Notas de Rufino José Cuervo a la Gramática de Bello
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Los capítulos
- Nota 4 (al núm. 7), pág. 17 de las notas
- Nota 2 (al núm. 7), pág. 24 de las notas
- Nota 3 (al núm. 16), pág. 25 de las notas
- Nota 4 (al núm. 18), pág. 25 de las notas
- Nota 5 (al núm. 19), pág. 26 de las notas
- Nota 6 (al núm. 27), pág. 26 de las notas
- Nota 7 (al núm. 32), pág. 26 de las notas
- Nota 8 (al núm. 34), pág. 27 de las notas
- Nota 9 (al núm. 47), pág. 29 de las notas
- Nota 10 (al núm. 109), pág. 30 de las notas
- Nota 414 (al núm. 110), pág. 30 de las notas
- Nota 12 (al núm. 117), pág. 30 de las notas
- Nota 13 (al núm. 119), pág. 30 de las notas
- Nota 14 (al núm. 123), pág. 31 de las notas
- Nota 15 (al núm. 124), pág. 32 de las notas
- Nota 16 (al núm. 127), pág. 32 de las notas
- Nota 48 (al núm. 129), pág. 34 de las notas
- Nota 19 (al núm. 131), pág. 34 de las notas
- Nota 20 (al núm. 135), pág. 34 de las notas
- Nota 21 (al núm. 136), pág. 35 de las notas
- Nota 22 (al núm. 152), pág. 35 de las notas
- Nota 23 (al núm. 156), pág. 35 de las notas
- Nota 25 (al núm. 167), pág. 35 de las notas
- Nota 26 (al núm. 171), pág. 35 de las notas
- Nota 27 (al núm. 171), pág. 36 de las notas
- Nota 29 (al núm. 177), pág. 36 de las notas
- Nota 30 (al núm. 177), pág. 37 de las notas
- Nota 31 (al núm. 178), pág. 37 de las notas
- Nota 32 (al núm. 179), pág. 38 de las notas
- Nota 33 (al núm. 180), pág. 38 de las notas
- Nota 35 (al núm. 182), pág. 39 de las notas
- Nota 36 (al núm. 185), pág. 39 de las notas
- Nota 37 (al núm. 186), pág. 39 de las notas
- Nota 39 (al núm. 189), pág. 39 de las notas
- Nota 40 (al núm. 190), pág. 39 de las notas
- Nota 41 (al núm. 195), pág. 39 de las notas
- Nota 42 (al núm. 202), pág. 40 de las notas
- Nota 43 (al núm. 203), pág. 40 de las notas
- Nota 44 (al núm. 211), pág. 40 de las notas
- Nota 45 (al núm. 224), pág. 41 de las notas
- Nota 46 (al núm. 225), pág. 42 de las notas
- Nota 47 (al núm. 231), pág. 42 de las notas
- Nota 48 (al núm. 232), pág. 42 de las notas
- Nota 50 (al núm. 251), pág. 43 de las notas
- Nota 54 (al núm. 252), pág. 44 de las notas
- Nota 82 (al núm. 271), pág. 44 de las notas
- Nota 53 (al núm. 272), pág. 44 de las notas
- Nota 54 (al núm. 274), pág. 44 de las notas
- Nota 55 (al núm. 284), pág. 50 de las notas
- Nota 56 (al núm. 294), pág. 51 de las notas
- Nota 57 (al núm. 295), pág. 51 de las notas
- Nota 58 (al núm. 316), pág. 51 de las notas
- Nota 59 (al núm. 329), pág. 53 de las notas
- Nota 60 (al núm. 347), pág. 54 de las notas
- Nota 62 (al núm. 361), pág. 56 de las notas
- Nota 63 (al núm. 364), pág. 56 de las notas
- Nota 64 (al núm. 377), pág. 56 de las notas
- Nota 65 (al núm. 379), pág. 56 de las notas
- Nota 66 (al núm. 389), pág. 56 de las notas
- Nota 67 (al núm. 392), pág. 57 de las notas
- Nota 68 (al núm. 396), pág. 57 de las notas
- Nota 69 (al núm. 408), pág. 57 de las notas
- Nota 70 (al núm. 419), pág. 59 de las notas
- Nota 71 (al núm. 438), pág. 66 de las notas
- Nota 72 (al núm. 442), pág. 68 de las notas
- Nota 73 (al núm. 470), pág. 75 de las notas
- Nota 74 (al núm. 479), pág. 75 de las notas
- Nota 75 (al núm. 497), pág. 75 de las notas
- Nota 76 (al núm. 502), pág. 75 de las notas
- Nota 77 (al núm. 546), pág. 84 de las notas
- Nota 79 (al núm. 577), pág. 87 de las notas
- Nota 80 (al núm. 581), pág. 87 de las notas
- Nota 81 (al núm. 582), pág. 88 de las notas
- Nota 82 (al núm. 583), pág. 88 de las notas
- Nota 83 (al núm. 588), pág. 88 de las notas
- Nota 84 (al núm. 590), pág. 89 de las notas
- Nota 85 (al núm. 593), pág. 89 de las notas
- Nota 87 (al núm. 595), pág. 90 de las notas
- Nota 88 (al núm. 598), pág. 91 de las notas
- Nota 89 (al núm. 598), pág. 91 de las notas
- Nota 92 (al núm. 616), pág. 92 de las notas
- Nota 93 (al núm. 644), pág. 92 de las notas
- Nota 94 (al núm. 655), pág. 93 de las notas
- Nota 95 (al núm. 678), pág. 93 de las notas
- Nota 98 (al núm. 679), pág. 94 de las notas
- Nota 97 (al núm. 708), pág. 94 de las notas
- Nota 98 (al núm. 717), pág. 95 de las notas
- Nota 99 (al núm. 721), pág. 95 de las notas
- Nota 100 (al núm. 734), pág. 95 de las notas
- Nota 404 (al núm. 762), pág. 95 de las notas
- Nota 102 (al núm. 763), pág. 95 de las notas
- Nota 103 (al núm. 764), pág. 96 de las notas
- Nota 105 (al núm. 781), pág. 98 de las notas
- Nota 108 (al núm. 801), pág. 105 de las notas
- Nota 109 (al núm. 839), pág. 106 de las notas
- Nota 110 (al núm. 849), pág. 106 de las notas
- Nota 114 (al núm. 853), pág. 107 de las notas
- Nota 113 (al núm. 862), pág. 107 de las notas
- Nota 144 (al núm. 871), pág. 108 de las notas
- Nota 115 (al núm. 878), pág. 108 de las notas
- Nota 146 (al núm. 900), pág. 108 de las notas
- Nota 147 (al núm. 905), pág. 108 de las notas
- Nota 118 (al núm. 911), pág. 108 de las notas
- Nota 120 (al núm. 916), pág. 109 de las notas
- Nota 121 (al núm. 930), pág. 110 de las notas
- Nota 422 (al núm. 946), pág. 115 de las notas
- Nota 424 (al núm. 990), pág. 119 de las notas
- Nota 125 (al núm. 1000), pág. 119 de las notas
- Nota 126 (al núm. 1017), pág. 120 de las notas
- Nota 427 (al núm. 1018), pág. 120 de las notas
- Nota 128 (al núm. 1035), pág. 120 de las notas
- Nota 429 (al núm. 1051), pág. 120 de las notas
- Nota 130 (al núm. 1068), pág. 122 de las notas
- Nota 131 (al núm. 1071), pág. 122 de las notas
- Nota 132 (al núm. 1099), pág. 122 de las notas
- Nota 133 (al núm. 1100), pág. 122 de las notas
- Nota 434 (al núm. 1106-7), pág. 123 de las notas
- Nota 136 (al núm. 1137), pág. 125 de las notas
- Nota 139 (al núm. 1067), pág. 128 de las notas
- Nota 140 (al núm. 1177), pág. 128 de las notas
- Nota 444 (al núm. 1182), pág. 128 de las notas
- Nota 142 (al núm. 1182), pág. 129 de las notas
- Nota 143 (al núm. 1184), pág. 130 de las notas
- Nota 144 (al núm. 1214), pág. 131 de las notas
- Nota 145 (al núm. 1220), pág. 131 de las notas
- Nota 146 (al núm. 1242), pág. 132 de las notas
- Nota 147 (al núm. 1243), pág. 132 de las notas
- Nota 148 (al núm. 1261), pág. 132 de las notas
- Nota 149 (al núm. 1283), pág. 132 de las notas
- Nota 150 (a la pág. 344), pág. 133 de las notas
- Nota 451 (a la pág. 359), pág. 134 de las notas
Nota 4 (al núm. 7)
Examinados cuidadosamente los sonidos de una lengua literaria, ya dentro de ella misma, ya comparándolos con los de otras, resulta que su número es generalmente mucho mayor que el de los caracterés con que el uso los representa ; de suerte que cada signo, más que un sonido único y exclusivo, denota el tipo de una serie de sonidos más ó menos parecidos. Sin acudir á las lenguas extrañas, ni siquiera á las pronunciaciones provinciales, en nuestra habla común hay bastante diferencia en la d óla s según están en medio ó en fin de dicción, como en la j antes de a y de t. No sería pues exlraño que hubiese modificaciones expresadas por un sólo signo, más distantes entre sí que otras que representamos con signos distintos. Así, en rigor no siempre es exacto dar como número de los sonidos el número de letras, y por consiguiente es poco científico el llamado principio de escribir como se pronuncia, sin variar el alfabeto en cada localidad y de siglo en siglo. (pág. 17 de las notas)
El alfabeto, como cosa tradicional y heredada, tiene cierta fijeza que se aviene mal con la fluidez del lenguaje hablado ; de donde resultan conflictos entre la pronunciación y la escritura, tanto en razón de la diferencia de los lugares como en razón de la de los tiempos. Así, por ejemplo, la distinción entre 3 (ó c) y s, efectiva para los castellanos, no existe para muchos andaluces, valencianos, vascongados ni para la generalidad de los americanos, los cuales en realidad emplean tres signos para representar el sonido único de s. Lo que hoy sucede, sucedió en épocas anteriores. Fr. Juan de Córdoba (1503-1595) en su Arte en lengua zapoteca, México, 1578, escribe : «Los de Castilla la vieja dizen hacer y en Toledo haser; y dizen zugar y en Toledo jugar. Y dizen yerro, y en Toledo hterro. Y dizen alagar, y en Toledo halagar, y otros muchos vocablos que dexo por evitar prolixidad. »* Los burgaleses se distinguían también por trocar la b y la v, diciendo vien, vestia y bida, bino, según lo testilican el * García Icazbalceta, Bibliografía mexicana de! siglo XVI, pp. 226-7. (pág. 17 de las notas)
Dr. Busto (1533) y el helenista Vergara (1537). La uniformidad ortográfica que vemos en los libros se establece comúnmente sobre el uso de la capital, el cual también influye, aunque en grado infinitamente menor,en la pronunciación. (pág. 18 de las notas)
Para ver lo que pasa al comparar una época con otra, basta resumir brevemente la historia de nuestra pronunciación en sus relaciones con la ortografía ; lo que servirá además para mostrar cómo hemos sabido modificar la segunda al compás de la primera, á diferencia de lo que acontece en otras lenguas. (pág. 18 de las notas)
B, V. Los gramáticos de los siglos XV y XVI dicen que estas letras se pronuncian de distinta manera, si bien advierten que muchos las confundían ; los del siglo siguiente nos dicen que la confusión era ya general, y describen con precisión el sonido que ordinariamente reemplaza hoy á la b y la v, que no es ni la una ni la otra conforme se pronuncian en francés ó en italiano, sino la w del alemán de Hanóver (ó sea una bilabial fricativa). (pág. 18 de las notas)
La bastante regularidad que en el uso de estas letras nos ofrecen los monumentos literarios anteriores á la confusión dicha, es indicio de que con la misma regularidad se distinguieron algún tiempo en la pronunciación. Desde los albores de nuestra lengua hasta fines del siglo XVI se escribieron siempre con v (u) intervocal las voces que en latín tienen y ó b, y con 5 las que en latín tienen p.: mouer (movere), deuer (debere), lobo (lupum); después de (, r también se escribía generalmente v: poluo (pulvis), aluedrio (arbitrium). nieruo (nervum), barua (barba); en la inicial predominaba la b, aun contra el origen : barrer (verrere), boz (vocem), bodas (vota); en dos sílabas consecutivas se escribía por regla general primero b y después v: baua, biuir, biuora, baruasco. A principios del siglo XVII se tras - tornó completamente esta ortografía, y no hubo regla en el empleo de tales letras. (pág. 18 de las notas)
C, Z. A pesar de que los gramáticos coetáneos hablan de la diferente pronunciación de la c y la z, no es fácil atinar hoy con la verdadera, porque no conociéndose entonces la descripción fonética de los sonidos y habiendo divergencias provinciales entre los castellanos mismos, las explicaciones y comparaciones han de adolecer ó de vaguedades ó de inexactitudes que aun paran en contradicción de las unas El hecho consignado por el P. Córdoba se refleja con singular claridad en la ortografía de Santa Teresa, castellana vieja; la cual constantemente pone g intervocal en todas las palabras que los impresores de su tiempo escribian con z : dice, ace, desace, boces, racon, grandeca, luce, goya; y omite la h de hacer, hago, hallar, harto, hasta, huir, etc. Semejante conformidad me inclina á creer que la Santa representaba con la j el sonido de x, pues con aquel signo escribe siempre las voces dexar, le.cos, deba.rc, baxo, etc., lo mismo que mejor, ojo, juego, Jesus, jente, anjel, etc. Para esta observación me refiero á las ediciones en fac-símile de los autógrafos de la Vida y las Moradas, > ad con las otras. Los italianos identificaban la c á su 3, 33 áspera (marzo, succhero), y ellos como los españoles las igualaban en la rima : No hagais la vida estraña Con cuidados, Que no pueden ser-sobrados Por un tan poco embaraco ; Quanto mas que de allegados, Amigos, deudos, criados Cada qual toma un pedaco. (pág. 18 de las notas)
Nos llamamos loco y paco (pazzo) (pág. 19 de las notas)
A) contento, Y al que tiene pensamiento De descansar por tener. (pág. 19 de las notas)
(Torres Naharro, epist. VII.) (pág. 19 de las notas)
Ecco il valente Ulisse de PArcone (Alarcón), Col suo forte Tidide di Mendozza, * Che Pun con l'hasta batte il fier Maccone, L'altro la testa con la spada mozza. (pág. 19 de las notas)
(Bernardino Martiriano, Stanze di diverst auttort, 2a pte. p. 40, Venecia, 1589). (pág. 19 de las notas)
Otros la comparan á la pronunciación que los alemanes dan á la c y ála í latinas diciendo Tsttsero por Cicero, litsium por littum; yá: su vez se hallan transcritos con e nombres alemanes como Zwickau : Cuibica, Landshut: Lancuet. A pesar de todo esto no falta quien nos diga que corresponde á la c francesa de certain y citoyen, y el mismo que escribía Cuibica, Lancuet, escribe uncer, mecer las voces alemanas unser, messer. En cuanto á la z, los más dicen sonaba como la z, zz suave de los italianos (zefiro, azurro). A mediados del siglo XVI empezaron á confundirse las dos letras para quedar reemplazadas con la z actual en Castilla, al paso que en Andalucía se redujeron las dos á s sorda, y de ahi data la escisión que aun existe en la pronunciación del castellano. (pág. 19 de las notas)
Por lo que hace á la ortografía, era la z de raro uso en principio de dicción, hallándose especialmente en voces árabes que en su origen llevan 24: zaque, zarco ; eracomunísima y de uso forzoso al fin : paz, vez, matiz, andaluz; intervocal, fuera de algunas voces grecolatinas al tenor de bautizar, canonizar, la llevaban las populares que en su origen latino tienen c ó ce, ci, qu ó que, ch ó chi: hazer (facere), dezir (dicere), cozer (coquere), monaztllo (monachellus), * Il Signor Diego Urtado di Mendozza se lee en la dedicatoria de los Dialogi de: M. S. Speroni, Venecia, 1543 (y lo mismo en muchos otros libros); así que ésta era la ortografía fonética de Mendoga. A la inversa en los libros. españoles se escribia Abrugo (Abruzzo), Galeago (Galeazzo). (pág. 19 de las notas)
lizo (licium), lazo (laqueum), romaza (rumicem), corteza (corticem); antes ó después de consonante solo aparece por efecto de síncopa : donzella (* dominicella), salze (salicem), durazno (duracinus), diezmo (decimus); todo esto sin contar unas cuantas voces árabes que llevan 34 y otras de origen oscuro. La e (ó c antes de e, i) predominaba como inicial en voces latinas correspondiendo á la c, qu, ch de su fuente : cena (cena), cinco (quinque), cédula (schedula), 64 s: cafir (sapphirus), cerrar (serare), gueco (soccus); en voces arábigas correspondía á sad, sin: gáuila, cifra, cumaque; y además se empleaba en otras voces de etimología oscura ; como intervocal ocurría en voces eruditas ó sea tomadas intactas del latín por los doctos: sacrificio, oficio, especie ; representaba la s de sabe en quicá ; te, ti latino antes de vocal: placa (platea), maca (matea), y cualquier grupo de consonantes latinas de las cuales la segunda fuese c, ch ó t antes de e, i: acento (accentus), conocer (cognoscere), rociar (roscidus), cacar (*captiare), braco (bracchium), Vicente (Vincentius); además, las mismas letras árabes que en principio de dicción : alaracana, almohaca, fuera de otras palabras de origen oscuro; después de consonante era forzoso su empleo, excepto el caso de síncopa explicado arriba: entonces, lanca, fuerca*; y por el contrario nunca se usaba en fin de sílaba ó palabra. La distinción ortográfica de estos dos signos correspondiente á la de la pronunciación, perseveró desde los documentos de tiempo de Alfonso el Sabio hasta fines del siglo XVI, época en que empezaron á confundirse hasta el punto de que antes de cincuenta años reinaba la anarquía más completa. (pág. 20 de las notas)
S, SS. El uso de la s sencilla ó doble estaba regulado por la elimología (caso, passo). Igualmente á fines del siglo XVI comenzó á olvidarse esta distinción, que correspondía á la de la pronunciación, puesto que graves argumentos contribuyen á probar que entre massa y casa había la misma diferencia que en francés entre coussin y cousin, rosse y rose. (pág. 20 de las notas)
X, J, G, H. Representábase con la x el sonido de la shin árabe, ch francesa, sci italiana, sh inglesa y sch alemana. Según todas las probabilidades, la y antes de e, 1, y la j antes de a, o, u tenían hasta principios del siglo XVI la fuerza del árabe gim ó sea el italiano gi; á lo que dice el Tansilo (1510-1568), Se si nomina Paglio in lingua nostra, E l'ode lo spagnuol, dice a lui trovo ... (pág. 20 de las notas)
Se sente nomar l'aglio a lo spagnuolo 11 nostro, pargli udir comodo ed agío... (pág. 20 de las notas)
(Capitoli, XV; en B. Croce, La lingua spagnuola in Italia, p. 13). (pág. 20 de las notas)
* Como se ve, el caso de acento, conocer es idéntico al de enlonces, lanca. (pág. 20 de las notas)
1] 24 Pero desde mediados del mismo siglo fue igualándose á la ¡ francesa. Este nuevo sonido y el de la x no tardaron en confundirse, tal que á principios del siglosiguiente no había ya diferencia entre ellos, y, según Covarrubias (1611), no faltaba ya quien propusiera la sustitución de la x por la j antes de a, o, u y por la g antes de e, i." A tiempo que esto sucedía en el habla culta, apareció en la popular la conversión de x (6 sh) en aspiración, la cual hasta entonces se había representado con A, particularmente en voces latinas que tenían f* y en voces árabes. Aunque esta novedad hubo de ganar terreno rápidamente, todavía en el primer tercio del siglo XVII su exageración, á lo menos, era tenida por propia de los bravos de Sevilla. En un soneto de 1616 que trae Gallardo (Ensayo, IV, col. 1356), Escarramán, tipo del género, dice Hoan por Joan, Hoanes por Joanes, pelleho por pellejo, husto por justo, hiesta por fiesta, tollohtas por teologias; y en el entremés de La cárcel de Sevilla, impreso en 1617, se lee baraha, barahe por baraja, baraje (ib. I, cols. 1375, 1376). Quevedo nos cuenta en el Buscón (1626) que aleccionando Matorral á su héroe sobre cómo debía haberse con los buenos hijos de Sevilla, le decía : « Y haga vucé de la g, h, y de la h, yg: diga conmigo: gerida, mogino, gumo [jumo]; Pahería, mohar, habalt, y harro de vino » (1, 10); lo cual prueba que, coexistiendo las dos pronunciaciones sin estar deslindadas todavía, el vulgo se enredaba y las empleaba arbitrariamente, hecho conocido en la historia del lenguaje. Mediado el siglo, ya la j, y se empleaba para denotar la aspiración, prueba de que su antiguo valor había desaparecido. “* El siguiente pasaje de Cascales en sus Cartas filológicas (IT, 4), cuyo privilegio lleva la fecha de 1627, comprueba el estado coetáneo de la pronunciación en conformidad con lo que hasta aquí llevamos dicho: « La:r y la s en principio de parte suena tanto como dos en medio, como ramo, sabio, parra, massa. Una en medio tiene sonido más tenue, y dos más fuerte, como marquesa, condessa, casa, escassa. Pero si la r ó la ¿en medio de parte se ponen tras de alguna consonante, suena tanto sencilla como si fuera doble ; y tras de consonante no se ha de poner doble, como Enrique, inmensa; y no se ha de escribir Enrrique ni inmenssa... La j tiene diferente pronunciación que la x, porque trabajo, Cornejo, hijo más fuerte y robustamente se pronuncian que baxo, dixo, lexos; porque para aquéllos ” Que en el Quíxote (1605), la x representaba su antiguo sonido, lo da á entender el amezi del cap. xLi, que en árabe se escribe con shin. Los editores modernos, con el acierto que suelen, han puesto amej. , ** Alfonso de Ulloa en su edición de la Silva de varia lecion de Pero Mejia (Venecia, 1553) dice : « Al discreto Lector se auisa que no pronuncie las haspiraciones (digo por declararme mas la letra A.) sino en aquellos nombres y uerbos que los Latinos acostumbran escreuirlos con f. » ** Por ejemplo, en el Parnaso de Quevedo, edición de 1650, se lee: jablar nogino, gijo (pp. 253-4). (pág. 21 de las notas)
se juntan y aprietan los dientes, y para éstos no se llegan... La c y la z son de diferente pronunciación, como cabeca, pieca, calabaca, calaboco; grandeza, pureza, extrañeza. Y la b y la v también, como alcoba, lobo, bota, bestía, etc.; voto, uva, vano, verdad, veraz, etc. De aquí viene que dixo y hijo no son consonantes, ni trabajo y bazo, ni cabeca y grandeza, ni marquesa y condessa... yerros pueriles, pero dignos de gran pena en poetas célebres y doctos. Hallo en esta parte á los poetas españoles con oído tan boto y obtuso, que apenas sienten las dichas diferencias. » El examen de las consonancias demuestra que en tiempo de Cascales se confundían constantemente estas letras, argumento de que en la pronunciación común sucedía lo mismo; mas no había sido así siempre. Tomemos como tipos de rimas con e abraca, caca y placa, cabeça, pieca y tropieca, roca, choca y broça, moco, boco y solloco ; de rimas con z, lazo, porrazo y ramalazo, alteza, crueza y dureza, ceniza, atiza y fisculiza, castizo, pajizo y granizo; de rimas con s, casa, rasa y brasa, pesa, mesa y duquesa, seso, queso y beso, quiso, aviso y paraiso, quexoso, hermoso y esposos de rimas con ss, passa, tassa y escassa, passe, juntasse y sonasse, essa, priessa y confiessa, esse, cesse y fuesse, esso, huesso y aviesso ; de rimas con x, abaxo y traxo, dexa y quexa, coxo y floxo, truxo y reduxo; y de rimas con j, paja, cuaja y baraja, boscaje, linaje y salvaje, trabajo, cancajo y atajo, consejo, bermejo y caballejo, hija y vasija, hijo, rijo y aflijo, hoja, enoja y escoja, ojo, despojo y enojo. Pues bien, en las obras de Garcilaso, en las rimas de Castillejo y Fernando de Herrera no se halla ejemplo como cabeca ó empieca rimados con belleza ó alteza, de esso con peso, de hijo con dixo; en las obras que tengo á la mano de Juan de la Encina no hallo otra infracción que Parnasso con Pegaso, Naso, caso; en las Eglogas y farsas de Lucas Fernández dixe con rige y crucifige (latín); en Boscán Varcisso con paraiso, Parnasso con vaso y caso, enoja <on congoxa, aveze con pese; en Acuña lexos y consejos ; en Cetina Parnasso con caso, ocaso, vaso; en Hurtado de Mendoza cabega y empieca con belleza, consejas con quexas, consejos con lexos; en Baltasar de Alcázar beso con gruesso, Narcisso con quiso, certeza con cabeca, consejos con lexos; en veintiún cantos de la Araucana passo con caso, passa con casa, raso con passo, seso con huesso, priessa con represa, dos veces promessa con empresa, y baraja con baxa, desencaza. Pero llegando á Cervantes, Lope y Góngora las infracciones son frecuentísimas, ó mejcr dicho no se halla distinción alguna. (pág. 22 de las notas)
Desdela primera mitad del siglo pasado la Academia Española ha ido remediando el desorden ortográfico que sin mermar reinaba todavía al tiempo de su fundación (1713) y acercándose cada día más á la escritura fonética. Para regularizar el uso de la b y la v tomó como base, aunque no con rigurosa consecuencia, la etimología, que era acaso lo único que podía hacerse supuesta la vacilación que hay en la pronunciación de dichas letras. Esto hizo en el Diccionario de Autoridades (1726) y lo ratificó en la Ortografía (1741) ; ahí mismo desechó la e y determinó el empleo de la c y la z. En la 3+*. edición de la Ortografía (1763) abolió la duplicación de la s; en la 42. del Diccionario (1803) desterró la h de christiano, la ph de phtlosopho, y dio á la ch y la ll el lugar y orden de letras distintas ; en la 8s. de la Ortografía (1815) escribió cuatro, cuestor por quatro, qúestor, decidió que en adelante no se emplease la x con el valor gutural de j, que antes tenía en dixo, y le adjudicó el de la combinación cs (que solo por pedantería se usaba en el siglo XVI), quedando por consiguiente abolido el uso de la capucha ó acento circunflejo que en 1741 había preceptuado se pusiese á la vocal siguiente cuando la x había de pronunciarse á la latina: exámen, exórbitante, reflexion; y separó las funciones de la ¿ y de la y, con algunas excepciones « por ahora » (rey, va y viene); en la 123, edición del Diccionario (1884) considera la rr como letra indivisible, semejante á la ll, mas no le da todavía lugar propio en el orden alfabético. * Nuestra ortografía y nuestra prosodia presentan además el conilicto entre el lenguaje popular y el erudito. Al romanzarse las voces latinas se simplificaron los grupos de consonantes, ya produciendo nuevos sonidos, ya eliminando alguno : pectus: peilo: petyo: pecho ; oculus: oclus: otlo: olyo: ojo; signa: segna: seina: senya: seña ; obscurus: oscuro: escuro ; instrumentum: istrumentum: estrumente: estormento; estas voces corresponden al primer lecho ó estrato de la formación del castellano. Delictum: delito; signum: sino, pasaron al lenguaje común por medio de los eruditos, pero el pueblo no los aceptó sin aligerarlos, como hacía y hace hoy con innumerables palabras al estilo de adatar, adotar, afeción, aflición, dotor, dotrina. Las consonancias y multitud de ediciones dejan ver que nuestros mayores decían dino, indino, benino, aceta, preceto, afeto, Egtto, afeción, sinificar; baste remitir al lector á lo que sobre la ortografía y pronunciación de Santa Teresa advierte D. Vicente de la Fuente (R. 53. (pág. 22 de las notas)
xvi). ” Es sin duda que, consiguiente al hábito de escribir en latín, * Esta nota resume las Disquisiciones sobre antigua ortografia y pronunciación castellanas, que publiqué en la Revue Hispanique, t. Il, pp. 1-69, donde se hallan los comprobantes necesarios; aqui he añadido algunos que se me han deparado después. (pág. 23 de las notas)
** Valdés, practicando una regla de Nebrija, decia en la primera mitad del siglo XVI: « Cuando escribo para castellanos y entre castellanos, siempre quito la g, y digo sinificar y no significar, manífico y no magnífico, dino y no digno; y digo que la quito, porque no la pronuncio. » D. Antonio Agustín escribía á Zurita en 1578 : « En las orthographias y puntos V. M. hará lo que mandare; a mi mal me parece que se escriva de una manera y se hable de otra, como en la lengua francesa; y pues ninguno dize scripto, ni .docto, ni sciencia, ni presumpcion, no hay para qué escrivillo. » Por todo lo cual se ve la sinrazón con que los preceptistas llaman licencias poéticas á estas pronunciaciones naturales de nuestros antiguos poetas. (pág. 23 de las notas)
la escritura etimológica provocó entre los eruditos la pronunciación de letras que popular y familiarmente ni se pronunciaban ni se pronuncian hoy, de que resultó la divergencia que significó en estos términos la Academia en el Discurso proemial del Diccionario de Autoridades : « Aun entre los más preciados de verdaderos y legítimos castellanos tampoco hay igualdad en el modo de pronunciar, porque lo que unos profieren con toda expresión, diciendo acepto, lección, lector, doctrina, propriedad, satisfacción, doctor, otros pronuncian con blandura, y dicen aceto, leción, letor, dotrina, propiedad, satisfación, dotor; unos especifican con toda claridad la letra zw en los vocablos que la tienen por su origen, y dicen expresión, exceso, explicación, exacto, excelencia, extravagancia, extremo, y otros en unas palabras la mudan en c y en otras en s, diciendo ecceso, eccelencia, espresión, esplicación, esacto, estravagancia, estremo ; unos expresan las consonantes duplicadas en varias voces, diciendo accento, accidente, annata, innocencia, commoción, commutación, y por el contrario otros no las usan, y dicen acento, acidente, anata, inocencia, comoción, comutación, de suerte que es innegable la variación y diversidad en la pronunciación. » La Academia, haciendo concesiones al uso popular, como no podía menos de hacerlas, se ladeó á la manera de hablar erudita; pero no tardó en reconocer que pronunciaciones como substancia, obscuro, extranjero, extraño, transponer pecaban de ásperas y afectadas, y en la cuarta edición del Diccionario (1803), atendió al uso popular, y lo sancionó otra vez el año de 1815 en la Ortografía. Posteriormente volvió sobre sus pasos, y en los últimos tiempos llega á dar la preferencia á obscuro, substancia sobre oscuro, sustancia. No creo que haya casa alguna en que se diga caldo substancioso : semejante afectación es contraria al genio de nuestra lengua. (pág. 24 de las notas)
Nota 2 (al núm. 7)
La división de las vocales en llenas y débiles no tiene aplicación práctica sino cuando se trata de la manera como se combinan entre sí para la formación de las sílabas. Vocales que pueden agregarse á otras sin formar sílaba de por sí, son débiles 6 medio vocales, y desempeñan las funciones de una consonante; ai, oí, ta, uo son comparables á al, on, la, no. En castellano las vocales «débiles por excelencia son ti, u; pero e, o tienen también á veces este carácter, como al pronunciar beatitud y coartada en tres sílabas, cae y nao en una. * Cuando las vocales débiles preceden (caso á que muchos autores de fonética reservan el nombre de medio vocales), es más perceptible el oficio de consonante, tal que se allegan al sonido de yla una y de y la otra, y en el lenguaje vulgar se confunden realmente, como que la gente inculta pronuncia yelo, gúeso por * Véase Caro, Ortol. y Métr. de Bello, apénd. VI, reglas 12 y 13. (pág. 24 de las notas)
hielo, hueso. Los gramáticos dicen que en casos tales la h parece representar un sonido consonante; mas por lo dicho es de creerse que quedaría expuesto el hecho con mayor exactitud diciendo que en estas combinaciones iniciales tiene la vocal débil valor de consonante, y que esta circunstancia se señala con la A. En hueste tiene la u fuerza de consonante, en ueste (lo mismo que oeste) forma sílaba de por sí y es vocal neta. (pág. 25 de las notas)
Nota 3 (al núm. 16)
Yasea por efecto de una elección arbitraria como la que apropió á sonidos peculiares del romance los signos ya existentes ñ, ll, ch, ya por casual coincidencia que de dos fes (17) produjo un signo nuevo semejante en la forma á la y llamada griega, ello es que desde la época más remota tal signo aparece en nuestra lengua desempeñando con más ó menos regularidad ciertas funciones de la i: 12, como consonante : ayuntar, yo, vaya; 2*. como medio vocal formando diptongo con una vocal precedente : ay, coyla ; 3=. cuando llevaba cierta énfasis por formar palabra ó sílaba de por sí: y, hy, yba, cay, parayso, ayna, traydor, rey.* En suma era la y una : enfática, ó doble, si se quiere, á semejanza de la y francesa entre dos vocales. Esta tradición es la que conservamos hoy al escribir hay, va y viene. Pero ni este uso fue general ni le han faltado contradictores. En el poemita dramático de los Reyes Magos no se halla la y ni como vocal ni como consonante y en manuscritos posteriores no hay uniformidad completa. Aldrete en sus Antigüedades de España dice que se ha notado por cosa particular y extraordinaria que de su libro del Origen de la lengua castellana (1606) se halle desterrado el ypsilon ; efectivamente, en ninguna delas dos obras se halla la y sino en voces de origen griego como Dionysio, Hieronymo, pues siempre escribía el autor cuio, concluie, huiendo. Esta es una buena muestra de la ceguera que puede causar la erudición, y semejante ejemplo no ha podido perjudicar á la causa de esta letra. Sus enemigos temibles son los que han querido utilizar los dos signos i, y para distinguir oficios diversos, apropiando el primero exclusivamente para las funciones de vocal y el segundo para las de consonante. El deseo creciente cada día en los pueblos que hablan castellano de acomodarse á un solo tipo al hablar y al escribir, puede, amortiguando la sed de reformas, conservar indefinidamente el empleo de la y como vocal, pero no es difícil que algún día desaparezca. (pág. 25 de las notas)
Nota 4 (al núm. 18)
Dice Bello que silabas son los miembros ó fracciones de cada palabra, separables é indivisibles. Gramática, advierte, consta de cuatro miembros indivisibles : gra-má-ti-ca; y si quisiéramos dividir cada uno de éstos en otros, no podríamos, sin alterar ú * Véase Romania, IX, 11. (pág. 25 de las notas)
oscurecer algunos de los sonidos componentes, así, del miembro gra, pudiéramos sacar el sonido a, pero quedarían oscuros y difíciles de enunciar los sonidos gr. Cambiemos el ejemplo: grueso tiene dos sílibas: grue-so; de la primera grue podemos separar la e, quedando los otros sonidos perfectamente pronunciables. Es todavía mayor el inconveniente de llamar á las sílabas frac ¡ones ó miembros, pues á las voces monosílabas como yo, ley, Dios, no es aplicable semejante denominación. Por todo esto es preferible la definición vulgar de sílaba : una ó más letras que se pronuncian en una sola emisión ó: golpe de voz. (pág. 26 de las notas)
Nota 5 (al núm. 19)
La regla de no poner al principio de sílaba sino letras ó combinaciones de letras que puedan principiar dicción, es en general exacta; pero aplicarla como lo hizo Salvá á la r y después Bello á la misma y á la x, no puede hacerse sin objeción. Sea la primera un argumento ad hominem que agudamente propone el señor Caro (Ortología y métrica de Bello, pág. 24): si dividimos /r-iarte, conrxtón, tendremos en principio de sílaba las combinaciones ja, o, con que no comienza voz alguna castellana; en segundo lugar, y es también observación del mismo señor Caro, no es fácil pronunciar y suave en principio de palabra aislada, pero sí en principio de sílaba apoyada por la precedente, y cualquiera puede pronunciar y silabear Pa-ris, a-ro-ma, i-ríamos; cuanto más que al agregar á la vocal precedente la r se desvirtúa la pronunciación, porque se articulan de diversa manera la r final de palabra y la inicial de sílaba (ubi supra, pág. 21). Finalmente, si ha de dividirse a-tlántico (silabeocontrario á la pronunciación usual y á la doctrina de la Academia). porque hay Tlascala, con más razón podrá silabearse cone-xión, a-cioma, supuesto que la x inicial nada tiene de contrario á nuestra pronunciación, antes en el lenguaje científico se usan voces tomadas. del griego como xifoides, rilografía; recuérdese además que la pronunciación actual de la x siempre ha pertenecido al habla erudita. (pág. 26 de las notas)
Nota 6 (al núm. 27)
Siguiendo las huellas de idiomas en que la r” es. verdaderamente letra doble, se ha usado en castellano dividir guer-ra ; pero ya la Real Academia ha dado su fallo en contra de esta irregularidad, y sancionado la práctica de nuestro Autor, dividiendope-rro. ca-rreta. Hay también una anomalía insignificante en el usode la ch y la ll, pues al paso que las dos partes de la letra van en mayúscula al escribir MUCHO, FALLO. sólo la primera va en dicha. forma en casos como Chile, Llaguno. (pág. 26 de las notas)
Nota 7 (al núm. 32)
Por el acento se realza una sílaba entre las demás de una palabra, ó una sílaba que de por sí forma palabra entre otras sílabas inmediatas. Esto se consigue ó aumentando la expiración con. que producimos el sonido ó alzando el tono; el primer acento, llamado de intensidad ó expiratorio, es el que conocemos en castellano y en las más de las lenguas europeas modernas; el segundo acento, de entonación ó tónico, cromático ó musical, era característico del griego, del sánscrito, así como lo es de varias lenguas asiálicas, especialmente del chino, y aun lo emplean á veces con delicadeza el sueco, el servio y el lituano. Puede decirse que en general todas las lenguas combinan las dos cosas, pero en proporciones tan diferentes, que sólo la una se loma como característica; de manera que al definir nuestro acento debemos caracterizarlo por la mayor intensidad,' mientras que, tratándose del griego, hemos de hacerlo por la mayor elevación del tono. No es pues de admirar que al describir el acento castellano, lo mismo que en otros puntos de nuestra prosodia y métrica, haya producido notables errores la irreflexiva aplicación de la nomenclatura latina, tomada, como es sabido, de la griega. Bello mismo, que en su Métrica trató de desembarazarse, aunque no tanto como fuera de desear, del enredo que han formado otros preceptistas, describe así el acento en la Gramática: « El acento consiste en una levísima prolongación de la vocal que se acentúa acompañada de una ligera elevación del tono. » Aquí la última parte es una tímida copia de la definición del acento griego, la primera es una concesión á los que han equiparado nuestras sílabas acentuadas á las largas de los antiguos, y falla precisamente lo que constituye la esencia de nuestra acentuación. En la Ortología da Bello la definición así: « Se llama acento aquel esfuerzo particular que se hace sobre una vocal de la dicción, dándole un tono algo más recio, y alargando un tanto elespacio de tiempo en que se pronuncia; » aquí parece que se introduce el elemento de la intensidad, pero con la misma confusión que antes. Por de contado que no puede negarse que la sílaba acentuada, por el hecho de pronunciarse con mayor intensidad, se presta mejor que las demás á prolongarse ó á elevarse de tono; pero éstas son circunstancias accidentales que en nada modifican la naturaleza del acento expiratorio. (pág. 26 de las notas)
Nota 8 (al núm. 34)
Son tan varios los elementos que pueden ó deben tomarse en cuenta para clasificar las partes de la oración, que es casi imposible llegar á un resultado absolutamente satisfactorio; y así nada tiene de extraño que sobre el particular haya habido tantas opiniones y disputas. Los principales elementos de clasificación en las lenguas de nuestra familia indoeuropea son la significación absoluta de la palabra, su forma y sus funciones ú oficios en la frase. (pág. 27 de las notas)
En cuanto á lo primero, es cierto que las categorías gramaticales de sustantivo, adjetivo y verbo corresponden á las categorías lógicas de sustancia, cualidad y acción ó acaecimiento; pero también lo es que si el sustantivo designa privativamente una sustancia, lo que no hacen ni el verbo ni el adjetivo, hay designaciones sustantivas de la cualidad ó la acción (blancura, carrera), y verbos que denotan estados ó cualidades permanentes (bermejear, negrear, rojear, en patín albere, arere, en griego cwepovéo, fasideów). En atención al significado se han constituído también clases aparte con los pronombres y los numerales, pero es patente que unos y otros se reparten entre las categorías del sustantivo y el adjetivo. (pág. 27 de las notas)
Si consideramos la forma, ó sean las inflexiones, fácilmente haremos la división en las tres clases de nombre, verbo y partes indeclinables ó partículas; mas aquí se ofrece el tropiezo de las formas nominales del verbo y de las voces indeclinables que se sustantivan; además, ni en las partículas cabe ulterior división, ni en los nombres la de sustantivo y adjetivo; sin que valga apelar á la forma 6 construcción comparativa del adjetivo, supuesto que muchos por su significación la repugnan. (pág. 28 de las notas)
Tampoco faltan dificultades en la clasificación por oficios ó funciones. Si el sustantivo, en contraposición del verbo y del adjetivo, ejerce las funciones de sujeto y con ellas la de objeto en su sentido más lato, también otros términos ó combinaciones de términos pueden ejercerlas; y las atributivas, peculiares del adjetivo, no son ajenas del sustantivo, como aparece en las aposiciones y en el oficio de predicado. Aun mayores son las dificultades que presentan los verbos auxiliares y supuesta la nomenclatura tradicional, las palabras conjuntivas, pues al mismo tiempo que donde y cuando son llamados adverbios, aunque, sí pasan por conjunciones. (pág. 28 de las notas)
Además de esta variedad de conceptos, á veces contradictorios, en que pueden considerarse las palabras, hay una multitud de gradaciones ó medias tintas, debidas ya á la evolución natural de los significados, ya á las influencias de la analogía: « Sucede á veces, dice atinadamente Bello, que una palabra ha perdido en parte su primitiva naturaleza, y presenta ya imperfectamente, y como enembrión, los caracteres de otra, habiendo quedado, por decirlo así, en un estado de transición » (núm. 1185). (pág. 28 de las notas)
A pesar de tamañas dificultades, nuestro autor, aliando la clasificación de los oficios con la de las formas (aunque sin mencionar aquí este elemento) ha establecido una clasificación que abarca la mayoría de los casos, y, lo que vale más, ha dado idea “clara de la estructura psicológica y gramatical de la oración y proporcionado instrumento precioso para analizar y discriminar los diversos oficios que puede desempeñar un mismo término. Bien es verdad que en algunas cosas ha roto con la tradición; pero en esto, más que vituperio, merece loa. Efectivamente, no se concibe que un Paul, por ejemplo, pueda decir que es arbitrario clasificar ciertas voces relativas como adverbios, y otras de funciones idénticas como conjunciones, y que al mismo tiempo se tilde á Bello por acabar con tal arbitrariedad, fijando límites exactos entre esas clases de palabras. No obstante, la clasificación de nuestro autor, como todas las demás, ofrece puntos discutibles por el conflicto en que se hallan los diferentes criterios mencionados. En el infinitivo hallamos dos funciones diversas : de toda evidencia es que puede denotar el atribulo como cualquiera inflexión del verbo, pero no se conjuga como éste ; y puede también servir de sujeto, como el sustantivo, aunque no siempre lo hace de por sí, sino combinado con su sujeto, á la manera de las demás proposiciones: Bello, guiándose por el criterio de la forma, se ha decidido por el carácter sustantivo. Cosa parecida ha hecho con el gerundio, desatendiendo las funciones verbales y calificándolo de adverbio. Para clasificar entre los sustantivos el participio que con haber forma los tiempos compuestos, es patente que no ha podido áplicar su criterio, una vez que dicho participio no puede servir de sujeto. Otro escollo encontró para colocar en su cuadro el anunciativo que, llamado comúnmente conjunción, y que no puede pertenecer á esta clase según él la limita, y aquellos lérminos como casi y hasta que se trasforman en meros prefijos. (pág. 28 de las notas)
indicadas las ventajas indiscutibles de la clasificación establecida en esta Gramática y algunos de sus flacos, creo que debe aceptarse con menos rigorismo que su autor, reconociendo que ciertos términos ó ciertos matices de su empleo quedan por fuera, y explicando las razones por las cuales no se acomodan á ella. Acaso así y valiéndose de los mismos criterios, se alcanzará más claro conocimiento de estos puntos dudosos y controverlibles, que dándoles una solución forzada.* ¦ (pág. 29 de las notas)
Nota 9 (al núm. 47)
El predicado es diferente del epíteto: el primero es un nombre que mediante el verbo modifica al sustantivo; el segundo es un adjetivo que se junta al sustantivo, no para distinguirlo de los demás de su género, sino para llamar la atención hacia alguna cualidad que siempre ó de ordinario le acompaña. La voz predicado pertenece propiamente á la lógica, y sugiere siempre al entendimiento la cópula, el verbo, como que es correlativa de sujeto; epilelo, equivalente en un principio á adjetivo, es correlativo de sustantivo, y es hoy propiamente voz de la retórica; en la gramática sólo merece mencionarse por la colocación que á los tales suele ordinariamente darse con respecto al sustantivo. « Y no sólo son diferentes entre sí, » dice el señor Caro, « el predicado y el epíteto, sino que desempeñan oficios esencialmente contrarios. El epíteto, ntimamente enlazado con el sustantivo, denota una circunstancia que subsiste independientemente y aun quizá á pesar de la acción que el verbo expresa, v. g. « Hasta el manso cordero resiste. » El predicado, por el contrario, íntimamente enlazado con el verbo, denota una condición ” Consúltese sobre estos puntos Paul, Prineipien der Sprachgeschichte?, cap. xx; Delbrúck, Vergleichende Syntax der indogermanischen Sprachen, 1, pp. 76 sgs. (pág. 29 de las notas)
cuya duración coincide con la acción que éste expresa, independientemente y aun quizá á pesar de la naturaleza del objeto representado por el sustantivo, v. g. « Hasta el león se mostró manso. » Si al revés de lo que sucede con los otros verbos, el predicado que acompaña á ser significa algo permanente, es por la significación excepcional de este verbo. » (pág. 30 de las notas)
Nota 10 (al núm. 109)
En la primera edición de su Gramática advertía Bello que el plural de estay es estáis, lo cual aprueba la Academia, según se ve en su Diecionario en las voces bauprés y cuchillo, siguiendo al Diccionario Marítimo; sin embargo, Fugenio de Salazar (carta III) y Lope de Vega (Jerusalén, l) dicen estayes. Mariana dijo taráis de taray (Hist. Esp. XXV, 4) y el Diccionario Marítimo cois de coy (s. v. batayola). (pág. 30 de las notas)
Nota 414 (al núm. 110)
Vo tiene además el plural nones, sacado de la forma antigua non, como en la frase decir nones.* Á otros en t, fuera de alelí, rubí, extienden los poetas, si bien raras veces, el plural en s: Castillejo hace consonar borceguís con maravedis y oís (Diálogo y discurso de la vida de corte), é Iglesias usa jabalts (Cantilena TV). (pág. 30 de las notas)
Nota 12 (al núm. 117)
Huerta en su traducción de Plinio (X, 2, anot.) usa en prosa el plural fenices. Lope dice también en el plural féniz La inocente Laura, II, 17; Al pasar del arroyo, II, 12. (pág. 30 de las notas)
Nota 13 (al núm. 119)
No comprendo cómo Salvá primero y Bello después tomaron la voz barbacana como compuesta de barba y cana, cuando indudablemente es forastera, y su sentido nada tiene que ver con el de los supuestos componentes. Los etimologistas no están acordes en cuanto á su origen; pero sea de ello lo que fuere, no puede aplicársele la regla de los compuestos castellanos; de otra suerte, sería menester agregar como excepciones altamisa, claraboya, etc. Los nombres cuyos componentes no se hallan en la relación determinada por el Autor, ofrecen alguna dificultad: de bocacalle, bocamanga, en que el segundo elemento parece regido del primero, se prefiere el plural bocacalles, bocamangas (y acaso lo mismo en bocacaz, bocateja); salvaguardia hace salvaguardias; salvoconducto ” Esta frase es sin duda alusiva al juego de pares y nones. La idea de Covarrubias y la Academia de que nor por impar es el mismo adverbio negativo aplicado en el juego al decir par ó non (par) y de ahi pares ó nones, se ve plenamente comprobada por la ley XL del Ordenamiento de las Tafurerias, donde dice : « Si jugaren á la faldeta fuera de la tafurería, nin á pares non pares. » Lo mismo se lee en unos versos de Pedro de Santa Fe que se hallan en el Cancionero inédito del siglo XV endiabladamente publicado por A. Pérez Gómez Nieva, Madrid, 1884 (pág. 157). (pág. 30 de las notas)
se acomoda á esta norma, según se ve en el Diálogo de Mercurio y Carón de Valdés (p. 89, edic. de Bóhmer), aunque Pero Mejía dice salvosconductos (Hist. imperial y cesárea, Antonino Pio: p. 96, Am. beres, 1578), y lo mismo Márquez (Gobern. cristiano, 1, 24: pp. 304, 305, Pamplona, 1615).* El plural montespios está autorizado por Jovellanos, pero la Academia prefiere montepios. ¦ Compuestos al tenor de criticoburlesco, liricodramático, forman su plural con el del último componente, yá la misma categoría pertenece, en mi sentir, sordomudo, pues aunque no falta ejemplo de sordosmudos**, lo más común es sordomudos: « Están acordes con este hecho las declaraciones de varios maestros de sordomudos, quienes atestiguan que antes de la enseñanza el sordomudo no conoce las verdades metafísicas » (Balmes, Filosofía elemental, Ideología, cap. XVI); «El arte de enseñar á leer álos sordomudos fue invención del español Fr. Pedro Ponce de León » (Mesonero, Manual histdrico, topográfico, administrativo y artístico de Madrid, pág. 317: Madrid, 1844). (pág. 31 de las notas)
Nota 14 (al núm. 123)
En nombres que denotan gran masa ó extensión suele usarse el plural como para dar á entender que se percibe el objeto por diferentes partes ó bajo diferentes formas: las aguas del mar, las sombras de ¦la noche, los campos de Montiel, por entre los rasgones se le veran las carnes, Hay denominaciones que se aplican á un conjunto de granos ó6 partecillas menudas, como trigo, cebada, avena, mijo, centeno, ants, mostaza, polvo, arena; y para denotar una sola de las partes es preciso valerse de expresiones como un grano de trigo, de arena; hay otras que propiamente designan cada grano ó parte, como garbanzo, comino, arveja, guisante, aceituna, ladrillo, y se dice en plural, garbanzos, aceitunas, ladrillos. Pero á menudo se confunden las dos El plural docascalles se lee en Isla, Día grande de Navarra (R. XV, 231); en Moratin, Obras póstumas, 1, p. 327; en Martínez de la Rosa, Bosquejo hist. de la guerra de las Comunidades ; — bocacalles en Azara, Vida de Cicerón, II, p. 338; en Toreno, Hist. II, y V; en A. Saavedra, Moro expdsito, X1I, y Una antigualla de Sevilla, 1; en Gallego, Los novios, XV. — Bocasmangas, condenado por la Academia, se encuentra en las Constituciunes sinodales del Arzolispado de Toledo, fol. 31 v” (Toledo, 1601), y en las Obras de Cáncer y Valasco, fol. 11 (Madrid, 1651); — bocamangas en el Estebanillo González, V (R. 33. 3111). (pág. 31 de las notas)
** « ¡ Qué bella historia nos relata de unos ascendientes de los Escipiones .el Emperador Marco Aurelio Antonino, en los inmaculados é interesantes amores de aquellas dos almas delicadisimas, Etrasco romano y Verona latina, á quien la naturaleza negó el habla y el oido, y sordosmudos se idolatran y corresponden con elocuencia que envidiarian los más sutiles ingenios ! » (D. Luis Fernández Guerra y Orbe, D. Juan Ruiz de Alarcón y Mendoza, pdg. 190). (pág. 31 de las notas)
“categorías usándose en singular los últimos para denotar el con- “junto de granos, frutas ó la materia de que se hace algo. « Si mucho “tiempo está el acetuna por labrar, menéenla de un cabo á otro » (Herrera, Agric. gen. 111, 35). « Almendra, nuez y avellana va de España (á América) para gente regalada » (Acosta, Hist. nal. y mor. 'de las Indias, 1V, 31). «Solía decir (Augusto) que la ciudad de Roma era antes de ladrillo y que él la había hecho de mármol » (Mariana, Hist, Esp. YV, 1). (pág. 32 de las notas)
Usanse también en singular á modo de colectivos los nombres nacionales precedidos del artículo definido; así se dice el turco, el “inglés, á semejanza de el enemigo por los enemigos. « Dijo que tenía por cierto que el turcobajaba con una poderosa armada » (Cervantes, 'Quij. IL, 1). (pág. 32 de las notas)
Veinte presas Hemos hecho A despecho Del inglés. (Espronceda.) (pág. 32 de las notas)
Sustantivos en singular acompañados de voces de cantidad como mucho, tanto, cuanto, se toman enfáticamente en sentido plural : ¿Qué fue de tanto galán, Qué fue de tanta invención Como trajeron? (J. Manrique.) (pág. 32 de las notas)
¡Oh cuánta blanca bandera Por entre las ramas sale! (pág. 32 de las notas)
¡Oh cuánta lanza jineta! (pág. 32 de las notas)
(Lope, El bastardo Mudarra, U.)* (pág. 32 de las notas)
Nota 15 (al núm. 124)
La Academia da por autorizados los plurales álbumes de álbum y tárgumes de tárgum (voz caldea). (pág. 32 de las notas)
Nota 16 (al núm. 127)
Enagua cuenta con la autoridad de buenos escri- ¡tores antiguos y modernos. Hemorroide, en singular, es como se halla en el Diccionario de la Academia. (pág. 32 de las notas)
17 (núms. 87, 128). Lejos y cerca construídos con un verbo se tallegan en el sentido á un adjetivo empleado como predicado : « El ¡lugar queda lejos, cerca »: distante, cercano. De aquí pasan á em- 'plearse por el adjetivo en otras construcciones: « Llegó á un lugar cerca de París, no lejos del Sena; » y como por «su forma tiene lejos visos de adjetivo, no hubo sino un paso que dar para decir lejas * Sobre estos puntos véase A. Tobler, Vermischte Beitraege zur [renzo ssischen Grammatik (Neue Reihe), 6. Compárese además Delbrick, Vergleichende Syntaz, 1, $$ 46 y sigs. Bello toca el última punto Gram. núm. 341. (pág. 32 de las notas)
tierras”. Lo mismo se explica el superlativo lejisimo de Santa Teresa: « Está entonces lejísimo Dios. » (Vida, cap. XX.) (pág. 33 de las notas)
Pero la razón principal de este uso reside en la analogía da puengas tierras: (pág. 33 de las notas)
Las serbas, semejantes á varones Que en sus patrias son ásperos y rudos, Hasta que en luengas tierras los traspones. (pág. 33 de las notas)
(B. Argensola, Epíst. Con tu licencia.) (pág. 33 de las notas)
Lejos no se junta con un nombre masculino, ni aparece en los monumentos más antiguos de nuestra lengua sino con su oficio adverbial, las más veces en la forma alexos; lo cual abunando la explicación que precede, infirma lo que asienta el Autor al fin del número 87. Caso semejante nos ofrece el adverbio antiguo lueñe, sinónimo de lejos, y derivado inmediatamente del adverbio latino longe. Tiene su valor originario en estos pasajes : « Este pueblo con la boca me honra, mas sus corazones lueñe son de mí » Partida IT, 13, 18); « La mi cuita es tan grande, que como cayó de alto lugar, se verá de lueñe » (Alfonso el Sabio); « Semeja que lo lievan alcane zado, aunque vaya el venado bien lueñe dellos » (Monter+a de Alfonso XI, 1, 6). Allégase al valor adjetivo en estos otros: « El mercadero fue sobre mar á una tierra muy lueñe » (Conde Lucanor, XLVI: Riv. XXXVI); «Esta es la razón por donde este caballero vino de tierra tan lueñe » (Amadís de Gaula, 11, 47). En los siguientes es ya adjetivo neto, que admile la inflexión plural: « Demandaronle por qué era venido de tan lueñe tierra » (Crónica general, I, 49); « La dicha embajada es muy ardua y á lueñes tierras » (González Clavijo, Jtinerario, p. 27). La terminación en a es muy posterior, según cabe colegir de los textos en que se halla, y pudiera dudarse si se debe á la acción analógica de la lengua viva, ó á la ignorancia de las formas en una voz desusada: en la edición del Conde Lucanor hecha por Argote de Molina (Sevilla, 1575), copiada por Keller y Milá y Fontanals, se lee « que le embiase [á] alguna tierra lueña » (cap. X11); pero en la de Riv., que diz que se apoya en manuscritos (LI, p. 4212) se lee lueñe; lueñes tierras dice Cervantes en varias putes (Quij. 1, 29; 1, 37, 41), de modo que cuando la edición de la Academia (1782) dice lueñas y apartadas tierras (U, 36), es lícito suponer que la vecindad del otro adjetivo obligó á usar esta forma; lueñas tierras dice también el romance, de lenguaje enteramente ficticio, que principia « Elvira, soltá el puñal, » publicado la primera vez por Juan de Escobar en 1612. (pág. 33 de las notas)
* « Acrecentándose cada día la predicación del nombre de Cristo á tierras más lejos, para que asi sea luz, no solo de los judios que creyeron en él... mas también á los gentiles » (Avila, Audi, cap. CXI). (pág. 33 de las notas)
Nota 48 (al núm. 129)
Con respecto á la frase ser una buena tijera que trae Bello. anota Merino Ballesteros: « Parécenos que la frase castellana no lleva el artículo un, y de la misma opinión es D. Antonio Puigblanch, que en sus Opúsculos, página 48, dice: « la frase ser buena tijera. » (pág. 34 de las notas)
Nota 19 (al núm. 131)
El nombre autorizado y universal de la ciudad es Pasto, y entiendo que lo fue desde su fundación, pues Herrera dice que « cuando la pobló el capitán Lorenzo de Aldana, año de 1539, la llamó Villaviciosa de Pasto. » (pág. 34 de las notas)
Nota 20 (al núm. 135)
Hoy damos con más frecuencia que antes terminación femenina á sustantivos en ante, ente de origen participial. Sirviente, por ejemplo, era invariable: (pág. 34 de las notas)
Apenas pues bajaba la escalera Cuando al portal una mujer tapada Entró, de una sirviente acompañada. (pág. 34 de las notas)
(Calderón, Los empeños de un acaso, ll, 4.) (pág. 34 de las notas)
Lo mismo confidente, cuyo femenino confirtenta aun no tiene el pase de la Academia, aunque desde el ciglo XVII[ lo usan escritores respetables. Pero muchos hay que noadmiten inflexión en a, ya sea porque comúnmente solo se aplican á hombres, como estudiante (lo mismo sucede con vejete entre los ele), ya porque en la vida práctica no hay necesidad de distinguir los sexos, cual se veen oyente; así es que disuena mucho el oyenta que festivamente dijo Solís en este lugar de una loa: (pág. 34 de las notas)
Yo, mis señoras oyentas, Sólo tengo que deciros, Por no encargar mi conciencia, etc. (pág. 34 de las notas)
El castellano antiguo ofrece algunas particularidades: infante, por ejemplo, era común: « La infante doña Berenguela. » (Crónica de D. Alfonso X, cap. IIT)*. Los nombres en dor, sustantivos ó adjetivos, eran á menudo invariables: en Berceo se lee:«La Egiptiana, Que fue pecador mucho » (Milagros, 521); « Alma pecador. » (ib. 257). En varios códices de las Partidas se halla: « va.... quel fue conseiador deste pecado » (tomo 1, pág. 39, edic. de la Acad. de la Hist.); « Natura naturans, que quiere tanto decir como natura facedor de. das otras naturas. » (ib. pág. 189). En épocas posteriores todavía eran, invariables los adjetivos agudos en es significativos de nación ó país :] Mariana dice dicción cartaginés, provincia cartaginés, Valbuena la! leonés potencia, y Jáuregui la calabres orilla. (pág. 34 de las notas)
* En la crónica latina de Alfonso VII se lee : Cum germana sua Infante Domna Santia ($ 5). (pág. 34 de las notas)
Nota 21 (al núm. 136)
« Dar á los apellidos desinencia correspondiente al sexo del que lo lleva, como á los nombres, viene haciéndose desde muy antiguo. En 978 encontramos Fredenanda Sarracina; á principios del siglo XIl, Sanctia Carvalia, Mari Buena, Illana Rubia, Mari Pérez la Gata, hermana de Martín Gato; María Pinta, Mart Castaña; y en Cervantes, Sancha Redonda, Francisca Ricota, mujer de Ricote; Antonia Quiíjana, sobrina de Alonso Quijano; Clementa Cobeña, hija de Pedro Cobeño, y Ambrosia Agustina, hermana de D. Bernardo Agustín. Y no era sólo la gente inculta y sin letras la que bablaba así; los admiradores de la famosa humanista toledana no la designaban de otro modo que por la Sigea; citábanse los dramaturgos para el corral de la Pacheca; á altos y bajos daba que aplaudir y murmurar la Calderona; y los aficionados á la buena escultura celebraban la gracia con que modelaba la Roldana. » (D. José Godoy Alcántara, Ensayo histórico etimológico y filológico sobre los apellidos castellanos, pags. 68, 69). Hoy apenas quedan rastros de esta práctica entre el vulgo. (pág. 35 de las notas)
Nota 22 (al núm. 152)
El Conquistador de Méjico firmaba Hernando Cortes; así, ó Fernando Cortés, le llamaban sus contemporáneos y se le llamó por mucho tiempo después, según se ve en la Politica indiana de Solórzano, en el Bernardo de Valbuena, etc. No obstante, el decir Hernán Cortés, no es cosa nueva, dado que se halla en Mariana. (pág. 35 de las notas)
Nota 23 (al núm. 156)
Las expresiones en buen hora, en mal hora, ocurren con frecuencia en Cervantes y otros; pero también se dice en buena hora, en mala hora. (pág. 35 de las notas)
24 (núm. 159%. El acento en San Tómas prueba que es una corrupción del inglés Saint Thomas. (pág. 35 de las notas)
Nota 25 (al núm. 167)
En el Diccionario se halla como esdrújulo, dmicron, en contrario de toda analogía y del sentir de los mejores gramáticos y lexicógrafos, que creen debe escribirse separado o micron: de suerte que solo podría haber duda sobre si era grave, según la pronunciación erásmica (usada, por ejemplo, en Inglaterra), 0 agudo, según la acentuación escrita. Como esta voz no la pronuncian sino los poquísimos que estudian el griego y que por consiguiente deben saber su alfabeto, no se negará la justicia de esta reclamación. (pág. 35 de las notas)
Nota 26 (al núm. 171)
En el Diccionario de la Academia no se halla sino cartes, calificado de masculino, y así lo usa Bretón de los Herreros (Desvergúenza, canto VIII, oct. 61), que, como secretario de la Corporación, tenía por punto de honra ajustarse á sus decisiones ; pero el género común v corriente de esta valabra es el femenino: la caries dice el mismo Diccionario en la voz creosota; caries extensa, comprobada, se lee en el cuadro de defectos y enfermedades que acompaña al Reglamento de exenciones del servicio militar dado en Madrid por el Ministro de la Guerra en 1879; la caries en las anotaciones á la Agricultura general de llerrera, l, pp. 199, 200. (pág. 35 de las notas)
Nota 27 (al núm. 171)
Falta en esta lista sílice, que es femenino, y no masculino como suelen usarlo en Colombia. (pág. 36 de las notas)
El hacer masculinos en América á chinche y pirámide es cosa llevada de España : acerca del primero dice Jiménez Patón (1614) que tes ambiguo, y Merino Ballesteros afirma haberlo oído en varios puntos de España como masculino ; el segundo, Lope de Vega no lo usa de otro modo, á tal punto, que la única vez que aparece como femenino en loscuatro tomos de comedias suyas que hay en la Biblioteca de Rivadeneira, es en La despreciada querida, que resulta no ser de él sino de Juan de Villegas. (pág. 36 de las notas)
28 (núm. 172.) Puede asegurarse que Salvá puso en su Gramática como ambiguo á ceraste por haberlo hallado en el Diccionario de Autoridades usado como masculino por Laguna y como femenino por lluerta. Bello siguió á Salvá. La Academia en el Diccionario vulgar dejaba el punto en duda hasta la última edición, en que da como masculinos ceraste, cerastes, y como femenino cerasta. Esta decisión es puramente discrecional, supuesto que la ceraste se halla autorizado, además del dicho Huerta (Plinio, tomo I, pp. 406, 407, 879), por Valbuena (« Y cua] parda ceraste, antes cubierta », Bern. XXI) y por D. A. Saavedra(Una antigualla de Sevilla). Como masculinos se: hallan ceraste en el citado Laguna y en Scío (Génesis, XLIX), y cerastes en Rojas (El más impropio verdugo, l). (pág. 36 de las notas)
En latín era herpes (genitivo herpetis) masculino y singular como en griego. De igual manera lo califica en castellano el Diccionario de Autoridades, comprobándolo con este ejemplo: « ¿De qué humor se engendran los herpes? » — El exedente ó corrosivo se hace de la Cólera pura, y el miliar de la misma, con alguna mezcla de flema. delgada » (Fragoso, Cirugía, lib. II, cap. X). Al vulgarizarse esta voz técnica de aspecto engañoso ha vacilado el uso: se ha empleado como plural y como ambiguo (« la erupción cutánea de lás herpes » dice D. J. L. Villanueva en nota al Viaje literario de su hermano D. Jaime, tomo ll, p. 39); luego se le ha quitado la $ para convertirlo otra vez en singular, dejándolo como antes ambiguo. La Academia reconoce el y la herpe, los y las herpes, pero es raro que no mencione el herpes, tan autorizado, por lo menos, como esotros. (pág. 36 de las notas)
Nota 29 (al núm. 177)
Armazón es masculino cuando significa el conjunto «le huesos del animal; así aparece en el Diccionario, y lo comprueba el siguiente lugar de Jovellanos : (pág. 36 de las notas)
De Rocinante oprimía El flaco armazón, al peso De espaldar, casco y loriga. (pág. 37 de las notas)
(Vueva relación y curioso romance, etc., ple. Il). (pág. 37 de las notas)
Nota 30 (al núm. 177)
Origen se usaba también como femenino á usanza latina : « Resolviéronse de llamar en su ayuda á los de Cartago, con quien tenían parentesco por ser la origen común » (Mariana, Hist. Esp., I, 18). (pág. 37 de las notas)
El alma, que en olvido está sumida, Torna á cobrar el tino Y memoria perdida De su origen primera esclarecida. (pág. 37 de las notas)
(Fr. Luis de León, A Francisco Salinas). Orden, porel sacramento ó sus grados, puede reputarse como ambiguo, si se atiende al uso de la Academia: en el Diccionario (11.4 edición) aparece como masculino en las voces Diaconalo, Exorcista, Subdiaconado, y como femenino en Acólito, Corona, Grado, Lectorado, Ordenando, Ordenar. Bello lo daba anteriormente como masculino, y es indudable que nadie dice el sacramento de la orden. Hoy no es raro encontrarse en verso fin como femenino : La lluvia cae á torrentes : (pág. 37 de las notas)
Parece que tiembla el suelo: (pág. 37 de las notas)
Dijérase ser llegada Ya la fin del universo. (pág. 37 de las notas)
(D. Angel de Saavedra, El sombrero, 1!). Criín se ha usado como masculino, pero sólo en verso: Y como con sangrienta luz extiende Sus prodigiosos crines el cometa. (pág. 37 de las notas)
(Bart. de Argensola, Canción d S. Miguel). Apartando del rostro macilento El cano y raro crin suelto y inculto, Así sacó el debilitado aliento. (pág. 37 de las notas)
(Villaviciosa, Mosquea, VII.) (pág. 37 de las notas)
Nota 31 (al núm. 178)
Mariana también dice la Címbrica Quersoneso. De pro, como masculino en la locución buen pro te haga, no conozco otros ejemplos que el de Cervantes citado en las Apuntaciones criticas sobre el lenguaje bogotano, $ 584, y uno de la Lozana andaluza, p. 78 (Madrid, 1871); en tanto que dondequiera sehalla buena pro te haga. En las ediciones 10.2, 11.2 y 12.a de su Diccionario ha introducido la Academia el sustantivo procomún, procomunal, dándole el género masculino, si bien, como nota Garcés, en las Partidas se lee la pro comunal. Lo usual y corriente es buena pro te haga, el procomún, el procomunal. (pág. 37 de las notas)
Testudo, conforme á su origen, se encuentra como femenino hasta la 9.2 edición del Diccionario de la Academia, y así lo usa Moratin (« Parecían una testudo romana », Com., disc. prel.); en las siguientes, como masculino, de que nos ofrece ejemplo Francisco López de Zárate : (pág. 38 de las notas)
Fórmase allí la frente del testudo, Tormento que ha de ser de las murallas. (pág. 38 de las notas)
(Invención de la Cruz, 1.) (pág. 38 de las notas)
Nota 32 (al núm. 179)
En Juan de Mena* y en Fernández de Oviedo (list. de Indias, MU, 5, 10) se encuentra la mar oceana (como en francés mer océane), tomado océano como adjetivo, de lo cual ocurren otros ejemplos de escritores castellanos : (pág. 38 de las notas)
En la ribera del sagrado río Que por los arenales puros de oro Al océano reino se apresura. (pág. 38 de las notas)
(Francisco de la Torre, en el Parnaso de Sedano, VII, p. 235). Cincuenta leguas de anchura Se miden entrambas costas Cuando besa los umbrales De las océanas ondas. (pág. 38 de las notas)
(Tirso de Molina, edic. de Hartzenbusch, XIl, p. 285.) El uso de flor, labor, calor, color como femeninos es reliquia de la tendencia antigua de la lengua á hacer de este género los sustantivos en or, como en provenzal y en francés: Berceo dice la olor, y el marqués de Santillana hace lo mismo con dolor, claror, langor, furor. (pág. 38 de las notas)
Nota 33 (al núm. 180)
Desde la 10.1 edición del Diccionario de la Academia aparece polispastos como masculino, y monopastos” sólo desde la 12,3 34 (núm. 181). Tribu se usaba á cada paso como masculino, y la Academia lo calificó de ambiguo por lo menos hasta la 6.* edición del Diccionario. (pág. 38 de las notas)
* En unas coplas que empiezan : (pág. 38 de las notas)
La lumbre se recogía De la imagen de Diana. (pág. 38 de las notas)
** La Academia apoya las voces polispastos, monopastos en el Compendio mathemático de Tosca, tomo JII, pág. 311; pero en la pág. 312 se lee monospastos, forma etimológica, monopastos es pues errata notoria. (pág. 38 de las notas)
Nota 35 (al núm. 182)
La Academia da á óniíx y á las otras formas óniz, ónice el género masculino, y á ónique el femenino : Scío y Amat escriben el ónix. un ónix, y Huerta, traduciendo á Plinio, la ónique. Contra lo dicho se lee en Valbuena la ónix triste y oscura (Bernardo,. lib. XVIID), y en Cipriano de Valera ónique precioso (Job, XXVII, 29). En cuanto á sardónix, Salvá lo hace también femenino, como la Academia á sardónice; la otra forma sardónique es masculina. (pág. 39 de las notas)
Nota 36 (al núm. 185)
Cada día va prevaleciendo más en afueras el género femenino; así es que la Arademia le da ya este ce .. « Envió gruesos pelotunes a guardar las afueras de la ciudad » (D. Angel de Saavedra, Musanielo, 1, 15, 20); « Dar un paseo por lus afueras del Norle » (Trueba, £! gabán y la chaqueta, VIII. Confirma la opinión del Autor sobre el género de fusces el siguiente pasaje de Coloma: « Traídas en hombros de los tribunos y centuriones (las cenizas de Germánico) marchaban delante, las banderas descompuestas y los lictores con los fasces el revés » (Táúcilo, Anal. 11). (pág. 39 de las notas)
Nota 37 (al núm. 186)
Trasluz ha sido siempre masculino. (pág. 39 de las notas)
38 (núm 187). En aguachirle el último componente es adjetivo. Tragaluz es hoy constantemente masculino; antes debió de ser femenino, pues la Academia le puso la marca de tal hasta la 10.1 edición del Diccionario, con haber corregido Salvá en la 9.1 lo rela.- tivo al género. « Un tragaluz junto al techo, de poco más de un pie en Cuadro y cerrado con unas rejas bien fuertes, era por donde únicamente podía renovarse el aire y entrar la claridad » (Quintana, Obras inéditas, p. 220). (pág. 39 de las notas)
Nota 39 (al núm. 189)
Conforme á un uso bastante general, aprobado por la Academia, se escriben en una sola palabra veintiuno, veintidós, etc., hasta veintinueve. (pág. 39 de las notas)
Nota 40 (al núm. 190)
Uno puede usarse en plural denotando unidad, si el nombre á que se junta carece de singular: « Se venden muchas tijeras; no quedan sino unas. »” (pág. 39 de las notas)
Nota 41 (al núm. 195)
La forma en enoera la más usual en lo antiguo, y aun no puede darse por completamente anticuada, salvo en algunos como dieziseiseno; era la propia en la lengua, á diferencia de las olras, que son puras transcripciones del latín; procedió de los distri- * Lo mismo en latin : unae hitlerae (una carta). (pág. 39 de las notas)
butivos latinos. los cuales en la edad media fueron muy usados como ordinales?; agregábase sólo al último número, como en veintidoseno. Es de notarse que el uso de los ordinales va haciéndose cada día menos común, y como son puramente latinos, de ordinario solo las personas letradas los saben de veinte en adelante. En otro tiempo se empleaban en muchos casos en que hoy serían inaceptables: Mariana, por ejemplo, dijo Juan Vigésimo segundo, y Saavedra Juan Veintidoseno. (pág. 40 de las notas)
Nota 42 (al núm. 202)
En el Diccionario aparecen duplo y triplo como adjetivos y como sustantivos, y el empleo adjetivo del primero está comprobado efectivamente en la 1.2 edición con un pasaje de Sigúenza; en lo moderno no faltan ejemplos de lo mismo: « Si existe un círculo, todos sus diámetros son iguales y son duplos de los radios » (Balmes, Filos. elem. Ideol., cap. VI). (pág. 40 de las notas)
Nota 43 (al núm. 203)
Es comin el ciento tanto, y en lugar de tanto se dice también doblado”: « En verdad os digo que ninguno hay que deje casa, hermanos ó hermanas, padre ó madre, hijos ó heredades por amor de rní y por el Evangelio. que no reciba agora en este tiempo presente ciento tanto más de lo que dejó, y después en el siglo advenidero la vida eterna, » dice fray Luis de Granada (Guía de pecadores, lib. I, cap. XT, $1) traduciendo á S. Marcos, X, 29, 30, y en el mismo pasaje dice el llmo. Amat el cien doblado. « Si en alguna cosa engañé á alguno, le vuelvo cuatro doblado » (Puente, Meditaciones, pte. III, 28). Estas combinaciones se hallan usadas como adjetivos: « Si la tierra es húmida, pónganles dos ó tres espuertas de estiércol muy añejo mezclado con dos tanta tierra en lo bajo » (Herrera, Agric. gen. lib. II, 8). « El grano de trigo que sembrasteis en el sepulcro, dentro de tres días saldrá vivo con su fruto muy copioso, para premiar con cien doblada alegría vuestra soledad y tristeza » (Puente, ubi supra, IV, 56). (pág. 40 de las notas)
Nota 44 (al núm. 211)
Ejemplos más convenientes acaso de la terminación diminutiva el serían joyel de joya, cordel de cuerda. Don y doncel tienen ambos por origen común á dominus: aquél vino mediante las formas domnus, donnus, y éste mediante algo como dominicellus, única forma que explica las que aparecen en las otras len- Anno milleno Christi de Virgine nati Quadragenteno quinquageno quoque terno. (pág. 40 de las notas)
(Epitaphium Sltephani Abbat. Ducange, Gloss.) (pág. 40 de las notas)
** Este doblado traduce el plex latino derivado de plico; una formación semejante se observa en otras lenguas. (pág. 40 de las notas)
guas romances *; ambos nos vinieron del latín bajo y no parece acertado sacar doncel directamente de don, como no lo sería derivar - doncella de doña. Además, la terminación es aquí cel, distinta de el como cito lo es de ito, cillo de illo. En francés pcurren ambas : ormeau, lionceau. ¦ La terminación latina es en general ulus, ula, ulum, para los nombres de las dos primeras declinaciones, y con una c antepuesta en nombres de las tres últimas: en molécula, opúsculo, partícula, la raiz es mole, opus, parti. (pág. 41 de las notas)
Es digno de mencionarse el empleo que se hace de la contraposición de las terminaciones masculina y femenina para denotar aumento ó diminución : compárense saco saca, pozo poza, tambor lambora, con jaca jaco, guitarra guitarro. Acaso así se explican los diminutivos serrucho de sierra, casuco de casa, villorrio de villa, y otros que mudan el género del primitivo." (pág. 41 de las notas)
Nota 45 (al núm. 224)
Simple tiene los dos superlativos simplisimo y. simplicisimo. (pág. 41 de las notas)
Greo oportuno sustanciar aquí, modificándolas levemente, algunas observaciones de D. L. M. Díaz. Muchos diminutivos no significan un objeto pequeño como quiera, sino cierta especie particular, según se ve en banderola, espadin, porlezuela, manecilla. Esto es lo que sucede con los diminutivos latinos como opúsculo, molécula, retículo, los cuales no tienen conexión ninguna histórica ni gramatical con los primitivos castellanos correspondientes, pues que se han tomado directamente del latín en época posterior, acomodándolos llanamente á las analogías de los finales de nuestra lengua. Una cosa parecida se nota en superlativos latinos que con más ó menos acierto se adjudican á adjetivos castellanos; óptimo, supremo, máximo, inferior, infimo no tienen la misma extensión de significado que bueno, alto, grande, bajo, y sien latín fueron superlativos y comparativos, para nosotros no lo son igualmente. (pág. 41 de las notas)
Parece que nuestra gramática no ha de mirar como inflexiones propias sino aquellas que se han formado con los recursos peculiares de la lengua y durante su desenvolvimiento histórico, ó que por el sentido y la construcción se ajustan completamente á cierto primitivo óá cierto esquema sintáctico. Muy bien está que incluyamos á fui en la conjugación de ser, que demos a mejor por comparativo de bueno y á pésimo por igual de malísimo; pero ¿con qué razón adjudicamos intimo á interno, próximo á cercano? ¿por qué ubérrimo * Más próxima al castellano es la contracción domisella que se halla en la citada crónica de Alfonso VII ($ 36). (pág. 41 de las notas)
** Esta contraposición es de diverso orden que la del griego ¡úles, póàn, y Otras que menciona W. Meyer, Die Schicksale des latemischen Neutrum im Romanischen, pp. 12-4. (pág. 41 de las notas)
ha de corresponder á fértil y no á copioso, abundante? Si sólo se ha de atender al sentido, ¿no serán con igual razón enorme superlativo de yrande, diminuto de pequeño, gigante aumentativo y enano diminutivo de hombre? Lo más que incumbe al gramático es advertir que el castellano ha tomado de la lengua madre derivados sin los primitivos ó cuyos primitivos existen en otra forma, y que estos derivados unas veces han depuesto completamente el sentido originario, como abeja, oveja, que ya no son diminutivos, al paso que otros conservan rastros de lo que eran en su fuente, por tradición pero no porque su forma nos lo dé á entender. (pág. 42 de las notas)
Nota 46 (al núm. 225)
En los autores místicos, especialmente en fray Luis de Granada, ocurre omnipotentisimo, que puede considerarse como forma enfática de omnipotente, á no ser que se diga que la inflexión superlativa modifica tan solo á polente y no á la primera parte, la cual modifica tambien á éste, y que se podría interpretar el que en grado eminenle, por excelencia, lo puede todo. (pág. 42 de las notas)
Nota 47 (al núm. 231)
Aunque el uso más ajustado á nuestra sintaxis es acompañar en las peticiones, certificados, etc., el nombre propio con el pronombre yo, es antigua y común la práctica de omitir el pronombre sin cambiar la persona del verbo : « Yo Fr. Juan Gil doy fe », « Digo yo Fr. Juan Gil »; « Rodrigo de Cervantes, estante en esta corte, digo, » « Miguel de Cervantes Saavedra, vecino de la villa de Esquivias, residente en esta corte, digo. » No hay para qué advertir que también se pone el nombre propio solo con el verbo en tercera persona: « Miguel de Cervantes, natural de la villa de Alcalá de Henares, dice. » (Navarrete, Vida de Cervantes, pte. II, núms. 93, 157). (pág. 42 de las notas)
Rui Velásquez, castellano, A ti, Almanzor, rey supremo : (pág. 42 de las notas)
De España, salud envía. (pág. 42 de las notas)
(Lope, El bastardo Mndarra, 1.) (pág. 42 de las notas)
Nota 48 (al núm. 232)
Nos y vos fueron primitivamente los pronombres de primera y segunda persona en el número plural, en lugar de nosotros y vosotros, y como tales se han conservado en poesía, si bien hoy, aun así, son sumamente raros. El autor da ejemplo de vos, hé aquí de nos: (pág. 42 de las notas)
Teniendo por tan cierta su locura, Como nos la evangélica escritura. (pág. 42 de las notas)
(Ercilla, Araucana, D. (pág. 42 de las notas)
El otros debió de añadirse en un principio para denotar un contraste, como hoy se hace en francés y en portugués, v. g. « ¡ Cuánta pa.ó.: tienes de quejarte de agravio tan grande, de que acordándote tú siempre de nos, nosotros te hayamos puesto en olvido! » (Avila, Eucaristía, XIV). « Nos peres ont adoré sur cette montagne, et vous dites, vous autres, que le lieu ou il faut adorer est d Jérusalem; » Aquella alta e divina Eternidade, Que o ceo revolve, e rege a gente humana, Pots que de ti taes obras recebemos, Te pague o que nós outros não podemos. * (Camoens, Lus. II). (pág. 42 de las notas)
49 (núms. 246-7). Vusco, connusco, vusco, convusco corresponden á los primeros monumentos de la lengua, hasta fines del siglo XIV. Nebrija en su gramática (1492) da todavía como forma única del dativo y acusativo vos, á vos; pero en el acróstico que va al principio de la Celestina, exige la medida del verso que se lea os. (pág. 43 de las notas)
Nota 50 (al núm. 251)
Es curiosa la variedad de formas que, primero en el lenguaje vulgar y después en el familiar, asumieron casi simultáneamente á fines del siglo XVI y principios del siguiente las dos combinaciones vuestra merced y vuesa merced, y las fusiones que de las dos familias se hicieron. Pónelas de manifiesto el siguiente cuadro, cuyos comprobantes omito aquí en obsequio de la brevedad: Vuestra merced Vuesa merced pa o ny7ñI2 Vuested Vuesa erced Vuesancé Vusted Vuesarced Usancé Usted Usarced Vuarced Voarced Voaced ) Oacé Vuced ¦ Uced Océ Formas mixtas ó fusiones. (pág. 43 de las notas)
Vuesasled = vuesarced +- usted. (pág. 43 de las notas)
Usasted = usarced —¦- usted. (pág. 43 de las notas)
Vuesasced = vuesasted +- vuesarced. Vuesansté — vuesancé — usasted. Vuesdmesté = vuesamerced — usté, vucsasté. * Consúltese Bopp. Vergl. Gramm., $ 315 ; Diez, Gramm., tomo III, pág. 43 (trad. franc.) ; Meyer-Lúbke, Gramm., tomo Il, $ 75. Lo mismo se halla en alemán : « Ich will nicht ouf die Verschiedenheit der praktischen Conseqguenzen zurtickkommen welche zwischen den Junggrammatikern und un Anderen bestehen » (Schuchardt, Ueber die Lautgesetze, p. 36). (pág. 43 de las notas)
Nota 54 (al núm. 252)
Es práctica antigua el usar el posesivo de tercera persona acompañando al nombre abstracto cuando se habla á la persona que lleva el título: Sancho le dice al cura (Qui. l, 47), su Reverencia, su Paternidad, y así se acostumbra siempre en Colombia : su merced, su señoría en vez de vuestra merced, vuestra señoría, son los tratamientos ordinarios, de los amos el primero, de las dignidades eclesiásticas el segundo. Este uso del posesivo de tercera persona proviene de la costumbre de usarlo siempre que se habla de una persona dándole algún título; ó más bien, de que, siendo de tercera persona todos los demás posesivos que se refieren á la persona denotada por el título, su uso se ha extendido al título mismo. (pág. 44 de las notas)
Nota 82 (al núm. 271)
Úsase la antes de adjetivos que comienzan por a acentuada, aun en el caso de estar sustantivados : « El vive en la casa baja, y yo en la alta. » La Academia asienta que los nombres propios de mujeres y los de las letras a y h necesariamente llevan la: la Agueda, la Angela, la a, la hache. (pág. 44 de las notas)
Nota 53 (al núm. 272)
A la manera que en obsequio de la eufonía dice Maury áú el alma, es práctica común hoy, y al parecer autorizada, escribir de el del por del del: « De este parecer no estoy tan seguro como de el del Consejo reunido » (Quintana, Memoria sobre su proceso y prisión en 1814); « Se replegaron no sin dificultad y pérdida al palacio. Los sublevados se apoderaron de el del duque de Ascoli » (D. Angel de Saavedra, Masanielo, IT. 4); « El patronímico, precedido del nombre de bautismo y seguido de el del solar, constituyó una denominación parecida al tría nomina nobiliorum de los romanos » (D. José Godoy y Alcántara, Apellidos castellanos, ID.Sin embargo, en ediciones más antiguas se observa lo contrario : en la Historia de España de Mariana, Madrid, 1608, tomo Il, pág. 177, se lee « del de el rey don Pedro » (R. 31. 38*: « del del rey don Pedro »). En el tomo XI de las obras de Quevedo, pág. 110, edición de Sancha, dice « hermano del de el Carpio » (R. 23. 214! : « hermano del marqués del Carpio »). (pág. 44 de las notas)
Nota 54 (al núm. 274)
Del demostrativo latino ¿lle han salido en castellano dos series de formas caracterizadas por el acento: el, ella, ellos, ellas, ello, acentuadas, se usan como voces independientes de libre colocación en la frase; el, la, le, lo, las, les, los, átonas, se apegan precisamente á otras voces, ya como enclíticas, ya como proclíticas. Pero esta clasificación fonética de las formas no casa exactamente con su clasificación gramatical; bien es cierto que las formas acentuadas é independientes son sustantivos, supuesto que pueden servir de sujeto en la proposición y representan de por sí personas ó cosas ; mas en las formas átonas no se halla igual fijeza de funciones: le, les solo se apegan á un verbo, precediéndole ó siguiéndole (Aijole, les dio) y representando personas ó cosas; la, los, las se anteponen á los sustantivos determinándolos, ó bien, como le, les, preceden ó' siguen á los verbos (la carta, los pinta); lo va con verbos y con adjetivos (lo niega, lo bueno), el precede á los sustantivos (el l¿bro) y, lo mismo que la, lo, las, los, á adjetivos, complementos y frases rela- y tivas que representan el concepto y hacen el oficio de sustantivos (las feas, los de Paris, el que busca halla). El análisis de las formas átonas que se juntan de ordinario con sustantivos, digamos del artículo, ofrece varias dificultades, provenientes las más de que algunas de las combinaciones en que entran puede clasificarlas nuestro entendimiento en grupos diferentes, de donde resultan vacilaciones que no permiten trazar líneas bien marcadas entre todas sus aplicaciones. Esto es lo que va á verse en las observaciones siguientes : 1. Los adjetivos se sustantivan, y hacen entonces por sí solos todos los oficios del sustantivo : « Este mundo y la Iglesia es ahora como un rebaño de ovejas y cabritos, esto es, de buenos y malos, mezclados de tal manera que no siempre se conoce quién es oveja de Cristo ó cabrón de Satanás » (Puente, Med., ple. [, 14): aquí buenos y malos hacen el mismo oficio que ovejas y cabritos. Con el artículo se dice los buenos y los malos, como las ovejas y los cabritos; por donde se echa de ver que no es necesaria su compañía par» que el adjetivo se sustantive. (pág. 44 de las notas)
Una frase adjetiva puede sustantivarse lo mismo que el adjelivo solo: omitiendo hombres en los hombres muy ricos, queda los muy ricos, lo mismo que los mal educados, los limpios de corazón, los aficionados d libros. Dícese el verdadero humilde sustantivándose humilde solo, y el verdaderamente humilde sustantivándose la frase adjetiva verdaderamente humilde. * El adjetivo no sólo se sustantiva representando algo concreto, como en los ejemplos anteriores ; tómase también en su significado general, denotando los objetos todos que tienen cierta cualidad, en - el concepto de tenerla, ó ia cualidad misma prescindiendo de ellos ; y. g. « Para distinguir entre torpe et honesto, vicio et virtud, bueno et malo, el hombre ha menester conocimiento. » (Alf. de la Torre, Vision delectable, pte. I, cap. II.) (pág. 45 de las notas)
El Padre y Rey de humano y de divino Hará de mí lo que ordenado tiene. (pág. 45 de las notas)
(Hernández de Velasco, Eneida, X). (pág. 45 de las notas)
.... Hizo á Wamba el pueblo, junto En concorde elección, rey poderoso, Y él, dando temporal por infinito, La púrpura trocó en sayal bendito. (pág. 45 de las notas)
(Valbuena, Bernardo, 1!). (pág. 45 de las notas)
* Lo mismo que en latín facete dicta. (pág. 45 de las notas)
Vino con grueso ejército y armado A Italia, y todo el mundo amenazando, Sin perdonar profano ni sagrado. (pág. 46 de las notas)
(Hurtado de Mendoza, carta VI” El oído fácilmente Discierne bueno y malo en la armonía. (pág. 46 de las notas)
(T. Iriarte, Música, 1). (pág. 46 de las notas)
« Los edificios de la ciudad nada tienen de grandioso. » En los adjetivos que no expresan cualidad se denotan, usándolos así, objetos á que cuadraría la determinación expresada por aquéllos: « Harto os he dicho, » « Mucho se espera de su prudencia ; » (pág. 46 de las notas)
A otro que amores dad vuestros cuidados; (La Celestina, versos acrósticos del principio”); y éstos son los sustantivos neutros del Autor. Pero nuestra lengua aventaja en este punto á las demás romances, pues tiene una forma propia del artículo que se une con los adjetivos usados de este modo; cuando se dice en portugués o bello, en italiano 11 bello, en francés le beau, nos valemos en castellano de lo, lo bello, que corresponde á la terminación neutra del artículo en otras lenguas: to zαλóv, das Schóne; y como nunca se junta con nombres masculinos ni femeninos, es realmente neutro, y por tal debe también reputarse el adjetivo así sustantivado. Los pasajes siguientes lo presentan precedido del artículo neutro y de un posesivo apocopado: (pág. 46 de las notas)
« Por ende non te espantes de lo mi rasonado, Nin por el mi fablar non seas enojado. (pág. 46 de las notas)
(Rimado de Palacio, 1258.) (pág. 46 de las notas)
Aunque aquí tu mortal yace so tierra, Lo inmortal, y tu claro nombre y gloria Viven y vivirán eternamente. — (Figueroa). (pág. 46 de las notas)
En este sentido puede también sustantivarse no sólo el adjetivo sino la frase adjetiva: decimos lo único necesario, lo mucho bueno que hay en el libro, lo bello ideal, sustantivando á único, mucho y bello y modificándolos con el artículo neutro y las adjetivos necesario, bueno, ideal; en lo meramente necesario, lo verdaderamente sublime, se hallan sustantivadas y modificadas por lo las frases adjetivas meramente necesario, verdaderamente sublime. Todo eslo vemos ejemplificado en el siguiente lugar de D. Antonio Cánovas del Castillo : « Tan peligroso era poner fuera de sí mismo límite alguno á lo bello; tan funesto pareció desde el principio establecer preceptos, * Este verso se halla con insignificante variación en el Laberinto de Juan de Mena, est. 107. (pág. 46 de las notas)
no ya positivos, sino aun negativos, para el arte, bien que ellos se basasen no menos que en las leyes de lo perpeluamente verdadero y de lo bueno, perfecto y eterno » (Discurso sobre la libertad en las artes). (pág. 47 de las notas)
Aquí notaré que el adjetivo neutro presenta las cualidades más en abstracto que el sustantivo correspondiente: al decir lo bueno, se ofrece al entendimiento una cualidad claramente desprendida de su sujeto; en la bondad, por el mero hecho de su carácter léxicamente sustantivo, no aparece tan á las claras la falta del sujeto; á lo que se agrega que, acaso por la misma razón, se observa en las lenguas, á medida que van entrando en años, la tendencia á convertir en concretos los nombres abstractos. * Es también digno de notar que el adjetivo no se sustantiva en la inflexión superlativa: dícese, por ejemplo, los muy ricos, pero no los riquisimos ; lo muy dulce, pero no lo dulcisimo. (pág. 47 de las notas)
Una ligera comparación con el latín, lengua que no tiene artículo, me parece oportuna para hacer ver con más claridad la estructura de las frases castellanas : (pág. 47 de las notas)
Adjetivos sustantivados : boni, mali — (los) buenos, (los) malos ; bonum, honestum — (lo) bueno, (lo) honesto: en estos casos se omite el artículo en castellano cuando, según el genio de la lengua, tampoco se usa con sustantivos comunes: « Persiguen á buenos y malos ; » « Se robaron bueno y malo. » En este pasaje de Ciceron: Umnino illud honestum, quod ex animo excelso magnificoque quaerimus, animi efficitur, non corporis viribus (Off. 1, 23), si cupiera poner un sustantivo equivalente de honestum, supongamos honestidad, saldria muy bien aquella honestidad, y así tradujo Támara ; tomando el adjetivo neutro, no sería dable decir aquello honesto, porque aquello es sustantivo, pero sí lo honesto, aunque perdiéndose la demostración, como sucede con el artículo. Con todo, es de observarse que. siendo general en su significado el adjetivo neutro sustantivado, y tratándose aquí de una acepción técnica del vocablo, lo más propio sería sustantivarlo con el artículo masculino; y entonces diríamos en la ética el honesto, * como en la retórica el sublime, el patético, en la economía política el superfluo, el necesario,en las bellas artes el desnudo, el antiguo, etc. De todo lo dicho se deduce que en los buenos, lo bueno las formas átonas del artículo son modificativos, y buenos, bueno representan el objeto ó concepto modificado, aquéllas son adjetivos, éstos sustantivos. (pág. 47 de las notas)
ll. A ciertas frases castellanas y portuguesas en que figura el ” Véase Cantú, Hist. Univ., lib. VII, cap. XIX ; Monlau, Del arcaísmo y el neologismo, VI. (pág. 47 de las notas)
"* « Como escribe Crisipo en el libro primero del honesto y del deleite. » (El comendador Griego, sobre la copla 231 del Laberinto de Juan de ena. (pág. 47 de las notas)
artículo corresponden en las demás lenguas romances y en otras giros muy diversos, por cuanto aparecen en ellos, en vez del artículo, que es esencialmente adjetivo, demostrativos sustantivos ó sustantivados : examinemos cómo pueden explicarse las nuestras. a. Los complementos equivalen muchas veces á adjetivos (Gram. núms. 76, 84),* y lo mismo que ellos pueden sustantivarse ; v. g. ¿ Qué dices, loco, villano, Atrevido, sin respeto? (Moreto, El desdén con el desdén, 111, 6): (pág. 48 de las notas)
sin respeto vale irrespetuoso, y señala á la persona con quien se habla como lo haría un sustantivo. * Algún sin alma que aguarde Lo que esperamos los dos (Tirso de Molina, Quien calla, otorga, I, 15): (pág. 48 de las notas)
sin alma equivale á desalmado, y está sustantivado sirviendo de sujeto á aguarde y modificado por algún. (pág. 48 de las notas)
La pobre madre se enoja De marranería tanta, Y á la sin vergúenza arroja Este anatema que espanta (Trueba): (pág. 48 de las notas)
sin vergúenza es como desvergonzada, y sustantivado sirve de término á la preposición 4; va modificado por la forma abreviada del artículo, lo mismo que en el ejemplo anterior aparece la apócope algún. Volvamos los ojos al latín. Cicerón usa un giro como éste: Est Themistoclis nomen, quem Solonis, illustrius (ubi supra, I, 22): aquí Solonts está sustantivado y se traduce el de Solón. De una manera semejante el complemento modicae fidei, que los traductores han vertido hombre de poca fe y que en el texto griego es un adjetivo, se halla en la Vulgata empleado como vocativo (Matth. XIV, 3). De un complemento sustantivado en el sentido de adjetivo neutro, nos ofrece ejemplo el siguiente pasaje de San Agustín: Quod dixi non est de meo sed de domini mei: aquí hace juego domini mei con meo, y sirve de término á la preposición de: literalmente podría traducirse lo de mi señor. (pág. 48 de las notas)
* « Éra recto, que es decir, de ánimo y de costumbres no torcidas. » (Fr. Luis de León, Job, 1.) (pág. 48 de las notas)
** Otro ejemplo: (pág. 48 de las notas)
. Intame, bajo, vil, de humilde pecho, Mi respeto justo ha hecho \_ Que tu sangre no derrame. — (Guillén de Castro, Las 'smocedades del Cid, 2* pte. 1). (pág. 48 de las notas)
b. Las frases relativas equivalen también á adjetivos; en comrobación de lo cual basta abrir un diccionario, donde se verá que muchisimos se definen por medio de ellas, ó tratar de traducir de una lengua copiosa en participios, pues será menester á cada paso echar mano de frases relativas para expresarlos.* Si decimos el hombre amante y el hombre que ama, tendremos dos frases sustantivas en que hombre va modificado primero por un adjetivo y luego por una frase relativa: omitamos el sustantivo, y quedarán los otros haciendo sus veces: el amante, el que ama; correspondencia que se conserva en el neutro : lo agradable, lo que agrada.” Conforme á lo que precede, complementos y frases relativas sin artículo equivalen á un adjetivo: hombre bueno y de valor — hombre bueno y valiente, hombre bueno y que sabe mucho — hombre bueno y muy sabio; y con artículo á un sustantivo : el sín vergúenza — el desvergonzado, los que enseñan — los maestros. Además, expresiones como la esposa, la rica, la de negros ojos, la que cautiva, constituyen un grupo formal y al mismo tiempo de sentido, en cuanto el artículo se combina como proclítico con términos ó expresiones significativas de las cualidades ó condiciones mediante las cuales se señalan objetos conocidos; grupo que pudiera también calificarse de lógico, en cuanto todas ellas pueden usarse para representar el sujeto de la proposición. Véase en el siguiente pasaje la armonía que guardan semejantes designaciones, no solo en la estructura del período sino en la manera con que se ofrecen al entendimiento: « Quedó pasmado Don Quijote, absorto Sancho, suspenso el primo, atónito el paje, abobado el del rebuzno, confuso el ventero, y finalmente espantados todos los que oyeron las razones del titerero » (Cervantes, Qui. Il, 25). (pág. 49 de las notas)
Por otra parte, como sea el oficio natural de los complementos y frases relativas de que aquí se trata el de modificar sustantivos, y haya además muchísimos casos en que el genio de la lengua y la naturaleza del concepto no permiten concebir la equivalencia de un adjetivo, el entendimiento se inclina á ver el sustantivo en el artículo más bien que en el complemento ó en la frase relativa, ó lo que es lo mismo, á hacer entrar la expresión en el grupo de sentido que forman los sustantivos acompañados de un modificativo. Así cuando decimos : « Después de la parte oriental de la ciudad pasó á reconocer la del sur», tomamos el la último como representante natural de * «Invisible y que todo lo ve, inmutable y que todo lo muda. » (Granada, Mem. vida crist. V.); « Es varón, esto es, no muelle ni afeminado para la virtud, ni que se vence fácilmente. » (Fr. Luis de León, Job, I); « No es perfecto el ignorante y que no sabe. » (Id., 1b.) (pág. 49 de las notas)
* En el siguiente pasaje la frase relativa los como yo vale los semejantes d mí: « Estos tales eran á quien todo les estaba bien, y en los como vo era e y bellaquería » (Alemán, Guzmán de Alfarache, ple. I, lib. IT.! Cap. (pág. 49 de las notas)
parte y á El referimos el complemento del sur, lo mismo que antes el adjetivo oriental al mismo sustantivo expreso: en « Nos encon- - tramos con el de que hablábamos, » referimos la frase relativa de que hablábamos á el, dando á éste la fuerza de el hombre, el sujeto. Sin embargo, casos hay en que una frase relativa con artículo equivale naturalmente á un sustantivo, sin que aquél haya de tomarse como tal; por ejemplo: 1.2 Cuando va en aposición con un sustantivo, ya explicándolo, v. gr., « Fabló mio Cid, el que en buen hora cinxo espada, » ya especificándolo ó distinguiéndolo, por ejemplo, « El rey don Alfonso, el que ganó á Toledo; » aplicaciones que dieron origen al empleo de el que, la que, etc., como meros relativos (Gram. núm. 325). 2.° Cuando se usa como predicado: « Cuando el cuervo da voces, y con ellas te da á entender alguna mudanza del aire, no es el cuervo el que te avisa, sino Dios. Y si por las voces y palabras humanas eres avisado de algo, ¿no es también Dios el que crió ese hombre y le dio esa facultad para poderte avisar? » (Granada, Guía, 1, 3); nótese que se dice « él fue el que me enseñó, » « ella fue la que me enseñó, » lo mismo que « él fue mi maestro, » « ella fue mi maestra. »3. Cuando se emplea como vocativo: « Díme tú, el que respondes, ¿fue verdad ó fue sueño lo que yo cuento que me pasó en la cueva de Montesinos? » (Cervantes, Quij. II, 62). II. Sobre el carácter de lo cuando reproduce predicados, parece cie to, como Bello dice, que es el acusativo de ello. Sin alegar la analogía de lenguas, como la arábiga, en queel predicado de ser y otros verbos análogos va precisamente en acusativo, en provenzal y en francés tenemos comprobación más segura. * En todos estos > casos la cualidad ó estado se representa como resultado de la existencia, y pudiera creerse que en ciertas cualidades el acusativo las hace aparecer como efecto de la libre actividad del hombre, que puede ser lo que quiere: « Si no es virtuoso, es porque no quiere serlo. » El lenguaje representa esta actividad como cualquiera otra, por material que sea: «Si no vive virtuosamente, es porque no quiere hacerlo. » (pág. 50 de las notas)
Nota 55 (al núm. 284)
Esta nomenclatura de los casos procede de la filosofía estoica, en la cual ptosís, que los romanos tradujeron casus, significa realmente caída, es decir, la inclinación ó relación de una idea con respecto á otra, el caer ó reposar una idea sobre otra. Hubo largas y destempladas disputas sobre si al nominativo podría apli- * Sacy, Gramm. Arabe, tumo II, $$ 86, 87, 88. Uricoechea, Gramm. Arabe de Caspari, $$ 406, 407. En provenzal la forma o que se emplea en estos casos, no tiene otro valor que el de acusativo neutro : « Vós me apelláz majéstre e dóm, e dizét o bé, car eu o sói. » Bartsch, Chrest. 9. 16. En francés el relativo va en este caso precisamente en acusativo : « Elle ignore ce qu'est la vie d'outre-tombe ; » « De facile qu'elle élait aux impressions du bien, elle devient rebelle et réfractaire. » (pág. 50 de las notas)
carse el nombre de plosis 6 caída, y todo verdadero estoico habría rechazado la expresión casus rectus, porque el sujeto ó nominativo, según su modo de ver, no caía ó reposaba sobre nada, sino se mantenía erguido, al paso que todas las demás palabras estaban oblicuas hacia él y dependiendo de él. Hoy la palabra caso nada de esto sugiere al entendimiento, pero es noticia curiosa en la historia de la gramálica, que anoto aquí tomada de Max. Miller,* porque es muy facil que á alguien se le ocurra averiguarlo. (pág. 51 de las notas)
Nota 56 (al núm. 294)
El caso del infinitivo reproducido por neutros puede reducirsc al de las proposiciones, según se verá en la nota sobre el infinitivo. (pág. 51 de las notas)
Nota 57 (al núm. 295)
Es característico del estilo de Gabriel Alonso de Herrera reproducir cualquier sustantivo, masculino ó femenino, especialmente los primeros, por un demostrativo neutro: « El centeno es de su cualidad frío; dello se hace muy mal pan, dañoso al estómago, que se pega si no son á ello muy usados. » (Agr. Gen. Il, 14); « El trigo trechel es más frío que lo blanco » (1b. cap. XII). Esto tiene traza de ser usanza anligua de gente campesina. En Cervantes mismo se lee: « Solo traigo en mis alforjas un poco de queso, tan duro, que pueden descalabrar con elloá un gigante » (Qui. II, 13). (pág. 51 de las notas)
Nota 58 (al núm. 316)
Según nos dice Bello, en estas oraciones: « Que la tierra se mueve al rededor del sol es cosa averiguada, » « Los animales se diferencian de las plantas en que sienten y se mueven, » que es un sustantivo equivalente á esto y perteneciente á la proposición principal. Esta explicación me parece demasiado artificial, y ofrece las dificultades siguientes, que pueden pasar por argumentos en favor del carácter relativo de este vocablo, del cual lo despoja. ríamos haciéndole pertenecer á la proposición subordinante : 12, A tomarse que como equivalente de esto y perteneciente por tanto á la proposición subordinante, habrá de hacerse lo mismo con sien « No sé sí tendrá buen éxito la empresa, » dado que se puede convertir en « No sé esto: ¿tendrá buen éxito la empresa? » La única diferencia entre uno y otro consiste en que este sí, como degeneración del condicional si, está destinado por la lengua para denotar duda, y el que, igual en su forma al relativo neto, para lo aseverativo ó puramente expositivo; usos ambos muy naturales, pues lo condicional se da la mano con lo contingente, y la carencia de sufijo ó inflexión determinada en el relativo lo califica para expresar la dependencia más incolora entre dos proposiciones. (pág. 51 de las notas)
* Lectures on the Science of Language, [, III. (pág. 51 de las notas)
2 NOTAS. [58 22. La resolución de que en esto no puede verificarse sino en. ciertos casos, y especialmente es inaplicable cuando el verbo subordinante pide subjuntivo: « Temo que venga, » no puede reducirse ' á « Temo esto: venga; » lo cual depende, y ésta, en mi sentir, es razón decisiva en favor del carácter relativo de que, de estar el! régimen modal de tal suerte vinculado en las palabras relativas, que - sin expresarse ó suponerse éstas no se comprende esotro. * 32, El uso de la lengua no permite suponer que en los empleos de! que y sí de que aquí se va tratando, pertenezcan éstos á la proposición subordinante, toda vez que ocurren encabezando frases exclamatorias é interrogativas directas: * «¿Sí tendrá buen éxito la empresa ? » (pág. 52 de las notas)
Loca estoy ! (pág. 52 de las notas)
¿ Que á César he de ver hoy ? (pág. 52 de las notas)
(Calderón, Peor está que estaba, MI). (pág. 52 de las notas)
Ñ A sabor duerme. ¡ Y que viva Un hombre y parezca muerto! (pág. 52 de las notas)
(Tirso de Molina, La Gallega Mari-Hernández, I, 10). (pág. 52 de las notas)
- El oficio de anunciativo de ordinario ha procedido del oficio de relativo, y generalmente vienen á desempeñarlo adverbios causales (v. g. en sánscrito ydt, en latín quod, y sobre todo en la decadencia guia, quoniam, quatenus; los dos primeros más á menudo por ser puros casos del relativo), ó de modo (v. g. como **, ut, ds, yatha); de suerte que el anunciativo viene á ser un relativo descolorado, digámoslo así, en su significación, mas no en su carácter. como lo prueba, según ya apunté, su influencia en el modo del verbo que le acompaña. La sintaxis histórica prueba sí que la parataxis ó yuxtaposición precedió á la hipotaxis ó subordinación, así como también que la función de relativo no puede adjudicarse como esencial á ninguna de las raíces que la tienen en nuestra familia lingúística. Pero es cierto también que el latín quí aparece desde los tiempos más remotos introduciendo proposiciones subordinadas, cuanto más sus derivados en las lenguas romances. Si esto es así, si la subordinación de que es signo principal el anunciativo que, es como ingénita en nuestro castellano, no parece acertado explicarla acudiendo á un procedimiento anterior en todo caso á cuanto sabemos de la lengua madre. Debe tenerse presente que en las lenguas germánicas, de donde parece haberse sacado la teoría del Autor, ** el anunciativo, de raíz demostrativa, existe también como pronombre relativo, y creo " Véase Gram., núm. 1226. (pág. 52 de las notas)
*" Vease Gram., núm. 995. (pág. 52 de las notas)
"* Véase Gram., núm. 1233. A “e Varios gramáticos ingleses la han admitido. Véase Goold Brown, The Grammar of English Grammars, p. 519 (New-York, 1865). (pág. 52 de las notas)
empresa muy difícil el probar que el uso de anunciativo apareció antes del de relativo ?. (pág. 53 de las notas)
5.2 Las proposiciones introducidas por gue admiten en la proposición subordinante un demostrativo, el cual es de ordinario esto; de suerte que no puede decirse que el anunciativo haga sus veces: « Aun esto hay excelente en este viaje, que muy muchas cosas se dan más de las que se piden » (Santa Teresa, Cam. de perf. 38); « Esto sé bien decir, que quedé confusa y pensativa » (Cervantes, Quij. I, 28); « Si ello es verdad que las estrellas y el sol se mantienen.... de las aguas de acá bajo, creo firmemente que las de este río sean en gran parte ocasión de causar la belleza del cielo que le cubre » (ld. Gal. VI); « Siempre, Sancho, lo he oído decir, que el hacer bien á villanos es echar agua en la mar » (Id. Quij. I, 23); « En esto se diferencia la lucha de la guerra, que en la guerra no siempre andan los hombres al pelo, á tiempos descansan, comen y duermen; sus treguas tienen para descansar, para rehacerse, para recorrer las armas y curar las heridas; pero los que luchan, ningún momento cesan ni descansan, ni para esto se les da lugar de parte del enemigo » (Fr. Fernando de Zárate, Paciencia crist. /, 1); « En esto me has mostrado singularmente tu dulce caridad, en que cuando yo no existía me criaste » (Nieremberg, /mit. de Cristo, [1I, 10); « Ello es ansí que no hay cosa más rica ni feliz que una buena mujer » (Fr. Luis de León, Perf. cas. introd.) El mismo demostrativo puede usarse con otras frases relativas. (pág. 53 de las notas)
Nuestro Autorseñala con la mayor claridad la diferencia que hay entre el anunciativo que y las conjunciones propiamente dichas (y, Ó, ni, pero), y no es pequeña la que lo separa de los adverbios relativos (cuando, donde, como, aunque, si). En las lenguas romances ha reemplazado en este oficio al quod latino, que los gramáticos miran con razón como acusativo del relativo; éste se adverbializó á la manera de id, quid (id gaudeo, quid ego haec memoro? hoc est demum guod percrucior), significando en cuanto, por cuanto; de aquí pasó . á usarse como signo de una proposición explicativa de un nombre ó pronombre anterior, y por fin como signo de una proposición que sirve de sujeto ó complemento. Estos son los hechos que señalan el camino recorrido pur ruod para llegar al oficio de anunciativo, en que lo ha reemplazado que, y al cual no conviene ninguna denom1- nación de la nomenclatura conocida. (pág. 53 de las notas)
Nota 59 (al núm. 329)
Todas las ediciones del Quijote que tengo á la mano dicen : « Porque ves allí, amigo Sancho Panza, donde se des- * En el Diccionario de Grimm está explicado dass como terminación neutra de der, empleado como relativo. Recuérdese que en gótico no tienen los demostrativos valor relativo si no se les apega e:, que, voz relativa por excelencia, cubren treinta ó pocos más desaforados gigantes, con guien pienso hacer batalla » (ple. I, 8); y no quienes. El responsable del error es Garcés, de quien Bello tomó la cita; el otro pasaje aducido por el primero sí es exacto, pero se refiere al interrogativo : « En un instante quedaron enteradas de quiénes eran Don Quijote y su escudero. » (Cerv. Quij. II, 58). (pág. 53 de las notas)
Los ejemplos auténticos más antiguos que tengo anotados de quienes son de Guevara : Epist. fam. pte. I, letra para D. Pedro de Acuña (fol. 45, Zaragoza, 1513); Césares, pról., y Menospr., cap. X (fol. 140, Valladolid, 1545). Los de obras anteriores que cita Gessner (Zeitschrift fúr romanische Philologie, XVIII, p. 453), dejándose llevar de su fe ciega en la Biblioteca de Rivadeneira, son más que dudosos: el de la Celestina (fin del acto XVIII: R. 3. 68%) sospecho fue tomado por Amarita de la edición de Venecia, 1553, donde efectivamente se halla, pero no en las anteriores y posteriores que he podido consultar (v. gr. Venecia, 1534, Amberes, 1539 y 1595, Toledo, 1573, Salamanca, 1590); el de Pulgar, Letras, XIV (R. 13. 481, copiado de la edición de Madrid, 1789, y éste de la de 1775), lleva quien en las de Zamora, 1543, y Alcalá de Henares, 15%4, lo mismo que en el razonamiento de la Crónica de los Reyes Católicos, cap. LXXIX (p. 1432, Valencia, 1780); el de la Crónica de Juan I no tiene más garantía que la de los editores del siglo pasado, pues el pasaje falta en laedición principe de 1495; en el del Poema de Fernán González, 239, et MS. dice guien, según lo advierte el Sr. Carrol Marden en su preciosa edición arítica, p. xLv (Baltimore, 1904). Desde mediados del siglo XVI van menudeando los ejemplos hasta la edad de Cervantes : por ejemplo, Zapata, Carlo famoso, fol. 149, yo (Valencia, 1566); Estella, Vanidad del mundo, ple. II, fol. 117, vo (1584, por Manuel de Lyra); Antonio Pérez, Relaciones, p. 3 (París, 1598); Pinciano, Pelayo, pról. y fol. 78 (Madrid, 1605); Mariana, Hist. Esp. L, p. 117 (Madrid, 1608); Márquez, Gobern. crist. p. 301 (Pamplona, 1615). Jiménez Patón en su gramática (1614), después de advertir que son invariables que y guien, añade que algunos dan plural á éste diciendo « Los hombres ó mujeres á quienes conoces. » Ambrosio de Salazar en su Espejo general de la Gramática (1622) califica todavía de inelegante la inflexión plural; pero cada día va haciéndose más frecuente hasta generalizarse. Sin embargo, aun en escritores de nuestro siglo se halla de cuando en cuando quien como plural : « Ha dado de comer á los pocos ó muchos naturales de qu : ha tenido necesariamente que valerse » (Larra, Vuelva usted mañana); « Hay entendimientos en quien no cabe 'un adarme de metafísica » (Menéndez Pelayo, Heterodoxos, tomo III, p. 235; item, p. 219). (pág. 54 de las notas)
Nota 60 (al núm. 347)
No faltan ejemplos de el cual en escritos del siglo X1Il; v. gr.: ¦ (pág. 54 de las notas)
Disso : agora veo de plan la medezina La qual me dara sana con la gracia divina. (pág. 55 de las notas)
(Berceo, S. Millán, 149.) (pág. 55 de las notas)
« El guardador que rescebiese en guarda los bienes de algunt huérfano el ficiese facer escriptura pública de quantos eran quando los rescebió, la qual escriptura es llamada en latin inventario, si despues.... » (Partida III, 18. 120). «Sacó una eregia que fue llamada del su nombre la eregia de los novacios, lo qual non fue bien »(Crón. general, I, 134 : fol. 108, Zamora, 1541). (pág. 55 de las notas)
61 (núms. 356-360). Asaz desempeña comúnmente el oficio de adverbio: « Sus cuerpos esparcidos por la tierra asemejaban un horrible escuadrón, asaz poderoso para vencer la vanidad de los vanamente confiados » (Melo, Guerra de Cataluña, V); « Todas estas cosas bien consideradas nos declaran asaz qué tan grandes hayan de ser las penas de los malos » (Granada, Guía de pecadores, 1, 10). El empleo de asaz como adjetivo (asaz estimación, Melo, ibid. TIT), sobre ser menos común, es contrario á la etimología (ad satis). Análogo al yaque, citado por el Autor, es el algo que usado por Cervantes, ora como sustantivo neutro, v. g. « Suplico á Vuestra Excelencia mande á mi marido me envíe algún dinerillo, y que sea algo que, porque en la corte son los gastos grandes » (Quij. II, 52; véase además el cap. V de la misma pte.); esto es, cosa de consideración ; ora como adverbio: « El rocín del señor Miguel de Cervantes tiene la culpa de esto, porque es algo que pasilargo » (Persiles, pról.). Ocurre también en Calderón (El secreto á voces, III”. (pág. 55 de las notas)
Yaqué se halla también como adjelivo : « Mató á sobrevienta á su tio Flavio Clemente por yaquec sospecha poca que hobo dél» (Crónica general, 1, 97). (pág. 55 de las notas)
Yacuanto se usaba también adverbialmente, como la mayor parte de los neutros de cantidad : « Los tres caballeros, que se tornaron su paso, eran yacuanto alongados » (Conde Lucanor, 11). Más completa que con otri es la semejanza de nadie con otrie, que ocurre en el Libre de Apolonio : (pág. 55 de las notas)
Non lo daba á otrie lo que él fer podia (copla 299); y aun se conservaba en el siglo XV1 (aunque acaso como provincialismo), según se ve en la traducción de Terencio por Pedro Simón Abril (pp. 78, 155: Zaragoza, 1577). (pág. 55 de las notas)
Alguien sale de aliquem como quien de quem. Es de creerse que la acentuación de algo y nadie influyó en alterar la de aquél, pues antiguamente se acentuó alguién, lo mismo que en portugués alguém y en gallego alguén: « Habla poco y bien, tenerte han por alguién » (Refrán en el comendador Griego). * * Véanse otros ejemplos en mi Diccionario de construcción y régimen. (pág. 55 de las notas)
Nota 62 (al núm. 361)
Parece que en lo antiguo no estaba circunscrito á ¦ ciertos y determinados infinitivos el usarse en plural; v. g. « Es (el ' amor espiritual) amor sin poco ni mucho de interese propio: todo lo que desea y quiere es ver rica aquella alma de bienes del cielo. Esta sí es voluntad, y no estos quereres de por acá desastrados » (Santa Teresa, Camino de perfección, 7). (pág. 56 de las notas)
Pues con su morir tan fuerte Muchos morires mató, Razón es que por tal muerte Muchas mucrtes muera yo. (pág. 56 de las notas)
(Floresta de Bóhl de Faber, tomo I, no 15). (pág. 56 de las notas)
Nota 63 (al núm. 364)
Vonada puede también acompañarse del artículo definido en el mismo sentido que del indefinido: « ¿ Qué cosa más ajena de razón que, siendo los hombres tan solícitos en proveerse para todas las nonadas de la vida, ser por otra parte tan insensibles para cosas de tanta importancia? » (Granada, Guía de pecadores, I, 10, $ 1). « Si en cosas grandes os sirviera, no hiciera caso de las nonadas » (Santa Teresa, Vida, 39). (pág. 56 de las notas)
Nota 64 (al núm. 377)
El uso corriente, consignado en el Diccionario, es escribir 4 menudo separadamente. Lo propio sucede con tal vez, que el Autor, siguiendo á Puigblanch, escribe talvez, en una sola palabra, cuando significa quiza, y dividido cuando vale:en ciertas ocasiones ; v. g. « Tal vez anda despacio, y tal apriesa » (Cervantes, Viaje del Parnaso, 8). (pág. 56 de las notas)
Nota 65 (al núm. 379)
Más atrevidas que el recién libres de Cervantes, son las expresiones siguientes : « Gastaba como inayorazgo, y comía como recién heredero » (Estebanillo Gonzalez, 5). (pág. 56 de las notas)
Más secreto y recatado Seré, que un recién ministro. (pág. 56 de las notas)
(Alarcón, Mudarse por mejorarse, IT, 7). (pág. 56 de las notas)
A Benito le sea dado Un zurrón para su apero, Que, aunque recién ganadero, El tendrá mucho ganado. (pág. 56 de las notas)
(Ledesma, Conceptos espirituales, p. 295 : Madrid, 1609). Lo cual me recuerda haber oído decir recién sacerdote por recién ordenado de sacerdote. (pág. 56 de las notas)
Nota 66 (al núm. 389)
En aqueste, aquese, aquel, la primera sílaba es la partícula indicativa a que aparece en aqui, ahí, allí, allá, atal, atanto ; las formas simples corresponden al italiano questo, quello, y (pág. 56 de las notas)
30c han formado sobre +ste, ipse, tlle, con el adverbio indicativo ccum, y por ectlipsis eccu'iste, eccu'ipse, eccu'ille. (pág. 57 de las notas)
Nota 67 (al núm. 392)
Abundando en la opinión de don Francisco Merino Ballesteros, creo que en el ejemplo de Iriarte (« Sí que hay quien tiene la hinchazón por mérito ») el sí es corroborativo de lo anterior (consúltese todo el pasaje en la fábula XLID, y el que es conjunción causal equivalente de pues, porque (Gram., núm. 992). Lo mismo digo del lugar de Cervantes, el cual puede verse en el prólogo de las Novelas ejemplares. (pág. 57 de las notas)
Fuera del sentido, pruébalo la puntuación, pues en estos casos siempre se pone coma, y aun punto y coma, después del sí, como se halla en las ediciones de Iriarte y Cervantes, y en Quintana. Otra cosapara mí concluyente es la identidad de este giro con aquel en que no tratándose de confirmar lo anterior, sino antes bien de negarlo $ corregirlo, se dice no, que: v. g. El padrón del oprobio allí se mira Que á dolor congojoso Incita el pecho y á furor sañudo, Cuando contempla á la ignominia dado Tan santo sitio, y al silencio mudo. ¡Mudo silencio! Vo, que en él aun vive Su grande habitador: vedle cuán lleno De generosa ira Clamando en torno de nosotros gira. (Quintana, A Juan de Padilla). (pág. 57 de las notas)
Nota 68 (al núm. 396)
Solo adonde puede ir en una sola palabra; las otras expresiones que el Autor indica (endonde, dedonde, pordonde) se escriben universalmente separadas, lo mismo que desde donde, hacia donde, hasta donde, aunque lleven su antecedente expreso : « E] lugar hacia donde íbamos. » (pág. 57 de las notas)
Nota 69 (al núm. 408)
En el tomo XXXIV, pág. 475, de la Biblioteca de Rivadeneira aparece este pasaje de El mayor imposible de Lope de Vega así puntuado: (pág. 57 de las notas)
Pues haz que en ese jardín Contigo esta noche cene; Que yo, después de cenar, Haré que conmigo juegue O se entretenga algún rato. (pág. 57 de las notas)
Mientras, levantarte puedes A hablar con Lisardo. (pág. 57 de las notas)
Como esto contradice la opinión de Bello, que tiene por una novedad en la lengua el uso absoluto de mientras por entretanto, he consultado la edición original, y resulta que después de rato hay coma y no punto, y que después de mientras no hay coma ni nada; por consiguiente, la opinión dicha no queda invalidada. El mismo editor dio de este modo en su Teatro escogido de Fray Gabriel Tellez, tomo XII, pág. 112, el siguiente lugar de El burlador de Sevilla : ¿De dónde sois? — De aquellas Cabañas que miráis del viento heridas Tan victorioso entre ellas, Cuyas pobres paredes desparcidas Caen en pedazos graves, Dándoles, mientras, nidos á las aves. (pág. 57 de las notas)
En el tomo V de la mencionada Biblioteca, arreglado por el mismo editor, se lee el pasaje en la misma forma, salvo el último verso, que dice: (pág. 58 de las notas)
Dando en mil grietas nidos á las aves. (pág. 58 de las notas)
El ejemplar más antiguo que he podido consultar es de las piezas sueltas publicadas en Sevilla por la Viuda de Francisco de Leefdael, que creo es el reproducido por Ochoa ; hallo el pasaje en esta forma: ¿De dónde sois? — De aquellas Cabañas que miráis del viento heridas Tan victoriosas entre ellas, Cuyas pobres paredes esparcidas Van en pedazos graves Dándoles mil graznidos á las aves. (pág. 58 de las notas)
Si éste mismo era el texto que tenía á la vista Hartzenbusch, me guardaré de acusarle por haber corregido el victoriosas que destruye verso y sentido; pero cualquiera será menos indulgente en cuanto á los dos últimos versos, por más que la lección fuese bárbara, pues, tratándose de obra ajena, no es lícito á nadie alterarla á su arbitrio de una edición á otra sin advertirlo. Por esta parte pues también queda á salvo la opinión de Bello. Otro caso : en el Libro de Alexandre se lee: (pág. 58 de las notas)
Fizoles el conducho por tres dias toller Por amor que oujessen mas sabor de comer: (pág. 58 de las notas)
Fizosse ell mientre enno cuero coser, La cara descubierta que podiesse veer (2335). (pág. 58 de las notas)
Lo cojo del penúltimo verso arguye vicio en el texto; afortunadamente la grafía ell sugiere que están borradas dos letras en el manuscrito y que ha de leerse bellamientre. Este adverbio se halla usado de igual manera en varios códices del Fuero Juzgo, lib. VII, tít. 111, 1. XIII. (pág. 58 de las notas)
Parece que el objeto de esta nota no fuese otro que inspirar compasión en favor del pobre que tenga que estudiar la lengua castellana en semejantes ediciones.* (pág. 59 de las notas)
Nota 70 (al núm. 419)
Etimológicamente está averiguado que el infinitivo latino que pasó á las lenguas romances es el dativo, petrificado, por decirlo así, de un nombre de acción (vivere — sánscrito jiváse); así como en griego es en unos casos el dativo y en otros el locativo. Rastros del valor originario se notan en el infinitivo final (31, mittit videre, dat bibere) y en el histórico, con el cual se da á entender que se procede á ejecutar un acto. De emplearse como complemento circunstancial en sentido final pasó á ser acusativo (volo videre) y nominativo (bonum est legere); á fuerza de usarse como predicado de un nombre en acusativo (audio te dicere — dicentem), este nombre vino á tomarse como sujeto del infinitivo, y la combinación no sólo tuvo cabida con verbos intransitivos (auctor sum te profugere) sino que se empleó como sujeto (constat Deum esse). Fuera de esto, perdido el carácter de complemento circunstancial, se tomó otra vez como nombre de acción independiente y se acompañó de pronombres y adjetivos (tutum hoc philosophar). (pág. 59 de las notas)
El castellano heredó de la lengua madre los más de estos usos, por no decir todos, y los ensanchó considerablemente, como se va á ver: ] a. El infinitivo final fue comunísimo hasta el siglo XV: « Exienlo ver mugieres e uarones » (Cid, 15). (pág. 59 de las notas)
b. Del infinitivo histórico no se encuentran sino ejemplos aislados, y por lo mismo es dudoso que se enlace con el uso latino: Todos de buen coracon eran para lidiar, Nin lancas nin espadas non avyan vagar, Retenien los yelmos, las espadas quebrar, Feryen en los capyllos, las lorygas fulsar. (pág. 59 de las notas)
(Poema de Fernán González, 523). (pág. 59 de las notas)
« Era tanto el alboroto del pueblo, que no se hablaba en otra cosa, y todas condenarme y tr á el provincial y á mi monesterio » (Santa Teresa, Vida, XXXVI, según el facsímile). Más genial del castellano es emplear en este sentido el infinitivo con 4 (como me lo hace notar mi amigo el Dr. Schuchardt), combinación que corresponde exactamente al infinitivo histórico latino en su valor etimológico: « El barquero me hacía mucha más lástima verle tan fatigado, que no el peligro: nosotras d rezar, todos voces grandes » (Santa Teresa, Fundaciones, XXIV); « Preguntábanme algunas cosas, yo respondía con llaneza y descuido; luego les parecía les quería enseñar y que * Véase, sin embargo, la nota 141. (pág. 59 de las notas)
me tenía por sabia; todo iba á mi confesor, porque cierto ellos deseaban mi provecho : élá reñirme » (la misma, Vida, XXVIII). « Como se dejó y quedó ansí, confirmóse más ser todo disbarate de mujeres, y á crecer la mormuración sobre mí » (la misma, ahí mismo, XXXIII, según el facsímile). (pág. 60 de las notas)
c. Se usa como acusativo de ciertos verbos como poder, deber, soler: ¦ Imos in romeria aquel rei adorar Que es nacido i.,. tera, no 1 podemos fallar. (pág. 60 de las notas)
Que decides? o ides? a quin ides buscar ? (pág. 60 de las notas)
De qual tera venides? o queredes andar? (pág. 60 de las notas)
(Reyes Magos, 79-82: edic. de Hartmann). (pág. 60 de las notas)
d. Va con verbos que llevan un acusativo que viene á ser al mismo tiempo agente del infinitivo: « Te oy dezir que cient amigos avias ganado » (Caballero Cifar, V); «A poco de rato vido la nave yr muy lexos » (ib. XLIT). Aquí el castellano se ha apartado resueltamente del latín, pues admitiendo las proposiciones infinilivas, pone el sujeto, no ya en acusativo como en las frases citadas que sirvieron de modelo para la lengua madre, sino en nominativo, conforme lo hace con los modos personales. « El dulce sonido de tu habla, que jamás de mis oídos se cae, me certifica ser tú mi señora Melibea » (Celestina, XII). Lo cual se ha extendido á todos los casos en que el infinitivo lleva sujeto : « Todo lo que dices, Cipión, entiendo, y el decirlo tú y entenderlo yo me causa nueva admiración y nueva maravilla » (Cervantes, Coloquio de los perros). A estas proposiciones infinitivas se refiere, así en latín como en castellano, el infinitivo exclamatorio: « Véngase Andrés conmigo á mi casa, que yo se los pagaré un real sobre otro. ¡Irme yo con él, dijo el muchacho, más! » (Cervantes, Quij. 1, 4). (pág. 60 de las notas)
Aquí debe haber gran mal, Traición es ésta celada; ¡A mí negarme la entrada En el aposento real ! (pág. 60 de las notas)
(Lup. Argensola, Alejandra, IT, 6). (pág. 60 de las notas)
« ¡Ellos creerse poetas, llamarse doctos, é insultar de esa manera á los verdaderamente sabios, 4 su nación y á mí que loshe despreciado siempre por no destruírlos! » (Moratín, Derrota de los pedantes). e. El infinitivo precedido de preposición, desconocido casi total- . mente en latín, proporciona á nuestra lengua medios cómodos de enlazar con variedad y concisión las proposiciones subordinadas. Baste citar las locuciones condicionales formadas con dá y las adversativas en que entra con: « Á ser yo para saberlo decir, se podía hacer un gran libro de oración » (Santa Teresa, Cam. de perf., (pág. 60 de las notas)
XXXVID. « No hay dos ángeles de igual perfección, con ser ellos innumerables » (Granada, Simbolo de la fe, pte. 1, 3, $1). f. Figura en frases interrogativas y relativas : « Lleno de turbación no sabía qué hacerse » (Cervantes, Nov. VIT); « Una cosa me queda que demandar » (Valdés, Dial. de la lengua) ; « Ni al gastador que gastar, ni al endurador que endurar » (refrán en el mismo). Esta construcción es efecto de conlaminación ó fusión de dos frases sinónimas de estructura normal : interrogativas : « No sé cómo hacer eso » proviene de «no sé cómo haga eso » + « no sé hacer eso; » «no sabe qué decir » de « no sabe qué diga » + « no sabe decir nada; » « busca qué comer » de « busca qué coma » + « busca de comer; » relativas: « buscaba algo que comer » de « buscaba algo que comiese » - « buscaba algo. de comer; » « halló al fin lugar donde esconderse » de « nalló al fin lugar donde se escondiese » + « halló al fin lugar para esconderse; » « una carta me queda que escribir » de « una carta me queda que escriba » — « una carla me queda pur escribir, » etc. Vese además aquí la facilidad con que en castellano se confunde la estructura interrogativa con la relativa; por esto en muchos casos es dudoso el carácter de la expresión: « El ingenio halla que decir, y el juicio escoge lo mejor de lo que el ingenio halla » (Valdés, Dial. de la lengua). (pág. 61 de las notas)
Ni fallaban en ellos caza, Ni fallaban que traer. (pág. 61 de las notas)
(Romance anliguo). (pág. 61 de las notas)
En estos pasajes, según la pronunciación del que, se entenderá qué cosas ó cosas que. Lo mismo en este otro: « No era otro su pensamiento sino buscar donde bizmarse » (Cervantes, Quij. 11, 15), puede entenderse en qué lugar ó lugar en que, aunque más bien lo último. No hay para qué advertir que en latín no se halla rastro de esto.* y. Usase como nombre de acción igualándose en un todo al sustantivo : « El cobdiciar es pobreza » (Flores de filosofía, D); « El sosiego, el lugar apacible, la amenidad de los campos, la serenidad de los cielos, el murmurar de las fuentes, la quietud del espíritu son En castellano antiguo es común el giro latino, y aun en Cervantes se halla : « E si non ovieren onde lo paguen, cada uno dellos reciba CL azotes » (Fuero Juzgo, 6. 4. 2). « Non podia aver ninguna cosa que comiese » (Conde Lucanor, 34). « Buscaste corriendo donde te ascondiesses » (Marqués de Santillana). « En estas y otras platicas les tomó la noche en mitad del camino, sin tener ni descubrir dónde aquella noche se recogiesen » (Cervantes, Quij., 1. 19). Pero el giro castellano es muy antiguo : « Toto homine qui calumpnia habueril a pectare a los fladores et non habuerit unde pectare » (Fuero de Madrid, aí.o 1202). « Non abui unde pectare ipsum furtum » (instrum. de 998, en Escalona, p- 434). Diez y Rónsch (ltala und Vulgata, p. 430), citan más ejemplos del latín vulgar. (pág. 61 de las notas)
grande parte para que las musas más estériles se muestren fecundas » (Cervantes, Quij. 1, prol.) (pág. 62 de las notas)
Quedé yo triste y solo allí, culpando Mi temerario osar y desvarío. (pág. 62 de las notas)
(Garcilaso, egl. 11). (pág. 62 de las notas)
Y ya su amor con tu morir compraste. (pág. 62 de las notas)
(Jáuregui, Aminta, IV). (pág. 62 de las notas)
En virtud de un procedimiento análogo al expuesto en la nota 54, el infinitivo puede tomarse como sustantivo, ya solo, ya acompañado de una modificación adverbial; así en el pasaje siguiente aparecen como sustantivos, primero la combinación siempre temer, y luego tdolatrar, lisonjear, pretender, modificados por los adjetivos eterno, diestro, incierto: (pág. 62 de las notas)
Verás un siempre temer, Un eterno idolatrar, Un diestro lisonjear Y un incierto pretender. (pág. 62 de las notas)
(Lope de Vega, El piadoso veneciano, II, 6.) Aplicación de este uso sustantivo parece el empleo del infinitivo como imperativo; en efecto se dice ¡callar! ¡obedecer! lo mismo que ¡silencio! ¡paciencia! ¡cuidado!* « Holgar, gallinas, que muerto es - el gallo; » « Rehilar, tortero, que el huso es de madero » (refranes en la colección del Marqués de Santillana). Obedecer y callemos, Duque, si no pretendemos Saberlo en el otro mundo. (pág. 62 de las notas)
(Tirso, La ventura con el nombre, II, 4). « Ustedes no se rocen con él, no le hablen palabra; huyan, si pueden, de encontrarle ; y por medio de su amigo el General soliciten lo atrasado; y no ver caras nuevas ni volver á pisar secretarías » (Moratín, Obras póstumas, tomo IT, pág. 238). « Repito lo que dije á ustedes en otra mía: estarse quietas, y basta lo hecho, y no tentar á la fortuna muchas veces » (el mismo, ahi mismo). ¡No lanzan mis navíos En pos! Armarse, mis fenicios ; luego Remos y velas requerir, y fuego Que incendie atroz. *” (Maury, Dido). (pág. 62 de las notas)
” Véase Paul, Principien der Sprachgeschichte *, p. 108. No se percibe el fundamento con que la Academia limita el infinitivo (pág. 62 de las notas)
Acaso pudiera también adjudicarse al valor sustantivo el empleo que se hace del infinitivo en frases elípticas semejantes á las que explica el Autor en el núm. 926 (« querían dar los remos al agua, porque velas no las tenían »): « Veréisá unos hombres tan determinados, ó por mejor decir tan desalmados, que juran y perjuran que fulano tiene pendencias con fulana, y que éste quiere mal á aquél, y aquél tiene hecha confederación con el otro; y sile conjuran á que diga cómo lo sabe, responde que él, saber, no lo sabe, mas de que muy cierto lo presume. » (Guevara, Menosprecto de la corte, pról.); Llorar, cualquiera llora: (pág. 63 de las notas)
A más ha de pasar, mi sentimiento; (L. Argensola, /sabela, III, 4) (pág. 63 de las notas)
no obstante, hace dificultad el que no se refiera el pronombre reproductivo al infinitivo, como en las otras frases se refiere al sustantivo: « velas no las tenían. » (pág. 63 de las notas)
El artículo y los pronombres que pueden acompañar al infinitivo verdaderamente sustantivado, se le juntan por extensión cuando desempeña funciones verbales. « Alababa en su autor aquel acabar su libro con la promesa de aquella inacabable aventura » (Cervantes, Quiz. I, 1). (pág. 63 de las notas)
Disimula y ten paciencia, Que el mostrarse muy amante Antes daña que aprovecha. (pág. 63 de las notas)
(Alarcón, La verdad sospechosa, I, 8). (pág. 63 de las notas)
Esto mismo se observa en griego, y es singular que en nuestra lengua el artículo ha pasado de las proposiciones intinitivas á las indicativas y subjuntivas: « Parecieron estas condiciones duras; ni valió para hacerlas aceptar, el que Colón propusiese contribuir con la octava parte de los gastos » (véase Gram., núm. 319). Aquí el artículo que precede á que es el que iría con el infinitivo: el proponer Colón. (pág. 63 de las notas)
El infinitivo, en cuanto nombre de acción, no es de suyoni aclivo ni pasivo; el contexto determina su sentido. No obstante, como en castellano el infinitivo lleva tan á menudo sujeto ó refleja el del verbo principal, ha predominado en el empleo sustantivo el valor activo, por lo cual se extraña el pasivo en pasajescomolos siguientes: « Al destetar suelen morir algunos niños » (Avila, Trat. del Espiritu Santo, IV); « Creo que están sentenciados á degollar en la corte » (Cervantes, Persiles, III, 11). El uso no consiente de grado el infiimperativo á las frases negativas (Gram., p. 274: edic. 1895). Véanse otros ejemplos en frases positivas : Calderon, El mágico prodigioso, II (p. 123, edic. de Morel-Fatio); Moratin, El barón, II, 8; Meléndez, rom. XV; Doña Elvira, I nitivo en este sentido sino en ciertos complementos formados con las preposiciones de, para y por: « Por esta causa dijo el mesmo. Cicerón que no había artífice más dificultoso de hallar que un perfecto orador » (Huarte, Examen de ingenios, XII). « Dio con él en tierra, y revolviéndose por los demás, era cosa de ver con la presteza que los acometía y desbarataba » (Cervantes, Quij. 1, 19). « ¿Quieres no cometer pecado mortal, cosa tan para desear? » (Avila, Eucaristía, XIX). « Una sola de ellas es más valerosa que todos los cuerpos del mundo criados y por criar » (el mismo, aht mismo, XIII). Sin embargo, como lo nota Bello (Gram. núm. 1105), se usa también la pasiva es de saberse, libro digno de leerse. Así que nuestra lengua reúne las dos construcciones, con la forma pasiva, que es la única admisible en latín (leg? dignus), y con la activa, que prefiere el griego (zotayos “pañros Srabaivey). (pág. 63 de las notas)
Ha parecido preciso hacer esta enumeración sumaria de los principales usos del infinitivo latino y castellano, para mostrar cuán poco acertado es el procedimiento de algunos gramáticos (y en este caso, de nuestro Autor) que escogen las expresiones más sencillas para convertirlas en fórmulas únicas sobre las cuales fundan una doctrina. Bonum est legere no comprende ni con mucho todas las aplicaciones del infinitivo latino, cuanto menos bueno es leer las del castellano. Me parece que Bello, obedeciendo á un rigorismo de clasificación rara vez aplicable al lenguaje, no ha reparado en que esta inflexión es de aquellas que, apartándose poco á poco de su valor originario, ofrecen en todo el camino recorrido ejemplo visible del conflicto tan frecuente en la historia de las lenguas entre la forma y el sentido, á causa del cual ora predomina el uno, ora el otro, sin que sea posible reducir todas las gradaciones á un solo tipo. No resignándose á hacer lo único que en casos semejantes puede hacer el gramático, que es exponer y explicar sencillamente las diversas fases, ha calificado de sustantivo al infinitivo, mirando solamente á la forma (que no es el criterio que él adopta para la clasificación de las partes de la oración), y desatendiendo sus funciones, le ha negado el carácter de verbo, mediante consideraciones no del todo concluyentes. La comparación con los sustantivos abstractos, admisible hasta cierto punto en la frase « Bueno es leer », es inaceptable cuando el infinitivo lleva sujeto: temer yo es tan concreto como yo temo. Es de advertir que aun en combinaciones en que el uso de la lengua no permite expresar el sujeto, como en « No puedo salir », el mero hecho de admitir pronombres reflejos y predicados (no puedo mojarme, más vale soltero andar que mal casar), es ya argumento de que la acción denotada por el infinitivo no se considera como independiente de todo agente. Y no es esto solo: aun cuando pudiera sustituirse al infinitivo un nombre de acción ordinario, no siempre el sentido es idéntico. Se dice « No le conviene jugar » ú « No le conviene el juego »; pero el infinitivo refleja precisamente un nom bre que acompaña al verbo anterior, ora sea sujeto ó no, lo que no sucede con el sustantivo; así, si de un niño enfermo digo que no le conviene jugar, se entiende queno ha de jugar él mismo; mas si pongo que no le conviene el juego, puede ser el de él mismo ó el de otros. De aquí proviene que el infinitivo, aun cuando esté sustantivado del todo, como si conservara rastros de la vida verbal, es más janimado y expresivo que los sustantivos de significación parecida, dejándose ver que no ha vuelto á su olvidado carácter de sustantivo '- independiente, sino después de haber servido por mucho tiempo para signilicar concretamente las acciones de los seres.” Obsérvese la diferencia en los pasajes siguientes, que tienen infinitivos y sustantivos: « ¿Pues qué cuando se humillan á componer un género de verso que en Candaya se usaba entonces, á quien ellos llamaban seguidillas? Allí era el brincar de las almas, el retozar de la risa, el desasosiego de los cuerpos, y finalmente el azogue de todos los sentidos » (Cervantes, Quij. 1I, 28). « Luz fue tu nacimiento, luz tu circuncisión, tu huír á Egipto, tu desechar honras » (Avila, Eucaristia, XII). (pág. 64 de las notas)
Alégase que en esta oración : « Informado el general de estar ya á poca distancia los enemigos, mandó reforzar las avanzadas, » estar es atributo de su peculiar sujeto (los enemigos) y no precisamente dei sujeto de la proposición; pero lo mismo sucede con todo verbo de proposición subordinada, pues las de esta especie son lógicamente parte integrante de otra proposición, y en ellas el verbo, por de contado, es atributo de su propio sujeto y no del de la subordinante. Además, no comprendo cómo pueda suponerse que haya combinación de palabras en que se reconozca á una de éstas por atributo, á otra pur sujeto, y con todo eso se niegue á la primera de las dos el carácter de verbo, y al conjunto el nombre de proposición. (pág. 65 de las notas)
Al decir que el infinitivo hace todos los oficios del sustantivo, se olvida que cuando tiene carácter verbal, no es él solo el que hace los oficios de sustantivo, sino la proposición que él forma : « Avisóse estar cerca los enemigos; » « Avisóse que estaban cerca los enemigos; » « Avisóse dónde estaban los enemigos: » en estas oraciones ¿cuál es el sujeto: estar, estaban, ó las proposiciones íntegras que éstos contribuyen á formar? ¿Cuál es la cosa avisada: el estar, el estaban; Ó estar cerca los enemigos, que estaban cerca los enemigos, dónde estaban los enemigos? La respuesta es obvia. No niego que el infinitivo, originariamente nombre, conserve, al desempeñar oficio de verbo, su prístina forma; y precisamente por eso cuando entra á componer proposiciones, éstas son diferentes de las comunes en su enlace y en la manera de regirse por otras. Aquí, pues, cumple al * Véase Paul, Principien der Sprachgeschichte, p. 339. 3.* edic. Halle. 1898. (pág. 65 de las notas)
gramático, no negar la existencia, que es patente, de ciertas proposiciones, por el hecho de no parecerse á las demás, sino formar con ellas una especie separada y dar las reglas que les conciernen. Tampoco tiene mucha fuerza la afirmación de que el infinitivo no puede graduarse de verbo, por no indicar tiempo con respecto al acto de la palabra, cosa que se dice es esencial al verbo castellano. Baste recordar que en caso parecido se halla el pos-pretérito, y sin embargo nadie le niega el carácter y nombre de verbo: « Dijo que vendría ayer; » « Dijo que vendría ahora; » « Dijo que vendría mañana. » (pág. 66 de las notas)
Nota 71 (al núm. 438)
Ingeniosa á todas luces es la explicación que da el Autor del participio que con haber forma los tiempos compuestos : en pugnatum est, arguye él, se subentiende según Prisciano el nominativo pugnare, luego en habeo pugnatum se subentenderá el acusativo pugnare y en habeo dictum el acusativo dicere; de modo que el participio se refiere siempre á este infinitivo tácito. Por mi parte añadiré que hay locuciones en que efectivamente el participio acompaña á un verbo refiriéndose al sustantivo que denota la acción del mismo verbo ó la cosa sobre que ella naturalmente se ejerce : mirar dormido (Lope) es sin duda mirar un mirar dormido, calzar ajustado es calzar calzado ajustado. No obstante, es difícil conceder que semejante explicación se apoye en la historia de nuestras expresiones temporales he escrito, he peleado, según el Autor mismo la expone en los núms. 434 y siguientes. Es bien sabido que esta combinación tuvo su origen en los verbos transitivos acompañados de un acusativo, y es visto además que cuando los verdaderamente tales se usan en absoluto, no se ofrece al entendimiento como término de su acción la acción misma, sino aquellos objetos en que de ordinario se ejerce : cuando decimos « El que busca, halla, » nadie entiende busca el buscar, halla el hallar, sino busca alguna cosa, halla alguna cosa; y por consiguiente es inconcebible que en he buscado 4 Dios se envuelvan estos elementos : he buscado el buscar 4 Dios. Admitida la explicación del Autor, deberá también forzosamente admitirse que habiendo tenido su origen en los verbos intransitivos la combinación de haber con el participio, se extendió con idéntico valor á los transitivos, cosa de todo punto inexacta”. (pág. 66 de las notas)
En latín este participio se refería al acusativo de habere y concordaba con él : ¿lla omnia missa habeo. Esta concordancia la ha conser- " Es fuera de toda duda que en latín no se dijo itur, pugnatur, itum est, pugnatum est, sino por analogía con dicilur, traditur, dictum est, traditum est, es decir, que la pasiva impersonal de los intransitivos es posterior á la pasiva de los transitivos : siendo esto asi, la explicación de Prisciano seria mera conjetura gramatical, como la de nuestro autor, pero no probanza que sirviese de base para una doctrina científica. Véase Gram. núm. 1116, nota. (pág. 66 de las notas)
vado el italiano diciendo ho ricevute le leltere, le lettere che ho ricevute, pero admite el participio invariable cuando va después el acusativo: ho ricevuto le leltere. El francés antiguo y el provenzal preferían la roncordancia, sobre todo precediendo el acusativo; el francés moderno la ha limitado á este caso, mas solo en el lenguaje literario, pues el vulgo hace á cada paso invariable el participio. El castellano antiguo se conformaba con las lenguas hermanas, pero poco á poco se fue apartando de ellas hasta el punto de que en el siglo XVI no quedan ni rastros de la construcción originaria. En portugués duró algo más, sin duda por emplearse como auxiliar ter, tener. El valaco no sólo hace invariable el participio, sino que aglutina el auxiliar, como lo hacemos en el futuro : am ecris ó ecrisam, au vezut ó vezutau. De una manera parecida se posponía enfáticamente en castellano el auxiliar : « Hallado ha Sancho su rocín ; » « Hallado habéis la gritadera » (expresiones proverbiales en la colección del M. de Santillana); « Este hombre blasfemado ha, que se ha hecho hijo de Dios » (Avila, trat. del Espiritu Santo, II); é intercalando el pronombre como se hacía entre los dos elementos del futuro : « Hermanos, juntádoos heis á oír y hablar del Espíritu Santo » (Avila, ubi supra, 1V); « Desarmádose ha la ballesta, y herídome ha el corazón » (el mismo, trat. de la Eucaristía, TI); « Perseguídome han encantadores, encantadores me persiguen, y encantadores me perseguirán hasta dar conmigo y con mis altas caballerías en el vrofundo abismo «lel olvido » (Cerv. Quiz. 11, 32). (pág. 67 de las notas)
Tenemos pues aquí una combinación cuyos elementos al fundirse en unidad ideológica para entrar en el paradigma de la conjugación, han ido desvaneciéndose paulatinamente : el uno, haber, va perdiendo su sentido concrelo de ¿ene», hasta convertirse en mero signo formal sin más valor que tendría un sufijo; el otro, el participio, emancipándose del sustantivo, representa tan solo la raíz verbal, pero no como quiera sino con la modificación temporal que tiene en su origen, tal que podría compararse á la raíz de los tiempos perfectos griegos ó latinos. Escrito he corresponde á yéyezp-a, scrips-i. Una vez que en castellano y en portugués esta trasformación ha sido completa, es natural que se haya generalizado. En los tiempos anteclásicos muchos verbos intransitivos se conjugaban con ser, lo mismo que en italiano, francés y provenzal : decíase es nacido, es muerto, es partido, á semejanza de los deponentes latinos natus est, mortuus est, profectus est, cosa naturalísima pues estos verbos no podían tener participio pasivo, que es el que acompaña á haber. Hoy la combinación más común ha vencido, y para los tiempos compuestos no hay otro auxiliar que haber. (pág. 67 de las notas)
Otra observación para terminar: si en nuestra conjugación los dos términos que, rota la sintaxis normal, forman los tiempos compuestos, constituyen un solo signo ideológico ni más ni menos que las inflexiones simples, parece natural que, al perderse su individualidad, también se haya dislocado su categoría gramatical, En amaré, amaría no se puede decir que amar sea todavía infinitivo, ni verbo ni sustantivo, pues sería como afirmar lo mismo de ama en el latín amabo = ama + fuo (pú, bhu). Por esta razón no parece acertado calificar de sustantivo ó de sustantivado al participio de he escrito; bastaría indicar el hecho llamándole invariable, y describir los pasos por donde ha llegado á serlo”. (pág. 67 de las notas)
Nota 72 (al núm. 442)
Examinados con atención los varios aspectos que según la práctica de los buenos escritores ofrece nuestro gerundio, apenas puede creerse que sea en todos mera modificación de solo el ablativo del gerundio latino; no obstante, nada hay más cierto. Para mayor esclarecimiento del nuestro apuntaré, lo más brevemente posible, sus orígenes latinos; en lo cual, al paso que se probará la necesidad de reconocerle varios caracteres, se ejemplificará de nuevo la fuerza vital del lenguaje, mediante la cual un vocablo se aleja de su valor primario y se ramifica. (pág. 68 de las notas)
El gerundio latino es la terminación neutra sustantivada del participio en dus, y se usa para reemplazar al infinitivo en el genitivo, dativo, acusativo con preposición, y ablativo con preposición ó sin ella. (pág. 68 de las notas)
En ablativo significa, como es natural, medio ó manera : « Movit Amphion lapides canendo » (Horacio, Curm. [II, 11): « Anfión las piedras con su voz movía » (Burgos). En este sentido es comunísimo en castellano : « Todos los reinos fueron pequeños en sus principios; después crecieron conquistando y manteniendo » (Saavedra, Empresa XC VID. (pág. 68 de las notas)
Como en casos semejantes al ejemplo de Horacio la acción del gerundio pertenece al sujeto de la proposición, y al propio tiempo denota modo ó manera, vino á asemejarse al participio de tal suerte que podían usarse casi promiscuamente : así en este pasaje de Livio: L. Cornelius Maluginensis, simulando curam belli, fratrem collegasque ejus tuebatur (TIT, 40), podría ponerse el participio, calcando la frase sobre ésta de Cicerón : Aer tum concretus, in nubes cogitur, humoremque colligens terram auget imbribus, tum effluens huc et illuc, ventos efficit (Nat. Deor., II, 39); pues, como se ve, el participio se presta de grado á expresar el medio. Añádese á esto, que el carácter adverbial del gerundio ablativo, en virtud del cual se allega íntimamente al verbo, le trae á darse la mano con el participio, que * Nebrija hace de este participio una parte de la oración separada, « por la manera de sinificar que tiene muy distinta » de las otras, y la llama « nombre participial infinito : nombre, porque sinifica substancia e no tiene tiempos; participial, porque es semejante al participio del tiempo pasado ; infinito, porque no tiene géneros, ni números, ni casos, ni personas determinadas ». (pág. 68 de las notas)
usado como predicado, viene á encontrarse en las mismas circunstancias. Y no era esto solo : acercábase al gerundio el sujeto de la frase ó ana palabra que lo representara, con lo cual se estrechaba más la conexión entre los dos; como en estos otros lugares del mismo Livio, citados por Riemann : Quibus dum locum ad evadendas angustias, cogendo ipse agmen praebet (XXXIX, 49); Id consules, ambos ad exercitum morando, quaesisse (XXIT, 34). (pág. 69 de las notas)
Abierta esta entrada, muy poco había que andar para que el gerundio ablativo usurpase otras funciones del participio, como en efecto sucedió en la baja latinidad, en que llegó á expresar mera coexistencia de tiempo : (pág. 69 de las notas)
Si nocte inspiciat hanc praetereundo viator, E! lerram stellas credit habere suas. (pág. 69 de las notas)
(Venantius Fortunalus, Opusc. lib. IIP)". (pág. 69 de las notas)
Admitido el gerundio como participio activo, en calidad de predicado del sujeto, no hubo dificultad alguna para usarlo con referencia al acusativo : «lo encontré cantando; » dado que ocupaba con respecto al verbo la misma posición, y tomaba de él la misma vida que en el otro caso. (pág. 69 de las notas)
Según queda indicado, la acción del gerundio corresponde ordinariamente al sujeto del verbo con que se junta ; no obstante, es en latín frecuente el que se use con cierta independencia y refiriéndose á ur sujeto, ó indeterminado (Frigidus in pratis cantando (si quis cantet; rumpilur anguis — Virg., B. VIII, 71), ó que se colige de lo precedente, como en este otro lugar del mismo Virgilio + — Tauros procul atque in sola relegant Pascua, post montem oppositum, el trans flumina lata, Aut intus clausos satura ad praesepia servant. (pág. 69 de las notas)
Carpit enim viris paulatim urilque videndo Femina, nec nemorum patitur meminisse nec herbae, Dulcibus illa quidem inlecebris, et saepe superbos Cornibus inter se subigit decernere amantis. (pág. 69 de las notas)
(G. III, 212-218). (pág. 69 de las notas)
” Véase Rónsch, Itala und Vulgata, p. 432. Hé aquí ejemplos de la edad media española : « Snepissime vero accidit, ut orando sive psallendo, ignitum vehementer eloquium Dei sentiens, repente tolus ignescat. » ¡Herberot -año 1178-Esp. Sagr. 16. 418). » Et si isti populatores invenerint aliquem hominem in suo horto aut in sua vinea faciendo ei damnum.. » (Fueros de S. Vicente de Sosierra año 1172. Llorente, Prov. Vasc., 4. 207). « [ste habuit guerram cum cognalo suo Rege Magno Fernando, et interfeclus est ab illo in Tamara preliando. » (Epitafio de Vermudo Ill-año 1037-Esp. Sagr. 14. 476). « Fortunto, sciendum quod in Concilio deliberatum fut de meo dato judicio, cunfirmat. » (Escritura del año 878 -Esp. Sagr. 16-426 (pág. 69 de las notas)
Vid ndo, lo mismo que $ taur: videant. En las lenguas romances vino á ser completa esta independencia, pues que no sólo se emancipó el gerundio del sujeto del verbo de la frase, sino que lo tomó expreso por su cuenta, y tal es, si no me engaño, el origen de nuestras cláusulas absolutas, en las cuales el gerundio ha asumido también el verdadero carácter de participio activo. (pág. 70 de las notas)
Por estos pasos ha venido el gerundio á asumir carácter participial; pero á causa de su origen adverbial y de la relación que guarda con el verbo á virtud de la tradición sintáctica, no es tan lato en su uso como los participios de griegos y latinos, pues que rechaza el apegarse al sustantivo especificándolo, y cuando lo explica ó lo lleva por sujeto, siempre la frase en que figura se refiere al verbo de la sentencia á manera de modificación adverbial. En este concepto la doctrina de Bello, aunque estrecha, es luminosa para el recto uso de este verbal. (pág. 70 de las notas)
Suele el gerundio ablativo latino juntarse con la preposición in, la cual entonces significa duración, mientras : Fit ut distrahatur in deliberando animus (Cicerón, O/f. 1, 3, 9)*; uso que con corta variación se ha conservado en francés : Trois insupportables tyrans, dont le triumvirat et les proscriptions font encore horreur en les lisant (Bossuet, Disc. Hist. Univ., ple. I, IX). Fue muy común en castellano, por lo menos hasta el siglo XV”; pero después ha experimentado una modificación muy notable, y es que denota hoy, no ya coexistencia de tiempo, sino inmediata anterioridad, según vemos en este lugar de Mariana : « En fin del otoño se volvió el rey á Sevilla con intento de, en pasando el invierno, juntar una grande flota y hacer la guerra por el mar » (Hist. Esp., XVIII, 2). Cuanto á llevar sujeto, hubo de procederse por un trámite análogo al que observamos en el infinitivo, con el cual no vacilo en identificarlo en este caso; y sospecho debió comenzar esta práctica en la baja latinidad, de suerte * Véanse más ejemplos en Freund, WEB, s. v. in, 1, B, d; Hand, Tursellinus, s. v. in, Il, 6; cf. ib. 1, 43. (pág. 70 de las notas)
** Ejemplos : Siglo XV : « En yendo por el camino adelante vino á la gente un gentil ome inglés » (Crón. de Pedro Niño, pág. 159). « Mandólomatar su muy amado é muy obedescido señor el Rey, el cual en lo mandando matar, se puede con verdad decir se mató á sí mismo » (Crón. de D. Alvaro de Luna, tit. 128). « Dixeles en respondiendo » (Marqués de Santillana, Obras, prig. 366). — Siglo XIV : « Aunque faga el viento en buscando, no les empece » (Libro de la Montería, 1. 7). « Dale allí grandes voces en andando en derredor dél » (López de Ayala. Librv de la caza de las aves, 8). « Cualquier que malare á otro, aunque lo mate en pelea, que muera por ello, salvo si lo matare en defendiéndose » (Ordenamiento de Alralá, 22.2). — Siglo XIII: « Si oviere el rey fijos de ganancia, aquel quel matare en guerra ó en defendiéndose, es tanto como si matare al mayor rico ome del regno » (Espéculo, 2. 4. 7). Omito citar más ejemplos de otros códigos de esta época, por haberlo hecho copiosamente D. León Galindo y de Vera en su Memoria sobre el progreso y vicisitudes del idioma castellano en nuestros códigos legales, Madrid, 1863. (pág. 70 de las notas)
que en el primer versículo del salmo 125, que según la Vulgata dice : « In convertendo Dominus captivitatem Sion, facti sumus sicut consolati, » más bien que un hebraísmo ó imitación de la frase griega de los Setenta*, veo la aplicación de un giro vulgar para verter otro semejante del original. La variación en cuanto al tiempo no debe causar sorpresa, pues la preposición en se ha prestado en otras ocasiones al mismo cambio, por una naturalísima exageración que consiste en dar á entender lo muy corto del intervalo que separa dos acciones pintándolas como coexistentes. La frase relativa en cuanto, por ejemplo, que fue primitivamente signo de coexistencia, lo es hoy de anterioridad**; y creo que con un poco de atención se perciben vislumbres de la misma metamorfosis en la combinación del infinitivo con la dicha partícula, según lo muestran los siguientes ejemplos : (pág. 71 de las notas)
En ver mis tristes cuidados Los nobles cuatro elementos Con tormentos Todos serán ponzoñados. (pág. 71 de las notas)
(Eglogas y farsas de Lucas Fernández, pdg. 69, ed. Acad.).. Junto al agua se ponía Y las ondas aguardaba, Y en verlas llegar huía ; Pero á veces no podía Y el blanco pie se mojaba. . (pág. 71 de las notas)
(Gil Polo, Diana, II). (pág. 71 de las notas)
En el lenguaje familiar nada más frecuente que, « En el momento, en el instante que me vio, echó á correr; » « Verme y echar á correr, todo fue uno. » (pág. 71 de las notas)
Aparece, pues, que el gerundio tiene hoy un carácter muy indeciso, pues sien unos casos semeja adverbio por su íntima conexión con el verbo y por su significado de modo, manera, etc., en otros va. tan unido con el sustantivo denotando una acción de éste y corresponde tan exactamente al participio activo de otras lenguas, que creo no se le puede negar el nombre de tal. Añádase á esto que á veces es puro adverbio, como en « Viene la muerte tan callando, » y á veces puro adjetivo como en « Un caldero de agua hirviendo, »- y que combinado con en, aunque originariamente es sustantivo, tiende á asimilarse al participio, como si no existiera tal partícula. De modo que si en el infinitivo vimos un sustantivo que gradual. mente se trueca en verbo, aquí vemos la metamorfosis todavía más. complicada de un participio que se sustantiva para ser nombre de * Consúltense las Introduciones de Antonio de Lebrija, lib. 1V, cap. 1x.. ** Véanse mis Apuntaciones crílicas, $ 338. (pág. 71 de las notas)
acción, sustantivado toma fuerza adverbial mediante la desinencia ablativa, por su contacto con el verbo resucita á significar acción verbal, hasta volver á su oficio de participio y entrar en los confines del adjetivo. (pág. 72 de las notas)
El siguiente extracto del erudito y científico Tratado del Participio de mi amigo el señor Caro, pondrá á la vista los casos generales en que tiene cabida el gerundio, y confirmará lo dicho arriba, para lo cual me he aprovechado también de aquella excelente disertación. (pág. 72 de las notas)
Nuestra forma verbal amando ejerce como principal y más general oficio, el de participio activo, y los casos en que desempeña este oficio pueden reducirse á cuatro: (pág. 72 de las notas)
19, Guando el participio forma parte del sujeto de una proposición, explicándole: « El ama, imaginando que de aquella consulta había de salir la resolución de la tercera salida, toda Jlena de congoja y pesadumbre se fue á buscar al bachiller Sansón Carrasco » (Cervantes). En esta proposición el sujeto consta, en primer lugar, del sustantivo el ama, y en segundo lugar, de la frase adjetiva acarreada por el participio: imaginando que de aquella consulta, etc.; frase explicativa, pues no se trata de particularizar el ama de que se va hablando, á la cual el lector conoce. Pero es incorrecto este otro pasaje por ser especificativo el participio: « Este animal que llamamos hombre, previsor, sagaz, dotado de tantas facultades, teniendo el espíritu lleno de razón y sabiduría, ha sido de una manera inefable y magnífica engendrado por Dios. » (pág. 72 de las notas)
El participio no puede ir refiriéndose al predicado, por lo cual es impropio su uso en este pasaje: « La Religión es Dios mismo hablando y moviéndose en la humanidad. » (pág. 72 de las notas)
Como reducibles á la misma categoría deben mirarse ciertas proposiciones que no representan un juicio perfecto sino una percepción complexa, y que por esta razón admiten un participio ó bien un adjetivo asimilado á participio, en lugar del verbo. Así el que inopinadamente ve que el fuego ha prendido en un edificio, antes de perfeccionar su juicio exclama: Una casa ardiendo! Y lo mismo cuando se aplica figuradamente el mismo giro para representar una cosa al vivo y ponerla, por decirlo así, á los ojos del lector ó el espectador, como si se intitula una fábula Las ranas pidiendo rey, ó se inscribe en un cuadro: Napoleón pasando los Alpes. Este mismo giro es inaplicable á títulos de leyes ó decretos, por cuanto no se representan las leyes á la imaginación en una especie de movimiento indefinido, y peca entonces contra la regla de que el participio ha de ser explicativo cuando se junta con el sujeto. (pág. 72 de las notas)
20, Amando, en su calidad de participio activo, sirve en segundo lugar para formar tiempos compuestos en unión de un verbo que accidentalmente tome carácter de auxiliar, cuales son estar, andar, venir y algunos otros; combinaciones en que, quedándole al verbo (pág. 72 de las notas)
72] NOTAS. 73 - sólo una significación genérica y asumiéndola específica el participio, se forma de los dos una serie de tiempos compuestos en que el par- . ticipio hace el principal papel, y que por esta razón puede considerarse como una rama de la conjugación del verbo de que sale el participio; así yo estoy pensando, más denota la idea de pensar que la de estar; y es como una forma enfática de pienso: « Don Quijote, que se vio libre, acudió á subir sobre el cabrero, el cual, lleno de sangre el rostro, molido á coces de Sancho, andaba buscando á gatas algún cuchillo de la mesa para hacer alguna sanguinolenta venganza » (Cervantes): el circunloquio andaba buscando dice mucho más que diría la forma simple buscaba. (pág. 73 de las notas)
3°, Entra como participio activo refiriéndose al complemento acusativo, pero solo cuando el gerundio denota una actitud que se toma, una operación que se está ejerciendo ó un movimiento que se ejecuta ocasionalmente en la época señalada por el verbo principal : condiciones que fijan perfectamente la diferencia entre aquella construcción justamente censurada por Salvá y por Bello : « Envío una caja conteniendo libros, » y esta otra que es correcta: « Viá una muchacha cogiendo manzanas. » En ambos casos el participio se agrega al complemento acusativo, que en el primer ejemplo es caja y en el segundo muchacha ; pero allá no se trata de una operación ó actitud ocasional; lo contrario sucede acá, donde el coger las manzanas es acción que se ejecuta actualmente á tiempo que es vista quien las coge. * La mayoría de los verbos que rigen participio objetivo, significan actos de percepción ó comprensión, como sentir, ver, otr, observar, distinguir, hallar, ó de representación, como pintar, grabar, representar, etc. (pág. 73 de las notas)
El participio activo no tiene cabida con sustantivo alguno que forme complemento que no sea acusativo ; por eso es incorrecto este pasaje: « Oirá la voz del héroe admirándonos con su fortaleza, del sabio predicando la verdad, y la del siervo de Dios acusando nuestra tibieza; » porque los sustantivos héroe, sabio y siervo á que se refieren admirando, predicando y acusando, no son complementos acusativos. Sin embargo sería demasiado rigor condenar este pasaje de Cervantes: « En un instante se coronaron todos los corredores del patio de criados y criadas de aquellos señores, diciendo á grandes voces : Bien sea venido la flor y la nata de los caballeros andantes. » (Quij. II, 31). (pág. 73 de las notas)
El uso de antiguos y modernos exceptúa de esta regla los participios ardiendo € hirviendo que se pueden juntar con el sustantivo, ” En la explicación de este caso me he apartado un poco del señor Caro, y además he tenido presente la doctrina del docto literato mejicano D. Rafael Angel de la Peña en su luminoso y erudito Tralado del Gerundio (Méjico, 1889). . (pág. 73 de las notas)
cualquiera que sea su oficio: « Echó á su hijo en un horno ardiendo » (Rivadeneira). (pág. 74 de las notas)
40, En cláusulas absolutas; v. g. : (pág. 74 de las notas)
« Semejaba, depuesto el blanco lino, Revolando las blondas Madejas por el cuello alabastrino, La hija de las ondas » (Bello). (pág. 74 de las notas)
Pasaje en que ocurren dos cláusulas absolutas : la primera, depuesto el blanco lino, con el participio pasivo depuesto; y la segunda, revolando las blondas madejas por el cuello alabastrino, con el participio activo. (pág. 74 de las notas)
Sobre el uso del participio activo en este caso, debe tenerse presente : (pág. 74 de las notas)
a. Lo mismo que en las demás cláusulas absolutas, el participio debe irantes que el nombre á que se refiere: « revolando las blondas madejas. » (pág. 74 de las notas)
b. Cuando la cláusula absoluta se toma en sentido pasivo absoluto es decir, cuando al que habla no ocurre sujeto oportuno que aplicarle, en este caso y siendo transitivo ó neutro el verbo de donde sale el participio, éste debe tomar el enclítico se, como lo tomaría el mismo verbo en una forma personal (esto es, formando una proposición cuasi-refleja regular ó irregular); v. g.: « Especulaciones demasiado abstractas para lectores imberbes las habrá, sin duda, en esta Gramática : ni era fácil evitarlas tralándose de rastrear el hilo á veces sutilísimo de las analogías que en algunos puntos dirigen el uso de la lengua » (Bello). Aquí sería incorrecto tratando, porque al variar la construcción diríamos : « Ni era fácil evitarlas cuando se trata ó se trataba de rastrear el hilo, etc. » Permítese, sin embargo, la omisión del se cuando el participio que debía llevarlo se construye con una frase que lo lleva; v. g.: « En sabiendo lo que es imposibilidad, se sabe lo que es posibilidad » (Balmes). * Cc. La cláusula absoluta, fuera de significar mera coexistencia, v. g. « Envió un ballestero de maza al Rey de Aragón á quejarse porque le había rompido malamente la tregua, y, faltando á su verdad, hacía que sus gentes le entrasen en su tierra, estando él desguidado y desapercibido con la seguridad de su palabra » (Mariana, Hist. Esp., XXIT, 2), se presta á significar : 19, Causa ó razón, v. g. « Andando los caballeros lo más de su vida por florestas y despoblados, su más ordinaria comida sería de viandas rústicas; » 22 Modo, También es de uso corriente el gerundio sin el enclítico se en frases ue se emplean para señalar la situación de las cosas : « Llegué con Quillarte, mi criado, á un lugar que se llama Acquapendente, que viniendo de Roma á Florencia, es el último que tiene el Papa » (Cervantes, La española inglesa). Véanse mis Apuntaciones críticas, $ 208. (pág. 74 de las notas)
. g. : « Conmigo » es un accidente de « mí » ; una forma particular que toma el caso « mí » cuando se le junta la preposición « con, » componiendo las dos palabras una sola » (Bello) ; 32 Condición, v. g.: « Determinado ya el Emperador de recibir á Berenguer de Entenza, le envió á llamar muchas veces, y para asegurarle le envió sus patentes con sellos pendientes de oro, en que le prometía con juramento que, queriéndose quedar, le trataría con buena voluntad » (Moncada); 4%. Oposición, v. g. : (pág. 75 de las notas)
¡ Hermoso edificio! — En él Es la materia lo menos, Siendo preciosa. (pág. 75 de las notas)
(Solís, Triunfos de amor y fortuna, IT.) (pág. 75 de las notas)
Fuera de estas circunstancias es inoportuno é incorrecto el uso del participio en cláusula absoluta, como en este pasaje : « ¿Quién creerá que en la misma obra en que se dan lecciones que son de bulto para cualquier racional que tenga ojos ú orejas, se cometen iguales faltas, no alcanzando la paciencia para contarlas? » Explicados ya todos los usos del verbal en ando, endo, como participio activo, resta hablar del caso en que es adverbio, lo cual sucede cuando se adhiere á un verbo denotando el modo de ejecutarse la acción, como en « Paseaba galopando, » « No le hables gritando. » Pero aun aquí no pierde completamente su carácter verbal, como que conserva el régimen del verbo de donde sale; y acaso no es completa la transformación simo en unos pocos como corriendo, volando, callando, burlando. (pág. 75 de las notas)
Nota 73 (al núm. 470)
No sólo en castellano se ha conservado el futuro del subjuntivo hipotético ; existe también en portugués y en valaco. (pág. 75 de las notas)
Nota 74 (al núm. 479)
Sobre la ortografía pordonde, véase la nota 68. (pág. 75 de las notas)
Nota 75 (al núm. 497)
Otras variaciones puramente ortográficas son el cambio de la y en j en verbos como fingir, de dondesale finjo, finja, y el empleo de la diéresis en averigüe de averiguar. (pág. 75 de las notas)
Nota 76 (al núm. 502)
Para que mejor se entienda el mecanismo de nuestra conjugación y la razón de los cambios llamados ordinariamente irregularidades y que en realidad no son sino aplicación de otras reglas menos conocidas, es oportuno presentarlos como resultado de principios que rigen nuestra lengua aplicándose igualmente 4 nombres, verbos y partículas. (pág. 75 de las notas)
I. Es cosa conocida la diptongación de las vocales e, o bajo la influencia del acento, pero no es igualmente sabido el fundamento etimológico de este hecho. El testimonio de los gramáticos antiguos comprueba que las vocales breves latinas tenían un sonido más claro ó para hablar con los gramáticos franceses, más abierto, y las largas uno más oscuro ó cerrado; al debilitarse la distinción de largas y breves, el latín vulgar conservó la de abiertas y cerradas. Las últimas son las que más firmemente han persistido en las lenguas romances, al paso que las abiertas han padecido graves modificaciones entre las cuales se cuenta la diplongación de las vocales e, o. Así, un motivo ¡déntico ha producido micdo de métus, diez de décem, quien de quem, bien de béne, y siega de secal, tiene de ténet, hiere de férit; juego de ¡òcus, nuevo de nôvus, luego de lóco, y ruega de rógat, cuece de cóquil, muere de môritur. (pág. 75 de las notas)
También nos enseñan los gramáticos latinos, que una sílaba larga por posición” podía contener una vocal breve; como sucede en (éntat que conserva la misma vocal breve de téne(, y en cómputal cuya ó es la 4 de cúm, por más que en verso las sílabas ten y com se contasen como largas, por el mayor tiempo que podía emplearse en la pronunciación de las dos consonantes que van después de la vocal. Sin el dicho de los gramáticos, nos llevaría á igual deducción el hecho de verse diptongadas en castellano tales vocales : tienta, cuenta. Como, según lo dicho, el latín vulgar conservaba la cualidad (ó sea lo abierto ó cerrado) y no la cantidad de las vocales, no es de extrañar que el diptongo ae, abierto de suyo, se convirtiese en te, como en caecum ciego, caelum cielo, caenum cieno, graecus griego, paenitet arrepiente, quaeril quiere; y es lo singular que nuestra. fonética sirve aquí de apoyo á la buena ortografía latina, que ha restituído el diptongo ae en varias de las voces citadas. (pág. 76 de las notas)
No hay para qué decir que procedimientos tan delicados están expuestos á mil modificaciones, debidas en especial á la analogía de otras voces. Así, Berceo conjugaba con exactitud miembra— mémorat y semnan = séminant (S. Dom., 193. 74), pero á poco se igualaron ambos verbos; fregar, plegar, regar, sosegar, cuya e proviene de ¿ (friícare, plicare, rigare, *sessicare, que en castellano antiguo dio sesegar) y debía por tanto ser cerrada, se acomodaron, unos antes, otros después, á la flexion normal de segar (sécare), negar (nègare), cegar (caecare). Frega, fregue eran todavía comunes en el siglo XVI; plega, desplega, replega, se usan hoy á cada paso *. (pág. 76 de las notas)
* En la expresión longa positione la última palabra es traducción del griego 0tce:, que no significa aqui posición, colocación, sino postura (como decian nuestros antiguos) ó convenio; las silabas á que se refiere son -pues convencional y no naturalmente largas. La mala inteligencia de este término, como de otros muchos del lenguaje gramatical, ha dado margen á graves errores. (Véase Seelmann, Die Aussprache des Laleín nach physiologish-historischen Grundsetzen, Heilbronn, 1885, pág. 107). (pág. 76 de las notas)
Es oportuno recordar aqui que con el asterisco antepuesto á una forma se da á entender que es hipotética, Ó sea que su existencia se colige por inducción, y no porque se encuentre comprobada en los monumentos literarios. ** Véanse ejemplos de la conjugación de fregar, refregar en el Libro de (pág. 76 de las notas)
Aunque es difícil averiguar en todos los casos la cantidad natural de las vocales que se hallan en posición, es sin duda que ellas han cedido tal cual vez á influencias parecidas, pues vemos el diptongo en cuestan, cuando por Cicerón sabemos que en constant la preposición era larga por ir seguida de s; aquí naturalmente se viene á la memoria el sustantivo cuesta de costa. (pág. 77 de las notas)
Por otra parte, este juego del vocalismo parece ir mermando cada día en vitalidad. Así es que unos verbos tienden á fijar la vocal y otros el diptongo; anegar (nécare), que todavía se conjugaba aniego en el siglo XVI, como se ve en el Diálogo de Mercurio y Carón de Valdés (p. 5, edic. de Bóhmer), en el lenguaje literario no admite ya sino anego*; entre los refranes del Marqués de Santillana se halla : « Xo, que te estriego » (Obras, Madrid, 1852; Sbarbi, Refranero, tomo I), mientras que en el Comendador Griego se lee estrego (Madrid, 1619); aferrar, de que en los siglos XVI y XVII se decía indiferentemente afierro 6 aferro, no admite hoy sino la última forma; atestar, derrengar y derrocar, que nuestros clásicos conjugaban siempre con el diptongo, se usan hoy por autores respetables con la vocal simple; finalmente, verbos de formación y origen puramente erndito como pretender, ** innovar, no se acomodan á la norma de sus afines. Por el contrario dezmar, adestrar, amoblar, desosar, engrosar van cediendo el puesto á diezmar, adiestrar, amueblar, deshuesar, engruesar ; y lo mismo puede decirse de muchos superlativos. Esto para no hablar sino del lenguaje literario, que sigue siempre á alguna distancia al popular y provincial; en éstos los casos son cada día más frecuentes : en Madrid se oye decir buñuelero, mertendar, regúeldar, y en otras partes entiesar, empuercar, entuertar, espuelear, tiendero, nieblina, fuerzudo. Las gramáticas y la Montería, 11,8; en el de la Caza de las aves de López de Ayala, X, XXIV ; en el Cancionero de Baena, p. 438, en el Dioscórides de Laguna, Y, 54; en la Historia de las Indias de López de Gómara (R. XXIT, p. 2002); y en el Vocabulario del humanista de Palmireno, II, pág. 84 (Valencia, 1569). El sustantivo plego se halla en Jos libros de Astronomía de Alfonso .el Sabio, I, p. 24, lám. 6*; y si hemos de juzgar por la comedia de Pascual y Carranza de Bretón (esc. 19) aun lo emplea el vulgo; la Academia usó plega en el Diccionario vulgar desde la primera edición hasta la undécima en la voz plegador; y aun hoy lo usa.en la voz fuelle. Quintana en la Introducción á la poesía del siglo XVIII, art. IV, escribe : « El instinto se plega de suyo á las infinitas variedades del ritmo ; » Lista : « El genio no se plega fácilmente á la autoridad » (Ensnyos, 1, p. 2). Es inútil cilar ejemplos parecidos de replegar y desplegar. (pág. 77 de las notas)
*” El sustantivo aniego que como americanismo cita Bello, debe de ser andalucismo, pues se halla en las Escenas andaluzas, pág. 80 (Madrid, 1847). (pág. 77 de las notas)
** Sin embargo, en el siglo XVI vaciló el uso con respecto á este verbo: preliendan dice Azpilcueta Navarro (Comentario resolulorio de usuras, p. 13: Valladolid, 1569) ; pretiendo Gil Polo (Diana, II, fol. 62: Zaragoza, 1571)- y Julián de Medrano (Silva curiosa, pp. 75, 243: Paris, 1608). Véase, p. 131. (pág. 77 de las notas)
diccionarios exponen el uso coetáneo de la gente culta y letrada, y sus decisionesno pueden por tanto ser jamás definitivas. Para concluír añadiré otras observaciones sobre algunos verbos : encovar* y discordar guardan á veces en nuestros clásicos intacta la vocal: « Quien consigo discorda, con ninguno se podrá templar » (Gálvez de Montalvo, Pastor de Filida, pte. IV). (pág. 78 de las notas)
« El tigre y onza diestra Se encovan á pensar en cazas nuevas. » (pág. 78 de las notas)
(Malón de Chaide, Conv. de la Magd., pte. IT, $ 3.) (pág. 78 de las notas)
« Para una tarde fue decreto y orden Que una Jerusalén se forme y trace Y que de turcos sus murallas borden, Haciendo un foso que su campo abrace, Y porque de lo cierto no discorden... » (pág. 78 de las notas)
(Lope, Jerusalén, VII). (pág. 78 de las notas)
La diferencia de conjugación en aterrar, según que se usa en sentido material ó inmaterial. es cosa moderna, pues para nuestros mayores en ambos casos significaba echar por tierra, abatir, propia y figuradamente, y decían siempre atierro, atierra. De la Gramática de la Academia (edic. de 1854, 1858) tomó sin duda Bello una diferencia semejante para acordar; pero la misma Academia ha suprimido posteriormente esta advertencia, y con mucha razón, pues la aplicación que se hace de este verbo á los instrumentos de música es ecundaria, y de ellos como de las personas se ha dicho y se dice siempre que están acordes y que acuerdan ó se acuerdan. La Academia no menciona la diferencia que hace nuestro Autor en follar, afollar, según salen de fuelle ó de hoja. (pág. 78 de las notas)
El mismo Cuerpo ha acrecido las listas de verbos de esta clase con muchos inmediatamente sacados de sustantivos que llevan diptongo, y que no se encuentran mencionados por Bello, como hacendar, azolar, enlenzar, abuñolar, aclocar, apercollar (?), desflocar, desma jolar. Pero no debe olvidarse que nuestro Autor considera como compuestos para el efecto de la conjugación muchos verbos que solo por el sonido lo son, como sosegar de segar, desollar y resollar de hollar. (pág. 78 de las notas)
II. Es cosa notada y cuidadosamente estudiada la influencia de las vocales 1 u sobre la e o precedentes, como si aquellas vocales cerradas por naturaleza inficionasen á las inmediatas, éimpidiesen cambios inevitables en otras circunstancias ó los modificasen. Para e) * Sin duda por confusión con encobar (incubare) : « Es bien que al tiempo que ellas (las pavas) se encoban, las pongan en lugar escondido de los machos » (Herrera, Agric. gen., lib. V, cap. XXXV. (pág. 78 de las notas)
objeto presente basta señalar el poder que tienen los diptongos te to* para conservar intacta una í ó una u, que sin esto fueran e, o en el lenguaje popular. Compárense escrebir vevir (latín scribere, vivere) con escribid vivid, escribiendo viviendo, escribiese viviese; podrir, nodrido, sofriste (latín putrere, nutrire, su/fferre), con pudrieron, nudrid, sufriendo. (pág. 79 de las notas)
La misma fuerza conservativa tiene el diptongo ¿e en los tiempos que se derivan de los pretéritos graves. La o proveniente de au, como nota agudamente Cornu”, fue de ordinario cerrada, de suerte que con razón se dijo ovieron, sopieron, ploguiere, supuesto que estos pretéritos salen de habui, sapui, placui mediante las lrasposiciones *haubi, *saupi, *plauci (plauki). (pág. 79 de las notas)
Pero lo que hasta aquí se nos ha presentado como fuerza conservativa de las vocales cerradas, claro está que había de serlo también transformativa de las vocales abiertas ó indiferentes. Por esu de regir (régere), gemir (gémere), pedir (pétere) salieron rigió, ygimiera, pidiendo; de cobrir, morir, dormir: cubierto, murid, durmiendo. Por lo mismo caementum, fenestram, tenebras, decembrem dieron cimiento, finiestra, tinieblas, diciembre; y lesión, afeción, leción se trasformaron en lisión, afición, lición. Esta influencia se mantuvo viva en todo el siglo XVI, como que eran muy comunes los gerundios quiriendo, tiniendo, compuniendo, etc. (pág. 79 de las notas)
Pero no tardó en cruzarse esta tendencia con la que explicamos más abajo: las Partidas dicen recebiente, Berceo y el Poema de Alfonso XI dormiente, el Ordenamiento de Alcalá seguiente. Además verbos como rendir, hervtr han entrado muy posteriormente en esta clase, pues que Berceo dice render, rendamos, rendieron y el poema de Alfonso XI rendertan; en el Alejandro se lee ferviendo, en la Crónica general fervid y en las farsas de Lucas Fernández herver, forma todavía usada popularmente. ] Volviendo á los pretéritos graves. Es indudable que hacer, querer, venir tuvieron ¿ en la primera persona fice, fiz, quise, vine, Llanto por la ide feci, quaesii, vent, como por la naturaleza de las cunsonantes inmediatas””. De suerte que se conjugaban : /ice ó fiz, feciste, fezo, fecimos, fecistes, ficieron; quise, quesiste. (queso), quesimos, quesistes, quisieron; vine, veniste, veno, venimos, venistes, vinieron. La tercera persona de singular fue la primera en sentir la influencia de ficieron, vinieron, convirtiéndose en fizo, quiso, vino; heciste, hecistes, hecimos, quesiste, quesistes, quesimos se usaron todavía en el siglo XVI, y veniste, venimos se usan todavía en lo familiar. Pude y puse deben ” La terminación ie del copretérito era diptongo en los primeros tiempos de la lengua, y por eso se encuentran dicie, vivien, sirvie, sufrie. ** Romania, XIII, 291. (pág. 79 de las notas)
»*" Véase Cornu, Romania, VII, 360; W. Foerster, Zeitschrift fúr romanische Philologie, MI. 514. (pág. 79 de las notas)
también la u á la final larga de *povti potut, *pousi posuti; y de estas formas y de pudieron, pusieron, pudiera, pudiese, etc,, se origina la conjugación actual. . (pág. 80 de las notas)
Forman la base de nuestra tercera conjugación los verbos de la cuarta latina, caracterizada por la vocal i: aperire, dormire, sentire, ferire, y peculiar en un principio de verbos derivados (finire, blandiri); comenzó á enriquecerse desde época remota con verbos de la tercera conjugación correspondientes al paradigma de capere, capio, como salio (griego ¿CMoyat), venio (Baívo); atracción que fue creciendo, según lo dejan ver los infinitivos morir:, effugiri, hasta que en la baja latinidad la padecieron muchos verbos del paradigma ordinario. Harto más contribuyó á acrecentar el número de los verbos en 1 la segunda latina, cuya e se pronunciaba i en latín vulgar, de modo que deleo y audio se acercaban hasta identificarse casi completamente sus paradigmas”. Por consiguiente, nuestra tercera conjugación tiene por característica la vocal +, y ésta es la que produce las diversas modificaciones de vevir, pedir, sofrir, morir; semejante influencia informa de tal manera el organismo de la conjugación, que quien no quiera admitir la acción analógica de digamos, suframos en sintamos, durmamos, habrá de convenir en que la ?, aun después de haber desaparecido, está inficionando las vocales inacentuadas”. Esta y no otra es la razón de la diferencia entre bebid y concibid, vendieron y rindieron. (pág. 80 de las notas)
No siempre es fácil descubrir las causas que han motivado el paso de un verbo latino en ¿re á nuestra tercera conjugación. Unas veces puede haber influído la g palatal, como en los acabados en eñir (tingere), en freír (frigere), elegir (ant. esleér). Pelere por pelivi, petierat estaba ya medio incorporado entre los en ¿re; en otros acaso la u de la sílaba última hacía cerrada la anterior y ésta á su vez obraba sobre la terminación : segutr, escuptr ; tal es sin duda la razón por que la final ugre ha parado en ur. Se nota además que verbos usuales poco antiguos ó que han pasado en época reciente á esta conjugación, no alteran la e á influencia de los diptongos to, te; como cerntr, discerntr, sumergir. (pág. 80 de las notas)
I11. Nuestro romance eonmutó las vocales Y % breves de la lengua madre en eo, tanto en las sílabas acentuadas como en las inacentuadas : pilus: pelo, lúpus : lobo, bitumen: betún, súperbia : soberbia. No sucedió lo mismo con las largas ¿ %, pues que persistieron casi sin excepción en las sílabas tónicas : vivus: vivo, darus : duro; ” Véase J. Múller, Handbuch der klassischen Altertums-Wissenschaft, II, p. 228. Henry, Précis de grammaire comparée du grec et du latin?, p. 148. Kúhner, Ausf. Gramm. der lat. Sprache, 1, p. 500. Schuchardt, Vokafismus, , Pp. 268 sgs. 107 sgs. (pág. 80 de las notas)
19 Asi lo cree Schuchardt, Zeitschrift fúr romanische Philologie, 1V, p. . (pág. 80 de las notas)
aunque, como era natural, en las protónicas se oscureció la diferencia de cantidad y corrieron igual suerte que las breves: vicinus; vecino, fúliginem: hollín. (pág. 81 de las notas)
Nuestros libros antiguos y el lenguaje popular de nuest ros días, que continúa como siempre la tradición arcaica, nos ofrecen infinitos ejemplos de estos cambios; mientras que son menos frecuentes hoy en el lenguaje literario y atildado, ora por efecto de la reacción etimológica, ora por la fuerza niveladora de la analogía, que introduce en todas las inflexiones de una palabra la vocal predominante en las más usuales. En castellano antiguo eran comunísimas voces como vertud, trebuto, fegura, edeficio, hestoria, melecina, sotil, sospiro, omtldoso, y ahora se oyen en cada esquina adevinar, prenctipio, prencipal, cevil, vesitar, melitar, menistro, menuto, cerujano, tenaja, dolzura, sepoltura, mormurar, moltitud, pronunciaciones que sin duda datan de época remota. (pág. 81 de las notas)
Donde más se notan estas conmutaciones es en los verbos de la tercera conjugación. Del actual uso literario son decir (dicere), colegir (colligere), concebir (concipere), reír (ridere), teñir (tingere), podrir (putrere) y otros; del uso antiguo, escrebir (scribere), vevir (vivere), recebir (recípere), redemir (+.dimere), nodrir (nútrire), foír (fúgere), recodir (recútere), sacodir (succútere), sofrir (sufferre), somir (submergere), bollir (bullire). En el lenguaje vulgar se hallan otros como empremir, eregir, deregir, decedir, sin contar algunos de los verbos antiguos citados*. (pág. 81 de las notas)
Si tomamos dos verbos cuyos orígenes latinos tengan la vocal larga, hallaremos dos grupos de inflexiones, que, conforme á rigurosos principios fonéticos, presentan el uno + y acentuadas, y el otro e oinacentuadas; ejemplifiquemos esto con el presente de indicativo: decir (dicere): digo, dices, dice, dicen; decimos, decís; nodrir (nútrire): nudro, nudres, nudre, nudren; nodrimos, nodrís”. A estos paradigmas se ajustaron no solo los verbos de vocal breve originaria, sino otros que en latín no tenían í u sino e o, como gemir, medir, pedir, regir, rendir, seguir, servir, vestir, embestir; compltir, cobrir, escorrir,mollir, noctr, ordir. Cosa natural, porque concordando unos y Otros verbos en las inflexiones en que el acento cae fuera de la raíz, se igualaron en las otras: argumento de la vitalidad de esta ley ó tendencia fonética en los primeros tiempos de la lengua *”. Esta vitalidad parece haberse ido amortiguando, como queda * Para el uso vulgar saco los ejemplos de El arte de hablar de M. Torrijos, Madrid, 1865, 16 pp., y de los Cantos populares españoles, Sevilla, 1882-1883, 5 vols. (pág. 81 de las notas)
** De este verbo no tengo comprobadas sino las inflexiones nodrtr, nodrido, nudrió; lo pongo por razón de la cantidad de la u en latín. ** Repárese que en el tercer grupo de formas afines establecido por Bello (núm. 504) se confunden fenómenos de distinto orden. (pág. 81 de las notas)
$2 NOTAS. ES apuntado. Si es cierto que el pueblo dice en Madrid asestir, deregir, eregir, .ometir, remelir, el lenguaje literario ha desechado á vevir, escrebir, recebir, redemir, y olvidado los que llevaban o con excepción de podrir, y aun en éste mismo hay notable tendencia á igualarlo á sufrir, cubrir. (pág. 82 de las notas)
1V. Formas tradicionales y analógicas. Tales son las que se han conservado de la lengua madre, más ó menos puras, sin acomodarse á los: paradigmas ordinarios, y las que, habiendo nacido por imitación de otras existentes, carecen de fundamentoetimológico. a. Los verbos de forma inceptiva en scere, v. gr. crescere, cognoscere se conjugaban en latín Mevando en todas las inflexiones la c final el sonido de k (cresko, creskis, creskit, creskat); pero al asibilarse la c x” delante de e 1 (del siglo V al VII de nuestra era), resultó la anomalía que hoy vemos: crezco, creces, crezca. Arraigada esta manera de conjugar para verbos en acer, ecer, ocer (lat. ascere, escere, oscere), se extendió á los en ucir (lat. ucere), que ofrecían un caso parecido de asibilación representado fielmente por el italiano traduco, traduct, traduca, y con alguna desvicción por nuestro decir: digo (dico), dices (dicis), diga (dicat). Hacer (facio), cocer (coquo)* y mecer (misceo) conservaron su independencia ; aunque el último, según nola Bello, se halla conjugado en Lope de Vega como crecer, y todavía Hermosilla ha dicho mezca*. Placer (placeo) y yacer (jaceo) no escaparon de la acción de la analogía. (pág. 82 de las notas)
b. Entre las formas tradicionales ocupan lugar importante los pretéritos graves: -duje (ant. duxe: lat. duxi), dije (dixt), traje (trazxt), hice (fect), vine (vent), quise (quaesi1). Algunos ofrecen casos curiosos de atracción y contracción: pude (* poutt, polut), puse (* pousi, posut), hube (ant. hobe: *haubi, habut), supe (ant. sope, provenzal saup: *saupi, saput), cupe (ant. cope, prov. caup: *caupi, capuz, usado en latín bajo por cepo), plugo (ant. plogo: *plaucit, placuit), yogui (jauct, jacut), truje (ant. troxe: *lrauxt, *traxui por traxi). Los pretéritos graves fueron mucho más numerosos en lo antiguo, como lo advierte Bello, núm. 611. (pág. 82 de las notas)
La semejanza de ovo (hubo) dio origen á tovo (portugués teve, de tenutt mediante la desaparición normal de la n intervocal, como en lua = luna). De estar se dijo antiguamente estido (stetil), y á semejanza de éste se formó andido; uno y otro mudaron la í en o, u si- En lo antiguo se conjugaba cuego, cogamos (véase mi Diccionario), y en la Agricultura de Herrera se lee cuezga (v. gr. TIT, 30, 32), forma que con la anterior da todavía como usuales fudin en su gramática. (5* edic. París, 1619). (pág. 82 de las notas)
» Esta es la conjugación que da Juan de Luna en su Arte breve y compendiosa para aprender a leer, escreuir, pronunciar y hablar la lengua esnañola (Londres, 1623). (pág. 82 de las notas)
guiendo á los verbos mencionados arriba; y estudo, andudo dieron estuvo, anduvo, igualándose á hubo, tuvo. Aun plugo se convirtió en. pluvo. * Otros ejemplos de atracción tenemos en quepo, quepa (portugués. caibo, caiba — *caipo, *catpa, capio, capiam), sepa (port. saiba — *saipa, sapiam), plega (*plaica, *placiat, placeat). (pág. 83 de las notas)
c. Es analógica la y que constituye la irregularidad de los verbos. en uir: de las inflexiones en que es normal, como arguyó, arguyera, ha pasado á los presentes de indicativo y subjuntivo y al imperativo. El mismo hecho presentan otros verbos en el lenguaje arcaico y en el popular : creye, caye se apoyan en creyendo, cayó, como destruye: en destruyo, destruyendo. Huír es el único verbo de esta terminación en que la y es etimológica : fuye — fugit. (pág. 83 de las notas)
d. También por analogía ha de explicarse la yg que tienen algunos verbos en el primer grupo de formas afines. La conjugación normal de decir: digo, dices, diga, ha ocasionado la de hacer, yacer: hago, yago; haces, yaces; hagan, yagan; la conjugación etimológica tradi-- cional de tañer: tango, tanga (lat. tangere, tango, tangam), de ceñir: cingo, cinga (lat. cingere, cingo, cingam), de coller, coger: cuelgo, cuelga, coxgo, coxga" (lat, colligere, colligo, colligam), produjo en épocas remotas tengo pongo, salgo, valgo; formas que posteriormente han. dado su g á verbos que tenían y, como otgo, caiga, traiga, que en el siglo XVI eran todavía oyo, caya, traya; hutgo, usado tal cual vez. por nuestros clásicos, y haiga son hoy vulgaridades;** destruiga, restituiga usa P. S. Abril en las traducciones de las epístolas de Cicerón (27 vo: Barcelona, 1592) y de las comedias de Terencio (291: Zaragoza, 1577). Asa, desasa por asga, desasga se leen en el Arcipreste de Hita, 1324, y en el Epistolario del V. M. Avila, fol. 193 vo, Madríd, 1598 (VI, 246, Madrid, 1805). (pág. 83 de las notas)
e. La i e de las finales latinas ¿o, eo, iam, eam, pronunciándosecomo y, ha modificado de diversas maneras la raíz: a) fundiéndose con la consonante anterior ó haciéndola desaparecer, como en oyo, oya (audio, audiam), huyo, huya (fugio, fugiam), haya (habeam); $) convirtiendo en palatal la l anterior como en el castellano. * Pluvo está rimado con tuvo y detuvo en el Bernardo de Valbuena, III ;, pluuiese está en los Castigos y dolrinas que un sabio daua dá sus hijas (Biblióf. españ. XVII, p. 262), y en el entremés de la cárcel de Sevilla (Ca llardo, Ensayo, I, col. 1380); plubiera en el Múgico prodigioso de Calderón, p. 25. edic. de Morel-Fatio. En época más remota se dijo crovi, croviesse de creer, sovi de seer ó ser. (pág. 83 de las notas)
** Coxzgamos : Juan de la Encina, Teatro, p. 226 (edic. de la Academia) ; acorga: Venegas, Diferencia de libros, fol. 146 v” (Toledo, 1545) ; cozxgo : Cipriano de Valera, San Mateo, XXV, 26. La zx, pronunciada como ch francesa, representa la g de coger, pronunciada á la italiana ó á la francesa. Compárese en el P. Alcalá Ja transcripción janah, axnah, en que ¿ y zx representan la misma letra árabe gim. (pág. 83 de las notas)
*** Véase Meyer-Lúbke, Grammaire des langues romanes, 11, $$ 171, 180.. a antiguo valla (valeat); compárese el italiano doglio, vaglio, y el portugués valho, valha, venho, venha. (pág. 83 de las notas)
Nota 77 (al núm. 546)
Retiñtr nada tiene que ver con tañer: éste viene de tangere (Non didicit chordas tangere, Ovid.), y aquel otro de retinnio, compuesto de tinnio, voz seguramente formada por onomatopeya. 78 (núm 561). No menos decisivos que el ejemplo del Amadís citado por el Autor son los siguientes, tomados entre muchos otros, para probar que plega es presente de subjuntivo de placer: « Esta (la romería de Jerusalén) puede prometer el marido sin otorgamiento della (su mujer), porque es más alta romería que todas las otras, como quier que ella non lo puede prometer sin él; pero el perlado debe amonestar á la mujer quel plega; et si non le ploguiere et quisiere ir con él, débela llevar consigo » (Partida 1, tít. Vil, 1. 1X). Yo soy tu prisionero, é sin porfía Fuiste señora de mi libertat, E non te piensses fuya tu valía Nin me desplega tal cautividat. (pág. 84 de las notas)
(Marqués de Santillana, Obras, soneto VIII). (pág. 84 de las notas)
Me parece que la conversión de plega en plegue ha de atribuírse á la analogía de pese, de pesar; verbos que se hallaban en constante contraposición, como lo indican los dos nombres pláceme y pésame y las frases optativas pese dá mi, á mi linaje, etc., y plega d Dios, al cielo, etc. El pasaje siguiente, semejante al del Amadís, pone de manifiesto la influencia del un verbo sobre el otro: (pág. 84 de las notas)
Probaron mi rejalgar Santispíritus, Bretonio; Que pese ó plegue al demonio Peñafiel no ha de quedar. (pág. 84 de las notas)
(Fr. Francisco de Avila, La vida y la muerte, Salamanca, 1508; en Gallardo, Ensayo, 1, col. 338.) (pág. 84 de las notas)
D. L. M. Diaz acusa á la Academia de incurrir en varias inadvertencias al tratar de rebatir en su Gramática (año de 1880) lo que asienta Bello acerca de la conjugación de placer. El caso es como sigue : En la 1.t edición de su Gramática escribió Bello, según las reimpresiones de Caracas (1350) y Madrid (1853) que tengo á la vista : (pág. 84 de las notas)
« Placer. En tiempos no muy antiguos se conjugaba sólo en las terceras personas de singular; tenía la raíz pleg para las formas de la primera familia, y plug para las de la quinta. (pág. 84 de las notas)
Indicativo, pretérito, Plug-o. (pág. 84 de las notas)
Subjuntivo, presente, Pleg-a. Pretérito, Plugu-iese ó ¡era. Futuro, Plugu-iere. (pág. 85 de las notas)
Las formas del subjuntivo se conservan en el modo optativo plega a Dios, pluguiese ó pluguiera al cielo) y en el hipotético (si á Dios pluguiere). Se dice también plegue por plega, como si el vero pasara á la primera conjugación. (pág. 85 de las notas)
doy conjugamos este verbo en todos sus modos, tiempos, números y persunas, como irregular de la primera clase. (pág. 85 de las notas)
Indicativo, presente, Plazc-o 6 plazg-0. (pág. 85 de las notas)
Subjuntivo, presente, Plazc-a, as, etc., plazg-a, as, etc. » En ja cuarta edición, Valparaiso, 1857 (no conozco la 2.1 ni la 3.2) leo : (pág. 85 de las notas)
« A la séptima clase de verbos irregulares pertenecen: 30 El verbo placer, que en la primera familia se conjuga con la raiz irregular plazc (c fuerte) ó plazg, y en todas las demás inflexiones es regular; pero también hace la tercera persona de singular del presente de subjuntivo, plega ó plegue, y las terceras personas de singular de la quinta familia, plugo, pluguiese ó pluguiera, pluguiere. a. Plugo se encuentra pocas veces en obras modernas; plega 6 plegue, pluguiese, pluguiera y pluguiere apenas se usan sino como condicionales ú optativas: plega al cielo, pluguiese á Dios, si d Dios plugutere. (pág. 85 de las notas)
b. La conjugación de este verbo ha sufrido vicisitudes notables. En lo antiguo se conjugaba solamente en las terceras personas de singular y pertenecía á la séptima clase de irregulares, con las raíces pleg para la primera familia y plug (más antiguamente plog) para la quinta. (pág. 85 de las notas)
Indicativo, pretérito, Plugo. Subjuntivo, presente, Plega. Pretérito, Plugu-tese ó iera. Futuro, Pluguiere. (pág. 85 de las notas)
Posteriormente se usó en todas las personas y números; pero las formas irregulares de la quinta familia siguieron empleándose solamente en la tercera persona de singular. » (pág. 85 de las notas)
En la última edición que hizo el Autor y que es la que se reimprime de entonces acá, repitió lo anterior introduciendo las siguientes modificaciones sustanciales : (pág. 85 de las notas)
« 4. Plugo se encuentra pocas veces en obras modernas : plega 6 plegue, pluguiese, pluguiera y pluguiere apenas se usan sino como optativas ó hipotéticas : plega al cielo, pluguiese á Dios, si á Dios pluguiere. (pág. 85 de las notas)
Posteriormente se ha usado en otras inflexiones que las de tercera persona de singular; pero la Real Academia no ha sancionado esta practica. » (pág. 85 de las notas)
Pasemos á lo que dice la Academia (p. 129): « D. Andrés Bello, después de manifestar en su Gramatica que las formas con que antiguamente se conjugaba el verbo placer en el subjuntivo (plega, pluguiera, pluguiese, pluguiere) se conservan en el modo optativo y en el hipotético, añade: Hoy conjugamos este verbo en todos sus modos, tiempos, números y personas como irregular de la primera clase. Los irregulares de la primera clase son en dicha Gramática los terminados en acer, ecer y ocer. Resulta pues de la afirmación de Bello que el verbo placer no es defectivo y que se conjuga como su compuesto complacer, exceptuadas solamente las formas del sub- Juntivo con sentido optativo ó hipotético. (pág. 85 de las notas)
Equivócase, á no dudar, el afamado escritor venezolano al no incluír en tal excepción la forma plugo del pretérito perfecto de indicativo, usada frecuentemente en nuestros días, y cuyo sentido en ningún caso puede ser hipotético ni optativo; pero esto mismo que Bello asienta como hecho consumado, es, sin duda, lo que por raciocinio parece más natural y conveniente. » (pág. 86 de las notas)
De aquí resulta que la Academia se refiere á la primera edición de Bello, cuando era natural que tuviese á la vista las posteriores, sobre todo la de Madrid, 1867, que es la octava, y aun la de Bogotá, 1874, que creo conoce también la Academia. Sería pues justo que en otra edición de la Gramática modificase este punto, cuanto más que los hechos que Bello asienta están perfectamente acordes con lo que ahora sanciona la Academia. Solo apuntaré que desde la época en que Bello advertía hallarse pocas veces plugo en obras moderi,.s, se nota en varios escritores españoles mayor tendencia al a: va1s:no que anteriormente, y añadiré que esta inflexión desapareció hace mucho del lenguaje popular; y es esto tan cierto que en ediciones del siglo pasado se halla acentuado plugó, lo cual prueba que los impresores desconocían la palabra, pues que, conociéndola, sería tan inconcehible como que hoy se escribiera hiz3d, vind.* Bello dice que en lo antiguo solo se usaban las terceras personas del singular; los pasajes siguientes prueban el uso del plural en el siglo XV : « Vos quiero certificar me place mucho que todas cosas yue entren ó anden so esta regla de poetal canto, vos plegan » (Marqués de Santillana, Obras, p. 2). (pág. 86 de las notas)
Non te plegan altiveces Indevidas. (pág. 86 de las notas)
(El mismo, ubi supra, p. 31). (pág. 86 de las notas)
« Mucho soy maravillado é me desplace por el infante don Enri, ue nombrar á mí por enemigo, que yo deseo mucho que él sirviese € Vuestra Merced sobre todas cosas.... y él haciéndolo así, de «uy buena voluntad le serviria yo despues de mi señor el infante don ” Aunque la Academia ha suprimido este pasaje en la edición de 1895, ha parecido conveniente conservar todavía la rectificación hasta que se borre la mala impresión de aquella censura. (pág. 86 de las notas)
Juan su hermano, que aquí está presente, á quien sey mas obligado; pero teniendo él otras maneras que á Vuestra Alteza no plegan, no me debe él haber por enemigo porque yo dellas me aparte é sirva á Vuestra Señoria, á quien natural [é] razon me obligan sobre todas las cosas despues de Dios. » (Crón. de D. Juan II, año 1422, cap. III, 6 sea XXX VIII de la 2.* serie en la edic. de Logroño, 1517). He citado con alguna extensión este pasaje, porque la Academia lo aduce en la Gramática para probar que plegan es tercera persona de plural del presente de indicativo. Dejo aparte los ejemplos precedentes y la dificultad de que plega en singular pertenezca al subjuntivo y plegan en plural al indicativo, para indicar que nada hay que exija este último modo en el pasaje de la Crónica; antes en el tono de moderación que afecta el que habla, es naluralísimo el subjuntivo; léase, si no, el pasaje poniendo agraden en vez de plegan. (pág. 87 de las notas)
Nota 79 (al núm. 577)
En el lenguaje familiar se usa diz por dicen, en la combinación diz que: (pág. 87 de las notas)
El placer comunicado Diz que se hace mayor. (pág. 87 de las notas)
(Cristóbal de Castillejo, Diálogo de las condiciones de las mujeres.) (pág. 87 de las notas)
Nota 80 (al núm. 581)
El imperativo de haber es perfectamente regular: habe, habed: « Habe misericordia de mí, pues dende tu niñez por todas las edades creció contigo la misericordia » (Granada, Oración I de la vida de Nuestra Señora); « Habed piedad, Criador, destas vuestras criaturas » (Santa Teresa, Exclamaciones del alma á Dios, VIII). La primera de estas formas, comunísima cuando haber era sinónimo de tener, es hoy inusitada; la otra apenas tiene cabida tal cual vez en el lenguaje místico ; pero ambas cuadran perfectamente con las anticuadas habes, habe, haben en vez de has, ha, han, que con habemos, habéis, completaban, salvo la primera persona del singular, el presente regular de haber. (pág. 87 de las notas)
El hé de hé aqui, hé ahí ninguna conexión tiene con haber ni en el sentido ni en la forma, que originariamente era fe. Diez consideraba este fe como modificación de vé, imperativo de ver; Ascoli, poco inclinado á admitir el cambio de v en f, se aparta de Diez, y tomando por base el afe, tan común en el Cid, lo interpreta como juramento aseverativo que acabó por convertirse en interjección denotativa de decisión, intimación ; cosa algo parecida á lo que vemos en el latín hercle y en el italiano gnaffe — mia fe. Según esto, « Afeuos todo aquesto puesto en recabdo » (Cid, 1255) no sería ni más ni menos que « A fe á fe mía que todo está puesto á buen recaudo. » (Lett. glottol. pág. 88, trad. alem.). Los pronombres que (pág. 87 de las notas)
3e le apegan pudieran, siendo esto así, Compararse á los que en tatín lleva ecce : ecce me, eccum. (pág. 88 de las notas)
La forma hets por habéis, usada como auxiliar, completa el presente sincopado he, has, ha, hemos, hets, han : (pág. 88 de las notas)
¿Tanto os heis debilitado ? (pág. 88 de las notas)
(Lope, El molino, IT, 3.) (pág. 88 de las notas)
No es el viaje tan largo, Don Melchor, como me heis dicho. (pág. 88 de las notas)
(Tirso de Molina, La celosa de sí misma, IT, 10.) (pág. 88 de las notas)
Nota 81 (al núm. 582)
Son curiosas y dignas de mencionarse las formas antiguas ¿mos (latín imus), ides, ts (latín tis), equivalentes de vamos, vais, por ser las únicas del presente derivadas de la raíz del infini tivo : (pág. 88 de las notas)
Con mugeres e con fijos y nos ymos á morar. (pág. 88 de las notas)
(Rimado de palacio, 354.) (pág. 88 de las notas)
Caballero, si á Francia ¿des Por Gaiferos preguntad. (pág. 88 de las notas)
-- .--. ¿Dónde 18 ? ¿dónde corréis? ¿quién de repente Aquesta gran discordia ha levantado ? (pág. 88 de las notas)
(Hern. de Velasco, Eneida, XII.) (pág. 88 de las notas)
En otro romance de los de Gaiferos ocurre ya vades como optativa : Con Dios vades, los romeros, Que no os puedo nada dar; pasaje éste semejante al que Cervantes pone, como la antepenúltima cita, en boca del muchacho de Maese Pedro: « Vais en paz, ó par sin par de verdaderos amantes » (Quij., 11, 26). Díjose también vo en lugar de voy, así como estó por estoy, so por soy, según lo observa el autor del Diálogo de la lengua, y do por doy, como en aquel verso de la Canción d las Ruinas de Itálica : (pág. 88 de las notas)
Les do y consagro, Itálica famosa, que Quintana, según nota don Aureliano Fernández Guerra y Orbe, destruyó poniendo doy, y en el cual la lección auténtica es do, conforme lo sospechó Bello (Ortol., pte. III, $ IV). Ni se crea que este do, es lo que impropiamente llaman algunos licencia poética : es forma antigua usada por los escritores de épocas anteriores : en el acto Vil de la Celestina se hallan so y do, que editores modernos han convertido en soy y doy, acaso pensando que aquéllas eran erratas. (pág. 88 de las notas)
Nota 82 (al núm. 583)
Nebrija conjuga así el pretérito de ser: fue, fueste, fue, fuemos, fuestes, fueron; formas corrientes antes de él y de que se hallan vestigios mucho después, aunque los gramáticos de mediados del siglo XVI dan ya la conjugación actual : yo fue ó hue están en Juan de la Encina y Lucas Fernández, y casi un siglo después en la Biblia de Cipriano de Valera (S. Mateo, XXV, vv. 25, 35, 43) ; fuemos, fuestes en el Marco Aurelio de Guevara (11I, 4 : fol. 140, Sevilla, 1531). El yo hue de Lucas Fernández se oye todavía en boca del vulgo campesino en las tierras altas comarcanas de Bogotá. El imperativo sey se usaba todavía en el siglo XVI (véase un ejemplo en la nota 102); lo mismo el participio seído y el gerundio seyendo. (pág. 88 de las notas)
Nota 83 (al núm. 588)
Entre los defectivos merece contarse balbuctr, verbo usado desde muy antiguo, y semejante á abolir, salvo que la Academia usa balbuce; las formas que le faltan las suple hoy balbucear. A esta clase de defectivos han de añadirse otros verbos como denegrir y los forenses adir y preterir; del segundo apenas el infinitivo he visto, y del primero y el tercero el 1minitivo y el participio denegrido, preterido. (pág. 88 de las notas)
Nota 84 (al núm. 590)
La Academia admite las dos formas trgo, yergo, ¿rga, yerga. Ya en algunas copias de la traducción del Concilio de León de 1020 se lee ¿rga, y Jovellanos, como lo nota Salvá, dice en el imperativo ¿rgue; pero yergue fue sin duda más usado : Juan de la Encina usa yérguete en el auto del Repelón, Lucas Fernández yergues en la égloga ó farsa del Nascimiento, y Lope de Vega yeérguete en Peribáñez y el Comendador de Ocaña, acto II. No sé si está comprobada la forma yergamos que trae la Academia; pero, estélo 6 no, es tan contraria á nuestra fonética como lo serían adviertamos, sientamos. (pág. 89 de las notas)
Nota 85 (al núm. 593)
Raer hace con más frecuencia raiga que raya : « Tomen aquellos dos ramos que sean verdes, nuevos y sustanciosos, y á cada uno dellos ráiganle hasta el medio tútano » (Herrera, Agric. gen. III, 8; item, V, 1). « Santifícate con ellos, y hazles ha costa para que se raigan las cabezas » (Scío, Hechos apost. XXT, 24). Esta es la forma que prefiere la Academia”, 86 (núm. 594). Hé aquí ejemplos de la forma roya : « Cuando nace la escoba, nace el asno que la roya » (Refrán en el Dicc. de la Acad., en la voz escoba); « Sean las estacas bajas, si no hay temor de bestias que las royan » (Herrera, Agric. gen., III, 15). « Quien goza de las maduras, goce de las duras, y quien come la carne, roya ” Raya se lee además en la traducción del Momo por Agustín de Alma- zán, fol. 19 v* (Alcalá, 1553), y en las Sentencias que acompañan la versión del Anfilrión de Plauto por Villalobos, fol. 83 v* (Sevilla, 1574). (pág. 89 de las notas)
los huesos » (Estebanillo González, II). La Academia prefiere con razón roa á roya, y cita los versos de Quevedo : (pág. 90 de las notas)
Yo te untaré mis versos con tocino Porque no me los roas, Gongorilla*. (pág. 90 de las notas)
Nota 87 (al núm. 595)
Loo de loar se halla usado por Don Antonio de Guevara : « Loo y apruebo ser eso todo bueno » (Epist. fam. I, letra para D. P. Girón cuando estaba desterrado : fol. 9% vo, Zaragoza, 1543); « Rociar unas almohadas con un poco de agua de azahar, lóolo; mas comprar unos guantes adobados por seis ducados, maldígolo » (ahí mismo, /7, letra para Micer Perepollastre : fol. 111, Valladolid, 1545); por Fr. Luis de Granada : « Reconozco tu bondad, loo tu piedad » (Contemplus mundi, IV, 1); y por el marqués de Santillana y Juan de Mena : (pág. 90 de las notas)
Cuando yo veo la gentil criatura Que el cielo acorde con naturaleza Formaron, loo mi buena ventura. (pág. 90 de las notas)
(Soneto 1). (pág. 90 de las notas)
A oído con otras gentes Infamo muchas vegadas, Loo el mal en las pasadas Porque yerren las presentes. (pág. 90 de las notas)
(Tratado de vicios y virtudes). (pág. 90 de las notas)
Como primeramente se dijo respuso (v. g. Cid, vv. 710, 779, 1390, 2412; compárese haya respuesto, Espéculo, lib. IV, tit. VII, l. 9), es de creerse que este repuso no pertenece propiamente á reponer sino á responder. Cuando éste pasó á conjugarse regularmente, la otra forma, perdido el hilo de la tradición, se incorporó en la conjugación de reponer. Hoy por una parte la influencia del pretérito repuse y por otra la analogía de oponer han hecho que se extienda el sentido de replicar á las demás formas del verbo : « Podrá decirse que, ejerciendo allí el magisterio de la cátedra, el amor de los discípulos le inclinaba á favor de los ingenios de aque! país. Pero es fácil reponer que... » (Feijoo, Españoles americanos). « Podría reponérsele que semejante estilo y versificación, propios de una fábula... no lo son en modo alguno de los géneros elevados de la poesía » (Quintana, /ntrod. ú la poesía cast. del siglo XVIII, art. IV). (pág. 90 de las notas)
* Roa dice también Virués, Monserrate, XVII (fol. 199 v*, Madrid, 1609); Juan de Luna en su Arte breve y compendiosa (1623), conjuga roigo, roiga. ** La confusión de responder y reponer se nota en otras lenguas romances : en Raynouard se hallan respos, a respost = respuso, ha respuesto ; en portugués reposta = respuesta; Littré trae el imperativo antiguo reponez = responded. Santa Teresa dice también repuesta por respuesta. (pág. 90 de las notas)
Nota 88 (al núm. 598)
El participio ¿mprimido, no lo desaprueba Salvá en este caso : « El carácter que le habían ¿imprimido los órdenes sagrados. » Fue comunísimo en el siglo XVI, pero poco á poco fue cayendo en descrédito : recuerdo haberlo visto censurado en no sé qué libro antiguo, y al fin debió de ser tenido por incorrecto, pues refiriéndose Yepes á este pasaje de Santa Teresa, que él mismo copia : « De ver á Cristo me quedó imprimida su grandísima hermosura, » escribe : « (Quedó también tan ¿impresa aquella majestad y hermosura en su alma, que nunca la pudo olvidar » (lib. 1, 13). (pág. 91 de las notas)
Nota 89 (al núm. 598)
Fr. Luis de León usa el participio vido por visto que, imitando el habla vulgar ó campesina, emplean Lucas Fernández (p. 92) y Juan del Encina (Teatro, p. 408) : (pág. 91 de las notas)
Y aun he vido El trigo desdecir muy escogido. (pág. 91 de las notas)
(Geórgicas, I). (pág. 91 de las notas)
90 (núms. 608, 609). En el siglo XIII todas las segundas personas de plural (excepto la del pretérito y la del imperativo) acababan en -des. Fueron las inflexiones graves las primeras que perdieron la d : hállanse ejemplos de ello en el siglo XIV (vayaes, soes), y á principios del XVI eran de uso corriente y general las que hoy conocemos ; si bien en las fórmulas del lenguaje cancilleresco quedaron vestigios hasta fines del siglo XVII (sepades, non fagades ende ál). Las inflexiones esdrújulas persistieron intactas por más tiempo; los ejemplos más antiguos que de las formas modernas tengo anotados son de 1555 y 1572*; insensiblemente fueron generalizándose, y aunque rarísimas todavía en las obras de Cervantes y de Lope, es de creerse que al fin de su siglo la generación joven ya no las empleaba, por más que Calderón se sirviese todavía de ellas en su última comedia (1680). En estilo cancilleresco subsistieron hasta bien entrado el siglo siguiente (cobráredes en 1723: Nueva Recopilación de 1772, tomo ll, : El testimonio más antiguo que conozco de la forma en teis del pretérito se halla en la Vtil y breve institucion (1555), que la da una que otra vez; Cervantes y Lope preferían aún la antigua en tes, pero también al fin de su siglo se hizo general la otra ”. " Vtil y breve institution, para aprender los principios, y fundamentos de la lengua hespañola, Lovaina, 1555 (en el paradigma de la primera conjugación da amabays); Azpilcueta Navarro, Tratado de alabança y murmuracion, *alladolid, 1572 : complazeriays (p. 237). (pág. 91 de las notas)
** Mientras duró el conflicto de las furmas en tes y teis, se usaba también otra en tis: amastis; v. gr. Aldrete, Origen de la lengua castellana, pp. 256, 205; Calderón, Mágico prodigioso, pp. 221, 223 (edic. de Morel-Fatio) ; Cáncer, Obras, fols. 3, 5l (Madrid, 1651); Polo de Medina, Obras, p. 136 (pág. 91 de las notas)
Otro dístedes, semejante al del Romar:cero general citado por el Autor, ocurre en el romance de don Duardos y Flérida : Contando vivos dolores Que me distedes un dia?. (pág. 92 de las notas)
94 (núm. 613): Doldré por doleré, usado no solo en Chile sino en otras partes de América, se oye hoy entre el vulgo español (Araujo, Estudios de fonética castellana, p. 129); y que viene por antigua tradición lo prueba el hallarse en las obras del Infante D. Juun Manuel (R. LI, p. 3281) y en un antiguo manuscrito de la Crónica general (R. Menéndez Pidal, La leyenda de los Infantes de Lara, p. 319, 31 : Madrid, 1896). (pág. 92 de las notas)
Nota 92 (al núm. 616)
Es curiosa la síncopa del futuro de subjuntivo que se ve en el pasaje siguiente, y común en obras más antiguas : Y si me creéis, Lucrecio, Buscadlo por otra vía Cual quisierdes : (pág. 92 de las notas)
Que, siendo los años verdes, Podéis hallarlo despacio ; Y huíd, mientras pudierdes, De la prisión de palacio. (pág. 92 de las notas)
(Castillejo, Diálogo y discurso de la vida de corte). El imperativo gudrdate se sincopaba en guarte : Gana el tesoro verdadero, Guarte del fallecedero. (pág. 92 de las notas)
(Conde Lucanor, cap. XV). (pág. 92 de las notas)
Guarte, pues, de un gran cuidado, Que el vengativo Cupido, Viéndose menospreciado, Lo que no hace de grado Suele hacerlo de ofendido. (pág. 92 de las notas)
(Gil Polo). (pág. 92 de las notas)
Nota 93 (al núm. 644)
En los tiempos anteclásicos hube cantado era comunísimo en lugar de cante, y al parecer sin indicar ninguna de . las ideas accesorias que apunta el Autor; v. g. : (Zaragoza, 1661); Santos, El no importa de España, p. 176 (Madrid, 1667) Esta nota resume el artículo que publiqué en la Romania, tomo XXII. ” En la redacción más antigua de este romance, según se halla en las obras de Gil Vicente (II, p. 250, edic. de 1843), se lee « Que me distes aquel ia ». (pág. 92 de las notas)
Aqueste Paris, Alixandre llamado, Fijo de aquel noble Rey Priamo, Por cuya cabsa el reyno Greciano Sobre la cibdad de Troya fue ayuntado, Ovo por amores á Elena llevado, Que al Rey Menelao tenia por marido, El qual, con otros que fueron, venido, Por mas de diez años la ovieron cercado. (pág. 93 de las notas)
(Edades del mundo, CXXIID). (pág. 93 de las notas)
Nota 94 (al núm. 655)
Nuestra forma subjuntiva en ra nace de la indicativa latina del pluscuamperfecto, sentido en que era muy común antiguamente (véase Gram. núm. 720); si bien no deja de ocurrir también como mero pretérito, lo mismo que en portugués : Cuando vino la mañana, Que parece un gavilán, Que quería alborear, Voces da por el palacio Salto diera de la cama Y empezara de llamar. (pág. 93 de las notas)
(Romance del Conde Claros de Montalvan). (pág. 93 de las notas)
Como netamente subjuntiva es, según se dijo en la Gramática latina de Caro y Cuervo, muy rara en los monumentos más antiguos de nuestra lengua; en la Gesta del Cid no aparece con tal carácter sino unas dos veces (versos 3319 y 3597), y ambas en la apódosis de oraciones condicionales, en las cuales es sabido que se permite el indicativo en latín como en castellano (Gram. núm. 695). Compárense los dos pasajes siguientes : (pág. 93 de las notas)
Si non errasset, fecerat illa minus (Marcial, 1, 22); Si á Millan croviessen, ficieran muy meior (Berceo, S. Mill. 288). De la apódosis pasó á la hipótesis, y de oraciones condicionales á las puramente subjuntivas. (pág. 93 de las notas)
En nuestros clásicos, la forma en se predomina (lo que no quiere decir que sea exclusiva) como verdaderamente subjuntiva después de verbos que rigen este modo (núm. 457), en frases finales, optativas, adversativas, concesivas, etc. (para que, aunque, ojalá lo oyese, etc.), y en la hipótesis de oraciones condicionales (sí lo supiese, lo diria) ; la en ra en la apódosis, y en frases que pudiéramos llamar potenciales, en las cuales se representan los hechos como meramente posibles, y que son en cierto modo oraciones condicionales incompletas, por faltarles una hipótesis vaga, que varía según los casos; como en este pasaje de Cervantes : « Preguntéle que por qué había dado aquella tan cruel sentencia y hecho tan manifiesta injusticia. Respondióme que pensaba otorgar la apelación, y que con eso dejaba campo abierto á las señores del Consejo para mostrar su misericordia moderando y poniendo aquella su rigurosa sentencia en su punto y debida proporción. Yole respondí que mejor fuera haberla dado de manera que les quitara de aquel trabajo, pues con esto le tuvieran á él pcr juez recto y acertado » (Lic. Vidriera). En los casos en que es indiferente el uso de las dos, ha tomado ereces entre los españoles el uso de la forma en se, y aun pudiera: decirse que tiende á hacer desaparecer la en ra; por el contrario, en América (á lo menos en Colombia) es de raro uso la en se en el habla ordinaria, y en lo escrito solo la emplean los que imitan adrede el lenguaje de libros españoles. (pág. 93 de las notas)
Nota 95 (al núm. 678)
Como ejemplos curiosos de imperativo con negación trae don J. E. Hartzenbusch el refrán « Ni fía, ni porfia, ni entres en cofradía, » y un pasaje del Conde Lucanor, que dice: « Non fablad, callad ; » á los cuales deben agregarse este del Poema de Alfonso X1: (pág. 93 de las notas)
Esforcad e non temed, De Dios es profetizado Que auedes a uencer; (Copla 1529; item 1559.) (pág. 94 de las notas)
y el siguiente del romance del Conde Dirlos, que empieza Estábase el Conde Dirlos, y es así: (pág. 94 de las notas)
No mirad á vuestra gana, Mas mirad á don Beltrane. (pág. 94 de las notas)
Nota 98 (al núm. 679)
Este sepáis por sabed me parece tan solo una reliquia del uso que se hacía del optativo, á usanza latina, para suavizar el imperativo : (pág. 94 de las notas)
Tomes este niño, Conde, Y lléveslo á cristianar; Llamédesle Montesinos, Montesinos le llamad. (pág. 94 de las notas)
Calderón mismo ha dicho: (pág. 94 de las notas)
Digasme tú, divina Mujer, que este horizonte Vives, siendo del monte Moradora y vecina, ¿ Qué camino da indicio Para ir al Purgatorio de Patricio ? (El Purgatorio de San Patricio, III). (pág. 94 de las notas)
Nota 97 (al núm. 708)
El empleo del participio sustantivado con tener es portuguesismo que se le deslizó á Fray Luis de Granada en este pasaje de las Adiciones al Memorial de la vida cristiana : « ¡ Qué cosa es más fuerte ni más poderosa que la muerte ? ¿De quién no tiene alcanzado triunfos? » (Pte. 1, cap. 1, $ 5). No obstante, de lo mismo se hallan ejemplos en Cervantes, Santa Teresa y Lope de Vega. (pág. 94 de las notas)
Nota 98 (al núm. 717)
A veces solo se pone en presente uno de los dos miembros de la oración condicional, y el otro no sufre alteración : « Si maese Pedro no se abaja, se encoge y agazapa, le cercenara la cabeza » (Cervantes, Quiz. II, 26). « Si no hubieras cebado en algo tu ira, de seguro te mueres » (Ochoa, Virgilio, égl. III). (pág. 95 de las notas)
Nota 99 (al núm. 721)
Desde la época en que el Autor publicó esta Gramática es increíble el cuerpo que ha tomado en España el abuso de la forma en se en la apódosis de oraciones condicionales; raros son hoy los escritores, aun de alguna nota, que no yerran en este punto, y por lo mismo se hace más importante advertirlo á los jóvenes para que se precavan de semejante corruptela. (pág. 95 de las notas)
Este hecho, como todos en el lenguaje, tiene su fundamento y sus antecedentes: aqui obra el paralelismo de los dos miembros que tienden á igualarse. En una nota anterior vimos que la forma en ra, propia en un principio de la apódosis, pasó á la hipótesis, y en el caso presente la misma causa traslada la forma en se de la hipótesis á la apódosis. Falta saber si esto logrará la misma sanción que lo olro. Como caso parecido puede citarse la forma que da el vulgo en Francia á las oraciones condicionales de la misma especie: Si 'aurais de P'argent, je ne serais pas ici. (pág. 95 de las notas)
Nota 100 (al núm. 734)
El giro de Lucrecio expler? potestur es tautológico ; bastaba con una sola pasiva. En sánscrito y en gótico sí se usa sola la pasiva de poder. * (pág. 95 de las notas)
Nota 404 (al núm. 762)
El uso de atrever con acusativo oblicuo no fue conocido en castellano antiguo ni aparece sino á fines del siglo XVI y principios del siguiente. Fúndase en la analogía de los verbos comunes que admiten la construcción refleja, como si se arguyera así: moverse presupone mover, luego atreverse, atrever. Lo mismo se observa en abstenerse, pues que Fr. Luis de (Granada dijo : « Abstenga sus ojos de mirar, » igualando este verbo á contener. Podrían citarse otros ejemplos parecidos. (pág. 95 de las notas)
Nota 102 (al núm. 763)
Hay muchos verbos transitivos que, usados como reflejos, significan movimiento ó actitud espontánea, v. gr. moverse, * Véase Bopp, Vergl. Gramm., $ 810; Pott, Etym. Forsch., tomo II, pág. 505 (2.* edic.). (pág. 95 de las notas)
volverse, echarse, arrojarse, ponerse, sentarse, mantenerse, haberse ; de éstos hubo de pasar el pronombre á los intransitivos ¿rse, venirse, salirse, entrarse, estarse, como mero signo de espontaneidad, y por consiguiente sin que hubiese inlento de emplear tal ó cual caso determinado. Siendo esto así, tendríamos aquí una construcción por analogía que no puede reducirse al análisis común. No hay en efecto medio alguno de comprobar en qué caso está el pronombre que acompaña á estos intransitivos; y por lo mismo es ocioso discutir si es acusativo ó dativo. ¿Se modificará el carácter del verbo al agregarle un pronombre que no tiene funciones deslindadas de acusativo ó dativo, solo porque con los transitivos que sirven de modelo ha de tomarse como acusativo en virtud de serlo los demás pronombrescon que se juntan ? Si se mudifica, ¿ cómo podrá probarse ? (pág. 96 de las notas)
Ser y estar, junto con el pronombre reflejo, admiten el reproductivo lo, caso en que aquél ha de tomarse naturalmente como dativo. « Adonde yo no quisiere ser Sosia, séitelo tú » (Villalobos, Anfitrión). « Obispo por obispo, séaselo Domingo » (Mariana, /Hist. de Esp. XVIT, 8). « Andemos presto, que estará loco tu amo con mi mucha tardanza. — Y aun sin ella se lo está » (Celestina, V). (pág. 96 de las notas)
Nota 103 (al núm. 764)
Morirse, además de significar acercarse dá la muerte, denota la muerte natural á diferencia de la violenta ; así no puede decirse que alguien se murió fusilado, pero sí que se murió de tisis ó pulmonta. (pág. 96 de las notas)
104 (núms. 777-9, 781-2). Hacer usado transitivamente, significa causar, producir, como cuando decimos « esa leña hace humo, » « no me haga sombra; » y empleadas estas locuciones para denotar las variaciones atmosféricas, se iguala el verbo á los impersonales : « hace frío, » « hizo grandes calores ; » por eso el acusativo se reproduce con un caso complementario: « Yo no sé cómo os habrá ido por ahí de calor; pero aquí le ha hecho (y aun le hace) tan recio, que lejos de haberme ido al campo.... he guardado la casa de día y de noche » (Moratín, Obras póstumas, tomo II, pág. 469). (pág. 96 de las notas)
¿Cómo viene vuesancé ? (pág. 96 de las notas)
— Con calor. — Hácelo á fe. (pág. 96 de las notas)
(Tirso de Molina, Por el sótano y el torno, 1, 4). (pág. 96 de las notas)
Tomado el mismo hacer en el sentido de completar (« tres y cuatro hacen siete »), se dice: « El día de hoy hace cualro meses que no la veo; » esto es: « el día de hoy completa los cuatro meses; » de aquí el que no sea propio el uso de este verbo si no se lrata de número fijo, y el que debiera preferirse haber en frases como « mucho tiempo ha que no la veo, » por ser este verbo de significación más vaga. Parece, en efecto, que de tomarse en el sentido de tener cuando se aplica á la edad ó duración, diciéndose « Ha muchos días que no ha venido, » esto es, « tiene, lleva, ha estado muchos días en que no ha venido, » pasó al uso impersonal, que ya tenía para denotar existencia *. Este proviene sin duda de la fusión de frases sinónimas : « Hubo guerras en España » nace de « Fueron guerras en España » + « España hubo guerras, » tomándose los dos verbos ser y haber en las acepciones antiguas de existir y tener. Esta fusión debía de verificarse ya en latín vulgar ”. (pág. 96 de las notas)
En las locuciones explicadas es visible cómo ha ido oscureciéndose el sujeto y predominando el acusativo hasta venir á ser el objeto principal del concepto, ó sea el sujeto psicológico; de ahí que por la tendencia natural á restablecer la armonía entre la fórmula psicológica y la expresión gramatical, se diga dieron las cuatro, hicieron grandes calores, hacen ocho días, y entre el vulgo y aun entre la gente culta de algunas comarcas, hubieron fiestas, habían cuatro días. (pág. 97 de las notas)
En la expresión chilena « Habían ó hacían cuatro días d que no le veía » parece que la á se debe á la fusión de « Cuatro dias ha » con « Hace cuatro días. » No sé si este hecho sea el que presenta aquel verso de Juan de la Encina : (pág. 97 de las notas)
E ha dos meses ha que llueve. (pág. 97 de las notas)
(Teatro, p. 143). (pág. 97 de las notas)
Como nunca se dice ayer un año, hoy dos meses, me parece claro que en ahora un año no hubo originariamente elipsis sino sinalefa, por la cual el impersonal ha se incorporaba en el adverbio ahora. En Juan de la Encina se lee hora un año, desde agora dos años (Teatro, pp. 120, 221); en Lope de Rueda agora ha cinco años (Obras, I, p. 124); en Santa Teresa ahora ha un año (Cartas, Riv. LV, p.2302), ahora un año (ib. LV, pp. 72, 2761). Esta contracción es idéntica á ” Los pasajes siguientes explican el uso del gue y dan ciertos visos de posibilidad á la explicación propuesta : « Si nos queremos saber en quantc tiempo los ninnos pueden perder sus cosas, devemos contar los annot del ninno; é demas quantos annos a que los padres perdieron las cosas... Mas si por ventura el padre ó la madre estudieron xxx. annos que perdieron la cosa, los ninnos dali adelantre non la puedan demandar. » (Fuero juzgo, IV, 3. 2). « Un día tuvo necesidad, porque había [como si se dijera llevaba] muchos que no hacia de su vientre cosa de provecho, que le recetase el médico una ayuda » (Hidalgo, Didlogos de apacible entretenimiento, II). Por supuesto que en este último ejemplo está haber empleado como impersonal. (pág. 97 de las notas)
** En los primeros monumentos de la lengua se hallan usadas promiscuamente las construcciones normales y la que resultó de su fusión ; v. gr. : « Grand alegria es entre todos essos christianos » (Cid, 1236); « Un monge beneito fue en una mongia » (Berceo, Milagros, 76); « El pueblo e la villa houo grant alegria » (Apol., 621); « El prado que vos digo avie otra bondat » ¡Berceo, Milagros, 11); « Ally son las especias, el pure gerengal, ¦ En ella ha gengiure, clauels... » (Alexandre, 1301); « Quantos Que y son » (Cid, 3100); « Quantos que alli ha » (Cid, 1215) (pág. 97 de las notas)
otras que se hallan en manuscritos y ediciones de los mismos autores: praga (4) Dios, agora (4) burlar (Encina, Teatro, pp. 93,116); pluguiera (4) Dios (Santa Teresa, Vida, edición autografiada, p. 28). Poco á poco ha ido cediendo el puesto haber en este sentido á hacer, y no percibiéndose ya la sinalefa, forman estas frases un caso curioso de aislamiento sintáctico, admitido por el uso común y corriente del siglo XVI acá. « Ya no está allí (la piedra); mas el obispo Pelagio, que la vio agora cuatrocientos años, la dejó puesta, refiriendo dónde estaba » (A. Morales, Viaje, Oviedo). « Si éste no es leve argumento, ¿ cuántos destos hay en España de piedras de ahora mil y seiscientos, y más antiguas escritas por españoles con letras latinas ? » (Aldrete, Origen de la lengua castellana, II, 18). « En los escritores de ahora dos siglos, lejos de evitarse estas reproducciones viciosas, se buscaban y se hacía gála de ellas » (Bello, Gram. $ 157). Dónde andan...? — Ahora poco Desfilaban de paseo Por el jardín. (pág. 98 de las notas)
(Bretón, Un día de campo, I, 13). (pág. 98 de las notas)
Sobre las frases hace poco, muchos años hace, precedidas de preposición, véase adelante la nota 147. (pág. 98 de las notas)
Nota 105 (al núm. 781)
Las construcciones inglesa é italiana correspondientes á la nuestra de haber que expresa indirectamente la existencia (hay fiestas), difieren de ella en que no son impersonales, pues la cosa existente hace el oficio de sujeto. (pág. 98 de las notas)
106 (núms.791-5 El uso de la construcción refleja en sentido pasivo aparece arraigado en nuestra lengua desde sus primeros monu mentos : « Non se faze assi el mercado » (Cid, 139). « Este enganno non queremos que vala, ni que se faga en ninguna manera » (Fuero Juzgo, lib. II, tit. V, l. VIT). « Et otrosí por este cuento, segunt dixieron los santos, hobo Santa Maria siete placeres muy grandes, del su fijo, que se cantan en santa eglesia » (Partidas, prdl.). « Responde el Rey que tiene por bien que se tome el servicio de los ganados en aquellos lugares do se vsó e sse acostunbró de coger » (Cortes de Madrid, año 1339). (pág. 98 de las notas)
« Muy pocas reynas de Grecia se halla Que limpios oviesen guardado sus lechos?. » (pág. 98 de las notas)
(Mena, Lab. 78). (pág. 98 de las notas)
"Y así por todas las edades de la lengua hasta nuestros días. * Diez (Gramm., 3, p. 282) cita el primero de estos versos como ejemplo del verbo en singular con un nombre plural ; pero parece que ha de construirse : « Se halla que muy pocas reynas de (srecia oviesen guardado... » (pág. 98 de las notas)
Aplicábase de preferencia esta construcción á las cosas, por el ricsgo que había de que refiriéndose á personas, se confundiese el sentido pasivo con el reflejo ó recíproco. El ejemplo siguiente muestra cómo se prefería, para las personas, la pasiva formada con ser y el participio: « Por ende establecemos que de aquí adelante en los pleitos que andodieren en la nuestra abdiencia en que se aya a dar. sentencia definitiua, que aquel que ouiere de ffazer la rrelacion que la trayga por escripto, flirmada de su nombre, para que se ponga en el proceso del pleito. Et que los procuradores e los abogados de los pleitos que sean llamados, e que se flaga la rrelacion ante ellos por vno de los oydores » (Cortes de Guadalajarn, año 1390). Con el tiempo fue aplicándose á personas 1a construcción reflejopasiva, quedando al contexto la determinación del sentido; en los siglos XVI y XVU se halla tal cual vez se mataban los cristianos, se aegollaron los catalanes, por eran muertos, fueron degollados*. Por dos caminos se procurú aclarar la ambigúedad de estas frases : el primero, anteponiendo la preposición d al nombre del objeto que padece la acción: « Fue recibido con grandes juegos é danzas, como se suelen recibir á los reyes que de alguna conquista vienen vicloriosos » (Crón. Juan IT, año VII, cap. XXI). Aquí se ve que el autor iba á escribir como se suelen recibir los reyes, pero resultándole el sentido diverso del que pensaba dar á la frase, porque reyes aparecía como agente, no tuvo otro medio de hacerlo paciente que anteponerle d, que, en cuanto al sentido, señala el blanco de la acción lo mismo en azotaron al ladrón que en dieron cincuenta azotes al ladrón. Semejantes frases no ofrecen dificultad en singular, porque desde antiguo se emplean como netamente impersonales : « El ser hermosa ó fea una mujer es cualidad con que se nace, y no cosa que « Siendo (Plinio Segundo) gobernador de una provincia, y viendo la muchedumbre de cristianos que cada día se mataban, escribió al emperador Trajano una carta... dándole cuenta de la mucha gente que cada día moria sin cometer delito alguno contra las leyes romanas » (Granada, Simbolo, II, 12). « Que el señor del castillo era un follón y mal nacido caballero, pues de tal manera consentia que se lratasen los andantes caballeros » (Cervantes, Quij., 1, 3). « Prendiéronse también muchos cuidadanos, de los cuales mandó el gobernador ahorcar al siguiente día nueve por traidores » (Coloma, Guerras de los Estados Bajos, X). « Vegolláronse todos los enemigos á vista de la ciudad » (el mismo, tb., [X). « Montaner refiere que en un mismo tiempo en todas las ciudades del imperio se degollaron los catalanes por orden de Andrónico y Miguel » (Moncada, Expedición, XXVIID. « Habiendo pues de ser nuestra materia participante de imitacion, no se pueden sufrir aquellos que enseñando agricultura ó filosofía ó otras artes ó ciencias quieren ser tenidos por poetas en lo que nc hay imitación alguna » Cascales, Tublas poélicas, 1). Y todavía hoy como entonces ésta es la construcción que se usa con nombres de persona no determinados : « Se nombraron alcaldes. » « Enviáronse reconocedores » (Moncada, Expedición, XXXVI). « Elíjanse en nuestros tiempos castos y humildes obispos » (Fernández Navarrete, Conserv. de monarquías, disc. XXVIII). (pág. 99 de las notas)
a A »” 100 NOTAS. (106 se adquiere por voluntad » (León, Perfecta casada, XX). « Es camino adonde se tropieza también, y se peligra y yerra » (el mismo, 10. introd.). (pág. 100 de las notas)
« Sin odio, en paz estás, sin amor ciego, Con quien acá se muere y se sospira. » (pág. 100 de las notas)
(Garcilaso, elegía al Duque de Alba). (pág. 100 de las notas)
No así en plural á causa de la «ncongruencia que resulta de seguir concordando el verbo con lo qus se ha convertido en complemento ; de donde proviene que frases semejantes á la que arriba se copió son tenidas por incorrectas*. Fue el otro camino acudir á la semejanza «de locuciones al tenor de se dice, se mandu, se ruega, se hace agravio ú ofensa, las cuales, teniendo sujeto gramatical, son ideológicamente impersonales, y llevan su complemento en dativo con á: se dice, se manda, se ruega dá los niños que vengan ; se hizo agravio á los vecinos; y reproduciendo el nombre, se le dijo, se les ruega. Per eso desde que aparecen con pronombre las frases verdaderamente impersonales, llevan le y les. Véanse los ejemplos más antiguos que tengo anolados y que rectifican lo que dice nuestro Autor (núm. 793, nota) sobre la edad de estas construcciones”: « Al rucio se le dará recado á pedir de boca, y descuide Sancho, que se le tratará como á su misma persona » (Cervantes, Quij., II, 31). « Al ingrato que no lo hace así, se le debiera castigar con privarle de las mercedes y de los honores » (Fernández Navarrete, Conserv. de monarquías, XIX). « Platón dijo que los que llegando á treinta años estuviesen sin ca- ” No obstante, se encuentran ejemplos : « Fue rescebida con aquella solenidad que se acostumbran recebir á los nuevos reyes. » (Memorial de diversas hazañas, VIIT : R. 70. 12; en el MS. que poseo dice se acustumbra, cap. Xx). « También se desterraron á los que acompañaron el estandarte austriaco el dia de la aclamación de la corte » (Marqués de San Felipe, Coment. VII). « Tengo por sin duda que el dia de hoy habria muchos con quien fuese necesario usar del breve (del Papa para compelerlos á aceptar), si se diesen por inhábiles á los que frecuentando las casas de los consejeros y valiéndose de favores, se juzgan capaces de tan alto ministerio » (Fernández Navarrete, Conserv. de mon., XXVIII: lo mismo en la redacción primitiva de 1621, fol. 35 v”). « Ordeno que no se propongan para las cátedras á los que ejerzan la judicatura del estudio de la Universidad » (Nov. Recop., (ib. VIII, til. IX, l. XXI : esta ley es de 1765 ; en el titulo se lee la misma construcción; pero más alajo dice : « No se incluya en la proposición á los que... » ) « Se declararon por tiranos á todos cuantos consemejantes pretextos habían hecho guerras y sujetado esclavos » (Quintana, Fr. Bart. de las Casas). « Se vieron trepar aquel día por aquellos agrios recuestos a más de mil pobres ciegos, cojos, mancos y tullidos » (Angel Saavedra, Masanielo, lib. II, cap. Il). (pág. 100 de las notas)
"* No sé qué desconfianza inspira ejemplo tan antiguo como éste del Ordenamiento de las Cortes de Burgos de 1515, según io publica la Academia de la Historia : « Se les mandó presentar los poderes á los procuradores, que lo hicieron ante el secretario y escriuano sobredichos de Cortes, y luego se les citó por el dicho obispo para el dia siguiente a las dos de la tarde » (Cortes de León y de Castilla, 1V, p. 246). (pág. 100 de las notas)
sarse, se les castigase en pena pecuniaria » (el mismo, ahí mismo, XVI). « De otro delito se le acusa » (Tribunal de la justa venganza, especie de libelo contra Quevedo). « Se le convida » (Solís, Euridice y Orfeo, TIT). « Se le debe castigar » (Santos, El no importa de España, XI). « Se les castiga » (Docum. de 1666 ó 1667, en Pellicer, Histrionismo, I, p. 274). Del pronombre femenino no tengo ejemplos tan antiguos; pero aunque el uso más general en España es poner en estas frases la y las, no son raros le y les, lo cual arguye preferencia por el dativo : « No ser justo que á aquellas solas se les obligue á que se arreglen en la marca, cuento y peso á dichas antiguas leyes y ordenanzas » (Vov. Recop., lib. VII1, tit. XXIV, l. V: del año 1777). « Se les provea de ministros » (á las iglesias) (ib. I, 13, 6). « En este punto no bastará desagraviar la propiedad con la libertad de los cerramientos, si no se le reintegra de otras usurpaciones que ha hecho sobre ella la legislación » (Jovellanos, Ley agraria, utilidad del cerramiento). « Muchas personas piadosas reparan con su devoción esta irreverencia, pues de cuando en cuando se les ve venir*en derechura de la ciudad ó destacarse del paseo sin otro objeto que el de rezar á san Alonso » (el mismo, Mem. del castillo de Bellver). « No se les trata así » (á las mujeres) (R. de la Cruz, El sastre y el peluquero). « Se le pellizcó y murmuró » (á la declaniación) (Vargas y Ponce, Declamación contra los abusos introducidos en el castellano). « Se le excita... se le estrecha » (á la bestia) (Banqueri, Libro de Agricultura de Ebn-el-Awam, Il, p. 540). « Asi pudieron (las parteras) justificar con verdad y sinceridad la desobediencia de que se les acusaba » (Scío, Exodo, 1, 19, nota). « Por eso se obligó á la Junta á que dirigiesu á Josef Napoleón una carta... Por eso se le estrechó á que enviase sus diputados para renovar á presencia del intruso las seguridades de su lealtad » (Reinoso, Examen de los delitos de infidelidad a la patria, cap. XX V). « Si se dejase á las abejas toda la miel que elaboran, rara vez les faltaría el sustento; pero por lo común se les despoja de ella con tan poca consideración, que las exponemos á morir de hambre » (A. Pascual, Anot. al cap. II, lib. V de la Agric. gen. de Herrera). « Se le llama filia principis » (4 Sulamitis) (González Carvajal, Libros poéticos de la Santa Biblia, VII, pp. 16, 19). « Se le atajara » (á la profusión) (Oliván, Disc. Acad. Esp. 1, p. 19). « Águeda se levantó con interición * En estas frases con un infinitivo hay á veces una confusión ó asimilación : dicese la oigo quejar y le oí un quejido; en pasiva se le oyó un quefido y también se le oyó quejar. « A ninguno de estos canónigos se les oye quejar de Ja cortedad de su renta » (J. L. Villanueva, Vida literaria, tomo 11, p. 341). « Y si ella niega que él piensa en ella, sostenerlo de firme, hasta que acosada, aturdida, aburrida, se le haga saltar y tome una resolución » (Hartzenbusch, La coja y el encogido, acto IT, esc. III). De una manera semejante d las niñas se les enseña la doctrina y se les enseñaba d leer ¡de corrido (Valera, Comendador Mendoza, II). Véase la nota 133. (pág. 101 de las notas)
de irse, y sólu pudo retenerla la seguridad que recibió de que no se le volvería á importunar » (Fernán Caballero, Simón Verde, V). Ni éstos son hechos aislados : en mucha parte de la América española, si no en toda, el uso común y corriente es decir se le, se les para el masculino y el femenino. (pág. 102 de las notas)
Con respecto á le masculino jamás ha habido duda; la, las han llegado á predominar notablemente sobre le, les; entre les y los la competencia se ha 1do aumentando desde fines del siglo XVIII, pero indudablemente .¿s es todavía más usual aun entre los españoles. De ochenta y cinco pasajes (fuera de los citados arriba) que he anotado á medida que se han ido presentando, sesenta y dos llevan les y son de estos autores: La Academia (1726), Feijoo, Ramón de la Cruz, Nasarre, Baíls, Tomás de lrarte, Jovellanos (tres), Moratín hijo, Azara, Conde, Clemencín, Martín Fernández de Navarrele, J. L. Villanueva, González Carvajal, Quintana, Gallego, Lista, Reinoso, Hermosilla, Javier de Burgos, Flórez Estrada, Miñano, Toreno, Martínez de la Rosa, Angel Saavedra, Salvá, Donoso Cortés, Gil y Zárate, Pidal, A. Fernández Guerra, Mesonero, P. de la Escosura, Vicente de la Fuente, E. Lafuente Alcántara y Menéndez Pelayo; * y veintitrés hay de los, sacados de Jovellanos (cinco), Quintana, Toreno, Fermín Caballero, Angel Saavedra, Balmes, Fernán Caballero, Pedro de Madrazo, V. de la Fuente, P. A. Alarcón y Menéndez Pelayo. Todo esto concurre á probar, en mi concepto, que el instinto común de los que hablan castellano tiende á emplear el dativo en estas frases. Pero si el complemento con d que apareció el primero es indiferente de suyo é igualmente acomodado como dalivo ó acusativo para determinar el blanco de la acción, objeto único con que en un principio se empleó la partícula, ¿qué motivos obraron en la preferencia de las formas dativas del pronombre? En primer lugar, cuando empezaron á usarse las locuciones cuestionadas, eslaban ya arraigadas las otras se lo quita, se la entrega, se los alaba, con sentidos diferentes en que el se es dativo y el lo acusativo de cosa; en las nuevas el se ya no era dativo y el otro pronombre debía designar una persona; hubo pues necesidad de decidirse por aquellas * En la Novisima Recopilación no $e me ha ueparauv .£ (08, y si con frecuencia se les. La Acad. usa se les en el Dicc., 13* edic., S. vv. cinchera, destetar. En el tomo XXV de la Biblioteca de Rivadeneira, p. 231, se lee como sigue este pasaje de la Empresa VII de Saavedra : « Perturbada y ofuscada la razón, desconoce la verdad, y aprehende las cosas, nu como son, sino como se las propone la pasión; de donde nace la diversidad de juicios y opiniones y la estimación varia de los objetos según la luz á que se les pone; » se los dicen cuatro ediciones anteriores que tengo á la vista (Amberes y Amsterdam, 1659; Valencia, 1675 y 1800); pero es evidente que esta combinación es ahi idéntica á la anterior se las, esto es, de dativo y acusativo oblicuos. El editor novísimo no supo, pues, interpretar el pasaje; cosa nada extraña, como que en la misma columna dejó pasar un ellas por ellos y no corrigió el Epitecto de las impresiones anteriores. (pág. 102 de las notas)
no menos comunes, se leruega, se les manda, en que el segundo pronombre señala la persona, quedando el $e como signo de impersonalidad.* Además, en el sentido impersonal la tradición sintáctica, á que el instinto popular es tan fiel, hacía sentirsiempre un acusativo * en el pronombre reflejo, y no fue posible introducir otro acusativo. ¿Pues cómo, se preguntará, se ha extendido el la y las y el los en lugar de le, les? Cuando empezó á generalizarse esta construcción cayó en manos de furibundos /aístas, como Isla"* y Moratín, que por ningún caso admilirían un le femenino, y acreditaron el se la, se las en perjuicio del se le, se les; influenciaque poco se sintió en América, donde el laísmo por buena dicha es desconozido. En cuanto al los, sabido es que con suma frecuencia ha sido, y es usado por los castellanos como dativo (los echó la bendición, los atraviesa el pecho); con tal valor pudo introducirse en estas frases, y ayudando la analogía de las personales como uno los oye, alguien las oyó, ha ido ganando terreno. La confusión de los casus que del leísmo se ha. originado entre los castellanos no permite adivinar si ellos sienten en la construcción impersonal un dativo ó un acusativo; pero de: todos modos el las como el los aparecen en la historia de ella como igualmente abusivos, aunque el primero cuenta en España con más autoridades. (pág. 103 de las notas)
Finalmente, considerado atentamente el origen, desenvolvimiento. y estado actual de estas construcciones, es patente que no pertenecen á la sintaxis normal y que caen por fuera de los esquemas de las gramáticas vulgares, ofreciendo uno de aquellos grados del movimiento sintáctico que el filólogo señala y explica históricamente, pero que no puede construír por los principios de lo que se llama análisis lógico. En prueba de ello citaré la argumentación de que se vale la Academia para desterrar el les y afianzar el los: si les, dice, fuera dativo en « á los delincuentes se les acusa, » subsistiría al volver la frase por pasiva, cosa que no sucede, pues la pasiva de dicha frase es « los delincuentes son acusados ». Dejada aparte la idea de volver por pasiva una frase que histórica y virtualmente ya lo es, idea casi tan inaceptable como que « un árbol es cortado » fuese la pasiva de « se corta un árbol, » basta observar que, según la misma Academia, se es en estas construcciones acusativo, y también desaparece. No se trata pues aquí de una oración primera de activa, y por tanto la argumentación no concluye; y si concluyera, podría decirse indistintamente se le ó se lo castiga, supuesto que el acusa- * « A los primeros se les habla con el sombrero en la mano y se les trata con respeto; á los segundos se les oye ó se les manda con la gorra calada, y se les trata de tú » (Isla, Fr. Gerundio, al público). (pág. 103 de las notas)
** La Academia reconoce paladinamente que este se es acusativo (Gram. pte II, cap. IV : pp. 243, 244, edic. de 1895). (pág. 103 de las notas)
** De Isla es el ejemplo más antiguo que tengo de la construcción aplicada al femenino (Día grande de Navarra, 1746 : R. XV, 231). (pág. 103 de las notas)
tivo de el es le ó lo. Acaso sería bien que la Academia no decidiese dogmáticamente este punto, y que dejase la resolución, como lo ha hecho en la elección del acusativo le ó lo, al único que tiene la clave para estos misterios del movimiento del lenguaje: el instinto popular ó sea el uso. (pág. 104 de las notas)
Para realzar más el indeciso carácter sintáctico de estas expresiones, añadiré algunas particularidades de que se hallan ejemplos en nuestros buenos autores. (pág. 104 de las notas)
A pesar de la forma y el sentido impersonales, no repugnan estas construcciones un predicado, las más veces alusivo á persona determinada. « Hoy se vive de una manera, y mañana de otra, y cada día de la suva, agora alegre, y luego triste, y después enfermo » (León, Expos. de Job, cap. TIT, v. 19). « Dejéme dormir, pero como no se duerme bien sentado, caíme de lado como una cosa muerta » (Espinel, Escud. vel. I, desc. X). «Con libertad se ha de andar en este camino, puestos en las manos de Dios. Si su Majestad nos quisiere subir á ser de los de su cámara y secreto, ir de buena gana; si no, servir en oficios bajos y no sentarnos en el mejor lugar » (Santa Teresa, Vida, XXII). « Estando pensando una vez con cuánta más limpieza se vive estando apartada de negocios, “y cómo cuando yo ando en ellos debo andar mal y con muchas faltas, entendí... » (la misma, Relación IIP). « El camino por la abadía y villaje de San Lamberto... traía las mismas dificultades, y aun mayores, porque ó se había de ir pegado al bosque ó apartado dél; si se iba junto al bosque ocupado por el enemigo (como era cierto que le había de ocupar en desalojando el campo español) podía desde él ofenderle por el costado..,. si se marchaba apartado del bosque, era evidente la dificultad y el peligro de cubrir tanto bagaje y artillería con tan poca gente » (Coloma, Guerras de las Estados Bajos, VIP). « Si no fuera por estos sustos, nada me quedaría que apetecer ; pero ¿en qué rincón de la Península se vive tranquilo? » (Moratín, Obras póstumas, tomo TI, p. 226). Hoy no se usa la concordancia del predicado con el nombre de la persona á quien se alude, y en general se tilda esta construcción como galicismo, aunque, por lo visto, sin razón. No obstante, con ser y estar semejante combinación es en nuestra lengua inaceptable, porque el predicado que puede tomarse como modificación adverbial con verbos significativos de actos materiales y concretos, con aquéllos supone un sujeto en el cual resida como cualidad ó modificación. Es sin duda un barbarismo : « Cuando se está rico, sees cruel con los desvalidos. » El gerundio no se refiere á otros casos que al nominativo y al acusativo (véase la nota 72), y sin embargo puede juntarse con el complemento de estas construcciones, por más que su carácter no sea perfectamente definido: (pág. 104 de las notas)
Allí se mira A Dafne huyendo de Apolo. (pág. 104 de las notas)
(Moreto, El desdén con el desdén, jornada L: cita de Caro). (pág. 104 de las notas)
« Veíase á Roger armado sobre la popa de su galera animando á sus capilanes y dirigiendo sus movimientos » (Quintana, Roger de Lauria). (pág. 105 de las notas)
10'7 (núm. 800). Para la explicación de este giro (en llegando que llegue) dan luz los pasajes siguientes de Cervantes : « Te hemos venido á buscar á tu ermita, donde no hallándote, como no te hallámos, quedara sin cumplirse nuestro deseo, si el són de tu arpa y de tu estimado canto aquí no nos hubiera encaminado » (Galatea, V); « Le encargaban mucho que no dijese á su amo que los conocía; y que si le preguntase, como se lo había de preguntar, si dio la carta á Dulcinea, dijese que sí » (Quij., I, 27); « Como ésta pida á su hija, que sí pedirá, hable á la hermana del fraile... sin duda alguna se podrá esperar buen suceso » (Nov. VIII); « Ellos lo dirán, si quisieren, que si querrán, porque es gente que recibe guste de hacer y decir bellaquerías » (Quij.. I, 22); « Lo que te ruego es, señora mía, que, cuando la buena suerte quisiere, que 8í querrá, que te veas en tu estado, y mis padres aun fueren vivos,.. les digas cómo yo muero cristiana » (Pers. [, 5); « Si es que su merced del señor oidor la trae, que sí debe de traer, éntre en buen hora » (Quij., I, 42); « Al volver gue volvió Monipodio, entraron con él dos mozas » (Vov. TIT); « Jura que al volver que vuelva al Andalucía, se ha de estar dos meses en Toledo » (Vov. VIIT). Echase de ver que el que fue en un principio conjunción causal, que introducía una frase parentética confirmativa*; ligada ésta íntimamente con la anterior, se acomodó á la forma de frases semejantes, cuando vino á aplicarse á lo futuro: « en llegando que llegó» pasó á « en llegando que llegue, » como « luego que llegó » á « luego que llegue. » Nuevo ejemplo de este andar paulatino del lenguaje que, cuando menos se piensa, lleva ciertas frases á un punto en que no se ajustan á los modelos conocidos ni pueden analizarse por las reglas vulgares. (pág. 105 de las notas)
Nota 108 (al núm. 801)
Así... como se usa para expresar negación, comparando lo que se niega con una cosa que se reputa por imposible ó absolutamente falsa. a) Contrapónense dos frases de igual estructura : « En oyendo cosas de caballerías y de caballeros andantes, así es en * Otros ejemplos: « Si cosa hay (que sí hay), por la cual el Apóstol san Pablo llama á Dios Dios de toda consolación y Dios de solaz, es por el consuelo que da con dar á su Hijo en manjar » (Avila, Tral. de la Eucaristía, VI). « Pues la libertad con que en estas comedias se hacen las sátiras á diferentes estados de gente y naciones, que por fuerza han de engendrar odio contra a española, y más que se les hará creible que Vuestra Majestad lo tolera, siendo, que es, en su corte » (Lup. Argensola, Memorial contra la representación de las comedias). Tal debe ser también el origen de aquellas cláusulas absolutas « libre que se vio », « juntos que fueron », « concluida que tuvieron la obra », « leido que hubo la carta » (Gram. núms. 1123-5). (pág. 105 de las notas)
mi mano dejar de hablar en ellos, como lo es en la de los rayos del sol dejar de calentar, ni humedecer en los de la luna » (Cervantes, Quij., I, 24); « Así escarmentará vuestra merced, respondió Sancho, eomo yo soy turco » (1d., tb., I, 23); « Bien puedes darte paz y sosiego en esto de creer que son los que dices, porque así son ellos como yo soy turco » (Id.. ¿h., 7, 47). — b) Pónese el segundo verbo en infinitivo. La forma sustantiva en que aparece el segundo término de la comparación, lo presenta como una cosa de suyo imposible eon la cual se compara lo que se niega: « Por Santiago de Galicia, señor Lorenzo, y por la fe de cristiano y de caballero que tengo, que así deje yo salir con su intención al duque como volverne moro » (Cervantes, Nov. X); « Así le daré yo mi comedia como volar » (ld., Coloquio); « Así la consentiría yo como darme de puñaladas » (ld., Quij., II, 33); « Así dejaré de irme como volverme turco » (Id., 26., II, 53); « Así lo creeré yo, como creer que ahora es de día » (ld,, tb., II, 9); « Así pienso llover como pensar ahorcarme » (Íd., 1b., II, 1). Bello analiza así esta frase: « Así pienso el pensar llover como el pensar ahorcarme. » Los pasajes que quedan citados antes de éste demuestran lo infundado de tal explicación (Cuervo, Dicc. de constr. y rég., tomo I, p, 699). (pág. 106 de las notas)
Nota 109 (al núm. 839)
En época reciente se ha tratado de introducir la práctica de concordar en plural el adjetivo que precede á varios sustantivos apelativos de cosa, pero disuena notablemente, como se ve por este pasaje de un escritor estimado : « La principal consideración que me ha decidido por el (método) que verá el lector, ha sido la de procurar sus mayores comodidad y agrado. » (pág. 106 de las notas)
Nota 110 (al núm. 849)
Por más razonable que parezca la concordancia eon la tercera persona en frases como « yo soy el que lo afirma, » hay circunstancias en que es imposible, como en este lugar de Fray Luis de Granada : « Vos sois el que mandáis que os pidamos, y hacéis que os hallemos, y nos abrís cuando os llamamos; » pues si se pone vos sois el que manda, no se sabe cómo seguir, si que os pidamos ú que le pidamos : lo primero no es aceptable porque la persona que manda es la misma á quien se ha de pedir : lo segundo menos, porque lo que inmediatamente se ocurre es que la persona á quien ha de pedirse es diferente de las demás que aparecen en la oración. Otras veces, estando el espíritu fijo en un solo objeto, la énfasis y el calor del estilo no permiten que se distraiga la atención usando dos expresiones gramaticales. Cuando el moro Zaide, al oír de boca de su amada que le deja por otro, le recuerda sus promesas diciéndole : Tú eres la que dijiste En el balcón la otra tarde : (pág. 106 de las notas)
Tuya soy, tuya seré Y tuya es mi vida, Zaide ; (pág. 106 de las notas)
¿será posible que estando á un tiempo los ojos y el alma clavados en una sola persona, el lenguaje represente dos ? La regla de la concordancia en tercera persona me parece de general y oportuna aplicación en los protocolos y en las gramáticas, pero puede no ser tan rigurosa en el estilo apasionado y fervoroso. (pág. 107 de las notas)
Por otra parte, los que exigen la concordancia en tercera persona no reparan en la dificultad que ofrece el género : ¿una mujer dirá, según esos principios, « Yo fui la que estuvo enferma, y no Andrés, » ó6 « el que estuvo enfermo » ? Para satisfacer á esta lógica sería menester echar mano de otro género que no fuera masculino ni femenino y cuadrara con esa tercera persona indeterminada. Con todo, debe confesarse que, siendo la frase negativa, el modo común tampoco satisface, y que lo mejor es valerse de otro giro. (pág. 107 de las notas)
Nota 114 (al núm. 853)
En algunos puntos de Colombia se oye todavía decir una poca de agua, á la manera que Santa Teresa dijo esa poquita de virtud. (Vida, XXXIX). Pero esta construcción no era peculiar de poco: admitíanla otras voces de cantidad : muchas de cortesias (Cervantes, Quij. II, 72); le dijo tantas de cosas (ld. ib. I, 119 (núm. 857). En frases negativas se usa ninguno con un valor análogo : (pág. 107 de las notas)
Ya has visto Que lo sé todo, y que es fuerza, No siendo yo ningún tonto, Que esto me enfade y me duela. (Moratín, El viejo y la niña, III, 13). (pág. 107 de las notas)
Nota 113 (al núm. 862)
Me parece conforme con el uso actual la regla que da el Autor sobre el empleo de uno cuando reproduce un sustantivo precedente; sin embargo, nuestros clásicos no la observaron siempre, probablemente llevados por la analogía de lo que sucede con el artículo definido, en el cual no cabe la misma distinción ; como vemos en la misma fábula de Samaniego, donde más abajo se escribe hablando del ratón : (pág. 107 de las notas)
¡Esto tenemos ! dijo el campesino. (pág. 107 de las notas)
Véanse algunos ejemplos del uso antiguo : « Posible cosa es que un sabio use templadamente de un precioso manjar, y que el no sabio venga á destemplarse en la comida de un muy vil » (Granada, Mem de la vida crist. IV, 2, $ 4). « Más fácilmente hacen su fortuna con un príncipe divertido que con un atento » (Saavedra, Empresa XX) « Un mismo negocio se ha de escribir diferentemente á un ministro flemático que á un colérico, á un tímido que é' un arrojado » (Id., Emp. LVI). « Suele ser más dañoso al príncipe eligir un ministro bueno que tiene mal secretario, que eligir un malo que le tiene bueno » (ld., ¿b.). (pág. 107 de las notas)
A Plutón con un negro toro, herido De su mano, solícito invocaba ; Al Tibre con un blanco. (pág. 108 de las notas)
(López de Zárate, Invención de la Cruz, 111.) (pág. 108 de las notas)
Nota 144 (al núm. 871)
No hay para qué atribuír á licencia poética la falta del artículo delante de Moncayo en el pasaje de Lupercio; en prosa escribió Mariana « No lejos de Moncayo » (Hist. Esp., 1, 3), y hoy se dice en Aragón « el somontano de Moncayo » (Borao); así que Bretón pudo poner en lenguaje no solo familiar sino vulgar : Aunque se hundiera Moncayo No hay más padre ni más diantre Que mi..... De hoy en adelantre Haré de mi capa un sayo. (pág. 108 de las notas)
(Don Frutos en Belchite, III, 3). (pág. 108 de las notas)
Nota 115 (al núm. 878)
En algunos complementos se usa el posesivo pospuesto al sustantivo y no precede á éste el artículo, v. g. por causa tuya, por obra suya, á pesar mio. (pág. 108 de las notas)
Nota 146 (al núm. 900)
En el lenguaje gramatical se usa la preposición á delante de una palabra que se nombra á sí misma : « Cuando decimos el profeta rey, la dama soldado, rey especifica 4 profeta, soldado á dama » (Gram. núm. 59). (pág. 108 de las notas)
Nota 147 (al núm. 905)
En lo antiguo se solían separar del' verbo los afijos, mediando una ó más palabras, según se ve en este pasaje de Pero López de Ayala : (pág. 108 de las notas)
A ti alco mis manos e muestro mi cuydado, Que me libres, Sennor, non pase tan cuytado, Ca si me tu non vales, fincaré oluidado ; Et á ti loor non es que digan me perdí, Pues á tan alto Sennor yo so acomendado, Con quien yo me fasta agora de todos defendi. (Rimado de palacio, 720). (pág. 108 de las notas)
Nota 118 (al núm. 911)
Díjose antiguamente membradvos, salidvos, y cuando se empezó á quitar la v de vos, quedó salidos, de lo cual ofrece ejemplo Santa Teresa diciendo : « Atapados los ojos » (Vida, X, p. 98 del facsímile); también Pérez Sigler, traduciendo á Ovidio, dice : (pág. 108 de las notas)
Levantados al beso mío postrero Y el hijo me llegad que tanto quiero. (pág. 109 de las notas)
(Metam. TX, v. 386 del original : Burgos, 1609); en dos pasajes de libros de caballerías citados por Clemencín se observa lo mismo : « Desdecidos de la locura que dijistes, é conoced que merece más mi señora que no la vuestra » (Florambel de Lucea, dib. TIT, cap. XXV) ; « De hoy más llamados mío » (Lisuarte de Grecia, cap. V). (pág. 109 de las notas)
En la Gesta del Cid se hallan metedos (verso 986) y levantados (verso 2027)*. ¦ Con ir fue vario el uso : Fray Luis de Granada dijo : « Zos, tos, de aquí, padres, ¿os y dejad á este dragón que me acabe de tragar. los luego todos, y apartaos de aquí » (Guia de pecadores, I, 10); y Lope de Vega : (pág. 109 de las notas)
Sancho, si queréis llorar, Tos mucho en hora mala Al rollo que está en las eras. (pág. 109 de las notas)
(La hermosura aborrecida, IT, 9). (pág. 109 de las notas)
4119 (núm. 914). La eufonía ha hecho igualmente que se suprima la s final de la primera persona de plural antes del enclítico nos, v. g. sentémonos, vámonos, según lo advierten la Academia y Salvá : y aunque no recuerdo lo digan los gramáticos, creo que lo mismo sucede antes de os y se, v. gr. : « Descortésmente lo hacéis : sufimooslo porque vos nos sufráis nuestras importunas preguntas » (Diálogo de la lengua)”; « Suplicamoos con todo nuestro corazón nos lo quitéis todo » (Avila, Trat. V. de la Eucaristía); y en combinaciones como digámoselo, traigámosela, habéiselo, si bien debo advertir que eslos últimos los he hallado también escritos con dos eses. Igualmente «desaprueba el oído la unión del enclítico os con la tercera persona de plural, por el particular esfuerzo que se requiere para no decir nos : « Bendito seáis por siempre, “Señor; alábenos todas las cosas por siempre » (Santa Teresa, Vida, caps. XVI y XVIID; « Decidme, amigos, ¿cautivastes juntos, lleváronos 4 Argel del primer boleo, 6 á otra parte de Berbería ? » (Cervantes, Persiles, III, 10). (pág. 109 de las notas)
Nota 120 (al núm. 916)
También sucede que se juntan con un solo verbo * En el pasaje de la Señora Cornelía de Cervantes que cité en las ediciones anteriores, la primitiva de 1613 dice apercebios y no apercebidos (fol. 214 v*); la veneciana (1574) de la Diana de Alonso Pérez lee : « Andados pues á burlas, amadores » (/ib. I: p. 15); y la de Barcelona, 1614, andaos (p. 251). Pudiera citar otros casos de variantes parecidas. ¦ ** Así imprimió este pasaje Mayans, Ortg. II, p. 77; pero sin duda ahi no se representa sino el uso del editor ó de su tiempo, porque las ediciones de Usoz y de Boehmer prueban que Valdés debió de escribir sufrímososlo. (pág. 109 de las notas)
enclíticos que pertenecen á dos : en lugar de fuéronse á mirarlo, estábase mirándolo, dice Cervantes : fuéronselo 4 mirar, estábaselo mirando. « Se los quiso reprimir » (Quintana, Gran Capitán). (pág. 110 de las notas)
Nota 121 (al núm. 930)
Conforme á la etimología, las formas la, lo, las, $ son acusativos netos, como que continúan los casos latinos ¿llam, tllum, illas, illos; le, les son dativos de los dos géneros como sus originales 111i, ¿llis?. La conformidad del uso con la etimología ha perseverado en la mayoría de los pueblos que hablan nuestra lengua; pero en Castilla y León comenzaron desde temprano á confundirse los casos, tomándose primero le como acusativo en lugar de lo masculino, luego les por los, y finalmente la, las, y lo, los por los dativos le, les. Según lo dan á entender sucesivamente los monumentos literarios, no predominó el le por lo en Castilla hasta el siglo XVI, y la influencia de la Corte, tan natural en las letras como en la amoda y en la política, lo ha extendido más ó menos en el lenguaje to y literario de las demás comarcas. Les, acusativo, ha sido do por los que sirviéndose de le, han de ver en aquél el plural regular de éste. La y las, dativo (en particular el primero), es también muy común en las Castillas y en León, aunque mucho menos frecuente que le por lo en el lenguaje literario. Usanza también de los castellanos (todavía menos extendida que las anteriores) ha sido decir los por les (los pegó fuego); lo por le (lo deshizo las narices) solo se oye entre el vulgo de los mismos. (pág. 110 de las notas)
Ya en el siglo XVI comenzaron las disputas entre leístas y loístas, que en cierto modo pueden mirarse como manifestación de antagonismo entre las provincias y la capital, y que han durado hasta nuestros días, sin que lleven trazas de terminarse. Lo peor del caso es que ofrecen escasísimo interés científico, por ser ajenas á todo examen histórico y á consideraciones fundadas en verdaderos principios gramaticales. Baste decir que el caballo de batalla de los leístas ha sido que en las palabras de tres terminaciones, como este, esta, esto, la en e es siempre masculina y la en o neutra, de donde sacan por consecuencia que en las tres terminaciones del acusativo le, la, lo ha de ser la primera masculina, y neutra la tercera. Hanse olvidado de que en los demostrativos las tres terminaciones corresponden al nominativo latino, mientras que el acusativo del pronombre nace del acusativo, que da para los tres géneros lo, la lo; y tampoco han reparado en que el oficio de acusativo es advenlicio en el le, pues que, según su origen y primitivo uso es dativo; de * Las formas di, lis usadas por Berceo eran masculinas y femeninas : « Atauanli las manos, de acotes lo batieron » (Loores, 63); « Solo que lis disso : yo so el que buscades » (ib., 60) ; « Demandolis (Oria á las virgenes) E gran», : se bien aforcada; Fablaronéi las virgenes de fermosa manera » a, 31-2). (pág. 110 de las notas)
modo que no hay paridad en la comparación, y el argumento con tiene en realidad una petición de principio. Las razones de decencia, que también se han alegado, entre otros inconvenientes tienen el de probar que no debe usarse tampoco el neutro lo. (pág. 111 de las notas)
El dativo la y las ha sido defendido desde Correas (1627) hasta Hermosilla y A. Valbuena en nuestros tiempos, como provechoso á la claridad ; pero me parece muy probable que los primeros que le emplearon no obedecieron á esta consideración, sino que la confusión del acusativo y dativo en las formas le, les, trajo por consecuencia el empleo de lo, los y la, las en el mismo doble oficio. (pág. 111 de las notas)
La Academia en la 4*. edición de su Gramática (1796) dio un atrevido paso en contra de los castellanos y en favor del uso etimológico : excluyó el dativo femenino la, las*, el acusativo les y el dativo los; solo en el uso del le y el lo para el acusativo masculino se mostró intransigente, condenando el lo no solo para lo venidero sino en las obras de Granada, Cervantes y demás autores que lo han empleado. Pero no era fácil alcanzar obediencia en punto semejante, porque una cosa es condenar defectos individuales ó de data reciente, y Otra proscribir un uso inmemorial, fundado en la etimología, seguido por una mayoría inmensa de los que hablan la lengua, y relativo á las palabras de uso más frecuente, de orden puramente ideológico y que por consiguiente brotan de los labios sin que uno se dé cuenta de ello. En consecuencia la autoridad de la Academia en lugar de acallar las altercaciones, las avivó, sin que en la práctica sus decisiones tuviesen efecto alguno. En vista de esto propuso Salvá una transacción que consistía en « usar del le si el pronombre se refiere á los espíritus ú objetos incorpóreos y á los individuos del género animal, y del lo cuandose trata de cosas que carecen de sexe y de las que pertenecen á los reinos mineral ó vegetal; » doctrina que Bello acogió, diciendo que le representa más bien las personas 6 los entes personificados, y lo las cosas ; en la 1+*. edición de la Gramática dijo que esto parecía « lo más conforme al uso; » expresión que después atenuó diciendo le parecía « aproximarse algo al mejor uso ». De estas dos fuentes se ha derivado la regla á muchas gramáticas, así de españoles como de americanos, y aun la Academia misma ha dado muestras de inclinarse á prohijarla; si bien en su Gramática (1895) consigna de nuevo la libertad absoluta que para el uso de las dos formas había reconocido en 1854. (pág. 111 de las notas)
Me parece que en esta cuestión se ha olvidado un punto de suma importancia, y es que el uso popular y familiar de las dos formas ne es simultáneo en iguales proporciones en todos los dominios del * Tan dueños del campo se juzgaban por entonces los laistas, que Iriarte censurando el Batilo de Meléndez, tachaba el le femenino del verso $". diciendo : « Convendria decir la y no le, según el buen uso ya establecido en el dia » (Obras, VII, p. 47 : Madrid, 1805). (pág. 111 de las notas)
castellano : en Madrid, como generalmente en las Castillas y en León, predomina de tal manera el le, que los escritores de esa región por rareza dejan pasar un lo, según puede comprobarse en las obras de Santa Teresa, Mariana, Quevedo, Lope, Calderón, hasta Moratín, Nuñez de Arce y Tamayo y Baus. Fuera de ahí, y particularmente en Andalucía y en América, predomina el lo; pero la influencia de la capital por una parte y la de la literatura por otra, hacen que los loístas de nación al hablar ó escribir esmeradamente usen el le con más ó menos frecuencia, lo mismo que se valen de tantas otras voces" y giros comunes en los libros, pero ajenos del habla familiar. La regla pues que se ha dado para la elección del le y el lo no ha podido sacarse de los castellanos, que á todo trance prefieren el primero, ni de los demás que, lejos de la influencia de ellos, solo dicen /o. Es de creerse que en Castilla subsisten vestigios del antiguo loísmo, y aun puede concederse que las causas que produjeron el leísmo se hicieran tambien sentir en tiempos remotos en los países circunvecinos ; pero en las comarcas rayanas de los dos dominios es donde han de estar realmente mezcladas las dos formas, como se mezclan en las obras de escritores oriundos de allí, ó que hechos al lo desde su infancia, después se han contagiado de leísmo ó por los libros que leen ó por las personas con quienes comunican ; y esta confusión es donde han de rastrearse las consideraciones que determinan la preferencia de una ú otra forma; aunque para mí tengo que es poco probable que todos obedezcan á unos mismos motivos ó más bien á algún motivo. Precisamente me confirman en esta idea los mismos autores, Clemencín y Villanueva, con que Salvá tímidamente apoya su teoría, deduciendo solo que los buenos escritores por una especie de instinto y sin cuidarse particularmente de ello se arriman las más veces á seguirla. Clemencín, murciano, dice (Coment. VI, p. 170) que el uso actual de las personas cultas prefiere el lo cuando se habla de cosas inanimadas, y alterna entre le y lo cuando se designan cosas animadas, regla diferente de la de Salvá, y que él practica usando las dos formas en una misma frase refiriéndolas á personas, y que olvida con respecto á las cosas, pues también las representa con ambas, sin que logre yo siempre adivinar el motivo de la preferencia en cada caso. Villanueva, jatibés, mucho más leísta que Clemencín, rarísima vez pone el lo con referencia á persona y con frecuencia el le hablando de cosas. Aun los mismos que decididamente prefieren el le, no siempre se guían por este principio cuando llegan á acordarse del lo : Cervantes en el Quijote escribe : « Desataldo » (al criado), I, 4; « que lo encerrase » (al galán), I, 34; « No se acordaba (Sancho) de la madre que lo había parido », 1, 43; « Yoos lo vestiré » (á vuestro hijo), 11, 5; Moratín en La mojigata : « Ya no lo tienen » (un primo beneficiado), 1, 3; Tamayo y Baus en Un drama nuevo : « Ayúdame á buscarlo » (á mi rival), II, 3. Tampoco suelen guiarse por él los loístas cuando se les escana un le: los sevillanos Pero (pág. 112 de las notas)
Mejía y Mateo Alemán dicen, el primero en la Silva de varia leción : « le guardan » (el secreto), l, 4, y el segundo en el Guzmán de Alfarache: « hacer bien al que no te le hace », I, I, 4; el granadino Martínez de la Rosa en el Bosquejo de las Comunidades de Castilla, según se halla en la edición primitiva de La Viuda de Padilla (Madrid, 1814), en el cual se nuestra loísta rematado : « reducirle » (al reino). Lo que Salvá propone y que algunos gramáticos han vuelto regla (porque los tales andan siempre á caza de reglas, aunque sean ilusorias), es una pura conciliación y no tiene fundamento en el uso general ; no obstante, parece haber ejercido alguna influencia en moderar el loísmo de algunos andaluces, como del citado Martínez de la Rosa, que corrigió el Bosquejo dicho conformándose bastante á ese principio; no sé que en los castellanos haya producido efecto semejante. Más vagas y personales todavía son las influencias fonéticas que para la preferencia se columbran en algunos escritores ; por ejemplo, al emplear el le cuando usado como enclítico produce dicción esdrújula, según vemos en estos pasajes de Scío : « Joseph compró una sábana, y quitándole, lu envolvió en la sábana, y lo puso en un sepulcro » (S. Marcos, XV, 46); « Lo matasteis crucificándole » (fHechos, II, 23); « Lo retiraron, y llevándole lo enterraron » (10. V, 6); « Sacándole fuera de la ciudad, lo apedreaban » (ib. VII, 57); « Tomándole consigo, lo llevó á los Apóstoles » (ib. IX, 27) ; etc. Pudiera decirse que mermando la intensidad de la emisión sonora hacia el fin de la palabra, la vocal que más se acerca al estado de indiferencia del aparato vocal es preferida á aquella que exige particular esfuerzo para redondear los labios. Otras veces parece que se obedece á la asimilación escogiendo la forma que cuadra con la vocal inmediata : « Pidiendo (Garcí Pérez) las armas á su escudero, pasó por medio de los moros, que conociéndolo no se atrevieron á acometerle » (Clemencín, Coment. II], p. 444). (pág. 113 de las notas)
Baste lo dicho en cuanto al uso moderno. Para explicar cómo se introdujo originariamente en Castilla la confusión de los casos, pueden darse razones morfológicas y sintácticas. Vamos á las primeras. En castellano antiguo se suprimía con frecuencia la e de los pronombres me, te, se (acusativos ó dativos), quedando la consonante incorporada ya como final de la palabra precedente al verbo, ya como final del mismo verbo: « A lo quem semeia » (Cid, 157), x« Diot con la lanza » (ib. 353); « Assi como legaron pagós el Campeador » (4h. 2518), A semejanza de éstos se dijo: « Que nadi nol diessen posada » (ib. 25), « Nol coge nadi en casa » (ib. 59); é identificado el acusativo y el dativo de el enla forma apocopada lo mismo que en me, te, se, no hubo dificultad para que se igualase á éstos en la forma íntegra, produciendo el grupo formal y de sentido me, te, se, le. La misma necesidad de diferenciar el género que ha conservado el lo neutro, ha resguardado el la femenino ; con todo pudieran atribuírse á la misma fuerza asimiladora los casos en que [e actúa como acusativo femenino, borrándose la distinción genérica, como en me, te, se. Admitida una asimilación originaria con estos pronombres, queda luego explicada la primera y mayor extensión del le entre las formas dislocadas; arraigada la absorción de lo por le, dio ocasión á que les se subrogase á los; y una vez perdida la delicadeza del sentido sintáctico para distinguir los casos, no solo le reemplazó á lo, y les á los, sino á la inversa lo, los, y la, las, á le, les. Ys circunstancia que hace muy verosímiles estas deducciones la de que precisamente en la región en que predomina el le por lo, es donde han nacido las demás subrogaciones analógicas : entre americanos jamás he oído la por le, ni les por los, ni los por les. En portugués y en los dialectos de España solo existen para el acusativo masculino formas correspondientes á lo, de modo que de la periferia al centro se ha ido oscureciendo la diferencia etimológica. (pág. 113 de las notas)
Pasemos á las causas sintácticas. La tendencia que notamos á igualar el acusativo con el dativo en los nombres comunes (« azotaron al ladrón », « dieron cincuenta azotes al ladrón »), es natural en los pronombres personales, porque con más frecuencia nos representamos las personas como capaces de recibir daño ó provecho ó interesarse en la acción, que no como meramente pasivas ó inertes*. Acaso por esto nos inclinamos á poner en dativo el pronombre con una multitud de verbos cuando el sujeto es de cosa : de una mujer se dice « nada le admira », « la suerte que le aguarda ó amenaza », « la parte que le alcanza ó le toca », « le tomó ó cogió un desmayo »; como si no admitiéramos en las cosas la misma manera de obrar que en las personas, ni diéramos por igual el efecto de la acción en unas y en otras. (pág. 114 de las notas)
A esta causa general ha coadyuvado la variedad de régimen que ofrecen muchos verbos, de donde la fusión de frases sinónimas en beneficio del dativo. 1%. Es muy considerable el número de verbos que se construyen, ora con acusativo de persona, ora con acusativo de cosa, de manera que el pronombre referente á la persona irá unas veces en acusativo y otras en dativo, según la construcción que se adopte : « Los aconseja para que sean modestos » y « Les aconseja la modestia », « Los avisa del peligro » y « Les avisa el peligro », « Los enseña á dibujar » y « Les enseña el dibujo », etc. Fundidas las dos construcciones se dice una que otra vez « Avisóles del peligro », « Les enseña á dibujar” ». 20 Tómanse como equivalentes * Así explica Sweet la desaparición en inglés del acusativo etimológico hasta quedar reemplazado por el dativo him (A new English Grammar logical and historical, I, p. 334). Véase además mi Diccionario de construcción y régimen, 1, prep. A, 8, 0. (pág. 114 de las notas)
**'« La promesa que hiciera (Amadis) de vengar aquella niña Briolanja, é le restituir en su reino, que con tán gran traición quitado le estaba » (Amadís de Gaula, I, 40): aquel le es el correspondiente á la construcción restitutrle su reino. (pág. 114 de las notas)
verbos transitivos usados en absoluto y frases formadas por un verbo de sentido genérico y un sustantivo correspondiente al sentido del otro verbo : « Eso la fatiga » y « Eso le da fatiga », « Tal cosa los honra » y « Tal cosa les da honra »; de la fusión de las dos construcciones resulta « Eso le fatiga », « Tal cosa les honra ». 30. Inversamente, empléase con la frase el régimen propio del verbo : de « Los mató » + « Les quitó la vida » sale « Los quitó la vida »; de « Los bendijo » + « Les echó la bendición »: « Los echó la bendición »; de « Los quemó » + « Les pegó fuego »: « Los pegó fuego ». 4%. Con ciertos verbos que rigen infinitivo hay notable confusión entre el acusativo y el dativo : dícese « Las vio salir », « Los oyó gritar », « Los mandó volver », puesto el pronombre en acusativo; lo mismo con un verbo transitivo en absoluto : « Las oyó cantar », « Las dejó decir »; pero si añadimos un acusativo al infinitivo, se: muda luego la construcción, poniéndose en dativo el pronombre : « Les oyó cantar unas seguidillas », « Les dejó decir el diálogo »; y como por otra parte existen las frases normales « Les oyó la conversación », « Les manda cosas imposibles », se hace tan frecuente: el dativo en compañía de tales verbos que las locuciones primero. mencionadas vienen á construírse como si el infinitivo fuera acusativo y el pronombre dativo: « Gon mal consejo les hacen errar ». (Guevara, Marco Aurelio, III, 1). Y es lo singular que la asimilación se extiende á casos en que el infinitivo lleva preposición ; así se dice « Les obligaron á salir » como « Les hicieron forzosa la salida ». 59, Guando el acusativo va acompañado de un predicado, es común dar al acusativo la forma del dativo, como si aquel predicado fuera. el verdadero acusativo : (pág. 115 de las notas)
Llora Que á ella le haga desdichada Lo que me hiciera dichosa. (pág. 115 de las notas)
(Calderón, Argenis y Poliarco, II, 8). (pág. 115 de las notas)
Baste con esto para mostrar la parte que en la extensión del le y en la confusión de las otras formas pronominales han tenido causas sintácticas poco advertidas*”. (pág. 115 de las notas)
Nota 422 (al núm. 946)
El dativo latino +/li se halla representado en el Fuero Juzgo por li, lli, lle, te, ge (la y se pronunciaba como en italiano). La ortografía je, usada por el Autor, no ocurre en los. monumentos antiguos, aunque, si se atendiese á las reglas actuales, el origen de este pronombre no permitiría sino la 7. (pág. 115 de las notas)
" La sustancia de esta nota está tomada de la disertación que con el. título de Los casos enclíticos y proclíticos del pronombre de tercera persone en castellano, publiqué en el tomo XXIV de la Romania. (pág. 115 de las notas)
4923 (núm. 957). Es tal la repugnancia que muestra la lengua á emplear el terminal separado de la preposición, que Cervantes llegó á derir á solo tú en vez de solo á ti ó d ti solo; lo cual, junto con la circunstancia de confundirse en la mayoría de los pronombres el nominativo y el terminal, es sin duda la razón por que poco á poco se ha generalizado la construcción entre mi padre y yo*. Fuera de esto hay otras consideraciones que inclinan en casos semejantes á poner el nominativo con esta preposición. Cuando se emplea para expresar reciprocidad, el complemento formado por ella se identifica con el sujeto, y aun en ocasiones lo reemplaza : « Entre el corregidor y don Diego de Carriazo y don Juan de Avendaño se concertaron en que don Tomás se casase con Costanza » (Cervantes, La ilustre fregona) : aquí se ve que la construcción normal sería : « El corregidor y don D. de Carriazo y don J. de Avendaño se concertaron entre sí. » De aquí proviene que se emplee la preposición para denotar los varios individuos que concurren á ejecutar un acto : « Entre seis dellos (de los pastores) traían unas andas » (Cervantes, Quij. I, 13). « Estaba abocinado en el suelo hecho un ovillo : ... pero á este tiempo le levantaron entre Figueroa y don Juan de Jáuregui » (Moratín, Derrota de los pedantes). (pág. 116 de las notas)
Entre los dos cuidaremos De hacerla feliz. (pág. 116 de las notas)
(Martínez de la Rosa, La niña en casa, III, 14). (pág. 116 de las notas)
Si la preposición entre puede preceder al sujeto de la frase, es señal de que su carácter se ha modificado, y nada tiene de extraño que se diga entre tú y yo lo levantamos ; modo de expresarse que se ha extendido á los casos en que la combinación no significa los agentes. Me parece oportuno copiar algunos ejemplos que demuestran las vacilaciones del uso en el empleo de los pronombres de primera y segunda persona después de entre. (pág. 116 de las notas)
a. Va la preposición seguida de los dos terminales : « E tú € yo somos enemigos naturales, e non veo carrera por do haya amor entre mí é ti »(Caltla é Dymna : R. Ll, p. 58%). « No hay departimiento entre ti é mí » (Castigos é documentos del rey Don Sancho: ib. p. 1472). « La amistad que entre ti y mí se afirma no ha menester preámbulos » (Celestina, 1). « Hete presentado á tu amantísimo Hijo y puesto entre ti y mí este fiel abogado » (Granada, Mem. vida crist. V, 6. orac. 14). Esta construcción pacece desusada hoy. (pág. 116 de las notas)
b. Sigue á la preposición el terminal y viene luego un nombre ú otro pronombre de forma igual al nominativo. « Ca muy gran debdo ” Esta práctica parece irse extendiendo á otras preposiciones; yo, por mi parte, diré que no me disuena la expresión « ante Marcelo y yo » que + » un eximio escritor mejicano. (pág. 116 de las notas)
hay entre mi é vos é los vuestros »(Crón. general, 1II, 19). « Cuando fablamos entre mí e vos sobre estas razones... » (D. Juan Manuel, Libro de los estados, 1, 83). (pág. 117 de las notas)
Ferrant Manuel, sin ira é sin saña Hayamos jueces entre mí é vos. (pág. 117 de las notas)
(Cancionero de Baena, p. 265.) (pág. 117 de las notas)
« Ya sabes el deudo que hay entre ti y Elicia » (Celestina, VII) « Pues como éste supiese un concierto que entre mí y Belisa había... » (Montemayor, Diana, V). « Juzgad vosotros, jueces,entre mí y mi viña » (Granada, Orac. y consid., I, jueves en la noche). « Dejando entre sí y Pedro Bermúdez una parte de la montaña que los moros habían quemado » (Mendoza, Guerra de Granada, IV). « La diferencia que hay entre mí y ellos es que ellos fueron santos y pelearon á lo divino, y yo pecador y peleo á lo humano » (Cervantes, Quij. 11, 58). « Hubo algunas diferencias Entre mí y la reina viuda. » (pág. 117 de las notas)
(Tirso, El vergonzoso en palacio, III, 1.) (pág. 117 de las notas)
« El día de san Nicolás, en que recibirás ésta, debes poner un cubierto entre ti y Mariquita » (Isla, Cartas, 1, 111). « Los hombres imparciales... decidirán entre mí y mis perseguidores » (Quintana, Obras inéd., p. 167). Como se ve, esta construcción, de todas las épocas de la lengua, es hoy perfectamente aceptable. (pág. 117 de las notas)
c. Sigue á la preposición un nombre ó un pronombre de forma igual al nominativo y después el terminal. « El pecado que el hombre pone entre Dios é sí » (Don Juan Manuel, Libro de los estados, IT, 28). « Despartiendo entre él e mí, sope yo por él muchas cosas » (Id., 1b. 7, 20). « Juramentos son entre vos é mí que el primero de nosotros que oviere guerra, sea ayudado del otro » (Crón. de Pedro 1, XIII, 9). « Como quier que entre el señor rey de Navarra, é el condestable de Castilla, é el dicho conde de Haro é mí fuessen fechas algunas ligas... »(Seguro de Tordesillas, LXV). « Entre esta mi señora y mí es necesario intercesor ó medianero » (Celestina, IT). Entre vos, señora, y mí Cruda guerra se pregona. (pág. 117 de las notas)
(Castillejo, Obras, 1.) (pág. 117 de las notas)
« Entre vos y mí todo puede pasar » (Almazán, Momo, I, 4). « Esto ya estaba negociado entre ella y mí y Nicolao » (Santa Teresa, Cartas, I!, 31). « Aquí el señor ventero y el gran Sancho serán medianeros y apreciadores entre vuesa merced y mí de lo que valen ó podían valer las ya deshechas figuras » (Cervantes, Quij., 11, 26). Entre él y mí no hay secretos. (pág. 117 de las notas)
(Tirso, La huerta de Juan Fernández, III, 8.) (pág. 117 de las notas)
Parece que esta construcción está hoy reemplazada por la que va á -eXpresarse. (pág. 118 de las notas)
d. Sigue á la preposición un nombre ó un pronombre de forma igual al nominativo y después el pronombre de primera ó segunda persona en nominativo: « Entre vos é yo bien sé que nos avernemos » (López de Ayala, Rimado, 456). Aplazado en efecto quedó el campo Entre Fortunio y yo. (pág. 118 de las notas)
(Lope, La campana de Aragón, HIT.) Quede á la curiosidad De la opinión cuál ha sido Entre vuestra alteza y yo El que mayor hazaña hizo. (pág. 118 de las notas)
(Tirso, Amar por arte mayor, III, 16.) Entre ella y yo, cargando con el ama, Fuera de pulla, la llevé á la cama. (Calderón, Los empeños de un acaso, III, 4.) « Entre ustedes y yo no hay partido » (Iriarte, Donde las dan las toman). « Reprimid cuanto os fuese (sic) posible el deseo de saber do que ha pasado entre él y yo » (Moratín, Hamlet, I, 13). Te pido Quede en adelante roto Entre ella y tú todo trato. (pág. 118 de las notas)
(Gil y Zárate, Un año después de la boda, ITI, 7.) A Favila fue siniestro El combate entre él y yo. (pág. 118 de las notas)
(Hartzenbusch, La madre de Pelayo, IIT, 1.) Entre tu marido y tú, Cual pavoroso fantasma, Se levantará el recuerdo De tu flaqueza pasada. (pág. 118 de las notas)
(Núñez de Arce, Deudas de la honra, II, 4.) -« Entre la imagen devotísima de la Virgen y yo se interpone (la imagen de esta mujer) » (Valera, Pepita Jiménez, p. 101). e. Sigue á la preposición el pronombre de primera ó segunda persona en nominativo. (pág. 118 de las notas)
Si quier el casamiento fecho non fuese hoy ! Entre yo e Mio Cid pésanos de coracon. (Cid, 2959.) (pág. 118 de las notas)
Entre yo et mi carillo Ganamos buena soldada. (pág. 118 de las notas)
(Cancionero de Estúñiga, p. 380.) (pág. 118 de las notas)
« Le di las gracias y lo puse por obra, poniéndonos entre yo y el criado el amigo á los hombros hasta depositarle en su aposento y cama » (Céspedes y Meneses, Soldado Pindaro, I, 16). « Hay entre yo y ustedes gran distancia » (Mora, Leyendas españolas, p. 65). Reparto en mi testamento Por igual todos mis bienes Entre tú y mi esposa. (pág. 119 de las notas)
(Núñez de Arce, Justicia providencial, 1, 9.) (pág. 119 de las notas)
Parece á todo trance preferible la construcción expuesta arriba en b. f. Repítese la preposición ante cada término : « Ordenó medios de paz y paz perfecta, quitando de en medio todo enojo grande ó chico que esté entre Dios y entre nosotros » (Avila, Eucar. XVII). « La vida de los que desean llegar á la perfección es una continua batalla, una perpetua lucha entre la carne, que está en su propria tierra y naturaleza, y entre el ánima, que es extranjera y peregrina » (Granada, Simb. V, 3, 19,8 1). « Puso Dios división de sombra y estorbo entre sí y entre Job » (León, Expos. de Job, III). « Después de su muerte se repartieron (sus cautivos)... entre el Gran Señor... y entre sus renegados » (Cervantes, Quij. [, 40). « ¿Qué hay entre nosotros y entre ti, Hijo de Dios, para que nos vengas antes de tiempo á atormentar ? » (Quevedo, Poltt. de Dios, I, 3). « Pondré mi arco en las nubes, y será señal de alianza entre mi y entre la tierra » (Scío, Gen. 1X, 13). « Existe entre ella y entre mí un obstáculo en que se estrellan á la vez todas mis esperanzas » (Larra, Un desafio, II, 2). Mas con todo el miramiento A la debida distancia Que entre rey y entre vasallo Dios mismo establece y marca... (pág. 119 de las notas)
(El Duque de Rivas, Un embajador español, T.) (pág. 119 de las notas)
Como el autor lo advierte, esta construcción es inadmisible, aunque no falten ejemplos de ella en los clásicos latinos. Los escritores místicos pueden haberla tomado de la Vulgata, en la cual es frecuente. (pág. 119 de las notas)
Nota 424 (al núm. 990)
Hay casos en que lo mismo se puede escribir porque, en una sola palabra, ó por que, en dos : « Esta es la razón porque lo digo, » considerándose porque como adverbio relativo, igual á donde en « Este es el lugar donde murió; » y «Esta es la razón por que lo digo, » como si se pusiese por la cual. (pág. 119 de las notas)
Nota 125 (al núm. 1000)
En el sexto ejemplo (« Diversas costumbres tiene que solía ») se comparan dos atributos, como en el segundo (« Lo mismo habla que escribe »); si se dijera « Lo mismo escribe comedias que tragedias, » sí se compararían dos acusativos. (pág. 119 de las notas)
Nota 126 (al núm. 1017)
Se percibe diferencia entre « No se gastaron más de cien pesos, » y «No se gastaron más que cien pesos: » lo último me parece significar que se gastaron solo cien pesos; lo pri- .mero, que pudo gastarse hasta cien pesos. (pág. 120 de las notas)
Nota 427 (al núm. 1018)
¿Cómo habrá de decirse: « Más de uno lo ¡afirma » ó « Más de uno lo afirman »? El sentido clama por el plural, porque, habiendo más de uno, por lo menos hay dos; considerado el punto gramaticalmente, pueden darse «¿os soluciones: si más se toma como sustantivo en el significado de mayor cantidad ó número, el sujeto es singular, y también ha de serlo el verho; si se toma como adjetivo sustantivado subentendiéndose personas (ó el sustantivo que vaya luego), el verbo debería ir en plural. No obstante, esta explicación no es satisfactoria, porque al decir más personas, este plural hace inoportuno é inútil el complemento de uno. Leyendu los dos pasajes siguientes, se nota que disuena menos el singular: (pág. 120 de las notas)
Más de un naufragio nuevo nos avisa Que no por frecuentados son tranquilos. (pág. 120 de las notas)
(Bart. de Argensola, £píst. « Yu quiero, mi Fernando, obedecerte. ») Más de un héroe han debido sus laureles, No al suyo, de que nadie fue testigo, Sino al valor de sus soldados fieles. (pág. 120 de las notas)
(Bretón, Desveryúenza, IX). (pág. 120 de las notas)
Nota 128 (al núm. 1035)
No puede admitirse que el primero d sea galicismo, porque Mariana lo usa varias veces y lo mismo se halla en otros buenos escritores del mejor tiempo; v. g. « Los mismos que sentían diversamente, eran los primeros ú besalle la mano » (Hist. Esp., XVIII, 9). « Eran los primeros á poner las manos en . los enemigos » (Mendoza, Guerra de Granada, 1I). « Fueron los portugueses los primeros á obedecerle » (Melo, Guerra de Cataluña, IID). Saavedra dice: « Fue el rey el último á saberlo » (Empresa XXX). (pág. 120 de las notas)
Nota 429 (al núm. 1051)
D. Marco Fidel Suárez en sus Estudios gramasícales (Madrid, 1885) ha esclarecido los usos de cuyo con tanta agudeza y erudición, que creo conveniente condensar aquí (con alguna insignificante modificación) la parte de su estudio que limita la doctrina de Bello. (pág. 120 de las notas)
Cuyo, como pronombre relativo posesivo lleva siempre un antecedente que representa el poseedor; pero no es necesario que este antecedente esté inmediato. « Las primeras gentes extranjeras que después de fenecido el señorío de los reyes antiguos en España, hallamos haber entrado por ella contra sus regiones orientales, fueron naturales de la tierra que llamamos agora Francia, moradores en la provincia donde también fueron después edificadas las poblaciones de Narbona, y de Mompeller y de Marsella, cuya venida tocan sumariamente nuestros coronistas españoles » (Ocampo, Crón. de España, II, 3); aquí aparece con claridad que el antecedente es las primeras gentes extranjeras. (pág. 120 de las notas)
Hállase otras veces usado cuyo en casos en que se requiere alguna atención para desentrañar el antecedente, ó por su distancia, ó por lo poco habituados que estamos hoy á ver enlazadas con relativos frases que no tienen una conexión estrecha. « Sículo floreció más de doscientos años antes de la guerra de Troya. En cuyo tiempo, ó no muchos años después, una gruesa flota partió de Zacinto » (Mariana, Hist. Esp., I, 12); cuyo quiere decir del cual, de Sículo. « Caracalla probó en su cuerpo el cuchillo de Marcial; Heliogábalo las armas de los pretorianos; cuya osadía ha sido alabada y agradecida en todos tiempos » (Márquez, Gobern. crist., 1, 8); cuyo vale de los cuales, de Marcial y de los pretorianos. (pág. 121 de las notas)
Lo encontramos además en los buenos escritores, como relativo correspondiente á las frases demostrativas de esto, deeso, de suerte que se dice por cuya causa como por causa de esto, á cuyo fin como d fin de conseguir : « Las provincias que se dan con demasía al deleite de las ciencias, olvidan con facilidad el ejercicio de las armas, de que se tienen en España suficientes ejemplos, pues todo el tiempo que duró el echar de sí el pesado yugo de los sarracenos estuvo ruda y falta de letras, para cuyo remedio fundaron los reyes las universidades y colegios » (Navarrete, Conservación de monarquías, XLVI): para remedio de lo cual, de esto. Por extensión corresponde á otros complementos formados con la preposición de; así, habiendo hablado de los Pirineos, escribe Mariana cuyas cor-, dilleras, porque se dice las cordilleras de los Pirineos, y después de nombrar la batalla de las Navas de Tolosa, pone Cascales cuya victoria, porque se dice la batalla de las Navas. (pág. 121 de las notas)
Como en el uso moderno no percibimos ya la idea. de posesión en estas frases, que son á menudo fórmulas establecidas, ha nacido el abuso de emplear el relativo cuyo en circunstancias en que no corresponde á complemento alguno con de en sentido estricto ó extensivo de posesión : « Le regaló un aderezo y un vestido, cuyo aderezo era de brillantes »; aquí cuyo aderezo es meramente este aderezo, Ó aderezo que. (pág. 121 de las notas)
Bello, no haciendo la debida distinción, ha abarcado en su censura el último caso, á todas luces impropio, y el anterior, fundado en el empleo más extenso que nuestros mayores hacían de los relativos, y en particular del posesivo, y que en ciertos modos de hablar está arraigado en la lengua actual por una larga tradición. Sin embargo, como hoy no se usa referir el relativo cuyo á un antecedente lejano y mucho menos á un concepto significado por una proposición ó un infinitivo, ya no interpretamos conforme al uso antiguo ciertas fórmulas que tenían aquel valor normal. Por tanto y no siendo de necesidad absoluta la conservación de locuciones en que se petrifica una voz que tiene vida independiente, es todavía atendible la censura de Bello, aunque no sean del todo valederas las razones en que la apoya. (pág. 121 de las notas)
Nota 130 (al núm. 1068)
En el Diccionario se encuentran cualquiera, quienquiera, dondequiera, doquiera, siquiera, escritos en una sola palabra, pero cuando quiera, como quiera, en dos. Una vez que el uso en éstos es vario, sería de desear que la ortografía se uniformase, y que se escribiesen todos como los primeros, en que no hay discrepancia. De quequiera se hallan ejemplos en todo el siglo xv1: « Quequiera que ello sea, yo lo sabré presto de mi primo Náucrates » (Villalobos, Anfitrión, fol. 39, Sevilla, 1574). « Quequier que sea, presto lo sabré » (Los Menecmos de Plauto, fol. 78, ve Amberes, 1555). « Te suplico que la comida sea templada y de poco gasto; para mí quequiera me basta » (El Milite glorioso, fol. 27, vo; ¿b.). « Parecíle un Juan de buena alma, y que para mí bastara quequiera » (Alemán, Guzmán de Alfarache, I, 1, 3). « Ese tendrá mejor derecho para sucedelle que todos los demás, quequier que aleguen en su defensa » (Mariana, Hist. Esp. XIX, 20). (pág. 122 de las notas)
Nota 131 (al núm. 1071)
Como quier que se usaba también en el mismo sentido causal que el simple como: « El caballo del Rey don Rodrigo, su sobreveste, corona y calzado sembrado de perlas y pedrería fueron hallados á la ribera del río Guadalete; y como quter que no se hallasen algunos otros rastros dél, se entendió que en la huída murió, ó se ahogó á la pasada del río » (Mariana, Hist. Esp., VI, 23). Como quiera que se usa todavía en este mismo sentido : « Como quiera que este carbón despide un humo espeso, lleno de partículas sulfúreas y bituminosas, que por la humedad del aire (particularmente en invierno) no puede subirá una altura proporcionada...., resulta de aquí que el aire que en ella se respira es muy perjudicial » (Moratín, Obras póstumas, tomo I, pág. 193). (pág. 122 de las notas)
Nota 132 (al núm. 1099)
El infinitivo hace de predicado no sólo mediante el verbo ser, sino también con parecer, semejar: lo mismo que se dice « Los edificios parecían desplomados, » se dice « Los edificios parecían desplomarse ; » y en uno y otro caso se reproduciría el predicado por el acusativo neutro lo: « no lo parecen. » (pág. 122 de las notas)
Nota 133 (al núm. 1100)
El infinitivo puede servir de predicado del complemento acusativo que acompaña á verbos significativos de actos mentales perceptivos: gramaticalmente lo mismo es « Los vi rotos, » que « Los vi romperse : » rotos y romperse predicados de los ;lo mismo « Lo oí ronco, » que « Lo oí enronquecer: » ronco y enronquecer predicados de lo. Consérvase este giro cuando el complemento es un nombre apelativo, especialmente si va después del infinitivo: en este caso parece que el nombre y el infinitivo forman una proposición que constituye el verdadero acusativo. ¡Oh Dios! ¿Por qué siquiera, Pues ves desde tu allura Esta falsa perjura Causar la muerte de un estrecho amigo, No recibe del cielo algún castigo? (Garcilaso, Egloga J). (pág. 122 de las notas)
¿No oirás el dulce nombre De madre, ni verás los tiernos hijos Con apacible juego rodearte ? (Jáuregui, Amínta, I, 1). (pág. 123 de las notas)
Yo vi sobre un tomillo Quejarse un pajarillo. (pág. 123 de las notas)
(Villegas, Cantilena VI). (pág. 123 de las notas)
.... Discreto, como suele El que mira pasar otro delante - (Lope de Vega, Circe, 1). (pág. 123 de las notas)
Yo vi del polvo levantarse audaces - A dominar y perecer (iranos, (Moratín, Elegía d las Musas). Sin embargo, el uso está muy lejos de ser constante en este caso: « Claro está que no era hecho de la Filosofía dejar ir solo al inocente en su viaje » (Villegas, Trad. de Buecio, [, 3). Cuando el acusativo debiera ser un pronombre, se prefiere darle la forma del dativo si el infinitivo lleva acusativo: « Le oímos cantar dos arias; » « Me acuerdo haberle oído decir muchas veces hablando entre sí, que quería hacerse caballero andante » (Cervantes, Quij., I, 5). Si el acusativo fuere un nombre propio, ó un apelativo precedido de un pronombre posesivo, es en todo caso forzoso el uso de la preposición : « Oí cantar a tu prima; » (pág. 123 de las notas)
Yo estaba en lo más alto del collado Donde mis redes hoy tendido había, Cuando bien cerca vi pasar d Amíinta. (Jáuregui, Aminta, TV, 2). (pág. 123 de las notas)
Estos giros son trasuntos de las proposiciones infinitivas de los latinos; salvo que unas veces por asimilarlos al caso en que el acusativo es un sustantivo (« le oí quejas », « le manda eosas imposibles »), y otras veces por la necesidad de emplear la preposición 4, ha venido á convertirse el acusativo en dativo, formando el infinitivo una proposición que, aunque dependiente de la primera, no tiene carácter tan determinado como cuando el infinitivo era mero predicado.* (pág. 123 de las notas)
Nota 434 (al núm. 1106-7)
En la nota sobre el infinitivo (70, f) queda explicado el uso de éste en frases interrogativas y relativas como equivalente del subjuntivo latino. No hay diferencia esencial entre el que empleado con haber ó tener y un infinitivo, ya se refiera á un antecedente expreso ó tácito, ya falte éste completamente; en ambos casos forma una frase relativa nacida de fusión analógica de otras dos: « No teníamos, no había que comer » proviene de « No teníamos, no había de comer » + « No teníamos, no había que comiésemos. » En « No había pan que comer » la frase relativa conserva su valor adjetivo modificando al sustantivo pan; en « No había que comer » se sustantiva refiriéndose á un nombre tácito como cosa; generalizada la locución, se empleó con verbos intransitivos y con transitivos tomados en absoluto, y como en este caso no hay sustantivo á que pueda referirse el relativo, éste con el infinitivo tiene el sentido de un sustantivo que representa la acción del verbo. Formado así un modo especial de conjugar los verbos para significar deber ó precisión, se ha dislocado el orden de los términos : « Tengo unas cartas que escribir, » « Tengo que escribir, » « Tengo que salir, » « Tengo que escribir unas cartas » siguen los mismos pasos que « He unas cartas escritas » « He escrito, » « He salido, » « He escrito unas cartas. » El sentido de neces:dad en aquellas frases nace de las circunstancias : « No salgo porque tengo que escribir » sugiere la obligación ó precisión de igual manera que « No salgo porque tengo trabajo, costura, correo. » (Compárese el latín, mihi opus, usus, cautio est ; nobis pugnandum est). (pág. 123 de las notas)
No es aceptable la explicación del infinitivo que da el Autor suponiendo la elipsis de poder, deber: « Mirando á todas partes por ver si descubría algún castillo ó algur:s majada de pastores donde recogerse y adonde pudiese remediar su mucha necesidad, vio, no lejos del camino por donde iba, una venta » (Cervantes, Quiz., T, 2): aquí en lugar de pudiese remediar sería admisible poder remediar, y por consiguiente no cabe suponer que se subentienda el mismo verbo en un modo personal. (pág. 124 de las notas)
Efecto también de fusiones analógicas son las locuciones que menciona el Autor en los números 1108 y 1111: « Falta que proo Para esta nota tuve á la vista varios apuntes manuscritos que con su acostumbrada generosidad me comunicó mi amigo D, M. A. Caro, barlo » resulta de « Falta que lo prueben » + « Falta probarlo »; « No sabe si retirarse » de « No sabe si se retire » +- « No sabe retirarse. » Las del núm. 1110 están explicadas en la nota 70, f. (pág. 124 de las notas)
1435 (núm. 1114). El adjetivo verbal en ante, enfe, se usó antiguamente como verdadero participio activo, de lo cual ha allegado bastante ejemplos mi amigo el señor Caro en su Tratado del participio, cap. VIII. Hé aquí otros: «Sea curada con polvos crecientes carne » (Libro de la monteria, lib. II, cap. V); Era en el primero, tenienteen la diestra La foz incurvada, el grand Cultivante. (pág. 125 de las notas)
(Marqués de Santillana, Comed. de Ponza, copla XCI)*. (pág. 125 de las notas)
Este uso participial se conserva hoy como petrificado en compuestos por el estilo de fehaciente, lugarteniente, terrateniente, poderdante, poderhabiente, cuyo tipo sintáctico vivo nos ofrece este verso del Libro de Alexandre (1370): (pág. 125 de las notas)
Estos son caualleros espadas cinientes. (pág. 125 de las notas)
La dificultad, si noimposibilidad, de resucitar este participiose arguye de la extrañeza que causa en lenguaje moderno : « Háblese de ellos como de hombres divinos, bajados del cielo, y no reconocientes superior en la tierra » (Martínez Marina, Disc. sobre el origen de la monarquía). La locución de este pasaje es fórmula antigua. (pág. 125 de las notas)
Nota 136 (al núm. 1137)
En la primera edición de esta Gramática decía el Autor: « Casos hay también de dos negaciones consecutivas, que. tienen el valor de una sola: ni menos, ni tampoco. » Esto lo comprendo : como él lo varió y aparece hoy, me parece contradictorio. 4137 (núm. 1146). Merecen especial mención aquellas frases, tan comunes en griego, que agrupan en torno de un solo verbo dos voces interrogativas : « Dorotea es discreta, Felipa es boba, ¿cuál puede engañar á cuál ? » (Lope, Dorotea, IV, 7). « Sea él tan honrado que con una espada en la mano salga á reñir conmigo y veremos quién mata á quién » (Chaves, Relación de la cárcel de Sevilla, II). * « Mujer casta é temiente á Dios » (Cast. y docum. del rey don Sancho, VD. « Guiñante el ojo » (aht mismo). « Dante muchas gracias á Dios » (D. Juan Manuel, Lib. de los estados, 1, 46). « Mi siervo Job temiente á mí mucho » (López de Ayala, Rim. de palacio, 882). « Temientes á Dios » (Villena, Arte cisoria, XIII). « El é€ los otros esto sabientes » (ahi mismo, XIV). « ADios non temiente » (Canc. de Baena, p. 86). « Sufrentes coytas martales » (ahí mismo, p. 96). « La multitud de centauros trayentes armas » -(A. de la Torre, Vis. delectable, 1, 1). « Opiniones implicantes contradicción » ahí mismo, Í, 1. E (pág. 125 de las notas)
¿ Quién, decid, agravia á quién? » (pág. 126 de las notas)
(Calderón, El medico de su honra, I1T, 2.) (pág. 126 de las notas)
Yo no sé en este belén Quién de ellos engaña á quién. (pág. 126 de las notas)
(Bretón, ¡ Qué hombre tan amable! III, 10.) (pág. 126 de las notas)
El que todo lo gobierna Me trajo á esta habitación, Para que al verte salir, Pudiera á tus pies gemir Implorando compasión : (pág. 126 de las notas)
— ¡ Quién la pide á quién! (pág. 126 de las notas)
(Hartzenbusch, Primero yo, TV, 3.) (pág. 126 de las notas)
438 (núms. 1164-5). Me parece que no pueden separarse los hechos que expone el Autor en los núms. 978, 979, 981, de los que explica en los núms. 1164 y 1165, como que todos se derivan de un mismo principio, según va á verse. (pág. 126 de las notas)
Era común en griego y en latín realzar un término enfático trasladándolo de la proposición subordinada á la subordinante, y el castellano heredó esta práctica ; así la conocida frase de Cicerón : « Nosti Marcellum quam tardus et parum efficax sit, itemque Servium quam cunctator » (Fam. VIII, 10), se halla traducida de este modo por P. S. Abril: « Ya tú conoces 4 Marcelo cuán flemático es y cuán de pocos negocios, y á Servio cuán amigo de dilatarlos » (fol. 78: Barcelona, 1592); donde la construcción normal sería : « Nosti quam tardus sit Marcellus, » « Conoces cuán flemático es Marcelo. » Mira Nerón de Tarpeya A Roma cómo se ardía. (pág. 126 de las notas)
(Romancero: R. X, p. 393%). (pág. 126 de las notas)
Pero es mucho más común en nuestra lengua convertir la proposición interrogativa en relativa que modifica al sustantivo trasladado de la proposición subordinada á la subordinante : « Dígame qué camino he de seguir » pasa á « Dígame el camino que he de seguir »; « Averigúe en qué casa vive » á « Averigüe la casa en que vive. » De aquí proviene que muchos verbos se construyen de un modo ú otro, y que la construcción relativa nos parezca con frecuencia la natural, aun cuando en latín, por ejemplo, sería menester emplear la forma interrogativa. « Abre los ojos, miserable, mira el camino que llevas y adónde vas » (Granada, Orac. y consid. I, martes en la noche). Lo más singular es la correspondencia que establece el uso entre pronombres y adverbios interrogativos por una parte y frases en que figuran el artículo y el relativo por otra ; así cuál parece resolverse en e! que, para convertir la frase de interrogativa en relativa: « No sé cual elegirán » 2 No sé el que elegirán. » (pág. 126 de las notas)
De todas aquesas penas ¿ Qué sé la yue sientes más? (pág. 127 de las notas)
(Calderón, La dama duende, I, 6). (pág. 127 de las notas)
(Qué, neutro, se resuelve en lo que: « No sé qué dice » > «No sé lo que dice. » « Ya sé lo que intentas » (P. S. Abril, Terencio, Andria, IV, 2; el original : « Scio quid conere »). « No sabéis lo que pedís » (Cipr. de Valera, S. Mat. XX, 22; la Vulgata: « Nescitis quid petatis »). (pág. 127 de las notas)
Cuanto > lo que, lo mucho que : « Digame cuánto costó » > « Digame lo que costó. » « No sabe cuánto la quiere » >> « No sabe lo mucho que la quiere. » « Vuestra merced no deje de escribirme, pues sabe lo que me consuelo » (Santa Teresa, Cartas, II, 45). « Ponderóles lo que deseaba su bien » (Solís, Cong. de Mej. II, 12). A la pulga la hormiga refería Lo mucho que se afana, Y con qué industrias el sustento gana; De qué suerte fabrica el hormiguero; Cuál es la habitación, cuál el granero. (pág. 127 de las notas)
(Iriarte, Fáb. 1X). (pág. 127 de las notas)
Cuán con un adjetivo 6 un adverbio > lo... que: « No sabe cuán útiles son tales instrumentos » « No sabe lo útiles que son tales: instrumentos; » « Ya ves cuán pronto pasan » > « Ya ves lo pronto que pasan. » « No sabe usted lo asustada que estoy » (Moratín, El sí de las niñas, III, 11). « Conozco lo mal que hago en no seguir puntualmente lo que manda la moda » (El mismo, La escuela de los maridos, I, 1). (pág. 127 de las notas)
La misma correspondencia ó conversión se observa en las frases exclamatorias y admirativas: « ¡ Oh lo que él se ha holgado con sus cartas ! » (Santa Teresa, Cartas, I, 64). (pág. 127 de las notas)
La coexistencia de las dos construcciones ha dado margen á que se confundan cuando interviene una preposición; dícese normalmente : «Sé á qué blanco tiras, » « Sé el blanco á que tiras; » y de aquí « Sé al blanco que tiras. » Construcción la última tan genial del castellano, que es casi exclusiva cuando se trata de la combinación el que, la que, etc. « Mira de la manera que se hila un copo de lana en un torno » (Granada, Orac. y consid. I, martes en la noche). « Dínos ahora á lo que vienes » (Lope, Dorotea, V, 7). « Mira el camino que llevará por aquella nueva región, y en lo que finalmente parará, y cómo será juzgada » (Granada, ib. miérc. en la noche). Igual cosa sucede en las exclamaciones. « ¡A lo que obliga el amor ! » (Moratín, El sí de las niñas, II, 13). (pág. 127 de las notas)
No pára aquí la confusión de las dos fórmulas, sino que se repite la preposición ; giro desalinado que no se admitiría hoy: « Quisiera que el dolor que tengo en esta costilla se aplacara tanto cuanto, pare darte á entender, Panza, en el error en que estás » (Cervantes, Qui). Veníos conmigo y veréis En el engaño en que estáis. (pág. 127 de las notas)
(El mismo, La Entretenida, IT.) (pág. 128 de las notas)
Los ejemplos siguientes, y más que pudieran citarse, demuestran que nuestros escritores sentían en la frase traspuesta una proposición interrogativa, que debía concordar con el singular masculino (núm. 1166): « Baliñí, sabido la poca gente con que el conde se acercaba, dicen que lo escribió á su rey » (Coloma, Guerras de los Est, Bajos, VIII). « Sabido por el virrey y audiencia los aparejos de guerra que Pizarro y otros hacían en el Guzco, despacharon provisiones llamando gente con armas para servir al rey » (Sandoval, Hist. de Carlos V, XXVII, $ 7). «En las demás ciencias matemáticas también es sabido los autores que escribieron en verso » (Covarrubias y Orozco, Emblemas, fol. 7: Segovia, 1591). (pág. 128 de las notas)
Nota 139 (al núm. 1067)
La combinación tanto más ó menos cuanto que (donde el quese debe acaso á la iniluencia de tanto más que), á pesar de la justa censura del Autor, parece ya irremediablemente arraigada. En las últimas ediciones de su Gramática preceptúa la Academia: « Siempre que siga al adverbio tanto el de comparación más, deben tener por correlativos los vocablos cuanto que, v. gr.: « tanlo más me empeño en acabar hoy esta obra, cuunto que no me podré dedicar mañana á ella » (p. 184; Madrid, 1895). Si este precepto obliga en conciencia, es cosa que no me atrevo á decidir. (pág. 128 de las notas)
Nota 140 (al núm. 1177)
Mariana usa el participio adjetivo con enclíticos, quizá á imitación de los italianos: « Respondió que los que desamparaban la fe no podían ser restituídos al grado que antes en la Iglesia tenían ; que, impuéstales la penitencia, y hecha la satisfacción conforme á sus deméritos, podrían empero ser recibidos, mas sin volverles la honra y el oficio sacerdotal » (Hist. Esp., IV, 10; item, X, 10). (pág. 128 de las notas)
Nota 444 (al núm. 1182)
Para enlazar una proposición subordinada con la subordinante nos valemos de una voz relativa sola (que, cual, el cual, cuyo, cuanto, cuando, sí), ó de combinaciones en que figuran éstas, ora formen un compuesto ortográfico, como aunque, porque, ora se escriban separadas, como con que, desde que, hasta que, para que, en tanto que, á tiempo que, luego que, luego como, así que, ast como. De aquí se ha originado una fusión semejante á la que se explica en la nota siguiente. Mientras, originariamente domientre, demientre, demientra, es la combinación latina dum interim, dum interea (Hand, Tursellinus, 11, 314); guardando unas veces el valor relativo del primer componente dum, excluía el que (« Dezitmelo demientre avedes la memoria, » Berceo, S. Oria, 172); y guardando otras el valor demostrativo de interím, lo admitía (« Demientre que él visco todo lo propusieron, » Berceo, S. Dom. 286). La misma vacilación ocurre en los equivalentes italiano y provenzal, y la forma originaria domientre se halla en castellano con el valor de interim, entre tanto (« Auriemos hy un rato assaz que deportar; Yrsenos ye domientre guisando de yantar, » Alex. 2318; item, 1844); de modo que la variedad de oficios tiene aquí fundamento etimológico. Pues, nacido de post, significacaba después, y era ya adverbio (« Nin pues nin ante, » Berceo, Sacrif. 58), ya preposición, como en pues que combinación frecuentísima en los primeros tiempos de la lengua significando después que (« Pues que fuere fallado, reciba muerte, » (pág. 128 de las notas)
Fuero Juzgo, II, 1.6), del cual sentido pasó al causal (« Pues que en estos lugares que había de haber tan buenos homes et que eran tan amigos de Dios, hobo buenos et malos, non es maravilla si los ha entre las otras gentes, » Partidas, I, 5. 47). A medida que fue cayendo en olvido como adverbio y limitándose el uso preposicional á la combinación dicha, se igualó á los adverbios relativos de significación análoga, cuando, como, si (« Pues fueren en vuestro poder, » Cid, 2105; « Pues trabajo me mengua, » Sem Tob, 35). En Berceo se halla fasta por fasta que (« Estalo esperando fasta faga tornada, » Sacrif. 69; item, 40); pero sin duda por el uso común de esta preposición en otras combinaciones no se arraigó la omisión del que. (pág. 129 de las notas)
La misma tendencia á omitir éste para dar á complementos el valor de adverbios relativos, se observa hoy en España, donde escritores desaliñados dicen en tanto llega por en tanto que llega, una vez le hayan derrocado por una vez que le hayan derrocado. (pág. 129 de las notas)
Nota 142 (al núm. 1182)
La semejanza de sentido y funciones ideológi cas, que entre sí tienen algunas frases adverbiales, adverbios y preposiciones, da ocasión á que conmuten también sus oficios gramaticales. Con los adverbios enfrente, encima es normal el uso de la preposición de, porque depende de los sustantivos cima y frente que entran en su composición, y tiene ella igual valor que en las frases adverbiales en torno del altar, en medio ó en mitad de la plaza. Estos adverbios y frases adverbiales han asimilado á sí voces que en su origen fueron preposiciones, de modo que hoy introducimos el de donde antes se dijo cerca Valencia (Cid, 3316), delant los coracones (ib. 715); más completa ha sido la asimilación en las antiguas preposiciones empos, encontra, que ahora son las frases adverbiales en pos de, en contra de; tras conserva hoy los dos oficios preposicional (que es el originario) y adverbial. Por el contrario, las preposiciones atraen á su grupo é igualan á sí adverbios y frases adverbiales que naturalmente se construyen con de: bajo el techo, dentro los montes (Mariana), encima el pulo (Valbuena), en medio el bosque (el mismo), en torno los tizones (srcilla). llústrase el último procedimiento con la conversión de los complementos d la orilla de, á la ribera de en preposiciones por los grados que indican estos ejemplos : « Pasado Toledo, á la ribera del mismo río, está asentada Talavera » (Mariana, Hist. Esp. T, 4); « Estaba Fernán Antolínez devoto oyendo misa, mientras á las orillas del Duero el conde Garcí Fernández daba la batalla á los moros. » (Saavedra, Empresa XVIII); — « ¿ Quién hay que quiera morar en lugares pequeños que ninguna defensa tienen, . ribera de la mar en tiempo que andan cosarios por ella? » (Avila, ' Eucar. IX); Estaba pensando en ti Cuando orillas desta fuente Vi tus perros. (pág. 129 de las notas)
(Lope, El hombre de bien, I, 2.) (pág. 130 de las notas)
— Aunque traigo vestidos de gitana, Nací en Medina, y no ribera el Nilo. (pág. 130 de las notas)
(El mismo, £l arenal de Sevilla, II, 2.) (pág. 130 de las notas)
¿ Qué pasatiempo mejor Orilla el mar puede hallarse, Que escuchar el ruiseñor, Coger la olorosa flor Y en clara fuente lavarse ? (pág. 130 de las notas)
(Gil Polo, Diana, 111.) (pág. 130 de las notas)
Nota 143 (al núm. 1184)
Todavía en el siglo XVII concordaban con el sustantivo siguiente excepto, durante, mediante, obstante, embargante, como antes se había hecho, según se ve en los pasajes siguientes: Excepto : « Llamo yo aquí letras consonantes á todas las del ABC, eceptas las cinco vocales » (Pedro de Alcalá, Arte para ligeramente saber la lengua arábiga, caps. III y IV); « Hágale que desde entonces las ordene todas (las buenas obras) para este efecto, exceptas las que fuere obligado ó quisiere aplicar para satisfacer por otros » (Azpilcueta Navarro, Manual de confesores, XX V, 28: Valladolid, 1570); « Todas las ciudades de estos fueron arrasadas... exceptas tres, que estaba dispuesto por orden de Dios que quedasen » (Márquez, Gobernador cristiano, II, 31: Pamplona, 1615); « Eceptos Josué y Caleb » (el mismo, 7, 29). — Durante: « No se había tratado de otra cosa... durantes aquellos meses » (Coloma, Tácito, Hist. 1,83: p. 639, Douay, 1629); « Sin acordarse del peligro á que había puesto el rey todas sus fuerzas porsocorrelle, ni el haber embolsado durantes las guerras pasados de doscientos mil ducados » (el mismo, Guerras de Flandes, VIT (p. 245, Amberes, 1625). — Mediante: « Lo que después se hace mediantes los actos exteriores, es la ejucución desta determinación de la voluntad » (Palacios Rubios, Esfuerzo bélico heroico, XXIV); « Que Plancina fuese absuelta, mediantes los ruegos de Augusta » (Coloma, Tácito, Anales, III : p. 153, Douay, 1629). (pág. 130 de las notas)
— Obstante: « Estatuímos que las mujeres viudas puedan libremente casar dentro en el año que sus maridos murieren, sin alguna infamia, no obstantes cualesquier leyes de fueros é ordenamientos » (O»- den. reales, V, 1, 5; item: V, 9. 3, y Novis. Recop. X, 2, 4); « Non obstantes estos impedimentos, plugo á la sabiduría soberana alumbrar las tinieblas de mi entendimiento » (Pedro de Alcalá, ubi supra, pról.); « Era imposible vencer la tormenta, no obstantes los ayunos y oraciones que se habían hecho » (Márquez, ubi supra, 1, 22). — Embargante : « Non embargantes cualesquier mis cartas é albaláes » (Cortes de Zamora, año 1432); « Non embargantes cualesquier mercedes » (Cortes de Toledo, año 1436); « Non embargantes cualesquier cartas » (Orden. reales, IV, 1, 6). (pág. 131 de las notas)
Es de creer que los más de estos adjetivos se hicieron invariables por la frecuencia con que se emplean con una proposición encabezada por que: no obstante que, mediante que. lgual trasformación y por igual camino experimentó atento : formaba cláusulas absolutas significando atendido, considerado: « Se ha de resolver la cuestión atento solo el derecho divino y natural » (Márquez, Gob. crist. 1, 16); « Atenta la propiedad de la lengua original » (Fr. L. de León, Job, XXXID; con una proposición: « Fue determinado que no había ganado, atento que quedaban dos lanzas aún por correr » (Pérez de Hita, Guerras de Granada, I, 9); invariable: « Proveyó que atento la religión y observancia de aquella ciudad y de todo el reino, la Inquisición se quitase » (Mariana, Hist. Esp., XXX, 1); « Atento una ley de la Recopilación » (Hevia Bolaños, Curia filípica, I, 8). Estos usos están hoy olvidados. (pág. 131 de las notas)
El adjetivo ¿ncluso, común en cláusulas absolutas, v. g. « En abrir el canal se emplearon nada menos que cuarenta mil ochocientos diez y ocho indios, inclusas mil seiscientas sesenta y cuatro mujeres cocineras » (D. Luis Fernández Guerra y Orbe, Alarcón, pte. 1, cap. XIII), se usa en lo moderno de la misma manera que excepto : « La misma dureza de su carácter y la briosa inflexibilidad de su genio hacían más vehemente en ella toda pasión, incluso la del amor »(Valera, El Comendador Mendoza, XIV); « Ninguna de las defensas del sexo femenino, incluso la misma de D. Alvaro de Luna (que es para mi gusto la mejor de todas) puede competir en riqueza de lenguaje, en observación de costumbres, en abundancia de sales cómicas con el donosisimo Corbacho 6 Reprobación del amor mundano del Arcipreste de Talavera. » (Menéndez y Pelayo, Antología de poetas líricos castellanos, V, p. CCXXIX). (pág. 131 de las notas)
Con frecuencia y aun por escritores conocidos se desvirtúa la construcción propia de estas cuasi-preposiciones interponiendo una preposición que suministra la analogía de otra locución sinónima : así con el de que llevan dá pesar de, sin embargo de, dicen : « No obslante de ser inmenso el auditorio » (Isla, R. XV, p. 1471; item, p. 528!), « No embargante de ser poetas » (el mismo, 20. p.92*; item, p. 832); con la á de en atención á dicen « Mediante á que de especial comisión nuestra ha sido examinada » (docum. en Carvajal, Salmos, I, p. xxiii); « Mediante á lo que ha propuesto » (docum. en Mora, Sinón. p. ix). Descuidos son éstos que á todo trance deben evitarse. (pág. 131 de las notas)
Nota 144 (al núm. 1214)
Así que, aunque era poco común, no era desconocido en el siglo XVI: « El soldado, así que se satisfizo de la verdad, por volver por su reputación, puso por obra la venganza » (Vida y hechos de Estebanillo González, 11; y dos veces más en el cap. V). « Así que entró en Castilla, fue amolador; luego se acomodó por criado de un panadero de Corte » (Santos, Elno importa de España, p. 222; Madrid, 1667). Así que es fusión de así como y luego que. (pág. 131 de las notas)
Nota 145 (al núm. 1220)
Hoy no se dice ya aun bien que, sino á bien que, frase de diferente origen : (pág. 131 de las notas)
Una cosa te quería Decir, pero ya la dejo; A bien que á mí no me importa (Moratín, La Mojigata, IT, 10). (pág. 132 de las notas)
Nota 146 (al núm. 1242)
En la frase cuanto más, ha perdido ya cuanto la entonación interrogativa, por lo cual no se le pinta el acento. (pág. 132 de las notas)
Nota 147 (al núm. 1243)
No sólo con desde empleamos por término una oración completa, sino también con hasta: « Duraron estas prácticas loables hasta pocos años ha » (Villanueva, Viaje literario, tomo XIV, p. 115). « Todavía hasta hace poco han sido en España las historias más celebradas entre el vulgo las que refieren los altos hechos de bandidos » (Valera, Disertaciones y juicios literarios, p. 35). Es menos frecuente con de: « La difusión del lujo data en España de hace treintaó cuarenta años » (el mismo, aht mismo, p. 188). Esto proviene de que las frases poco ha, hace un año, por efecto de su uso frecuentísimo se han igualado á adverbios y complementos de tiempo. Como se dice « llegó ayer, » « está aquí desde ayer. » ha sido fácil el tránsito de « llegó hace un mes » á « está aquí desde hace un mes. » Sobre la expresión ahora un año véase la nota 104. (pág. 132 de las notas)
Nota 148 (al núm. 1261)
Pero, unido á que, formaba en los tiempos más remotos de la lengua un adverbio equivalente de aunque, y omitido el que, asumía el primero fuerza de adverbio relativo; de todo esto se ven ejemplos en el Poema de Alejandro, y con ellos se comprueba el oficio primitivo de pero, que fue de adverbio demostrativo, según indica el Autor. Véase la nota 141. (pág. 132 de las notas)
Nota 149 (al núm. 1283)
Nuestra conjunción copulativa presenta ejemplar interesante de la suerte que las más veces corren con el tiempo las diversas formas que toma una palabra como efecto de la relación fonética en que viene á encontrarse con otra palabra inmediata. El carácter proclítico de la conjunción latina ¿£ impidió que se diptongara la e breve en castellano; sin embargo, al hallarse e delante de palabra que comenzase con la misma letra, era preciso reforzar la primera vocal y en cierto modo acentuarla para darle cuerpo y no dejar que se confundiera con la siguiente; de donde en vez de la madre é el padre se dijo la madre ie el padre, y de aquí la madre tel padre, la madre y el padre. En el Fuero Juzgo (excepto en el título preliminar, que en la edición de la Academia no corresponde al mismo dialecto de lo restante de la obra) se halla observada con bastante regularidad la regla de emplear y, hy antes de e, y e, et en los demás casos. Lo mismo en la especie de pastorela del siglo XIII publicada por el señor Morel-Fatio en el tomo XVl de la Romania, pp. 368-373. (pág. 132 de las notas)
La costumbre de representar la conjunción copulativa con un signo ideológico más que fonético, no siempre bien interpretado en las ediciones por medio de et, impide saber la extensión con que se aplicaba esta regla en otros libros; pero es imposible que no haya conexión histórica entre el uso del siglo XI y lo que se observa desde mediados del siglo XV hasta principios del XVI. En la Crónica de D. Juan Il, por ejemplo, en las obras de Diego de Valera, de Pulgar, en el Amadís de Gaula, en la Glosa del Comendador Griego al Laberinto de Juan de Mena, es raro hallar y como no sea antes de e; aunque ya asoma la tendencia á usar esta forma fuera de su lugar. En Gonzalo Fernández de Oviedo aparece completa la confusión, y á pocas vueltas y lo invade todo, no dejando puesto á é sino cuando la palabra siguiente empieza por ¿. Cosa parecida acontece con d: según el uso corriente no se dice ú sino antes de o, pero en algunos escritores, como Quevedo y Santa Teresa, se halla antes de otras letras, y entre el vulgo hay quienes no emplean sino esta forma. Ciento y cien forman igualmente una ditologia sintáctica, y vemos que ya empieza cien á emplearse en casos en que no es proclítico. (pág. 133 de las notas)
Nota 150 (a la pág. 344)
El autor á quien aquí se hace relación (Hermosilla, en sus Principios de Gramática general) comete además dos errores de no poca monta : 1.0 Creer que en griego un mismo verbo significa tr y ser, porque en la primera persona del presente (salvo ?l acento) concurran ambos sentidos; 2.2 Decir que fui, fuera, etc. pertenecen en propiedad á ¿r. En griego las dos raíces es (sánscrito as), ser, + (sánscrito i), ir, coinciden casualmente en el presente, como en castellano creer y crear, que hacen yo creo. Así como en francés se dice j'ai été vous voir por je suis allé voys voir, lo mismo en castellano yo fui, por una especie de metonimia en que se toma el consiguiente (estar en Roma) por el antecedente (haber ¿do d. (pág. 133 de las notas)
Roma), ha pasado de la conjugación de ser á la de ir: « Pláceme de irá do tú quisieres... et desque allí fuéremos te contaré algunas cosas con que hayas placer » (Calila e Dymna). Recuérdese además que hoy usamos de igual manera el verbo estar: «Una mañana, después de oír misa con don Valentín, estuvo doña Blanca á visitar á doña Antonia» (Valera, El Comendador Mendoza, X). (pág. 134 de las notas)
Nota 451 (a la pág. 359)
Que el verbo latino ¿ocari pudo dar y dio en castellano ¿ogar, es cosa cierta, como que tal forma se lee en el Cid, en Berceo, en el Alexandre y en el Fuero Real ; ahora, que este verbo nacido de tocari tuviese realmente en algún tiempo el mismo sentido que yacer en los lugares indicados del Fuero Juzgo y de las Partidas es harto dudoso. No sé que lo haya usado otro que Cervantes ; y para mí tengo que, habiendo visto éste en el Fuero Juzgo y en la Crónica general el pretérito yogo de yacer, se forjó el yogar que usa en los capítulos XLV y Lll de la parte segunda del Quijote, primero remedando el habla rústica y después mezclando la familiar con la arcaica de libros caballerescos. Nótese además que ¿ogar en aquellas obras antiquísimas es la forma natural de jugar como toglar y logar lo son de juglar y lugar, y no sería fácil explicar cómo aquél se dividió en las dos formas jugar y yogar ; á no ser que supongamos una fusión de logar y yogo, yoguiera, allá en los tiempos en que éstas coexistían. Sobre la pronunciación antigua de la j véase la nota 1. (pág. 134 de las notas)
Adición á la p. 77. Con los verbos que han fijado la vocal han de contarse vedar y templar, que diptongaban la ¿ del latín veto, tempero (afín de témpus, tiempo): de vieda, viede se hallan todavía ejemplos á principios del siglo XVl (Rodríguez Villa, Bosquejo biográfico de la reina Doña Juana, p. 118); tiempla, liemple siguieron usándose hasta el siguiente, según se ve sucesivamente en la Celestina, en Santa Teresa y en Lope de Vega. Arriedra de arredrar guarda con rétro la misma correspondencia que piedra con pétra, y aparece todavía en las obras de Lope de Rueda, Hurtado de Mendoza y Fr. Luis de León. (pág. 134 de las notas)
Adición dá la nota 80. El Sr. K. Pietsch (The spanish particle he: Chicago, 1904) discute con exquisita erudición y sana crítica las explicaciones que se han dado de he, y prueba que ni la historia, ni la fonética ni la semasiología se oponen á que sea imperativo de haber. Solo quedan dudas en cuanto á la relación de he con fe. Por otra parte el imperativo habe se halla en escritos tan antiguos como he, ahé, de modo que ya en ese tiempo no se percibía conexión entre las dos formas. (pág. 134 de las notas)
Adición á la nota 141. Según es otro ejemplo de la conversión de una preposición en adverbio relativo. Véase, Gram. núm. 987. (pág. 134 de las notas)