresa con un infinitivo, se puede omitir la preposición: «Me pesa haberte enojado»: pesar deja entonces de ser impersonal, y tiene por sujeto el infinitivo. (t. I, pág. 388)
- El de más uso entre los verbos impersonales es haber, aplicado á significar indirectamente la existencia de una cosa, que se pone en acusativo: «Hubo fiestas»; «Hay animales de maravillosos instintos»; frases que no se refieren jamás á un sujeto expreso. Decimos que por este medio se significa indirectamente la existencia, porque haber conserva su signifi cado natural de tener, y si sugiere la existencia del objeto que se pone en acusativo, es porque nos lo figuramos contenido en un sujeto vago, indeterminado, cuya idea se ofrece de un modo obscuro y fugaz al entendimiento, pero no tanto que no produzca efectos gramaticales, concordando con el verbo en tercera persona de singular, y rigiendo acusativo, como si se dijese: la ciudad tuvo fiestas, el mundo, la naturaleza, tiene animales, etc. (1). Que la cosa cuya existencia se significa está en acusativo lo prueba la necesidad del caso complementario de acusativo, cuando la representamos con el pronombre el: «Estaba anunciado un banquete, pero no fue posible que lo hubiesex; «Se creyó que habria frutas en abundancia, y en efecto las hubo»; «Hay magnificas perspec (I) En frances se senala este sujeto indeterminado con el proncmbre il que lo deja tan obscuro y vago como estaria sin el, y se le anade el adverbio y (alli), que es otro demostrativo igualmente indeterminado. En el castellano antiguo se agregaba tambien el adverbio hi (escrito muchas veces y) al impersonal haber, diciendose hi ha ó ha hi, de donde sin duda proviene que en el presente de indicativo el adverbio se haya pegado inseparablemente al verbo cuando este se usa para significar de un modo indirecto la existencia. El mismo oficio que los franceses á :l y dan los ingleses al adverbio there, y los italianos al adverbio vi: cosa notable; siempre una idea ó un signo obscuro, vago, indeterminado. (t. I, pág. 388)
tivas en la cordillera, y no las hay menos hermosas y variadas en los valles». Si el impersonal haber significara de suyo existir, seria la mayor de todas las anomalias poner las cosas existentes en acusativo (1). (t. I, pág. 390)
a. El impersonal haber se aplica frecuentemente al trascurso del tiempo: «No há mucho que vivia un hidalgo de los de lanza en astillero»; (Cervantes); ó callando el que anunciativo: «Vivia no ha mucho». Ha se acentua en este sentido, como en el precedente se dice hai por ha. (2). (t. I, pág. 390)
h. El impersonal haber se sirve de auxiliar á si mismo para la formacion de los tiempos compuestos, y asi se dice: «Hubiera habido graves desórdenes, si no hubiese habido tropas que los contuviesen». c. Los infinitivos y gerundios de los verbos impersonales comunican su impersonalidad á los verbos de que dependen: «Comienza á llover»; «Debió de (1) Es preciso corregir el vicio casi universal en Chile de convertir el acusativo en sujeto del impersonal haber: hwbieron fiestas, habran alborotos, habiamos alli cuarenta personas, (2) Otro vicio comunisimo en Chile, en este uso impersonal de haber, es el intercalar la preposición á antes del que: «Habian cuatro meses á que no le vefa.» Ademas de este yerro hay en esta frase el otro no menos chocante del plural habian. Choca no menos este uso de la preposición á en construcciones de hacer, aplicado al trascurso del tiempo: «Hacian algunas semanas á que aguardaba su Ilegada», donde tambien hubiera sido mejor hacia. (t. I, pág. 390)
haber graves causas para tan severas providencias»; no podria decirse debieron. (t. I, pág. 391)
- En las precedentes construcciones irregulares el verbo se halla siempre en la tercera persona del singular; hay otras aplicables á los verbos que significan actos propios de personas ó seres racionales: «Dicen que ha llegado una mala noticia»; «Temen que se declare la guerra»; «Anuncian la caida del ministerio»; «Cantan en la casa vecina»; construcciones, como se ve, ya intransitivas, ya transitivas y oblicuas. (t. I, pág. 391)
a. No vaya á creerse que se subentienda en ellas un sujeto plural, como algunos, porque se hace uso de estas construcciones aun cuando manifiestamente es uno el agente: asi, cantan en la casa vecina es una expresión muy castellana, aunque se perciba que es una sola persona la que canta. (t. I, pág. 391)
¡Que me matan! ¡Favor! Asi clamaba Una liebre infeliz que se miraba En las garras de un aguila sangrienta:» (SAMANIEGO.) (t. I, pág. 391)
«Pareciole á Don Quijote que ola la voz de Sancho Panza, y levantando la suya todo lo que pudo, dijo: ¿Quien se queja?—¿Quien se ha de quejar, respondieron, sino el asendereado de Sancho Panza, gobernador, por sus pecados y por su mala andanza, de la insula Barataria?» (t. I, pág. 391)
- Pasemos á las construcciones irregulares cuasi-reflejas, que son las que tienen el acusativo reflejo se, y pertenecen todas á la tercera persona del singular: se duerme, se canta, se baila: «Aqui se pelea por el caballo, alli por la espaday: (Cervantes). «Se escribe y compone en la actualidad bajo el yugo de un culteranismo de pésimo gusto, que ni siquiera es ingenioso y erudito como el de Gongora»: (Mora), «¿Y como se imita? Copiando:» (el mismo). El unico sujeto que se ofrece á la mente es la acción misma del verbo, como si dijéramos: se ejecuta el dormir, el cantar, el bailar, el pelear, el escribir, el componer, el imitar (I). Estas construcciones anómalas cuasi-reflejas de tercera persona se puede decir que entran en el proceder ordinario de la conjugación, porque son contados los verbos que no se construyen alguna vez de esta manera. Son reflejas en la forma, pasivas en su significado. a. Si el verbo es reflejo, no tiene cabida la construcción impersonal de que hablamos: se arrepiente, v. gr., se refiere siempre á un sujeto. b. Si el verbo es de los activos ó neutros que llevan á menudo acusativo reflejo, como acercar, moriz, reir, solo en circuntancias particulares que (1) «Cum dico curritur, cursus intelligitur, et sedetur sessio, et ambulatur ambulatio»: (Prisciano). Vease la Minerva del Brocense, lib. III, cap. I. (t. I, pág. 392)
remuevan todo peligro de ambigüedad podrá construirse de este modo: se acerca, por ejemplo, requiere sujeto. «Cuanto mas uno se acerca á la cumbre de un alto monte, menor es la densidad del aire y mas dificil la respiración». Pero se muere, se rie, pueden usarse impersonalmente, cuando un contraste determina el sentido. «Como se vive se muerex; «Aqui se llora y allá se rie». (t. I, pág. 393)
c. En el infinitivo todo verbo puede hacerse impersonal: «De nada sirve arrepentirse tarde». (t. I, pág. 393)
d. El verbo de construcción impersonal puede llevar su acostumbrado régimen: «Se pelea por el caballo»; «Se vive con zozobra»; «Se trata de un asunto importante». Pero aqui se ofrece una duda: ¿el complemento acusativo subsiste tal en la construccion impersonal cuasi-refleja, ó varia de naturaleza? Cuando decimos: «Se admira á los grandes hombres»; «Se colocó á las damas en un magnifico estrado» ¿debemos mirar estos complementos á los grandes hombres, á las damas, como verdaderos acusativos? Yo me inclino á creer que no: lo primero, per la modificacion de significado que esta construcción produce en el verbo: se admira es se siente admivacion; se coloca es se da colocacion; se alaba es se dan alabanzas; sentido que parece pedir mas bien dativo. Lo segundo, porque si el complemento tiene por término el demostrativo el, no le damos otras formas que las del dativo: «Se les admira» (á los grandes hombres); no se los admira (1). Lo tercere, (1) Es practica modernisima y que choca mucho se los admira. Ha nacido de asimilar nuestra locucion á la francesa on les admire, que es esencialmente diversa. Se les porque si el complemento lleva por término un nombre indeclinable, es de toda necesidad ponerle la preposicion á, que en el dativo de estos nombres no puede nunca omitirse, como puede en el acusativo; asi, ó decimos «Se desobedece á los preceptos de la ley divina», en construccion impersonal, ó «Se desobedecen los preceptos», en construccion regular, haciendo á los preceptos sujeto; pero no podemos decir «Se desobedece los preceptos». Contra esto puede alegarse que el verbo en la construcción impersonal pide las formas femeninas la las: «Se la trata con distinción»; «Se las coloco en los mejores asientos». Pero esta razon no es decisiva, porque la y las son formas que se emplean frecuentemente como dativos. De manera que la regla es emplear en la construcción impersonal como dativo el que en la construcción regular es acusativo, pero con la especialidad de preferirse la y las á le y les en el género femenino (I). (t. I, pág. 393)
ahorca, dice Salvá en el prologo de su Diccionario de la lengua castellana, sin embargo de que este autor mira á los como la terminación propia del acusativo masculino de plural de el. (t. I, pág. 394)
(1) No faltan, en la construcción impersonal de que se trata, ejemplos autorizados de le, les, femeninos: «No basta desagraviar la propiedad con la libertad de los cerramientos, si no se le reintegra de otras usurpacionesy: (Jovellanos). Pero no insistimos en ellos porque son raros y pudieran atribuirse á yerros de imprenta. El mismo Jovellanos ha dicho: «¿Donde podria la nobleza hallar un empleo digno de sus altas ideas, sino en las carreras que conducen á la reputacion y á la gloria? Asi se la ve correr ansiosamente á ellas», e. Si el término del complemento es de persona, se prefiere la construcción anómala cuasi-refleja, convirtiendo el acusativo en dativo: «Se invoca a los santos»; «Se honra á los valientes»; «Se nos calumnia»; «Se les lisonjea». Pero si el término es de cosa, la construccion que ordinariamente se emplea es la regular cuasi-refleja: «Se olvidan los beneficios»; «Se fertilizan los campos con el riego». «Se olvida á los beneficios» y «Se fertiliza á los campos», serian personificaciones durisimas; pero lo mas intolerable seria: «Se olvida los beneficios»; «Se fertiliza los campos» (I). Sin embargo, cuando el complemento de cosa tiene por termino el reproductivo et, es admisible en ciertos casos la construccion anómala: «Si en la fabula comica se amontonan muchos incidentes, y no se la reduce a una acción unica, la atención se distrae», (Moratin); mejor que y no se reduce, porque no se nos presentaria espontaneamente el sujeto tácito de reduce, y seria menester cierto esfuerzo de atención para encontrarle en el término de un complemento de la proposición anterior; cosa que debe en cuanto es posible evitarse, porque perjudica á la claridad. «Unas veces se ama la esclavitud, y otras se la aborrece como insoportable», (Olive): aqui no hay la misma razón, y hubiera sido mejor se aborrece. (t. I, pág. 394)
f. Resulta de lo dicho que la proposición irregular es unas veces intransitiva (llueve, relampaguea, pesame de su desgracia, cantan en la casa vecina), 6 — .(1) No debe imitarse al escritor moderno que ha dicho: «Supondrase flacos fundamentos á las más hidalgas resoluciones»: supondranse pide la lengua. (t. I, pág. 395)
transitiva con acusativo oblicuo (tres siglos hace que fue fundada la ciudad de Santiago, llueve piedras, hubo fiestas), y otras veces cuasi-refleja (se canta, se les recibio con distincion, se les admira) (I). (t. I, pág. 396)
g. Se admiran, aplicado á personas, no querria decir que estas son admiradas, sino que se admiran á si mismas, ó se admiran unas á otras, ó que se produce en ellas el sentimiento de admiración. Este tercer sentido es el mas obvio, y para que tuviese cabida el primero ó segundo, seria menester, casi siempre, anadir alguna modificacion á la frase: á si mnisitas, unas á otras, mnutuamente. (t. I, pág. 396)
h. En las construcciones cuasi-reflejas lleva el verbo las mismas modificaciones que en las correspondientes activas ó neutras, salvo las diferencias necesarias para la conversión de la frase: «Nos consolaba en aquella triste situacion una sola debil esperanza»; «Nos consolábamos en aquella triste sisituación con una sola», etc.; «Notamos gran diversidad entre las literaturas de los diversos tiempos y paises»; «Se nota gran diversidad», etc.; «Entramos (1) Construcciones parecidas á se les lisonjea, se les admira, no sé si se encuentran en escritores castellanos anteriores al siglo XVIII. De entonces acá se han ido frecuentando mas y más; en el reinado de Carlos III eran comparativamente raras; hoy se emplean á cada paso, y muchas veces sin necesidad. Al contrario, la construccion pasiva de participio adjctivo era de mucho mas uso en tiempo de Cervantes que ahora. (t. I, pág. 396)
Aqui notaremos qne en algunos paises de America se adulteran estas construcciones del modo mas absurdo, concertando al verbo con el término de su complemento: «Se azotaron á los delincuentes». (t. I, pág. 396)
facil y holgadamente por la puerta del vicio, pero no salimos por ella sino con mucho trabajo, y despues de duros combates»; «Se entra facil y holgadamente», etc., «pero se sale por ellax, etc. Solo hay que advertir que en estas conversiones no cabe modificativo alguno de los que miran directamente á un sujeto que se suprime, como lo hacen los predicados y los pronombres reproductivos. Asi, no porque se diga, «Vivimos felices», «Con dificultad deja el hombre las preocupaciones que en los primeros anos se le han infundido», se dirá en construccion diferente: «Se vive feliz», puesto que falta a feliz el sustantivo tácito de que era predicado; ni «Con dificultad se dejan las preocupaciones que en sus primeros anos se le han infundido», una vez que se suprime hombre á que se referian los pronombres sus y le. Seria preciso decir se vive felizmente en los primeros anos, ó en nuestros primeros afios, y se han ó se nos han. Pareceria superfluo advertir una cosa tan obvia, si no la viesemos algunas veces desatendida. En un escritor merecidamente estimado se lee: «No se está muy acorde acerca del origen del asonante» donde acorde es un predicado sin sujeto (1). (1) La causa de los extravios en el uso de las construcciones cuasi-reflejas es el mirarlas como un exacto trasunto de la frase francesa que principia por on (homme, hombre), verdadero sujeto del verbo. On voit dice literalmente hombre ve, y lo traducimos muy bien se ve, esto es, se ejecuta la accion de ver. Pero aunque se diga en frances on est content, haciendo á content predicado de on, no por eso diremos nosotros en el mismo sentido se está contento, porque siendo impersonal la construccien, no habria sujeto á (t. I, pág. 397)
Apéndice I. Construcciones en que el acusativo repite el significado del verbo
- Verbos que se usan como intransitivos toman á veces un acusativo que presenta el significado del verbo en abstracto, como en vivir una vida miserable, morir la muerte de los justos, pelear un renido combate. (t. I, pág. 398)
«Y como la hambre creciese, moria (yo) mala muerte»: (don D. H. de Mendoza)», «Arrullase dentro de si el alma y comienza á dormir aquel sueno veladorx: (Granada). «¿Qué nos aprovecha haber Havegado una muy larga y prospera navegacion, si al cabo nos perdemos en el puerto?»: (el mismo). a. Este acusativo, como lo manifiestan los ejemplos, debe llevar alguna modificacion que lo especique, porque sin eso seria del todo redundante. b. Si se dice vivir una vida miserable, dormir el sueno de la muerte, tambien podrá decirse, reproduciendo por medio de un relativo la expresión que pudiera servir de acusativo, «Es vida miserable la que vivimos», «El sueno que todos al fin dormiremos es el de la muerte»; «Es vida graciosa la que viven»; (Lazarillo de Tormes, por incierto autor). De aqui — quien pudiera referirse el predicado. Los traductores novicios cometen frecuentes galicismos poniendo se donde quiera que encuentran on. (t. I, pág. 398)
aquellas construcciones el vivir que vivimos, el comer que comemos, el velar que velamos, empleadas a veces por Cervantes y por otros escritores de la misma edad. (t. I, pág. 399)
c. Podemos tambien convertir este acusativo, por medio de un relativo, en sujeto de una construcción cuasi-refleja: «Esta misma vida que con tantos afanes y tribulaciones se vive, ¿que otra cosa es sino un recuerdo continuo y como un preludio de la muerte?» (t. I, pág. 399)
(Granada). Y no variara de caracter la construccion si paliamos el antecedente bajo la forma de un sustantivo neutro de significación general: «Esto mismo que se vive con tantos afanes y tribulaciones, ¿qué otra cosa es?» etc. (t. I, pág. 399)
«Vivió la vida de contento y gloria En que es placer lo mismo que se pena:» (t. I, pág. 399)
(MAURV.) (t. I, pág. 399)
En el primer verso la vida es acusativo de vivio, y en el segundo lo mismo que se pena (como si dijéramos el mismo penar que se pena) sirve de sujeto á es. d. Los gerundios precedidos de la preposicion en (unica que se construye con ellos) se prestan á una jocución de la misma especie: en saliendo que salgamos, en llegando que llegue. «Dijo Sancho como su senor, en trayendo que el le trajese buen despacho de la senora Dulcinea del Toboso, habia de ponerse en camino»: (Cervantes). El que representa á traer, envuelto en el gerundio, y lo hace acusativo de trajese por una construcción analoga al vivir que vivimos, pelear que peleamos. Parece haber algo de redundante en estas construcciones de gerundio; pero el pleonasmo no es enteramente ociose: en rayando el dia partiremos, significa inmediata sucesion de la partida al rayar: en rayando que raye el dia asevera la inmediacion. (t. I, pág. 399)
e. Hay otro modismo mucho mas usual, que puede tambien explicarse sin violencia por medjo de un acusativo que repite el significado del verbo: «Asi pienso llover, como pensar ahorcarme»: (Cervantes). «Asi lo creere yo, como creer que ahora es de dia»: (el mismo). Locuciones que, desenvueltos todos los elementos intelectuales, se convertirian en asi pienso el pensar llover, como el pensar ahorcar. me; asi creere yo el creer lo que mne dicen, como el creer que ahora es de dia. Como, conjuncion comparativa, debe enlazar dos elementos analogos, y no lo son pienso y pensar, creeré y creer. (t. I, pág. 400)
Apéndice II. Construcciones anómalas del verbo ser
a. El verbo ser se encuentra á menudo entre dos frascs sustantivas, una de las cuales se compone de un articulo sustantivo ó sustantivado que una proposición subordinada modifica: «Eso era lo que apetecias»; «Esta vieja casa es la que abrigo nuestra infancia», construccion normal, que en nada se desvia de las reglas comunes. (t. I, pág. 400)
Si el relativo que fuese precedido de preposicion, diriamos segun las mismas reglas: «Eso era lo á que con tanta ansia aspirabas»; «Esta vieja casa es la en que se abrigó nuestra infancia»; «Fue pequeno espacio el en que estuvo Transila desmayada, (Cervantes); «No son dias de fe los en que vivimos, (Alcalá Galiano). (t. I, pág. 400)
Pero esta construccion regular no es la que prefiere ordinariamente la lengua. El giro genial del castellano es anteponer la preposicion al articulo: «Infinitamente mas es á lo que se extiende este infinito poder», (Granada); por lo á que. «Si al pueblox, dice Lope de Vega, «En las comedias ha de darse gusto, Con lo que se consi que es lo mas justo»: por lo con que. «El estilo en que se expusiese la muerte del rey Agis en un asunto sacado de la historia de l.acedemonja, debe ser más conciso y energico que en el que se preseutase un argumento persa, como el de Artajerjes», (Martinez de la Rosa); por el en que. (t. I, pág. 401)
n. A la preposicion, el articulo y el relativo que puede sustituirse un adverbio cuando el sentido jo permite: « Esta vieja casa es donde se abrigó nuestra infancia»; «La hora de la adversidad es cuando se conocen los verdaderos amigos»; por la en que. Pero lo mas usual es contraponer de este mo lo dos adverbios ó dos complementos, ó un complemento á un adverbio: «Alli fué donde se edifico la ciudad de Cartago»; «Asi es como decaen y se aniquilan los imperios»; «A la libertad de la industria es á lo que debe atribuirse el prodigioso adelantamiento de las artes»; «A la hora de la adversidad es cuando se conocen los amigos?; transformacion CXXIII ~: (t. I, pág. 401)
notable en que adverbios y complementos hacen veces de sujetos y de predicados del verbo ser. c. A las anomalias que hemos notado (a, b), acompana á veces otra, y es que donde propiamente correspondia el neutro lo se pone un articulo sustantivado: «¿Es el raciocinio al que debemos el titulo glorioso de imagenes del Criador?» (Lista); al que es á el que, por á lo que. En efecto, preguntar si el raciocinio es al que... es lo mismo que preguntar si el raciocinio es el raciocinio á que: absurdo á que solo la incontestable autorización del uso ha podido dar pasaporte, obligandonos á entender el que en el sentido de lo que, la cosa á que. (t. I, pág. 402)
d. Pero hay casos en que esta sustitución del articulo sustantivado al articulo sustantivo adoleceria de ambigüedad. Por ejemplo: «La ambición desordenada es la que tantas revoluciones produce», significa propiamente que no toda ambición las produce, sino solo la desordenada: poniendo lo en lugar de la, seria muy diverso el sentido, porque de este modo se enunciaria que las revoluciones eran debidas á la ambición desordenada, excluyendo, no solo toda otra ambición, sino toda otra cosa. Si queriendo, pues, expresar esto ultimo hubiese peligro de ambiguedad, seria preciso emplear la palabra propia, que es el articulo sustantivo. Jovellanos dice: «Supuesta la igualdad de derechos, la desigualdad de condiciones tiene muy saludables efectos; ella es la que pone las diferentes clases del Estado en una dependencia necesaria y reciproca; ella es la que las une con los fuertes vinculos del interes; ella es la que llama las menos al lugur de las mas ricas y consideradas; ella, en fin, la que despierta e incita el interes personal». Si el autor quiso decir que la desigualdad de condiciones es la sola desigualdad que acarrea esos efectos, es propio el la; pero si se hubiese propuesto enunciar que la desigualdad de condiciones era lo unico que los acarreaba, lo hubiera sido la palabra propia. Y sin embargo, como este segundo concepto, que es el de Jovellanos, se manifiesta claramente de suyo, se acomoda más al genio de la lengua y suena mejor el la que el lo. En el ejemplo anterior de Lista se emplea el articulo sustantivado por el articulo sustantivo con la misma claridad y elegancia que en el anterior de Jovellanos. Cuando en lugar de el que, la que, los que, las que, referidos á seres personales ó personificados, se pone quien ó quienes, como ordinariamente se practica, no hay peligro de ambiglledad: «A quien corresponde repeler esta invasión corruptora es á la opinión», (Mora); el sentido excluye manifiestamente todo lo que no sea la opinión. (t. I, pág. 402)
e. La precedencia de la preposicion al articulo es particularmente notable cuando el articulo no precede inmediatamente al relativo: «A la maror cantidad de dinero que pueden alcanzar los costos de la obra, es á la suma de dos mil pesos». (t. I, pág. 403)
f. De lo que hasta aqui hemos dicho se sigue que podemos construir de tres modos: (t. I, pág. 403)
1.° Segun el orden gramatical comun, que consiste en contraponer dos frases sustantivas: «No son dias de fe los en que vivimos». (t. I, pág. 403)
2.° Contraponiendo á una expresión sustantiva un adverbio: «La zona torrida es donde ostenta la vegetacion toda su pompa y lozaniax. (t. I, pág. 403)
3.° Contraponien lo á una expresión sustantiva un complemento: «Lo mas á que puede aspirar un escritor es á que una obra suva tenga pocas faltas, mas no á que deje de tener algunas», (Puigblanch): « Lo primero en que se conoce que un autor escribe sin plan es en el titulo de la obra», (El P. Alvarado); «A la (paz) que esta composición de Juan de la Encina alude, es la que se celebró con Luis XII», (Martinez de la Rosu). (t. I, pág. 404)
4.° Contraponiendo dos complementos ó dos adverbios, ó un adverbio á un complemento: «. la libertad de in lustria es á la que....» «.Asi es como decaen.....» «A la hora de la adversidad es cuando.....» « De la mtyor riqueza que ellos se preciaban era de tenerme á mi por hiji»: (Cervantes). q. Estas variedades de construcción no son en todos casos igualmente aceptables; ni es posible dar reglis para su eleccion sin entrar en pormenores prolijos, que la atenta lectura de nuestros escritores haria innecesarios. (t. I, pág. 404)
h. De lo que si debe cuidarse mucho es de no imitar el giro que en la lengua francesa equivale al de las cons rucciones anomalas precedentes. Lo que caracteriza al primero es que en una de las expresiones contrapuestus se emplea el relativo que por si solo. Imitándole diriamos, por ejemplo: «No es en dias de se que vivimos?, «Alli fue que se edificó la ciudad», «A la libertad de la industria es que debe atribuirse.....», «A la hora de la adversidad es que se conocen....»: crudos galicismos con que se saborean algunos escritores sur-americanos. (t. I, pág. 404)
i. Si se contraponen dos adveroios ó dos complementos ó un complemento á un adverbio, el verbo ser toma siempre el numero singular: «A las ambiciones personales es á las que se deben tantas revoluciones desastrosas». Si, por el contrario, se contrapone un adverbio ó un complemento á una frase sustantiva, puede el verbo ser concordar con ella; pero el articulo sustantivo ó sustantivado del complemento ejercera cierta atraccion sobre el verco. (t. I, pág. 404)
«Las producciones agricolas son á las quex, ó es á lo que importa conceder mayores franquezas». (t. I, pág. 405)
Capítulo XXX. Concordancia
- La concordancia es la armonia que deben guardar entre si el adjetivo con el sustantivo, y el verbo con el sujeto. (t. I, pág. 407)
- Cuando el verbo se refiere á un solo sujeto, concuerda con el en numero y persona, y cuando el adjetivo se refiere á un solo sustantivo, concuerda con el en genero y numero: «Tu estás achacoso»; «La ciudad está desolada»; «Los campos están cultivados». (t. I, pág. 407)
a. En virtul de la figura llamada silepsis toma á veces el adjetivo el género que corresponde al sexo de la persona, cuando esta es designada por un sustantivo de genero diferente. (t. I, pág. 407)
«¿Ves esa repugnante criatura, Chato, pelon, sin dientes, estevado?» MORATIN. (t. I, pág. 407)
Chato, pelon, estevado conciertan con hombre, idea envuelta en criatura. (t. I, pág. 407)
Por silepsis concertamos siempre los titulos de merced senoria, excelencia, majestad, etc., con la terminacion adjetiva que es propia del sexo, excepto la que forma parte del mismo titulo, la cual concuerda con el: «Su Alteza Serenisima ha sido presentado á Su Majestad Catolica, que estaba muy deseoso de verlex. (t. I, pág. 407)
h. Otra aplicacion de la misma figura es á los colectivos de numero singular, los cuales pueden concertar con un adjetivo ó verbo en plural concurriendo dos requisitos: que el colectivo signifique colección de personas ó cosas de especie indeterminada, como numero, multitud, infinidad, gente, pueblo, y que el adjetivo ó verbo no forme una misma proposición con el colectivo. Faltaria, por ejemplo, el primer requisito, si se dijera: «Habiendo llegado el regimiento á des hora, no se les pudo proporcionar alojamiento»; porque vegimiento significa colección de personas de especie determinada, es á saber, de soldados: y por falta del segundo no seria permitido decir: «El pueblo amotinados», «La gente huyeron». Al contrarjo, reunidas ambas circunstancias, se diria bien: «Amotinóse la gente, pero á la primera descarga de la tropa huyeron despavoridos» (1). (t. I, pág. 408)
c. Sin embargo, cuando el colectivo es modificado por un complemento con de, que tiene por término las personas ó cosas de que consta el conjunto, designadas en plural, puede hacerse la concordancia en este numero, aunque el adjetivo ó verbo forme una misma proposicion con el singular colectivo: «Cubrian la ciudad por aquel lado una (I) Hoy disonaria mucho aquella concordancia de Don D. H. de Mendoza: «La gente salieron en publico.» (t. I, pág. 408)
especie de fortificasiones construidas á la ligerax; xRicla se admiró de que no hubiesen vuelto á la isla de la prision parte de aquellos que a las balsas se habian acogido»: (Cervantes). Concordancia que se extranará todavia menos, si el complemento está inmediato al verbo: «Considerable numero de los indios murieron», ó como dice Solis: «De los indios murieron considerable numero». (t. I, pág. 409)
Parte, resto, mitad, tercio, y otros sustantivos semejantes, pueden concertar con el verbo y con el adjetivo en plural: «Agolpose el populacho: parte venian sin armas, parte armados de punales»; «lban en el buque sesenta personas; la mitad perecieron». Parte, usado adverbiulmente (!), se construye con adjetivos de cualquier genero: «El terreno es, parte solido, parte arenisco»: (Minano). (t. I, pág. 409)
d. El sustantivo que, tan usado como colectivo en las exclamaciones y frecuentemente modificado por un complemento con de, se considera, para sus concordancias, como del mismo numero en que se halla el término de su complemento: «¦Que de pasiones nos arrastran impetuosas á miseros precipicios!» e. En virtud de la silepsis reproducimos en plural una idea que ha sido antes expresada en singular: «El portugues habia tenido razon de alabar el epitafio, en el escribir los cuales tiene gran primor la nación portuguesa»: (Cervantes). «Esfaba el estudiante comprando el asno donde los vendian»: (el mismo). «Aconsejole que no compre bestia de gitanos, porque aunque parezcan sanas y buenas, todas (1) En el significado del adverbio latino partim. (t. I, pág. 409)
son falsas y llenas de dolamas»: (el mismo). «Senor caballero, yo no tengo necesidad de que vuestra merced me vengue de ningun agravio, porque yo se tomar la venganza que me parece cuando se me hacen»: (el mismo). «Fué, pues, y confesó, y no negó, y padecio persccucion por la justicia, espero en Dios que está en el cielo, pues el Evangelio les llama bienaventurados», (don D. H. de Mendoza); les es los que padecen persecucion por la justicia. «Nunca dejo de porfiar para pasar adelante, perseverando en su honesto proposito por haberlo puesto en manos de Dios, que siempre los favorece», (Mateo Aleman): favorece los honestos propositos. Este genero de silepsis ocurre á cada paso en nuestros clasicos (I). f. Si el verbo ser se construye con dos nombres de los cuales el uno es sujeto y predicado el otro, se sigue por lo comun la regla general, concertándolo con el sujeto: «Aquellos desertores evan una gente desalmada»; «Trabajos y penalidades son la herencia del hombre». Pero el predicado que sigue al verbo ejerce á veces una especie de atraccion sobre el, comunicándole su numero; asi, en los dos ejemplos anteriores pudieran ponerse cra y es: «Figurósele á Don Quijote que la litera que vela eran andas»: (Cervantes). « Los encamisados eva gente medrosa y sin armas»: (el mismo). Concordancia que debe evitarse cuando el verbo es modificado por el adjetivo todo: «La vida del hombre es toda trabajos y penali (1) Cuando se reproduce en singular una idea expresada antes en plural, no hay propiamente silepsis, sino elipsis: «Se han discutido todas las opiniones, y ninguna ha sido adoptada»: ninguna de ellas. (t. I, pág. 410)
dadesx; «La visita fué toda cumplimientos y ceremonias»: (Solis). Las frases demostrativas y colectivas lo que, todo esto, aquello, todo, empleadas como sujetos, se avienen con cualquier numero, cuando el del predicado es plural: «Todo esto fucra flores de cantueso, si no tuviéramos que entender con yangueses y moros encantados»: (Cervantes). «Pudiera ser que lo que á ellos les parece mal, fuesen lunares, que á veces aumentan la hermosura del rostro»: (el mismo). (t. I, pág. 411)
J. Hay ciertos casos en que una misma frase contiene dos sustantivos diferentes, cada uno de los cuales puede considerarse como sujeto, y determinar, por consiguiente, la forma del verbo. Sucede asi en construcciones cuasi-reflejas, como se debe, se puede, combinadas con un infinitivo. Cervantes dice: «Una de las mas fermosas doncellas que se puede hallar», haciendo al infinitivo hallar sujeto de se puede, y al relativo que acusativo de hallar. Esta concordancia, sin embargo, aunque estrictamente gramatical, se usa poco: pueden hallarse seria mas conforme á la practica general, haciendo al que nominativo de pueden, y al se acusativo de hallar. (t. I, pág. 411)
«Se deben promulgar las leycs para que sean generalmente conocidas»: es admisible se debe en concordancia con el infinitivo, pero no tan usual como se deben en concordancia con las leyes. El singular del verbo presenta la promulgación como la cosa debida; el plural presenta las leyes como cosas que deben, que tienen necesidad de ser promulgadas. (t. I, pág. 411)
«Se quiere invertir los caudales publicos en proyectos quiméricos»: aqui, por el contrario, es más correcto y usual el singular. La razon es obvia: la inversion es la cosa que se quiere, que se desea; y diciendo se guieren, pareceria haber algo de impropio y ch cante er atribuir á los caudales publicos la voluntad, el deseo de ser invertidos. (t. I, pág. 411)
En general, la elección de sujeto, ó por consiguiente la concordancia, se determina por el sentido y ofrece poca dificultad. «Se piensa abrir caminos carreteros para todas las principales ciudades»: el plural es inadmisible; los caminos no piensan ser abiertos; abrirlos es la cosa pensada, el sujeto natural de la construccion cuasi-refleja de sentido pasivo se piensa. (t. I, pág. 412)
- Cuando el verbo se refiere á varjos sujetos ó el adjetivo á varios sustantivos, dominan las reglas generales siguientes: (t. I, pág. 412)
1.a Dos ó más sujetos equivalen á un sujeto en plural. (t. I, pág. 412)
2.a Dos ó más sustantivos de diferente género equivalen á un sustantivo plural masculino. 3.a En concurrencia de varias personas, la segunda es preferida á la tercera, y la primera á todas. (t. I, pág. 412)
Ejemplos: «La naturaleza y la fortuna le habian favorecido a competencia; pero tantos dones y prendas le fueron funestos». (t. I, pág. 412)
«Vosotros, ellas y yo nos vimos expuestos á un gran peligro»: vosotros, ellas y yo concuerdan con vimos, primera persona de plural, y consiguientemente son reproducidos por nos: expuestos, masculino, se refiere al masculino vosotros, al femenino ellas y al mascu lino ó femenino yo. Lo mismo sucederia si jos sujetos fuesen solo vosotras y jo, siendo yo masculino; pero si los sujetos fuesen sólo vosotros y cllas, seria preciso decir os visteis. (t. I, pág. 412)
a. Estas reglas generales estan sujetas á gran numero de excepciones. (t. I, pág. 413)
1.a Los nombres, en numero singular, de dos ó mas ideas que forman colectivamente una sola, equivalen á un so’o nombre en el mismo numero: «l.a legislación, lejos de temer, debe animar este flujo y reflujo del interes, sin el cual no puede crecer ni subsistir la agricultura» (Jovellanos); suelen en este caso los tales nombres llevar un solo demostrativo, «El flujo y el reflujo del mar son producidos por la atra cion de la luna y del sol»: aqui parece necesario el plural, porque llevando cada una de las ideas su articulo, no pueden ya coisiderarse como una sola. 2.a Dis ó mas demostrativos neutros se consideran como equivalentes á uno solo en numero singular. «Esto y lo que se temia de la tropa, precipito la resolucion del gobierno»: no sonaria bien precipitaron. Si con el neutro ó neutros esta mezclado un sustantivo masculino ó femenino, es admisible la concordancia en plural: «Lo escaso de la poblacion y la general desidia produce» ó «producen la miseria del pueblox. «Me entregué á la lectura de los autores que forman el principal depósito del habla castellana, sin que me retratesen de mi empeno ni lo voluminoso de algunos, ni lo abstracto de su ascetismo, ni la nimia profusion con que se suele engalanar una misma idea» (Salva). (t. I, pág. 413)
3.a Dos ó mas infinitivos, como neutros que son, concuerdan con un singular: «Madrugar, hacer ejer cicio, y comer moderadamente, es provechosisimo para la salud». Seria, con todo, mas aceptable esta concordancia si se pusiese al primer infinitivo y no a los otros el articulo, haciendo de todos ellos como una sola idea colectiva: «El madrugar, hacer ejercicio», etc. «Todo lo que dices, Cipion, entiendo; y cl decirlo tu y entenderlo yo me causa nueva admiración y maravilla» (Cervantes). Si se pusiese á cada infinitivo su articulo, me pareceria preferible el plural: «El madrugar, el hacer ejercicio, y el comer moderadamente, son provechosisimos para la salud». (t. I, pág. 413)
Diriamos asi, no que el conjunto de las tres cosas es provechoso, sino que cada una lo es. (t. I, pág. 414)
4.a Dos ó más proposiciones acarreadas por el anunciativo que, concuerdan en singular: «No es posible que se cometan crimenes impunemente, y que la sociedad prospere». Tanto menos se tolerarla son posibles, que las dos proposiciones subordinadas deben entenderse copulativamente. Pero aun sin esta circunstancia, y sin embargo de que lleve cada proposición su articulo, es de necesidad el singular: (t. I, pág. 414)
«El que los enemigos estuviesen á dos dias de marcha, y el que se les hubiese entregado sin resistencia la fortaleza, ha sido desmentido por avisos autenticos». Sujétanse á la misma regla las interrogaciones indirectas: «Quien haya sido el conductor de los pliegos y con que objeto haya venido, se ignorax. 5.a Ninguna de las dos excepciones precedentes halla cabida cuando el atributo de la proposicion significa reciprocidad: «Esto y lo que refiere la gaceta se contradicen»; «Holgazanear y aprender son incompatibles»; «Que el hombre sea libre y que haya de obedecer ciegamente á lo que se le manda, repugnan». (t. I, pág. 414)
6.a Las excepciones anteriores estan sujetas á otra limitación, y es, que si al verbo le sirve de predicado un sustantivo plural, no puede hacerse la concordancia sino en este numero; «Sentir y moverse son cualidades caracteristicas del animal»: «Quién haya sido...., y con que objeto..... son cosas que todavia se ignoran». (t. I, pág. 415)
7.a Si el verbo precede á varios sujetos singulares ligados por la conjuncion y, puede ponerse en plural ó concertar con el primero: «Causaron ó causó á todos admiracion la hora, la soledad, la voz y la destreza del que cantaba»: «Le vendrá el senorio y la gravedad como de perlas» (Cervantes). «Creció el numero de los enemigos y la fatiga de los espanoles» (Solis). «Crecieron al mismo tiempo el cultivo, el ganado errante y la población rusticax (Jovellanos). «Lamenta ahora estos males la piedad y la lealtad espanola» (Villanueva). Tal es la doctrina de Salvá, contraria á la de Clemencin, que reprueba como viciosa esta concordancia de Cervantes: Lo mismo confirmó Cardenio, don Fernando y sus camaradas». Pero observando con atencion el uso, se encontrará tal vez que estas dos autoridades son conciliables, aplicadas á diferentes casos: que si se habla de cosas rige la regla de Salvá, y si de personas la de Clemencin, «Acaudillaba la conjuración Bruto y Casio», «Llegó el gobernador y el alcalde», son frases que incurririan cuando menos en la nota de inelegantes y desalinadas. Lo cual se entiende si modificaciones peculiares no indican un verbo tacito, pues entonces el verbo expreso concierta con su respectivo sujeto, ya se hable de personas ó de cosas: «Dejose ver el gobernador, y á poco rato el alcalde»; «En llegando la ocasión. mandaba la ira, y á veces el miedo» (Solis). Se subentiende con á poco rato, se deje ver, y con á veces, mandala. Hay, pues, en tales casos dos ó mas proposiciones distintas, en cada una de las cuales el verbo esta ó se subentiende en el numero que por las reglas generales corresponde. Bien que aun entonces es admisible el plural, que lo reduce todo á una sola proposicion: (t. I, pág. 415)
«Ufanos (los habitantes de la isla gaditana) de que en su suelo hubi sen tenido la independencia espanola un asilo, la libertad su cuna», etc. (Alcala Galiuno). 8.a Concertar el verbo en singular con el ultimo de varios sujetos que le preceden, unidos por una conjuncion copulativa expresa, me parece una fita, aunque el culto y correcto Solis hava dicho; «La obligac:ón de redargüir á los primeros, y el deseo de conciliar a los segundos, nos ha detenido en buscar papeles». Semejante licencia debe reservarse á los poctas. (t. I, pág. 416)
D.in J. L. de Villanueva dice: «La evidencia de la razón y la justicia de la causa fue para aquellos ciegos voluntarios un nuevo estimulo que redoblo su encono co tra la luzx: fue es aqui perfectamente admisible por la atraccion que en ciertos casos ejerce el predicado sobre el verbo (348 f.). (t. I, pág. 416)
9.a Aun cuando los sujetos no esten ligados sino con una conjun ion copulativa tacita, es incontestablemente preferible el plural, siempre que preceden al verbo: «El si sieg, el lugar apacible, la amenidad de los campos, la serenidad de los cielos, el murmurar de las fuentes, la quietud del espiritu, son grande parte para que las musas más esteriles se muestren fecundass (Cervantes). A menos que el ultimo sujeto sea como una recapitulacion de los otros: «Las flores, los árboles, las aguas, las aves, la naturaleza toda parecia regocijarse saludando al nuevo dia»; «La soledad, el sitio, la obscuridad, el ruido del agua con el susurro de las hojas, todo causaba horror y espanto» (Cervantes). (t. I, pág. 416)
10.a La conjuncion copulativa ni sigue reglas particulares. Si todos los sujetos son expresamente ligados por ella, el verbo (sea que preceda ó siga) concierta con el sujeto que lo lleva, ó se pone en plural: «Ni la indigencia en que vivia, ni los insultos de sus enemigos, ni la injusticia de sus conciudadanos le abatieron» ó xle abatio»; «No le abatieron» ó xle abati ni la indigencia en que vivia, ni», etc.; bien que, sin disputa, es preferible el plural cuando preceden los sujetos al verbo. Pero si con el primero de ellos se pone no y con los otros ni, el verbo (que en este caso sigue al no) concierta con el primer sujeto, y con los otros se subentiende; «No le abatió la indigencia en que vivia, ni», etc. (t. I, pág. 417)
I1.a Colocado el verbo entre varios sujetos, determina su forma singular ó plural el sujeto con el cual está expreso: «La causa de Dios nos lleva, y la de nuestro rey, á conquistar regiones no conocidas» (Solis). (t. I, pág. 417)
12.a Sujetos singulares, enlazados por la conjunción disyuntiva ó, parecen pedir el singular del verbo, sea que le precedan ó sigan: «Moviole la ambicion ó la ira»; «La ambicion ó la ira le movió». Esto seria rigurosamente logico, porque movieron indicaria dos acciones distintas, y el sentido supone una sola. Pero el uso permite el plural, aun prece CXXIII diendo el verbo: «Movieronle la ambición ó la iras; y si los sustantivos preceden, no solo permite, sino casi exije este numero: «La ambición ó la ira le movieron». Cuando no todos los sujetos son singulares, lo mejor será siempre poner el verbo en plural, junto con el sujeto del mismo numero: «La fragata ó los dos bergantines hicieron la presax; «¦Hicieron la presa los dos bergantines ó la fragata?» No siendo asi, quedará de todos modos descontento el oido, salvo que se anuncie la disyuntiva desde el principio: «Ora le hubiese valido en aquel lance la destreza ó las fuerzas.» (t. I, pág. 417)
13.a Si un sustantivo singular está ligado inmediatamente á otro por medio de con, como, tanto como, asi como, deben considerarse todos ellos como sujetos, y regir el plural del verbo: «La madre con el hijoy, ó «tanto la madre como el hijo fueron arrojados à las llamas». Mas para el recto uso del plural es menester que los sustantivos esten inmediatamente enlazados: «El reo fue sentenciado á cuatro anos de presidio cen todos sus complices», no fueron. (t. I, pág. 418)
14.a El adjetivo que especifica á varios sustantivos precediendoles, concuerda con el que inmediatamente le sigue: «Su magnanimidad y valor», «La conservación y aumento de la republica», «Su distinguido mérito y servicios», «Su extremada hermosura y talento», «Su grande clocuencia y conocimientos». Si la intención fuese modificar con el adjetivo al primer sustantivo solo, seria menester decir, repitiendo el pronombre: «Su extremada hermosura y su talento», «Su grande clocuencia y sus conocimientos». (t. I, pág. 418)
Está recibido que los mismos, los dichos, los referidos, y otros adjetivos de significacion semejante, precedidos de un articulo definido, puedan concertar en plural con una serie subsiguiente de sustantivos, aunque el primero de ellos esté en singular: «Los mismos Antonio Perez y hermanos», «Las referidas hija y madre», «Los susodichos auto interlocutorio y sentencia definitiva». Con dichos puede siempre callarse el articulo: «Dichos principe y princesax, La regla anterior se extiende á todo adjetivo precedido del articulo ó de un pronombre demostrativo ó posesivo, con tal que los sustantivos siguientes scan nombres propios de persona ó cosa, ó apelativos de persona: «Las oprimidas Palestina y Siria»; «Estas desventuradas hija y madre»; «Sus venerables padre y abuelos». Mas para que no disuene esta practica, es menester que si los sustantivos son de diferente género, preceda el masculino y se ponga en el mismo genero: «Los oprimidos Egipto y Palestinax; á menos que los sustantivos sean nombres propios de persona: «Los susodichos Juana y Pedro»; «Los magnanimos Isabel y Fernando». (t. I, pág. 419)
- Es conveniente la repeticion de los adjetivos siempre que los varios sustantivos expresan ideas que no tienen afinidad entre si, como «El tiempo y el cuidado», «El consejo y las armas», «El entendimiento y el valor de los hombres», «Gran saber y grande elocuencia». Asi lo hace á menudo Solis, que iucurrió a veces en el extremo contrario, repitiendo los pronombres y los otros modificativos con el solo objeto de hacer mas numeroso el periodo. (t. I, pág. 419)
16.a Si ocurre un mismo sustantivo, expreso y ta cito, bajo diserentes modificaciones, es indispensable que se ponga en plural ó que se repita el articulo: «El ejercito de Venezuela y de Nueva Granada» significaria un solo ejercito formado por Venezuela y Nueva Granada. Para dar a entender que son dos, seria necesario decir: «Los ejercitos de Venezuela y de Nueva Granada», ó «El ejercito de Venezuela y el de Nueva Granada». Y aun no es exactamente identico el significado de estas dos expresiones, porque en rigor podrian designarse con la primera varios ejercitos, á cada uno de los cuales hubiesen contribuido ambas republicas; al paso que con la segunda se significaria precisamente que las dos republicas habian levantado cada una el suyo. La sinonimia seria completa entre « Los embajadores ingles y frances», y «El embajador ingles y el frances». 17.a El adjetivo que especifica á varios sustantivos singulares precedentes, todos de un mismo género, debe ponerse en plural: «Presuncion y osadla inexcusables». Si son de diverso genero los sustantivos singulares precedentes, concierta el adjetivo con el más inmediato, ó se pone en plural masculino: «Talento y habilidad extremada» ó xextremados »: la segunda construcción, aunque menos usual, es indisputablemente mas lógica, y por tanto mas clara. (t. I, pág. 419)
Si el adjetivo especifica varios sustantivos plurales precedentes, se le suele concertar en género con el inmediato: « Talentos y habilidades varas»; yo, sin embargo, preferiria raros. En fin, si el adjetivo especifica sustantivos precedentes de diverso numero y genero, y el ultimo es plural, se acostumbra concordarle con este: «Ejercito y milicias desorganizadas»; pero si el ultimo es singular, se pone el adjetivo en la terminación plural masculina: «Milicias y ejercito desorganizados»; «Almacenes y maestranza desprovistos». En todos estos casos seria vo de opinión que se observasen las reglas generales, como lo hacen los escritores franceses en su lengua, que debe á este rigor logico la precisión y claridad que la caracterizan. 18.a Siendo en parte diferentes los atributos, debe el verbo concertar con el sujeto que lo lleva expreso: «Era solemne y numeroso el acompanamiento, y pacifico el color de los adornos y las plumas»: (Solis). Hay aqui dos sujetos, el acompanamiento y el color, pero á cada uno de ellos corresponde un atributo diferente en parte: Era solemne y numeroso, era pacifico. Era concierta con acompanamiento, que lo lleva expreso; y no diriamos eran, aunque en el segundo miembro se dijese y pacificos los colores. Este segundo miembro es una proposición distinta, en que se calla el verbo, porque la proposición anterior lo sugiere. (t. I, pág. 420)
Puede notarse como innecesaria la repeticion del articulo en los adornos y las plumas, que tienen aqui una afinidad evidente. Pero la verdad es que aun suprimiendo el las no seria del todo correcta la frase, porque adornos comprende á plumas. Debió decirse las plumas y demás adornos, aunque sonase menos armoniosa la clausula. (t. I, pág. 421)
19.a Si precede el verbo á un adjetivo singular que modifica varios sustantivos siguientes, se pone en singular ó plural: «Se alababas ó «Se alababan su magnanimidad y constancia»; « Se requeriax ó «Se requerian mucha firmeza y valor»; ¿Que se ha hechox ó «¿Qué se han hecho aquella encantadora afabilidad y agrado? » Pero si el verbo viene despues ó si le acompana un predicado, debe preferirse el plural: «Su firmeza y valor le granjeavon la admiracion de todos»: « Parecian como vinculados en su familia cl valor y virtud de sus antepasados». Yo, sin embargo, me inclinaria á preferir el plural en ambos casos, segun las reglas generales. (t. I, pág. 421)
20.a Se sienta como regla que los pronombres reproductivos y los predicados que se refieren á dos ó mas sustantivos se pongan en el plural semenino, si el sustantivo mas proximo es de los mismos genero y numero; pero á pesar del respeto que merecen los escritores que asi lo prescriben y practican, yo miraria como construcciones no solo legitimas sino preferibles las de Jovellanos: «El pudor, la caridad, la buena se, la decencia, y todas las virtudes, y todos los principios de sana moral, y todas las maximas de noble y buena educacion, son abiertamente conculcados», no conculcadas; «Cerrados para ellos sus casas y pueblos», no cerradas: y me sonaria mal «Dos pendones y cuarenta banderas que habian sido tomadas al enemigo», en vez de tomados, «Habla perdido los empleos y haciendas, y se le intimó que se abstuviese de reclamarlas», en vez de reclamarlos. (t. I, pág. 422)
21.a El que adjetivo, que (sustantivándose) reproduce varios sustantivos, sigue las reglas generales: « Su circunspección, su juicio, su incorruptible probidad, que tan senalados habian sido en la vida privada, brillaron con nuevo lustre», etc. Circunspeccion, juicio, probidad son simultáneamente reproducidos por el que, el cual debe por tanto considerarse como plural y masculino, conforme á las reglas primera y segunda, y por eso concuerda con habian y senalados. «Habia hecho servicios, habia manifestado una integridad, que le recomendaban para los mas altos empleos»: si se pusiera vecomendaba, parecerla que la recomendación recaia sobre la integridad, y no sobre los servicios. (t. I, pág. 422)
Hay con todo en el uso de los relativos un caso que pudiera dar lugar á duda. ¿Se debe decir «yo soy el que lo afirma», ó «el que lo afirmo?» «Tu eres quien me ha vendido», ó «quien me has vendido?» La primera concordancia me parece la mas conforme á la razon, porque el que ó quien es el hombre que ó la persona que, y sustituyendo estas ultimas frases, seria sin duda menos propio afirmo, has. Pero es preciso confesar que ambos estan autorizados por el uso: «Yo soy el que, como el gusano de seda, me fabrique la casa en que muriese»: (Cervantes). «Yo soy el que me halle presente á las sinrazones de don Fernando, y el que aguardó á oir el si, que de ser su esposa pronunció Lucinda»: (el mismo). Yo, sin embargo, preferiria decididamente la tercera persona se fabrico, se halle: en la variedad de usos debe preferirse el más logico. No milita la misma razón en «aqui estoy yo que lo sostengo»; donde, aunque algunos digan sostiene, debe preferirse sin disputa la primera persona, porque el relativo no hace mas que reproducir al yo (I). (t. I, pág. 423)
(I) En escritores distinguidos se encuentran, de cuando en cuando, concordancias parecidas a estas: « El libro de Job es uno de los mas sublimes poemas que jamas se compuso »: construccion absurda: es evidente que el relativo no reproduce á uno (porque eso seria decir que el libro de Job fue un poema que jamás se compuso), sino á (t. I, pág. 423)
22.a Uno de los caprichos mas inexplicables de la lengua es el empleo del indefinido un y del adjetivo medio (en estas terminaciones masculinas) con nombres propios femeninos de ciudades: «¿Quien diria que en un Segovia no se encuentra una buena posada»? « Lo ha visto medio Sevilla ». Esta anomalia (como observa don Vicente Salvá) se halla de tal modo canonizada por el uso, que no se sufriria la terminacion regular una ó media. (t. I, pág. 424)
Se podria dudar si el sustantivo modificado de esta manera por un ó medio pide la terminación masculina ó la femenina en los predicados que se refieran á el. ¿Deberá decirse «medio Granada fue consumido por las llamas», ó fue consumida ?» A mi me parece que el sustantivo en estos modismos pierde su género natural y pasa al masculino, y que por tanto hubiera una especie de inconsecuencia en la terminación semenina del predicado. (t. I, pág. 424)
23.a El adjetivo mismo puede usarse de un modo semejante, como observó don Juan Antonio Puigblanch; pues tanto en la Peninsula como en América se dice corrientemente el mismo Barcelona, ó Barcelona mismo, sin que por eso deje de usarse tambien la terminación regular en este caso. Cuando la preposición en tiene por termino un los más sublimes poemas, sustantivo plura! que no puede menos de concordar en el mismo numero con el verbo cuyo sujeto es. Cervantes dijo: « Sancho Panza es uno de los más graciosos escuderos que jamás sirvió á caballero andante». Pero ejemplos de esta especie son raros en escritores de nota, y no creo que deban prevalecer contra las reglas generales y el sentido comun. (t. I, pág. 424)
nombre propio de lugar, es permitido construir el complemento con la terminacion masculina mismo: « En Zaragoza ónismo», « En Espana mismo»; salvo que el término lleve articulo, porque entonces el adjetivo mismo debe concertar con el articulo: «En el mismo Peru», «En la Espana misma ». La terminacion masculina que le damos con los complementos de lugar en que el trmino carece de articulo, proviene de que los equiparamos á los adverbios demostrativos, con los cuales es sabido que la construimos á menudo: Alli mismo, entonces mismno, ahora mismo, manana mismto, hoy mismo, asi mismo. Misino, en estas construcciones, se adverbializa, modificando complementos ó adverbios, y se hace por consiguiente indeclinable. (t. I, pág. 425)
24.? Otra particularidad notable, que tambien está en contradicción con las leyes de la concordancia, es el convertirla en regimen, haciendo del sustantivo un complemento con la preposicion de, como cuando decimos el bribon de fulano, ¡infelices de nosotros!, ¡pobre de ti!, lo que sólo suele hacerse con adjetivos que significan compasión, desprecio, vituperio, y particularmente en las exclamaciones y vocativos: (t. I, pág. 425)
«Muda, muda de intento, Simplecilla de ti, que no te entiendes.» (t. I, pág. 425)
(JAUREGUI.) (t. I, pág. 425)
El adjetivo poco solia usarse de la misma manera: « Una poca de sal», «Unos pocos de soldados». Y quizá no debe mirarse como enteramente anticuado este modismo. (t. I, pág. 425)
25.a En fin, hay ciertas frases autorizadas por el uso, en que es permitido, aunque no necesario, contravenir á las reglas generales de la toncordancia: « Le hago saber a vuestra merced que con la Santa Hermandad no hay usar de caballerias; que po se le da á ella, por cuantos caballeros andantes hay, dos maravedis», (Cervantes); da por dan. Es preciso seguir en esta parte el uso de los buenos escritores y hablistas. (t. I, pág. 425)
b. Esta materia de concordancias es de las mas dificiles para el que se proponga reducir el uso á canones precisos, que se limiten á representarlo fielmente. En caso de duda debe estarse á las reglas generales. Propender á ellas es contribuir á la mejora de la lengua en las cualidades esenciales de conexion logica, exactitud y claridad. Algunas de sus libertades merecen mas bien el titulo de licencias, originadas del notorio descuido de los escritores castellanos en una época que ha dejado producciones admirables por la fecundidad y la elevacion del ingenjo, pero pocos modelos de correccion gramatical. Es necesario tambien hacer diferencia entre las concesiones que exige el poeta, y las leyes severas á que debe sujetarse la prosa. (t. I, pág. 426)
FIN DEL TOMO PRIMERO (t. I, pág. 426)
Capítulo XXXI. Uso de los artículos
a. El articulo indefinido da á veces una fuerza particular al nombre con que se junta. Decir que alguien es holgazan no es más que atribuirle este vicio; pero decir que es un holgazán es atribufrse. lo como cualidad principal y caracteristica: «Serian ellos unos necios si otra cosa pensasens; unos hombres principal y caracteristicamente necios. Alguno suele usarse de la misma manera: Ahcra digo que no ha sido sabio el autor de mi historia, sino algln ignorante hablador»: (Cervantes). b. Otras veces por medio del articulo indefinido aludimos enfáticamente á cualidades conocidas de la cosa ó persona de que se trata: « Todo un Amazonas era necesarlo para llevar al Océano las vertientes de tan vastas y tan elevadas cordilleras». «Echaron de ver la borrasca que se les aparejabi, habiendo de haberlas con un rey de Francla» (Coloma); «A pesar de haber confiado el gobierno de la ciudad á un Conde de Tendilla, espejo de caballeros, tan generoso y clemente en la paz, como bizarro en los combates; á un Fr. Fernando de Talavera, cuyo nombre recuerda la caridad y CXXIX mansedumbre de les primitivos apóstoles», etc. (Martinez de la Rosa). (t. II, pág. 9)
c. Se usa el indefinido uno significando alguna persona ó persona alguna, es decir, sustantivado: «Es dificil que uno se acostumbre á tantas incomodidades». Y se suele entonces aludir á la primera persona de singular: «No puede uno degradarse hasta ese punto», es un modo enfático de decir no puedo. Si la que habla es mujer, lo más corriente es decir una: «Tiene una que acomodarse á sus circunstancias»; «Y entonces ¿que ha de hacer una?» (Moratin). (t. II, pág. 10)
d. Antiguamente solia decirse hombre en el sentido de uno por una persona: «El principio de la salud es conccer honbre la dolencia del enfermo», (La Celestina); «Peor extremo es dejarse hombre caer de su merccimiento, que ponerse en más alto lugar que debe», (la misma). (t. II, pág. 10)
«El no marayillarse hombre de nada Me parece, Boscán, ser una cosa Muy propia á darnos vida descansada»: (t. II, pág. 10)
(D. H. DE MENDOZA) (1). (t. II, pág. 10)
Usóse, y todavia se usa, de la misma manera persona; pero solo en oraciones negativas: «Quitóse la venda, recenoció el lugar donde le dejaron, (1) Este hombre ocurre casi siempre como sujeto de un infinitivo en circustancias en que hoy no acostumbra ponersele sujeto alguno (E). (t. II, pág. 10)
Todas las ediciones que he tenido á la vista dicen no acostumbra ponersele; pero parcce que habria sido. mejor decir no se acostumbra ponerle.--N, del C. (t. II, pág. 10)
miró á todas partes, no vió á personas: (Cervantes). «Una noche se salieron del lugar sin que persona los viese»: (el mismo). «No quedó persona á vida». (t. II, pág. 11)
e. Cuando se sustantiva uno, reproduciendo un sustantivo precedente, no debe usarse la forma apocopada un: «Hay en la ciudad muchos templos, y entre ellos uno suntuosisimo de mármob; «Entre los vestidos que se le presentaron, eligió uno muy ricoy. Un rico es siempre un hombre rico; un campesino, un hombre del campo. Tengo, pues, por incorrecta la expresión de don F. J. de Burgos, que hablando de dos ratones, dice: «A un ratón de ciudad un campesino, Su amigo y camarada, Recibió un diax. (t. II, pág. 11)
Era preciso decir como Samaniego: (t. II, pág. 11)
«Un ratn cortesano Convidó con un modo muy urbano A un ratón campesino (1). (t. II, pág. 11)
f. Unos, unas da un sentido de pura aproximacion al numero cardinal con que se junta: «Componian la flota unos cuarenta bajeless; esto es, poco más ó menos cuarenta. (t. II, pág. 11)
g. Empléase á veces el singular uno, una por el articulo definido, y entonces comunica cierta enfasis al sustantivo: «Esta conducta es muy (1) Y como Horacio: «Rusticus urbanum murem musy, propia de un hombre de honor»; «Una mujer prudente se porta con más recato y circunspeccións. h. Los nombres propios de personas, y en general de seres animados, como Alejandro, Cesar, Rocinante, Mizifuf, no admiten de ordinario el articulo definido; y esto aunque les precedan titulos, como San, Santo, Santa, don, dona, fray, frey, sor, monsieur, monsenor, mister, madama. sir, mitord, milady; pero lo llevan senor y senora, y todo calificativo antepuesto: San Pedro, Santo Tomas, Fray Bartolomé de las Casas, Sor Juana Inés de la Cruz, el senor Martinez de la Rosa, la senora Avellaneda, el emperador Alejandro, el rey Luis Felipe, el atrevido Carlos XII, el truidor Judas, la poetisa Corina, el bachiller Sanson Carrasco, la fabulosa dona Jimena Gomez. Los epitetos y apodos, que se usan como distintivos y caracteristicos de ciertas personas, á cuyo mombre propio se posponen, requieren el articulo: Carlos et Temerario, don Fernando el Emplazado, Juan Palomeque el Zurdo; bien que el uso tiene establecido lo contrarlo en Magno y Pio: Alberto Magno, Ludovico Pio. En los sobrenombres que de las provincias conquistadas se daban á los generales romapos, es más usual, aunque no necesario, suprimir el articulo: Escipión Africano ó el A fricano. (t. II, pág. 11)
Santo, Santa, como titulo de los canonizados que celebra la Iglesia, rechaza el articulo: Santo Domingo, Santa Teresa, pero es costumbre darlo á los del Antiguo Testamento que no tienen rezo eclesiástico: el Santo Job, el Santo Tobias. Dicese lord ó lady tal, y el lord ó la lady cual, aunque mejor sin articulo. Pero si el titulo pertenece al empleo, es necesario el articulo: el lord Canciller, los lores del Almirantazgo. (t. II, pág. 12)
i. Siguen la regla de los nombres propios los apellidos y patronimicos empleados como propios, verbigracia, Virgilio, Ciceron, Cervantes, Mariana, Lucrecia, Virginia; bien que, como en castellano el apellido ó patronimico no varia de terminacion para el sexo femenino, es preciso suplir esta falta por medio del articulo: «la González», «la Pérez», «la Osorio». Imitando á los italjanos decimos el Petrarca, el Ariosto, el Tasso; pero estos tres celebres poetas y el Dante son los tnicos á que solemos poner el articulo, pues no careceria de afectación el Maquiavelo, el Alfieri (tratándose de los autores y no de una colección de sus obras); y aun en el Dante imitamos mal á los italianos, que no juntan el articulo con este nombre propio, sino con el apellido Alighieri. (t. II, pág. 13)
j. Fuera de estos, hay casos en que, asi como empleamos el indefinido para dar á entender que se trata de individuos desconocidos, empleamos el definido para designar repetida y alternativamente dos ó tres individuos de que ya se ha hecho mención: «Vuesa merced me parece, Señor juez, que aqui ha venido Contra ciertos delincuentes.— Si, senor, un don Alonso De Tordoya, y un Luis Pérez. (t. II, pág. 13)
Contra el don Alonso es Por haber dado la muerte», etc. (t. II, pág. 13)
(CALBERóN.) (t. II, pág. 13)
«En Florencia, ciudad rica y famosa de Italia, vivian Anselmo y Lotario, dos caballeros ricos. y principales: el Anselmo era más inclinado á los pasatiempos amorosos que el Lotario, al cual llevaban tras si los de la caza»: (Cervantes). (t. II, pág. 14)
Mas, aun fuera de este caso, suele agregarse el articulo definido á nombres propios de hombres y mujeres, y la demostración que entonces lleva es del estilo familiar y festivo: (t. II, pág. 14)
«Con don Gil he de casarme, Que es un brinquillo el don Gil.» (t. II, pág. 14)
(TIRSO DE MOLINA.) (t. II, pág. 14)
«Es, senor, como una plata La Hipolita » (t. II, pág. 14)
(CALDERóN) (1). (t. II, pág. 14)
k. En general, los nombres propios de naciones ó paises de alguna extensión pueden usarse: con articulo ó sin el, al paso que los de ciudades, villas y aldeas lo rehusan. Pero las excepciones son numerosas. Algunos, como Venezuela, Chile, no lo admiten; y en este caso se hallan los de naciones ó paises que tienen capitales homonimas, como Méjico, Quito, Murcia. Al contrario, hay ciertos nombres de naciones, paises, ciudades y aldeas, que ordinariamente lo llevan: el Japon, el Brasil, el Peru, el Cairo, la Meca, el Ferrol, la Habana, el Callao, la Guaira, el Toboso (2). (t. II, pág. 14)
(1) No creo que hay motivo de reprobar el artfculo definido que se junta casi siempre con los nombres propios de mujer en algunas partes de la America: la Juanita, la Isabel, la Dolores, (2) Véase la nota XV. (t. II, pág. 14)
En orden á aquellos que pueden usarse con ó sin articulo, lo más corriente es que cuando hacen el oficio de sujetos lo lleven ó no, y en los demás casos no lo lleven; pero hagan ó no de sujetos, es elegante el articulo cuando se alude á la extensión, poder ó otras circunstancias de las que pertenecen al todo. Diráse, pues, con propiedad que «Espana ó la Espana es abundante de todo lo necesario á la vida»; que uno «viene de Rusia», ó «ha estado en Alemania», ó «ha corrido la Francia». El articulo redundaria si se dijera «El embajador de la Francia presentó sus credenciales al Emperadop», porque se trata aqui de una ocurrencia ordinaria, y no hay para qué aludir al poder y dignidad de la nación francesa; pero seria muy propio y llevaria enfasis si se dijera: «El embajador se quejó de no haber sido tratado con las distinciones debidas á un representante de la Francia». (t. II, pág. 15)
I. Los nombres propios de mares, rios y lagos llevan de ordinario el articulo; el Océano, el Támesis, el Ladoga. Los que son de suyo adjetivos no lo dejan nunca, como el Mediterraneo, el Paci fico; los otros si, particularmente en poesia: «Mas yo sé bien el sueno con que Horacio Antes el mismo Romulo, me ensena Que llevar versos al antiguo Lacio Fuera lo mismo que á los bosques lena, Y trastornar en Betis ó en Ibero Una vasija de agua muy pequena.» (t. II, pág. 15)
(L. DE ARGENSOLA.) (t. II, pág. 15)
m. Los nombres propios de montes llevanordinariamente el articulo; pero pueden tambien omitirlo en verso: (t. II, pág. 15)
«Moncayo, como suele, ya descubre Coronada de nieve la alta frente.» (L. DE ARGENSOLA.) (t. II, pág. 16)
excepto los que son de suyo apelativos, et Pan de Aaucar, la Silla; y los nombres plurales de cordilleras, v. gr., los Alpes, los Andes, que nunca lo dejan. (t. II, pág. 16)
n. Ciertos nombres abstractos (como naturaleza, fortuna, amor), que tomándose en un sentido general deberian llevar el articulo definido, lo deponen á veces por una especje de personificación poética: (t. II, pág. 16)
«Muchos hay en el mundo que han llegado A la enganosa alteza de esta vida, Que Fortuna los ha siempre ayudado, Y dándoles la mano á la subidas, etc. (ERCILLA.) (t. II, pág. 16)
n. A esta misma licencia poetica se prestan los nombres de las estaciones: (t. II, pág. 16)
«Sale del polo frio Invierno yerto», etc. (t. II, pág. 16)
(FRANCISCO DE LA TORRE.) (t. II, pág. 16)
y los nombres de vientos, como Boreas, Noto, brego, Aquiton, Ciergo, Favonio, Zefiro, Solano, etc.; bien que la mayor parte de estos tienen el valor de propios, por haberlo sido de los dioses ó genios á quienes se atribuian los fenómenos de la naturaleza. (t. II, pág. 16)
o. Los de los meses se usan en prosa sin articulo, á menos que se empleen metaforicamente ó que se contraigan á determinadas épocas ó lugares, como en «el Abril de la vida», «el Octubre de aquel anos, «el Diciembre de Chile»; pero en verso, aun sin salir de su significado primario, pueden construirse con el articulo: (t. II, pág. 16)
«Dulce vecino de la verde selva, Huesped eterno del abril florido.» (t. II, pág. 17)
(VILLEGAS.) (t. II, pág. 17)
p. Por regla general todo sustantivo á que precede un modificativo toma el articulo, aunque sea de los que en otras circunstancias lo excluyen: «El todopoderoso Dioss, «La guerrera Espartas, "La ambiciosa Roma», «El alegre Mayo». Pero no deben confundirse con los epitetos aquellos adjctivos (generalmente participios) con los cuales se puede subentender el gerundio siendo ó estando, como en «Demasjado corrompida Cartago para resistir á las armas romanas, pidió al fin la paz». Asi es que no se colocan estos adjetivos entre el articulo (cuando lo hay) y el sustantivo: «Sojuzgada la China por los tártaros, conservó sus costumbres y leyes»; «Llena de riqueza y de vicios la poderosa Roma, dobló su cuello al despotismo». q. Lo que se ha dicho de los nombres propios en cuanto á llevar ó no articulo, se entiende mientras conservan el caracter de tales, porque sucede á veces que los hacemos apelativos, ya trasladándolos de un individuo á otro para significar semejanza, como cuando decimos que xRacine es el Euripides de la Francia», ó que «Paris es la Atenas moderna»; ya imaginando multiplicados los individuos, y dando por consiguiente plural á sus nombres, como en «Atenas fue madre de los Temistocles, los Pericles, los Demóstenes»; ya alterando totalmente su significado, como cuando un Virgilio significa un ejemplar de las obras del poeta mantuano, ó cuando se habla de una Venus designando una estatua de esta diosa. Convertido asi el nombre propio en apelativo, ó se toma en un sentido determinado ó no, y en consecuencia lleva ó no el articulo definido, y si es de aquellos que en su significado primario lo tienen, en el traslaticio indeterminado lo pierde ó lo cambia por el indefinido. Asi, de un pais abundante en metales preciosos se dice que es un Peru; y traduciendo un dicho célebre de Luis XIV, diriamos «Ya no hay Pirineos», que es como si, valiendonos de un nombre apelativo ordinario, dijésemos «Ya no hay fronteras entre la Espana y la Francja». (t. II, pág. 17)
r. Respecto de los apelativos, la regla general es que en el sentido determinado ¦¦even el articulo definido; pero no siempre es asi: « la estado en palacio», «No ha vuelto á casa» (I), son frases corrientes, en que palacio y casa designan cosas determinadas. A veces el ponerse ó no el articulo depende de la preposicin anterior: «Traducir en castellanco, «Traducir al castellano». Seria nunca acabar si hubiesemos de exponer todas las locuciones especiales en que, con una leve variación de significado ó de construcción, toma ó no un (1) La apócone familiar á cas de, en cas de, pasa por anticuada en la Penipsula, doude se usó por lo menos hasta la edad de Calderón, como se ve en sus comedias; pero subsiste en América. (t. II, pág. 18)
sustantivo el articulo definido, cuando las circunstancias por otra parte parecerian pedirlo. s. Los pronombres posesivos y demostrativos se suponen envolver el articulo, cuando preceden al sustantivo: «Mi libro», y «El libro mio», «Aquel templos, y «El templo aquel». (t. II, pág. 19)
«El pajarillo aquel, que dulcemente Canta y lascivo vuela», etc. (t. II, pág. 19)
(QUINTANA.) (t. II, pág. 19)
Por eso cuando el sustantivo es indeterminado, nosuele el posesivo precederle: Su libro quiere decir gel, no un, libro suyo». Pero antiguamente solia construirse el posesivo con el articulo, precediendo ambos al sustantivo en sentido determinado. «Vosotros los de Tajo en su ribera Cantaréis la mi muerte cada dia»; (GARCILASO.) (t. II, pág. 19)
Uso que subsiste en las expresiones el tu nombre, el tu reino, de la oración dominical, en el mi consejo, la mi camara, y otras de las provisiones Reales. (t. II, pág. 19)
t. Los nombres que están en vocativo no se construyen ordinariamente con articulo: «Corrientes aguas puras, cristalinas, Arboles que os estáis mirando en ellas, Verde prado de fresca sombra lleno, Aves que aqui sembrais vuestras querellas, Vedra que por los árboles caminas; Yo me vi tan ajeno Del grave mal que siento, Que de puro contento Con vuestra soledad me recreabas, etc. (GARCILASO.) (t. II, pág. 19)
u. Poner articulo al vocativo es práctica frecuentisima en los antiguos romances y letrillas: xMadre, la mi madre. (t. II, pág. 20)
Guardas me ponéis.» (t. II, pág. 20)
(CERVANTES.) (t. II, pág. 20)
«Pesame de yos, el conde, Porque asi os quieren matar; Porque el yerro que ficistes Non fue mucho de culpar.» (ROMANCE DEL CONDE CLAROS.) v. Omitese el articulo, no sólo en los yocativos, sino en las exclamaciones, aunque recaigan sobre la primera ó tercera persona: «¡Desgraciado! ¿Quien habia de pensar que sus trabajos tuvieran tan triste recompensa?» Hacen excepción las frases exclamatorias el que, lo que: «¡l aburrimiento en que han caido los ánimos!» «¡Los extravios á que arrastra la ambición!» «¡Lo que vale un empleol» «Opinan luego al instante Y nemine discrepante Que á la nueva companera La direccion se confiera De cierta gran correrfa En que buscar se debia Por aquel pais tan vasto La provisión para el gasto De toda la mona tropa. (t. II, pág. 20)
¡Lo que es tener buena ropa!» (IRIARTE.) (t. II, pág. 20)
X. En las enumeraciones se calla elegantemente el articulo: «Flombres y mujeres tomaron las armas para defender la ciudad»; «Viejos y ninos. escuchaban con atención sus palabras»; «Pobres y ricos acudian á el en sus necesidades y embara ZOss; «Padre e hijo fueron á cual mas temeroso de Dijos», (Ribadeneira); «Divididos estaban caballeros y escuderos», (Cervantes.) (t. II, pág. 20)
y. En las aposiciones no suele ponerse articulo definido ni indefinido. Redunda, pues, en «Madrid, la capital de Espana»; y en «El Himalaya, una cordillera del Asia», es un anglicismo intolerable. Con todo, puede la aposición llevar un articulo: 1.°, cuando nos servimos de ella para determinar un objeto entre varios del mismo nombre: «Valencia, la capital del reino asi llamado»; 2,° cuando el articulo es enfático: «Roma, la senora del mundo, era ya el ludibrio de los bárbaros»; «Argamasilla, una pobre aldea de la Mancha, ha sido inmortalizada por la pluma del incomparable Cervantes». Y no solo puede, sino debe llevarlo, cuando es ne. cesario para el sentido superlativo de la frase: «Londres, la más populosa ciudad de Europa»; «San Pedro, el mayor templo del mundos. Los adjetivos que sin llevar articulo tienen un sentido superlativo, no lo necesitan en las aposiciones: «La justicia, primera de las virtudes»; «Rodrigo, ultimo rey de los godos». (t. II, pág. 21)
z. Entre el articulo y el sustantivo median á veces adjetivos ó frases adjetivas, y por consiguiente complementos que tengan la fuerza de adjetivos: «El nunca medroso Brandabarbarán de Boliche»; «El sin ventura amante»; «La sin par Dulcinea»; «L.a nunca como se debe admirada empresa de Colóns. Lo mismo se extiende á los demostrativos y posesivos por el articulo definido que envuelven: «Su para ellos mal andante caballeria». «A quella que alli ves luciente estrella»: (Quintana). «Estos que levantó de mármol duro Sacros altares la ciudad famosa A quien el Ebrox, etc. (t. II, pág. 21)
(MORATIN) (1). (t. II, pág. 22)
Es de regla que las modificaciones precedan á la palabra modificada, quedando todo encerrado, por decirlo asi, entre el articulo (expreso ó envuelto) y el sustantivo modificado por el, segun lo manifiestan los anteriores ejemplos (mepos el ultimo, en que el orden de las palabras es artificiosamente poetico). En general, las que contienen proposiciones subordinadas (como la del ejemplo de Quintana) son peculiares de la poesia, y aun en estas el usarlas con frecuencia rayaria en amaneramjento y afectación. (t. II, pág. 22)
aa. No deben confundirse, como en el dia hacen algunos imitando al frances, dos locucjones que se han distinguido siempre en castellano, el mismo, la mismta, uno mismio, una misma. La primera supone un término de comparación expreso ó tácito; y en esto se diferercia de la segunda: «Esta casa es del mismio dueno que la vecina»; «Maritornes despertó á las mismas voces (que habian hecho salir al ventero despavorido, como (1) Si faltase en ’estos ejemples el luciente ó el sacros, la frase pareceria vaciada en el molde de las de don Sancho de Azpeitia: tan caprichoso es el oido acababa de referir el autor); «Eran solteros, mozes de una misma edad y de unas mismas costumbres», (Cervantes); «Lanzadas y más lanzadas, cuchilladas y más cuchilladas, descripciones repetidas hasta el fastidio de unos mismos torneos, fiestas, batallas y aventuras», etc. (Clemencin). bb. Tampoco deben confundirse el mismo, ella misma, con el misnio, la misma. El articulo sincopade significa mera identidad ó semejanza; integro, es enfático: «Este hombre no es ya el misn.» (que antes cra); semejanza: «Esta mujer no cs la mismax (que antes pimos); identidad. «Salió el mismo acompanándoncs hasta la puerta»; se nota la circunstancia de salir el mismo como importante y significatiya «Quiso el mismio hacer luego la experiencia de la virtud de aquel precioso bálsamc», (Cervantes); esto es, el en si mismo: dase á entender cuáp grande eja su confianza en el resultado de la experiencja (1). (t. II, pág. 22)
cc. Cuando el mismo lleya sustantivo expreso, es á veces enfático: «Todas esas tonadas son (1) Fn la edicion del Quijote por Clemencin leemos: «Tan bueno es el libro? dijo Don Quijote.— Es tan bueno, respondió Gines, que mal ano para Lazarillo de Tormes ¿Y como se intitula? pregunté Don Quijote.— La Vida de Gines de Pasamonte, respondió el mismo». Tenpo el acento por errata; debió ser respondió el mismo (que habia dado la anterior respuesta¦: el insinuaria que ctro hubiera podido responder por Gines, y que el haberlo hecho este era una circunstancia notable. (t. II, pág. 23)
aires, dijo Loaisa, nar, que hacen pa ses», (Cervantes); que son tan afami se pospone frecuer gueses mispios. (t. II, pág. 24)
para las que yo te podria enseismar á los mismos portugueesto es, aun á los portugueses, rados cantores. En este sentido entemente mismos: ó los portu CE (t. II, pág. 24)
Capítulo XXXII. Uso de la preposición á en el acusativo
- La preposición á se antepone á memudo al acusativo cuando no es formado por un caso complementario; y significa entonces personalidad y determinacion. (t. II, pág. 25)
a. Nada más personal ni determinado que los mombres propios de personas, esto es, de seres racionales; todos ellos llevan la preposición en el acusativo: «fle leido á Virgilio, al Tassoy; «Admiro á César, á Napoleón, á Bolivar». Los nombres propios de animales irracionales, y por consiguiente los apelativos que se usan cono propios de personas ó seres vivientes, se sujetan á la misma regla: «D. Quijote cabalgaba á Rocinante, y Sancho Panza al Rucio». (t. II, pág. 25)
b. Pero basta la determinación sola para que sea necesaria la preposión á en todo nombre propio que carcce de articulo: «Deseo conocer á Sevilla»; «He visto á Londres». En los de cosas que llevan articulo, este basta como signo de determi, CXXIX nación: «Las tropas atravesaron el Danubio»; «Pizarro conquistó el Peru». (t. II, pág. 25)
c. Por el contrario, basta la personalidad sola para que lleven á los acusativos de alguien, nadie, quien. (t. II, pág. 26)
d. Los nombres apelativos de personas que llevan articulo definido requieren la preposición: «Conozco al gobernador de Gibraltar»; «Debe el pueblo, por su propio interes, recompensar á los que le sirven». (t. II, pág. 26)
Y para que sea propio el uso de la preposición es suficiente que la determinación de la persona exista con respecto al sujeto; pero si ni aun asi fuere determinado el apelativo, no deberá llevarla. Se dirá, pues, aguardar á un criado, cuando el que le aguarda piensa determinadamente en uno; y por la razón contraria, aguardar un criado, cuando para el que le aguarda es indiferente el individuo: «El nino requiere un maestro severo»; «Fueron á buscar un médico experimentado, que conociera bien las enfermedades del pais»; «Fueron á buscar á un médico extranjero, que gozaba de una grande reputacióp». (t. II, pág. 26)
e. Es una consecuencia de la regla anterior el omitirse la preposición con los apelativos de persona que no son precedidos de articulo alguno: «Busco criados»; «Es preciso que el ejercito tenga oficiales inteligentes». (t. II, pág. 26)
f. Los apelativos de personas que solo se usan para designar empleos, grados, titulos, dignidades, no llevan la preposición: «El presidente eligió los intendentes y gobernadores»; «El Papa ha creadocuatro cardenales»: (t. II, pág. 26)
g. Los acusativos del impersonal haber no llevan nunca la preposición á: «Hay hombres que para nada sirven»; «Hay mujeres peligrosas»; «No hay ya los grandes poetas de otros tiempos». Ni aun alguien, nadie y quien se eximen de esta regla: «Alguien hay que nos escucha»; «No hay nadie que no le deteste»; «Quien hay que le conozca?» Quien, en este ultimo ejemplo, es qué persona: en «Hay quien le conozca?» quien es persona que; el antecedente envuelto persona es el verdadero acusativo de haber, y el elemento relativo es sujeto de la proposición subordinada. (t. II, pág. 27)
En «No hay á quien recurrir», se calla el acusativo persona, y la preposición es régimen de recurrir. h. Los apelativos de cosa no suelen llevar la preposición, por determinados que sean: «Cultiva sus haciendas»; «Tiene la más bella biblioteca». Los verbos que significan orden, como preceder, seguir, parecen apartarse de esta regla: «La primavera precede al estio»; «El invierno sigue al otono»; pero lo que rigen esos verbos es realmente un dativo. Si se dice que «la gramática debe preceder á la filosofia», se dice tambien que debe precederle ó precederla, representando á filosofia con le ó la, terminaciones que sólo son equivalentes en el dativo femenino; lo que no se opone á que en construcción pasiva se diga que «la filosofia debe ser precedida de la gramática». Este es uno de los caprichos de la lengua; como tambien lo es el que esos mismos verbos no sean susceptibles de la construcción regular cuasi-refleja de sentido pasivo, pues nadie seguramente diria: «La filosofia debe precederse de la gramática» (I). (t. II, pág. 27)
i. Las reglas anteriores sufren á veces excepciones: ¡.°, por personalidad ficticia; 2.°, por despersonalización; 3.°, para evitar ambigüedad. (t. II, pág. 28)
1.a Las cosas que se personifican toman la preposición á en el acusativo cuando son determinadas; lo que puede extenderse aun á los casos en que la idea de persona se columbra obscuramente, como cuando aplicamos á las cosas los verbos que tienen más á menudo por acusativo un ser racional ó por lo menos animado. De aqui «Llamar á la muerte», «Saludar las aves á la auroras, «Calumpiar á la virtud», «Recompensar al mérito». «Hemos de matar en los gigantes á la soberbia, á la envidia en la generosidad y buen pecho, á la ira en el reposado continente y quietud del ánimo, á la gula y al sueno en el poco comer que comemos y en el mucho velar que velamos», (Cervantes); « Temia á los extranos, á los propios, á su misma sombra; condicion de tirano», (Martinez de la Rosa). Otro escritor moderno ha dicho: «La literatura sabia despreciaba la poesia popular», y hubiera podido personificar la poesia, anteponiendole la preposición. (t. II, pág. 28)
2.a Por el contrario, los verbos cuyo acusativo es á menudo de cosa, mrieden no regir la preposición cuando les damos por acusativo un nombre (1) Ya se ha notado (327, b) que la construcción pasiva de participio no es una prueba concluyente de que el complemento que ha pasado á sujeto fuese precisamente acusativo, apelativo de persona: «La escuela de la guerra es la que forma los grandes capitanes». Esta excepción no se extiende jamás á los nombres propios; y es de rigor con el acusativo de que, cuando sacandolo de su ordinario empleo, lo hacemos representativo de persona; tan malo seria, pues, gel hombre á que vis, con la preposición, como gel hombre quien vi», sin ella. (t. II, pág. 28)
Pierde sus hijos el que deja de tenerlos; pierde á sus hijos el que con su nimia indulgencia y sus malos ejemplos los corrompe; perder, en esta ultima oracjon, tjene un significado moral que solo puede recaer sobre verdaderas personas. (t. II, pág. 29)
Como en esto de singir persona ó vida donde no existe, ó mera matcrialidad donde hay vida ó persona, no es dado poner coto á la imaginación del que habla ó escribe, no puede menos de ser extremadamente incjerta y variable la práctica de los mejores hablistas en estas dos excepciones. 3.a Cuando es necesario distinguir el acusativo de otro complemento formado por la preposición á, podemos y aun debemos omitirla en el acusativo que en otras circunstancias la exigiria: «Prefiero el discreto al valiente»; «Antepongo el Ariosto al Tasso». Esto sucede principalmente cuando concurren acusativo y dativo; y nunca se extiende á los nombres propios de persona que carecen de articulo, por lo que no seria permitido «Presentaron Zenobia al vencedor», aunque seria tolerable «Presentaron la cautiva Zenobia al yencedor», y «Prefiero Cádiz á Sevilla». Cuando es inevitable la repetición del á, suele preceder el acusativo; «El traidor Judas vendió á Jesus á los sacerdotes y fariseosx. Pero si ambos terminos fuesen nombres propios de persona, sin articulo, seria preciso adoptar otro giro, porque ni «Recomendaron Pedro á Juan», ni «Recomendaron á Pedro á Juan», pudieran tolerarse. (t. II, pág. 29)
Capítulo XXXIII. Acusativo y dativo en los pronombres declinables
El uso del acusativo y el dativo en los pronombres declinables por casos, que son yo, tu, el y ello, es una de las materias de más dificultad y complicación que ofrece la lengua. Principiaremos por algunas observaciones generales, que facilitarán la inteligencia de lo que vamos á decir. 351. En los pronombres declinables el acusativo y el dativo tienen casi siempre dos formas; á saber; EN LA PRIMERA PERSONA SINGULAR Acusativo, me, á mi. Dativo, me, á mi. (t. II, pág. 31)
PLURAL nos, á nosotros. (t. II, pág. 31)
nos, á nosotros. (t. II, pág. 31)
EN LA SEGUNDA PERSONA SINGULAR Acusativo, te, a ti. Dativo, te, á ti. PLURAL os, á vosotros. (t. II, pág. 32)
9s, á posotros. (t. II, pág. 32)
EN LA TERCERA PERSONA, GENERO MASCULINO SINGULAR PLURAL Acusativo, le ó lo, á el. los (á veces les), á ellos. Dativo, le, á el. les, á ellos. (t. II, pág. 32)
EN LA TERCERA PERSONA, GENERO FEMENINO SINGULAR PLURAL Acusativo, la, á ella. las, ó ellas. Dativo, le ó la, á ella, les ó las, á ellas. EN LA TERCERA PERSONA, GENERO NEUTRO SINGULAR Acusativo, to. (t. II, pág. 32)
Dativo, le, á ello. 352. En la primera y segunda persona son unos mismos los casos oblicuos y los reflejos ó reciprocos. La tercera persona tiene formas peculiares para el sentido reflejo ó reciproco, á saber: (t. II, pág. 32)
EN TODO GENERO Y NUMERO Acusativo, se, á si. (t. II, pág. 33)
Dativo, se, á si. (t. II, pág. 33)
a. Hay, pues, para cada acusativo ó dativo dos formas, una simple, como me, y otra compuesta que lleva la preposicion á, como á mi. Y á veces es varia la forma simple, como le ó lo en el acusativo masculino de singular de la tercera persona. El neutro ello es el unico que carece de forma compuesta en el acusativo oblicuo, pues aunque podemos decir en el género masculino «Yo le conozco á el», en el género neutro nunca se dice «Yo lo entiendo á ello». Pero en el dativo oblicuo puede recibir ambas formas. «Como no pareciese suficiente lo declarado por los testigos, se creyó necesario agregarle» ó xagregar á ello el reconocimiento de los peritos». Lo mismo en el acusativo y dativo reflejos: «Esto se entiende fácilmente y se explica á si mismo». «No sé que tiene lo maravilloso, que fascina al entendimiento y lo atrae á si» ó «se lo atrae». Pero la forma compuesta es la que mejor suena y la que generalmente se prefiere en el dativo neutro. (t. II, pág. 33)
b. El dativo se admite algunas veces el sentido oblicuo: «El libro que mi amigo me pide, no se lo puedo enviar en este momento»: se significa á el. Cuando el dativo se es oblicuo, la forma compuesta que le corresponde es á el, á ella, á ellos, á ellas, segun los varios numeros y géneros. El libro que se me pide no se lo puedo enviar á el, á ella, á ellos, á ellas. (t. II, pág. 33)
c. Ya se ha dicho (141) que los casos complementarios no pueden estar sino con un verbo ó con un derivado verbal; que si se le anteponen, se llaman afijos; y que pospuestos se pronuncian y escriben como si formasen una sola palabra con el verbo ó derivado verbal, llamándose entonces encliticos. (t. II, pág. 34)
d. En el indicativo pueden preceder ó seguir: «Mandole que viniese», «Le mandó que viniese». Pero la primera colocacion es mucho menos usada (sobre todo en prosa) cuando el verbo no es la primera palabra de la oración: «Haciase mención de los bienes dotales», dice Solis, y hubiera podido decir tambien se hacia; pero «En el instrumento dotal haciase mención de los bienes», habria parecido algo duro, y «El instrumento en que extendióse el contrato», ó «Refieren los historiadores que rindióse la ciudad», serian construcciones insoportables. Despues de las conjunciones y, ó, mas, pero, que ligan oraciones independientes, no ofende la precedencia del verbo: «Llevose el cadáver al templo, y recibieronle los religiosos»; «Enterrabanse los cadáveres, ó consumialos el fuegos; «No era dudosa la buena voluntad del pueblo; pero desconfiabase de la tropa». Esto parece perfectamente analógico, porque como la verdadera conjunción, que liga dos oraciones, está realmente en medio de ellas y á ninguna de las dos pertenece, puede la segunda principiar por un indicativo con enclitico, puesto que el verbo es entonces la primera palabra de la oración. Al contrario, despues de no ó de un adverbjo, no podria tolerarse un enclitico: «No celebrose la boda con la so lemnidad que se esperaba», y «Si representase la Mojigata de Moratin esta noche, iré á verla», serian trasposicienes horribles, que ni aun á los poetas se permitiriap, no obstante la libertad de que gozan en el uso de los encliticos; v. gr.: «Salió la luna y en las claras ondas Reflejóse su luz.» (t. II, pág. 34)
«Ya la ciudad es misero despojo: (t. II, pág. 35)
Las llamas devoráronla». (t. II, pág. 35)
En lo cual los poetas de nuestros dias son algo más atrevidos que sus predecesores. (t. II, pág. 35)
La excepción más notable á la regla que se ha dado sobre el uso de los encliticos en el indicativo, es que si se principia por una cláusula del gerundio ó de participio adjetivo, pueden seguirse á ella verbos modificados por encliticos: «Teniendose noticia del peligro», ó «Conocido el peligro, se tomaron» ó «tomdronse las providencias del caso»; «Dotados de ardjente fantasia, dedicaronse á composiciones en que podian dejarla campear libremente»: (Martinez de la Rosa). (t. II, pág. 35)
Lo mismo tiene cabida siempre que preceden al verbo proposiciones subordinadas: «Cuando se aguarda la nueya de su muerte, sábese que el pueblo la ha librado de tan grave peligro»: (Martinez de la Rosa). «Aunque todavia quedasen muchos restos preciosos del reinado anterjor, notóse muy en breye la decadencia de la dramática»: (el mismo). No parecen igualmente aceptables los encliticos en los ejemplos siguientes: «Almanzor, caudillo del ejercito cordobes, presentase encubierto con el nombre de Zaides: «En la Cronica General de Espana hacese más de una vez mención de esa especie tosca de cantores ó representantes»; «En otra composición de Moreto echase de ver que quiso luchar cuerpo á cuerpo con el mejor dramático de su era». Esta se va haciendo una especie de moda que probablemente se arraigará á la sombra de autoridades tan respetables como la del escritor á quien pertenecen estos pasajes; no creo que perderá nada en ello la lengua. (t. II, pág. 35)
e. En el subjuntivo se usan invariablemente los afijos: «Es menester que te dediques seriamente al estudio». (t. II, pág. 36)
f. El imperativo no admite regularmente afijos: hoy dia no se puede decir en prosa «le haz venir», «le llamado, sino «hazle venirs, sllamadle». El plural del imperativo, seguido del enclitico os, se apocopa, perdiendo la d Anal, menos en el verbo ir, «Preparáos, vestios, idos». (t. II, pág. 36)
,g. En las formas indicativo-imperativas se siguen las mismas reglas que en el uso ordinario del indicativo: «Le dirás» ó «dirásle». (t. II, pág. 36)
Las formas subjuntivo-optativas principian naturalmente la oración cuando esta es afirmativa, y no admiten afijos sino encliticos: «Favorezcate la fortuna». Pero si la oración principia por otra palabra que el verbo, como puede muy bien, es al contrario, á lo menos en prosa: «Propicia se te muestre la fortuna», «Blanda le sea la tierra». De que se sigue que si la oracion es negativa no puede el verbo llevar encliticos: «Nadie se crea superior á la ley»; «Ni te engrias en la próspera fortuna, ni te dejes abatir en la adversa». (t. II, pág. 36)
h. La eufonia pide que se eviten construcciones como estas: Visteisos por os visteis, vestisos por os vestis, cantasese por se cantase; en que os sigue á terminaciones en s, y se á la se del pretérito de subjuntivo. No seria soportable vistete, pre. térito del verbo ver; pero no podriamos decir de otro modo en el imperativo de vestir. Igualmente necesarios serian abatete, imperativo de abatir, pasese, subjuntivo-optativo de pasar, etc. (1). (t. II, pág. 37)
i. Con los infinitivos y gerundios no se usan hoy afijos, sino encliticos: «Es necesarjo conocer las leyes; pero no lo es menos saber aplicarlas oportunamente»; «En viendome solo, me asalta la melancolia». Lo es el unico afijo que se aparta á veces de esta regla, colocándose entre no y el gerundio: «Si hublese texto expreso, se juzgará por el, y no lo habiendo, seguirá el juez los principios generales de equidads; «Es una sandez conocida, que se de á entender que es caballero no lo siendoy: (Cervantes). «No lo haciendo, se les dejará libre el recurso á la jisticias: (Jovellanos). «Estando resuelto en esto, y no lo estando en lo que debia hacer de su vida, quiso su suertes, etc. (Cervantes). Pero esta práctica es rara, y aun creo que se limita á ciertos verbos, como ser, estar, haber, hacer, y no se si algun otro. (t. II, pág. 37)
j. Los casos complementarios del infinitivo van regularmente con el: «Me pareció mejor ocul (1) Los antiguos se cuidaban menos que nosotros de la eufonia en el uso de los encliticos. «Debeisos membrar de vuestro antiguo esfuerzo y valors: (Mariana). (t. II, pág. 37)
tarle el suceso», «Me propuse hablarles», «Se trataba de acusarlos». Pero hay muchos verbos que pueden llevar como afijos ó encliticos (segun las. reglas precedentes) los casos complementarios del infinitivo que les sirve de complemento, ó que sirve de termino á una preposicin regida por ellos: «Se lo quiero, debo, puedo confiar», «Quieroselo, deboselo, puédoselo confiar», en lugar de «Quiero, debo, puedo confiárselo»; como tambien se dice: «Se lo iba ya á referir», «lbaselo ya á referir», «lba ya á referirselo»; «Le salieron á recibir», «Salieronle á recibir», «Salieron á recibirle»; «Lo sabe hacer», «Sábelo hacer», «Sabe hacerlo»; «No loalcanzo á comprender», «No alcanzo á comprenderlo». Lo mismo se practica con el gerundio: «Me estoy vistiendo», «Estoime vistiendo», «Estoy vistiendome». Esta atraccion de los verbos sobre el régimen de los infinitivos y gerundios, pasa á sus derivados verbales. Diráse pues: «Yo no creo debérselo confiar», ó «deber confiarselo»; «Determinó irlas á vers, ó xir á verlas»; «Estando divirtiendome», ó «Estándome divirtiendo»; «Habiendoselo de contar», ó «llabiendo de contárselo». (t. II, pág. 38)
k. En las formas compuestas de participio sustantivado, los afijos ó encliticos van regularmente con el verbo auxiliar: «Largo tiempo le habiamos aguardado», «labiamosle aguardado largo tiempo». Seria duro «Habiamos aguardádole». De la misma manera «Los habian de haber aprendido»,. ó «Habianlos de haber aprendido», ó «Habian de haberlos aprendido»; pero, no «Habian de haber aprendidolos». La unica excepción legitima es. (t. II, pág. 38)
GRAMATICA CASTELL.ANA cuando se calla el auxiliar por haberse poco antes expresado: «Habiamos aguardado á nuestros amigos y preparádoles lo necesario», y en general, cuando entre el auxiliar y el participio se interpone alguna frase: «Volvieron á embarcarse, habiendo. primero en la marina hincadose de rodillas»: (Cervantes). l. Esta excepción no se extiende al participio adjetivo; seria malisimo castellano «Están ya elegidas las personas que deben concurrir á la ceremonia, y senaládosles los asientoss; «El ministro tiene ya acordada la resolución, y comunicádala á las partes». (t. II, pág. 39)
m. Usanse á veces las dos formas, simple y compuesta: «Me reveló el secreto á mi»; «Te ocultó la noticia á ti»; «Los socorrieron á ellos»; pleonasmo muy del genio de la lengua castellana, y á veces necesario, sea para la claridad de la sentencia, sea para dar viveza á un contraste, ó para llamar la atención á una particularidad significativa: «Concedieronle á el la pensión, y se la negaron á sujetos que la merecian mucho más»; «Venia Pedro con su esposa: yo le hable á el, y no hice más que saludarla á ella». Ia forma compuesta supone regularmente la simple: en prosa no sonaria bien «Habló á mis, ó «A mi hablós, en lugar de «Me habló á mis, ó «A mi me habló». Absolutamente repugna á la lengua que se diga «A mi parece», en lugar de me ó á mi me. Pero otras veces no es tan escrupulosa: se puede decir «Conviene á vosotros», «A ellos importas, sin necesidad del os ó el les. En esta parte no conozco otra regla que el uso. (t. II, pág. 39)
Lo dicho se extiende á los dativos y acusativos de los nombres indeclinables: « Le dieron á la senora el primer asjentos, «A usted le han enviado un mensajes, «Al reo le han indultado», «Los tesoros no los empleaba en sus gustos» (Mariana); «La iglesia de Sanliago, que era de tapieria, la edificó desde los cimjentos de sillares, con columnas de mármols (el mismo). (t. II, pág. 40)
Pero en esta materia hay algunas particularidades que merecen notarse. (t. II, pág. 40)
1.F El acusativo ó dativo se expresa primero por el del nombre indeclinable, y se repite por el caso complementario: «A los desertores los han indultado de la pena de muerte»; «A su hermano de usted le han concedido el empleos. Esta especie de pleonasmo, á veces verdadera redundancia que se aviene mal con el estilo serio y elevado, es otras natural y expresiva: «Al tiempo que querian dar los remos al agua (porque pelas no las tenian), llegó á la orilla del mar un bergantins (Cervantes). 2.a Si precede un complementario dativo, es aceptable la repetición por el datiyo del nombre indeclinable: « Le dieron á la senora el primer asiento». (t. II, pág. 40)
3.a Pero si precede el acusativo complementario, la duplicación por medio del nombre indeclinable produciria muy mal efecto: «Los empleaba los tesoros en sus gustos»; « La edificó de sillares desde los cimientos, la iglesia de Santiago» (1). (1) Confieso que me suena desagradablemente este verso final de un soneto de Moratin: se habla de una de las nueve musas: (t. II, pág. 40)
Hay con todo circunstancias en que esta colocación pudiera parecer oportuna: «Los disipaba en frivolidades, aquellos tesoros comprados con el sudor y la miseria del pueblo» (1). Es usual el acusativo á usted despues del caso complementario: «Le han sorprendido á usted»; «Los aguardábamos á ustedes». (t. II, pág. 41)
4.a Precediendo un relativo en acusativo debe evitarse el pleonasmo, á no ser que el relativo se halle algo distante del caso complementario que lo reproduce: «Esta tierra es Noruega; pero ¿quien eres tu que lo preguntas, y en lengua que por estas partes hay muy pocos que la entiendan?» (Cervantes). «Visitome en el calabozo una mujer que la alcaidesa habia hecho soltar de la cárcel y «Ella le inspira al espanol Inarco». (t. II, pág. 41)
Convirtiendo el acusativo en dativo, no tendria nada de inelegante: (t. II, pág. 41)
.... .... « Sonoros versos Ella le inspira al espanol Inarcos, (1) Yo reduzco á esta excepción el pasaje siguiente de Cervantes: «Siempre lo he oido decir, Sancho, que el hacer bien á villa nos es echar agua á la marx. Clemencin reprueba la duplicacion, y sostiene que era menester «Siempre he oido decir que», etc., suprimiendo el lo: ó bien, «Siempre lo he ofdo decir: hacer bien», etc., suprimiendo el que. Me atrevo á separarme de tan respetable autoridad. La construcción de Cervantes, aunque excepcional, me parece muy natural y expresiva, y decididamente preferible á las que sustituye Clemencin. Pudieran citarse otros ejemplos de ella en nuestros clásicos, y no la tengo por anticuada. (t. II, pág. 41)
CXXIX (t. II, pág. 41)
ANDRES BEL.LO llevádola á su aposento»: (el mismo). Sin esta circunstancia seria generalmente desagradable la duplicación: «Con estas me ha ensenado otras cosas, que no las digo, porque bastan las dichas para que entendáis que soy catolico cristianos; á menos que condujese á la claridad de la sentencia: «Sabian mis padres nuestros amores y no les pesaba de ello, porque bien veian que cuando pasasen adelante, no podian tener otro fin que el de casarnos, cosa que casi la concertaba la igualdad de nuestros linajes y riquezas»: (el mismo). Mediante este la se presenta desde luego como acusativo el que, y no es necesario llegar al fin de la proposicion subordinada para reconocerlo como tal. Si se dijese «que la concertaban nuestros linajes y riquezas», me pareceria enteramente ocioso el la. 5.a El pasaje anterior de Cervantes «Al tiempo que querian dar los remos al aguas, etc., sugiere otra excepcion necesaria: velas es una expresión eliptica, equivalente á en cuanto á pelas; y es un modismo bastante usual en castellano: «En aquellos tiempos se copiaba todo á mano, porque imprenta no la habia»; «Se sustentaban de vegetales; pues otra especie de alimentos el pais no la producia». Lo cual se extiende á otros casos que el acusativo: «Pues pan y carne, no habia que pensar en ellos» (ó en ello, segun 151, c.) Pero no se vaya á legitimar con esta elipsis construcciones irregulares en que el sentido no la pida, como hay algunas en Cervantes. (t. II, pág. 42)
En general, esta duplicación del acusativo ó dativo debe estar justificada por alguno de los motivos antedichos: claridad, enfasis, contraste, elip sis; á los que podemos anadir urbanidad en usted; porque sin ellos su frecuente uso llevaria cierto aire de negligencia ó desalino, apropiado exclusivamente al estilo más familiar. (t. II, pág. 42)
n. En la tercera persona masculina de singular el complementario acusativo es le ó lo. Hay escritores que reprueban el le, otros que no sufren el lo; y la verdad es que aun los que se han pronunciado por uno de estos dos extremos, de cuando en cuando contravienen inadvertidamente á su propia doctrina en sus obras. La que á mi me parece aproximarse algo al mejor uso es la de don Vicente Salvá: le representa más bien las personas ó los entes personificados; lo, las cosas. Se dice de un campe que lo cultivan; de un edificio, que lo destruyó la avenida; de un ladrón, que le prendieron; del mar embravecido por la tempestad, que los marineros le temen. Las corporaciones, como el pueblo, el ejercito, el cabildo, siguen á menudo la regla de las personas, y lo mismo hacen los seres animados irracionales, cuya inteligencia se acerca más á la del hombre. Al contrario, los seres racionales como que pierden ese carácter cuando la acción que recae sobre ellos es de las que se ejercen frecuentemente sobre lo inanimado. Asi, no disonará el decirse que á un hombre lo partieron por medjo, ó que lo hicieron anicos. Si con el verbo perder se significa dejar de tener, podrá decirse de un hijo difunto que lo perdieron sus padres: si se significa depravar, inducir al vicio, se dirá bien de un joven que los malos ejemplos le perdieron. Y como es imposible reducir á reglas los antojos de la imaginación. (t. II, pág. 43)
la variedad que se observa en las formas de este acusativo complementario es menos extrana de lo que á primera vista parece. (t. II, pág. 44)
o. En la tercera persona masculina del plural la forma regular del acusativo es los; pero la les ocurre con tanta frecuencia en escritores celebres de todas épocas, que seria demasiada severidad condenarla. (t. II, pág. 44)
Cervantes ofrece multitud de ejemplos: «Era la noche fria de tal modo, que les obligó á buscar reparos para el hielo»; «Antonio dijo al italiano que para no sentir tanto la pesadumbre de la mala noche, fuese servido de entretenerles, contándoles», etc.; «El mar les esperaba sosegado y blando»; «Abrazandoles á todos primero, dijo que queria volverse á Talavera»; «Los tengo de llevar á mi casa, y ayudarles para su camino»; «Avisoles de los puertos adonde habian de andar»; «Trabandoles de las manos, los presentó ante Monipodio»; «Nuestros padres aun gozan de la vida, y si en ella les alcanzamos, daremos noticias, etcetera: «Quedé suspenso cuando vi que los pastores eran los lobos, y que despedazaban el ganado... Volvia á renirles el senor», etc.; «Llegado el tiempo de la partida, proveyeronles de dinero»; «Les forzaba á partir la poca seguridad de la playa», etcétera, etc. (t. II, pág. 44)
Los modernos han sido algo más mirados en el uso de este les; pero no dejan de admitirlo de cuando en cuando: «Testigos de extraordinarios acontecimientos que les convidaban al canto heroico», (Martinez de la Rosa); «Este personaje excita el interes de los expectadores, les obliga á tomar parte en su suerte», etc. (el mismo); «Para haber de cautivarles se necesita ofrecerles dramas más nutridos, planes más artificiosos, caracteres más varios», (el mismo); «Esperanzas superiores á aquellas á que su destino diario les condenaba», (Gil y Zárate); «Una guia que les conduzca por el inmenso campo de nuestra literatura», (el mismo); «El gran conde de Aranda favorecia con su trato á los escritores más distinguidos, y les exhortaba á componer piezas dramáticas», (Moratin); «Quiso tambien Moratin demostrar de una manera victoriosa las equivocaciones en que han incurrido no pocos extranjeros que han escrito acerca de nuestro teatro sin querer preguntar jamás lo que ignoran á los unicos que les pudieran instruirs, (el mismo), etc., etc. (t. II, pág. 44)
Atendiendo al uso de esta terminacion les en el acusativo, se echa de ver que suele referirse á persona. Leemos á la verdad en Jovellanos: «Muchos terrenos perdidos para el fruto á que les llama la naturaleza, y destinados á danosas e inutiles producciones»; pero llamar envuelve aqui una especie de personificación, pues no se llama sino á lo animado y lo inteligente. Y aun creo que sin violencia se explicaria por la personificacion aquel pasaje de Cervantes: «Plegue á Dios que mis ojos le vean antes que les cubra la sombra de la eterna noche (1). (t. II, pág. 45)
— .-.. - (1) Tal vez Jovellanos en el ejemplo del texto no hizo otra cosa que conservar el régimen, apenas anticuado, del dativo, que solia darse á llamar: regimen naturalisimo si se recuerda el origen de este verbo; llamar á una persona es clamarle su nombre. (t. II, pág. 45)
p. La tercera persona femenina hace le ó la en el dativo de singular, y les ó las en el plural. Aunque no pueda reprobarse este uso de la y las, particularmente hablando de personas, es mejor limitarlo á los casos en que convenga para la claridad de la sentencia. No seria menester decir: «Me acerqué á la senora del intendente y la di un ramo de flores», porque el le seria aqui tan claro como el la. Pero en «La senora determinó concurrir con su marido al festin que la habian preparado», es oportuno el la, para que el dativo no se refiera al marido; pues aunque el le reproduciria naturalmente el sujeto la senora, no está demás alejar hasta los motivos de duda que no sean del todo fundados (1). (t. II, pág. 46)
(1) La indecisión en el uso de las formas complementarias es un defecto grave de nuestra lengua. El dativo masculino de singular, segun todos, es le; pero el femenino, segun unos, es tambien le, y sólo le; segun otros, puede serlo á veces la; y segun la práctica de algunos, no hay más dativo femenino de singular que la. El acusativo femenino de singular no cabe duda que es la; pero en el masculino del mismo numero la Academia Espanola, antes de la ultima edición de su gramática, exigia siempre le; otros, en corto numero, siempre lo; fluctuando el uso entre el le y el lo, aunque con cierta tendencia á designar las cosas con lo y las personas con le. En el plural masculino no puede contestarse á les el carácter normal de dativo, ni á los el de acusativo; pero de les por los en el acusativo de persona ofrecen, segun hemos visto, bastantes ejemplos los escritores más estimados. En el plural femenino, las q. Expongamos ahora las reglas á que se sujetan las combinaciones de los afijos ó encliticos entre si ó con las formas compuestas. (t. II, pág. 46)
Todas las combinaciones, ó son binarias, como «Te los trajeron» (los libros), ó ternarias, como «Castiguesemele» (al nino). (t. II, pág. 47)
es reconocido universalmente por acusativo; mas acerca del dativo les ó las hay la misma variedad de opiniones y prácticas que en el singular le ó la. Para llevar la confusión á su colmo. faltaba sólo que se diese á lo y los el oficio de dativos masculinos, como, segun Salvá, se ha practicado algunas veces; «Los ensenaron el arte de leer», (Mariana); «Anadieron á este servicio los otros que ya los habian hechos, (Quintana). Cervantes habia dicho: «Mejor será hacer un rimero dellos» (los libros de Don Quijote) «y pegarlos fuego». Pero el los de estos ejemplos disuena tanto, que me inclino á mirarlo como un descuido tipografico. Si algo valiese mi opinión, recomendaria como preferible á todos el sistema de la Academia, que en la cuarta edición de su gramática prescribe el uso de le y les como dativo masculino y femenino, el de le y los como acusativo masculino, y el de la y las como acusativo femenino, y solo acusativo. La distinción de personas y cosas en el acusativo le ó lo y en los dativos le ó la, les ó las, es una especie de refinamiento que puede sacrificarse á la simplicidad. Y en cuanto al la y las en el dativo, para evitar la anfibologia, el castellano logra mejor ese fin por medio de la duplicación, esto es, anadiendo al caso complementario la forma compuesta: «Encontre á D. Pedro con su esposa, y le di á ella un ramo de flores». «La comedia», dice Moratin, «no huye el cotejo de sus imitaciones con los originales que tuvo presentes; al contrario, le pro (t. II, pág. 47)
Las binarias ó constan de dativo y acusativo, ó de dos dativos. (t. II, pág. 48)
En las que constan de dativo y acusativo, ó estos dos casos significan objetos distintos (solicité su aprobación, pero no tuvo á bjen conccdermela), ó significan objetos identicos, esto es, un mismo objeto bajo diferentes relaciones (no debemos entregarnos á nosotros mismos, sin más guia que el ciego impulso de nuestros apetitos y pasiones). De aqui resultan seis clases de combinaciones, á saber: (t. II, pág. 48)
1.* Combinaciones binarias de dativo y acusativo distintos; la primera persona concurre con la segunda. (t. II, pág. 48)
2.* Combinaciones binarias de dativo y acusativo distintos; la primera ó segunda concurre con la tercera persona. (t. II, pág. 48)
3.a Combinaciones binarias de dativo y acusativo distintos; ambos de tercera persona. (t. II, pág. 48)
4.a Combinaciones binarias de dativo y acusativo identicos. (t. II, pág. 48)
5.a Combinaciones binarias de dos dativos. 6.a Combinaciones ternarias. (t. II, pág. 48)
La colocación de los afijos y encliticos está sujeta en todas las combinaciones á la regla siguiente: voca y le exije: puesto que de la semejanza que las da resultan sus mayores aciertos»: he aqui un las oportunisimo para que este pronombre mire precisamente á sus imitaciones, y no á los originales; pero de ningun modo necesario: que á ellas da, seria tan claro y tan bueno bajo todos aspectos como que las da. (t. II, pág. 48)
- Cuando concurren varios afijos ó encliticos, la segunda persona va siempre antes de la primera, y cualquiera de las dos antes de la tercera; pero la forma se (oblicua ó refleja) precede á todas. Las combinaciones me se y te se deben evitarse como groseros vulgarismos. (t. II, pág. 49)
Los afijos no alternan con los encliticos: y se dice «Me la concedió» (su aprobación), ó «Concediómela»; pero nunca «Me concedióla», ó «La concedióme». (t. II, pág. 49)
PRIMERA CLASE 354. En las combinaciones binarias de dativo y acusativo distintos, concurriendo la primera persona con la segunda, el acusativo toma la forma simple y el dativo la compuesta. ACUSATIVO REFLEJO Me acerco á ti, á vosotros. (t. II, pág. 49)
Acercate á mi, á nosotros. (t. II, pág. 49)
Nos humillamos á ti, á vosotros. (t. II, pág. 49)
Os humilláis á mi, á nosotros. (t. II, pág. 49)
DATIVO REFLEIO Me atraes á ti, me atraeis á vosotros. Te atraigo á mi, te atraemos á nosotros. Nos llamas á ti, nos llamáis á vosotros. Os llamo á mi, os llamamos á nosotros. (t. II, pág. 49)
AMBOS CASOS OBLICUOS Me recomendaron á ti, á vosotros. (t. II, pág. 50)
Te recomendaron á mi, á nosotros. (t. II, pág. 50)
Nos condujeron á ti. a vosotros. (t. II, pág. 50)
Os condujeron á mi, á nosotros (I). (t. II, pág. 50)
Por regla general, se evitan combinaciones binarias de casos complementarios en esta clase. (t. II, pág. 50)
Son, sin embargo, de bastante uso te me y te nos, en que se toma por acusativo el caso reflejo: cuando ninguno de los dos lo es, sólo por el contexto se determina cuál es el acusativo; y asi, en rindetenos, te es acusativo reflejo y nos dativo; pero en te me recomendaron, cualquiera de los dos pudiera ser acusativo ó datjvo, segun el contexto. « Te me vendes por discreto», leemos en la tragicomedia de Celestina (te acusativo reflejo, me dativo); y con igual propiedad hubiera podido decirse «Te me vendo por discreto» (me acusativo reflejo, te dativo). « Te me dió mi madre cuando morabas en la cuesta del rio», dice Pármeno á Celestina (me acusativo, te dativo, ambos oblicuos); «Hijo, bien sabes como tu madre te me dió», dice en otra parte Celestina á Permeno (te acusativo, me dativo). «Lo hago por amor de Dios, y por verte en tierras ajenas, y más por aquellos huesos de quien te me recomendó» (la misma al mismo) (te acusativo, me dativo). (t. II, pág. 50)
(1) En todos estos ejemplos y los que vienen después, los afijos pueden hacerse encliticos y reciprocamente, segun las reglas relativas á unos y á otros que se han dado arriba. (t. II, pág. 50)
SI Además de estas combinaciones, te me y te nos se usó mucho hasta el siglo xvri os me, en que el caso reflejo era siempre acus ativo: «Os me someti» (me someti á vosotros); «Os me sometisteis» los sometisteis á mi). Pero siendo ambos oblicuos, cualquiera de los dos pudiera ser acusativo, segun las circunstancias: «Os me sometieron vuestros padres para que os ensenase y dirigiese»; «Os me recomendaron como idoneo para vuestro servicio» (1). (t. II, pág. 51)
(1) En Santa Teresa leo: «Bien sabéis, Señor mio, que me es tormento grandisimo que, tan poquitos ratos como me quedan ahora de vos, os me escondais». Y en otra parte: «Donoso sois, Senor: despues que me habéis dejado sin nada, gos me vais?» En Fray Alonso del Castillo: «Estaos conmigo, no os me vaisx. En Tirso de Molina: (t. II, pág. 51)
. . . . . . .. ...... «lmagino Que os me quereis esconder». (t. II, pág. 51)
«¿Otra vez os me pegais A la colmena, abejón?» (t. II, pág. 51)
«Pues si vos, que le servis, Tan fácil os me mostráiss, etc. (t. II, pág. 51)
Todos estos ejemplos presentan el os como acusativo reflejo, y el me como dativo oblicuo. «Cuando no os me cato, asoma por acullá encima de una nube otro caballero, (Cervantes); aqui el me es acusativo reflejo, porque catarse es construcción cuasi-refleja en el significado de catar, como admirarse en el significado de admirar, y el os dativo oblicuo. «La mujer iba llorando á grandes voces y diciendo: marido y señor mio, ¿adónde os me llevan?» (D. D. Hurtado de Mendoza): os acusativo, me dativo, ambos obli (t. II, pág. 51)
SEGUNDA CLASE 355. En las combinaciones binarias de acusativo y dativo distintos, en que concurre la primera ó la segunda persona con la tercera, hay que notar dos diferencias importantes. 1.a Si la primera ó segunda persona es dativo, se forman todas las combinaciones cuos. «El cielo os mie deje ver, y os prospere muchos anos», (Tirso); os acusativo, me dativo, ambos oblicuos. «El cielo, sobrina mia, os me deje ver sin pleitos y con sosiego en vuestre estado», (Tirso); lo mismo que en los dos ejemplos anteriores, y que en el «Dios os me guarde» con que termina muchas de sus cartas Santa Teresa. No se me ha deparado ejemplo de me acusativo, y os dativo, siendo ambos oblicuos; pero la analogia de te me no deja duda de que xos me dió mi madre para que cuidáseis de mi» seria perfectamente correcto. (t. II, pág. 52)
Encuentrase alguna vez me os, que forma una verdadera excepcion á la regla, precediendo la primera persona á la segunda. En las Partidas hallamos me vos en varios pasajes; y en Tirso de Molina: . . . . ....... «Sol hermoso, Al nacer me os babéis puesto». (t. II, pág. 52)
«Hare de mi dicha alarde, Discreto y fiel: Dios me os guarde». (t. II, pág. 52)
Yo miro la combinación me os, de que he visto muy raros ejemplos en los escritores clásicos de la lengua, como un vestigio del anticuado me vos y como una licencia poetica; os me, segun lo que he podido observar, era en los siglos XVI y XVII la colocación que generalmente se usaba. (t. II, pág. 52)
binarias posibles: me le, me la, me los, me las; te le, te la, te los, te las; nos le, nos la, nos los, nos las; os le, os la, os los, os las; me lo, te lo, nos lo, os lo. El lo de las cuatro ultimas combinaciones se supone neutro; pero el le masculino puede tomar la forma lo, segun lo dicho arriba, en el acusativo de la tercera persona de singular. AMBOS CASOS OBLICUOS Me le ó me lo lo Nos le ó nos lo Os le u os lo Me la la Nos la la Me los S Nos los los Me las las Nos las las Me Os lo lo trajeron (el libro). llevaron (la capa). confió (los negocios). vendió (las alhajas). contaron (lo sucedido). (t. II, pág. 53)
DATIVO REFLEJO DE PRIMERA Ó SEGUNDA PERSONA Me le ó me lo puse Te le ó te lo pusiste Nos le ó nos lo pusimos Os le u os lo pusisteis! Me la quité Te la quitaste Nos la quitamos Os la quitasteis Me los gané Te los ganaste Nos los ganamos Os los ganasteis Me las concilie Te las conciliaste Nos las conciliamos Os las conciliasteis Me lo reservé Te lo reservaste Nos lo reservamos Os lo reservasteis (el sombrero). (la gorra). (t. II, pág. 54)
(los dineros). (las voluntades). (lo que estaba resuelto). ACUSATIVO REFLEJO DE TERCERA PERSONA Se me Se nos Se os reveló (el secreto, la determinación). (t. II, pág. 54)
Se me l Se nos OS Se me e nos Se os presentaron (los testigos, las pruebas). avisa (que va á llegar la expedición). 2.a Si la primera ó segunda persona es acusativo, toma este caso la forma simple y el dativo la compuesta: Me Os AMBOS CASOS OBLICUOS sujetaron á el, á ella, á ellos, á ellas, á ello. ACUSATIVO REFLEJO DE PRIMERA Me someti Te sometiste SEGUNDA PERSONA Nos sometimos Os sometisteis á el, á ella, á ellos, á ellas, á ello. DATIVO REFLEJO DE TERCERA PERSONA Me Os atrajo (el, ella) á si. (t. II, pág. 55)
Me Me S aproximaron (ellos, ellas) á si. (t. II, pág. 56)
aficiona (lo bello) á si. (t. II, pág. 56)
- Sin embargo, son de uso corriente las combinaciones binarias me le y me les, te le y te les, en que me y te son acusativos reflejos: Me le ó les humille, por me humille á el, á ella, á ellos; á ellas; Te le ó les humillaste, por te humillaste á el, á ella, á ellos, á ellas. (t. II, pág. 56)
a. Le y les son masculinos ó femeninos. Mas aqui se ofrece una dificultad. Supuesto que el dativo femenino puede ser la ó las, y en sentir de algunos debe serlo siempre, ¿no podrán ó no deberán las cuatro combinaciones excepcionales me le, te le, me les, te les, convertirse en me la, te la, me las, te las (siendo me y te acusativos, la y las dativos), de manera que se diga yo me la humillé, en el sentido de yo me humille á ella y tu te las acercaste, por tu te acercaste á ellas? Por mi parte creo que apenas habrá uno entre diez que no entienda estas frases aisladas en el sentido de yo la humillé á mi, tu las acercaste á ti; y opino por tanto que sólo es permitido aventurar en iguales circunstancias el dativo la ó las, cuando por el contexto no haya peligro de ambigüedad. (t. II, pág. 56)
b. Otra observación puede hacerse en las combinaciones excepcionales me le, te le, me les, te les (siendo la primera ó segunda persona acusativo y la tercera dativo), y es que el le ó les no suele aplicarse sino á verdaderas personas, ó por lo menos, á seres animados ó personificados. Se dice, «Deseando conocer á aquellos hombres, me les acerqué», ó «me acerqué á ellos»; pero no creo que pueda decirse con igual propiedad: «Quise gozar de la sombra de aquellos árboles, y me les acerqué». Sonaria mucho mejor, á mi parecer, «Me acerque á ellos». (t. II, pág. 57)
De esta adaptación del le á verdaderas personas en las combinaciones de que ahora se trata, proviene que rara vez pueda, á mi juicio, referirse á un nombre neutro: me pareceria inadmisible el le en oraciones semejantes á esta: «Siendo tan injusto lo que se te exigia, no debiste sometertele»; en lugar de someterte á ello. (t. II, pág. 57)
TERCERA CLASE 857. En las combinaciones binarias de acusativo y dativo distintos, ambos de tercera persona, admiten uno y otro la forma simple: si el acusativo es reflejo, se puede combinar con todos los casos complementarios dativos; si el dativo es reflejo, con todos los casos complementarios acusativos; y si ambos casos son oblicuos, el dativo, tomando la forma refleja (351, b), puede asimismo combinarse con todos los casos complementarios acusativos. (t. II, pág. 57)
CXXIX (t. II, pág. 57)
ACUSATIVO REFLEJO Se le agregó una traducción (al texto). Se le ó se la agregó un apendice (á la obra). Se les pusieron epigrafes (á los capitulos). Se les ó se las comunicó la noticia (á las senoras) Se le dió una errada interpretación (á lo que el juez habia dicho). a. Este la ó las no me parece sancionado por el uso corriente; pero en construcción irregular cuasi-refleja es necesario (345, d). b. Notese tambien que, cuando no se significa persona, suena mejor en el dativo la forma compuesta que la simple: «Se les entregó» (el delincuente á los alguaciles); «Se entregaron á ella» (á la pasión del juego), no se le ni se la. Se le ó se lo Se la Se los Se las Se le ó se lo Se la Se los Se las DATIVO REFLEJO puso el (ó ella (el sombrero). (t. II, pág. 58)
(la capa). (t. II, pág. 58)
(los zapatos). (t. II, pág. 58)
! (las medias). ¡ (el fardo). (t. II, pág. 58)
echaron al hombro¦ (la carga). (ellos ó ellas) ) (los fardos). ¦ (las cargas). Se lo tiene (el ó ella) ¦reser- ¦ (lo que sabe). Se lo tienen (ellos ó ellas) / vado ¦ (lo que saben). Lo en los dos ejemplos ultimos es neutro. (t. II, pág. 58)
AMBOS CASOS OBLICUOS El ó ella pidió, ellos ó ellas pidieron, el te, la leche, los platos, las copas: y el criado se le ó se lo, se la, se los, se las, trajo. «Como lo escrito necesitaba explicaciones, yo se las puse.» (t. II, pág. 59)
De manera que el se (dativo oblicuo) es de todo género y numero, bien que en el género neutro no me parece que lo admita de grado la lengua (I). (1) Cuando el se es oblicuo, es invariablemente dativo. El padre Scio cometió, á mi ver, un grave solecismo cuando para dar á entender que el Salvador en la ultima cena pasó el caliz á los apstoles, dice (en el evangelio de San Mateo) que «se les dió», refiriendo se al caliz y les á los apóstoles: (dedit calicem illis). Debió decir se le ó se lo. Scio se corrije á si mismo, traduciendo en el evangello de San Marcos, «Se lo alargó (el caliz á los apóstoles); y en el de San Lucas, «Se lo dió» (el pan á los mismos). Este oblicuo se no era conocido en lo antiguo. ¦¦sábase en este sentido ge, y era tambien de todo genero y numero. Deciase «El se lo puso» (el sombrero), se dativo reflejo; (sibi); y «ll ge lo puso», ge dativo oblicuo (illi). Nosotros en uno y otro sentido decimos se: «Como el contrario le amenazaba con la espada, corrió á el y quitósela»; dativo oblicuo: «Sintiendo que le embarazaba la espada, quitóselas; dativo reflejo. Seria de desear que hubiesemos conservado la distinción antigua; pero lo mejor hubiera sido sin duda adoptar para el dativo oblicuo las combinaciones le lo, le la, le los, le las, les lo, les la, les los, les las, nada ingratas al oido. Un uso extrano y barbaro se ha introducido en algunas partes de América relativamente al se obli (t. II, pág. 59)
CUARTA CLASE a. Pasando á las combinaciones binarias de acusativo y dativo identicos, advertiremos, en primer lugar, que no se habla aqui de las construcciones en que un mismo caso se presenta bajo dos formas, una simple y otra compuesta, como en «Conócete á ti mismo», donde te y á ti mismo son dos acusativos, ó por mejor decir, uno solo repetido; ó en « Les dirigimos á ellos la palabra», en que les y á ellos son expresiones varias de un mismo dativo. En frases semejantes no sólo es identico el objeto representado, sino identica la relación en que se considera. (t. II, pág. 60)
b. Con esta oración, «No debemos abandonarnos á nosotros mismos», podemos expresar dos conceptos diversos: si la frase es pleonastica, esto es, si la forma compuesta no hace más que repetir la simple, como en los ejemplos anteriores, lo que se dice es que debemos tener cuidado de nosotros, de nuestra propia suerte. Pero otra cosa cuo. Cuando este dativo es singular, decimos como debe decirse, se le, se la, se lo. Pero cuando es plural, se pone en plural el acusativo que sigue, aunque designe un solo objeto: «Aguardaban ellos el libro, y un mensajero se los trajo». Es preciso evitar cuidadosamente esta práctica. (t. II, pág. 60)
«Sin buscar ellos la comida, les ruegan con ella, y aun se la ponen en la boca»: (Granada). «Pidiéronle de lo caro: respondió que si querian agua barata, se la daria de muy buena gana»: (Cervantes). «Estuvieron al principio sin comunicación (ciertos presos), pero despues se la concedió (Cortes)»; (Solis). (t. II, pág. 60)
es cuando la forma simple es acusativo y la compuesta dativo. Entonces lo que se quiere decir es que no debemos dejarnos llevar ciegamente de nuestras inclinaciones, que debemos someterlas á la conciencia ó la razón. (t. II, pág. 61)
- Concurriendo acusativo y dativo identicos, la regla es que el acusativo tome la forma complementaria, y el dativo la compuesta; pero debe cuidarse de que el contexto determine suficientemente el sentido, para que no se confunda la combinación de los dos complementos con la repetición de uno solo. (t. II, pág. 61)
A veces los dos casos son identicos entre si y con el sujeto: «Cuando respiro el aire del campo, me parece que me restituyo á mi mismoy: la persona que restituye, la persona restituida y la persona á quien se hace la restitución, son una sola. En este sentido de triple identidad es necesaria la forma refleja del dativo de tercera persona: «¿Cuándo será que pueda uno restituirse á si mismo?» Pero si el sujeto es distinto, la forma del dativo puede ser oblicua ó refleja: «¡Felices los pueblos cuando la libertad los restituye á si mismos» ó «á ellos mismos!» La libertad restituye, los pueblos son restituidos, y la restituclon se hace á los pueblos. La forma refleja es necesaria cuando el sujeto es identico; es menos propia y clara cuando el sujeto es distinto. (t. II, pág. 61)
QUINTA CLASE 359. En las combinaciones binartas de dos dativos, el segundo de ellos pertenece al regimen propio del verbo, y el primero, llamado superfluo, sirve slo para indicar el interes que uno tiene en la acción significada por el verbo, ó para dar un tono familiar y festivo á la oración: «Ponganmele un colchon bien mullido» (al enfermo); «Me le dieron una buena felpa» (al ladron). (t. II, pág. 62)
Las combinaciones se reducen á estas: me le Es menes-¦ me le ó me la ter que) me les ¡me les ó me las ¦ sirvan una comida sana (á el). (t. II, pág. 62)
(á ella). (t. II, pág. 62)
(á ellos). (t. II, pág. 62)
(á ellas). (t. II, pág. 62)
a. No he visto ejemplo en que el dativo super Hluo no sea de primera persona de singular, si no es el os me cato de Cervantes (nota de la pág. 51); pero creo que esa construcción no se aplica sino al verbo catar, y de todos modos es hoy anticuada. SEXTA CLASE 360. Las combinaciones ternarias constan de un acusativo reflejo, un dativo superfluo y un dativo propio, colocados en este mismo orden. «Hagasemele, hagasemeles, una acogida carinosa» (á el, á ellos), construccion regular: «Castiguesemele, castigue semeles» (á el, á ellos), construcción irregular. En la primera se puede, en la segunda es de uso corriente sustituir la y las á le y les femeninos. (t. II, pág. 62)
No se usan más combinaciones que las indicadas en los ejemplos precedentes. (t. II, pág. 63)
a. Notaremos de paso que el dativo superfluo no pertenece exclusivamente á las combinaciones de que se acaba de hablar. «Digame, señor Don Quijote, dijo á esta sazón el barbero, ¿no ha habido algun poeta que haya hecho alguna sátira á esa senora Angelica, entre tantos como la han alabado? Bien creo yo, respondi Don Quijote, que si Sacripante ó Roldan fuesen poetas, que ya me hubieran jabonado á la doncella, porque es propio y natura! de los poetas desdenados vengarse con sátiras y libelos»: (Cervantes). (t. II, pág. 63)
Nace el dativo superfluo de la propiedad que tiene el dativo castellano de significar posesión: «Se le llenaron los ojos de lágrimas», en lugar de sus ojos se llenaron (1). «Con este nombre me contento, sin que me le pongan un don encima», (Cervantes); aqui me y le son ambos dativos: le pertenece al régimen propio del verbo; me signisica que se trata de una cosa mia. (t. II, pág. 63)
(¡) «Ses yeux se remplirent de larmes», se diria en frances. El dativo de posesion sustituido al pronombre posesivo es una de las cosas que más diferencian las construcciones castellanas de las francesas, y que los traductores novicios suelen otvidar á menudo. (t. II, pág. 63)
Capítulo XXXIV. Casos terminales mí, ti, sí
a. Entre los casos terminales mi, ti, si, y la preposicion que forma complemento con ellos, no se pone ordinariamente palabra alguna: por lo que seria mal dicho: «A mi y ti nos buscanx; «Debió querellarse de la ofensa hecha á su hermano y si mismox; «De nadie sino de mi y ti debemos quejarnos». (t. II, pág. 65)
b. Es preciso, pues, en ocasiones semejantes, ó repetir la preposición (á mi y á ti, á su hermano y a si mismo, de nadie sino de mi y de ti), ó alterar el orden de los términos de manera que nada medie entre la preposición y el caso terminal (á si mismo y su hermamo). Pero lo primero es inaplicable á ciertos complementos en que la relación es reciproca; no podria decirse, por ejemplo, «Entre ti y entre mi»: concurriendo dos casos terminales en i, se tolera entonces que el segundo no sea precedido inmediatamente de la preposición (entre mi y ti), ó si uno de los dos terminos tiene la forma del nominativo y debe preceder al otro, se da tambien al segundo la forma del nominati vo (entre mi padre ilegitima, aunque entre usted y mi, amistad que hay (Santa Teresa). OE 2y yo). Bien qu menos usada, entre fulano y entre el padre 3ibljoteca Nacion ue no tengo por la construcción mi: «La mucha Salazar y mis: pal de Espafia (t. II, pág. 65)
Capítulo XXXV. Ambigüedad que debe evitarse en el uso de varios pronombres
a. Es preciso mucho cuidado para evitar toda ambiguedad (aun momentánea, si es posible) en la referencia de los pronombres demostrativos, relativos ó posesivos á la persona ó cosa que corresponde. «A Juan se le cayó un panuelo, y un hombre que iba tras el lo tomó y se lo llevó». ¿Se lo llevo á Juan ó se lo llevó consigo? Es imposible saberlo, si lo que precede ó sigue no lo determina. «El pueblo estaba irritado contra el monarca por las perniciosas influencias que le dominaban». ¦A quien dominaban? gal monarca ó al pueblo? b. Los demostrativos tácitos que frecuentemente sirven de sujetos pueden ocasjonar ambigüedad, porque no nos prestan el auxilio de las terminaciones para determinarlos: «Si la nación no ama al rey, es porque se deja llevar de perniciosas influencias». ¿Quien se deja llevar? la nación ó el rey? Diciendo el ó ella se deja llevar, no habria lugar á duda; y bien que á falta de esta determinación seria natural referir este verbo al su jeto de la proposición precedente, la nacion, no es este un indicio bastante seguro, por la genial propensión del castellano á suprimir indistintamente los pronombres que sirven de sujetos. (t. II, pág. 67)
c. A veces no aparece con claridad cuál es el antecedente de un relativo: «L a madre de la senorita Rosa, á quien yo buscaba». No se sabe si la persona buscada es la madre ó la hija. (t. II, pág. 68)
d. Cuando se muda subitamente el sujeto, es preciso expresar el nuevo: «Vuestra merced temple su colera, que ya el diablo ha dejado al Rucio, y vuelve á la querencia», (Cervantes): lo que dice naturalmente el pasaje es que el diablo vuelve á la querencia, no el Rucio; contra la mente del que habla. Clemencin queria que para corregirlo se dijese este vuelve. Pero ese desnudo demostrativo que se refiere intelectualmente al Rucio, por ser este el más cercano de los dos sustantivos en el orden de las palabras, no es adaptable á un dialogo familiar: mucho mejor seria determinar el nuevo sujeto por medio de una breve perifrasis sugerida por las circunstancias: el pobre animal, el pobrecillo. (t. II, pág. 68)
e. El relativo que presenta asimismo el inconveniente de no poderse conocer á veces si es acusativo ó nominativo: «El poder que je habia granjeado la victoria»... La frase no determina por si sola si el poder fue granjeado por la victoria, ó la victoria por el poder. (t. II, pág. 68)
En la mayor parte de los casos bastará el contexto para remover toda duda; pero conviene que esto se efectue sin producir embarazo ó perplejidad que obligue á suspender la lectura. Además, (t. II, pág. 68)
CRAMATICA CASTELLANA en circunstancjas parecidas á las del ultimo ejemplo, podrá determinarse perfectamente el sentido colocando el verbo en seguida del sujeto cuando el que es acusativo: «El poder que la victoria le habia granjeado». (t. II, pág. 69)
f. Suyo se refiere ordinariamente al sujeto de la frase: «Concediole aquel permiso bajo condición y palabra de que habia de llevar consigo algunos de sus escuderos»: (Martinez de la Rosa) ¿Escuderos de quien? ádel que concede el permiso, ó del que lo recibe? Naturalmente del segundo, por ser este el sujeto del verbo llevar (1). (t. II, pág. 69)
Sin embargo, cuando hay en la oración ó en una serie de oraciones una figura, por decirlo asi, principal, un objeto que domina á los otros, el posesivo suyo se refiere á el sin violencia, y aun mas naturalmente que al sujeto de la frase: . . . . . . . . . . . . .. Lara afanoso La faz alzó, tal vez los resplandores Para buscar del astro refulgente, Esperando ¡infeliz! la larga noche Moderar de sus ojos, y á lo menos Ver tibia claridad. Desenganóle (1) Por eso no me parece que don Vicente Salvá censuró con su acostumbrada justicia aquel pasaje de Moratin: «Fue admirable el generoso tesón con que llevó Feijóo adelante su empresa de ser desenganador del pueblo, á pesar de los que aseguran su privado interes en hacerle estupido»: creo que su interes se refiere naturalmente á los que aseguran. Si hay alguna vacilación al leer este periodo, proviene de los varios sentidos de asegurar, que significa aseverar y afianzar, (t. II, pág. 69)
Empero la experiencia: aunque á torrentes Su lumbre, no ya un sol, sino mil soles Derramaran sobre el, siempre su vista Fuera más insensible que los broncesx: (EL DUQUE DE RIVAS). (t. II, pág. 70)
Vemos aqui la influencia de las dos reglas precedentes, su lumbre se refiere al sujeto soles de la frase, y sus ojos, su vista á la figura dominante de la sentencia, al anciano Lara. (t. II, pág. 70)
Hay además en su lumbre, para la facilidad de la referencia, un motivo particular, que es el contexto; quiero decir, la conexión tan obvia de lumbre y soles. (t. II, pág. 70)
Capítulo XXXVI. Frases notables en las cuales entran artículos y relativos
a. Es digna de notar la elipsis de la preposición antes del relativo, cuando la misma ó otra de un valor analogo precede al antecedente: «En el lugar que fue fundada Roma no se veian más que colinas desiertas y dispersas cabanas de pastores»; en el lugar en que: «Al tiempo que salia la escuadra, el aspecto del cielo anunciaba una tempestad horrorosa»; al tiempo en que: «Espadas largas que se esgrimian á dos manos, al modo que se manejan nuestros montantes», (Solis); al modo con que: «A medida que nos alejamos de un objeto, se disminuye su magnitud á la vista»; á la medida en que. Esta elipsis, con todo, no tiene cabida sino cuando el termino del complemento es de significado muy general, y el complemento mismo es de uso frecuente, como en el lugar, al tiempo, al modo, á la manera, á condicion, á medida, á proporcion, en el grado. En virtud de esta elipsis, el complemento y el relativo forman frases adver viales relativas que acarrean proposiciones subordinadas. b. Y sucede tambien que se calla la preposicion, no sólo antes del relativo, sino antes del antecedente; «Todas las veces que yo fui á verle, me dijeron que no estaba en casa»: todas las veces que por en todas las veces en que, es expresión que se adverbializa por la doble elipsis de la preposición, equivalente á siempre que. (t. II, pág. 71)
c. Ya hemos notado (166) aquellas construcciones en que el articulo definido se combina con el relativo que, perteneciendo los dos á distintas proposiciones, el articulo á la subordinante y el relativo á la subordinada. Lo que vamos á decir no debe aplicarse á los casos en que el articulo y el relativo pertenecen á una misma proposición, no siendo el primero más que una forma del relativo, por medio de la cual designamos sus varios numeros y géneros. (t. II, pág. 72)
En las construcciones de que ahora se trata es notable la concordancia del articulo sustantivado con un predicado á que por el sentido no se refiere verdaderamente; porque lo que este pide es el articulo sustantivo. Asi, en lugar de decir «Lo que de lejos nos parecia un gran castillo de piedra, era una montana escarpada», podemos decir, por un idiotismo de nuestra lengua (no desconocido en las antiguas): «El que de lejos»... concertando al articulo con el predicado castillo, que modifica á parecia, sin embargo de que al articulo no se subentiende ni podria. subentenderse casti Ilo; pues el castillo que de lejos nos parecia castillo era una montana, es un absurdo evidente. (t. II, pág. 72)
Este idiotisrno es en sustancia el mismo de que se ha tratado en otro lugar (cap. XXIX, apend. Il, c), pero bajo una forma especial. (t. II, pág. 73)
«Lo que el pensaba que era sangre no era sino sudor que sudaba con la congoja de la pasada tormenta»: (Cervantes). Este lo es la palabra propia; pero pudo tambien decirse por el idiotismo de que se trata: la que el pensaba, etc. (t. II, pág. 73)
Si se trata de personas, es claro que no podria decirse lo: la concordancia del articulo con el predicado seria entonces necesaria: «Sólo quedó en pie Brandamiro, arrimado al arco, clavados los ojos en la que pensaba ser su mujer (Cervantes) (1). «Con esto conocieron que el que parecia labrador, era mujer y delicada»: (el mismo), Lo que parecia mujer no podria decirse sino cuando esta apariencia la formase una cosa inanimada: «Lo que parecia mujer era un bulto de paja. (t. II, pág. 73)
- Para comprender el uso de la expresión lo que, compuesta de dos sustantivos neutros, anticiparemos algunas consideraciones sobre el neutro ello, de que el lo no es más que la forma sincopada. (t. II, pág. 73)
Ya se ha visto (151, e) que ello, á semejanza de los otros demostrativos neutros, reproduce conceptos precedentes: «Se habla de una gran derrota sufrida por las armas ----.— (1) Hoy se diria más bien la que el pensaba que era mujer. En la frase de Cervantes la elipsis del demostrativo el hace por lo pronto referir el pensar á la que parecia mujer, y no á Brandamiro. CXXIX (t. II, pág. 73)
ANDRES BEL.LO de los aliados; pero no se da credito á ello». Si, bajo la forma integra, ello depone el oficio reproductivo (lo que sucede raras veces), conserva su significado natural, la cosa, el hecho. De aqui el sentido de aquella frase tan usada ello es que. (t. II, pág. 74)
«Ello es que hay animales muy cientificos En curarse con varios especificos», (Iriarte); que es como si se dijera, el hecho, la verdad del caso, lo que des pues de meditada la materia me parece, es que. (t. II, pág. 74)
De ahi tambien la fuerza de aquella otra frase, aqui es ello, alli fue ello, esto es, la cosa notable, la dificultad, lo extraordinario, lo apurado. «Dijome finalmente que dona Estefania se habfa llevado cuanto en el baul tenia, sin dejarme en el sino un solo vestido de camino: aqui fue ello, aqui me tuvo Dios de su mano», etc. (Cervantes). (t. II, pág. 74)
a. Tambien hemos visto (139) que cuando la demostracion recae sobre algo que sigue y que la especifica, se sincopa ello en lo: (t. II, pág. 74)
......... «No he salido Jamas de estos campos bellos.— Por eso te deben ellos Lo galan y lo florido». (t. II, pág. 74)
(D. ANT. DE MENDOZA) (t. II, pág. 74)
«No curemos de saber Lo de aquel sigl, pasado; (t. II, pág. 74)
Volvamos á lo de ayer, Que tambien es olvidado». (t. II, pág. 75)
(JORGE MANRIQUE). (t. II, pág. 75)
En tenjendo el pueblo lo que deseó, vuelve á desear lo que tuvo, constante sólo en no admitir constancia y en pagar con ingratitud á sus bienhechores (Coloma). (t. II, pág. 75)
b. Se ha visto asimismo (189, b, l.°, pág. 200), que los sustantivos peutros algo, nada, poco, mucho, tanto, cuanto, etc., se emplean á menudo como adverbios. Ello es de los que experimentan algunas veces esta transformación, pasando, por consiguiente, á significar en verdad, en efecto, realmente. «Ello, no tiene duda que por ese tiempo se representaban unos dramas tan toscos, que merecian el nombre de farsas con que se apellidaban» (M. de la Rosa). En El pintor de su deshonra, de Calderón, un lacayo que tiene el prurito de contar cuentos á todo proposito, comienza varias veces uno, que los otros personajes, fastidiados de tanto cuento, no quieren oir; y con este motivo exclama: «Ello, hay cuentos desgraciados». (t. II, pág. 75)
No es raro en las comedias este uso adverbial de ello, que pertenece al estilo de la conversación: «Ello, asi parece»; «Ello, tu al cabo lo has de saber», ..... Ello, es necesario Indagar que vida lleva». (t. II, pág. 75)
(MORATIN). (t. II, pág. 75)
«Elto, ¿no ha de haber formi de que haga usted lo que su padre le manda?» (M. de la Rosa). (t. II, pág. 75)
7G c. Las frases lo primero, lo segundo, etc., se adverbializan tambien, equivaliendo á en primer lugar, en segundo lugar. Varias otras frases sustantivas formadas con lo toman asimismo el oficio de adverbios: «n la Araucana no hay un solo espanol que se distinga siquiera lo baslante para que nos quede su nombre en la memoria» (Martinez de la Rosa). (t. II, pág. 76)
«Como del mar en resonante playa Las olas se suceden y amontonan, Lo mismo entonces las falanges griegas Una en pos de otra sin cesar marchaban». (HERMOSILLA). (t. II, pág. 76)
- Lo más digno de observar es la construccion del lo con epitetos ó predicados: «Muchos hay que en lo insolentes Fundan selo el ser valientes». (t. II, pág. 76)
(D. A. DE MENDOZA). (t. II, pág. 76)
Pudo haberse dicho, si lo permitiese la rima, lo insolente, concertando al adjetivo insolente con el lo. Pero en castellano, al mismo tiempo que un adjetiyo especifica al lo, y es el objeto sobre que recae la demostración de este neutro, hay la particularidad de poder referirlo á un sustantivo distante (como insolentes á muchos hombres en el ejemplo anterior) concertandolo con ese sustantivo, y haciendolo considerar como un epiteto ó predicado suyo: «El Horacio (de (t. II, pág. 76)
Corneille) presenta situaciones que sorprenden por lo nuevas e interesantes»: (M. de la Rosa). Extiendese el mismo uso á sustantivos de todo género y numero, demostrados por el lo, y referidos epitéticamente á sustantivos: un historiador dice del rey San Fernando, que «Todo fue grande en aquel principe, lo rey, lo capitan, lo santo»: «Si el poeta se cine á la verdad, ¿de que le sirve lo poeta?» (Maury); «Zagala, no bien fingida, Basta, basta lo zagala». (t. II, pág. 77)
(D. A. DE MENDOZA). (t. II, pág. 77)
hablando de muchos ó con muchas hubiera podido decirse, ¿de qué les sirve lo poetas? Basta, basta lo zagalas. (t. II, pág. 77)
He qui otra muestra, coplada de la Gramática de Salvá: (t. II, pág. 77)
«Con decir que es granadina Te doy suficiente luz De esta insoportable cruz; Porque más no puede ser Si á lo terco y lo mujer Se le junta lo andaluz». (t. II, pág. 77)
Pudo haberse dicho, segun el idiotismo espanol, lo terca, lo andaluza, como se dijo lo mujer. No por eso condenariamos como ajeno del castellano «En Isabel la Catolica no era menos grande la mujer que la reina». Lo seria sin duda la expresión propia, porque nos haria ver en mujer y reina dos cualidades, como lo son realmente. Pero la, figurando las cualidades como personas distintas, es una metáfora que hermosea y engrandece el concepto. (t. II, pág. 77)
- En la frase lo que suele adverbializarse el relativo, llevando envuelta ó tácita la preposición de que debiera ser término: lo que significa entonces el grado en que. «Hernan Cortes dijo á Teutile que el principal motivo de su rey en ofrecer su amistad á Montezuma era lo que deseaba instruirle para ayudarle á salir de la esclavitud del demoniox: el grado en que, el ardor con que. (t. II, pág. 78)
- Otras veces se adverbializa la frase entera lo que, equivaliendo á en el grado en que ó al adverbio cuanto. «Bien cuadra un don Tomás de Avendano, hijo de don Juan de Avendano, caballero lo que es bueno, rico lo que basta, mozo lo que alegra, con enamorado y perdido por una fregonax (Cervantes): esto es, en el grado en que ó cuanto es bueno serlo, en el grado en que ó cuanto basta serlo, etc. (t. II, pág. 78)
- Entre el lo y el que puede intervenir un predicado de cualquier género y numero, cuando el verbo de la proposicion subordinada es de los que suelen modificarse por predicados: «Lo ambicioso que fue de glorias y conquistas el emperador Napoleón» (ambicioso no concierta con lo, sino con emperador); «Lo melancolica que está la ciu dad»; «Lo divertida que pasaron la noche»; «Lo distrafdos que andan»; «Lo enfermas que se sienten»; «Lo apresurada que corre la vida»; «Lo desprovista que se halla de municiones la fortaleza»: nada mas frecuente en castellano. Y observese que en estas construcciones es necesaria la concordancia del predicado con el sustantivo de que se predica: no se puede decir lo desprovisto que se halla la fortaleza. (t. II, pág. 78)
- Encierran ellas no pocas veces un sentido enfatico: «Suele (Tirso de Molina) olvidar en sus desahogos lo faciles que son de lastimar el pudor y el recato» (M. de la Rosa); cuan faciles son. (t. II, pág. 79)
Estas construcciones encjerran una trasposición tan genial de la lengua, que extranariamos como desusado el orden natural: lo que (el grado en que) la fortaleza se halla desprovista. En el Amadis leemos: «Cuando Patin la vió (á Orjana) fué espantado, y entre si decia que todos los que la loaban no decian la mitad de lo que ella era hermosa»; por de lo hermosa que ella era. En Lope de Vega se encuentra «Lo que es hermosay, por lo hermosa que es. Y en el Guzmán de Alfarache, de Mateo Lujano, «No me conoció por lo que yo venia disfrazado»; por lo disfrazado que yo venia. En Tirso de Molina ocurren varios ejemplos de lo mismo. Pero el uso general está á favor de la trasposición. 367. Pueden tambien mediar adverbios y complementos entre el lo y el que, en virtud de la misma trasposición: «Lo bien que habla»; «Lo aprisa que corre»; «Lo diestramente que se condujo»; «Lo á la ligera que escribon; esto es, el grado en que habla bien, en que corre aprisa, etc. (t. II, pág. 79)
Y no se mire esta trasposición como ociosa: ella sirve para dirigir la atención sobre la idea precisa y sobre aquella parte de la idea en que es conveniente fijarla, como cualquiera echará de ver comparando el orden que gramaticalmente llamamos natural con el orden traspuesto. (t. II, pág. 80)
a. El neutro que, anunciativo de proposición subordinada, suele callarse entre dos verbos contiguos, subordinante y subordinado: «Deseábamos amaneciese»; lo cual, como observa Salvá, suena mejor cuando el verbo subordinado está en subjuntivo. Entre el que tácito y el verbo subordinado pueden mediar afijos y el adverbio no: «Esperabamos se sentenciase favorablemente la causa»; «Temiase no llegase á tiempo el socorro». Pero entre el verbo subordinante y el que tácito no suena bien la interposición de palabra alguna, á no ser un enclitico; «Creiase iba á retirarse el enemigo». b. Conviene observar que con los verbos que significan temor, expresado el que anunciativo, es negativa ó no la proposición subordinada segun lo sea lo que se teme: «Temiase que fuesen socorridos los enemigos»; «Recelabase que nuestra caballeria no llegase á tiempo». Al paso que callado el que, el objeto positivo puede llevar la negación de la misma manera que el negativo: «Temiase no fuesen socorridos los enemigos» significa pues lo mismo que temiase fuesen... Lo dicho se extiende á todos los verbos y frases subordinantes que llevan implicita la idea de temer. «Serán tantos los caballos que tendremos despues que salgamos vencedores, que aun corre peligro Rocinante no le trueque por otrox: (Cervantes). Este no, al parecer superfluo, hace más elegante la frase, y aun á veces (como en el ultimo ejemplo) haria falta. c. Con el verbo preguntar es enteramente arbitrario poner u omitir el que: «Bueno fuera preguntar á Canizares que adonde (1) estaban sus advertidos recatos», dice Cervantes; donde omitido el que no haria falta. (t. II, pág. 80)
d. Otras veces redunda este que: «Suplico á vuestra merced que, porque no encarguemos nuestra conciencia, confesando una cosa por nosotros jamás vista ni oida, que vuestra merced sea servido de mostrarnos algun retrato de esa senora (Cervantes). Nada más comun que este pleonasmo en nuestros clásicos; pero segun el uso moderno es una incorreccion que debe evitarse. (t. II, pág. 81)
e. El anunciativo que, segun se ha dicho antes (162) se emplea á menudo como término: «Resignado á que le diesen la muertes; «Avergonzado de que se hubieran descubierto sus intrigas»; «Se contentó el demandante con que se le restituyese la hacienda sin los frutoss; «luyó porque le acometieron muchos á un tiempo»; «Segun que nos elevamos sobre la superficie de la tierra, se adelgaza más y mas el aire»; «Es preciso dar unidad á (1) Hoy diriamos donde: (t. II, pág. 81)
ANDRES LELLO las diversas partes de una obra, para que el todo salga perfecto», etc. A la misma especie de frases, como se ha dicho en otra parte (197, 198), pertenecen pues que y mientras que; en las cuales pues y mientras son verdaderas preposiciones, que callándose el relativo lo envuelven, y se hacen adverbios relativos: «Suframos, pues asi lo quiere la fortuna»; «Mientras dura el buen tiempo, aprovechémosles. Con segun es frecuentisima y casi constante la elipsis: «Segun refieren los autoress: segun que parece usarse mejor en el significado de á medida que. (t. II, pág. 82)
- El que anunciativo se adverbializa á menudo con varios adverbios y complementos, formando con ellos frases adverbiales relativas que tambien anuncian una proposición subordinada: antes que, luego que, asi que, aunque, bien que, aun bien que, ya que, ahora que, siempre que, á condicion que, con tal que, etc. (t. II, pág. 82)
a. Conforme es adjetivo en «La sentencia es conforme á la ley»; «Los pareceres de los jueces fueron en un todo conformes». Pero es adverbio en «No tienen por que temer el rigor de la ley los que viven conforme á ella». No creo que jamás se haya dicho conforme que, y sin embargo, ha tomado esta palabra el carácter de adyerbio relativo, como si envolviese el anunciativo que: «Un rio cuyas dos orillas abarca nuestra vista es un objeto bello; pero, conforme se aleja de su origen y sus margenes se van apartando, carecemos de térmi nos de comparación, la idea se engrandece y se convierte por fin en sublime» (Gil y Zárate); conforme es aqui á medida que, segun que. (t. II, pág. 82)
b. Suelen tambien contraponerse elegantemente palabras y frases negativas al que de proposición subordinada en subjuntivo: «Nadie fue á verle, que no le encontrase ocupado»; «A ninguna parte se volvian los ojos, que no se presentasen objetos de horror»; «Nunca dió semejantes palabras, que no las cumpliese, aunque fuese en un monte y sin testigo alguno». (t. II, pág. 83)
c. El complemento porque, escrito como una sola palabra, es un verdadero adverbio relativo. Se separan sus dos elementos, cuando el segundo no anuncia, sino reproduce: «El partido por que me intereso». Es preferible entonces el cual, ó si se quiere, el que: el partido por el cual, ó el que. (t. II, pág. 83)
d. Porque, como adverbio relativo, presenta en la proposición subordinada la causa, y en la frase subordinante el efecto. Asi, en «Huyó porque le acometieron muchos á un tiempo», la huida es el efecto de la acometida. Pero pasa á conjunción, ligando proposiciones independientes, cuando la segunda de ellas significa la causa lógica, el fundamento que hemos tenido para enunciar la primera: «No digas que no sientes estas consolaciones y alegrias aunque pienses en Dios; porque si cuando el paladar está corrompido, no juzga bien de los sabores, ¿qué maravilla es que teniendo tu el ánima corrompida, tengas hastio del maná del cielo y del pan de los ángeles?» (Granada). En este ejemplo lo que sigue á porque es la razón que se tuvo para desear que no dijeses que no sentias, etc. (1). Más adelante hablare de varios otros adverbios relativos que experimentan igual transformación. (t. II, pág. 83)
e. Mediante la elipsis de por nace de la conjunción porque otra conjunción causal que liga tambien oraciones independientes, y anuncia una razón ó fundamento lógico: «Calla y ten paciencia, que dia vendrá en que veras por vista de ojos cuán honrosa cosa es andar en este ejercicio» (Cervantes); «Extranas y dolorosas escenas interrumpian con frecuencia esta triste faena; que á veces en aquellos cuerpos horriblemente mutilados reconocian hombres y mujeres las prendas de su amor y de su amistad» (Baralt y Diaz). Esta conjunción es de grande uso en poesia: (t. II, pág. 84)
Pobre barquilla mia, Entre penascos rota, No mires los ejemplos De las que van y tornan, Que á muchas ha perdido La dicha de las otras:» (t. II, pág. 84)
(LOPE.). (t. II, pág. 84)
(1) Tan importante es esta diferencia, que en varias lenguas corresponden palabras diversas á nuestro porque, segun es conjunción ó adverbio. En el ejemplo de Granada los franceses lo traducirian car, los ingleses for, los latinos nam, namque, enim, quippe. En «Huyó porque le acometieron», los franceses dirian parce que, los ingleses because, los latinos quid. (t. II, pág. 84)
GRAMTICA CASTELLANA «No me precio de entendido, De desdichado me precio; Que los que no son dichosos, ¿Cómo pueden set discretos?» (I) (t. II, pág. 85)
(LOPE.) (t. II, pág. 85)
f. A veces este que toma la fuerza de conjunción correctiva, convirtiendo lo condicional y contingente en positivo: «¡Dichoso hallazgo! dijo á esta sazón Sancho Panza; y más si mi amo es tan venturoso que desfaga este agravio y enderece ese tuerto, matando á ese gigante que vuestra merced dice, que si matarás: (Cervantes). (t. II, pág. 85)
g. El adverbio relativo porque puede tambien anunciar la proposición subordinada como un objeto ó fin: «El ayo se partió á Burgos á dar las nueyas á sus amos, porque pusieran remedio y dieran traza de alcanzar á sus hijos», (Cervantes): con el objeto ó fin de que, para que. Y subentendido el por, se hace el que un adverbio relativo eu el mismo sentido: «L.o hacia mi madre por ocupar sus hijos, que no anduviesen en otras cosas perdidoss: (Santa Teresa). No debe confundirse este que adverbial con el adjetivo equivalente á el cual ó el que, como en estos versos de Carvajal: . . . . . . . . . .. «Me cante Cantares que me den afreuta y pena.» (t. II, pág. 85)
(1) En el mismo sentido se usaba ca: «Lo que anda sobre la tierra y lo que vuela por el aire suyo es: ca todas esas cosas son beneficios de Dios, obras de su providencia, muestras de su hermosura, centellas de su caridad y predicadores de su largueza (Granada.) (t. II, pág. 85)
h. Af anunciativo que suelen acompanar otras varias elipsis que hacen muy expresiva la frase: «En fin, senora, ¿que tu eres la hermosa Dorotea, la unica hija del rico Clconardo?» (Cervantes): con que tu eres. «Que te faltan las alforjas, Sancho?» (Cervantes); con que te faltan. ¿Que viva un hombre aqui tan poderoso!» (Lope); es posible que viva. «Que tenga de ser tan corta de fortuna!» (Cervantes); es posible que tenga. «Que de al diablo vuestra merced tales juramentos, que son muy en dano de la salud y muy en perjuicio de la conciencia», (Cervantes); ojala que de. «Pagó el porte una sobrina mia, que nunca ella le pagara»: ojala que nunca, etc. (t. II, pág. 86)
i. Son frecuentisimas las frases que entre, que venga, que se vaya en hora buena, que digan lo que quieran, susceptibles de todos los sentidos del modo optativo, y de algunos otros, mediante varias elipsis, como quiero, deseo, te ruego, poco me importa, análogos á las circunstancias. Pero en el estilo elevado se emplean mejor las formas del optativo sin que: (t. II, pág. 86)
«Despiertenme las aves Con su cantar sabroso no aprendidos: (t. II, pág. 86)
(L. DR LEóN.) (t. II, pág. 86)
j. A la manera que las formas aseverativas equivalen á yo afi mo, yo juro, las formulas suplicatorias equivalen á yo ruego, yo suplico, y rigen como aquellas el anunciativo que: «Por amor de Dios, senor alférez, que no cuente estos disparates á persona alguna, si no fuere á quien sea tan su amigo como yoy: (Cervantes). (t. II, pág. 86)
GRAMATICA CASTELL.ANA k. Cuando se propone lo que deseamos como una recompensa de lo que pedimos, suelen contraponerse dos optativos, el uno precedido del adverbio asi, y el otro del que: (t. II, pág. 87)
«Asi, Bartolome, cuando camines, Te de Mercurio prósperos viajes, Y su sombrero, báculo y botines; Que me des relación», etc. (VILLEGAS.) (t. II, pág. 87)
«Ast no marchite el tiempo El abril de tu esperanza, Que me digas, Tarfe amigo, Donde podre ver á Zaida.» Pero si se principia por el ruego, es necesario el imperativo ó alguna otra forma que lo supla, y por consiguiente no hay lugar para el que: «Dime, Tarfe, por tu vida, Donde podre ver á Zaida: (t. II, pág. 87)
Asi no marchite el tiempo El abril de tu esperanza.» En lugar de asi, puede tambien emplearse el que mediante una elipsis: « Podreisme decir, buen amigo, que buena ventura os de Dios, donde son por aqui los palacios de la sin par Dulcinea?» (Cervantes); asi sea que buena ventura, etc. «Dime, valeroso joven, Que Dios prospere tus ansias, Si te criaste en la Libia.» Asi sea que Dios, etc. (t. II, pág. 87)
(CERVANTES.) (t. II, pág. 87)
- No puede nadie excusarse este trago, que sea rey, que sea papay, (Granada): «Que quisieron, que no quisieron, toman á cada uno de ellos en medio», (Rivadeneyra); ya se suponga que. Y puede suprimirse elegantemente el primer que: «Queramos, que no, todos caminamos para esta fuentes: (Santa Teresa). En virtud de esta elipsis se hace el que una conjunción alternativa ó enumerativa, como ya, ora. (t. II, pág. 87)
- Por ultimo, el relativo que se vuelve conjunción comparativa, colocado despues de los adjetivos mismo, igual, diferente, distinto, diverso, ó de adverbios y complementos formados con ellos: (t. II, pág. 88)
- «Diversamente impera en los ánimos la costumbre que la ley.» (t. II, pág. 88)
- «Lo mismo» ó «de la misma manera habla que escribe»; (lo mismo, frase adverbial, 361, c.). 3. «En el mismo grado era animoso que elocuente.» 4. «El mismo soy ahora que antes.» (t. II, pág. 88)
- «lgual talento requiere la comedia que la tragedia.» (t. II, pág. 88)
- «Diversas costumbres tiene que solia.» 7. «No mostraba diferente semblante á la adversa que á la próspera fortuna». (t. II, pág. 88)
Sirve este que para comparar dos conceptos, y lo hace como verdadera conjunción, ligando elementos análogos (49), segun se ve en los precedentes ejemplos: dos sujetos en el primero y quinto, dos atributos en el segundo, dos predicados en el tercero, dos adverbios en el cuar to, dos acusativos en el sexto (), dos complementos formados con la preposición á en el septimo. a. Facil es ver en la mayor parte de estos ejemplos la conversión del carácter refativo en el conjuntiyo por medio de una ó más elipsis. (t. II, pág. 88)
- «Lo mismoy ó «de la misma manera en que escribe habla». (t. II, pág. 89)
- «Era animoso en el mismo grado en que era elocuente.» (t. II, pág. 89)
- «El mismo soy ahora que antes era.» 4. «La comedia requiere talento igual á aquel que la tragedia requiere.» (t. II, pág. 89)
- «Tiene costumbres diversas de aquellas que solia tener.» (t. II, pág. 89)
- «No mostraba á la fortuna adversa semblante diferente de aquel que habia mostrado á la próspera fortuna.» (t. II, pág. 89)
b. Pero casos hay en que no seria posible reducir el oficio conjuntivo al relativo por medio de elipsis alguna, á lo menos natural y obvia: «Otra cosa que el acaso ha producido el orden admirable del universo.» (t. II, pág. 89)
«No en otra cosa que en la justicia está cimentada la seguridad de las sociedades humanas.» «No obedece á otro que á ti.» (t. II, pág. 89)
c. Precediendo negación expresa, el que se reviste de la fuerza de la conjunción sino: «No en (S.) En el sexto, lo mismo que en el segundo ejemplo. se comparan dos atributos. Si se dijera lo mismo escribe comedias que tragedias, si se compararian dos acusativos. (CUERVO, en sus notas á la Gramatica de Bello.—N. del C. CXXIX otra cosa sino en la justicia», etc. Y tal es en efecto. la forma que se da muchas veces á las oraciones de esta especie. (t. II, pág. 89)
d. Con ser, cuando denota identidad, se construye á veces un que pleonástico, que no carece de cierta energia: «l lablara yo más bien criado si fuera que voss, (Cervantes); el mismo que pos. Pero este pleonasmo apenas tiene cabida sino en oraciones condicionales de negación implicita, en que se contrapone un nombre de persona determinada á un pronombre personal ó á un articulo sustantivado: «Si ella fuera que tu», «Si yo fuera que el gobernador». (t. II, pág. 90)
e. ¿Deberá decirse «No tengo otro amigo que tu», ó «no tengo otro amigo que á ti?» En favor de esta segunda construccion pudiera alegarse que tener pide acusativo; que el acusativo de la segunda persona de singular es te ó á ti; y que no pudiendo usarse te sino pegado á un verbo ó derivado verbal (141), es preciso emplear en esta frase la forma compuesta á ti. Pero el uso ha querido otra cosa: es preciso emplear aqui la forma nominativa ti. La práctica de la lengua pudiera formularse de este modo: si otro está en acusativo ó nominativo, se construye con nominativo; si es termino de preposición expresa, se construye ó con un nominativo (que no es lo mejor) ó con un complemento que lleve la misma preposición: «No me acompanaba otro que tu»; «No tengo otro amigo que tu»; «No me fio de otro que tu», ó «que de ti». f. En lugar del que comparativo se pone á menudo un complemento: « Diversas costumbres tiene de las que solias; «Muy otra fue de la que se esperaba la terminación del negociox. Y aun á veces el segundo giro es el unico admisible: «lguales fueron los resultados á las esperanzas». En los capitulos siguientes examinaremos otros usos de que, sea como conjunción comparativa, sea ejerciendo otros oficios. No hay palabra castellana que sufra tan variadas y á veces inexplicables transformaciones. (t. II, pág. 90)
Capítulo XXXVII. Grados de comparación
- Llamanse con especial propiedad comparativos las palabras mas y menos, y todas las palabras y frases que se resuelven en estas ó que las contienen, y que como ellas, llevan ó pueden llevar en pos de si la conjunción comparativa que, por medio de la cual se comparan dos ideas bajo la relacion de cantidad, intensidad ó grado: «En los hechos que celebra la fama suele haber mas de interes y de amor propio que de verdadera virtud»; aqui mas es sustantivo y acusativo del impersonal haber, y el que conjuntivo compara bajo la relación indicada los sustantivos interes y amor propio con el sustantivo verdadera virtud, términos todos ellos de la preposicion de. «Mas es perdonar una injuria que vengarlan: el que conjuntivo compara dos sujetos de ser, modificado por el sustantivo mas, que se adjetiva sirviendo de predicado (38); el orden natural seria: (t. II, pág. 93)
perdonar una injuria es mas que vengarla. «¿Qué cosa mas fiera que el león?»: compáranse que cosa y león, y mas es adverbio. (t. II, pág. 94)
Podemos comparar de la misma manera adjetivos: «Mas noble que venturoso»; verbos: (t. II, pág. 94)
Mas juega que trabaja»; adverbios: «Menos magnifica que elegantemente adornado», (donde en magnifica se suprime la terminacion mente, por seguirse otro adverbio que la lleva); complementos: «Mas por fuerza que de grado». (t. II, pág. 94)
a. A veces la primera de las ideas comparadas va envuelta en el más: «No apetezco mas que el reposo de la vida privada»: el más es aqui sustantivo y acusativo de apetezco. A veces se subentiende la segunda de dichas ideas y con ella el que: «Suspiro por el reposo de la vida privada; no apetezco más». Mas se hace adverbio, modificando al verbo en «Nada apetezco más» (mas de veras, mas vivamente) (1), y adjetivo en «Nada mas apetezco», modificando el neutro nada y contribuyendo con el á formar el acusativo. (t. II, pág. 94)
b. Otro tanto podemos aplicar á menos: «No aspira á menos que á la suprema autoridad; «En (1) La frase nada apetezco más es ambigua, porque no indica de suyo si el mas es adjetivo (nihil amplius opto) ó adverbio (nihil cupio magis). Es preciso cuidar de que el contexto remueva toda duda, ó decir en el primer caso nada mas ó más nada, y en el segundo mas vivamente, mes de veras, determinando el carácter adverbial de más. (t. II, pág. 94)
nada piensa menos que en dedicarse á las letras»; «En nada menos piensa que en ocupar un Ministerio de Estado». Estos dos ultimos ejemplos significan cosas contrarias: piensa ocupar un Ministerio, no piensa dedicarse á las letras. (t. II, pág. 95)
c. Presentase aqui una cuestión parecida á la que propusimos poco ha (369, e). ¿Deberá decirse «No tengo más amigo que tu», ó «No tengo mas amigo que á tis? La solución es algo diversa. Si la primera de las ideas comparadas está en nominativo ó acusativo, se le contrapone el nominativo: «Nadie es más á propósito», ó «No conozco á nadie más á propósito que ella para la colocación que solicitos. Si dicha idea es término de preposicion expresa, se le debe contraponer un complemento formado con la misma preposición: «En nadie tengo más confianza que en ti»: «Tengo con el más intimidad que contigo». (t. II, pág. 95)
- Mayor, menor, mejor, peor son verdaderos comparativos que se resuelven en mas grande, menos grande, mas bueno, mas malo, y se construyen con la conjunción comparativa que: «No siempre es mayor virtud la generosidad que la justicia»; «Menor es Paris que Londres»; «El estilo de Terencio es mejor que el de Plauto»; «Peor me siento hoy que ayer». Mejor y peor se adverbializan á menudo»; «Se retienen mejor los versos que la prosa»; «Cada dia se portan peor». (t. II, pág. 95)
a. No deben considerarse como comparativos superior, inferior, exterior, interior, ulterior, citerior; porque si bien se resuelven en más (pues superior es lo de mas arriba; inferior, lo de más abajo; exterior, lo de más afuera; intertor, lo de ms adentro, ulterior to de más allá y citerior, lo de mas acá), no se construyen con el conjuntivo que: no se dice superjor ó inferior que, sino superior ó inferior á. (t. II, pág. 96)
Aun habria menos razón para considerar como comparativos á anterior (lo de antes) y posterior (lo de despues), puesto que no son resolubles en más. (t. II, pág. 96)
- Por medio del adverbio mas se forman frases comparativas, que dan este carácter á los adjetivos, adverbios y complementos. v. gr., mas util, mas rico, mas lejos, mas aprisa, mas de proposito, mas á la ligera. En lugar de mas bueno y mas malo, se dice casi siempre mejor, peor. Mas grande y mas pequeno se usan tanto como mayor y menor. (t. II, pág. 96)
- Debemos tambien mirar como frases comparativas las que se forman anteponiendo el adverbio menos: menos util, menos aprisa, menos á proposito. (t. II, pág. 96)
- Los comparativos rigen á menudo la preposición de, dejando entonces de hacerse la comparación por medio del que conjuntivo: «Fue mas sangrienta la batalla de lo que por el numero de los combatientes pudo imaginarse»; «Volvió el presidente á la ciudad menos temprano de lo que se esperaba»; «Se encontraron al ejecutar la obra mayores inconvenientes de los que se habian previsto». Que lo que ó que los que no hubiera sido impropio ni extrano; pero se prefiere la preposición como más agradable al oido. Pudiera tambien decirse elipticamente: «Fue más sangrienta que por el numero», etc., «Menos temprano que se esperaba». Pero despues de mayor ó menor (como en el ultimo ejemplo) seria dura la elipsis, que en muchos casos pudiera tambien hacer oscura ó anfibológica la frase. (t. II, pág. 96)
a. Despues de más, si viene luego un numeral cardinal, colectivo, partitivo ó multiplo, se debe usar de en las oraciones afirmativas; pero en las negativas podemos emplear que ó de: «Se perdieron mas de trescientos hombres en aquella jornada»; «Subió á más de un millon de pesos el costo del muelles; «Se fue á pique más de la mitad de la flota»; «Ganóse en aquella especulación más del duplo de los dineros invertidos en ellas. Sustituyase en estos ejemplos no se perdieron, no se gastó, no se fué á pique, no se ganó, y podrá decirse mós de ó más que. De la misma manera se usa menos, como podemos verlo poniendo menos en lugar de mas en los ejemplos anteriores. Creo, con todo, que aun en oraciones negativas suena mejor la preposición que el conjuntivo. (t. II, pág. 97)
ANDRES BEI.LO b. Observese que en el primero de estos ejemplos es necesario el plural perdieron, que no concierta con el sustantivo sujeto más, sino con trescientos hombres, término de la preposición de, que sigue: práctica que puede extenderse á los numerales colectivos y partitivos que hacen las veces de cardinales, y vienen seguidos de la preposición de con un termino en plural: «No se gastaron menos que un millón de pesos»; «Se fueron á pique más de la mitad de los buques». Pero no seria entonces inadmisible el singular. (t. II, pág. 98)
c. El plural del verbo es preferible en las oraciones negativas, cuando mas que equivale á la conjunción sino: «No se oian más que lamentos». d. Con los verbos ser, parecer y otros análogos, al que conjuntivo seguido de un predicado no puede sustituirse de; «Al rey Don Pedro de Castilla han querido algunos dar el epiteto de justiciero; fue más que injusto; fue atroz y perfidos; «El fue para los huerfanos mas que tutor, pues los alimentaba de lo suyo propio»; «No parecian más que unos bandidoss. (t. II, pág. 98)
Dicese mayor ó menor de veinticinco anos, suprimiendo el que antes del complemento. (t. II, pág. 98)
e. Los adjetivos mas ó menos que figuran en una frase sustantiva, como mas agua, más vino, mas frutas, más calores, más dificultades, mas paciencia (53, 2.4), no son regularmente modificados por adverbios de cantidad, como pareceria natural segun lo dicho en el capitulo XXII, sino por los adjetivos alguno, mucho, poco, tanto, harto y otros análogos; y asi decimos: «Alguna mas (t. II, pág. 98)
GRAMTICA CASTELLANA agua traen ahora los rios»; «Pocas más frutas hubieran bastado»; «Muchas más lluvias y tempestades hubo aquel año»; «¡Cuántas más dificultades se presentaron entonces que las previstas antes de principiar la obra!»; «Harta más paciencia se necesita para corregir una obra que para hacerla de nuevo». Pero no sucede asi en la contraposición, expresa ó tácita, de tanto y cuanto: «Cuanto más se ahondaban las labores, menos esperanzas ofrecia la mina». (t. II, pág. 99)
f. Si más, menos, se emplean como adverbios, rechazan antes de si las formas apocopadas muy, tan, cuan: « Mucho más agradable» (no muy), «Tanto menos rico» (no tan), «Cuanto más bello» (no cuan). En nuestros clásicos se ve á menudo lo contrario: «En cosa muy menos importante yo no trataria mentira», (Santa Teresa); «¡Cuan más agradable compania harán estos riscos y malezas!», (Cervantes); «Habiendo considerado cuan más á propósito son de los caballeros las armas que las letras», (el mismo); en casos como este se preferiria hoy la forma integra contra la regla dada en 189, 190, 195, sobre todo en prosa, y la forma sincopada llevaria cierta afectación de arcaismo. g. Dicese consiguientemente mucho mayor, cuanto peor, porque estos comparativos envuelven el adverbio más. Con todo, hablando de la salud se emplea corrientemente con el adjetivo mejor la forma abreviada: «La enferma está muy mejor»; «Se siente tan mejor, que ha querido dejar la cama». Pero si mejor ó peor hace el oficio de adverbio, es de toda necesidad la forma integra: (t. II, pág. 99)
«Los enfermos han pasado mucho mejor las primeras horas de la noche». (t. II, pág. 100)
- Hay otra especie de comparación que se hace por medio de palabras ó frases á que se da el titulo de superlativas. En otra parte (106) hemos dado á conocer dos especies de superlativos; los unos llamados absolutos, que en cuanto superlativos carecen de regimen (1); los otros denominados partitivos, que rigen expresa ó tácitamente un complemento formado de ordinario con la preposición de, y significan no sólo, como aquellos, un alto grado de la cualidad respectiva, sino el mas alto de todos dentro de aquella clase ó colección de cosas en que consideramos el objeto: «Demostenes fue el mas elocuente de los griegos»; «El Egipto fue, de todas las naciones de que hay memoria, la que mas temprano se civilixó». Los superlativos partitivos ó de régimen son casi siempre frases que principian por el articulo definido, el cual, combinandose con los comparativos, los vuelve superlativos: «La mas constante mujer»; «El mas perverso de (1) Dicese en cuanto superlativos, porque conservan el régimen de les adjetivos de que nacen. Cuando se dice, por ejemplo, que «Un pais es abundantisimo de frutos», el complemento no es regido por la forma superlativa, sino por el adjetivo abundante. (t. II, pág. 100)
I0I los hombres»; Lo mas temprano posible»; «El mayor de los edificios de la ciudad»; «El peor de los gobiernos». Hay pocos superlativos de regimen que lo sean por si, esto es, que no se formen por la combinación antedicha; tales son minimo, infimo, primero, ultimo y postrero. (t. II, pág. 101)
a. Minimo, infimo, que se usan como superlativos absolutos en una cosa minima, un precio in fimo, son superlativos de regimen en «el minimo de los seres», «la infima de las clases». b. Primero, usado como adverbio comparativo en «Primero es la obligacion que la devoción», es adjetivo superlativo de régimen en «El primero de los reyes de Espana», «Lo primero de todo». c. Ultimo y postrero se usan como superlativos de regimen: «Tule era la ultima ó la postrera de las tierras de occidente». (t. II, pág. 101)
A veces se subentiende el régimen, porque la construcción lo suple: «l. a más constante mujers equivale á «l. a más constante de las mujeres.» Los comparativos y los superlativos de regimen se llaman grados de comparación. El adjetivo ó adverbio de que nacen forma el grado positivo. Tenemos pues en los adjetivos ó adverbios que son susceptrbles de las comparaciones dichas, tres grados, el positivo, el comparativo y el superlativo: docto, mas docto, el mas docto; doctamente, mas doctamente, lo más doctamente. El superla tivo absoluto debe más bien considerarse como un mero aumentativo. (t. II, pág. 101)
a. Concluiremos con algunas observaciones que no carecen de importancia. (t. II, pág. 102)
1.* En el régimen de los superlativos se sustituye á veces al complemento con de algun otro de valor análogo: «El más profundo entre los historiadores antiguos fue Tácito». (t. II, pág. 102)
2.a Además de estos medios de expresar los diferentes grados de las cualidades, recurre la lengua á varios otros que encierran el mismo sentido, pero que construyendose de diverso modo, no constituyen comparativos ni superlativos: No tan instruido como, equivale á menos instruido que; y magni fico sobre todos dice lo mismo que el mas magni fico de todos. Y podemos tambien por medio de la construcción comparativa indicar el grado supremo: más adelantado que otro alguno de la clase, vale tanto como el más adelantado de la clase. (t. II, pág. 102)
3.a Los superlativos de regimen piden el indicativo: «El hombre más elocuente que he conocido»; «la más antigua poesia que se compuso en castellano»; á menos que la proposición subordinada lleve un sentido de hipótesis ó se refiera á tiempo futuro: «Es preciso atenerse á lo más benigno que las leyes hayan ordenado sobre esta materia»; «El primero que resuelva el problema se llevará el premio», Pero en el dia el uso no es constantemente fiel á esta regla. Se ha hecho frecuente el uso del subjuntivo en todos casos, imitado, sin duda, de la lengua francesa: «Forzoso es confesar que debemos á Espana la primera tragedia patética y la primera comedia de carácter que hayan dado á Francia celebridad», (Martinez de la Rosa, traduciendo á Voltaire); «El primer autor en castellano que haya hablado de reglas dramáticas, fu Bartolome de Torres Naharro», (el mismio). (t. II, pág. 102)
4.f Los superlativos primero, postrero, ultimo, rigen tambien el infinitivo con la preposicion en: «El primero, postrero, ultimo, en presentarse», en vez de la frase corriente y castiza que se presento. Is galicismo que no creo haya tenido muchos imitadores el que se escapó á Jovellanos en su elegantisima Ley Agraria: «La necesidad de vencer esta especie de estorbos fue la primera á despertar en los hombres la idea de un interes comun». Acaso se quiso evitar la ingrata repeticion del en, «fue la primera en despertar en los hombres», 5.a Se llaman en general partitivos aquellos nombres de que nos servimos para designar determinadamente uno ó más individuos en la clase á que se refieren, como lo hace el superlativo de régimen en «la más populosa de las ciudades europeas». b. Se usan como partitivos alguno, ninguno, poco, mucho, cual, quien, cualquiera, etc. Una regla esencial para el recto uso de las frases partitivas que se componen de un adjetivo seguido de un complemento con de, es que el adjetivo debe concertar en genero con el término: por lo que seria mal dicho: «El jazmin es el más oloroso de las flores», concertando á oloroso con jazmin, en vez de la más olorosa de las flores, concertán dole con flor. Pero aun es más necesario advertir, por el mayor peligro de que no se tenga presente, que se evite sustituir en estas frases el sustantivo al adjetivo cognado. No debe, por ejemplo, decirse: «Nadie de los hombres», «Alguien de los soldados», sino ninguno y alguno. (t. II, pág. 103)
CAPITULO XXXVIII (t. II, pág. 105)
Capítulo XXXVIII. Construcciones del relativo quien
a. El relativo quien equivale algunas veces á el cual, y tiene un antecedente expreso de persona ó de cosa personificada: recuerdese lo dicho en los numeros 168, 169 y 170. b. Pero á veces se calla el antecedente: «No teniamos á quien volver los ojos»: persona á quien. (t. II, pág. 105)
En una copla de Arriaza se lee: ...... «Yace aqui Quien fue su divisa Triunfar ó moriro. (t. II, pág. 105)
Construccion viciosisima, que D. Vicente Salvá corrige de este modo: (t. II, pág. 105)
.. ... «Yace aqui De quien fue divisa Triunfar ó morir»: (t. II, pág. 105)
subentendiendo aquel; más aun es algo dura: Granada dice; «Muy rico es el pobre que tiene á Dios, y muy pobre á quien falta Dios, aunque sea senor del mundo». Se entiende aquel antes de á quien. Pero en esta construcción hay circuns CXXIX tancias especiales que la hacen suave y elegante: lo mismo que en este ejemplo de Lope de Vega: «Vete luego de mis ojos, Que tu fuiste por quien vino La nueva de mis infamias A mis honrados oidos»: (t. II, pág. 105)
(aquel por quien). No dire otro tanto de aquel pasaje de Fr. Luis de León: (t. II, pág. 106)
«Un no rompido sueño, Un dia puro, alegre, libre quiero; No quiero ver el ceno Vanamente severo De á quien la sangre ensalza ó el dinero»: (de aquel á quien). Es desagradable esta concurrencia de preposiciones, y vale más decir como Mariana: «¡Servidumbre miserable, estar sujetos á las leyes de aquellos á quien antes las daban!» Con todo, siendo ambas preposiciones una misma, y uno mismo (aunque con inflexiones diferentes) el elemento de que vengan regidas, puede la construccion suavizarse por una doble elipsis: . . . . .. . . .. «Estoy casada Con quien sabes: no he de hacer Cosa que pueda ofender.» (t. II, pág. 106)
(LOPE.) (t. II, pág. 106)
casada (con la persona) con quien sabes (que estoy casada); «Decianme mis padres que me casase con quien yo más gustase», (Cervantes); casase (con aquel) con quien yo mas gustase (casarme); «Las plumas con más libertad que las lenguas dan á entender á quien quieren lo que en el alma está encerrado», (Cervantes); dan á entender (á la persona) á quien quieren (darlo á entender). Pero á veces no hay más que una elipsis: «Suplico que por estar cargada mi conciencia en diez ó doce mil escudos, se dé orden como se restituyan á quien yo los tome», (Mariana); á las personas á quien; «Por confesarse de mala gana deudores de quien lo fue toda la cristiandad», (Coloma); de aquel de quien. c. Otras veces no se calla el antecedente, porque va envuelto en quien (168), cuyo significado se resuelve entonces en dos elementos, una idea de persona ó cosa personificada, y el relativo que. Esto sucede: (t. II, pág. 106)
1.° Cuando el antecedente envuelto es sujeto de la proposición subordinante, y el elemento relativo es sujeto de la proposición subordinada: «Quien te adula te agravia»: Quien es la persona que, aquel que. (t. II, pág. 107)
2.° Cuando el antecedente es predicado y el relativo sujeto: (t. II, pág. 107)
«Ella fue quien halló los apartados Indios de las antárticas regiones.» (t. II, pág. 107)
(ERCILLA.) (t. II, pág. 107)
aquella que: aquella predicado de fue, y que sujeto de hallo. (t. II, pág. 107)
3.° Cuando el antecedente y el relativo son predicados: (t. II, pág. 107)
«Dicesme, Nuno, que en la corte quieres Introducir tus hijos, persuadido A que asi te lo manda el ser quien eres.» (B. DE ARGENSOLA,) (t. II, pág. 107)
el ser tu la persona que tu eres. (t. II, pág. 107)
4.a Cuando el antecedente es término, y el relativo sujeto: «Yo no puedo ni debo tomar la espada contra quien no fuere armado caballero», (Cervantes); contra aquel que no fuere. Cuando el antecedente es término, y el relativo predicado: «Yo te juro por quien yo soy de darte tantos hijos», etc. (Granada); por el ser que yo soy. (t. II, pág. 108)
m ¡VS ( R c. (t. II, pág. 109)
Capítulo XXXIX. Construcciones del relativo cuyo
a. El pronombre cuyo reune, segun hemos dicho (173), los oficios de relativo y de posesivo: cuyo equivale á las frases de que, del cual, de quien, de lo cual. (t. II, pág. 109)
«Santo Jehová, cuya divina esencia Adoro, mas no entiendo» (t. II, pág. 109)
(MELENDEZ.) (t. II, pág. 109)
cuya esencia es la esencia del cual. «Solo se trataba de enriquecer, rompiendo con la conciencia y con la reputación, dos frenos sin cuyas riendas queda el hombre á solas con su naturaleza», (Solis); cuyas riendas es las riendas de los cuales. b. Aunque la idea de posesión y de todo lo que á ella se parece se suele expresar por la preposición de, es preciso advertir que con esta declaramos otras relaciones diversas, á que por lo mismo no conviene el posesivo cuyo. Asi, aunque digamos «el viaje de Chile á Europa», no por eso diremos Chile, cuyo viaje á Europa. (t. II, pág. 109)
Muchos, olvidando la genuina significación de cuyo, lo emplean á menudo en el significado de que ó el cual, y esto aun cuando las proposiciones esten suficientemente enlazadas por estos y otros pronombres demostrativos; lo que da al lenguaje un cierto olor de notaria, que es caracteristico de los escritores desalinados. Dicese, por ejemplo: «Se dictaron inmediatamente las providencias que circunstancias tan graves y tan imprevistas exigian; cuyas providencias, sin embargo, por no haberse efectuado con la celeridad y la prudencia convenientes, no surtieron efecto.» Hubiera sido mejor las cuales providencias, ó estas providencias, ó providencias que. Yo miro semejante empleo de cuyo como una corrupción, porque confunde ideas diversas sin la menor necesidad ni conveniencia, y porque, si no me engano, es rarisimo en escritores elegantes y cuidadosos del lenguaje, como Jovellanos y Moratin. No digo lo mismo de Solis, en cuya pulida historia me admiro de encontrar á cada paso esta acepción notarial de cuyo. (t. II, pág. 109)
.«El Dean de Loyaina habia venido desde Flandes con titulo y apariencias de embajador, y luego que sucedió la muerte del rey D. Fernando, mostró los poderes que tenia del principe D. Carlos; de que resultó una controversia muy renida sobre si este poder habia de ser de mejor calidad que el del Cardenal; en cuyo punto discurrian los politicos de aquel tiempo con poco recato». Habria sido mejor punto en que. (t. II, pág. 110)
«Se opuso que no convenia para la quietud de aquel reino que residiese la potestad absoluta en persona de tan altos pensamientos; de cuyo principio resultaron», etc. El sentido es y de este prin cipio, ó principio del cual, como creo que hubiera sido más propio. (t. II, pág. 110)
«Retrocedieron las naves al arbitrio del agua, no sin peligro de zozobrar ó de embestir con la tierra; cuyo accidente dió ocasión», etc.: y este accidente ó accidente que. (t. II, pág. 111)
Las expresiones tan socorridas para cuyo fin, á cuyo efecto, con cuyo objeto, de que se hace frecuente uso, ó por mejor decir, abuso, ligando oraciones que no necesitan de tan estrecho enlace, me parecen menos tolerables que el fastidioso el cual, lo cual, con que escritores de otra edad enhebraban cláusula sobre cláusula en interminables periodos; porque asi á lo menos no se desnaturalizaba la propiedad de ninguna palabra, como sucede á cuyo, cuando se le hace significar el cual, despojándolo de la idea de posesión. Si el uso tolera dos medios de expresar una cosa, se debe preferir el más propio. (t. II, pág. 111)
c. No es genial del castellano el giro que al uso de cuyo sustituye á menudo un escritor merecidamente estimado: «Cuando el tierno y honrado padre (de Horacio) hubo inspirado á su hijo los sentimientos generosos y las máximas elevadas de que este consignó muchas veces en sus obras el grato recuerdo»; en vez de cuyo grato recuerdo consignó: «Roma, sujeta á una tirania de que nadie podia prever el término»; en vez de cuyo termino nadie, etc. (1). (t. II, pág. 111)
(1) Esta es una imitación evidente de la construcción francesa, dont il a consigne le souvenir, dont on ne pouvait point prévoir le terme; construcción obli d. Cuyo puede separarse del sustantivo que modifica, cuando es predicado: «El caballero, cuya era la espadas; y entonces podemos reemplazarlo con de quien (si se habla de un ser personal ó personificado). Puede tambien subentendersele su antecedente de persona: «El intento de los calvinistas fue impedir el alojamiento de la infanteria española, temiendo que entregaria la ciudad á cuya era», (Coloma); á aquel cuya era. Pero este uso me parece limitado á construcciones parecidas en todo á la del ultimo ejemplo. Si el antecedente tácito fuese sujeto, ó si el relativo no fuese predicado de ser como en se apoderaria de la ciudad aquel cuya era, ó entregaria la ciudad á aquel cuya autoridad desconocian, no podria suprimirse aquel. La construccion misma de Coloma va cayendo en desuso. (t. II, pág. 111)
gada en el idioma frances, que carece de un posesiyo equivalente á cuyo, dont es en aquella lengua el relativo que corresponde al demostrativo en: il en a consigne le souvenir, on n’en pouvait prepoir le terme. (t. II, pág. 112)
CAPITULO XL D (t. II, pág. 113)
Capítulo XL. Construcción de los demostrativos tal y tanto, y de los relativos cual y cuanto
a. Cual es de grande uso en las comparaciones, sobre todo en poesia, y entonces se adverbializa á menudo: (t. II, pág. 113)
«Déjalas ir á los bailes, Deja que canten y rian, Cual tu, enojosa, lo hicieras, Si no vivieses cautivas. como tu lo hicieras. (t. II, pág. 113)
(MELENDEZ.) (t. II, pág. 113)
b. Antiguamente se usaba cual en lugar de el.., que, posponiendo el sustantivo que ahora acostumbramos poner entre el articulo y el relativo: «Mandándoslos (I) ferir de cual part vos semejare»: esto es, mandadnoslo acometer por la parte que os pareciere. (t. II, pág. 113)
(1) Nótese la trasposición de letras mandandos por mandadnos, usada en los tiempos más antiguos de la lengua. (t. II, pág. 113)
c. Tambien es notable la construcción de el cual por aquel... que, de la que todavia se ven ejemplos en Mariana, Bernardo de Valbuena y otros autores. (t. II, pág. 114)
«Los cuales lugares y encomiendas se daban antes á los soldados viejos para que sustentasen honestamente la vida, al presente sirven á los deleites, estado y regalo de los cortesanos». (Mariana); aquellos lugares y encomiendas que se daban. Esta construcción es muy diferente de aquella en que se repite el antecedente de el cual, cuando lo claridad lo aconseja. (t. II, pág. 114)
«Llegaron á una ciudad, situada en un extenso llano, cubierto de una lozana y florida vegetación, en la cual ciudad»: etc. Y sucede tambien á veces que no se repite sino se pospone el antecedente: asi, en lugar de «Perdióse la Goleta, perdiose el fuerte; plazas sobre las cuales hubo de soldados turcos pagados setenta y cinco mil», dice Miguel de Cervantes: «Perdióse la Goleta, perdióse el fuerte, sobre las cuales plazas», etc. (t. II, pág. 114)
d. Traspónese elegantemente el relativo cuanto: (t. II, pág. 114)
«Pobre de aquel que corre y se dilata Por cuantos son los climas y los mares, Perseguidor del oro y de la plata.» (t. II, pág. 114)
(RIOJA.) (t. II, pág. 114)
esto es, por los climas y los mares cuantos ellos son. Pero es mayor todavia la inversión, bien que reservada á la poesia, en este pasaje de B. de Argensola: (t. II, pág. 114)
«¿Cuánta se engendra en el distrito humano Hermosura odorifera y luciente Das al antojo de un adorno vanor» (t. II, pág. 115)
El orden natural seria tanta hermosura odorifera y luciente, cuanta se engendra; como en este pasaje de Miguel de Cervantes: «Las cosas dificulto. sas que se intentan por Dios y por el mundo son aquellas de los verdaderos soldados, que apenas ven en el contrario muro abierto tanto espacio cuanto es el que puede hacer una redonda bala de artilleria, cuando se arrojan intrépidamentes, etc. (t. II, pág. 115)
e. Aqui conciertan con un mismo sustantivo (espacio) los contrapuestos tanto, cuanto, que algunas veces lo hacen con dos sustantivos diversos: «Juro darte por ese hijo tantos hijos cuantas estrellas hay en el cielo y arenas en la mar (Granada). Esto, sin embargo, apenas osurre sino cuando el verbo de la proposicion subordinada es de los que significan la mera existencia, ya directamente, como ser, ya de un modo indirecto, como el impersonal haber. Es raro encontrar en prosa construcciones como «Cuantas el campo adornan flores bellas, Tantas el cielo fulgidas estrellas». (t. II, pág. 115)
f. Lo dicho de los adjetivos tanlo y cuanto se aplica, por supuesto, al uso sustantivo y al adverbial, sin más diferencias que las que dependen de los varios oficios gramaticales de estas palabras. Los ejemplos siguientes lo manifiestan, y exhiben al mismo tiempo una muestra de la variedad de sus construcciones y significados: «No solo por cualquier interes que se les ofrezca, sino muchas veces de balde y sin propósito, por solo maldad y desvergüenza, ponen debajo de los pies todo cuanto nos manda Dios (Granada); todo y cuanto sustantivos neutros. «Las mujeres trabajaban en el reposo de sus hogares cuanto era necesario para el surtimiento y vestido de la familia (Jovellanos): esto es, todo cuanto. «Las colonias en tanto son utiles, en cuanto ofrecen un seguro consumo al sobrante de la industria de la metrópoli» (Jovellanos); tanto y cuanto sustantivos neutros, terminos de la preposición en. «Creian que esta especie de obras no podian producir utilidad sino en cuanto las recomendaba el ingenio y gracia con que se escribian» (el mismo); esto es, en tanto, en cuanto. «Llegaba su firmeza á cuanto se podia extender la naturaleza de tal piedra» (Cervantes); esto es, á tanto á cuanto: el antecedente envuelto y el relativo son términos de una misma preposicion, a, como en el ejemplo anterior de en. «Ve y di á Jeroboam: esto dice el Senor Dios de Israel: por cuanto no fuiste como mi siervo David, que guardó mis mandamientos, por tanto yo acarrearé muchos males sobre la casa de Jeroboam» (Scio): como si dijera, porque no fuiste.., por eso; de la relación de igualdad se pasa á la de identidad. «Tenemos por enemigo declarado al sol, por cuanto nos descubre los remiendos, puntadas y trapos» (Quevedo): callase el correlativo por tanto. «No tenian conocido de los paises vecinos más de á cuanto se extendieran sus correrias» (Mariana): de tanto á cuanto: el antecedente envuelto y el relativo son términos de preposiciones distintas, «De vos al asno, compadre, no hay diferencia, en cuan to toca al rebuznar (Cervantes); en tanto cuanto, esto es, en lo que: la preposición pertenece al antecedente envuelto, y el relativo es sujeto de la proposición subordinada: callando este verbo toca, como se hace frecuentemente, se diria en cuanto á, como callando el verbo ser, se dice en cuanto Dios, en cuanto hombre, en cuanto magistrados, en cuanto poetas. (t. II, pág. 115)
«Tiene al poniente el bravo mar vecino Que bate el pie de un gran derrumbadero, Y en lo más elevado de la cuesta Se allana cuanto un tiro de ballesta». (t. II, pág. 117)
(ERCILLA.) (t. II, pág. 117)
esto es, se allana tanto cuanto es, cuanto se extiende: se envuelve el antecedente, y se calla el verbo de la proposición subordinada. «El nino nace tan desnudo de todos estos bienes espirituales, cuan desnudas trae las carnes» (Granada); ya se sabe que tan y cuan son tanto y cuanto apocopados. «Temporales ásperos y revueltos, guerras, discordias y muertes, hasta la misma paz arrebolada con sangre, afligian no solo á Espana, sino á las demás naciones, cuan anchamente se extendia el nombre y senorio de los cristianos» (Mariana): tan anchamente cuan anchamente: tan y cuan modifican á un mismo adverbio, primero tácito (como el mismo tan) y despues expreso. (t. II, pág. 117)
g. Es sabido que en lugar de contraponerse los relativos cual y cuanto á los demostrativos análogos tal y tanto, se contrapone á cualquiera de estos dos el adverbio relativo como: Nunca se habian nisto en Roma atrocidades tales como las que pro dujo el encarnizamiento de las guerras civiles; tantos hijos como estrellas hay en el cielo; tanto espacio como el que puede hacer una bala, tan anchamente como se extiende el senorio. (t. II, pág. 117)
h. Tal y tanto, ora sean sustantivos, adjetivos ó adverbios, se contraponen tambien al anunciativo que, usado adverbialmente; pero en diferente sentido: tal como significa semejante; tal que determina la calidad encareciendola, y lo hace por medio de una circunstancia que no tiene semejanza con ella: «Les afeó su mala intención con tales palabras que les movió á que le respondiesen con los punos» (Cervantes). le la misma manera tanto como denota igualdad, tanto que determina la cantidad ó numero con cierto encarecimiento: «Fueron tantas las voces, que salió el ventero despavorido» (el mismo): se pondera lo recio y repetido de las voces. (t. II, pág. 118)
i. Es usada y elegante la elipsis de tal antes de este que: «En lugar de una reverencia hizo una cabriola, que se levantó dos varas de medir en el aire», (Cervantes); una cabriola tal, que: sSe comenzaron á descoger y desparcir unos cabellos, que pudieran los del sol tenerles envidia», (el mismo); tales que: «Encerráronse los dos en su aposento, donde tuvieron un coloquio, que no le hace ventaja el pasado», (el mismo) (1). (t. II, pág. 118)
(1) Se ha criticado este ultimo pasaje. A mi me parece que la elipsis de tal en circunstancias semejantes no convendria á la formalidad del estilo académico; pero creo que se aviene perfectamente con la naturalidad y desenfado de la manera de Cervan j. Hay una contraposición notable de tanto mas y cuanto mas; tanto mas y cuanto; tanto mas y que; tanto mas y cuanto que; y de las frases análogas formadas con menos en lugar de mas: «Gravoso deberá considerarse este cumulo de prolijas é impertinentes formalidades, tanto más duras para el comerciante, cuanto más distan de su profesión y conocimientos», (Jovellanos); compáranse aqui dos cantidades, la de la dureza y la de la distancia: «Las particularidades y pormenores llaman tanto más la atención, cuanto en ellas se encuentra á los héroes más desnudos del aparato teatral con que se presentan en la escena del mundo», (Quintana); compárase el grado de fuerza con que se llama la atención, y el grado de la desnudez. Lo mismo sucederia sustituyendo menos á mas: tanto menos tolerables, cuanto menos analogas á su profesión. Y puede tambien contraponerse menos á mas: tanto más duras, cuanto menos analogas; tanto menos tolerables, cuanto mas distan. E. El caso que ahora vamos á considerar es diferente, por cuanto en el no se comparan dos cantidades ó grados, sino se denota el grado ó la cantidad de un atributo por la mera existencia del otro. (t. II, pág. 118)
Contrapónese entonces tanto más ó tanto menos á cuanto, no á cuanto más ó cuanto menos: «Este estanco del trabajo se estrecha tanto más, cuanto para pasar al magisterio es menester haber corrido tes en su incomparable poema. Lo que choca en el ultimo ejemplo es el su, que hace comun de D. Quijote y Sancho el aposento del primero. (t. II, pág. 119)
por las clases de aprendiz y oficial», (Jovellanos): equivale á decir que el estanco del trabajo se estrecha mes porque es menester, etc.; pero dando á entender con enfasis el poderoso influjo de la circunstancia declarada por la proposición siguiente. (t. II, pág. 120)
Esta especie de contraposición es de frecuente uso en los escritores modernos. Sin salir de Joyellanos, pudieran citarse no pocos ejemplos de ella: «Culpa tanto más grave, cuanto los demás de su instituto habian favorecido noblemente la causa de la nación y la justicia» (giro que pudieramos reducir al ordinario diciendo: cuanto mas noblemente habian favorecido los demás de sit instituto, etc.) «Esta repugnancia era lanto mayor, cuanto siendo incapaces los caballeros por su profesión para estos empleos, habian sido habilitados para obtenerloss (recuerdese que mayor, menor, mejor, peor, llevan envuelto el más ó menos y se construyen como si lo llevaran expreso). (t. II, pág. 120)
I. En lugar de tanto mas ó menos, cuanto, se decia y se dice en el mismo sentido tanto más ó menos, que; uso muy propio, porque el cuanto de estas construcciones no tiene en realidad otra significacion que la del anunciativo que, empleado adverbialmente. «Los intentos del rey (de Castilla, don Alonso VIII) no poco alteró la muerte del infante D. Fernando: fué tanto mayor el sentimiento de su padre y lloro de toda la provincia, que daba ya asaz claras muestras de un grande y valeroso principe», (Mariana): el autor se contenta aqui con mencionar las muestras, como circunstancia que habia tenido mucha parte en el sentimiento: si hubiese querido comparar dos cantida des, como aqui le era dado, habria dicho: fue tanto mayor el sentimiento y lloro, cuantas mas claras muestras, etc. «Queria satisfacerse de los de Navarra, que en todas las ocasiones mostraban la mala voluntad que le tenian: tanto más, que no quisieron venir en lo que el rey despues de su vuelta les rogabax, (el mismo) (1). (t. II, pág. 120)
Los modernos usan en el mismo sentido tanto mas ó menos, cuanto que, acumulación de relativos en que no encuentro propiedad ni elegancia (2). (1) Clemencin es, entre los modernos, el que más usa esta construcción, que me parece la más propia para verter la latina eo magis, quod. «No hay confesión, ni misa, ni cosas sagradas» (en la penitencia que hace don Quijote en Sierramorena, imitando la de Amadis), «porque no quiso Cervantes mezclar lo sagrado con lo profano; tanto más, que la aventura de don Quijote era imitación burlesca de la otra.» (2) La tan socorrida de Marchena eso más, que, ofrece una traducción literal del eo magis, quod: «Eso más estrechan sus teorias, que en la vida práctica todos las eluden indistintamente». Emplea asimismo Marchena eso más, que más, en el sentido de tanto mas, cuanto mas: «Eso más es animada la historia, que más parecidas son las facciones y la fisonomia de los personajes retratados á lo que ellos realmente fueron». No recuerdo haber visto ejemplo de semejantes usos de eso en ningun otro escritor castellano antiguo ó moderno. (t. II, pág. 121)
CXXIX (t. II, pág. 121)
Capítulo XLI. Compuestos del relativo con la terminación quiera ó quier
- De varios relativos se forman compuestos acabados en quiera ó quier, terminación que se ha tomado sin duda del verbo querer (1). Tales son quienquiera, sustanti (1) Como en latin de volo y libet la de los compuestos quivis, quilibet, etc. Y de aqui es que en lo antiguo solian separarse los dos elementos componentes, interponiendose un sustantivo: cual cosa quier. (t. II, pág. 123)
Hubo tambin antiguamente el sustantivo quequiera ó quequier (cualquiera cosa): (t. II, pág. 123)
«Cumplirlo quiero todo, quequier que me digades» (BERCEO.) (t. II, pág. 123)
Otro antiguo compuesto, que ha desaparecido completamente, es queque, análogo al latino quidquid: «Comieron, queque era, cena ó almorzar.» (EL MISMO.) (t. II, pág. 123)
vo, cuyo plural quienesquiera es poco usado; cualquiera, adjetivo; dondequiera, cuandoquiera, comoquiera, siquiera, adverbios. (t. II, pág. 124)
Aunque compuestos de relativo, no lo son, y para recobrar la fuerza de tales, necesitan juntarse con que, formando las frases relativas quienquiera que, cualquiera que, dondequiera que, etc. (1). (t. II, pág. 124)
a. La apocope quienquier es anticuada. Cualquier no puede decirse sino precediendo á sustantivo expreso y formando frase con el; por lo que una cosa cualquier, ó cualquier que lo diga, serian expresiones incorrectas; pero si precede al sustantivo y forma frase con el, se apocopa ó no, indistintamente: cualquier ó cualquiera hombre, cualesquier ó cualesquiera cosas. Doquiera es una forma anticuada, admitida hoy sin escrupulo por los poetas, que dicen indiferentemente doquiera y doquier. En dondequiera, cuandoquiera, comoquiera, siquiera, la apócope es arcáica. (t. II, pág. 124)
b. En el dia el valor propio de comoquiera que es de cualquier modo que; mas en lo antiguo sig (1) Los poetas modernos se permiten la licencia de suprimir el que en estas frases relativas, como lo hicieron Cienfuegos y Melendez: (t. II, pág. 124)
«Mudanzas tristes repara Doquier la vista se torne.» (t. II, pág. 124)
«El hombre respira y goza; Dondequier se torne ó mire, Hallará un bien, un alivio A las penas que le aftigen.» (t. II, pág. 124)
nificaba sin embargo de que, aunque, y en este sentido lo emplea alguna vez Martinez de la Rosa, juntando el arcaismo del significado al de la forma: comoquier que. (t. II, pág. 125)
c. Siquiera tiene variedad de acepciones: (t. II, pág. 125)
1.a A lo menos, la más vulgarizada de todas: «Si el galardon ha de durar mientras Dios reine en el cielo, ¿por qué no quieres tu que el servicio dure siquiera mientras tu vivieres en la tierra?», (Granada), 2. Aun, despues de ni; aunque con cierta diferencia, porque si se puede decit arbitrariamente «Ni aun» ó «ni siquiera asiento se le ofreció», selo creo que con propiedad pueda decirse «Ni aun sus lágrimas le desencjaron» (1). 3.a Aunque: (1) Me parece que ni aun se aplica á gradaciones tácitas, tanto de menos á más, como de más á menos: asi en ni aun sus lagrimas le desenojaron, es indudable que se sugiere á la imaginación algo de parecido á esta escala ascendente: no le desenojaron sus ruegos, sus protestas, ni aun sus lagrimas. La gradacion que en el ejemplo precedente es de menos á más, es de más á menos en ni aun asiento se le ofreció, que hace pensar en no se le recibió con agasajo, no se le saludó cortésmente, ni aun, etc. Si no me engano, sólo para la segunda especie de gradaciones es propio siquiera. (t. II, pág. 125)
No me parece digna de imitarse la elipsis de ni en ni siquiera: «El historiador no indica la menor sospecha sobre la buena fe del general Tattavilla, á quien siquiera nombra». Solo en las oraciones interrogativas debe ir este siquiera sin ni, cuando lo suple la negación implicita: (t. II, pág. 125)
«¿Ha dado á mis desgracias una sola Expresión de dolor, falsa siquiera?» (t. II, pág. 125)
xRespondió el cuadrillero que á el no le tocaba sino hacer lo que» (respecto de don Quijote), «le era mandado, y que una vez preso, siquiera le soltasen trescientas». (Cervantes). Adviertase, con todo, que sin embargo de esta equivalencia de sentido entre aunque y siquiera, son diversos sus oficios, pues siquiera es un simple adverbio, y aunque un adverbio relativo que liga dos proposiciones, una de ellas tácita. Pudiéramos expresarla diciendo: aunque lo soltasen, no se le daria nada; pero precediendo siquiera, no podriamos hacer lo mismo, porque siquiera representa la frase primitiva si querian, si se les antojaba (I). «Vivame la suma caridad del Ilustrisimo de Toledo; y siquiera no haya imprentas en el mundo, y siquiera se impriman contra mi más libros que tienen letras las coplas de Mingo Revulgo», (Cervantes); esto es, aunque no haya imprentas en el mundo, y aun (1) No me parece haber sido siempre imitado con acierto el uso clásico de siquiera por algunos elegantes hablistas de nuestros dias: «El gobierno, segun algunos, debe solo atender al interes material de los gobernados, á darles los goces materiales de la vida, á mirar por el regalo de sus cuerpos ó satisfaccion de sus apetitos, siquiera sean moderados»; de siquiera en el sentido con tal que, como lo ha usado el autor, no es fácil que se halle ejemplo en los clásicos castellanos. El mismo escritor: «En esta cátedra ha de decirse la verdad, ó las que crea tales el humilde individuo que la ocupa, no concediendo ni una parte minima á un principio que crea falso; siquiera triunfe este y domine»: aqui siquiera tiene su significado de aunque. (t. II, pág. 126)
que lluevan libros sobre mi; donde es de notar que se indican dos suposiciones contrarias, para dar á entender que tanto importa una como otra. Lo mismo en este ejemplo de Rivadeneira: «Siquiera se hayan de quedar en un mismo lugar por poco tiempo, siquiera se hayan de apartar á lejas tierras, siempre se ven estar con ánimo alegre», (Rivadeneira) (I). (t. II, pág. 127)
(1) Antiguamente quier... quier: «A todo hombre por esta obra he aprovechado, quier sea bueno, quier malo», (Hugo Celso). Con la conjunción ó forma la disyuntiva ó siquier, sincopada en ó quier en el sentido de ó bien, ó si se quiere: «Lector ilustre, ó quier plebeyo», (Cervantes). (t. II, pág. 127)
«Con estas monedas ó siquier medallas.» (t. II, pág. 127)
(IRIARTE.) (t. II, pág. 127)
Capítulo XLII. Uso de los relativos sinónimos
a. Las proposiciones ligadas á otras por medio de relativos, unas veces especifican y otras explican: á las primeras hemos llamado subordinadas, á las segundas incidentes (155, 156). El relativo que acarrea la proposición incidente hace en cierto modo el oficio de la conjunción y, y la proposición, no obstante el vinculo material que la enlaza con otra, pertenece á la clase de las independientes; asi es que en ellas las formas del verbo (á lo menos del verbo principal, si hay más de uno) son las que convienen á las proposiciones independientes. «El primer historiador que conoció la Grecia fue Herodoto. Antes de el los hechos más notables se habian ido trasmitiendo verbalmente en himnos y poemas cortos, que se conservaban en la memoria. Su obra, donde reuni cuantos hechos verdaderos y fabulosos pudo recoger en sus viajes, presenta todo el interes de un poema, y los griegos, congregados en los juegos olimpicos, oian sus descripciones con el mismo placer que sentian al escuchar los cantos de Homeros, (Gil y Zarate). (t. II, pág. 129)
Que conoció la Grecia, que sentian al escuchar los cantos de Homero, son proposiciones subordinadas. Que se conservaban en la memoria, y donde reunio cuantos hechos verdaderos y fabulosos pudo recoger en sus viajes, son proposiciones incidentes. La segunda contiene una proposición subordinada, que es la que principia por cuantos. (t. II, pág. 130)
« Cuando haya en Espana buenos estudios, cuando el teatro merezca la atención del Gobierno, cuando se propague el amor á las letras en razón del premio y del honor que logren, cuando cese de ser delito el saber, entonces (y sólo entonces) llevarán otros adelante la importante reforma que Moratin empezó». Son cuatro proposiciones subordinadas las que principian por cuando. El antecedente especificado está en la frase en el tiempo, envuelta en el mismo adverbio relativo, á no ser que se prefiera considerar como antecedente pospuesto el adverbjo entonces con que principia la proposición principal. Que logren y que Moratin empezó son tambien proposiciones subordinadas, que especifican á los antecedentes premio y honor y reforma. (t. II, pág. 130)
«La religión cristiana despierta todos los presentimientos que dormitan en el fondo del alma, confirmando aquella voz secreta que nos dice que aspiramos á una felicidad inasequible en este mundo; donde ningun objeto perecedero puede llenar el vacio de nuestro corazón, y donde todo goce no es más que una ilusión fugitiva.» (Gil y Zárate). Que dormitan en el fondo del alma, proposición especificativa de presentimientos; que nos dice que aspiramos á una felicidad inasequible en este mundo, proposición especificativa de voz secreta: en ella se introduce otra proposición de la misma especie, aspiramos á una felicidad inasequible en este mundo, por medio de la cual se determina el sentido vago del anunciativo que (esto): por ultimo, las proposiciones que principian por donde son explicativas del sustantivo este mundo. b. Entre las proposiciones enlazadas por el relativo, cuando una de ellas no hace más que explicar su antecedente, se hace siempre una pausa más perceptible que la que separa la proposición especificativa de la subordinante; pausa que puede marcarse á veces hasta con un punto redondo: «Este mal tan grande no tiene una sola raiz, sino muchas y diversas. Entre las cuales no es la menor un general engano en que los hombres viven, creyendo que todo lo que promete Dios á la virtud lo guarda para la otra vida». (Granada). (t. II, pág. 130)
c. Ya hemos notado (182, b) que en otro tiempo se usaba con demasiada frecuencia la frase relativa el cual, lo cual, para ligar oraciones independientes. Recientemente se ha pasado tal vez al otro extremo, empleándola con excesiya economia, ya porque se prefiera la otra frase relativa el que, lo que, ó porque se sustituya al relativo un mero demostrativo, aun cuando por lo breve de la proposición subsiguiente y por su conexión con la que precede, hubiera sido oportuno el relativo simple que: «Este carácter conservaron casi todos los historiadores de la antigüedad; los cuales, con descripciones pomposas, con arengas estudia das, procuraban dar á la histeria un tono poetico de que en estos ultimos tiempos se ha despojado». (Gil y Zarate). Otros hubieran dicho tos que; á mi parecer, menos bien: los que, sustituido á los cuales, ofreceria, aunque no fuese más que momentáneamente, un sentido algo ambigno, por la doble significación de aquella frase, en que, como hemos visto (165, 166, 167), el articulo puede ser ó una mera forma del relativo ó su antecedente (I): ---- -- - -. - (1) Si Gil y Zárate hubiera dicho los que, el lector vacilaria algun tiempo entre los dos sentidos que la lengua francesa distingue constantemente por ceux qui y lesquels: vacilacion que durarla hasta que, llegando al punto final, quedase determinado que los que significaba los cuales. En efecto, si en lugar del punto final se pone coma, y se continua diciendo: xno hicieron más que remedar torpemente los antiguos modeloss, ya no seria los cuales, sino aquellos que el sentido de los que. (t. II, pág. 131)
A fuerza de usar (») pleonasticamente el articulo, va tomando cada dia un carácter más anfibológico. Creo que la práctica de los escritores de la generación anterior, cual se halla consignada en los escritos de D. Tomás de Iriarte, D. Leandro Fernández de Moratin y el ilustre Jovellanos, es, en el uso de los relativos, la mejor que puede seguirse. (t. II, pág. 132)
(*) Como el articulo es el sujeto de va tomando, deberia serlo tumbien del infinitivo usar, que depende de esta trase verbal. Sin embargo, et articulo se halla respecto de usar, no en la relación de sujeto, sino en la de complemento objetivo. Habria sido más correcto decir usarse, porque entonces et articulo seria sujeto del infinitivo, asi como lo es de va tomando. Todas las ediciones que he tenido á la vista dicen usar.—N, del C. (t. II, pág. 132)
al paso que ellos hubiera desligado dos oraciones que no dejan de tener entre si una conexion algo estrecha, sin embargo de ser puramente explicativa la segunda. El simple relativo que no hubiera tenido la claridad y enfasis de los cuales, y por eso los cuales se adapta mejor á las proposiciones incidentes algo largas. (t. II, pág. 133)
d. Sobre la elección entre que, el cual y el que serán tal vez de alguna utilidad las observaciones siguientes: (t. II, pág. 133)
1.a Que es el que generalmente se usa como sujeto, y como acusativo de cosa, en las proposiciones especificativas: «Las noticias que corren», «El espectáculo que vimos anoche». Para preferir el cual es preciso que alguna circunstancia lo motive; como la distancia del antecedente ó la convenjencia de determinarlo por medio del género y numero: «La definicion oratoria necesita ser una pintura animada de los objetos, la cual, presentándolos á la imaginación con colores vivos, entusiasme y arrebate». (Gil y Zarate). Algunos dirian la que, y asi lo hace el mismo escritor en casos análogos. (t. II, pág. 133)
2.a En las proposiciones explicativas se sustituye á menudo el cual á que, sobre todo, si son algo largas, y las separa de las principales una pausa notable, que se hace en cierto modo necesaria para tomar aliento: «En mala hora se le ocurrió después á Cienfuegos componer su Condesa de Castilla, la cual apenas ofrece materia alguna de alabanza, y si vasto campo á la censura». (M. de la Rosa). Pudo haberse dicho que; pero no es importuno la cual, por cuanto á la proposición ex plicativa que termina el periodo, precede siempre una pausa más larga que á la que se intercala en el. «La viuda, que amaba tiernamente á su marido, le olvidó tan en breve», etc. (M. de la Rosa); aqui, la cual, sin embargo de acarrear una proposición explicativa, hubiera sido intempestivo: al contrario de el cual en el ejemplo siguiente: «El conde, vencido siempre y encerrado en Burgos, rechaza con baladronadas las promesas de Almanzor, el cual le brinda en vano con restituirle todas las tierras conquistadas, y le hace varias reflexiones sobradamente filosóficas en favor de la paz, diciendole que la vida de un solo hombre vale más que una provincia, que un reino, que el universos. (M. de la Rosa). «Aparece con toda claridad establecido desde entonces el gusto á esa clase de diversiones» (dramáticas); «el cual continuó luego sin interrupción y con creces, como se echa de ver á cada paso, registrando las obras subsiguientes de aquellos rudos tiempos» (M. de la Rosa). Et cual es la forma relativa que mejor se adapta á las circunstancias, porque senalándose con ella numero singular y género masculino, no vacila el entendimiento entre los sustantivos gusto, clase y diversiones, y reconoce por antecedente el primero, aunque es el más distante de los tres. La perspicuidad requiere que cada palabra sugiera, si es posible, en el momento mismo en que la proferimos, su sentido preciso, y no de lugar á juicios anticipados, que despues sea menester corregir (1). (1) A esto es á lo que no se atiende tanto como seria de desear, y en lo que debiéramos imitar á los escritores franceses e ingleses. (t. II, pág. 133)
En los dos ultimos ejemplos hubiera podido ponerse el que por el cual conforme á la práctica modernisima, que, segun hemos dicho, no carece de inconveniente. (t. II, pág. 135)
3.a Despues de las preposiciones á, de, en, en las proposiciones especificativas es mejor que: «El objeto á que aspiraban»; «La materia de que tratamos»; «La embarcación en que navegamos». (t. II, pág. 135)
Pero en las proposiciones explicativas se emplea tambien frecuentemente el cual, sobre todo si son algo largas, ó si cierran el periodo: «Esta escena, en que Almanzor se muestra á la princesa como un doncel apenado, se termina del modo menos verosimilo (M. de la Rosa): «Es muy curiosa una suplica en verso del trovador provenzal Giraud Riquier á su favorecedor el Rey de Castilla, en nombre de los juglares; en la cual pide se reforme el abuso de llamar indistintamente con ese nombre á todos los trovadores, cualquiera que sea su mérito y calidad» (M. de la Rosa); todo concurre aqui á la preferencia de la cual ó (menos bien) la que: «Presentase encubierto con el nombre de Zaide, y elige cabalmente un salón del alcazar para confiar á su amigo el motivo de su disfraz, y sus antiguos amores con la condesa viuda; de la que pretende valerse para alcanzar la paz (M. de la Rosa); este la que sugiere desde luego el sentido de la cual, en que el autor lo emplea; pero no era necesario; quien hubiera dicho lo mismo. 4.° Despues de con se emplea á menudo que, pero tiene bastante uso el cual (y no tan bien á mi juicio el que), sobre todo en las proposiciones explicativas, y particularmente si son algo largas ó cierran el periodo: «La Isabela y la Alejandra no tuvieron más de tragedia que el nombre y las muertes friamente atroces con que se terminans (Quintana): «La firmeza y serenidad con que tenan aquellos espanoles empunadas las armas», etcétera (Capmani); «Halle en el pano más de cincuenta escudos en toda suerte de moneda de plata y oro; con los cuales se dobló nuestro contento y se confirmó la esperanza de vernos libres» (Cervantes). 5.a Despues de por, sin, tras, es más usado el cual (ó si se quiere, el que): «Las razones por las cuales se decidió el ministro»; «Un requisito sin el cual no era posible acceder á la solicitud»; «El biombo tras el cual nos ocultábamos». Diriase correctamente, pero menos bien, las razones por que, separando entonces la preposición del relativo para distinguir este uso reproductivo del adverbial ó conjuntivo de porque, escrito como una sola palabra. Requisito sin que y biombo tras que, aunque estrictamente gramaticales, satisfarian menos. 6.a Despues de preposiciones de más de una sil aba tiene poco uso que: «La ciudad hacia la cual marchaba el ejercito»; «l a corte ante la cual comparecimos»; La cantidad hasta la cual podia subir el costo de la obras; el techo bajo el cual dormiamos»; «Las fortalezas contra las cuales jugaba la artilleria»; «El dia desde el cual comenzaba á correr el plazo»; Estaban ya escasas de todo las provincias entre las cuales se repartió la contribución»; «Era aquella una novedad para la cual no estaban preparados los ánimos»; «Tales eran las leyes segun las cuales habia de sentenciarse la causa»; «Materia es esta sobre la cual hay mucha varjedad de opiniones. Dificilmente se tolerarjan la ciudad hacia que, la corte ante que, la cantidad hasta que, las fortalegas contra que, las provincias entre que, las leyes segun que; y si despues de estas preposiciones quisiese varjarse el cual, se preferiria más bien el que. Pero despues de bajo, desde, para y sobre se extranaria quizás menos el relativo simple. (t. II, pág. 135)
7.a Si á la preposición precede algun adverbio ó complemento, la forma que generalmente se prefiere es el cual. Se dirá pues; acerca del cual, enfrente de la cual, por medio del cual, alrededor de la cual. Puigblanch ha sido, á mi juicio, justamente criticado en «La etimologia del nombre Hispanta, acerca de la que, aunque facilisima, han errado notablemente asi gramáticos como geógrafos»; y en «Una usurpación de esta especie, en la cuenta de la que ha de caer todo el que haya leido ó lea en adelante dicho opusculo.» Asi es que para aclarar un tanto estas frases, haciendo que el relativo mire, por decirlo asi, hacia atrás, se hace preciso dar al que en la pronunciación un acento de que naturalmente carece cuando no es interrogativo: acerca de la que, aunque facitisima; en la cuenta de la que ha de caer. (t. II, pág. 137)
8.a En el género neutro, lo que alterna frecuentemente con lo cual, y ambos son hoy preferidos al simple que: nada más comun que las expresiones á to que, de lo que, por lo que, en lugar de á lo cual, de lo cual, por lo cual. En nuestros clásicos se encuentra á menudo lo cual, á veces en el mismo sentido lo que (167 b, nota) y á menudo que CXXIX (t. II, pág. 137)
(150). Pero despues de las preposiciones de más de una silaba, ó de preposiciones precedidas de adverbjos ó complementos, lo cual debe preferirse á lo que: para lo cual, segun lo cual, mediante lo cual, acerca de lo cual, etc. (t. II, pág. 138)
9.a Debe evitarse que el relativo sea precedido de una larga frase, perteneciente la proposición incidente ó subordinada: «El magistrado, en conformidad á las órdenes del cuals; «Aquiles, al resplandor de las armas del cual», no se toleraria. Cuyo, simplificando esta frase, pudiera hacerla aceptable: «Aquiles, al resplandor de cuyas armas»; pero aun con este posesivo no se toleraria. «Aquiles, espantados con el resplandor de cuyas armas huian precipitadamente los troyanos». En lugar de que ó el cual, cuando se trata de personas, se dice frecuentemente quien; sobre cuyo empleo nos hemos extendido lo bastante en otros capitulos. (t. II, pág. 138)
Capítulo XLIII. Observaciones sobre algunos verbos de uso frecuente
a. No hay verbos de más frecuente uso que los dos por cuyo medio se significa la existencia directamente, ser y estar. Y de aqui es que son tambien los que más á menudo se subentienden. b. Ya hemos visto que ser se junta con los participios adjetivos formando construcciones pasivas: estar, en combinación con los mismos, significa, no tanto pasión, esto es, la impresión real ó figurada que el agente hace en el objeto, cuanto el estado que es la consecuencia de ella: de donde proviene que si en «La casa era edificada» la epoca de la accion es la misma del verbo auxiliar, en «La casa estaba edificada» la época de la acción es anterior á la epoca del auxiliar (1). (t. II, pág. 139)
c. Es notable en el verbo ser la significación de la existencia absoluta, que propiamente pertenece al Ser Supremo: «Yo soy el que soys; pero ......--. (t. II, pág. 139)
(1) Por eso á la primera frase corresponde en latin cedificabatur, y á la segunda gedificata erat ó fuerat. (t. II, pág. 139)
que se extiende á los otros seres, para significar el solo hecho de la existencia: (t. II, pág. 140)
«Los pocos sabios que en el mundo han sido». (FR. LUIS DE LEN.) (t. II, pág. 140)
Este uso de ser es enteramente desconocido en prosa, y apenas se encuentra en verso; pero tienen analogia con el ciertas locuciones frecuentisimas en que sirve de sujeto el anunciativo que: «Es que no quiero»; «Es que no se trata de eso»; «Si no fuera que teme ser descubierto»; «Sea que se le castigue ó que no». (t. II, pág. 140)
d. Además de ser y estar, ya en construcción intransitiva, ya refleja (y sin contar al impersonal haber, de que hablaremos luego), tenemos, para significar la existencia, varios verbos, á que en otras lenguas suele corresponder uno mismo: y de aqui es que, traduciendo de un idioma extranjero al castellano, se hace necesario expresarla, ya de un modo, ya de otro, segun los diferentes casos. Tales son hallarse, encontrarse, quedar, quedarse, verse, sentirse, ir, anday, andarse: «Se halla enfermo»; «Se encontró desprovisto de todo»; «Quedó sorprendido al oir la noticia»; «Se quedó callado»; «Se ve cercado de dificultades»; «.Se siente embarazado, confuso, perplejo»; «Anda distraido»; «Andase solazandos (el se pertenece al gerundio); «Andase á mendigar»; (el se pertenece al verbo); «lbasele acabando la vida» (el se pertenece al gerundio, y el verbo no significa otro movimiento que el mero progreso de acabarse). (t. II, pág. 140)
e. Es menester, no es construcción impersonal, puesto que lleva en todas ocasiones un sujeto ex preso ó tácito: «Era menester haberlo visto»; «Es menester mucha paciencia»; «Eran menester muchas contemplaciones para no romper con el»; «Le reprendi, porque asi era menesters. En el primer ejemplo el sujeto es un infinitivo; en el ultimo se entiende obviamente hacerto. Menester es de suyo un sustantivo que significa cosa debida ó necesaria, y que en estas construcciones se adjetiva, sirviendo de predicado á ser. (t. II, pág. 140)
f. Haber significó en su origen tener, poseer, y todavia suelen resucitar los poetas este su primitivo significado: (t. II, pág. 141)
«Héroes hubieron Inglaterra y Francias. (t. II, pág. 141)
(MAURY). (t. II, pág. 141)
Pero aun en prosa restan no pocas frases en que haber no es un puro auxiliar, como: (t. II, pág. 141)
1.° Haber, por asegurar, arrestar: «No pudo ser habido el reos. (t. II, pág. 141)
2.° Haber hijos, cuando el verbo es modificado por un complemento de determinada persona ó matrimonio: «Los hijos que de Isabel la Catolica hubo el rey don Fernando»; «Los hijos habidos en» ó «de aquel matrimonjo». (t. II, pág. 141)
3.° Haber menester por necesitar: «Ha menester seiscientos marcos»; frase de todas las edades de la lengua, que extrano no encontrar en ningun diccionario. (t. II, pág. 141)
4.° Haber á uno por confeso, por excusado, etcetera (tenerle, reputarle, juzgarle). (t. II, pág. 141)
5.° Haberse (portarse); «Conviene que se haya como hombre que no sabe y oye, callando y preguntando á los que saben» (Granada). (t. II, pág. 141)
6.° Varias frases idiomáticas, que pueden verse en el diccionario de la Academia. (t. II, pág. 142)
Bien haya, Mal haya, Que Dios haya, Que de Dios haya, frases optativas: «Bien haya la madre que tales hijos dió al mundo»; «Mal haya el que de tales hombres se fia»; «Fulano, que Dios haya» (a quien Dios tenga en gloria); «Fulano, que de Dios haya» (que tenga la gloria de Dios). (t. II, pág. 142)
8.° «lla muchos dias», «Cuatro anos ha», «Poco tiempo habia», frases que se aplican al trascurso del tiempo (343, a). (t. II, pág. 142)
«No ha lugar á lo que se pide», frase forense, en que lugar es acusativo. (t. II, pág. 142)
- «Hay abundancia de granos», «Hlubo recios temporales» (343). (t. II, pág. 142)
- «Hay que despachar un correos, «Habia que dar cuenta de lo ocurrido», frase que se explicará en el siguiente capitulo. (t. II, pág. 142)
- «Le hago saber á vuestra merced que con la Santa Hermandad no hay usar de caballerias», (Cervantes), donde no hay significa no vale. No se dice hay por ha sino en las locuciones impersonales de los numeros 10, 11 y 12. (t. II, pág. 142)
g. Tener, como vimos en la otra parte (317, 318), sirve de auxiliar con el participio adjetivo y con el infinitivo. En el capitulo siguiente hablaremos de las construcciones tengo, tuve, tendré que, seguidas de infinitivo y parecidas por su composición y significado á las antes mencionadas hay, hubo, habrá que, diferenciándose unas de otras en que las del verbo tener se conjugan por todas las personas de ambos numeros, y las de haber care cen de sujeto, y sólo se usan en terceras personas de singular. (t. II, pág. 142)
h. Cumple mencionar aqui el uso frecuente de hacer, que con el neutro lo en acusativo, reproduce otros verbos tomando su regimen: «No es extrano que de todos se burle el que de si mismo lo hace»; el que de si mismo se burla. Suele tambien ejercer este oficio reproductivo con el adverbio como, ó con el complemento adverbjal á la manera que, u otro semejante: «En viniendole este pensamiento, le sobresaltaba tan gran miedo, que asi se lo desbarataba, como hace á la niebla el viento» (Cervantes); desbarata la niebla, ponese á en el acusativo, no tanto para distinguirlo del sujeto, como para que no se tome el verbo hacer en otro significado que el reproductivo. (t. II, pág. 143)
Capítulo XLIV. Usos notables de los derivados verbales
a. Hemos visto (293, b) que ef infinitivo, como sustantivo que es, hace siempre de sujeto, predicado, complemento ó termino. (t. II, pág. 145)
b. El infinitivo precedido de al significa coincidencia de tiempo: «Al cerrar la noche», «Al cenirle la espadas. Omitiendo el articulo, le damos el sentido de condicion: «A saber yo», por si yo supiera ó si yo hubiera sabido. Lo regular es que lleve entonces el sentido de negación implicita; pero no siempre es asi: «A proseguir con sus gastos, en poco tiempo habrá consumido su caudalx (315, a). (t. II, pág. 145)
c. Otras veces le acompana una elipsis del verbo; «Yo á pecar y vos á esperarme; yo á huir de vos, y vos á buscarme», (Granada); esto es, yo me doy, me pongo, me entrego, y vos os dais, os poneis, etc. (t. II, pág. 145)
d. Notable es tambien la construcción eliptica del infinitivo en el pasaje siguiente de Ercilla: «Del bien perdido al cabo ¿que nos queda Sino pena, dolor y pesadumbre? (t. II, pág. 145)
Pensar que en el fortuna ha de estar queda, Antes dejará el sol de darnos lumbres. (t. II, pág. 145)
Para comprender en qué consiste la fuerza de esta construcción, que es singularmente expresiva, basta compararla con los ejemplos que siguen: «Pensar que otra alguna ha de ocupar el lugar que ella tiene, es pensar en lo imposible», (Cervantes): «Pensar que en Alemania se hallen tantos de estos maestros, es cosa excusada», (Rivadeneira): «Pues pensar yo que don Quijote mintiese, siendo el más verdadero hidalgo y el más noble caballero de su tiempo, no es posible, que no dijera el una mentira, si le asaetearan», (Cervantes). Interponganse en el pasaje de Ercilla, despues del tercer verso, las palabras no es posible, es pensar en lo imposible, ó es cosa excusada, ó algo semejante, y tendremos la locución de Cervantes y Rivadeneira. e. Ponemos aqui algunas construcciones notables del infinitivo con ciertos verbos, más bien para que sirvan de muestras, que con la pretensión de agotar la materia. (t. II, pág. 146)
Parecer, semejar, aunque verbos neutros de su yo, suelen tomar por acusativo un infinitivo: «Parece alejarse la tempestad»; «Semejaban estar desplomados los edificios». De aqui es que este infinitivo es reproducido por el acusativo lo: «Parecieron por un momento amansarse las olas; mas ahora no lo parecen; antes con la mudanza del tiempo semejan embravecerse de nuevO». (E) (t. II, pág. 146)
(*) ¿No seria mejor decir que el infinitivo es en estos casos un predicado, y que como tal es reproducido por el acusativo lo?—N. del C. (t. II, pág. 146)
Verbos que significan actos mentales perceptivos rigen á menudo un infinitivo con el cual forman frases verbales que por lo tocante á la construcción pueden considerarse como simples verbos: «Oigo sonar las campanas»; «Vimos arder el bosques. Las campanas, el bosque, son acusativos de oigo sonar, vimos arder: reproduciendolos, diriamos: «Las oigo sonar», «Lo vimos arder»; y en construccion pasiva cuasi-refleja: «Se oyen sonat» «Se vió arder» (*) (335). «Le oimos cantar dos arias»; dos arias acusativo de oimos cantar, le dativo. Reproduciendo arias, diriamos: «Se las oimos cantar»; se dativo oblicuo del mismo significado que le (357). Y en construcción pasiva cuasi-reflejá: «Se le oyeron cantar dos arias»; se acusativo reflejo, le dativo. (t. II, pág. 147)
Las construcciones de que hablamos no suelen volverse en pasivas por medio del verbo ser y el participio adjetivo. Rara vez se diria «Las flores fueron vistas marchitarse»; «El reloj fue oido dar las doces. Pero en verso esta pasiva, imitada del latin, es elegante: (t. II, pág. 147)
«Tirsis, pastor del mas famoso rio Que da tributo al Tajo, en la ribera Del glorioso Sabeto, á Dafne amaba Con ardor tal, que fue mil veces visto Tendido en tierra en doloroso llanto Pasar la noche, y al nacer el dia, () En este caso, como en el precedente, parece mejor considerar al infiniti vo como predicado. La diferencia entre el uno y el otro caso estaria en que en el primero el infinitivo seria predicado de un sujeto, y en el segundo de un complemento objetivo.—N. del C. (t. II, pág. 147)
ANDRES BEL.LO Como suelen tornar otros del sueno Al ejercicio usado, asi del llanto Tornar al llantos. . . . . . . . . . . . . (FIGUEROA.) (t. II, pág. 148)
Mandar se construye de un modo semejante: «El general mando evacuar las plazas»: las plazas acusativo de mando evacuar; las mandó evacuar; se mandaron evacuar. Ni disonaria fueron mandadas evacuar. (t. II, pág. 148)
«Josué mandó al sol pararse». Para explicar esta construcción no es preciso salirse de las reglas comunes: pararse es acusativo de mandó; al sol dativo. Las reproducciones y pasiva lo prueban: le mandó pararse; se lo mandó; se le mandó pararse; le fue mandado pararse: se lo es combinación de dativo oblicuo bajo forma refleja, y acusativo neutro que reproduce el infinitivo (357); y pararse acusatiyo pasa á sujeto de las construcciones pasivas. f. Nótese el doble sentido de que es susceptible en ciertos casos una construcción de infinitivo. En «Le mandaron azotar á los malhechores», á los malhechores es acusativo y le dativo: en «Le mandaron azotar por mano del verdugoy, le es acusativo. Dicese de un lobo que le dejaron devorar al cordero (le dativo) y de un cordero que le ó lo dejaron devorar por el lobo (le ó lo acusativo). g. Notese tambien que cuando el infinitivo lleva un acusativo reflejo que se identifica con el acusativo del verbo, se suele suprimir el acusativo reflejo: «Al entrar en el hoyo todos nos ajustamos y encogemos, ó nos hacen ajustar y encoger, mal que nos pese», (Cervantes); esto es, nos hacen ajustarnos y encogernos: nos es acusativo de hacen y acusativo reflejo de ajustar y encoger. Si á nos sustituyeramos la tercera persona de plural, no podria decirse «Les hacen ajustar y encogery, sino ajustarse y encogerse, porque para suprimir el acusativo reflejo es necesarjo otro acusativo con el cual se identifique; condición que se verificaria diciendo los hacen ajustar y encoger. h. Notable es asimismo el sentido pasivo que con ciertos adjetivos suele tomar el infinitivo, precedido de la preposición de. Asi, una cosa es buena de comer, digna de notar, facil de concebir; sin que por eso deje de usarse la pasiva buena de comerse, digna de notarse, etc.; pero lo primero es lo más usual. El verbo ser puede tener por si solo el mismo regimen, cuando el infinitivo significa un acto del entendimiento ó una afección motal: es de creer, es de saber, no es de olvidar, es de sentir. (t. II, pág. 148)
- Acompana frecuentemente al infinitivo la elipsis de un verbo (poder, deber, u otro semejante), á que sirve de acusativo, precediendo entonces al insinitivo un relativo con antecedente expreso ó tacito: «No tengo vestido que ponerme»; «No conociamos persona alguna de quien valernos»; «Hay mucho que hacer»; esto es, que pueda ponerme, de quien pudiésemos valernos, que debemos hacer. Es arbitrario callar ó expresar el antecedente cuando este significa una idea general de persona, cosa, lugar, tiempo, modo, causa: «No tengo (nada) que ponermen; «No vefamos (persona) de quien fiarnos»; «Buscabamos (lugar) donde guarecernos de la lluvian; «Al fin hallaron (camino) por donde escapar»; «Trazaba (modo) como salir del apuro»; «No hay (razón, causa, motivo) por que diferir la partida». (t. II, pág. 149)
- Pero no deben confundirse con estas frases elpticas aquellas en que despues del verbo haber ó tener viene un infinitivo precedido de que, perdiendo este neutro su oficio de relativo y haciendose como un mero articulo del infinitivo: «No hay que avergonzarte» (esto es, no debes, deja de avergonzarte); «Tengo que escribir varias cartas» (t. II, pág. 150)
(esto es, debo, tengo precisión de escribir). Asi, haber ó tener que, seguido de infinitivo, es á veces una frase eliptica, y á veces no: hay que escribir, significará, pues, segun los varios casos, hay algo que escribir ó es preciso escribir; y tengo que contar equivale ya á tengo cosas que contar, ya á tengo precision de contar: duplicidad de sentidos que no cabe sino cuando el que puede ser acusativo del infinitivo. (t. II, pág. 150)
a. Usase tambien el que como articulo del infinitivo despues de los verbos ocurrir y faltar y no se si algun otro: «Vistamonos por si ocurriere que salir»; «Sostienen algunos que la absoluta libertad del comercio es en todas circunstancia; conveniente; pero falta que probarlo». Con estos dos verbos puede suprimirse el que: si ocurriere salir; falta probarlo. (t. II, pág. 150)
b. Tampoco debe confundirse con la frase eliptica de que hablamos aquella en que no haber ó no tener es seguido de mas que, haciendo el que el oficio de conjunción comparativa: «No hay más que rendirse»; «No tenemos más que rendirnos»; á la cual equivalen las interrogativas de negación implicita: « Tenemos más que rendirnos?»; «¿Hay más que rendirse?». Mas y rendir son dos acusativos ligados por el que conjuntivo. c. En la referida frase eliptica el relativo se hace interrogativo indirecto despues de verbos que signifiquen actos del entendimiento: «No sabe que creer», «con quien aconsejarse», «á qué atenerse», «por donde salir», «cómo defenderse de sus enemigos», «cuándo ponerse en camino», Conócese la interrogación indirecta en que se pospone el antecedente: «No tiene (cosa) que decir», «No sabe qué (cosa) decir», «No hay (modo) como salir del apuro»; «No se sabe cómo (esto es, de que modo) salir del apuro». A veces será arbitrario dar ó no á la frase la enunciacion interrogativa: «Buscaba como, ó como salir del apuro», puesto que podemos resolver esta frase en buscaba modo como y huscaba de que modo. (t. II, pág. 151)
El interrogativo si se presta á la misma elipsis: y entonces no tanto significa duda del entendimiento como vacilación de la voluntad: «No sabe si retirarse ó no». (t. II, pág. 151)
d. Otra particularidad del infinitivo es el poder mediar entre el y la preposición á que sirve de término las palabras ó frases que lo modifican y á veces su mismo sujeto, sin embargo de que en general precede á este: «Tenia (Enrique de Borbon) una tropa de caballeria de respeto, para, en caso que perdiese la jornada, poderse salvars, (Antonio de Flerrera); «Para, sin consideración ninguna á los altos destinos que ha ocupado, ni á su autorizada figura, sentarle bien la mano», (Puigblanch); «Trataba secretamente con el Papa, para, pasando á Italia, tomar el cargo de general de la Iglesia», (Quintana); (este pasaje ha sido censurado como opuesto á las reglas de la perspicuidad por D. Vicente Salvá; pero con demasiado rigor, á mi juicio); «El cura no vino en quemar los libros sin primero leer los titulos», (Cervantes); «Exigian los aliados que Juis XIV se obligase á, por si solo y con las armas, echar de Espana á su nieto», (Maury); «Juro este acero al brazo de la muerte Sólo rendir: sus filos y mi brio Usar en, vivo y muerto, defenderte». (El mismo.) «Hasta llenos quedar subitameute Cuarto y cuartel de luces y de gentex. (El mismo.) «Sin yo poder joh colera! el castigo Tomar de nuestro bárbaro enemigo». (El mismo.) La preposición para es la que se presta mejor á esa intercalación, que con las otras tiene algo de violento: con las á y en ni aun en verso es soportable. e. Aunque el infinitivo participa de las dos naturalezas de sustantivo y verbo, no son raros los casos en que se despoja de la segunda y se convierte en un sustantivo ordinario. Sucede esto principalmente cuando lo que debiera servirle de sujeto se convierte en complemento: (t. II, pág. 151)
«El cantar los pastores luocentes amores En el sencillo idilio nos agrada»: (t. II, pág. 153)
aqui el infinitivo se construye con sujeto, y es por tanto un verdadero derivado verbal. No es asi en aquellos versos de Garcilaso; «El dulce lamentar de dos pastores He de cantar, sus quejas imitandox; lamentar depone su carácter genuino, porque su natural sujeto los pastores toma la forma de complemento. Una cosa semejante se verifica en el trabajar suyo por el trabajar ellos, porque el posesivo equivale á un complemento con de. Pasemos á los participios, principiando por el participio adjetivo (1). (t. II, pág. 153)
(1) Se extranará que no se comprenda entre los participios al que se distingue con el titulo de activo, terminado en ante ó ente, como amante, leyente. Pero aunque los llamados participios activos se derivan de yerbos, no son verdaderamente derivados verbales, esto es, que participen de la naturaleza del verbo y tomep sus construcciones. Eraulo si en latin, donde se decia amans pirtutem. como amo yirtutem. En nuestra lengua, al contrario, no podria jamás decirse amante la pirtud, como se dice amo, amar, amando, he amado la virtud. Nuestros verbos y derivados verbales se construyen con atijos y encliticos: te amo, amarle, amdndole, le habre amado; le leo, leerle, leyendole, le habre leido la carta: ¿podria CXXIX (t. II, pág. 153)
Lo regular es que no lo tengan sino los verbos transitivos, porque este participio, mientras conserva el carácter de tal, se refiere á sustantivos que pueden ser acusativos del verbo en las construcciones activas, ó sujetos en las pasivas. (t. II, pág. 154)
- Hemos visto (317) que el participio adjetivo combinado con el verbo tener, lorma una especie de tiempos compuestos: (t. II, pág. 154)
«Tengo leido el libro»; «Tuve terminada la obra»; «Tenia recorridos los campos vecinos»: «Tendrá bien conocidas las dificultades de la empresa». Pero es de advertir que estas formas se prestan poco á la construcción refleja, y que si bien se dice corrientemente «Los tiene instruidos», no asi «El se tiene instruido», sino solo «El se ha instruido». No creo que sea permitida esta construcción refleja sino en ciertas frases peculiares determinadas por el uso, y regularmente imperativas, como «Teneos apercibidos» (1). (t. II, pág. 154)
jamás decirse amántele, leyentele la carta? Es visto, pues, que los tales participios son meros adjetivos, No tenemos en castellano participio alguno activo, fuera del que se construye con haber y á que he preferido llamar sustantivado, porque siempre lo está y tiene significado y régimen activo cuando el verbo de que se deriva lo tiene. (t. II, pág. 154)
(1) Eran conocidas estas formas compuestas en los mejores tiempos de la lengua latina. En Cicerón leemos: Clodii animum perspectum habeo, cognitum, (t. II, pág. 154)
- Hemos visto asimismo (208) que ciertos participios adjetivos no admiten, por ser intransitivos los verbos de que se derivan, la inversión de significado que es propia de las construcciones pasivas, y que aun los que tienen significacion pasiva la pierden á veces, y expresan la misma idea que el verbo de que se derivan sin inversión alguna. (t. II, pág. 155)
En este caso se hallan: agradecido, el que agradece; bebido, el que ha bebido con exceso; callado, el que calla ó acostumbra callar; cansado, lo que da fatiga, fastidio; bien cenado, bien comido, el que ha cenado ó comido bien; disimulado, el que habitualmente disimula; entendido, el que entiende mucho; fingido, el que suele fingir; letdo, el que ha leido muchos libros; ocasionado, el que ocasiona (disgustos, pendencias); osado, el que tiene osadia; porfiado, el que tiene habito de porfiar; presumido, el que presume (esto es, judicatum.— Quod me hortaris ut absolram, habeo ab solutum.—Omnes habeo cognitos sensus adplescentis. De Cwsare satis dictum habeo. Pero los latinos no usaron nunca este participio sino como adjetiyo. En el ultimo ejemplo, que se cita en contrario, satis es sustantivo neutro que concuerda con dictum; y de que su verdadera naturaleza es de sustantivo no cabe duda en vista de frases como estas: Sat patriœ Priamoque datum. — Satis cause ad objurgandum erat.—Satis jam verborum est. (t. II, pág. 155)
ANDRES BELL.O el que tiene de si mismo más alto concepto que debiera); sabido, el que sabe muchas cosas; sufrido, el que por caracter es sufridor y tolerante, etc. La Academia los considera entonces como meros adjetivos, y realmente no son otra cosa. (t. II, pág. 156)
a. De algunos verbos que se usan siempre con pronombre reflejo salen derivados que por la forma y la variedad de terminaciones parecen participios adjetivos; pero que tienen el significado del verbo sin inversión alguna, y deben mirarse tambien como simples adjetivos; v. gr., atrevido, atrevida, el ó la que tiene atrevimiento. Hav verbos que en algun sentido particular se conjugan con pronombres reflejos y de ellos salen á veces derivados de forma participial, que son asimismo puros adjetivos; v. gr., mirado, el que se mira mucho (el que compone y modera sus acciones); sentido, el que con facilidad se siente (se ofende). b. Los adjetivos de forma participial que nacen de verbos intransitivos, como nacido, nacida; miterto, muerta; ido, ida; venido, venida, vuelto, vuelta; llegado, llegada, rara vez se juntan con ser sino es en frases anticuadas, que sólo se permiten á los poetas, como «Son idos», por han ó. se han ido; «Es vuelto á casa», por la vuelto; bien que restan algunas no sólo permitidas en prosa, sino elegantes: «Llegada es la hora, la ocasión»; «El tiempo es llegado»; «Sus padres eran entonces muertos»; «Cuando esas cosas sucedieron, vosotros no eráis todavia nacidos». En todas estas frases el adjetivo, ó llámese participio, haze refe (t. II, pág. 156)
CIRAMATICA CASTELLANA rencia á una epoca anterior á la del auxiliar, á diferencia de lo que sucede en las construcciones pasivas formadas con ser, donde el significado de la frase, esto es, la acción del verbo de que se deriva el participio, se refiere á una epoca que coincide con la del auxiliar: asi, eran idos es un ante-co-preterito (1), mientras que eran amados, eran temidos no son más que co-pretéritos (2). Con muchos de estos participios apómalos se forman adjetivos sustantivados de uso corriente, los nacidos, los muertos, los recien llegados; y cláusulas absolutas (cap. XLVIII), como en «ldos ellos, termino la funcion»; «Llegada la noticia, se esparció una alarma general»; «Nacido el Salvador del mundo, fucron á adorarle los pastores»; «Muerto Carlomagno, se disolvió el grande imperio que bajo su mano vigorosa habia parecido resucitar la potencia romana». (t. II, pág. 157)
c. Iay otra cosa en que es menester consultar el uso; y es que los participios adjetivos de algunos verbos activos, como llenar, limpiar, hartar, no se prestan de buen grado á todas las construcciones usuales de los participios adjetivos: (t. II, pág. 157)
1.° porque en lugar de las construcciones pasivas que se forman con ser admiten más bien las cuasireflejas: dicese, por ejemplo. «Se llenó la plaza», «Se limplaron las armas», «Se les hartó de frutax, . ........-.-.. (t. II, pág. 157)
(1) Como profecti erant en latin. (t. II, pág. 157)
(2) Amabantur, timebantur. (t. II, pág. 157)
(3) Harto, harta, como verdadero participio adjetivo, es anticuado: «Bienaventurados los que han hambre y sed de justicia, porque ellos seran hartos». (t. II, pág. 157)
mucho mejor que fue llenada, fueron limpiadas, fueron hartados (3); y 2.° porque en las construcciones de estar y en las cláusulas absolutas, les preferimos los adjetivos correspondientes, como lleno, limpio, harto: «La plaza estaba llena», «Limpias las armas», «Harta el alma de frivolos pasatiempos, la devora el fastidio». Y esto, sin embargo de que los adjetivos correspondientes po supongan de suyo una acción anterior, como sucede en lleno y limpio; pues una cosa puede estar llena ó limpia, sin que la hayan llenado ó limpiado. d. Las frases adverbiales antes de, despues de, y menos frecuentemente luego de, llevan á veces por término de la preposición un participio adjetivo, á que puede agregarse un sustantivo que le sirve de sujeto: «Antes de dada la orden», «Despues de cerradas las puertas», «Luego de acabada la misa»; «Despues de yo muerta», dice Santa Teresa; donde es de notar que se dice yo y no mi, porque yo no es termino de la preposicion, sino sujeto del participio. (t. II, pág. 158)
e. En las cláusulas absolutas usan algunos el participio sustantivado con acusativos y dativos, pero á mi parecer incorrectamente: «Oido á los reos y recibidoles la confesión, mandó el juez llevarlos á la cárcel», en vez de «Oidos los reos y recibida su confesion», que es mucho más sencillo y claro (1). Cuando se dice «sabido que los (:) En Cervantes ocurre este pasaje: «Limpias pues sus armas, hecho del morrión celada, puesto nombre á su rocin y confirmádose á si mismo, se regidores estaban reunidos, me dirigi á la sala municipal», sabido es adjetivo y concierta con el que. De la misma manera, en «Mandó que se instruyera la causa y hecho se tragesen los autos», hecho es adjetivo y concierta con el tácito esto. f. La construccion «leido que hubo la carta», «compuesto que hubo los versos», es el solo caso que yo sepa de cláusula absoluta formada por el participio sustantivado. «Oido que hubo tan funesta noticia, se abandonó al dolors, es lo mismo que «Oida tan funesta noticia», etc.; pero la primera expresión puede ser á veces oportuna para manifestar mejor la identidad ó la distincion de los agentes; la identidad, como en el ejemplo anterior, en que son uno mismo el que oyó y el que se abandonó; la distinción, como en «Leido que hubo la carta, se retiraron los circunstantes», en que es uno el que leyó y otros los que se retiraron. g. De la misma manera empleamos el participio adjetivo con el verbo tener: «Concluida que tuvieron la obra», «Examinados que tuviese los autos». (t. II, pág. 158)
h. Otro tanto sucede con los verbos ser y estar: «Aprendidos que fueron», «Encarcelados que esten». (t. II, pág. 159)
dió á entender», etc. Pero nadie, á mi parecer, dudará que ó debió haberse principiado por «Habiendo pues limpiado sus armas», ó que precediendo «Limpias pues sus armas», era preciso «hecha del morrión celada, puesto nombre á su rocin y confirmado que se liubo á si mismo». (t. II, pág. 159)
ANDRES BEL.O i. Lo de más importancia en el empleo de los infinitivos y gerundios es que si, como participantes de la naturaleza del verbo, hacen relación á un sustantivo de que son atributos, no haya la menor vacilacion en el entendimiento del que oye ó lee para referirlos á ese sustantivo y no á otro; y aun es tan delicada la lengua en este punto, que sin embargo de no haber duda acerca del sustantivo de que son atributos, es necesario que la relación parezca natural y obyia. «Dijo en la junta de reyes y caballeros que todo lo que hacia por Amadis, lo hacia de agradecida por haber este rescatado á un caballero que estaba preso en el castillo de la Calzada», (Clemencin); expresase el sujeto de haber, aunque el sentido de la oración habria bastado para que nos fijasemos en Amadis, y con todo eso, lejos de redundar el demostrativo este, es oportuno y contribuye á la claridad, por cuanto el giro de la frase nos hubiera hecho á primera vista referir el infinitivo al sujeto de hacia. «Este lance imprevisto de repente La atención llama de la inmensa turba, Juzgando que ha deshecho á Ruy Velazquez Del cielo vengador llama trisulca.» (t. II, pág. 160)
(EL DUQUE DE RIVAS): (t. II, pág. 160)
es suficientemente claro el sentido, y parece que no puede pedirse más á un poeta; pero el gerundio, por el giro de la frase, se referiria más bien á este lance que á la lurba. Llay además en este pasaje una ligera impropiedad, supuesto que el gerundio significa coexistencia ó proxima anterioridad á la época del verbo, y por tanto nos presenta (t. II, pág. 160)
GBAMATICA CASTELLANA aqui el juicio de la turba como próximamente anterior al lance que llama la atención de la misma, ó como coexistente, cuando menos, con el (212, d), debiendo más bien por la naturaleza de las cosas preceder al juicio el llamamiento que lo produce. 381. Los gerundios, como adverbios que son, no modifican al sustantivo sino por medio de otras modificaciones: «No menos correcto hablando que escribiendo»; «Conmovia poderosamente los ánimos, ya manejando la pluma, ya usando de la palabra en la tribuna». Si el gerundio modifica al infinitivo directamente, es porque el infinitivo, como derivado verbal, admite todas las construcciones del verbo: «Era preciso desenvolver el principio, manifestando sus consecuencias y aplicaciones». Y si lo construimos con sustantivos de otra especie, es cuando le sirven de sujeto; porque, como derivado verbal, participa de la naturaleza del verbo: « Deje vuesa merced caminar á su hijo por donde su estrella le llama, que siendo el tan buen estudiante como debe ser, y habiendo ya subido felizmente el primer escalon de las ciencias, que es el de las lenguas, con ellas por si mismo subirá á la cumbre de las letras humanas», (Cervantes). (t. II, pág. 161)
a. A veces parece el gerundio construirse con el sujeto de la proposición, modificándolo; y pu diera dudarse si conserya ó no el carácter de adverbio: «El ama, imaginando que de aquella consulta habia de salir la resolucion de la tercera salida, toda llena de congoja y pesadumbre se fue á buscar al bachiller Sanson Carrasco», (Ceryantes). Yo creo, con todo, que la cláusula de gerundio es, aun en casos como este, una frase adverbial que modifica al atributo, como lo haria un complemento de causa: «El ama, por imaginars, ó una proposición introducida por un adverbio relativo: «El ama, como imaginaba». Si el gerundio pudiera emplearse como adjetivo, no habria motivo de censurar aquella frase de mostrador, tan justamente reprobada por Salvá: «Envio cuatro fardos conteniendo veinte piezas de pano». Este modo de hablar es uno de los más repugnantes galicismos que se cometen hoy dia. (t. II, pág. 161)
b. Hemos mencionado antes (283) las formas compuestas de gerundio con el verbo estar, y á eso anadiremos ahora que todas las veces que hay movimiento en la acción, aunque el movimiento no sea verdadero sino figurado, como el que nos representamos, por ejemplo, en las operaciones intelectuales, es preferible ir á eslar: «No estaban ociosas la sobrina y el ama de don Quijote, que por mil senales iban coligiendo que su tio y senor queria desgarrarse la vez tercera, y volver al ejercicio de su, para ellas, malandante caballeria», (Cervantes). (t. II, pág. 162)
c. Cuando el infinitivo ó el gerundio lleva sujeto, generalmente le preceden: «Avisábasele haber principiado las hostilidades»; «Por estar ellos ausentes»; «Estando la senora en el campo». (t. II, pág. 162)
d. La colocación del gerundio es mucho más determinada que la del infinitivo, porque en general debe principiar por el su cláusula. Podemos fijar fácilmente el lugar que en la oración ha de dársele, resolviendolo en una proposición subordinada: el lugar que en esta ocupe el relativo ó frase relativa, es el en que ha de ponerse el gerundio. Por consiguiente, no seria natural en prosa el orden de las palabras en estos versos de Calderón: . . . . . . . . . . . .. «Alejandro, de Ursino principe y dueno siendo kermano de mi padre y habiendo sin hijos muerto, me tocaba por herencia de aquel estado el gobierno.» (t. II, pág. 163)
No puede decirse «Alejandro, siendo hermano de mi padre, me tocaba su herencia», sino «Sjendo Alejandro», etc.; á la manera que resolviendo el gerundio no diriamos «Alejandro, por cuanto era hermano de mi padre, me tocaba su herencia», sino «Por cuanto Alejandro era», etc. Esta es una regla importante, que los traductores olvidan á veces, y cuya trasgresión apenas puede disimularse á los poetas. (t. II, pág. 163)
Ac E CAPITLILO XLV (t. II, pág. 165)
Capítulo XLV. De las oraciones negativas
- En las oraciones negativas en que la negación se expresa por no, la regla general es que este adverbio preceda inmediatamente al verbo, pudiendo sólo intervenir entre uno y otro los pronombres afijos: «Hay estilos que parecen variados y no lo son, y otros que lo son y no lo parecenn, (Capmany). A veces el no pertenece al derivado verbal y no al verbo de la sentencia, y debe entonces preceder al primero: de aqui la diferencia de sentido entre «La gramatica no puede aprenderse bien en la primera edad». en que se niega la posibilidad de aprenderse, y «La gramática puede en la primera edad no aprenderse bien», en que se afirma como cosa posible el no aprenderse. (t. II, pág. 165)
- Son frecuentisimas las excepciones; pero pueden todas reducirse á una, que consiste en colocar el no antes de la palabra ó frase sobre que recae determinadamente la negativa: «No porque se aprobase aquel ar bitrio lo adoptó la junta, sino porque era el unico que se presentaba»; «No de los grandes y poderosos se valió el Salvador del mundo para predicar la divina palabra, sino de los pequenos y humildes»; «No ssólo por extremada breyedad se hacen oscuros los conceptos, mas tambien por los difusos rodeos de términos monótonos y uniformes», (Capmany); «No á todos es dado expresarse con facilidad y elegancia». (t. II, pág. 165)
- Una particularidad del castellano es el subentenderse el no cuando precede al verbo alguna de las palabras ó frases de que nos servimos para corroborar la negación: «No la he visto en mi vidan; «En mi vida la he visto»; «No se le pudo encontrar en parte alguna»; «En parte alguna se le pudo encontrar»; «No se ha visto una criatura más perversa en el mundo»; «En el mundo se ha visto una criatura mas perversa»; «El que ms se admiró fue Sancho, por parecerle (como era asi verdad) que en todos los dias de su vida habia visto tan hermosa criatura»; «Amadis fue á ver el encantamiento de Urganda, y por cosa del mundo dejara el de probar tal aventura, sino que habia prometido que hasta dar fin á aquel fecho» (el combate con Lisuarte) «no se pornia (I) en aco (1) Porné, pornia, anticuados, por pondre, pondria; como terné, ternia; verne, vernia. (t. II, pág. 166)
meter otra cosan, (Amadis de Gaula). De lo cual ha resultado que ciertas palabras originalmente positivas, como nada (nacida, subentendiendo cosa), nadie (nacido, subentendiendo hombre), jamás (ya mas), á fuerza de emplearse para hacer más expresiva la negación, llevan envuelto el no cuando preceden al verbo, y no admiten, por tanto, que entonces se les junte este adverbio: «No tengo nada»; «Nada tengo»; «No ha venido nadie», «Nadie ha venido»; «No le veré jamas»; «Jamas le vere». Y como las hemos revestido de la significación negativa que al principio no tuvieron, se ha extendido por analogia la misma práctica aun á las palabras que han sido siempre negativas, como ninguno, nunca; y se ha hecho una regla general de nuestra sintáxis, que dos negaciones no afirman, colocada la una antes del verbo y la otra despues: «De las personas que estaban convidadas no ha venido ninguna», ó «ninguna ha venidos; «No he dicho nunca tal»; «Nunca he dicho tal». Y aun puede suceder que tres ó cuatro negaciones equivalgan á una sola: «No le ofendi jamás en nada»; «No pide nunca nada á nadie» (t. II, pág. 167)
a. Sobre lo cual notaremos dos cosas: 1.a que si una de las negaciones es no, ninguna otra la acompana antes del verbo; pero no habiendo no, se pueden distribuir las negaciones como se quie (t. II, pág. 167)
ANDRES LELLO ra, con tal que una de ellas, á lo menos, preceda al verbo: «Nunca á namie pide nada»; «Nada á nadie pide nunca»; 2.a que las negaciones acumuladas debe ser palabras de diversos valores, como nada, negativo de cosa; nadie, negativo de persona; nunca, negativo de tiempo; no, simplemente negativo. La frase nunca jamás es la sola excepcion á esta regla; pero jamas es, de todos los negativos originalmente positivos, el que mejor conserva su antiguo carácter, y asi es que lo asociamos á siempre de la misma manera que á nunca: por siempre jamas. (t. II, pág. 168)
- A la regla que dos negaciones no afirman hacen excepción: (t. II, pág. 168)
1.° Las frases conjuntivas ni menos, ni tampoco, que refuerzan el simple ni; ( 2.° La preposición sin precedida de no: (t. II, pág. 168)
estos dos elementos combinados equivalen á con. (t. II, pág. 168)
«No fué oido el suplicante, ni menos» ó «ni tampoco se hizo caso alguno de los que intercedicron por el»; «Se vió insultada la magistratura, no sin general escándalo.» (t. II, pág. 168)
(3) Entre las notas puestas á esta Gramática por ¦). Rufino Jose Cuer vo hay una que se refiere á este lugar, y dice asi; «En la primera edicion de esta (iramática decia el autor: «Casos hay tambien de dos negaciones consccutivas que tienen el valor de una sola: ni menos, ni fampoco.» Esto lo comprendo: como el lo vario y aparece hoy, me parece contradictorio.» Es de creer que lo que el autor escribió en este párrafo haya sufrido una mutilacion ó alteración muy grave. No puede atribuirse al senor Bello un pasaje tan defectuoso.—N. del C. (t. II, pág. 168)
a. A veces hay dos negaciones, una con el verbo y otra con otro elemento de la misma proposición, conservando cada una su significado relativamente á la palabra sobre que reçae: «No le fué permitido no asistir», equivale á no le fité permitido dejar de asistir; «No puedo no admitirle», vale tanto como no puedo dejar ó no puedo menos de admitirle; que es como generalmente se dice. 386. Suele redundar el no despues de la conjunción comparativa que: «Mas quiero exponerme á que me caiga el aguacero, que no estarme encerrado en casa.» (t. II, pág. 169)
Este pleonasmo es necesario para evitar la concurrencia de dos que: «Siendo la marina el unico ó casi el unico consumidor de esta especie de madera, es más natural que de la ley que no que la reciban. (Jovellanos.) 387. Por el contrario, despues de seguro está se acostumbra subentender el no: «Seguro está Que la piquen pulgas ni otro insecto vil.» (IRIARTE.) (t. II, pág. 169)
seguro está que vale tanto como es seguro que no. (t. II, pág. 169)
Los negativos de origen positivo se enplean á veces en su significado antiguo, como lo hemos observado de jamas: «Cree usted que nadie sea capaz de persuadirle?»; esto es, alguien; «Yo no espero que se logre nada por ese medioy; esto es, algo; «Quien jamás se puso en arma contra Dios CXXIX y le resistió, que tuviese paz?», (Granada); esto es, en algun tiempo; «Mi amo es el hombre más celoso del mundo, y si el supiese que yo estoy aqui ahora hablando con nadie, no seria más mi vida», (Cervantes); con alguien. Y aun sucede que por la analogia se extiende el mismo uso á los que son negativos de suyo y lo han sido siempre: «L as más altas empresas que hombre ninguno haya acabado en el mundo»; esto es, hombre alguno, nadie. «Viste nunca tu tal coche ó tal litera como son las manos de los angeles?», (Granada); esto es, alguna vez, jamas. Lo cual, con todo, se limita á proposiciones interrogativas ó á subordinadas que dependen de subordinantes interrogativas ó negativas, ó de una frase superlativa, como en los ejemplos anteriores. (t. II, pág. 169)
- Aqui me parece oportuno observar el uso de alguno, alguna, que se pospone al sustantivo en las frases negativas, le precede en las positivas, y puede precederle ó seguirle en las interrogativas: «Creo haberle visto en alguna parte»; «No me acuerdo de haberle visto en parte alguna»; « Le ha visto usted en parte alguna» ó «en alguna parte?». (t. II, pág. 170)
Bien que estas dos ultimas frases no son de todo punto sinónimas: la primera envuelve un sentido implicitamente negativo, que suele no llevar la segunda. (t. II, pág. 170)
Capítulo XLVI. Oraciones interrogativas
- Las proposiciones interrogativas, segun se ha dicho antes (164), son directas ó indirectas: las directas no forman parte de otras como sujetos, complementos ó términos; y en esto se diferencian de las indirectas. 390. En las interrogaciones directas, ó se pregunta por medio de pronombres ó adverbios interrogativos, ó sin ellos: (t. II, pág. 171)
«Inocente tortolilla, Qué buscas entre estos ramos? (t. II, pág. 171)
¿A quien, desdichada, arrullas, En tu nido solitario?» (t. II, pág. 171)
(EL DUQUE DE RIVAS). (t. II, pág. 171)
«¿Cuando será que pueda Libre de esta prisión volar al cielo?» (FR. LUIS DE LEóN). (t. II, pág. 171)
Preguntase aqui por medio de los pronombres qué y quien y del advervio cuando. En los ejemplos que siguen no es indicada la pregunta sino por el giro y la modulación de la voz, que corresponde á los signos á ? «¿Piensas acaso tu que fue criado El varón para el rayo de la guerra?» (RIOJA). (t. II, pág. 171)
.¡Padre mio! (t. II, pág. 172)
¿Y vengo á pronunciar tan dulce nombre, Para que el hijo del traidor me llamen, Y ser ludibrio y maldición del orbe?» (EL DUQUE DE RIVAS). (t. II, pág. 172)
- Finalmente, ó se hace uso de la interrogación directa para informarnos de lo que ignoramos, como en «¿Que hora es?», «¿Quien llama?»; ó para expresar ignorancia ó duda, v. gr.: «¿Que le habrán dicho, que tan enojado está con nosotros?s; ó para negar implicitamente lo mismo que parecemos preguntar, significandose entonces por qué, nada, por quien, nadie, por donde, en ninguna parte, por cuando, jamas, por como, de ningun modo, etc. (t. II, pág. 172)
«¿De la pasada edad que me ha quedado?» (RIOJA). (t. II, pág. 172)
dase á entender que no me ha quedado nada. Asi, en e Quien tal cosa imaginara?, se insinua que nadie, y en « Como podia yo figurarme semejante maldad?» se quiere decir que de ningun modo. Ademas, adoptamos el mismo giro para significar extraneza, admi ración, repugnancia, horror, como si dudásemos de la existencia de aquello mismo que produce tales afectos; pero la interrogación es en este caso una figura oratoria. 392. Antes (368, b) se ha visto que á las palabras y frases negativas se contrapone elegantemente el que de proposición subordinada, que rige entonces subjuntivo: «Nadie fue á verle, que no le encontrase ocupado». Si hacemos, pues, implicita la negación por medio del giro interrogativo, diremos: « Quien fue á verle quen, etc. (t. II, pág. 172)
a. El que sustantivo neutro interrogativo se adverbializa á veces: « Que sabe el hombre cuando se halla más proximo á gozar de su fortuna?» (Baralt y Diaz). Quitada la interrogación, expresariamos el mismo pensamiento diciendo: de ningun modo sabe el hombre. (t. II, pág. 173)
b. Una novedad en el uso del que sustantivo neutro interrogativo es el construirse con el articulo; practica que solo tiene cabida cuando la interrogación se reduce á las solas palabras el que: . . . . .. ... «Quedamos En que corre de mi cuenta...— ¿El que?—Dejar cuerdo y sano Al loco de tu marido». (t. II, pág. 173)
(M. DE LA ROSA.) (t. II, pág. 173)
Si se llenase la elipsis, seria preciso omitir el articulo, diciendo, por ejemplo: ¿qué es lo que corre por tu cuenta? (En este el que vemos verificado otra vez que el género neutro no se distingue del masculino en lo que toca á la concordancia del sustantivo con el adjetivo). (t. II, pág. 173)
c. La conjunción sino, que generalmente supone negacion anterior, se usa con mucha propiedad en interrogaciones de negación implicita, ligando sustantivos con qué y quien, adverbios y complementos de modo con como, de lugar con donde, de tiempo con cuando, etc. (t. II, pág. 174)
«Del bien perdido al cabo qué nos queda, Sino pena, dolor y pesadumbre?» (t. II, pág. 174)
(ERCILLA.) (t. II, pág. 174)
d. Por un efecto de esta negación implicita sucede tambien que á la oración interrogativa se antepone á veces la conjunción ni, cuando propiamente correspondia alguna de las otras conjunciones y, ó: «Si estas» (la oratoria, la poetica, la amena literatura), «que servian más inmediatamente á las facultades privilegiadas, merecieron tan escasos premios, ¿cuál seria el que se destinaba á las ciencias naturales y exactas? Y cuáles podian ser los progresos del teatro? Ni quien habia de aplicarse á un estudio tan dificil, tan apartado de las sendas de la fortuna, si desatendido de las clases más elevadas y menospreciado de los que se llamaban doctos, era solo el vulgo el que debia premiar y aplaudir sus aciertos?» (Moratin). Es claro que siendo virtualmiente negativa la cláusula por el solo efecto de la interrogacion, bastaba y en lugar de ni (como en la cláusula anterior), y por tanto hay en este una especie de pleonasmo, en que la negación implicita se desemboza, por decirlo asi, y deja de serlo. (t. II, pág. 174)
e. En las interrogaciones indirectas la proposición subordinada puede servir de sujeto, termino ó complemento: «No se sabe que sucederá», ó «en qué vendrán á parar estas cosas»: sujeto, porque la construcción es cuasi-refleja, y la proposición subordinada significa la cosa que no se sabe; «Vacilaba sobre si saliese ó no»; termino de la preposicin sobre: «Los historiadores están divididos sobre á quien de ellos» (sus hermanos) «embistió primero el rey D. Sancho» (Quintana); termino de la misma proposición: «Nos preguntaron que queriamos»; acusativo, porque la construccion es activa, y la proposición subordinada significa la cosa que se pregunta: «Considerad, señora, cual quedaria yo, en tierra no conocida, y sin persona que me guiases (Cervantes); acusativo de considerad. f. Toda proposición interrogativa indirecta pide una palabra interrogativa que la introduzca, como se ve en los ejemplos anteriores y se verá en los que iremos presentando. (t. II, pág. 175)
g. El anunciativo que no precede á las proposiclones indirectamente interrogativas sino en dos casos: despues del verbo decir cuando significa preguntar: «Dijole que donde quedaba su amigo». «que como se hallaba en aquel parajes, «que por donde habia sabido la noticia». «Digo que que le iba á vuesa merced en volver tanto por aquella reina Majimasa ó como se llama?» (Cervantes). «Me parece que habia de burlar de mi y decir que que San Pablo para ver cosas del cielo» (Santa Teresa). Y despues del verbo preguntar: «Preguntole que de quien se quejaba», ¿que adonde se dirigia», (t. II, pág. 175)
ANDRES RELLO «que quien le habia traido allis, «que si estaba determinado á partirse». Este que despues del verbo preguntar es pleonástico, pero lo permite el uso. (t. II, pág. 176)
h. La interrogación indirecta admite por lo regular indicativo ó subjuntivo, pero no siempre indistintamente. Es una misma cosa decir: «No se sabe quien has ó chaya dado la noticia») bien que empleando el indicativo, se afirma el hecho de haberse dado la noticia, el cual se anuncia algo dubitativamente por medio del subjuntivo. Pero cuando se hace relacion al futuro y el agente de. los dos verbos subordinante y subordinado es ó puede ser uno mismo, hay una distinción importante: «No se sabe que partido se tomes, expresa que el que ha de tomarlo es el mismo que no sabe cuál, porque aun no ha elegido ninguno; y al contrario, «No se sabe qué partido se tomaró», significa que son distintos los dos agentes, y que la elección del partido no está sujeta á la voluntad del que no la sabe. De la misma manera, «No sé si salgas conviene á la irresolución de la voluntad; y «No se si saldres, á la sola duda del entendimiento: si digo salga, hago considerar la salida como una cosa sujeta á mi arbitrio; si digo saldré, doy á entender que es independiente de mi. i. En las oraciones interrogativas cuanto se puede resolver en qué tanto, y cuán en que tan: « Que tanto dista del puerto la ciudad?»; «Qué tan grande sea esta providencia, en ninguna manera lo podrá entender sino el que lo lubiere experimentado», (Granada). Pero es de advertir que esta resolución apenas tiene uso fuera de las interro gaciones en que verdaderamente preguntamos, esto es, en que solicitamos una respuesta instructiva; y que de las oraciones exclamatorias (que se reducen á las interrogativas, en cuanto se hacen por los mismos medios gramaticales), solamente la admiten las indirectas, como la precedente de Fr. Luis de Granada; á menos que demos otro giro á la frase, apartando el tan del que: «¦Que accion tan generosa aquellal»; «¦Que edificio tan bello!». Puede tambien callarse en las exclamaciones el tan, revistiendose de su fuerza el que: «¡Qué generosa acción!»; «¡Que bello edificio!» j. De la misma manera se resuelve cual en que tal, resolución aun más usual que la de cuánto en que tanto, pues se extiende á todo genero de proposiciones interrogativas y exclamatorias: «¦Que tal será la obra en que tales aparejos hay!», (Granada). A veces esta resolución es obligada, pues no cabe decir « Cuál le ha parecido á usted la comedia?», sino que tal; lo que sin duda ha provenido de la necesidad de distinguir dos sentidos: con ¿cual es la casa que usted habitas se pregunta que casa; con qué tal es la casa se preguntaria qué calidades tiene. (t. II, pág. 176)
k. La misma diferencia debe hacerse cuando se hable de personas: «Si estos son los vencedores, ¿que tales serán los vencidos?», aludiendo á las calidades personales; «Si ellos no han sido los ejecutores del hecho, scuales ó quienes fueron?», aludiendo á la distincion de personas. (t. II, pág. 177)
- Qué y cual, cuando se construyen con sustantivo, ó lo son ellos mismos, suelen usarse uno por otro: (t. II, pág. 177)
1.° En poesia: (t. II, pág. 178)
«Dime, ¿de que maestro, En cuál oculta escuela. (t. II, pág. 178)
Se aprende», etc., (JAUREGUI). (t. II, pág. 178)
2.° Cuando se indica eleccion ó preferencia; «A qué» ó «á cuales providencias puede apelarse sino á las más rigorosas?»; «Que es más», ó (como dijo Cervantes) «cuál es más, resucitar á un muerto ó matar á un gigante?». En este sentido es más propio cual. (t. II, pág. 178)
m. Cual excluye á que cuando es adjetivo que se construye con sustantivo tácito: « En cual de las ciudades de Espana reside la corte?»; entiendese en cual ciudad; «No se ha podido averiguar cuál sea la causa de los terremotos»; cual causa (práctica, sin embargo, que no fué constantemente observada en los mejores tiempos de la lengua: «Si soy vuestro senor, ¿qué es el temor que me teneis?», (Granada); hoy se diria cual es); «Qué es el peligro que os espanta, sino una infundada aprensión?»; no seria propio cual, porque en el qué no se subentiende peligro; pero por una razon contraria diriamos: In medio de tantas seguridades gcual es el peligro que os espanta?» (t. II, pág. 178)
n. En las proposiciones exclamatorias son más frecuentes las elipsis que en las interrogativas: «¡Cuán grandes las maravillas de la creación, y qué ciegos los que no alcanzan á ver en ellas el poder y sabiduria del Criadorl». El verbo ser ó estar es la palabra que generalmente se subentiende. (t. II, pág. 178)
o. Las proposiciones exclamatorias no admiten el sentido de negación implicita que llevan á menudo las interrogativas; pero sucede no pocas veces que podemos emplear á nuestro arbitrio la interrogación implicitamente negativa ó la exclamación, dando á cada una la modulación, y por consiguiente el signo ortográfico que le corresponde: ¿Qué tales serán los rios que de tan caudalosas fuentes manarán!», es propiamente una oración exclamatoria, como lo indican los signos; y la volveriamos interrogativa con negación implicita, diciendo, ¿que tales no serán?, porque como el sentido debe ser positiyo, es necesario dar á la interrogación una forma aparentemente negativa para que las dos negaciones se destruyan. «Qué no diria la Europa?», es, como observa muy bien Salvá, casi lo mismo que «¡Que diria la Europa!»: toda la diferencia es de modulación y ortografia, por cuanto la primera estructura es interrogativa, y la segunda exclamatoria. Creo, pues, que en estos pasajes de Jovellanos, «¡Qué ejemplo tan nuevo y admirable de resignación no presentaron entonces á nuestra afligida patria tantos fieles servidores suyos!», y «¡Que de privilegios no fueron dispensados á las artesl», la oracion es propiamente interrogativa, y no están bien empleados los signos. (t. II, pág. 179)
p. Las interrogaciones y exclamaciones indirectas están siempre asociadas á palabras ó frases que significan actos del entendimiento ó del habla; como saber, entender, decir, preguntar, etc. Dariase, por ejemplo, un giro indirecto á los ejemplos anteriores diciendo: «Ya se deja entender que tales serán los rios...»; «Se nos preguntó que tales no serian los rios...»; «Dijo que cuál era el peligro...» q. Lo que, segun lo dicho arriba (364), significa el grado en que. Este sentido de cantidad es el que suele tomar esta frase en las exclamaciones, equivaliendo al sustantivo ó adverbio cuanto: «¡Lo que ciega á los hombres la codicial»; ¡Lo que vale un empleo!»; «La experiencia de cada dia muestra lo deleznable que es la popularidad, y lo poco que tarda el pueblo en derribar sus idolos.» r. En las interrogaciones indirectas y en las exclamaciones de ambas clases es notable el giro que por un idiotismo de nuestra lengua podemos dar al articulo definido y al relativo que, precedido de preposición: «¡De los extravios que es capaz una imaginacion exaltada!». El orden natural seria ¡los extravios de que! ó ¡de qué extravios! «Se al blanco que tiras», (Cervantes); «Era cosa de ver con la presteza que los acometia», (el mismo) «Bien me decia á mi mi corazón del pie que cojeaba mi senor», (el mismo). Se podria decir en el mismo sentido á que blanco, con que presteza, de qué pie; pero si se digese el blanco á que, la presteza con que, el pie de que, despojariamos á la oración de la enfasis que caracteriza á las frases interrogativas y exclamatorias (1). (t. II, pág. 179)
(1) No se crea que es una trasposición cualquiera la de estos pasajes: es la trasposición de una frase interrogativa indirecta, y por eso es siempre regida de verbos que significan actos del entendimiento ó de la palabra, como se ve en los anteriores ejemplos y en los que agrego aqui para poner en claro la na s. Las proposiciones interrogativas y exclamatorias que hacen de sujeto, conciertan siempre con el singular del verbo, ya sea una ó muchas juntas; por lo que seria mal dicho: «No se sabian cuántos erans, en lugar de no se sabia; y tengo por errata ó descuido el plural con que principia este pasaje de Martinez de la Rosa: «Vieronse entonces, aun más que en el largo trascurso de aquella guerra, lo que pueden el valor y la destreza»; donde aun dejando de mirar como una interrogación indirecta la cláusula lo que pueden, significando esto la cosa vista, se deberia decir vióse, concertando este verbo con el sujeto lo. turaleza de este giro, que nadie ha explicado hasta ahora: «Ya se ha dicho de la mala manera que Cardenio estaba vestido» (Cervantes); «Viendo que ya el don estaba conseguido, y con la diligencia que Don Quijote se alistaba para cumplirlo» (el mismo); «l. a mujer echó de per con el cuidado que yo la miraban (Mateo Aleman): «Quise entonces decir á mi senor de los trabajos que le habia sacado (el mismo); «Este ejemplo no solo prueba que haya este conocimiento, sino declara tambien de la manera que esx (Granada); «Si Apolonio rodeó mucla parte del mundo por ver á Hiarcas en un trono de oro, disputando del movimiento de los cielos y de las estrellas, ¿que debian hacer los hombres por ver á Dios ensenandoles, no de la manera que se mueven los cielos, sino cómo se ganan los cielos?» (el mismo); «¡Muy lindo Santelmo haceis! (t. II, pág. 180)
¡Bien temprano os acostáis! (t. II, pág. 181)
¡Con la flema que llegais!» (t. II, pág. 181)
(LOPE DE VEGA.) (t. II, pág. 181)
Capítulo XLVII. Cláusulas distributivas
- Llamo clausulas distributivas, alternativas ó enumerativas, aquellas en que se contraponen acciones distribufdas entre varios agentes, lugares, tiempos; ó se presentan varias suposiciones que reciprocamente se excluyen; ó se enumeran las varias fases de un hecho; sentidos diferentes, que reunimos aqui porque se exprimen muchas veces por unos mismos medios gramaticales. 394. Las suposiciones alternativas se indican naturalmente por la conjunción ó, ó por un verbo en el modo optativo: «No pudieron curarle los médicos, ó porque fueron llamados tarde, ó porque no conocieron la entermedad»; lo que suele variarse diciendo: «Sea porque fueron..., sea porque no conocieron»; ó «Sea que fueron..., sea que no conocieron». Pueden tambien combinarse ambos medios: «O fuese que se habian consumi do las provisiones, y no habia esperanzas de recibirlas de afuera, por la fuerza y vigilancia de los sitiadores, ó fuese que despues de tantos meses de sitio comenzase á desfallecer el ánimo de la guarnición, se determinó al fin», etc. Puede asimismo suprimirse el verbo de la segunda frase optativa: «O fuese que se habian consumido..., ó que comenzase». Y en todos casos es arbitrario callar ó expresar la conjunción ó en el primer miembro, ó si hay muchos, en todos menos el ultimo. Finalmente, en lugar de ó se emplea tambien la frase conjuntiva ó bien; y si en esta se calla la conjuncion, se revestirá de su fuerza el adverbio: «Bien fuese la edad, bien el rigor de la disciplina lo que habia debilitado sus fuerzas». (t. II, pág. 183)
- Las enumeraciones y distribuciones se expresan naturalmente por medio de los adjetivos uno, otro, y de varias palabras ó frases que pueden hacer este oficio sin salir de su acepción propia: «Unos cantaban, otros tanian diversos instrumentos, otros bailaban»; «En una parte se oian tristes lamentos, en otra desesperadas imprecaciones»; «Parte venian armados de espadas y lanzas, parte solamente de palos y piedras, parte inermes»; «Perecieron casi todos; parte á filo de espada, parte á manos del hambre y de la miseria»; «Cerca sonaban las vo ces de los combatientes; lejos se reiteraban los lelilies agarenos» (Cervantes). (t. II, pág. 184)
- Pero además de estos medios naturales y comunes, hay otros mas expresivos, suministrados por palabras demostrativas e interrogativas. (t. II, pág. 185)
«¿No has visto tu representar alguna comedia adonde (¡) se introducen reyes, emperadores y pontifices, caballeros, damas y otros diversos personajes? Uno hace el rufián, otro el embustero, este el mercader, aquel el soldado, otro el discreto, otro el enamorado simple, y acabada la comedia, y desnudándose de los vestidos de ella, todos los recitantes quedan iguales?», (Cervantes); «Quienes viajaban á pretender beneficios, quienes se encaminaban á recibir su educación en el colegio de Bolonia, quienes militaban en los tercios», etc., (Navarrete, citado por Salvá); «Hombres y mujeres, viejos y ninos, fueron desorejados ó desollados vivos: á quienes hacia quitar el cutis de los pies y caminar sobre vidrios ó guijarros; á quienes mandaba coser espalda con espalda; á quienes hacla mutilar de uno ó dos miembros ó de las facciones del rostro», (Baralt y Diaz); «Descubrieron los rostros poblados de barbas; cuales rubias, cuáles negras, cuales blancas y cuales albarrazadas», (Cervantes); «Vieron un abrigo que podia llamarse puerto, y en el hasta diez ó doce bajeles; dellos chicos, dellos medianos y dellos grandes», (Cervantes); parte de ellos; «El campamento presentó (1) Hoy se diria donde ó en que. (t. II, pág. 185)
CXXIX luego una escena de espantosa confusión, donde todos, exagerandose el peligro, corrian desolados y sin saber á qué punto: cuales, como valerosos, para hacer frente al mal; cuales, como cobardes, para evitarlo huyendo». (Baralt y Diaz); «Este la maldice y la llama antojadiza, varia y deshonesta; aquél la condena por fácil; tal la absuelve y perdona y tal la vitupera: uno celebra su hermosura, otro reniega de su condicion, y en fin, todos la deshonran y todos la adoran». (Cervantes); Cual buscaba al amanecer entre los montones de muertos horrendamente heridos ó mutilados el cadáver de un padre; quien el de un hijo ó de un hermano; aquella el de un esposo ó un amante; otros los de sus amigos ó protectores», (el duque de Rivas); «Aqui se queja un pastor, alli se desespera otro, acullá se oyen amorosas canciones». (Cervantes); «Aqui se pelea por la espada, alla por el caballo»; «El araucano ejercito revuelto Por acá y por all se derramaba». (t. II, pág. 185)
(ERCILLA.) (t. II, pág. 186)
«El diablo me pone ante los ojos aqui, allá, aca no, sino acullá, un talego lleno de doblones, que me parece que á cada paso le toco», etc., (Cervantes), (Notese que este adverbio acullá apenas se usa sino en oraciones distributivas, como las precedentes). Usanse de la misma manera: (t. II, pág. 186)
Ya.... ya; Ahora.... ahora (que se sincopa frecuentemente en ora... ora); Tal vez.... tal vez (en el sentido de ya.... ya); (t. II, pág. 186)
Tan presto.... tan presto (en el mismo sentido); Cuando.... cuando (en el mismo sentido); Donde.... donde (por aqui.... alli), etc. «Ahora estes atento solo, y dado Al inclito gobierno del Estado, Albano; ahora vuelto á la otra parte, Resplandeciente, armado, Representando en tierra al fiero Marte; A hora de culdados enojosos Y de negocios libre, por ventura Andes á caza», etc. (GARCILASO). (t. II, pág. 187)
«Su rueda plateada La luna va subiendo: Ora una debil nube Que le salió al encuentro, De transparente gasa Le cubre el rostro bello: Ora en su solio augusto Cubre de luz el suelo, Tranquila y apacible Como lo está mi pecho: Ora finge en las ondas Del liquido arroyuelo Mil luces, que con ellas Parecen ir corriendo.» (MELENDEZ). (t. II, pág. 187)
«Graciosa palomita, Ya licenciosa puedes Empezar con tus juegos Y picar libremente. Ya te provoca Fili, Ya en los brazos te mece, (t. II, pág. 187)
Ya en su falda te pone, Y el dedo te previene». (t. II, pág. 188)
(EL MISMO). (t. II, pág. 188)
«Almanzor tenia dispuestas sus gentes para hacer cada ano dos entradas en tierra de Navarra, cuando por una parte, cuando por otra». (Conde). Conviene advertir que si se trata de dos cosas, ó de más de dos, pero reducidas á dos por el modo de presentarlas, es más propio emplear el uno y el otro con articulo definido, para designarlas consecutivamente: «De sus dos hijos, el uno se dedicó á las armas, y el otro á las letras»; «De sus cuatro hijos, los dos..,, y los otros dos». Pero si se habla de más de dos individuos ó colecciones, lo más propio es suprimir el articulo; excepto cuando en la construccion se llega á la ultima de las cosas de que se trata, siendo determinado su numero: «Habia tres aldeas á la orilla del rio: una antigua de numeroso vecindario, otra recien poblada, la otra arruinada y desierta». (t. II, pág. 188)
E h M. (t. II, pág. 189)
Capítulo XLVIII. Cláusulas absolutas
- Llamanse clausulas absolutas aquellas que constan de un sustantivo modificado y no tienen conexión gramatical con el resto de la sentencia (1), supliendoles el gerundio siendo, estando, teniendo, llevando, u otro semejante: «Quince fueron en numero los que alli se juntaron, curiosos e impacientes de saber el intento á que eran convocados en estación tan rigorosa; los montes cubiertos de nieve, embotadas las fuerzas y el brio, en silencio las armas» (Martinez de la Rosa); estando los montes, etc.; «Cuenta con ir bien apercibidos, los vestidos con buenos soforros, y la jacerina debajo» (el mismo); llevando los vestidos, etc.; donde es de notar (1) Corresponden á lo que en gramática latina se llama ablativo absoluto. (t. II, pág. 189)
que pueden juntarse con el gerundio tacito, no solo adjetivos (cubiertos, embotadas), sino complementos (en silencio, con buenos soforros) y adverbios (deba jo). (t. II, pág. 190)
«El rey de Castilla se volvió á Sevilla, salva y entera la fama de su valor, no obstante los malos sucesos que tuvo» (Mariana); llevando salva, etc. (t. II, pág. 190)
a. A veces el sustantivo de estas frases es un que anunciativo ó una proposición interrogativa indirecta: «El rey, visto que no podia tomar por fuerza la villa, mandola escalar una noche con gran silencio». (Mariana). (t. II, pág. 190)
«Ya de Cordoba arrancan, acordado Como el valor sujete á la fortuna». (t. II, pág. 190)
(MAURY). (t. II, pág. 190)
b. Cállase á veces el sustantivo por hallarse á poca distancia «Se trató de amoblar el palacio, y amoblado, se trasladaron á el los tribunales». Gil y Zarate, hablando de Lope de Vega, dice asi: «Flojo, desmayado, incorrecto, prosaico muchas veces, sus eminentes cualidades, que dirigidas por el arte se hubiera fortalecido para mostrarse en todo su esplendor, degeneraron en los vicios á que toda virtud está cercana». (t. II, pág. 190)
c. En las cláusulas absolutas entra á menudo un participio adjetivo, ó un adjetivo de aquellos cuyo significado es parecido al de los participios: Limpias las armas, llenos los requisitos legales; pero los ejemplos anteriores manifiestan que otros adjetivos, y hasta complementos y adverbios, pueden hallarse en construcción con el gerundio tácito. (t. II, pág. 190)
d. Ni el gerundio mientras no se expresa, ni mucho menos el participio, admiten afijos ó encliticos: asi, aunque decimos «Siendole dada la carta», «Teniendoles comunicado el suceso», no podemos decir en cláusulas absolutas «Dádale la noticia, aguardamos su resolución»; «Comunicádoles el suceso, partimos». (t. II, pág. 191)
e. En estas locuciones se antepone casi siempre al sustantivo el adjetivo ó lo que hace sus veces, sobre todo si la cláusula absoluta está á la cabeza de la oración: por lo que en prosa pareceria algo violento «El palacio amoblado, se trasladaron á el los tribunales». Exceptuanse ciertas breves frases que tienen la sancion del uso: «Esto dicho, se retiraron». Otra excepcion es la de aquellos sustantivos con los cuales puede subentenderse en vez del gerundio la preposición con: (t. II, pág. 191)
«Oraba siempre, las rodillas en el suelo, sin estrado ni sitials. (Ribadeneira); «¿Quien te trajo hasta ponerte en un patibulo, las manos enclavadas, el costado partido, los miembros descoyuntados, las venas agotadas, los labios secos, y todo finalmente despedazado?». (Granada); «Bajó al esquife un brioso mancebo de poco más de veinte y cuatro anos, vestido á lo marinero, de terciopelo negro, una espada dorada en las manos, y una daga á la cinta». (Cervantes). (t. II, pág. 191)
Es elegante la misma práctica en descripciones que recapitulan circunstancias ya referidas: «Yendo pues de esta manera, la noche oscura, el escu (t. II, pág. 191)
Al dero hambriento y vierons, etc. (Cerva f. Las cláusuta poco á la concisión las emplea á cada Pulgar. (t. II, pág. 192)
NDRES BELLO el amo con gana de come intes). (t. II, pág. 192)
as absolutas contribuyen r del estilo. Martinez de la Ro paso en su Hernán Perez d (t. II, pág. 192)
Capítulo XLIX. Preposiciones
- Las preposiciones castellanas más usuales son: á, ante, bajo, con, contra, de, desde, en, entre, hacia, hasta, para, por, segun, sin, sobre, tras. (t. II, pág. 193)
Anadase so, cuyo empleo está en el dia limitado á unas pocas frases (so color, so pretexto, so pena, so capa), cabe, enteramente anticuado (I); mientras y pues, que dejan á menudo el oficio de preposiciones; y los adverbios antes mencionados (afuera, adentro, arriba, aba jo, adelante, atrás, antes, despues), que toman el carácter, aunque no el --------— -.—- (1) «Asi como lo blanco se echa de ver mejor par de lo negro, y la luz cabs lo oscuro», etc., (Ribadeneira). No me parece se quitaba el senor de cabe mi», (Santa Teresa). (t. II, pág. 193)
Notese de paso el uso adverbial de par (junto, cerca). Hoy se dice á par de lo negro, á par del rio. Dicese tambien significando igualdad: «Era á par» ó xal par» ó « la par de valiente, avisa do. (t. II, pág. 193)
lugar de la preposición, posponiendose al nombre (189, a). (t. II, pág. 194)
El adverbio relativo cuando suele emplearse tambien como preposición: cuando la guerra, por en el tiempo de la guerra. Podemos asimismo agregar á estas algunas que lo son imperfectamente, como excepto, salvo, durante, mediante, obstante, embargante. a. Muchas preposiciones, y acaso todas, han sido en su origen palabras de otra especie, particularmente nombres. Y como esta metamorfosis no ha podido ser instantánea, sucede á veces que una palabra ha perdido en parte su primitiva naturaleza, y presenta ya imperfectamente, y como embrión los caracteres de otra, habiendo quedado, por decirlo asi, en un estado de transición. b. Excepto era un participio que variaba de terminación para los diferentes géneros y numeros, como hoy se usa exceptuado; pero hecho indeclinable, y limitado á cláusulas absolutas que principian regularmente por un adjetivo (397, e), tomó la apariencia de preposición (excepto un nino, una nina, unos pocos hombres, algunas mujeres), y, sin embargo, no ha sido completa la transformación, pues no se construye, como las genuinas preposiciones, con los casos terminales de los pronombres: no decimos excepto mi, ti, si, sino excepto yo, tu, él. (t. II, pág. 194)
c. De clausulas absolutas, como salvo el derecho, salva la honra, salvas las vidas y propiedades, se deriva de la misma manera el indeclinable salvo, que á semejanza de excepto, cuyo significado se apropia, no admite los casos terminales, pues no se dice salvo mi, sino salvo yo. Pero salvo recobra otras veces su primitivo significado de participio adjetivo, variando de terminación y colocándose antes ó despues, cerca ó lejos del sustantivo: «Salieron solamente con la vida salva»; «Pocos quedaron salvos» (1). A excepto y salvo se da muchas veces por término el anunciativo que: «Se les restituyó en el ejercicio de sus derechos, exceptoy ó «salvo que se les nombró un interventor para la administración de bienes». Dánsele tambien complementos por término: (t. II, pág. 194)
«La pérdida del tiempo no es pequefja, Y salvo al imprudente, á nadie sobra (2). (B. DE ARGENSOLA). (t. II, pág. 195)
«Con todos se usó de indulgencia, excepto con los que habian excitado el motin». Y asimismo proposiciones subordinadas: «No es licito dar á (1) Este es uno de los adjetivos que, como lleno, Iimpio, harto, se suelen sustituir al participio adjetivo en las construcciones de estar y de otros verbos significativos de mera existencia. En las de ser lo más comun es decir salpo sin régimen: «Será salvox; y salvado con régimen: «Fueron salvados de la muerte»: Sustantivase en el complemento á ó en salvo: «Se pusieron en salvo»; «Quedó su honra á salvo»; «Pudieron estafar á su salvo». (t. II, pág. 195)
(2) Hay un grave defecto en esta sentencia: el autor quiso decir que á nadie sobra el tiempo, pero lo que ha dicho es que á nadie le sobra la perdida del tiempo. (t. II, pág. 195)
otro la muerte, excepto» ó «salvo cuando es absolutamente necesario para nuestra propia defensa». (t. II, pág. 196)
d. Estas dos palabras pueden tambien considerarse como conjunciones, en cuanto ligan elementos análogos, y la misma observación debe hacerse con respecto al adverbio menos, cuando equivale á excepto ó salvo: «Todos, excepto» ó salvo» ó «menos uno, fueron sentenciados á muerte»; «A nadie se mostró severo, exceplo» ó «salvos ó amenos á los homicidas»; «Con todos se usó de indulgencia, excepto» ó «salvo» ó «menos con los que habian turbado la tranquilidad publica» (I). e. Del empleo de mediante y durante en cláusulas absolutas, ha procedido asimismo el uso preposicional que hoy tienen: «Durante los meses de invierno»; «Mediante los buenos oficios de sus amigos». Pero mediante se pospone á veces: Dios mediante. Ni uno ni otro se juntan con los casos terminales de los pronombres; y tampoco se usa construirlos con el nominativo: durante yo y. mediante yo disonarian tanto como durante mi, mediante mi; y aunque eso en durante pueda explicarse por la circunstancia de no expresarse con el la duración de las personas, sino de las cosas, no cabe decir lo mismo de mediante, que puede aplicarse á personas ó cosas, bien que mucho menos frecuentemente á personas. (t. II, pág. 196)
(1) Como preposiciones, se traducen en latin por prœter, como conjunciones, por nisi: Omnibus sententiis, prœter unam, condemnatus est.—Nemini nisi imprudenti. (t. II, pág. 196)
f. Otras dos preposiciones imperfectas y originadas, como las anteriores, de cláusulas absolutas, son obstante y embargante; pero tienen la especialidad de que los complementos formados con ellas son siempre modificados por el adverbio no: «No obstante» ó «no embargante los ruegos y empenos de varias personas principales, fué condenado á destierro perpetuo». El primero es, incomparablemente, de más uso; y callado el termino, toma el carácter de conjunción adversativa: «Compuestas (las asambleas publicas de las naciones septentrionales) de guerreros ignorantes y groseros, no habia más elocuencia que la facundia natural de cada orador sin arte ninguno, y apelando á las pasiones más bien que al raciocinio ó á las galas del buen decir. No obstante, asistian con frecuencia á ellas obispos ilustrados, formados por los escritos de los Santos Padres, y aun de los oradores antiguos», (Gil y Zárate); no obstante esto, no obstante que no habia en ellas elocuencia. g. Algunas preposiciones dejan á veces el carácter de tales y se vuelven adverbios, como bajo y tras, cuando modificadas por un complemento con de equivalen á debajo y detras: «Bajo de la cama», «Tras de la puerta». «Preguntó que cómo aquel hombre no se juntaba con el otro hombre, sino que siempre andaba tras dels, (Cervantes). Tras el hubiera sido más propio. (t. II, pág. 197)
h. Dejando á los diccionarios la enumeración de los varios significados que toma cada preposición, y de los verbos que las rigen, nos limitaremos á unas pocas observaciones generales sobre el modo de usarlas. (t. II, pág. 197)
1.a Si el sentido pide dos complementos de preposiciones diferentes con un mismo término, es necesario expresarlas ambas, reproduciendo el termino. Peca, pues, contra la sintaxis «Lo que depende y está asido á otra cosa», (Diccionario de Valbuena, citado por Salvá); porque depender rige de, mientras asido se construye con a; siendo por tanto necesario, «Lo que depende de otra cosa y está asido á ella». «El camino real de que se trata» (dice otro respetable escritor) «no debe ni ha necesitado mucho del arte»; del arte se hace regimen comun de los verbos debe y ha necesitado, siendo asi que deber pide á, y necesitar, de: era menester otro giro, como «no debe ni ha pedido mucho al arte». Si un sustantivo es, por si solo, acusativo y termino de preposición expresa, debe. mos tambien ponerlo de manifiesto en ambas funciones, primero directa y luego reproductivamente: «Se trató de refutar y hacer ver la futilidad de todas las razones alegadas en contra»; pesima sintáxis: es preciso «Se trató de refutar las razones alegadas en contra, y hacer ver la futilidad de todas ellas». Cervantes contrayino alguna vez á esta regla: «¡Cómo quél ¿Es posible que una rapaza que apenas sabe menear dos palillos de randas, se atreva á poner lengua y á censurar las historias de los caballeros andantes?»; el acusativo las historias, regimen propio de censurar, no lo es de poner lengua, que pide complemento con en. «Cosas que tocan, atanen, dependen y son anexas á la orden de los caballeros andantes»: el complemento á la orden, que cuadra bien á tocan, atanen y son anexas, es rechazado por dependen, que no pide á sino de. Pero esta regla es de menos rigor en el diálogo familiar. (t. II, pág. 198)
2.a Aun cuando no solo se identifican los terminos sino las preposiciones mismas, es necesario, repitiendo la preposición, reproducir el termino, siempre que no se presenten los dos complementos de un modo semejante respecto de las palabras que los rijan. «La poesia vive y saca de las imagenes materiales su mayor gala y hermosura», no pareceria bien; porque despues de vive y saca sigue de las imagenes materiales, régimen de. ambos verbos á la vez, y luego su mayor gala y hermosura, régimen peculiar de saca. Puede aceptarse «La poesia vive, y saca su mayor gala y hermosura, de las imágenes materiales»; pero no quedamos todavia satisfechos, porque el complemento con de se refiere por una parte al verbo vivir solo, por otra al verbo sacar modificado por el acusativo su mayor gala y hermosura. Es mucho mejor construir la sentencia de este modo: «La poesia vive de las imágenes materiales, y saca de ellas su mayor gala y hermosuta». (t. II, pág. 199)
3.a Con el acusativo y el dativo, formados ambos por la preposición á y por un mismo sustantivo, basta expresar una sola vez la preposición y el termino: «Da toda especie de socorros y alienta con sus palabras á los menesterosos y desvalidos». 4. Blanco-White y Jovellanos probaron á introducir en castellano la práctica de que se vale la lengua inglesa en el caso de dos preposiciones diferentes con terminos identicos; la cual consiste en callar el termino con la primera preposición y expresarlo con la segunda: «Providencias exigidas por, y acomodadas al estado actual de la nación»; «Todo lo cual fue consultado á, y obtuvo la aprobación de la junta»: (ambos ejemplos son de Jovellanos, citados por Salvá). Pero hasta ahora no parece haber hecho fortuna este giro, que los mismos escritores ingleses no miran como elegante. 5.a Notaremos de paso que en los modos del verbo no es menos necesaria que en las preposiciones la consecuencia de régimen. Se pecaria contra esta regla diciendo, por ejemplo: «Estamos seguros y nos alegramos de que tenga esas intenciones el gobierno»; porque estamos seguros pide tiene y no tenga. Extiendese lo mismo á toda palabra ó frase en que influyen diversas causas de régimen. (t. II, pág. 199)
6.a Hay una que otra frase en que el uso autoriza la inconsecuencia. Dicese «Esta casa es mayor ó tan grande como la de enfrente», sin embargo, de que no puede decirse mayor como, sino mayor que: entre las dos especies de régimen se prefiere la que cuadra con la más cercana de las palabras que las piden: Es mayor ó tan grande como: Es tan grande ó mayor que. Cervantes contravino á esta regla: «Mis pensamientos, mis suspiros, mis lágrimas, mis buenos deseos, mis acometimientos, pudieran hacer un volumen mayor ó tan grande que el que puedan hacer todas las obras del Tostado». (t. II, pág. 200)
B56 APENDICE (t. II, pág. 201)
Apéndice. Régimen de las preposiciones, conjunciones é interjecciones
a. Las preposiciones castellanas no tienen propiamente regimen, porque régimen supone elección: asi, un verbo rige un modo ó un complemento particular, porque hay varios modos y multitud de complementos; al paso que con todas las preposiciones lleva el termino una forma invariable, es á saber, la del caso terminal en los pronombres declinables, y la forma unica de los nombres que no se declinan por casos: de mi, por mi, etc.; de la casa, por la casa, sin la casa, etc. (1). b. Las conjunciones carecen de regimen; ligando palabras, clusulas u oraciones, no tienen influencia sobre ninguna de ellas. (t. II, pág. 201)
c. La interjeccion tiene á menudo regimen: el mas frecuente es el de nominativo, que se usa muchas veces como vocativo: «¡Ah infelicesl», «¡Oh patria!», «¡Alerta, soldados!». -—... -.. —--.... (t. II, pág. 201)
(1) En latin no era asi: ab, por ejemplo, regia ablativo; propter, acusativo; super, acusativo y ablativo. CXXIX -- . (t. II, pág. 201)
Tambien es frecuente el complemento con de, como puede verse en los ejemplos del n.° 52. Ojalá equivale á Dios quiera, y rige por consiguiente proposición subordinada en el modo subjuntivo comun, de la misma manera que los verbes que significan deseo: «¡Ojalá que la buena causa triunfels; «¡Ojalá no paren en desgracia sus temeridades!». (t. II, pág. 202)
CAPITULO L =m.-.— (t. II, pág. 203)
Capítulo L. Observaciones sobre el uso de algunos adverbios, preposiciones y conjunciones
Ha parecido conveniente reunir en este capitulo preposiciones, adverbios y conjunciones por la facilidad con que estas palabras se trasforman unas en otras (1). (t. II, pág. 203)
a. Ahora bien, ahora pues: frases adverbiales, que pasan á conjunciones de las llamadas continttativas, porque anuncian que continua y se desenvuelve un pensamiento. Gil y Zárate muestra (1) De esta reciproca permuta de oficios no se infiera que seria mejor reducir estas tres clases de palabras á una sola. Son esencialmente distintos los oficios del adverbio, de la preposición, de la conjunción: la palabra que pasa de una clase á otra varia de sintaxis y aun de significado; y como tambien sucede que, segun se usa una palabra como adverbio, preposición ó conjunción, le corresponden diversos equivalentes en otros idiomas, la separación de estos tres oficios gramaticales no solo es couveniente para su acertado uso en castellano, siuo para facilitar el aprendizaje de otras lenguas. (t. II, pág. 203)
que hay en el alma cierta imagen de lo que llamamos hermoso y perfecto, la cual en su totalidad no se asemeja á nada de cuanto percibimos con los sentidos; y sigue despues asi: «Ahora bien, si existe en la mente del artista un tipo ideal de la belleza, gexistirá tambien un criterio que de á conocer si los objetos se acercan más ó menos á aquel modelo? En otros terminos, gexistirá un buen gusto?». (t. II, pág. 204)
b. Antes: adyerbio de tiempo. Hacese conjuncion de las llamadas correctivas, que rectifican una idea precedente: (t. II, pág. 204)
«Mas yo se bien el sueno con que Horacio, Antes el mismo Romulo, me ensena», etc. (t. II, pág. 204)
(B. DE ARGENSOLA). (t. II, pág. 204)
Antes es aqui ó mas bien. Dicese en el mismo sentido antes bien, y cuando la correccion es una completa contradicción, antes por el contrario: «No respondia, ni menos daba muestra de flaqueza, antes bien besaba humilde la mano de su padre, y le pedia su bendición, seguro de llevar con ella la del cielo». (M. de la Rosa). Con el anunciatjvo que forma una frase adverbial relativa, que suele pasar á conjuncion, y deja entonces la idea de prioridad de tiempo para tomar el sentido de mas bien, más propiamente que: «Con voz, antes basta y ronca, que sutil y delicada, dijo», etc., (Cervantes). «No daba espacio de un bocado á otro, pues antes los engullia que los tragaba». (Cervantes). (t. II, pág. 204)
c. Apenas..,, cuando: frase adverbial relativa: «Apenas le vi, cuando me dirigi á el». Por la elip sis de cuando adquiere apenas la fuerza de un adverbio relativo, y la que era proposición subordinante se vuelve subordinada: «Apenas le vi, me dirigi á els: es evidente que apenas usado de este modo equivale á la frase en el momento que. En el mismo sentido se dice: No bien..., cuando, y aun no..., cuando, y no..., cuando: «No bien estuvo formada la tropa, cuando», etc.; «Aun no hubo andado una pequena legua, cuando», etc., (Cervantes); «No se hubo movido tanto cuanto, cuando», etc., (Cervantes); «No hubo andado cien pasos, cuando», etc., (el mismo). Y con no bien sucede lo mismo que con apenas, callándose el cuando. (t. II, pág. 204)
- Apenas..., cuanto mas, «Apenas creo que pueda pensarse, cuanto más escribirse». (Cervantes). En este modo de hablar es indiferente decir mas ó menos. Empleando el primero de estos adverbios, apenas conserva su significado positivo; como si dijesemos, dificilmente puede pensarse, cuanto mas dificilmente escribirse: empleando el segundo, hacemos á apenas en cierta manera negativo, como si el sentido fuese no puede pensarse cuanto menos escribirse. De aqui proviene la construcción apenas..., sino: «Apenas dormia, sino despues de un largo y laborioso ejercicio». 2. Apenas no, que usó Cervantes («Apenas el caballero no ha acabado de oir la temerosa voz, cuando», etc.), es construcción que no debe imitarse. 3. Se ha introducido recientemente, tomada de la fengua francesa, la frase apenas si, que se encuentra con bastante frecuencia en las obras de (t. II, pág. 205)
Martinez de la Rosa: «Apenas si se oia el confuso rumor de los pasos». No creo deba desecharse, porque se ajusta bien á la significación de los elementos que la componen, y la elipsis que la acompana es natural y expresiva: si se oia, era apenas. d. Arreo: adverbio que debe agregarse á las preposiciones pospuestas, en frases como «Termino lleva de quejarse un mes arreo», (Cervantes): todo un mes, dia por dia. «Lo cual hizo cuarenta dias arreoy, (Ribadeneira); cuarenta dias seguidamente. e. Asi..., que, de manera que: «Asi le afeaban las berrugas el rostro, que en viendolo Sancho, comenzó á herir de pie y de mano». (Cervantes). 1. Asi que, de manera que: frase coojuntiva. Entra en la clase de las conjunciones llamadas raciocinativas, y más especificamente consecuenciales, porque anuncian en lo que sigue una deduccion ó consecuencia de lo que precede: «Sé más de libros de caballerias que de las sumulas de Villalpando; asi que, si no está en mas que en esto, seguramente podeis comunicar conmigo lo que quisiéredes». (Cervantes). (t. II, pág. 206)
- Asi que, luego que; frase adverbial relativa. La tengo por introducida recientemente: «Asi que se supo aquel acontecimiento, sonó por todo el ámbito del reino un grito de sorpresas. Se decia, y aun se dice en el mismo sentido y mejor, á mi ver, asi como. (t. II, pág. 206)
- Asi es que; frase conjuntiva que anuncia la continuacion de un pensamiento ó una comprobacion que de el se hace. Despues de haber dicho que la invención oratoria es ta que reune todas las ideas, todos los materiales de que se ha de componer el discurso, pudieramos anadir: «Asi es que esta parte no depende tanto del arte, como del talento y de la instrucción del orador.» Tal es el empleo legitimo de la frase, de que algunos se sirven malamente en la significación de asi es como, diciendo v. gr.: «Asi lo hago, porque asi es que me ensenaron. (t. II, pág. 206)
f. Aun, adverbio de tiempo, equivalente á todavia ó hasta ahora. De aqui pasó á sugerir una gradacion de ideas que, ya expresa, ya tácita, termina en la palabra ó frase á que lo anteponemos: «Conmovióse al verle, y aun se le arrasaron los ojos de lágrimas»; «Desnudos de todo recurso, y aun abandonados de sus amigos, no desesperaron por eso»; «Provee á los menesteres de los suyos económica y aun escasamente»; «Flabia resuelto no ceder, arriesgarlo todo, y aun perecer si fuese necesario»: en estos ejemplos la gradación es expresa; en los que siguen es tácita: «Aun en la indigencia conservaba toda su dignidad»; como si se dijese: «Se portó noblemente en el poder, descendió á la vida privada sin abatirse, y aun en la indigencia», etc. «Aun las horas de la noche eran negadas al reposo»: todas las horas del dia y aun las horas de la noche, etc. La gradación implicita variará mucho, por supuesto, segun los diferentes casos; pero algo semejante á ella entreveria siempre el entendimiento, aunque de un modo indistinto y vago, en este uso de aun. (t. II, pág. 207)
Aun, en este sentido de gradación, pertenece á una especie particular de elementos gramaticales, que pudieran llamarse cuasi-afijos, porque se an teponen á toda clase de palabras, modificando su significado y sirviendo como de particulas prepositivas. Asi, en el sentido de que hablamos, la enfasis de aun, no sólo recae sobre adjetivos, verbos, adverbios y complementos, como es propio de los adverbios, sino tambien sobre sustantivos, segun se ve en el ultimo de los ejemplos anteriores. Aun cuando es una frase adverbjal relativa, en que aun conserva la idea de gradación: «La vida del hombre está llena de cuidados y zozobras, aun cuando más nos halaga la fortuna»; «Aun cuando todos conspiren á un fin, es necesario que obren de concierto, para que alcancen lo que se proponen». Aqui se ve que esta frase adverbial puede regir indicativo ó subjuntivo segun las circunstancias. Pero el construirla con indicativo en el sentido de aunque es verdad que («Aun cuando ha llegado bueno, se resiente de las fatigas del viaje»), es una práctica moderna que no debe, á mi parecer, imitarse. (t. II, pág. 207)
Combinase con ni en las oraciones negativas: «No solo no le viste ni le sustenta, pero ni aun le abre sus puertas». Dejando solo el ultimo grado de la escala, diriamos: «Ni aun de los suyos se fia»; «Ni aun en el destierro y la indigencia se le vió perder su dignidads. Callando el adverbio aun, se revestiria de su fuerza el ni: Ni de los suyos; Ni en el destierro y la indigencia. (t. II, pág. 208)
Aun bien que: frase relativa adverbial y eliptica: «Aun bien que yo casi no he hablado palabras, (Cervantes); afortunadamente sucede que... g. Aunque: adverbio relativo, equivalente á sin embargo de que. Rige indicativo ó subjuntivo, bien que no indistintamente. «Tengo de salir, aunque llueva», es una expresión propia, no sólo en boca del que piensa en una lluvia futura, que puede verificarse ó no, sino del que ve llover y está en el acto de salir. «Aunque estaba lloviendo á cántaros, insistieron en ir al baile»: es indispensable el indicativo. «Bien pudiste venir aunque lloviese»: aqui por el contrario, aun cuando se tratase de una lluvia pasada y cierta, sonaria mejor el subjuntivo. Es más fácil sentir que explicar el valor peculiar de las formas modales segun los diferentes casos. (t. II, pág. 208)
- Cállase á menudo el verbo ser ó estar en la proposición subordinada: «Aunque anciano y enfermo, trabajaba incesantemente»; aunque era anciano y estaba enfermo. (t. II, pág. 209)
- Al adverbio relativo aunque se contraponen á menudo los complementos demostrativos sin embargo de eso, no obstante eso, con todo eso, y otros de valor semejante (ó como se dice elipticamente, sin embargo, no obstante, con todo), que repiten el significado de aunque sin el elemento relativo: «Las memorias del castillo de Bellver, aunque por lo demás prestan poco cebo á la curiosidad, pueden con todo satisfacer al gusto de los que desean conocer á fondo la historia de la media edad», (Joyellanos). Esta duplicación de ideas es análoga á la de tanto, cuanto; tal, cual; asi como, asi tambien; y otras que se han senalado en varios lugares de esta gramática, usadas en castellano y en todas las lenguas. (t. II, pág. 209)
- Los referidos complementos se emplean á menudo como conjunciones que ligan dos oracio nes independientes: «Vamos ahora á los accesorios de nuestra obra, dejando á un lado los de madera ó fierro, de que no me cure, porque conducen poco para la historia de las artes: dire, sin embargo, que en el gran numero de puertas y ventanas del castillo se nota estar todas trabajadas sobre una misma idea, con gran gusto y diligencia». (El mismo). «Gastado el pavimento fue reemplazado en la galeria con plastas de yeso y guijarro, tan feos á la vista como incómodos á la huella: con todo, entre el polvo y rona se divisan acá y allá algunos trozos, que bien lavados y fregados por mi, descubren su primitiva belleza». (El mismo). (t. II, pág. 209)
- Pero lo que mas merece notarse es la transformación de aunque en conjuncion adversativa, que enlaza oraciones y toda especie de elementos análogos, denotando cierta oposición entre ellos: «Escribe bien, aunque despacio»; «El pincel de Tacito es vigoroso, aunque demasiado sombrio»; «Era puro y bien intencionado su celo, aunque es preciso confesar que en vez de corregir irritaba». «Aquella sombra grande que desde aqui se descubre, la debe de hacer el palacio de Dulcinea.— Asi será; aunque yo lo veré con los ojos y lo tocare con las mapos, y asi lo creere, como creer que ahora es de dia». (Cervantes), «¡Oh encantadores mal intencionados! Bastaros debiera haber mudado todas sus facciones de buenas en malas, sin que tocarades en el olor, que por el siquiera sacáramos lo que estaba encubierto debajo de aquella fea corteza; aunque, para decir verdad, nunca vi yo su fealdad, sino su hermosura». (El mismo). Aunque en estos ejemplos no tiene ya el significado de sin embargo de que, sino el de sin embargo ó pero. En los dos ultimos es propiamente una conjunción correctiva, con que se retracta ó corrige lo que se acaba de decir. (t. II, pág. 210)
- Para distinguir el adverbio relativo de la conjunción, cuando ambos ligan proposiciones completas, advertiremos: (t. II, pág. 211)
1.° Que el adverbio relativo tiene régimen, y asi es que, siendolo aunque, rige indicativo ó subjuntivo; al paso que siendo conjunción y ligando proposiciones independientes, no influye en el modo del verbo, que toma siempre las formas propias de las proposiciones de esa especie. 2.° Que la proposición introducida por el adverbio relativo puede no seguir á la otra; pero la introducida por la conjunción ocupa necesariamente el segundo lugar. (t. II, pág. 211)
3.° Que hasta en la pronunciación se echa de ver la diferencia de los dos oficios, pues entre las oraciones ligadas por el aunque conjuntivo se hace siempre una pausa más larga, y no pocas veces la separamos en lo escrito por el punto final. «Aunque una historia abrace muchos siglos y aun el mundo todo, no debe carecer de plan». Hubiera podido decirse: «¦Ina historia no debe carecer de plan, aunque abrace muchos siglos». Pero pruebese á invertir el orden ó á sustituir el subjuntivo al indicativo en el vere, tocare, creeré y vi de los dos ejemplos de Cervantes, y se percibirá que la lengua no lo permite. Podria si decirse en el primero veria, tocaria y creeria, ó viera, tocara y creyera, introduciendo una negación implicita; (t. II, pág. 211)
ANDRES BEL-L.O pero esto es una confirmación de lo dicho, porque la forma en ra ó ria es propia de la apódosis independiente en las oraciones condicionales implicitamente negativas. (t. II, pág. 212)
«Si las pruebas son concluyentes, entonces viene bien el presentarlas separadamente, explanarlas, adornarlas, para que hieran más la imaginación y adquieran mayor fuerza todavia. Aunque esto debe tener su limite; porque si el orador se detiene demasiado en una prueba, y apura cuanto se puede decir acerca de ella, llega á ser molesto, descubre el artificio, y hace que desconfie el oyente ó se distraiga». En este ejemplo hay entre las dos oraciones toda la pausa senalada por el punto final (I). (t. II, pág. 212)
(1). Notese la correspondencia en otras lenguas. En latin quamquam es adverbio relativo ó conjunción, como nuestro aunque, pero quampis, etsi, no son más que adverbios relativos. Aunque se traduce en frances por quoique; como conjunción que liga oraciones, por cependant, pourtant. Insistimos en este punto, porque es grande la vaguedad y confusión de las ideas que se dan acerca de lo que es adverbio y lo que es conjunción. Burnouf ha senalado con bastante claridad la distinción entre los adverbios relativos y las conjunciones, llamando á los unos conjunciones de subordinación, y á las otras conjunciones de coordinación. Pero conjunciones de subordinación, conjunciones que acarrean proposiciones subordinadas e influyen en el modo de estas, me parece opuesto á la naturaleza del elemento conjuntivo, que siendo un mero vinculo, media entre palabras ó frases análogas, independientes una de otra, (t. II, pág. 212)
- Aunque más, por más que: frase adverbial relativa: «Aunque más tendimos la vista, ni poblado, ni persona, ni camino, ni senda descubrimos». (Cervantes). (t. II, pág. 213)
h. Bien: adverbio. Uno de sus significados es el contrario al de apenas: «Bien se pasaron quince dias en que no vimos la cana, ni la mano ni otra senal». (Cervantes). (t. II, pág. 213)
i. Bien que: frase adverbial relativa, y otras veces conjunción adversativa ó correctiva: en ambos casos debiera escribirse como una sola palabra, bienque. En uno y otro oficio tiene gran semejanza con aunque: «Bien que hubjese grande escasez de provisiones, no nos faltaba lo necesario»; «El camino de la derecha es llano, derecho y comodo; bien que no le faltan lodazales y cienagas en tiempo de lluvias»: muestrase en ambos ejemplos el uso adverbial y relativo. Como conjunción debemos ver en esta frase un residuo de bien es perdad que ó bien es que, y tiene entonces los mismos tres caracteres que poco ha hemos senalado al aunque conjuntivo, que liga oraciones: «el camino de la derecha...; bien es verdad quex, ó «bien es ques, ó «bien que no le faltan...» En el anterior ejemplo Si las pruebas son concluyentes, etc., pudieramos poner bien que en lugar de aunque, sin hacer diferencia alguna en el sentido. j. Casi y cuasi, originalmente una misma palabra, tienen hoy diferente significado. Casi denota que la palabra modificada por el no es exacta sino con cierta rebaja: «l edificio estaba casi todo en completa ruina», Cuasi quiere decir que nos valemos de una palabra, no para significar la idea propia de ella, sino algo que se le asemeja: subsiste sólo como particula compositiva en cuasidelito, cuasi-contrato. En el sentido de casi es anticuado. (t. II, pág. 213)
- Mencionamos este adverbio (que no es de la clase de los relativos, aunque en latin lo fue) para hacer notar que se reduce á veces á un mero afijo ó particula prepositiva, con que modificamos, no solo las palabras á que puede hacerlo el adverbio, sino el sustantivo mismo: «Casi exánime»; «Casi le mata»; «Casi al borde del sepulcro»; «Disponia de casi todo»; «Era casi senor absoluto»; «Era casi noche». (Santa Teresa). (t. II, pág. 214)
k. Como: adverbio relativo. No es necesario dar ejemplo de su significado modal, que es el primitivo y propio, ni de los secundarios de causa, fin ó condición, que suele tomar á menudo. Sólo si notaremos que en el significado de causa rige indiferentemente indicativo ó subjuntivo, aun cuando se afirma la causa: «El orador, como sea su fin mover y persuadir, se sirve de lo vehemente y sublime». (Capmany); «Se les requirió si querian rendirse antes de la primera carga, y como persistiesen en su obstinación, se jugaron diez canones». (Coloma); «Como conviene no divagar, el exordio debe nacer del mismo asunto». (Gil y Zárate); «Como no eran tan poderosos que pudieran hacer guerra, sino correrias y robos, comenzaron á ser molestados». (Mariana). Construido con pretérito de indicativo, significa tambien sucesión inmediata: «Como vieron acercarse la tropa, huyeron precipitadamente». Y en este sentido se dice con igual propiedad asi como. (t. II, pág. 214)
- Sustituyese á veces como al anunciativo que: «Carriazo le contó punto por punto á su amigo la vida de la jábega, y como todas sus tristezas y pensamientos nacian del deseo que tenia de volver á ella». (Cervantes); «Ordenó el senor de la casa como se llamase un cirujano famoso de la ciudad, para que de nuevo curase á Marco Antonio». (El mismo). (t. II, pág. 215)
- Hacese conjunción, ligando elementos análogos, v. gr.: «La naturaleza, como quien tiene necesidad, no reposa, sino siempre está piando y suspirando por más». (Granada); liganse naturaleza y el antecedente envuelto en quien. «Es laborioso como pocoss: liganse el tácito y pocos. (t. II, pág. 215)
«Le miran como padre»; liganse le y padre. «Los trata como á hijos»; el enlace es entre los y á hijos. «El duque dió nuevas órdenes de que se tratase á don Quijote como á caballero andante». (Cervantes): se ligan los complementos á don Quijote y á caballero andante. «La hermosura por si sola atrae la voluntad de cuantos la miran y conocen, y como á senuelo gustoso se le abaten las águilas reales y los pájaros altaneros». (Cervantes); se ligan los complementos le y á senuelo gustoso. (t. II, pág. 215)
- ¿Es indiferente poner ó no la preposición en «le miran como padre», «los trata como á hijos»? Me parece que «Le miran como padre» se dice de los que miran como un padre al que no lo es; y que por el contrario, «Los trata como á hijos» sugerirfa la idea de verdadera paternidad. 4. Empléase tambien como en calidad de afijo ó particula prepositiva, sustituyendo al sentido propio de una palabra ó frase el de mera semejan za con el: «Encontró don Quijote con dos como clérigos ó estudiantes». (Cervantes); «Estos que llaman politicos ponen tales como primeros principios para el gobierno, que, siguiendolos, necesariamente se han de perder los estados». (Ribadeneira); «El ejercito de las estrellas, puesto como en ordenanza y como distribuido en hileras, luce hermosisimo; y hermanadas todas, y como mirandose entre si, se hacen muestras de amor». (Fray Luis de León). Sólo á los verbos y á las proposiciones enteras no puede anteponerse este como sino mediante el anunciativo que: «Se estremecia la tierra, y como que se hundia debajo de mis pies», «Figurabaseme como que caian globos de fuegoy. 5. Cuando principia la oración con esta frase como que, puede tener dos sentidos. El uno de ellos es el de que ahora tratamos, en que como es un mero afijo. En el otro es conjunción continuativa, equivalente á la frase asi es que, tan cierto es eso que, y tal es el que tiene en este pasaje de Samaniego: (t. II, pág. 215)
«Desde tan bella estancia, ¡Cuantas y cuantas veces Oire los pastores Que discretos contienden, Publicando en sus yersos Amores inocentes! (t. II, pág. 216)
Como que ya diviso Entre el ramaje verde A la pastora Nise, Que al lado de una fuente, Sentada al pie de un olmo, Una guirnalda tejes. (t. II, pág. 216)
GRAMTICA CASTEL.LANA 1. Con que: complemento que toma á veces el carácter de conjunción consecuencial: (t. II, pág. 217)
«¿Con que de tus recetas exquisitas (Un enfermo exclamó) ninguna alcanza? (t. II, pág. 217)
(SAMANIEGO.) (t. II, pág. 217)
m. Cuando: adverbio relativo de tiempo. Tiene á veces el significado de aun cuando, y debe sujetarse á las mismas reglas. (t. II, pág. 217)
- Lo hacemos sustantivo en de cuando en cuando ó de vez en cuando (de tiempo en tiempo); y ya hemos notado (398) su uso preposicional en cuando la guerra, por durante la guerra. Y si recordamos que las preposiciones llevan á menudo predicados por terminos (46), reconoceremos el mismo carácter preposicional en cuando viejos, cuando solteros; expresiones enteramente análogas á desde ninos, mientras jovenes: «Muchos hombres que cultivan las letras miran como puerilidad la nomenclatura retórica, porque aprendieron el arte en su puericia; como desdenándose, cuando adultos, de tan humilde recuerdo». (Capmany). Si se prefiere mirar esta frase como eliptica, subentendiendose el verbo ser (cuando son adultos), repetire que haciendose habitual una elipsis, los elementos suprimidos se olvidan, y las palabras entre las cuales median contraen un vinculo gramatical inmediato. (t. II, pág. 217)
- Cuando mes, cuando menos: expresiones adverbiales que significan á lo sumo, á lo menos: (t. II, pág. 217)
«Tendrá cuando mas treinta anoss; «Aspira á un Ministerio de Estado, ó una Contaduria mayor cuando menos». (t. II, pág. 217)
CXXIX . (t. II, pág. 217)
n. Cuanto. No hacemos mención de esta palabra sino con motivo de la frase cuanto más, en que es adverbio interrogativo, y propiamente exclamatorio: «Yo te sacare de las manos de los caldeos, cuanto más de la Santa Hermandad» (Cervantes); «Por lo menos servirá aquel largo catálogo de autores á dar de improviso autoridad al tibro. Y más que no habrá quien se ponga á averiguar si los seguistes ó no los seguistes, no yendole nada en ello. Cuanto más, que si bien caigo en la cuenta, este vuestro libro no tiene necesidad», etc. (Cervantes). Cuanto y más ó cuantimas, que se decia en el mismo sentido, creo que pasaria hoy por desalinado y rastrero; no obstante el empefio del erudito don J. A. Puigblanch en rehabilitarlo. o. Desde. Es notable el modismo en que damos á esta preposición por término una oración completa: «Mis trabajos son tantos desde este agosto pasado hizo un ano» (Santa Teresa). Dicese tambien, callando el verbo: (Desde ahora un ano» (1). (t. II, pág. 218)
(1) Esta construcción lleva consigo una violación de las leyes primordiales de la sintaxis, y no creo puedan presentarse en su apoyo muchos ejemplos de los escritores clásicos. Una proposición no puede ser término de un complemento mientras sea verdadera proposición, es decir, mientras represente un fenómeno subjetivo, un juicio actual del entendimiento del que habla. Sólo cuando pierde este carácter y se convierte en sustantivo, representando objetivamente el juicio, puede hacer el oficio de termino, como sucede en los siguientes ejemplos toma p. Donde: adverbio relativo de lugar. Pasa al sentido de condicion en la frase eliptica donde no (si no): «Sin verla lo habeis de creer, confesar, afirmar, jurar y defender; donde no, conmigo sois en batalla, gente descomunal y soberbia». (Cervantes). 1. Sustituyese á veces la frase por donde á la frase por el cual, por lo cual, etc.; pero sólo para dos de esta Gramática: «Los animales se diferencian de las plantas en que sienten y se muevenx; «Están discordes las opiniones sobre que partido haya de tomarse». Los términos de las preposiciones en y y sobre son proposiciones que carecen de todo carácter subjetivo, y que representan los fenomenos ideologicos como simples objetos del pensamiento, es decir, como sustantivos, siendo, por tanto, arreglado á la buena sintaxis el oficio que en estos ejemplos desempenan. Lo contrario sucede en la frase citada de Santa Teresa y en la que hoy dia es tan favorita del vulgo: «Estoy aqui desde hace cuatro meses», «desde hace dos anos». Las expresiones xeste agosto pasado hizo un ano» y «hace cuatro meses», «hace dos anos», son verdaderas proposiciones, porque declaran afirmaciones, juicios actuales, que son fenómenos meramente subjetivos. La preposición puede tener por término un objeto del pensamiento, mas no el pensamiento mismo, á no ser que á su vez sea objeto de otro pensamiento. Las construcciones correctas y ajustadas á una perfecta sintaxis son: «Este agosto pasado hizo un ano que mis trabajos son tantos»; «Estoy aqui hace cuatro meses», «hace dos anos». La preposición desde es, además, un elemento enteramente ocioso en construcciones de esta clase.—N. del C. (t. II, pág. 218)
significar ilación ó consecuencia logica: «Las senales por donde conocieron se moria». (Cervantes). De aqui la frase conjuntiva por donde para anunciar en la oracion que viene despues de ella una ilación ó consecuencia lógica: «Con cada obra mala que hacemos, se hinca más y más el vicio en nuestras almas; por donde vemos que la vejez de aquellos que gastaron la mocedad en vicios, suele ser muchas veces amancillada con las disoluciones de aquella vida pasada, aunque la presente las rechace, y la misma naturaleza las sacuda de six. (Granada). Antiguamente se decia por ende, que es hoy por esto, ó por tanto, ó por lo tanto, como á por donde se preflere de ordinario por lo cual. (t. II, pág. 220)
q. Hasta. En esta preposicion vemos otra de aquellas palabras que, saliendo de su uso primitivo, se transforman en meros afijos ó particulas prepositivas; «Hasta las causas particulares se convertian con frecuencia en asuntos politicos», (Gil y Zarate); donde cualquiera percibirá que hasta no hace el oficio de preposicion, puesto que sólo sirve para dar al sujeto cierta enfasis parecida á la de aun. De la misma manera se dice; «Hasta insensato parece», anteponiendolo á un predicado; «)esacertada y hasla torpemente se portaron», anteponiendolo á un adyerblo; «Hasta de los suyos se recatav; «Correspondió á tantos beneficios con ingratitud, y hasta con villanias, anteponiendolo á complementos; « Le reconvino, le denosto y hasta le dió de golpes», á un verbo. 1. En estas locuciones se presenta siempre al entendimiento una escala creciente ó decreciente de ideas, senalándose la ultima con el prepositivo hasta. Vese la escala en el 3.°, 5.° y 6.° ejemplos; pero frecuentemente solo se exhibe el ultimo grado, dejándose los otros á la imaginación del que oye ó lee, como en el 1.°, 2." y 4.° Este uso de hasta es mucho más frecuente en los escritores modernos que en los de la edad de Cervantes. 2. El autor del Quijote juntó alguna vez los dos prepositivos hasta y aun: «Esta que llamamos necesidad donde quiera se usa, y á todos alcanza, y aun hasta á los encantados no perdona». Cualquiera de los dos bastaria, y aun á los encantados, y hasta á los encantados. Podria variarse la frase diciendo: y ni aun á los encantados perdona, que es como tal vez sonaria mejor. (t. II, pág. 220)
r. Y: conjunción copulativa. Vuelvese e antes de la vocal i, como en espanoles e italianos, pero no antes del diptongo ie, ni antes de la consonante y: corta y hiere, tu y yo. (t. II, pág. 221)
t. Aunque lo regular es no ponerla sino antes de la ultima de las palabras ó frases que enlaza, la expresamos algunas veces antes de todas ellas, menos la primera, y otras suele callarse antes de todas, lo que sin embargo casi nunca se hace cuando solamente son dos las palabras ó frases ligadas. Su repetición en unos casos y su entera supresión en otros, no son puros accidentes, sino más bien medios oratorios, destinados á la expresión de ciertos afectos ó estados mentales: «No temo anadir que si toda la junta sevillana, y los mismos que la movieron á insurreccion, y sus satélites, y sus emisarios, y sus diaristas, y sus trompeteros y fautores pudieran ser sinceros», etc. (Jo vellanos, citado por Salvá). «Temia la escasa fe de los moros, el desenfreno de la plebe, la indole feroz del alcaidex. (Martinez de la Rosa). «No es necesario renovar la memoria de tantos desastres, los varios trances de aquel asedio, su duración, su exito». (El mismo). (t. II, pág. 221)
- En lo antiguo solia alguna vez anteponerse tambien al primero de los miembros enlazados por ella: (t. II, pág. 222)
«Y tu mereces y este la becerra.» (t. II, pág. 222)
(FR. LUIS DE LEóN.) (t. II, pág. 222)
- Pierde el oficio de conjunción y toma el de simple adverbio en interrogaciones y exclamaciones directas. Fr. Luis de León principia asi una de sus odas: (t. II, pág. 222)
«¿Y dejas, pastor santo, Tu grey en este valle hondo, escuro?» (t. II, pág. 222)
«¡Y que no viese yo todo esol», exclama el heroe de Cervantes al oir una descripción que le hace su escudero. Facil es percibir la enfasis de esta conjunción adverbializada asi. Principiando por una palabra que regularmente supone otras anteriores, se hace entrever confusamente un conjunto de ideas sobre las cuales salta el que habla, para fijarse en la más importante. (t. II, pág. 222)
- Se ha notado en Cervantes el uso de la frase conjuntiva y pues en el significado de y ademes, y después de todo, y al cabo: «Yo, que aunque parezco padre, solo soy padrastro de don Quijote, no quiero irme con la corriente del uso, ni suplicarte que perdones las faltas que en este mi hijo vieres; y pues, ni eres su pariente ni su amigo, y tienes tu alma en tu cuerpo, y tu libre albedrio, como el mas pintado». Este y pues ha dejado de usarse (1). (t. II, pág. 222)
s. Luego: adverbio de tiempo que se usa frecuentemente como conjunción deductiva ó consecuencial. Luego que, frase adverbial relativa de tiempo, en lugar de la cual se dice tambien luego como: «Somos muy flacos, pues luego como vemos el peligro, desmayamos», (Granada). (t. II, pág. 223)
t. Mas. Se han notado (53, 2.4) los varios oficios de esta palabra, ya sustantivo, ya adjetivo, ya adverbio, ya conjunción. Hemos visto asimismo (cap. XXXVII) el uso comparativo de la frase más que. Ahora observaremos el sentido particular que se suele dar á esta frase, haciendola equivalente de aun dado caso que: «No lo aceptaria mas que me rogasen con ello». Subentendiendo la proposición subordinante, se dice «Mas que me maten»: (callase no se me da nada, no importa.) 1. Mas, construido con el interrogativo si, sirve para la expresión de una duda, de una sospe .-... (t. II, pág. 223)
(1) Yo miraba esta locución como un reprensible italianismo de Cervantes; pero encuentrase eo obras anteriores al Quijote, y en que no es presumible la afectación del modismo italiano e poi. «Creceria vuestro provecho dándoos el uno al otro la mano: y pues sabe que es menester que ames, si quieres ser xamado», (La Celestina). «Mire V. E. que este negocio toca á la Virgen Nuestra Senora, que lia menester su orden. Y pies muchos y muchas entraran en ella, si pudieran estar sujetos á quienx, etc. (Santa Teresa.) (t. II, pág. 223)
ANDRES BEL.LO cha que nos asalta de repente: «¿Mas si despues de tantas promesas nos engana?» (t. II, pág. 224)
u. Medio: sustantivo en «No hay medio de persuadirse»; adjetivo en «Medio almud», «Media hora»; adverbio en «Medio vivo», «Medio muerta», «Medio persuadidos»; puro afijo ó particula prepositiva en «La sirena era un monstruo, medio pez y medio mujer». «Riose el rector y los presentes, por cuya risa se medio corrió el capellán», (Cervantes); donde es de notar que se interpone entre el afijo pronominal y el verbo; lo que no hace ninguna de las otras particulas prepositivas de su especie. Pero podria tambien decirse medio se corrió. (t. II, pág. 224)
v. Ni; conjunción copulativa, que envuelve al mismo tiempo la significación del adverbio no. Es de las que pueden expresarse con todas las palabras ó frases que liga, inclusa la primera: «Ni el general ni los soldados»; «Ni de noche ni de dia». Se permite á veces la elipsis del primer ni en construcciones como esta: «Las lluvias y el mal estado de los caminos, ni la falta de viveres, detuvieron la marchax, apenas soportable en prosa. (t. II, pág. 224)
¡. Aunque generalmente se dice y no cuando la proposición antecedente es positiva, ni cuando es negativa, se suele á veces en el primer caso decir ni: «Facil se creeria la empresa de dominar todo aquello que se fuese descubriendo, vista la mansedumbre y timidez, las armas y costumbres de las nuevas gentes. Ni le ocurrió á nadie duda sobre el derecho de sujetarlas por medio de la fuerza», (Baralt y Diaz). Segun la práctica ordinaria se hubiera dicho y no; pero es más elegante el ni. La pausa entre las proposiciones ligadas es entonces más larga, y se llama la atención á la segunda de ellas con cierta enfasis. (t. II, pág. 224)
X. No. Es bastante moderno el uso que se hace de este adverbio, como particula prepositiva, anteponiendolo á sustantivo: «La no comparecencia del reos. Esta práctica puede convenir á veces para simplificar la expresión. (t. II, pág. 225)
y. O: conjunción disyuntiva y alternativa. Es tambien de las que pueden expresarse con todas las palabras ó frases ligadas, de la misma manera que ya, ora, etc. Antes de la inicial o la convertimos en u: «Cicerón u Hortensio»; y lo mismo puede hacerse cuando se halla entre dos vocales de las cuales la primera es o: «Leyendo u escribiendo». En Granada, Calderón y otros de nuestros clásicos se pone á por ó antes de la preposición de: el motivo ó no subsiste hoy, ó se desestima. z. Pero, empero: conjunciones adversativas y correctivas. La segunda puede ó no principiar cláusula; al reves de la primera, que siempre es la palabra inicial: «Asi lo cuenta Tito Livio; pero otros» u xotros empero refieren el hecho de diverso modo»; «Estaba (don Quijote) aguardando que se le diese la senal precisa de acometida; empero nuestro lacayo tenia diferentes pensamientos», (Cervantes); «Detuvieron los molineros el barco, empero no de manera que dejasen de trastornarlo», (Cervantes). (t. II, pág. 225)
Lo que sigue se aplica, no selo á pero, sino á sus sinónimos empero y más. (t. II, pág. 225)
- Hay cierta afinidad entre aunque y pero, que se percibirá fácilmente comparando estas dos sentencias: «Aunque era puro y bien intencionado su celo, en vez de corregir, irritaba». (t. II, pág. 226)
«Era puro y bien intencionado su celo, pero en vez de corregir, irritaba». (t. II, pág. 226)
El sentido es identico, no obstante la diversa relación de las dos cláusulas en cada giro. El primero anuncia, desde luego, cierta aparente contrariedad entre la proposición subordinada (aunque era) y la subordinante (irritaba). En el segundo hay dos proposiciones independientes ligadas por la conjuncion pero, que indica la misma apariencia de contrariedad entre ellas. Si aunque es sin embargo de que, pero equivale á sin embargo de eso. 2. En los mejores tiempos de la lengua solian hacerse de los dos giros uno solo, contraponiendo la conjuncion al adverbio: «Aunque sean muchas las comparaciones que se pueden hacer de la misericordia á la justicia, pero en cabo venimos á hallar que en el linaje de Adán son más los vasos de ira que de misericordia». (Granada); «Aunque este fuego (del purgatorio) no sea eterno, mas es estranamente grande, porque sobrepuja todas las penas». (El mismo); «Aunque ensenaba cosas más devotas que curiosas, eran empero eficaces y de gran fuerza aquellas palabras». (Ribadeneira). Esta contraposición de pero al adverbio aunque es de poco uso en el dia. (t. II, pág. 226)
- Aunque, en su contraposición á pero, conserva su caracter de adverbio, encabezando una proposicion subordinada, cuyo verbo puede po nerse en indicativo ó subjuntivo; al paso que la proposición encabezada por pero no admite otras formas que las que pertenecen á proposiciones independientes. Pero, á la verdad, se adverbializa, mas no se hace adverbio relativo, sino equivalente á un complemento demostrativo (sin embargo de eso) (1). Tal fue probablemente su primitivo oficio, y de aqui pasó, como otros adverbios, al de conjunción, que es el que hoy casi exclusivamente ejerce. (t. II, pág. 226)
- Aunque, segun vimos poco ha (g, 4), es cabalmente uno de estos adverbios que se transforman en conjunciones. En este oficio se hace sinónimo de pero, mas no enteramente, pues hay casos en que la elección del uno ó del otro depende de relaciones delicadas. Aunque anuncia un concepto accesorio; pero la idea principal: «Es vigoroso el pincel de Tácito; aunque demasiado sombrio»: la idea dominante es el vigor; asi es que desenvolviendo el pensamiento, anadiriamos naturalmente: «Cada rasgo suyo deja una impresión profunda en el alma»; «Lope, con fecunda imaginacion, pero sin el nervio suficjente, no habia nacido para la epopeya», dice Gil y Zarate; es claro que el no ser á propósito para el poema épico, no se enlaza con la fecundidad de imaginación, sino con la insuficiencia de nervio, que es de las dos ideas precedentes la de más relieve. Parecerá alguna vez que el uno puede sustituirse al otro sin inconveniente. Solis, hablando del cardenal Cisneros, le caracteriza de este modo: «Varón de espiritu resuelto, de (1) Como el peró de los italianos (per hoc). (t. II, pág. 227)
superior sagacidad y de corazon magnánimo; pero tan amigo de los aciertos y tan activo en la justificación de sus dictámenes, que perdia muchas veces lo conveniente por esforzar lo mejor». Aunque, á primera vista, hubiera convenido igualmente; mas, bien mirado, no es asi. El historiador va enumerando varias circunstancias que concurrieron á producir las alteraciones de Castilla, que despues menciona, y bajo este punto de vista la excesiva severidad del cardenal era el concepto relevante; asi es que se detiene á demostrarlo, anadiendo: ay no bastaba su celo á corregir los ánimos inquietos, tanto como á irritarlos su integridad». No me parece justificable el empero del pasaje siguiente de un gran poeta que aventura locuciones atrevidas, no siempre felices: (t. II, pág. 228)
«Su rostro, empero palido, figura La dulce luz de angelica belleza.» (t. II, pág. 228)
¿Podria decirse pero en lugar de este empero? La expresión que convenia era aunque ó si bien, subentendiendo es ó está (g, 1), que no podia aqui subentenderse con pero ni empero. (t. II, pág. 228)
aa. Porque: adverbio relativo. Propiamente es un complemento en el cual sirve de término el anunciativo que. Lo escribimos como una sola palabra para distinguirlo del complemento por que, el cual, escrito asi, no anuncia, sino reproduce: «Huyeron porque les era imposible defenderse»; «El motivo por que no vino, se ignora»: esto es, el motivo por el cual no vino. «Una de las causas por que se suelen holgar de traer sus amos á mi posada, es», etc., (Cervantes). Sin embargo, es raro emplear de este modo á por que, cuando el antecedente no significa razón, causa, motiyo. 1. Ya hemos notado (368, d) el valor conjuntivo de porque. Es facil reconocerlo: ¡.° en que liga proposiciones independientes, no pudiendo, por tanto, construirse con otras formas del verbo, que las que son propias de tales proposiciones; 2. en que siempre hace la voz, antes de esa conjunción, una pausa más grande, que aun se senala á veces por un punto redondo; 3.° en que la proposición acarreada por ella no puede nunca hallarse antes ó en medio de la otra proposición: «Apenas hay dia ni hora que se te pase sin acrecentar contra ti el tesoro de esta ira divina. Porque, aunque no hubiese más que las vistas deshonestas de tus ojos, y los malos deseos y odios de tu corazón, y los juramentos de tu boca, esto solo bastaria para henchir un mundo». (Granada); «)' como ahora ninguno hay que no se pueda reconciliar con el, asi entonces ninguno habrá que lo pueda hacer; porque asi como la benignidad de la primera venida se descubrió sobre toda manera, asi será el rigor de la justicia que en la postrera se mostrará; ca inmenso es Dios e infinito en la justicia, asi como en la misericordias. (El mismo). Porque y ca son palabras de una misma especie: conjunciones causales ambas. (t. II, pág. 228)
bb. Pues; preposición cuyo termino expreso no puede ser otro que el anunciatiyo que. Callado el que, se vuelve adverbio relativo. Usada absolutamente, es conjunción consecuencia! (198): «lgnorantes los trobadores de la literatura antigua, nada tenian que ver sus composiciones con los poetas latinos: esta literatura fue pues totalmente original, y la primera en que se reflejaron las ideas y sentimientos modernos». (Gil y Zárate). Lo regular es poner este pues entre las primeras palabras de la oración, como se ve en el ejemplo anterior; pero en el estilo apasionado y vehemente se principia muy bien por el: «La creación es el primero de los beneficios divinos y el fundamento de todos los otros..... Pues si tanto cuidado tiene Dios de pedir agradecimiento por sus beneficios (aunque no por su provecho, sino por el nuestro), ¿que pedirá por este?». (Granada). «Redemistesme (I) con inestimables dolores y deshonras, con estas acusaciones me defendistes, con esta sangre me lavastes, con esta muerte me resucitastes, y con esas lagrimas vuestras me librastes de aquel perpetuo llanto y crugir de dientes (2). Pues ¿con qué dadivas respondere á esa dádiva? ¿con que lágrimas á esas lágrimas? ¿con que vida pagaré esa vida?x. (el mismo) y algo más adelante: «Pues diganme ahora todas las criaturas si puede ser beneficio mayor: diganme todos los coros de los ángeles si ha hecho Dios tanto por ellos». (t. II, pág. 229)
- Es tambien conjunción continuativa, de que nos servimos para las transiciones: «Harto mejor seria volverme á mi casa, y no andarme tras vuesa merced por caminos sin camino, be (1) Redimir en Granada y otros escritores coetáneos era redemir, que se conjugaba como concebir. (2) Aqui se ve que la terminación astes, istes, es de segunda persona de plural. (t. II, pág. 230)
biendo mal y comiendo peor. Pues tomadme el dormir; contad, hermano escudero, siete pies de tierra», etc., (Cervantes). «Ella lo primero y principal es devotisima de Nuestra Senora; confiesa y comulga cada mes; sabe escribir y leer; no hay mayor randera en Toledo; canta á la almohadilla como unos ángeles; en ser honesta no hay quien la iguale: pues en lo que toca á ser hermosa, ya vuesa merced lo ha visto». (El mismo). (t. II, pág. 231)
cc. Puesto que: Usado hoy en la significación de pues que, antes significaba más comunmente aunque: «Puesto que dos veces le dijo don Quijote que prosiguiera su historia, ni alzaba la cabeza ni respondia». Lo mismo dado que, y aun á veces supuesto que. (t. II, pág. 231)
dd. Puro: Este adjetivo, además de su significación ordinaria (una agua pura, una vida pura), admite frecuentemente otra, equivalente á la de mero (lo hizo por pura generosidad), y precediendo un infinitivo, expresa lo mismo que mucho, pero más enfáticamente: «Se le hincharon los ojos de puro llorar». En este sentido suele pasar al oficio de adverbio, modificando predicados: «Los pensamientos de Calderón no se entienden á veces de puro sutiles y alambicados». Precedele por lo regular la preposición de, cuando modifica de ese modo á los infinitivos y predicados, y puede entonces callarse: de llorar, de sutiles y alambicados. ee. Si condicional. Es siempre adverbio relativo. Del sentido de condicion pasa á otros; como 1.°, aquel en que la condición es aparente, porque expresa una verdad manifiesta, por cuyo medio se asevera más fuertemente la apódosis: «Si hay ley, si razón, si justicia en el mundo, la grandeza de los beneficios bastaria para que no fueses tan escaso en el servicio con quien tan largo te ha sido en las mercedes». (Granada). «Es gente virtuosa la de aquel lugar, si yo la he visto en mi vida». (Santa Teresa); que es como si por medio de una disyuntiva dijésemos: «O no hay ley, razón, ni justicia, ó la grandeza», etc.; «O yo no he visto gente virtuosa en mivida, ó la de aquel lugar lo es.» 2.° El sentido de aunque: «No dijera el una mentira, si le asaetearan»; ponderación en que la hipótesis (que sigue siempre) suele ponerse en copretérito, sin embargo de hallarse la apódosis en futuro: «Ma de ser cosa muy de ver; á lo menos yo no dejaré de ir á verla si supiese no volver manana al lugar». (Cervantes); que es como decir: «No dejaré de ir á verla, ni dejaria de ir, si supiese», etc.; elipsis de que hoy se hace uso más ordinariamente con aunque. Pero á veces se construye este si con presente: «Andan por las florestas, sin hallar una misericordia de vino, si dan por ella un ojo». (Cervantes); esto es, aunque den. (t. II, pág. 231)
- En el diálogo familiar se hace en el dia frecuentisimo uso del condicional si, suprimiendo la apódosis, que puede facilmente colegirse del contexto, pero que no es siempre una misma: (t. II, pág. 232)
«¿Que respuesta? ¿ la lnesita? (t. II, pág. 232)
Si acabo de entrar»... (t. II, pág. 232)
(MORATIN.) (t. II, pág. 232)
Equivale á decir; si acabo de entrar, ¿como puedo tener la respuesta, ni saber de la Inesita? (t. II, pág. 232)
.. «Calla; Déjale hablar.—Si mi amo Está diciendo patranas, Si suenas... (t. II, pág. 233)
(MORATIN.) (t. II, pág. 233)
Esto es, si mi amo estó diciendo patranas, si suena, ¿como he de dejarle hablará 2. Puede tambien callarse la apódosis cuando hay una serie de oraciones condicionales, en cada una de las cuales fuera dado suplirla con las palabras de la hipótesis; y. g., «Como le toma el cuerpo el impetu celestial, se queda siempre; si sentado, si las manos abiertas, si cerradas». (Santa Teresa); esto es, si sentado, sentado, etc. ff. Si bien: frase adverbial relativa. Su sentido es semejante al de aunque, y se usa en el como su simple si: «Pedidme lo que gustareis, que yo os juro de dároslo, si bien me pidiesedes una guedeja de los cabellos de Medusa, que eran todos culebras». (Cervantes). (t. II, pág. 233)
gg. Sino: conjunción. Lo más ordinario es que le preceda no u otra palabra negativa: «No voy al paseo, sino al teatro»; «No le tientan las riquezas, sino las distincjopes y honores»; «No corre, sino vuela». Vemos en estos ejemplos elementos análogos ligados por sino; ya sujetos (rique 4as, distinciones y honores), ya complementos (al paseo, al teatro), ya verbos (corre, vuela). Mas á veces se calla el primero de los elementos ligados, porque lo sugiere fácilmente el sentido: «No hacia sino mirarle y remirarle». (Cervantes); nada, sino: Asi no quiero sino, es no quiero nada, no quiero otra cosa, sino. De la misma manera: «No se oia CXXIX sino el rumor de las hojas», nada u otra cosa, sino; «No se vió el sol, sino entre nuhes», de piodo al guno, sino. Mas aqui se debe recordar que si se ligan con esta conjunción dos sujetos, y se calla el primero, concierta el verbo necesariamente con el segundo: «No se oia sino el rumor de las hojas»; «No se oian sino lamentos». (t. II, pág. 233)
- En las oraciones interrogativas de negación implicita es naturalisimo el uso del sino: «¿Qué puede esperar sino la muerter»; « Quien hubo de ser sino su propio hijo?; «Donde habia de hallar seguridad sino entre los suyos?». Este uso no se diferencia del anterior, porque en el sentido de negación implicita qué es nada; quien, nadie, donde, en ninguna parte, etc., (391). Y tambien puede ocurrir en el la elipsis del primer clemento ligado; « Hizole por ventura sino beneficios?», que es como si, quitada la interrogación, se dijese: «No le hizo sino beneficios»; otra cosa, sino. 2. Hay oraciones negativas en que el sino redunda mapifiestamente: No dudo sino que, por No dudo que; No se me puede quitar del pensamiento sino que, por No se me puede quitar del pensamiento que. Con esta construcción se hace decir al sino lo contrario de lo que debjera; pues no dudo sino que significa propiamente la sola cosa que dudo es que. Este pleonasmo es de poco uso en el dia, y vale mas evitarlo. (t. II, pág. 234)
- Sino toma á veces la significacion de menos ó excepto: «Todos aproyechan, sino yo»; «Respondió el negro que todos escuchaban, sino su senorita que quedaba durmiendo». (Cervantes); «Tras todos estos venia un bombre de muy buen parecer, sino que al mirar metia el un ejo en el otro». (Cervantes). (t. II, pág. 234)
- Cuando sino liga dos oraciones (como en el ultimo ejemplo), le solemos juntar el anunciativo que. Lo cual, sin embargo, no se practica ordinariamente cuando la segunda consta de muy pocas palabras; pareceria pues algo ocioso este que en «No corre, sino que vuela». En sino que por menos que ó excepto que es necesario el anunciativo. 5. Sino que toma tambien á veces el sentido de pero: «Paso, Senor» (dice una dama á un caballero que alababa su canto): «á quien habrá oido las voces celebres que hay en esta gran ciudad, habrále parecido la mia muy mal; sino que es de pechos nobles favorecer humildades y darles mayor honor que tienen meritos». (Castillo Solórzano). 6. Pero y mas, despues de la frase no solo, pueden sustituirse á sino, y entonces suele juntarseles tambien ó aun, como al mismo sino: «No solo estaba dispuesto á complacer á sus amigos en cuanto le pedian, sino que» ó «masx ó amas tambiens ó xmas aun», se anticipaba á sus deseos». (t. II, pág. 235)
- No se debe confundir, como lo ha hecho Garces (de quien hemos tomado algunos de los ejemplos precedentes), la conjunción sino con la frase si no, que se compone del adverbio relatiyo y condicional si, y el adverbio negativo no, y en que cada uno de esos elementos conserva su significado propio, y figura como palabra distinta: «Dijole que se rindiese; si no, que le cortaria la cabeza». (Cervantes); «Ha sido ventura el hallaros; si no para dar remedio á vuestros males, á lo menos para darles consejo». (El mismo). Es facilisimo distinguir el sino del si no, ya por el acento agudo con que en este debe pronunciarse el no, ya porque entre los dos elementos de que este consta, se puede intercalar otra palabra ó frase (si acaso no, si ya no); todo al contrario de lo que sucede en el uso moderno de la conjunción sino: (t. II, pág. 235)
«Estas quimeras, estas invenciones tuyas, te han de salir al rostro un dia, Si más no te mesuras y compones.» (t. II, pág. 236)
(CERVANTES.) (t. II, pág. 236)
«El se guardará bien de eso, si ya no quiere hacer el mas desastrado fin que padre hizo en el mundo». (El mismo) (1). (t. II, pág. 236)
hh. Ya, adverbio de tiempo. Ya que, luego que; y tambien, supuesto que: «Esta, ya que no es Lucinda, no es persona humana, sino divina». (Cervantes). ls raro, y enteramente poetico, signifjcando en otro tiempo, en contraposición á lo presente. «Grandeza de un duque ahora, Titulo ya de marques.» (t. II, pág. 236)
(GNGORA, citado por SALVA.) (t. II, pág. 236)
(¦) Vemos separados los dos elementos de si no en algunas expresiones proverbiales, como en ayunas si de pecar no, que traen Cervantes y otros. Antiguamente era de mucho más uso esta separación, como se ve en los ejemplos siguientes del Amadis: «Despues de Dios otro reparo si el suyo» (de Amadis) «no tenian»; «Hále tanto menester» (á Amadis Urganda la desconocida) «que, si por el no, por otro ninguno no puede cobrar lo que mucho desea». FIN DE LA GRAMATICA (t. II, pág. 236)