Prólogo
Texto leído por máquina (OCR) y troceado por reglas: no es una edición crítica. Medido contra cinco trozos de media página copiados a mano en la imagen, se equivoca en un 1,99 % de las letras. Es la Gramática en las Obras completas de Bello (Madrid, dos tomos, 1903 y 1905), en la ortografía de la Academia, que le pusieron los editores (lo dicen en la nota del final del t. I). Cada párrafo dice su tomo y su página. Las notas de Cuervo van al final del t. II, aparte: lo que dicen es de Cuervo, no de Bello. Lo leyó una sola máquina, sin voto, y se le escapan muchas tildes y eñes. Cada párrafo dice su página; las que el libro no numera (los preliminares, el índice), la hoja del escaneo. Cómo está hecho.
AUNQUE en esta Gramática hubiera de seado no desviarme de la nomencla 8 tura y explicaciones usuales, hay puntos en que me ha parecido que las prácticas de la lengua castellana podian representarse de un modo más completo y exacto. Lectores habrá que califiquen de caprichosas las alteraciones que en estos puntos he introducido, ó que las imputen á una pretensión extravagante de decir cosas nuevas: las razones que alego probarán, á lo menos, que no las he adoptado sino despues de un maduro examen. Pero la prevención más desfavorable, por el imperio que tiene aun sobre personas bastante instruidas, es la de aquellos que se figuran que en la gramática las definiciones inadecuadas, las clasificaciones mal hechas, los conceptos falsos, carecen de inconveniente siempre que por otra parte se expongan con fidelidad las reglas á que se conforma el buen uso. Yo creo, con todo, que esas dos cosas son inconciliables; que el uso no puede exponerse con exactitud y fidelidad sino analizando, desenvolviendo los CXI principios verdaderos que lo dirigen; que una logica severa es indispensable requisito de toda ensenanza, y que en el primer ensayo que el entendimiento hace de si mismo es en el que más importa no acostumbrarle á pagarse de meras palabras. (t. I, pág. 1)
El habla de un pueblo es un sistema artificial de signos, que bajo muchos respectos se diferencia de los otros sistemas de la misma especie; de que se sigue que cada lengua tiene su teoria particular, su gramática. No debemos, pues, aplicar indistintamente á un idioma los principios, los términos, las analogias en que se resumen bien ó mal las prácticas de otro. Esta misma palabra idioma (I) está diciendo que cada lengua tiene su genio, su fisonomia, sus giros; y mal desempenaria su oficio el gramático que, explicando la suya, se limitara á lo que ella tuviese de comun con otra, ó (todavia peor) que supusiera semejanzas donde no hubiese más que diferencias, y diferencias importantes, radicales. Una cosa es la gramática general, y otra la gramática de un idioma dado: una cosa comparar entre si dos idiomas, y otra considerar un idioma como es en si mismo. ¿Se trata, por ejemplo, de la conjugación del verbo castellano? Es preciso enumerar las formas que toma, y los significados y usos de cada forma, como si no hubiese en el mundo otra lengua que la castellana; posición forzada respecto del nino, á quien se exponen las reglas de la sola lengua que está á su al (1) En griego peculiaridad, naturaleza propia, lndole caracteristica. (t. I, pág. 2)
cance, la lengua nativa. Este es el punto de vista en que he procurado colocarme, y en el que ruego á las personas inteligentes, á cuyo juicio someto mi trabajo, que procuren tambien colocarse, descartando, sobre todo, las reminiscencias del idioma latino. (t. I, pág. 3)
En Espana, como en otros paises de Europa, una admiración excesiva á la lengua y literatura de los romanos dió un tipo latino á casi todas las producciones del ingenio. Era esta una tendencia natural de los espiritus en la época de la restauración de las letras. La mitologia pagana siguió suministrando imágenes y simbolos al poeta, y el periodo ciceroniano fue la norma de la elocucion para los escritores clegantes. No era, pues, de extranar que se sacasen del latin la nomenclatura y los cánones gramaticales de nuestro romance. (t. I, pág. 3)
Si como fue el latin el tipo ideal de los gramáticos, las circunstancias hubiesen dado esta preeminencia al griego, hubieramos probablemente contado cinco casos en nuestra declinación en lugar de seis, nuestros verbos hubieran tenido no sólo voz pasiva, sino voz media, y no habrian faltado aoristos y paulo-post-futuros en la conjugacion castellana (1). (t. I, pág. 3)
Obedecen, sin duda, los signos del pensamiento á ciertas leyes generales que, derivadas de aquellas á que está sujeto el pensamiento mismo, dominan á todas las lenguas y consti (1) Las declinaciones de los latinizantes me recuerdan el proceder artistico del pintor de hogano, que por parecerse á los antiguos maestros ponia golilla y ropilla á los personajes que retrataba. (t. I, pág. 3)
tuyen una gramática universal. Pero si se exceptua la resolución del razonamiento en proposiciones, y de la proposición en sujeto y atributo; la existencia del sustantivo para expresar directamente los objetos, la del verbo para indicar los atributos, y la de otras palabras que modifiquen y determinen á los sustantivos y verbos, á fin de que, con un numero limitado de unos y otros, puedan designarse todos los objetos posibles, no sólo reales sino intelectuales, y todos los atributos que percibamos ó imaginemos en ellos; si exceptuamos esta armazón fundamental de las lenguas, no vco nada que estemos obligados á reconocer como ley universal de que á ninguna sea dado eximirse. El numero de las partes de la oración pudiera ser mayor ó menor de lo que es en latin ó en las lenguas romances. El verbo pudiera tener generos, y el nombre tiempos. ¿Qú cosa más natural que la concordancia del verbo con el sujeto? Pues bien, en griego era, no sólo permitido, sino usual concertar el plural de los nombres neutros con el singular de los verbos. En el entendimiento dos negaciones se destruyen necesariamente una á otra, y asi es tambien casi siempre en el habla, sin que por eso deje de haber en castellano circunstancias en que dos negaciones no afirman. (t. I, pág. 4)
No debemos, pues, trasladar ligeramente las afecciones de las ideas á los accidentes de las palabras. Se ha errado no poco en filosofia suponiendo á la lengua un trasunto fiel del pensamiento, y esta misma exagerada suposicion ha extraviado á la gramática en direccion contraria; unos argüian de la copia al original; otros del original á la copia. En el lenguaje, lo convencional y arbitrario abraza mucho más de lo que comunmente se piensa. Es imposible que las creencias, los caprichos de la imaginación, y mil asociaciones casuales, no produjesen una grandisima discrepancia en los medios de que se valen las lenguas para manifestar lo que pasa en el alma; discrepancia que va siendo mayor y mayor á medida que se apartan de su comun origen. (t. I, pág. 4)
Estoy dispuesto á oir con docilidad las objeciones que se hagan á lo que en esta gramática pareciere nuevo; aunque, si bien se mira, se hallará que en eso mismo algunas veces no innovo, sino restauro. La idea, por ejemplo, que yo doy de los casos en la declinación es la antigua y genuina; y en atribuir la naturaleza de sustantivo al infinitivo, no hago más que desenvolver una idea perfectamente enunciada en Prisciano: «Vim nominis habet verbum infinitum; dico enim bonum est legere, ut si dicam bona est lectio.» No he querido, sin embargo, apoyarme en autoridades, porque, para mi, la sola irrecusable en lo tocante á una lengua es la lengua misma. Yo no me creo autorizado para dividir lo que ella constantemente une, ni para identificar lo que ella distingue. No miro las analogias de otros idiomas sino como pruebas accesorias. Acepto las prácticas como la lengua las presenta; sin imaginarias elipsis, sin otras explicaciones que las que se reducen á ilustrar el uso por el uso. (t. I, pág. 5)
Tal ha sido mi logica. En cuanto á los auxilios de que he procurado aprovecharme, debo citar especialmente las obras de la Academia (t. I, pág. 5)
Espanola y la gramática de D. Vicente Salva. He mirado esta ultima como el depósito más copioso de los modos de decir castellanos; como un libro que ninguno de los que aspiran á hablar y escribir correctamente nuestra lengua nativa debe dispensarse de leer y consultar á menudo. Soy tambien deudor de algunas ideas al ingenioso y docto D. Juan Antonio Puigblanch, en las materias filologicas que toca por incidencia en sus Opusculos. Ni fuera justo olvidar á Garces, cuyo libro, aunque solo se considere como un glosario de voces y frases castellanas de los mejores tiempos, ilustradas con oportunos ejemplos, no creo que merezca el desden con que hoy se le trata. (t. I, pág. 6)
Despues de un trabajo tan importante como el de Salvá, lo unico que me parecia echarse de menos era una teoria que exhibiese el sistema de la lengua en la generación y uso de sus inflexiones y en la estructura de sus oraciones, desembarazado de ciertas tradiciones latinas que de ninguna manera le cuadran. Pero cuando digo teoria, no se crea que trato de especulaciones metafisicas. El senor Salvá reprueba con razón aquellas abstracciones ideologicas que, como las de un autor que cita, se alegan para legitimar lo que el uso proscribe. Yo huyo de ellas, no solo cuando contradicen al uso, sino cuando se remontan sobre la mera práctica del lenguaje. La filosofia de la gramática la reduciria yo á representar el uso bajo las formulas más comprensivas y simples. Fundar estas formulas en otros procederes intelectuales que los que real y verdaderamente guian al uso, es un lujo que la gramática no há menester. Pero los procederes intelectuales que real y verdaderamente le guian, ó en otros terminos, el valor preciso de las inflexiones y las combinaciones de las palabras, es un objeto necesario de averiguación, y la gramática que lo pase por alto no desempenará cumplidamente su oficio. Como el diccionario da el significado de las raices, á la gramática incumbe exponer el valor de las inflexiones y combinaciones, y no sólo el natural y primitivo, sino el secundario y el metafórico, siempre que hayan entrado en el uso general de la lengua. Este es el campo que privativamente deben abrazar las especulaciones gramaticales, y al mismo tiempo el limite que las circunscribe. Si alguna vez he pasado este limite, ha sido en brevisimas excursiones, cuando se trataba de discutir los alegados fundamentos ideologicos de una doctrina, ó cuando los accidentes gramaticales revelaban algun proceder mental curioso: transgresiones, por otra parte, tan raras que seria demasiado rigor calificarlas de importunas. (t. I, pág. 6)
Algunos han censurado esta gramática de dificil y obscura. En los establecimientos de Santiago que la han adoptado se ha visto que esa dificultad es mucho mayor para los que, preocupados por las doctrinas de otras gramáticas, se desdenan de leer con atención la mia y de familiarizarse con su lenguaje, que para los alumnos que forman por ella sus primeras nociones gramaticales. (t. I, pág. 7)
Es, por otra parte, una preocupación harto comun la que nos hace creer llano y fácil el estudio de una lengua, hasta el grado en que es necesario para hablarla y escribirla correctamente. Hay en la gramática muchos puntos que no son accesibles á la inteligencia de la primera edad, y por eso he juzgado conveniente dividirla en dos cursos, reducido el primero á las nociones menos dificiles y más indispensables, y extensivo el segundo á aquellas partes del idioma que piden un entendimiento algo ejercitado. Los he senalado con diverso tipo, y comprendido los dos en un solo tratado, no solo para evitar repeticiones, sino para proporcionar á los profesores del primer curso el auxilio de las explicaciones destinadas al segundo, si alguna vez las necesitaren. Creo, además, que esas explicaciones no serán enteramente inutiles á los principiantes, porque, á medida que adelanten, se les irán desvaneciendo gradualmente las dificultades que para entenderlas se les ofrezcan. Por este medio queda tambien al arbitrio de los profesores el anadir á las lecciones de la ensenanza primaria todo aquello que de las del curso posterior les pareciere á propósito, segun la capacidad y aprovechamiento de los alumnos. En las notas al pie de las páginas llamo la atencion á ciertas prácticas viciosas del habla popular de los americanos, para que se conozcan y eviten, y dilucido algunas doctrinas con observaciones que requieren el conocimiento de otras lenguas. Finalmente, en las notas que he colocado al fin del libro me extiendo sobre algunos puntos controvertibles, en que juzgue no estarian de más las explicaciones para satisfacer á los lectores instruidos. Parecerá algunas veces que se han acumulado profusamente los ejemplos; pero sólo se ha hecho cuando se trataba de oponer la práctica de escritores acreditados á novedades viciosas, ó de discutir puntos controvertidos, ó de explicar ciertos procederes de la lengua á que creia no haberse prestado atención hasta ahora. (t. I, pág. 7)
He creido tambien que en una gramática nacional no debian pasarse por alto ciertas formas y locuciones que han desaparecido de la lengua corriente; ya porque el poeta y aun el prosista no dejan de recurrir alguna vez á ellas, y ya porque su conocimiento es necesario para la perfecta inteligencia de las obras más estimadas de otras edades de la lengua. Era conveniente manifestar el uso impropio que algunos hacen de ellas, y los conceptos erróneos con que otros han querido explicarlas; y si soy yo el que ha padecido error, sirvan mis desaciertos de estimulo á escritores más competentes para emprender el mismo trabajo con mejor suceso. (t. I, pág. 9)
No tengo la pretensin de escribir para los castellanos. Mis lecciones se dirigen á mis hermanos, los habitantes de Hispano-América. (t. I, pág. 9)
Juzgo importante la conservación de la lengua de nuestros padres en su posible pureza, como un medio providencial de comunicación y un vinculo de fraternidad entre las varias naciones de origen espanol derramadas sobre los dos continentes. Pero no es un purismo supersticioso lo que me atrevo á recomendarles. El adelantamiento prodigioso de todas las ciencias y las artes, la difusión de la cultura intelectual y las revoluciones politicas, piden cada dia nuevos signos para expresar ideas nuevas; y la introduccion de vocablos flamantes, tomados de las lenguas antiguas y extranjeras, ha dejado ya de ofendernos cuando no es manifiestamente innecesaria, ó cuando no descubre la afectación y mal gusto de los que piensan engalanar asi lo que escriben. Hay otro vicio peor, que es el prestar acepciones nuevas á las palabras y frases conocidas, multiplicando las anfibologias de que por la variedad de significados de cada palabra adolecen más ó menos las lenguas todas, y acaso en mayor proporción las que más se cultivan, por el casi infinito numero de ideas á que es preciso acomodar un numero necesariamente limitado de signos. Pero el mayor mal de todos, y el que, si no se ataja, va á privarnos de las inapreciables ventajas de un lenguaje comun, es la avenida de neologismos de construcción que inunda y enturbia mucha parte de lo que se escribe en América, y alterando la estructura del idioma, tiende á convertirlo en una multitud de dialectos irregulares, licenciosos, barbaros, embriones de idiomas futuros que, durante una larga elaboración, reproducirian en América lo que fue la Europa en el tenebroso periodo de la corrupción del latin. Chile, el Peru, Buenos-Aires, Méjico, hablarian cada uno su lengua, ó por mejor decir, varias lenguas, como sucede en Espana, Italia y Francia, donde dominan ciertos idiomas provinciales, pero viven á su lado otros varios, oponiendo estorbos á la difusión de las luces, á la ejecucion de las leyes, á la administración del Estado, á la unidad nacional. Una lengua es como un cuer po viviente; su vitalidad no consiste en la (t. I, pág. 9)
I1 constante identidad de elementos, sino en la regular uniformidad de las funciones que estos ejercen, y de que proceden la forma y la indole que distinguen al todo. (t. I, pág. 11)
Sea que yo exagere ó no el peligro, el ha sido el principal motivo que me ha inducido á componer esta obra, bajo tantos respectos superior á mis fuerzas. Los lectores inteligentes que me honren leyendola con alguna atención, verán el cuidado que he puesto en demarcar, por decirlo asi, los linderos que respeta el buen uso de nuestra lengua en medio de la soltura y libertad de sus giros; senalando las corrupciones que más cunden hoy dia, y manifestando la esencial diferencia que existe entre las construcciones castellanas y las extranjeras que se les asemejan hasta cierto punto, y que solemos imitar sin el debido discernimiento. (t. I, pág. 11)
No se crea que, recomendando la conservación del castellano, sea mi ánimo tachar de vicioso y espurio todo lo que es peculiar de los americanos. Hay locuciones castizas que en la Peninsula pasan hoy por anticuadas, y que subsisten tradicionalmente en Hispano-América: (t. I, pág. 11)
¿por qué proscribirlas? Si, segun la práctica general de los americanos, es más analógica la conjugación de algun verbo, ¿por que razón hemos de preferir la que caprichosamente haya prevalecido en Castilla? Si de raices castellanas hemos formado vocablos nuevos segun los procederes ordinarios de derivación que el castellano reconoce, y de que se ha servido y se sirve continuamente para aumentar su caudal, ¿qué motivos hay para que nos avergon cemos de usarlos? Chile y Venezuela tienen tanto derecho como Aragón y Andalucia para que se toleren sus accidentales divergencias cuando las patrocina la costumbre uniforme y autentica de la gente educada. En ella se peca mucho menos contra la pureza y corrección del lenguaje que en las locuciones afrancesadas, de que no dejan de estar salpicadas hoy dia aun las obras más estimadas de los escritores peninsulares. (t. I, pág. 11)
He dado cuenta de mis principios, de mi plan y de mi objeto, y he reconocido, como era justo, mis obligaciones á los que me han precedido. Señalo rumbos no explorados, y es probable que no siempre haya hecho en ellos las observaciones necesarias para deducir generalidades exactas. Si todo lo que propongo de nuevo no pareciere aceptable, mi ambición quedará satisfecha con que alguna parte lo sea, y contribuya á la mejora de un ramo de ensenanza que no es ciertamente el más lucido, pero es uno de los más necesarios. (t. I, pág. 12)